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Full text of "Vocabulario de refranes y frases proverbiales y otras formulas comunes de la lengua castellana en que van todos los impresos antes y otra gran copia"

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VOCABULARIO 



DE 



REFRANES Y FRASES PROVERBIALES 

Y OTRAS 

FÓRMULAS COMUNES DE LA LENGUA CASTELLANA 

EN QUE VAN TODOS LOS IMPRESOS ANTES 

Y OTRA GRAN COPIA 

QUE JUNTÓ EL 

MAESTRO GONZALO CORREAS 

Catredático de Griego y Hebreo en la Universidad de Salamanca. 



Van añedidas las declaraciones y aplicación adonde pareció 

ser necesaria. Al cabo se ponen las frases 

más llenas y copiosas. 



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MADRID 

ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE JAIME RATÉS 
Plaza de San Javier, núm, 6. 

1906 



ES PROPIEDAD 



AL, LECTOR 



Entre los humanistas que florecieron en España en el primer ter- 
cio del siglo xvn, merece distinguido lugar el Maestro Gonzalo de 
Correas, 

Docto en las lenguas latina, griega, y hebrea, las enseñó en la Uni- 
versidad de Salamanca y en su famoso Colegio Trilingüe, publicando 
sobre ellas libros que le dieron gran fama entre los literatos de su 
tiempo y cuya importancia no ha perecido, á pesar de los adelantos 
en la enseñanza de dichas lenguas. 

Juntamente con las lenguas clásicas, cultivó y enseñó el Mi 
tro Correas la lengua propia castellana, ya por considerarla necesaria 
átodo el que aspirase á siquiera mediana cultura intelectual, ya por 
creer que su enseñanza era preparación necesaria para el conocimiento 
de las ¿enguas antiguas; «porque siempre me pareció, dice, desde que 
tuve experiencia de enseñar estas lenguas, que se ha de comenzar por 
la Gramática vulgar». 

Fruto de esta enseñanza fueron el Arte grande de la lengua castella- 
na, que compuso por los años de 1626, el Trilingüe de tres Artes ríe las 
tres lenguas castellana, latina y griega, publicado en 1627. el Tratado 
de Ortografía Castellana, publicado el año de 1630, y las mil curiosida- 
des gramaticales, relativas á nuestra lengua, que esparció en sus demás 
obras filológicas (1). 

Pero lo más útil é importante que dejó el famoso Catedrático tocan- 
te á la lengua castellana, está en otro libro que escribió en los postre. 



(1) Sobre las obras del Maestro Gonzalo de Correas discurrió largamente y dando mu- 
chas noticias desconocidas, el Excmo. Sr. Conde de la Vinaza en el Homenaje á Menéndez Pe- 
layo, t. I, páginas 601-614. El mismo señor Conde publicó el año de 1A>03 el Arte grande de la 
lengua castellana de Correas, hasta entonces inédito. 



— VI — 

ros años de su vida, pero que no llegó á publicar, legándolo como 
herencia al Colegio Trilingüe, del cual había sido altísimo orna- 
mento. 

Intitúlase este libro: « Vocabulario de refranes y frases proverbiales y 
otras fórmulas comunes de la Lengua Castellana, en que van todos los im- 
presos antes y otra gran copia que juntó el Maestro Gonzalo de Correas, 
Catedrático de Griego y Hebreo en la Universidad de Salamanca. Van 
añadidas las declaraciones y aplicación adonde pareció ser necesaria. 
Al cabo se ponen las frases más llenas y copiosas». 

El manuscrito de esta obra, tal como la dejó Correas, permaneció 
en el Colegio Trilingüe por lo menos hasta principios del siglo pasado, 
puesto que allí lo vio y manejó, é hizo de él largos extractos, D. Bar- 
tolomé José Gallardo, quien nos dijo además que el tal manuscrito no 
era autógrafo, aunque sí tenía enmiendas y correcciones de mano del 
autor. 

Mas el siglo xix, que vio en España desaparecer tantos tesoros de 
arte, tantos libros y papeles que las edades pasadas habían amontona- 
do en nuestras bibliotecas, vio desaparecer también el manuscrito ori- 
ginal del Vocabulario de refranes del Maestro Correas, que en su línea 
no era menos importante que otras obras importantísimas de escrito- 
res famosos, igualmente desaparecidas. 

Irreparable hubiera sido esta pérdida, si la Eeal Academia Espa- 
ñola, cuando después de haber publicado su edición del Diccionario 
que llamamos de Autoridades, se disponía á hacer la segunda, reco- 
giendo para esto cuantos libros, documentos y papeles pudieran ser- 
virle para el mejor desempeño de su intento, no hubiese tenido el 
acuerdo de hacer sacar copia del precioso manuscrito, en tres gruesos 
volúmenes, que tales como salieron de manos del escribiente, fueron 
depositados en su archivo, y en él han permanecido hasta ahora. 

Al ser*recibidos estos tres volúmenes, la Real Academia hizo cons- 
tar su recepción en el acta de la sesión celebrada el martes 7 de No- 
viembre de 1780, suscrita por su Secretario, D. Manuel Lardizábal y 
Uribe, con estas formales palabras: 

«El Sr. Sánchez (D. Tomás Antonio) traxo el Bocabulario do refra- 
nes y frases proverbiales de Gonzalo Correas, en tres tomos de á quar- 
to, copiado del original que se conserva en el Colegio Trilingüe de Sa- 
lamanca, cuya copia se ha sacado por encargo de la Academia, quien 
acordó se den 25 doblones al copiante por su trabajo. 

Así, por 25 doblones se salvó la obra más rica, más abundante y 
de mayor valor que nos dejó la ciencia filológica del siglo de oro de la 
literatura castellana. 



— VII — 

Entrada la Academia en posesión de este tesoro, que por tal debe 
ser considerado el Vocabulario de refranes de Correas, trató de aprove- 
charlo para la mejora de su Diccionario, en cuya segunda edición, como 

dicho, estaba trabajando, encargando al Académico I). José Gar- 
cía de la Huerta hacer nueva copia del manuscrito en cédulas por sí. 
en las cuales. constasen las frases, refranes y fórmulas del Vocabulario, 
aligeradas de las observaciones con que había querido acompañarlas el 
Maestro (Zorreas. 

Fué D. José García de la Huerta presentando su trabajo en paquetes 
de mil cédulas eada uno, pero con tal desorden, que es difícil afirmar de 
una manera cierta si la copia sacada por él en esa forma estáentera ó no. 

Tampoco es fácil averiguar hasta qué punto se aprovechó la Acade- 
mia de esta copia para las ediciones posteriores del Diccionario. ( 'aso de 
haberse aprovechado, hubo de ser muy poco, atendido el estado 
en que se lian hallado los paquetes de cédulas de García de la 
Huerta. 

Así las cosas, y antes de que venga sobre la copia del refranero de 
Correas catástrofe parecida á la que sobrevino al manuscrito original, 
la Real Academia Española acordó publicarlo en la forma misma en 
que lo dejó su autor, haciendo patrimonio de todos una riqueza litera- 
ria que hasta ahora ha permanecido oculta en sus archivos. 

No eran pocas ni pequeñas las dificultades que presentaba la pu- 
blicación de esta obra. Lo estrafalario de la ortografía del Maestro 
Correas, traspasado con creces ala copia, y la poca fidelidad de ésta 
en algunos puntos, eran obstáculos no fáciles de vencer para el logro 
de una buena edición de este refranero. 

Mas no por esto se desistió de la empresa. 

Acometida ésta, fué parecer de la Academia ser de todo punto nece- 
sario abandonar el sistema ortográfico de Correas, ajustado, según él 
creía, á la pronunciación, pero que no lo está de veras, y que, en vez 
de facilitar la escritura y la lectura las dificulta más, sustituyéndolo por 
el que adoptó hace tiempo la Real Academia y es seguido generalmen- 
te por autores é impresores. 

Esta sustitución de ortografía ha traído consigo un trabajo molest< i y 
prolijo por demás. En general, se ha respetado la lectura del manuscri- 
to. Tal vez en algún caso no se haya atinado con la interpretación. En 
poquísimos, muy contados, ha sido corregida la copia poniendo en el 
impreso lo que al parecer hubo de decir el original. En otros, dudán- 
dose y aun á veces no dudándose de la interpretación, se ha prefe- 
rido dejar el manuscrito tal como se ha hallado. 

Aunque se ha mudado la ortografía del manuscrito, ha sido impreso 



— VIII — 

éste por el orden en que lo dejó Correas. De esto ha resultado hallar- 
se muchos refranes y frases en lugar muy distinto del que habrían ocu- 
pado si se hubiese seguido en este orden el que determina el sistema 
ortográfico de la Academia. Esto ha podido ser una inconsecuencia; 
pero esta inconsecuencia era necesaria; ya que el haberla querido 
evitar habría traído una alteración muy grande [en el manuscrito, 
ocasionada además á muchas perturbaciones y errores (1). 

Tal ha sido la regla seguida en la impresión del manuscrito de Gon- 
zalo de Correas. 

Y ahora, después de haber declarado el intento de la Academia al 
publicar el Vocabulario de refranes del Catedrático del Colegio Tri- 
lingüe y la manera que ha tenido en su impresión, ¿qué palabras serán 
bastantes á ponderar y poner en su punto el mérito y la importancia 
filológica de esta obra? 

Es notorio y admitido por todos que, tocante á refranes y frases 
proverbiales, ninguna de las lenguas modernas puede ser comparada 
con la nuestra, como ninguna de las modernas literaturas iguala á la 
nuestra en número de obras en que se han recogido, comentado é 
ilustrado estos refranes. 

Pues bien: de todas las colecciones de refranes que cuenta la Biblio- 
grafía española, y son innumerables, ninguna hay que llegue ni con 
mucho á la riqueza, variedad y genialidad que supo dar á la suya el 
Maestro Gonzalo de Correas. 

Exagerada podrá parecer la afirmación; mas para el que tenga noti- 
cias de esta literatura y haya leído y manejado algunos de sus libros y 
abra y comience á hojear y leer el de Correas, la demostración es tan 
evidente que se puede decir que está en la mano. 

Vino Correas después que Malara, Núñez y otros paremiólogos, ya 
conocidos, ya anónimos, pues hubo de éstos no pocos en aquel tiempo, 
habían esquilmado estos frutos literarios y recogídolos en sus obras, 
algunas de ellas verdaderamente monumentales; y como docto y discre- 
to que era y que entendía lo que traía en las manos, se aprovechó de lo 
que habían cosechado sus predecesores, yendo además á la rebusca de 
lo que habían dejado por recoger y juntólo todo en acervo inmenso, 
resultado de fecundísima labor, ya extraña, ya propia. 

El método que siguió Correas en esta labor, fué el único valedero 
en esta linaje de empresas, es á saber, el de la observación directa, in- 



(1) Después de este prólogo y antes del texto del Vocabulario, va puesto el Abecedario de 
Correas; por el cual podrá verse el orden que lleva el manuscrito y que se ha seguido 
en la impresión. 



— IX — 

mediata, infraganti, por decirlo así, de los fenómenos lingüísticos que 
pretendía estudiar. 
Hubo de tener el Catedrático del Colegio Trilingüe algo de aquella 

curiosidad tan rara, pero tan necesaria al buen filólogo, que Le hace 
buscar con igual afán lo grande que lo pequeño, y estudiar con empeño 
no menor así las obras en que se ostentan los esfuerzos supremos del 
ingenio como las mínimas y al parecer despreciables que salen del hu- 
mano entendimiento, fácil y espontáneamente, al descuido, y casi sin 
percatarse de ello. 

La voz del pueblo hubo de ser para él no un rumor vago é indis- 
tinto, una mezcla confusa de sonidos en que, perdida la propiedad ó in- 
dividualidad de sus componentes, anda todo mezclado y revuelto. 
sin que llegue al oído nada que afecte ó impresione al alma, que 
diga algo á la inteligencia ó mueva ó afecte al Sentimiento, sino un 
conjunto supremo de harmonías, una colección inmensa de voces, en 
cada una de las cuales resuena un sonido y un timbre distinto, reve- 
lador de la variedad inmensa de ideas y sentimientos que brotan del 
alma colectiva en sus más geniales manifestaciones. 

Dotado Correas de sentido literario y artístico en el más amplio sig- 
nificado de la palabra, en cada uno de estos sonidos ó inflexiones de 
esta voz hubo de ver algo digno de ser advertido, algo artístico, algo 
que formaba parte de ese tesoro de ciencia que, creada en los días 
primeros de la humanidad, se ha ido transmitiendo y acreciendo 
de mano en mano y de generación en generación, hasta formar el 
caudal de sabiduría popular de que todos gozamos; y codicioso como 
era de esta sabiduría popular y justo apreciador de su valor, fué 
buscando y recogiendo y atesorando todo cuanto de ella le salió al 
paso y depositándolo én su copiosísimo Refranero. 

En tiempos recientes se ha inventado ó querido descubrir una 
ciencia cuyo fin es recoger ó atesorar y estudiar este caudal de doctri- 
na popular que anda derramado en la humana sociedad.cn especial 
en su parte ó porción más ínfima, más inculta é iliterata. Y no po- 
cos españoles han saludado esta ciencia como algo nuevo y descono- 
cido; y como venía de extranjís y con su nombre ya hecho, la han 
bautizado con este nombre: Folk-lore, tesoro del pueblo, sin percatarse no 
pocos de ellos que, antes que los ingleses descubriesen el folk-lore. ha- 
cía tiempo, muchísimo tiempo, que los españoles habíamos cultivado 
esta ciencia y llevádola á mayor perfección en lo que á nosotros tocaba, 
que los ingleses en lo que á ellos toca, y dejado de esta ciencia monu- 
mentos notabilísimos, ante los cuales son poco más que juegos de niños 
los de los modernos folkloristas. Un tomo muy grueso sobre la biblio- 



— X — 



grafía española de esta ciencia ha escrito D. José María Sbarbi, y con 
ser riquísima esta bibliografía y su autor muy experto en esta clase 
de trabajos, todavía le ha quedado no poco que recoger y rese- 
ñar (1). 

Entre estos antiguos españoles, curiosos investigadores de la sabi- 
duría popular, brilla, si no como el sol entre las estrellas, sí como 
astro de primera magnitud, el Maestro Gonzalo de Correas, Catedrático 
del Colegio Trilingüe de Salamanca. 

La afición, el entusiasmo con que cultivó esta ciencia y llevó ade- 
lante su investigación y estudio, exceden toda ponderación. 

Después de explicar en su cátedra del Colegio Trilingüe las arcanidades 
de la lengua santa, las gracias del habla helénica ó los viriles accidentes 
del hablar romano, el Maestro Correas, dejada su muceta y birrete, salía 
á las calles y se mezclaba con el vulgo de las gentes, metiéndose por ca- 
sas, ventas y mesones, siguiendo con anhelosa curiosidad á los niños en 
sus juegos infantiles, á los mozos y mozas en las lozanías de su edad, á 
las mujeres en sus faenas caseras, á los varones maduros en sus contra- 
tos y mercaderías, á los viejos y viejas en sus debilidades y chocheces. 

Pendiente, digámoslo así, de sus labios, asistía á sus tratos y con- 
versaciones, escuchaba sus disputas y querellas y recogía cuantos di- 
chos, frases, refranes, brotaban de las lenguas de todos. 

Memorioso como el que más, fijaba en la mente aquellas palabras 
voladoras, destellos de la conciencia popular; y vuelto á su casa, iba 
apuntando en sus cuadernos, todo cuanto había oído: refranes y frases, 
agudezas del ingenio, cuentos, consejas y tradiciones, chismes y malig- 
nidades del pueblo, cantares populares, pedazos de romances tomados 
por el pueblo nadie sabe dónde, trozos de la épica antigua que se han 
perpetuado en las lenguas de los humildes é iliteratos, con una curio- 
sidad, con una conciencia, con un amor cual tal vez nadie ha tenido en 
esta clase de investigaciones. 

Los juegos infantiles tenían para el gran coleccionador más valor 
([iic las hazañas de los reyes y los hechos de nuestros conquistadores. 
Las fábulas caseras, las leyendas, los cuentos que las viejas cuentan 
al amor del fuego, eran de más importancia que los casos más haza- 
ñosos de nuestra historia. La frase, la lengua, el pensamiento del vul- 
go, valían para él más que la de los libros que se escriben en las casas 
de los hombres que saben. 

Llevado de tal entusiasmo por esta sabiduría popular, lo buscaba 



(1) Intitúlase este libro: Monografía sobre los refranes, adagios y proverbios castellanos y las 
obras ó fragmentos que expresamente tratan de ellos en nuestra lengua, obra escrita por D. José 
María Sbarbi Madrid, MDCCCXGI. 



— XI — 

y huroneaba y recogía todo. No Le arredraba ni La extraneza, ni La pere- 

griñidad, ni aun la brutalidad de la frase. En viniendo del pueblo, en 
formando parte del tesoro de nuestra Lengua viva, palpitante en los 
labios de la muchedumbre, todo tenía para él igual valor, todo era 
digno de ser archivado y conservado como alhaja de valor inapre- 
ciable. 

En esta forma, con este entusiasmo y laboriosa investigación, for- 
mó Gonzalo de Correas su maravilloso Vocabulario <lc refren Joro 
de sabiduría popular, archivo de lo más castizo y genial que tiene 
nuestra lengua, cuerpo inmenso de doctrina en que vive y palpita 
como en ningún otro cuerpo el alma de la gente de España. 

Efectivamente: en este Vocabulario, más que en ningún otro libi 
ostentan en magnífico alarde las cualidades más características de 
nuestra raza, su sentido moral recto ó pervertido, la viveza de la ima- 
ginación quieta ó extraviada, la agudeza del entendimiento bien ó mal 
dirigido, los sentimientos todos que han agitado á nuestro pueblo en 
todas las ocasiones y en todos los trances, percances y azares de su 
vida. 

En él se registran y se explican y comentan muchas veces los que 
llama el pueblo evangelios chicos+por la verdad que contienen y por la 
rectitud moral de sus ideas ó sentencias, merecedoras de ser propuestas 
como norma del obrar. 

En él resplandecen en su nativo arreo ó desnudez, mil frases geniales 
idiomáticas, pregoneras de la opulencia intelectual de nuestra gente, 
de la ingeniatura de nuestro pueblo, de sus pasiones y veleidades, de 
sus odios y de sus amores, de sus bienquerencias y venganz 

En él se presentan á la vista del público mil personajes que nadie 
sabe de dónde vienen, ni lo que fueron ni dónde nacieron, tal vez 
históricos, tal vez fabulosos, y que, sin embargo, todos hablan de ellos 
como si les hubiesen conocido, citan sus hechos ó dichos.se mezclan 
en nuestras conversaciones, y hablan y sentencian de todo con autori- 
dad inapelable. 

Y todo esto no es más que una parte muy escasa de la riqueza 
de lengua, de ingenio y de doctrina popular que nos da á conocer el 
Maestro Correas en su incomparable Vocabulario. Para conocerlo en 
todas sus partes y para apreciar su valor, hay que leerlo despacio y 
estudiarlo muy detenidamente. 

Es cierto que no pequeña parte de esta riqueza de lengua antes 
de Correas nos la habían dado á conocer Afolara, Núñez y otros pare- 
miólogos españoles. Pero sin quitar ni una mínima al mérito de es 
autores, hay que confesar que su labor, aunque meritísima, dista mu- 



— XII — 

cho de la del Catedrático del Colegio Trilingüe de Salamanca en el nú- 
mero de frases, en la variedad de todo género, en la copiosidad incom- 
parable de muestras del ingenio popular, de que en ella se hace mag- 
nífico y nunca bastantemente alabado alarde. 

No hay que ponderar la importancia de esta obra en lo tocante al 
caudal de voces, frases y construcciones que acrece á nuestro Vocabula- 
rio. No andaría equivocado quien dijese que de las veinticinco mil frases 
que tiene, más de cinco mil no han sido todavía registradas en nin- 
gnno de nuestros Diccionarios. Apurando las cosas, tal vez serían 
más. 

Al examinar este número de frases que registra este Vocabulario, se 
observa que unas se han conservado con la misma significación y uso 
(pie tenían en tiempos de Correas, otras la han variado; fenómeno 
éste muy singular, demostrador de la vida especial del lenguaje, de los 
accidentes á que está expuesto y de las vicisitudes que experimenta con 
el correr de los tiempos. 

Pero no es la cantidad de refranes, frases y modismos lo que cons- 
tituye el mérito principal de la obra de Correas, sino la calidad, lo cas- 
tizo de estas frases, el sabor del terruño que llevan consigo, sabor ás- 
pero y amargo á veces, dulce y deleitable otras, que supo percibir y 
sentir como nadie Correas y aderezarlo y sazonarlo con especies y 
noticias curiosísimas. 

A la verdad no son los comentarios ó explicaciones con que adornó 
Correas tan exuberantes de erudición clásica como los que da Malara 
en su Filosofía vulgar, pero son más apropiados, más concisos, más ad 
rom, más importantes, sobre todo, por las mil historietas que traen á 
cuento, por las fábulas, supersticiones y leyendas populares, que tomó 
Correas de la boca del vulgo, y que clan esmalte singular á esta obra no- 
ta lulísima. 

Va\ fin: á vueltas de estas y otras mil noticias halla use otras no poco 
importantes para la historia literaria, como por ejemplo, laque hallamos 
sobre el Vocabulario hispano-latino de Sánchez de la Ballesta (1). 
que Gallardo (2) consideró acertadamente pseudónimo, pero conje- 
turando haber sido obra de un Padre de la Compañía de Jesús, pero 
que fué, según nos revela Correas, el P. Frómista, de la Orden de 
San Agustín (3). 



(L) Publicóse este Vocabulario con este titulo: Dictionario de vocablos castellanos aplicados 
á la propiedad latina compuesto por el licenciado Alonso Sánchez de la Ballesta, Sala- 
manca. 1587. * 

(2) En el artículo sobre Sánchez de la Ballesta de su Ensayo de una Biblioteca de libros raros 
y curiosos, t. IV. c. 3828. 

(3) Véase la frase Al facer ni can 



— XIII — 

Mas es necesario acabar. 

Al publicarla Real Academia Española el Vocabulario de refira 
del Maestro Gonzalo de Correas, al parque cumple con uno de los 
fines principales de su instituto, cree contribuir al engrandecimien- 
to déla lengua castellana, cuya pureza, propiedad y esplendor le están 
confiados. 

Miguel Mir 

De la Real Academia Española 



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A asno lerdo, modorro arrierro. A 
asno tonto, arriero modorro. A asno 
tocho, arriero tonto. (Quieren decir 
que á uno mal corregido, darle otro 
que sea horma de su zapato, que le 
dome y corrija, que el necio por la 
pena es cuerdo. Diráse también re- 
cuero por arriero.) 

A Azuaga por aceite, y á La Granja 
por paran j.a. (Ironía, porque no lo 
hay en estos lugares; son en Extre- 
madura; como pedir peras al olmo y 
cinco pies al gato.) 

A aquel que esperar puede, todo á 
su tiempo y voluntad le viene. 

A el diablo parte, cuando el rabo 
va delante. (Contra la desorden.) 

A ese paso llevaos mi muía. A ese 
precio vendimiado es lo mollar. 

A eso me atengo, que es lo cierto. 
(Cuando se escoge lo mejor. Atenerse 
es hacerse del bando del que se espe- 
ra que ganará en juego ó será supe- 
rior en otra cosa, y atravesar y apos- 
tar por él.) 

A esotra puerta, que ésta no se abre. 
(Cuando no responde un sordo ú 
otros.) - 

A escudero pobre, carbón de cañu- 
to. (Por ironía, porque el carbón de 
cañuto se gasta mucho y dura poco.) 

A escudero pobre, taza de plata y 
cántaro de cobre. (Porque le dure.) 

A escudero pobre, mozo adivino; ó 
rapaz adevino. (Que le pone dificul- 
tades en lo que le manda; que no ha- 
llará lo que le envía á buscar.) 



A espalda vuelta, no hay respues- 
ta. (Que al que huye no hay que res- 
ponder; y que á los que en nuestra 
ausencia murmuran de nos, no hay 
que responder ni darnos por ofendi- 
dos, y es cordura no hacerlo; ni to- 
marlo á venganza y ley de duelo.) 

A ésta no la toco, á ésta no la toco, 
y todas se las comió. 

A éste le dio, á éste no le dio y to- 
dos se los comió. 

A estudio que enseñan de balde. 

A este perro, echalle un cencerro. 

¡A ellos!, ¡á ellos!, é iban huyendo. 
(Entiende que decían esto los que 
huían.) 

¡A ellos, padre! Vos á las berzas y 
yo á la carne; y si os sentís agravia- 
do, vos á las berzas y yo al jarro. (Pa- 
rece que esfuerza al padre para que 
den en los enemigos, y dispara en otro 
propósito. Llaman los griegos á esta 
manera de hablar paruponoija, apros- 
dóqueton, figura retórica que denota 
lo que no se esperaba.) 

A ira de Dios, no hay casa fuerte; ó 
cosa fuerte. 

A ida y venida por cas de mi tía. 

A <idos de mi casa» y «¿qué queréis 
con mi mujer?>, no hay responder. 

A Iglesia me llamo. (El que huye de 
la ley del rey.) 

A oreja de amiga, tras largo de 
viga; por cervatana, dice el Comen- 
dador; mas no hace sentido ninguno; 
quiere decir que á la mujer no se la 
ha de descubrir ningún secreto, sino 



— 2 — 



aquello que se pueda decir en tanta 
distancia como el largo de una viga, 
y que lo puedan oir todos y no im- 
porte ser sabido y público. 

A hora mala no ladran canes. 

¿A honor de qué santo? (Cuando no 
agrada hacer alguna cosa.) 

A hombre sa, cullera de pa. 

A hombre sano, cuchara de pan. 
(Tomado del catalán.) 

A hombre medroso, todo le espe- 
luza y nada le ayuda. 

A hombre mezquino no le des ro- 
cino. 

A hombre rico, capirote tuerto. 

A hombres buenos, picheles llenos. 

A obra pagada, brazos quebrados. 

¿A honra de qué santo? (Cuando no 
se tiene por bien hacer algo.) 

A otra puerta, que ésta no se abre. 

A otro perro con ese hueso, que 
éste ya está roído. 

A otro mercado vaya, do mejor se 
le venda su hilaza. 

A olla bien guisada, ¿quién la hará 
mala cara? 

A olla que hierve, ninguna mosca 
se atreve. 

A un asno bástale una albarda, ó 
jalma. 

A un hombre cuerdo, atalde un 
necio al pie y darle un alandre. 

A un ladito, como faltriquera. 

A un loco, otro. A un bellaco, otro. 

A un ciego mal se puede mostrar 
el camino. 

A un traidor, dos alevosos. 

A un ruin, otro ruin. (Quiere decir 
que para rogar y acabar algo con 
una persona baja, es menester otra 
de su calidad, porque si es mayor y 
de autoridad, suelen ensancharse y 
no corresponder con el debido res- 
peto y razón.) 

A un ruin, ruin y medio. 

A una asna, una albarda la basta. 

A una boca, una sopa. 

A una que acierta, diez yerra. 

A unos da Dios ovejas, á otros 
orejas. 

A unos mucho, á otros nonada. 

A uso de iglesia catedral, cuales 
fueron los padres, los hijos serán; ó 
cual fueron los padres. 

A uso de Toledo, que pierde la 



dama y paga el caballero; ó á fuer de 
Toledo. 

A la araña hurtó la rueca el diablo, 
porque saque la tela del rabo. 

A la ahijada, molérselo y maquila- 
lia; y á la madrina, sin maquila. (En 
lugar de «hacérselo», se puso «mo- 
lérselo», porque sonaba deshonesto.) 

A la hierba y á la paja, de noche la 
guadaña. (El asturiano que riega de 
por sí las espigas de día, por no per- 
der grano, y después la paja, que no 
importa ser de noche cogida. Parece 
que estos dos hizon (sic) por alego- 
ría, que cada uno se contente con la 
suya, moza ó vieja, y deje la mujer 
ajena.) 

A la hierba de tu prado, de noche 
le echa el guadaño. (Asturiano.) 

A la iglesia se ha de ir de voluntad; 
á la guerra, de necesidad; y al convi- 
te, ni de necesidad, ni de voluntad, 
porque de ordinario se saca de él qué 
confesar. 

A la oveja flaca nunca la falta roña 
y sarna. 

A la una, que bien, que mal, en 
cada casa comido han. (Esto es lo or- 
dinario, y es manera de consolarse 
los que tienen poco con que pro- 
veerse.) 

A la loza, tan presto va la vieja 
como la moza. (A comprar escudillas 
y platos.) 

A la larga, el galgo á la liebre 
mata. 

A la luna, el lobo al asno espulga. 

A la luna de Valencia. (Véase que- 
dar á la luna de Valencia; estar ó 
quedarse.) 

A la luz de la candela, toda rústica 
parece bella. 

A la naranja y al hidalgo, lo que 
quisiere; á la lima y al villano, lo que 
tuviere. 

A la noche arreboles, á la mañana 
habrá soles. 

A la noche y con aguacero, no es 
bueno traer sombrero. (El asturiano 
llama aquí sombrero la vela de la 
nave.) 

A la noche convida, y á la mañana^ 
porfía. 

A la noche putas, y á la mañana 
comadres. 



3 — 



A la noche, chichirimoche; á La 
mañana, chichirinada. (Contra los in- 
constantes que cada día mudan pare- 
cer y no están en la palabra que dan.) 

A la sierra, ni dueña ni cigüeña. 
(Que nunca en ella se hallan.) 

A la sierra se sube la buena mu- 
jer. (Que se retira y no asiste á la 
puerta de la calle.) 

A la zarza aguda, nunca la falta 
mala ventura. (Contra trefes condi- 
ciones.) 

A la justicia, mentira, y á la ver- 
dad, noticia. 

A la de lo amarillo, no es menester 

edillo. 

A la dicha que habéis, padre, ahor- 
cado habéis de morir. 

A la dicha que, padre, habedes, 
ahorcado moriredes. 

A la fin loa la vida, y á la tarde loa 
el día. 

A la fee que quiere seso gobernar 
al loco y necio. 

A la garganta del perro échale un 
güeso, si le quieres amansar presto. 

A la galga y la mujer, no la des 
la carne á ver. 

A la gallina, apriétala el puño, y 
apretarte ha el culo. (Quiere decir 
que si aprietas tú el puño en dalla 
de comer, no pondrá. Apretar la ma- 
no es escasear.) 

A la bestia cargada, el sobernal la 
mata. 

A la viuda del rey habelda manci- 
lla. 

A la boda de D. García, lleva pan 
en la capilla. (Que nadie tenga con- 
fianza en hacienda y provisión ajena, 
por rico que sea el otro; sobre este 
finge dislates.) 

A la boda del herrero, cada cual 
con su dinero. (Entiende va; en las 
aldeas adonde no hay más de un 
herrero y todos lo han menester, van 
á su boda á ofrecerle.) 

A la boda vengo, como dicen. 

A la boda del horno perdió Mari- 
quita el bollo. 

A la boca que yerra, nunca pan la 
fallezca. (Es común en todos errar.) 

A la bota dalla el beso después del 
queso. 

A la borracha, pasas. (Cuando se da 



lo desproporcionado, como pasas á 
la borracha, que más las quisiera he- 
chas vino.) 

A la borrica arrodillada doblar la 
carga. (Es cargar al que no puede 
llevar.) 

A la vuelta del sol, caga el buey en 
el timón. (Que á la tarde ya está can- 
sado.) 

A la buena, júntate con ella, y á la 
mala, ponía la almohada. (Para visita 
de cumplimiento y no más trato con 
ella.) 

A la burla, dejarla cuando más 
agrada. (Porque no se torne en ve- 
ras.) 

A la burra preñada, cargarla hasta 
que para, y á la parida, ó después de 
parida, cada día. (Dicen que es mejor 
servirse de ellas, porque con el ejer- 
cicio tienen mejor parto y crían me- 
jor; y hasta en las mujeres es bueno 
trabajar, como se ve en las labrado- 
ras. Otros dicen: A la preñada, hasta 
que para, y á la parida, cada día; y 
falta burra, yegua ó mujer, porque 
también lo ' entienden del ayunta- 
miento de casados, y lo tienen las 
dueñas por provechoso para tener 
mejor parto.) 

A la cara sin vergüenza, todo el 
mundo es suyo. 

A la cárcel, ni por lumbre. 

A la cárcel me voy. (Un señor pre- 
ciábase de decir las hazañas que ha- 
bía hecho en la guerra, y una vez se 
alargó á más de la verdad, y puso 
por testigo á un su escudero, el cual 
dijo que no fué ansí, y por eso pú- 
sole en prisión. Unos días después 
dijo una gran mentira, y atestiguan- 
do con el dicho escudero, él, por no 
aprobarla, dijo: A la cárcel me voy; 
y ansí se aplica y dice cuando se oyen 
decir mentiras y jactancias vanas.) 

A la casta, Dios la basta. 

A la casta, pobreza la hace hacer 
soeza. 

A la cabeza, el comer la endereza. 

A la cabecera tiene la bota; cada 
vez que se vuelve, moja la boca. (Que 
rebulle.) 

A la que á su marido encornuda, 
ay Señor y tú la ayuda. 

A la que uno no contenta, lo mes- 



- 4 - 



mo es dos que cincuenta; ó no bastan 
dos ni cincuenta. 

A la que quiere ser buena, no se lo 
quita la mi vigüela. 

A la que quiere ser mala, poco 
aprovecha guardarla; ó por demás es 
guardarla; ó por demás será guar- 
darla. 

A la corta ó á la larga, el galgo á la 
liebre alcanza. 

A la corta ó á la larga, el tiempo 
todo lo alcanza. 

A la codicia, no hay cosa que la 
hincha. 

A' la cuca, que es verano. (Lo que á 
la mosca.) 

A la creciente en la mar, á la llena 
en el puerto, porque el quinceno no 
te haga tuerto. (Quiere decir porque 
la llena de la luna, que es al quince- 
no, no se levante borrasca y te ane- 
gues.) 

A la par, alazanes. 

A la par es negar y tarde dar. 

A la pared mea quien te amansará. 
(Dicese á la moza soltera brava, que 
en casándose, el marido la hará aman- 
sar.) 

A la pata llana. (Sencillamente, con 
bondad.) 

A la pe te espero, compañero. 
(Véase Tri, tri.) 

A la puerta estaba el cojo, y la tuer- 
ta le bizca el ojo. 

A la puerta del rezador, no tiendas 
tu trigo al sol. 

A la puta, el hijo la saca de duda. 

A la puta y al juglar, á las veces les 
viene el mal; ó á la puta y al ru- 
fián. 

A la puta y á la trucha, do no cata- 
ros la busca. 

• A la puta que más esperare; ó para 
el puto que más te esperare. 

A la preñada, se ha de dar hasta que 
para, y á la parida cada día, y á la que 
no pare, hasta hacerla concebir para 
que venga á parir. 

A la preñada, hasta que para, y á la 
parida cada día. (Queda declarado en 
el otro, á la burra. Entiéndelo del 
ayuntamiento de los casados; y en 
prueba de ello me dijo una honrada 
matrona, que enviudando recién pre- 
ñada, tuvo recio parto por faltarla la 



junta de marido, lo cual no la suce- 
dió en otros partos antes.) 

A la primera azadonada queréis sa- 
car agua. 

A la prueba buen amar; ó á la vista 
buen amor. 

A la tercera, que es buena y vale- 
dera. 

A la tercera, que Dios me la pro- 
meta. 

A la trucha y á la puta, do no cata- 
res la busca. (Destrocado de como va 
poco antes, está mejor.) 

A la vasija nueva, dura el resabio 
de lo que se echó en ella; ó queda el 
resabio. 

A la vaca cadañera, ponerla pres- 
to la pega. (Porque no la mamen mu- 
cho y se enflaquezca y muera; pega 
es lo que ponen á las tetas porque 
no pueda mamar el becerrillo.) 

A la vaca harta, la cola la es abri- 
gada. (Adelante hay otro: La vaca har- 
ta, de...) 

A la vejez, aladares de pez. 

A la vejez, viruelas. 

A la vejez estudiar, para nunca aca- 
bar. 

A la vieja que no puede andar, me- 
tella en el arenal. (Es ayudar á la di- 
ficultad.) 

A la villa voy, de la villa vengo; si 
no son amores, no sé qué me tengo. 
(Prosigue en cantar: Andome en la 
villa, fiestas principales, con mi ba- 
llestilla de matar pardales.) 

A la mal casada déla Dios placer, 
que la bien casada no lo há menes- 
ter. 

A la mal casada, miralda á la cara. 

A la mala labrandera la estorba la 
febra. (A la mala costurera.) 

A la mala costumbre, quebrarla la 
pierna ó la cabeza. 

A la mala hilandera, la rueca la ha- 
ce dentera. 

A la mano de Dios, mortero de pie- 
dra. 

A la mano de Dios, mortero de pa- 
lo, ó mortero de piedra. 

A la madrasta, el nombre la basta. 

A la madrina, arrimalla á la pila. 

A la madrina, tras la puerta la arri- 
ma, y á la comadre, donde la halla- 
res. 



— 5 



A la mañana los montes, y á la tar- 
de las fontes. 

A la mañana puro, y á la tarde sin 
agua. 

A la mañana el blanco, y el tinto al 
serano. 

Alá me leve Déos, donde hache dos 
meos. (Gallego.) 

A la miel del modorro. (Cuando 
muchos se llegan y se aprovechan de 
lo de otro, como descuidado de guar- 
dallo). 

A la miel, golosas; y al aceite, her- 
mosas. (A la miel, golosas, se dice 
cuando acuden muchos á cosa que 
les lleva el deseo á participar de 
ella.) 

A la mosca, que es verano. (Dicen 
esto por los que se van libres de 
amo.) 

A la moza andadera, quebralla la 
pierna y que haga gorguera. 

A la moza y á la parra, alzalla la 
falda. (Conviene alzar los pámpanos 
á la parra, para que madure bien la 
uva antes de vendimias). 

A la moza golosilla, no es menester 
seguilla. 

A la moza que ser buena, y al 
mozo que el oñcio, no les puede dar 
mayor beneficio. 

A la moza que mal lava, siete ve- 
ces la hierve el agua. 

A la moza, con el moco, y al mozo, 
con el bozo. (Los has de casar.) 

A la moza mala, la campana la 
llama, que á la buena, en casa la 
halla. 

A la moza mala, la campana la 
llama; y á la mala mala, ni campana 
ni nada. 

A la muerte no hay cosa fuerte; ó 
casa fuerte. 

A la muerte, no hay remedio cuan- 
do venga, sino tender la pierna. 

A la muerte de mi marido, pon la 
cera y pabilo. 

A la muerte, tender la pierna. 

A la muela, se ha de sufrir lo que á 
la suegra. 

A la muía, freno en gula. 

A la muía con halago, y al caballo 
con el palo; ó al revés. 

A la mujer, empreñarla y besarla, 
y lo demás hasta que para. 



A la mujer y á la gallina, tuércela 
el cuello, y darte ha la vida. (Que la 
mujer esté sujeta; la gallina haráte 
más provecho comida.) 

A la mujer y á la picaza, lo que 
dirías en la plaza; ó lo que vieres en 
la plaza. (Dirás, no tus secretos.) 

A la mujer y en la carta, lo que di- 
rías en plaza. 

A la mujer y á la vela, tuércela el 
cuello si la quieres buena. 

A la mujer y al caballo y á la mu- 
la, por el pico les entra la hermosura. 
A la mujer loca, más la agrada el 
pandero que la toca. 

A la mujer bailar y al asno andar 
y rebuznar, faltando quién, el diablo 
se lo ha de enseñar. 

A la mujer barbuda, de lejos me 
la saluda, con dos piedras, que no 
con una. 

A la mujer brava, la soga larga; ó 
dalda la soga larga. 

A la mujer casada y casta, el mari- 
do la basta. 

A la mujer casada, no la des de la 
barba. 

A la mujer casera, el marido se la 
muera. (Suelen parecer caseras algu- 
nas mujeres casadas y ser alabadas 
sus caserías y granjeos; la cual luce 
porque gana y lo gobierna el mari- 
do, que allega la hacienda y lo cum- 
ple todo. Las otras, con envidia ó 
prudencia, dicen: «Pocas gracias, si 
el marido se lo lleva á casa; muérase 
el marido y quede sola y entonces 
veremos si es casera; antes no se ala- 
be, que no lo sabemos. > Este es el 
sentido de este refrán, no el que le 
dio el Comendador, que es que se 
sabrá valer por sí. Lo cual no es cul- 
pa en ella ser casera, para condenar- 
la á que se la muera el marido; que 
antes con él lo será mejor y lucirán 
y criarán bien sus hijos. No lo enten- 
dió Matara ó Mallara.) 
Ala mujer casta, su marido la basta. 
A la mujer que tal sueño sueña, 
coces y palos y golpes en ella. 

A la mujer primeriza, primero se 
la parece la preñez en el pecho que 
en la barriga. 

A la mujer ventanera, tuércela el 
cuello si la quieres buena. 



- 6 — 



A la mujer mala, poco aprovecha 
guardarla. 

A la mujer romeriega, quebralla 
la pierna. 

A la ramera y ala lechuga, una tem- 
porada les dura. 

A la res vieja, álivialla la reja. 

A la ronda, rondadores, que no 
hay ley en los nombres. (Ansí los des- 
pide la cuerda, y es aviso para que 
las mujeres no se dejen engañar de 
las ternezas de los hombres.) 

A la llana de Castilla la Vieja. 

A la llana de Calvarrasa. (Calvarra- 
sa es lugarejo cerca de Salamanca.) 

A la llana, Don Pascual. 

A la noria, á la noria. (Para repre- 
hender á uno de grosero.) 

A la hija mala, dineros y casalla. 

A la hija, tápala la rendija. (Que la 
quites las ocasiones de tu casa, y 
no la dejes al ejemplo en que vea lo 
que haces con fu marido. Rendija, es 
abertura para ver y poderse comuni- 
car con quien gustare.) 

A las armas, moriscote, si las has de 
voluntad. 

A las obras me remito. (Cuando no 
se crean las palabras.) 

A las nueve, alza el rabo á la perra 
y bebe. (Hacen pulla de la conso- 
nancia.) 

A las nueve, échate y duerme, que 
á las diez ya dormiréis. 

A las nueve, desataca la perra y 
bebe; á las diez, desatácala otra vez. 

A las serpientes ponzoñosas y al 
malo, á todos los pongo en un grado. 

A las diez, deja la calle para quien 
es. (Que se recojan las mujeres que se 
sientan á sus puertas á las noches del 
verano, porque ya la calle es para 
rondadores.) 

A las diez durmiendo estés; ó á las 
diez dormida estés. 

Alas dos de misa, mujer y el man- 
to arrugado no viene bien. 

A las fuerzas del amor, el que hu- 
ye es vencedor. 

A las barbas con dinero, honra ha- 
cen los caballeros. 

A las burlas ansí ve á ellas, que no 
te salgan de veras. 

A las que sabes mueras, y él sabía 
hacer saetas. 



A las que sabes mueras, villano, que 
ansí sosiegas. (Otros dicen: ansí nos 
ciegas, ó los ciegas.) 

A las que hilan. (Respuesta á pullas 
y dichos que pican de hembra, que 
es á las mujeres.) 

A las cosas deseadas todo tiempo 
es prolijo, como á las odiosas breve. 

A las cuatro en Borja.(Dícese cuan- 
do es tarde para las cosas. Borja es, 
junto á Ebro, confín de Navarra y 
Aragón; nació de concierto de ha- 
llarse allí á tal hora después de haber 
negociado su hecho en otro reino.) 

A las peñas vaya el mal. 

A las veces está la carne en el pla- 
to por falta de gato. 

A las veces, la cabra por el cuchi- 
llo bala. 

A las veces, la cabra bala por el 
cuchillo que la mata. 

A las veces, bala por el cuchillo la 
cabra. 

A las veces, cazar pensamos do ca- 
zados quedamos. 

A las veces, con tuerto hace el hom- 
bre derecho. 

A las veces, cuesta más el salmore- 
jo que el conejo. 

A las veces, más vale el vino que 
las heces; y de contino más vale el 
vino. 

A las veces, miran más á las armas 
que á las barbas. 

A las veces, lleva el hombre á su 
casa con que llore. 

A las veces, ruin cadela roe buena 
correa. (Cadela, es perra en Galicia.) 

A las malas lenguas, tijeras para 
cortallas. 

A las romerías y á las bodas van 
las locas todas. 

Hale dado á comer sesos de asno. 
(Dícese del que anda embobado en 
alguna añción, ó tan sujeto á la vo- 
luntad de otro que no sale de ella, 
dando á entender que es bobo como 
asno. Mujeres tratan y trataron tal 
hechicería necia.) 

A lisonjeros dichos, no prestes oí- 
dos. 

A lo escarramanado y á lo valien- 
te. (Cuando uno va con figura de 
bravo. Escarramán, se finge ser un 
rufián en un cantar que de él hay.) 



A lo escrito me remito. 

A lonje le pone, dijo Lucía al odre; 
ó se pone; ó alionje; ó ay home, dijo 
Marina al odre; ó ay onje. (Estas va- 
riedades nacen de error y adelante 
va enmendado. Hay catango.) 

A lo uno y á lo otro. (Hacer á 
todo.) 

A lo de Dios es Cristo. 

A lo de Cristo me lleve. (Es como 
A lo escarramanado.) 

A lo caro, añadir dinero ó dejarlo. 

A lo que puedes solo, no esperes á 
otro. 

A lo que puedes huir el rostro, 
gran simpleza es esperallo si es pe- 
ligroso. 

A lo tuyo, tú. 

A lo mucho, mucho, no se me da 
nada, que eran verdes. 

A lo hecho, no hay remedio para 
no ser hecho. 

A lo hecho, remedio; y á lo por ha- 
cer, consejo. 

A lo hecho, ruego y pecho; ó á lo 
hecho, brazo y pecho. (Poner buen 
tercero y dinero.) 

A lonje le pone, dijo Lucía al odre; 
ó se pone. 

A los amos y á los enemigos, come- 
llos y roellos. (Como que lo dicen 
mozos.) 

A los años mil, vuelve el agua por 
do solía ir; ó vuelve á su carril. 

A los años mil, vuelve el año por 
su cubil. (Es lo que se dice que un 
tiempo tras otro viene con esperan- 
za de mejoría, y á venir lo mesmo 
que pasó.) 

A los años mil, vuelve la liebre á 
su cubil. 

A los inocentes se aparece nuestra 
Señora. (Entiéndese por los buenos 
y santos, aunque vulgarmente lo apli- 
can á hombres de poco saber, disbo- 
sos (sic), y se debe reprobar y no 
usar en tal manera.) 

A los importunos pedidores, dallos 
de mano como á moledores. 

A los osados ayuda la fortuna; ó fa- 
vorece la fortuna. 

A los ojos tiene la muerte quien á 
caballo pasa la puente. (Habla de las 
puentes de madera y otras malas y 
sin acitaras.) 



A los niños y locos y beodo-, I 
los guarda todos. 

A los ciegos, mudar el hito. 

A los de la facultad no Uevaí 
dinero. (Dijo esto un albeitar á un 
médico que le pagaba la cura de su 
ínula.) 

A los de la Granja, naranja, y á los 
de la Fuente Ovejuna, aceituna. 

A los de las gallarruzas. (Esto es, á 
los rústicos. No crean con eso que 
lo entiendo.) 

A los de fuera, churruchada y me- 
dia; á los de casa, churruchada basta. 
(Dijo esto el que repartía á cuchara- 
das el ajo en una boda de labradores.) 

A los desdichados, se les hielan las 
migas entre la boca y la mano. 

Á los bobos con eso. (Dícelo el que 
entiende la malicia.) 

A los párvulos se aparecen los san- 
tos. (Párvulos se toma aquí por las 
personas inocentes en santidad y 
niños en la inocencia, y por eso Dios 
los favorece. Decir á los bobos es 
necedad de vulgo y reprobada.) 

A los pies y al salto, Pascual java- 
to. (A los pies y al soto.) 

A los pies que ofrecen. (Ironía de 
daño.) 

A los pies tuertos, darles zuecos. 

A los pies mera razón, y á la rueda 
la opinión. (Símil del pavo.) 

A los muertos dicen: quieres, y á 
los vivos: toma. 

A los chicos, aun de ruines no los 
hartan. (La razón es porque hablan 
de ellos por diminutivos: es un rui- 
nillo, ruinejo, hombrecillo, bellacue- 
lo, etc.) 

A nadar anadinos, patos y patinos; 
entrad vos, patón, nadaréis mejor. 

A nadie le pese que le digan ruin; 
pésele de serlo. 

A nadie faltan razones. 

A nadie descubras tu secreto, que 
no hay cosa tan bien dicha como la 
que está por decir; ó que no hay cosa 
más bien dicha que la que está por 
decir. 

A navidad de Santa Lucía, crece el 
día un paso de gallina. De navidad á 
los Reis, tan mala vez. 

A nave rota, todo viento es contra- 
rio. 



- 8 - 



A necesidad, no hay ley. 

A negocio nuevo, consejo nuevo. 

A nuestro amo, todo este mundo es 
tragos. (Manera de pedir de beber 
los gañanes, segadores y peones. 
Tragos se toma por aflicciones y tra- 
bajos, y á ello alude.) 

A nuevo negocio, nuevo consejo. 

A nuevos hechos, nuevos conse- 
jos. 

A Salamanca el bachiller, para de- 
prender. 

A Salamanca, putas, que ha venido 
San Lucas; ó que ya viene San Lucas. 

A San Lucas por atún y á ver al Du- 
que. (Responde á quien le pregunta 
dónde va, dando á entender que tie- 
ne mucha cabida con el Duque. Es 
contra vanagloriosos; semejante es el 
otro portugués contra vanas pregun- 
tas: ¿Dónde ides? A Eboramonte, á 
hacer barriles.) 

A San Simón y Judas, dulces son 
las uvas. 

A San Vicente, alza la mano de si- 
miente. 

A Santa Justa y Rufina, siembra tu 
nabina y derrueca tu harina. 

A Santa María la más lejos. (Dícese 
de las mujeres que son amigas de ir 
á misa á iglesias y romerías y devo- 
ciones las más lejos.) 

A Santa María no la cates vigilia. 
(La razón es porque no la traen sus 
fiestas; mas es mejor que entendamos 
que se ayune siempre, porque es jus- 
to servir á tan buena Señora y rogar- 
la nos favorezca y sea abogada nues- 
tra, como lo es y se lo llamamos en la 
Salve Regina.) 

A sabor de su paladar; lo que á gus- 
to de su paladar. (Al que se le hacen 
las cosas á gusto.) 

Hase de tirar de una oreja, y no ha 
de alcanzar á la otra; ó ha de querer 
tirar de una oreja, y no ha de alcanzar 
á la otra. 

Hase con ello como con cuchara de 
pan. 

A segar son idos tres con una hoz; 
mientras uno siega, holgaban los 
dos. 

A soñor artero, servidor roncero. 

¡Ah, Señor, por quien tú eres, no 
se acaben las mujeres! 



A son de parientes, busca que me- 
riendes. 

A su amigo, el gato siempre le de- 
ja señalado. 

A su tiempo se cogen las uvas, cuan- 
do están maduras. 

A su tiempo viene lo que Dios en- 
vía y quiere. 

A su tiempo vienen las uvas, cuan- 
do ellas maduran; ó cuando son ma- 
duras. 

A suegras beodas, tinajas llenas. 
(Que no puede ser cumplir sin gas- 
tar.) 

A Juan de la Torre, la baba le co- 
rre. 

A sus once vicios. (Por muy á su 
placer.) 

A jueces galicianos, con los pies en 
las manos. (Entiéndese con el presen- 
te de aves asidas por los pies con las 
manos; es muy usado en Galicia y en 
otras partes, los pobres labradores 
presentar de lo que tienen á los su- 
periores, y si tienen pleito á los jue- 
ces. Del uso de aquella tierra nació 
el refrán, y á los jueces que se dejan 
sobornar se llamarán galicianos, por 
falsos, como las muías de Galicia que 
lo son más que las de otra parte.) 

A juego forzado, no basta maña. 

A juego forzado, no le cumple 
maestra mano. 

A celada de bellacos, más vale por 
los pies que por las manos. 

A cinco de Abril, el cuco debe ve- 
nir; y si no viene á los siete ó á los 
ocho, ó él es preso ó morto. (Dícese 
también á los tres de Abril.) 

Ha de volver el gato á la ceniza. 
(Que se ha de hacer, aunque no quie- 
ran, alguna cosa, y que han de vol- 
ver al regosto y pagadero.) 

Ha de salir la corneja al soto. (Que 
cada uno sale y corresponde á su na- 
cimiento.) 

Ha de volver la vieja al jarro. 

Ha de reventar el cuero, no por la 
boca, sino por el medio. 

A día diado. (Entiéndese cobrar, 
pagar, haber de llegar á día señalado 
puntualmente; y es queja de los que 
deben, cuando los piden el día del 
plazo sin dilación.) 

A días claros, escuros nublados. 



(Que tras el placer viene la tristeza 
y pesar.) 

A diente, como haca de atabalero; 
ó cominero. (Estar á diente, es estar 
sin comer, tener gana y no lo tener.) 

A dineros dados, brazos quebra- 
dos. 

A dineros pagados, brazos quebra- 
dos. 

A dineros pagados, brazos cansa- 
dos. 

A diestro y á siniestro. (Suple lle- 
varlo, significando lo que alguno 
atropella y destroza á todas manos.) 

A Dios amo y ama, que tan buen 
pan como aquí hacen en Francia. 

A Dios y á ventura dígola avu- 
tarda. 

A Dios y veámonos, y eran dos 
ciegos. 

A Dios nadie se la hace que no se la 
pague. 

A Dios, servir y honrar es reinar. 

A Dios, Benavente, que se parte el 
Conde, y salía un cocinero. (Parecía- 
le que quedaba yermo el lugar, como 
cuando sale el conde con su gran 
casa, que hace mengua.) 

A Dios, que esquilan. (Esquilar es 
tañer campanas pequeñas, ó esquilas, 
ó esquilones para recoger la gente; y 
esquilan por tresquilan las ovejas 
con el sentido del siguiente.) 

A Dios, que pinta la uva. (Dicho por 
mozos que se despiden en buen tiem- 
po de los amos.) 

A Dios, que se va mi amo. (Con 
esto el lacayo abraza y se despide 
de la moza con quien hablaba en el 
zaguán.) 

A Dios, que me voy con la colora- 
da; y era una bota de vino ó la me- 
jor manta. 

A Dios, paredes; á Dios, paredes; 
hasta la vuelta. 

A Dios, que me mudo. A Dios ve- 
cinas, que me mudo. (Fingen que 
unos ladrones entraron en casa de 
una vieja, y ella, con el miedo, metió 
la cabeza entre la ropa; y ellos, con 
la priesa, sin echar de ver, envolvie- 
ron colchón y ropa juntamente con 
la dueña y cargaron con todo. Al sa- 
lir por la puerta, ella, viéndose llevar 
con su ajuar y que había en la calle 



socorro de vecindad, comenzó á de- 
cir las palabras dichas, y con esto la 
dejaron y huyeron.) 

A Dios, paredes, que me voy á ser 
santo; é iba á ser ventero. 

A Dios te doy, abad de Vallecas, 
estás muerto y resucitas; ó, estás 
muerto y rabias. 

A Dios te doy, libreta bebida y por 
hilar. (Reprehende á los que no mo- 
deran el gasto, y antes que lo ganen 
ó caiga la renta lo tienen gastado.) 

A Dios rogando, y con el mazo dan- 
do. (El mazo es de los oficios de 
fuerza, de hacer carretas y poner los 
arcos á las cubas; quiere decir que 
nosotros obremos y nos ayudará 
Dios, y no queramos que nos sus- 
tente holgando.) 

A do las cuestas, y acógete á ellas. 
(Con cobardes.) 

¿A dó irá el buey que no are? 

A do sacan y no pon, presto lle- 
gan al hondón. (Pon, se dice cortado 
de ponen.) 

¿A dó bueno, Tuda? A Alcalá, si el 
Dio me ayuda. 

A do te quieren mucho, no vayas á 
menudo. (Porque no canses.) 

A do pensáis que hay tocinos, no 
hay estacas. 

A do tu pie, hé aquí mi oveja; ó 
cata aquí mi oreja. (Contra respues- 
ta de este propósito.) 

¿A dó vas duelo? A do suelo. 

¿A dó vas bien? A do más se tien. 

A dolor cualquiera, el remedio es 
la paciencia. 

¿A dó irá el buey que no are? A la 
carnicería. 

¿A dó irá el buey que no are, pues 
que arar sabe? 

¿A dó ides á Eboramonte? A hacer 
barriles (en Portugal). 

¿A dónde puedo ir que más valga? 
(Cuando uno se halla bien donde 
está.) 

A donde tengo los dientes, allí ten- 
go los mientes. (Varíase.) 

A donde va la mar vayan las 
arenas. 

A donde va el Rey, allá va la corte. 

A donde va lo más, vaya lo menos. 

¿A dónde vais? A la guerra. ¿De 
dónde venís? De la guerra. (Dícese 



10 — 



dando á entender cuan briosos van 
los mozos á la guerra, sin experien- 
cia, y cuan mansos y quebrantados 
vuelven de ella, sin haber logrado 
sus altos pensamientos; á lo primero 
responden orgullosos, á lo segundo 
marchitos y en tono bajo.) 

¿A dónde vas, mal? A donde más 
hay. 

A dos días buenos, ciento de due- 
los. 

A dos palabras, tres porradas. (Con- 
tra los necios mal hablados.) 

A dos manos, como embarrador. 
(Entiende hacer algo.) 

A dos manos, como quien se mesa; 
ó como quien se lava. 

A falta no hay pan malo. 

A falta de hombres buenos, casé 
mi hija con suegros. 

A falta de hombres buenos, hicie- 
ron á mi padre alcalde; ó sois alcalde, 
padre. 

A falta de caldo, buena es la carne. 

A falta de carne, bueno es el caldo. 

A falta de capón, pan y cebollón. 

A falta de partido, á mi padre pu- 
sieron jurado. (Es de Aragón, y ansí 
tiene su frase, cuando ocupación sin 
provecho la dan á uno so capa de 
honrarle, eso es, á falta de partido, 
que es de salario, que si hubiera pro- 
vecho, á otros le dieran. Jurado, es lo 
que en Castilla alcalde ó corregi- 
dor.) 

A falta de pan, buenas son tortas. 

A falta de vaca, buenos son pollos 
con tocino. 

A falta de polla, pan y cebolla. 

A falta de moza, buena es Aldonza. 

A mengua de moza, buena es Al- 
donza. 

A facendado crego, dala Deus, ó lé- 
vala o demo. (El gallego.) 

A fe que se ha topado horma de su 
zapato. 

A feria iréis que más ganaréis. 

A feria vayas que mejor se te ven- 
dan tus alhajas. 

A feria vayas que más ganes. 

A feria vaya que más gane. 

A fuer de Aragón, á buen servicio 
mal galardón. 

A fuer de Aliste, que más se obliga 
el que se desobliga. (Es tierra de ha- 



bla sayaguesa y tosca, en que llaman 
desobligar al mucho obligar.) 

A fuer de Toledo, que pierde la 
dama y paga el caballero. 

A fuer del potro, tú un maravedí y 
yo otro. (El Potro es en Córdoba un 
caño que echa agua en forma de po- 
tro por la boca, y da nombre á la pla- 
zuela y barrio á donde está. Tienen 
los vecinos opinión de finos y redo- 
mados por la contratación; y para de- 
cir á uno que es taimado y fino bella- 
co, se dice: «Es del Potro», «Ha bebi- 
do en el Potro», como encastillase 
dice: «Es de Segovia», «Ha estado en 
Segovia.») 

A fuera, á fuera, que Madrigal no 
es aldea. 

A fuera del agua, que es mudado de 
aire. (Cuando mudan los azores y hal- 
cones los dan baños de agua, sueltos 
en aposentos. Los que en el campo en 
su libertad se mudan, los llaman mu- 
dados de aire, y es mejor muda. Algu- 
nas veces los domésticos no vuelven 
á la mano, y se quedan en el monte, 
y primero que los cogen suelen mu- 
dar, si es por el tiempo de la muda; 
aplícase al que es más ladino y para 
más.) 

A fuera, que va de reales. 

A fuera, que va sobre apuesta. 

A fuera, Mari Báñez, que malos ti- 
ros traes. 

A fuera, Mari Pérez, que malos ti- 
ros tienes. 

A fuerza de Dios y de las gentes. 
(Cuando uno atropella por concien- 
cia y respeto del mundo.) 

A fuerza de fortuna, no vale cien- 
cia ni arte alguna. 

A fuerza de ballestero, hierro ó vi- 
llano en medio. 

A fuerza de varón, espada de go- 
rrión. (Que cuando hay violencia de 
mayor, se tenga maña y paciencia, y 
use de blandura y cortesía, con la go- 
rra en la mano.) 

A fuerza de villano, hierro en me- 
dio; ó hierro en mano. 

A fuerte fortuna, corazón de hierro. 

A fraile no hagas cama; de tu mu- 
jer no hagas ama. 

A fraile güeco, soga nueva y al- 
mendro seco. 



— 11 — 



A galgo viejo echalle liebre, no co- 
nejo. 

A gana de comer no hay mal pan, 
ni agua mala á gran sed. 

A ganado poco, silvo redondo. (Del 
que, conpoco caudal, se atrevo á mu- 
cho y con poco presume.) 

A gallego pedidor, castellano tene- 
dor. 

A Güete, que es lugar donde ense- 
ñan crianza. (Ansí el de Cuenca los 
nota de descorteses.) 

A Güete por crianza. (Los de Cuen- 
ca tienen por groseros y libres á los 
mozos de Güete; y para decir de uno 
que es para poco y holgazán, dicen: 
«Es de tierra de Güete»; y en la plaza 
de Cuenca, cuando el toro va tras al- 
guno, que todos dicen «Dios te guar- 
de, hombre», añaden: «Si no eres de 
Güete».) 

A gran arroyo, pasar postrero. 

A gran estatua, gran basa. 

A gran' salto, gran quebranto. 

A gran seca, gran mojada. (Cum- 
plióse á la letra el año 1623, que fué 
muy seco por extremo, tanto que se 
secaron las fuentes de muchos luga- 
res, en el verano; Tormes casi no co- 
rría, y no molían las aceñas y hubo 
carestía de pan cocido; y en otro, el 
invierno muy mojado por Octubre.) 

A gran subida, gran descendida; ó 
gran caída. 

A gran determinación no se miem- 
bra inconveniente. 

A gran gola, larga soga. 

A gran güésped, gran plato. 

A gran perro, gran güeso. 

A gran priesa, gran vagar. (Cuan- 
do en la ocasión de priesa se dan es- 
pacio.) 

A gran miedo, gran misericordia. 
(Sucede mejorar Dios las cosas que 
se temían, y salir de miedo.) 

A gran llena, gran vacía. 

A gran hambre no hay pan malo, 
ni duro, ni bazo. 

A gran oferta, gran pensamiento; y 
á mucha cortesía, mayor cuidado. 

A barco viejo, bordingas nuevas. 
(El Asturiano llama bordingas á los 
maderos que se ponen á lo largo en 
los barcos para reforzarlos. Quiere 
decir que las cosas sean proporcio- 



nadas, y no desconvenientes, y re- 
prehende la desigualdad de ella 

A barba, ni tapia ni zarza. (Quiere 
decir que para los hombre- n<> bas- 
tan las paredes, bardas oí zarza- con 
que cercan las heredados para que 
no entren en ellas, aunque pueda 
bastar para las bestias y ganados; y 
puédese acomodar á cosas mayores, 
como escalar casas, conquistar ciu- 
dades; y que los nombres que son 
hombres, signiñeados por la barba, 
tienen prudencia y maña para con- 
cluir cualquier hecho.) 

A barba muerta, obligación cu- 
bierta. (Que disimulan tenerla á los 
hijos y viuda del muerto.) 

A barba muerta, poca vergüenza. 
(Que después de unomuerto, los que 
con temor y respeto estaban enfre- 
nados, se atreven á hablar contra él 
y poner demanda si tenía deudas y 
aun embargar el cuerpo; y los que 
solían responder bien, se enfrían, y 
á la viuda y hijos todos se les atre- 
ven y los estiman en poco. Esto sin- 
tió y quiso decir D. Francisco de Ga- 
larza, cuando preguntándole los jue- 
ces en la visita de cárcel: ¿Por qué 
estáis vos preso?— Por hijo de Oidor 
muerto, respondió. Aplícase también 
á los hijos de viudas y otros que se 
crían libres, sin padre ni mayor que 
los corrija, y salen desvergonzados y 
mal criados. Tuvo principio este re- 
frán de los ejemplos ordinarios que 
cada día vemos de esta materia, aun- 
que no está lejos haberle dado el 
cuento de la historia del Cid; y es 
que estando, después de muerto, em- 
balsamado, vestido y sentado en su 
escaño de San Pedro de Cárdena, al 
cabo de siete años que así estaba, un 
día que se hizo una grande fiesta, es- 
tando todos fuera de la iglesia, un 
judío que allí vino se entró dentro 
y estuvo mirando una gran pieza al 
Cid, y como vido que no había na- 
die, llegóse á él y di jóle: A tu barba 
nunca llegó cristiano ni moro; yo 
llegaré á tí, y veremos qué harás. En- 
tonces, el Cid echó mano á la espada 
y sacó de ella cuanto un palmo; de 
lo cual el judío fué tan espantado 
que cayó en tierra y quedó amorte- 



12 



cido; y cuando la gente entró en la 
iglesia y le hallaron ansí, echáronle 
agua, y volviendo en sí, dijo lo que 
le había acontecido, y tornóse cris- 
tiano y sirvió en aquella iglesia mu- 
cho tiempo. 

A Belmonte, caldereros, que dan 
jubones y dineros. 

A vendimia mojada, la cuba presto 
aliviada. (Porque no se detiene el 
vino de vendimia mojada, y ansí 
aconseja al dueño que se deshaga de 
ello antes que se pree y acede. Ven- 
dimia se pronuncia con B, aunque al- 
gunos por irse al latín corrigen con 
V, y no vale la regla de la derivación 
latina; que escrivano decimos y es- 
cribimos, y no con B, escribano; y 
cavallo, no caballo, que de esto poco 
advertido de ortografía para con lo 
demás que enmendaremos.) 

A bestia loca, recuero modorro. 
(Lo que á asno lerdo, modorro arrie- 
ro.) 

A bestia comedora, piedras en la 
cebada. (Dice que, álos demasiados, 
se les dé sofrenada y se les ponga 
límite.) 

A bestia mala, espuela y vara. 

A bestia buena, vara y espuela. 

A beber vino, beber, nunca me 
venció mujer. (Salió de un cantar.) 

A bien y mal traer, como vasallos 
de Aragón; ó á bien y mal pasar. (En 
Aragón los señores tienen su abso- 
luta, que es entera, jurisdicción so- 
bre los vasallos para castigar y ab- 
solver y perdonar como reyes. Que 
las amistades y compañías han de 
ser para todo.) 

A bien comer ó mal comer, tres 
veces beber. Ni quiero tres ni trece, 
que un tordo bebe cien veces. (Lo 
postrero añadió la vieja que no qui- 
so tener limitadas veces.) 

A bien te salgan, hija, tus arre- 
mangos; ó estos arremangos. 

A bien te salgan, hijo, tus barra- 
ganadas. El toro estaba muerto, y 
hacíale alcocarras con el capirote 
desde las ventanas. (Es ironía decla- 
rada contra los que son para poco, y 
por encubrirlo menoscaban lo que 
otros hacen, y de nada ajeno se con- 
tentan.) 



A boda ni á bautizado, no vayas 
sin ser llamado. (Es bautizo ó ba- 
teos.) 

A bodas y á niño bautizado, no va- 
yas sin ser llamado. (Porque no en- 
fades.) 

A bocado harón, espolada de vino. 
(En la anciana edad, por las pocas 
ganas de comer y falta de dientes, es 
usado esto; acomódase á otras cosas.) 

A buey viejo, no le busques abrigo, 
búscale al becerrillo . 

A buey viejo, no le busques abrigo, 
porque él se va á lo verde y deja á 
lo seco; y si verde no halla, lo seco 
apaña. 

A buey viejo, cencerro nuevo. (Di- 
cen que el cencerro anima al buey; 
mas debe ser que lo imaginan ansí 
los dueños; y en este sentido, aconse- 
ja que el hombre se case con moza y 
no con vieja. Por sentido contrario, 
desdeña las cosas desproporcionadas.) 

A buey viejo, ¿para qué cencerro? 

A vuelta y media, torrezno fuera. 

A buen año y malo, tu pan tempra- 
no y tu carnero vedado; si yerras un 
año, no errarás cuatro. (Carnero ve- 
dado es apartado de las ovejas hasta 
el Agosto, para que vengan á parir 
juntas por Enero, y los corderos co- 
mienzan á pacer por Febrero. Tam- 
bién dicen: á buen año y malo, tu pan 
armado y el mi pan armado, por ralo. 

A buen año y malo, no dejes la ha- 
rina en el salvado. 

A buen año y malo, pase la harina 
el cedazo. 

A buen año ó malo, molinero ú 
hortelano. 

A buen entendedor, breve habla- 
dor. 

A buen entendedor, pocas palabras; 
ó poca parola. 

A buen negociador, no le duelen 
los pies. 

A buen santo lo encomendáis. 

A buen santo lo encomendastes. 
(Es más usado por ironía.) 

A buen servicio, mal galardón, á 
fuer de Aragón. 

A buen bocado, buen grito. (Con- 
tra la golosina y gula, que trae dolor 
y gemidoj. 

A buen bocado come la cabra. 



13 - 



A buen capellán, mejor sacristán. 
(Un clérigo, en una posada, comía un 
palomino, y otro pasajero rogábale 
que le admitiese á la parte, y lo pa- 
garía; el capellán se excusó; el cami- 
nante comió su pan y después dijo: 
«Tan bien he comido yo al olor como 
vos al sabor.» Dijo el capellán: «Si eso 
es, pagad vuestra parte.» El otro que 
no, él que sí, pusieron por juez al 
sacristán del lugar, que se halló allí; 
él preguntó y supo que el palomino 
había costado medio real y hizo sa- 
car al caminante un cuartillo y sonó- 
le encima de una mesa y dijo: «Reve- 
rendo, teneos por pagado del sonido, 
como esto otro se tuvo por contento 
del olor.») 

A buen compañón, buena compa- 
ñía. 

A buen comer ó mal comer, tres 
veces beber: la primera pura, la se- 
gunda como Dios la crió en la uva, 
la tercera como sale de la cuba. 

A buen tiempo habernos llegado. 
(Ironía y queja por tiempo trabajoso 
y de ser desdeñados.) 

A buen tiempo llegamos, si no nos 
dan de palos. 

A buen tiempo vengo, si no me 
dan de palos. (Lo primero dice quien 
entra en ocasión que comen, ó se re- 
parte algo. Lo segundo suelen decir 
los que están por donaire, si no os 
dan de palos, y dícelo junto el que 
viene, torciendo en sí la razón, el os 
en me ó en nos.) 

A buen viento está la parva. (Dí- 
cese de las cosas que están bien dis- 
puestas para hacerse; y con algo de 
ironía de los que se están holgando á 
todo su placer, con descuido de todo 
lo demás; y con clara ironía se dice 
de los que no son muy entendidos, 
ni tienen hacienda, y tratan de casar- 
se, y de otras cosas que pertenecen á 
los más cuerdos; y se aplica al que ha 
bebido y está alegre y parla con el 
vino; y al loco y mentecato que tra- 
ta de gobernar fundado en dispara- 
tes, y de placer.) 

A buena defucia, mala desierta. 
(Cuando uno desahució con tiempo, 
v después, sin más cuenta, desampa- 
ra las posesiones, como si dijésemos 



una casa ó bodega, sin entregar las 
llaves y cubas con sus aderezos y re- 
paros. Está errado en el Comenda- 
dor, y debemos la enmienda á don 
Antonio Altamirano, Colegial del in- 
signe de Cuenca, ya Oidor.) 

A buena fe, y sin mal en bestia. 
(De los que buscan su comodidad.) 

A buena fe, y sin mal engaño. 

A buena pieza, mala suela. (A lo 
desconforme.) 

A buena hambre, no hay pan duro. 

A buenas obras, pagan buenas pala- 
bras. (Cuando no hay otra moneda.) 

A buscar la ando, la mala de la rue- 
ca, y no la hallo. (Con las perezosas.) 

A burra vieja, albarda nueva. 

A burra vieja, cinosa amarilla. 

A braga rota, compañón sano. 

A blanca vale la vaca; mas, ¿qué es 
de la blanca? 

A cautelas, cautelas mayores. (Es 
tan alevosa la cautela, que para des- 
hacella merece contratreta de ma- 
yor cautela.) 

A carne de lobo, diente de perro 
mastín; ó sabueso. 

A carnero castrado, no le tien- 
tes el rabo. (Tientan la cola para ver 
si los carneros están gordos; en el 
castrado hay poca necesidad de ca- 
tarle, porque carece de celo, y como 
quiera es mejor que el cojudo.) 

A cartas, carta*, y á palabras, pala- 
bras. 

A calza corta, agujeta longa. 

A corta calza, agujeta larga. 

A can que lame ceniza, no le fiar 
harina. 

A canas honradas, no hay puertas 
cerradas. 

A casa de tu hermano, no irás cada 
serano. (Serano es la tarde; no irás 
á menudo.) 

A casa de tu tía, mas no cada día. 
(Entiéndese irás, mas no tanto que 
enfades.) 

A casa del amigo rico, irás siendo 
requerido; y á casa del necesitado, 
iras sin sor llamado. 

A casa del cura, ni por lumbre vas 
segura. 

A casas viejas, puertas nuevas. 

A caso nuevo, consejo nuevo. 

A caso repentino, el consejo de la 



14 



mujer; y al de pensado, el del más 
barbado. 

A Castilla fué, de Castilla volvió; 
barranco saltó, garrancho la entró; 
tal cual está, tal te la dó: digo y re- 
digo, que cual está la recibo. 

A Cazalla por monas, á Alaniz por 
bogas. (Entiende monas de vino.) 

A cada olla, su cobertera. 

A cada ollaza, su coberteraza. 

A cada uno inclina Dios para lo 
que es, y á buen fin, si no le tuerce 
el que se hace ruin. 

A cada uno le güele bien el pedo 
de su culo. 

A cada uno le güele bien su pedo. 

A cada cabeza su seso. 

A cada necio agrada su porra y su 
porrada. 

A cada cabo, hay tres leguas de 
quebranto. (De mal camino.) 

A cada cual, se levantan los paja- 
ritos en el muladar. (Con este símil 
quiere decir, por ironía, que no se ha 
de dar á todos igual honra, ni se han 
de levantar todos á todos los que en- 
tran, y dice que á cada cual sucede 
perder.) 

A cada cual da Dios el frío confor- 
me anda vestido. 

A cada cual da Dios frío como an- 
da vestido. 

A cada paj arillo parécele bien su 
nido. 

A cada puerco le viene su San 
Martín. (Castiga los que piensan que 
no les ha de venir su día, y llegar al 
pagadero. Por San Martín se matan 
los puercos, y de esto se toma la 
semejanza y conforma con el otro 
que dice: No hay plazo que no lle- 
gue.) 

A cada puerta su dueña extiende 
la barra, y limpie, y debajo de. esto 
que cada una mire por su casa, y no 
se vaya por las vecinas, y cada uno 
acuda á su obligación. 

A cada viento se muda, como vele- 
ta ó pluma. 

A cada malo, su día malo. (Le vie- 
ne.) 

A cada rato un poco de mal que- 
branto, ó tres leguas. 

A cada rato tres leguas de mal ca- 
mino, y mal paso. 



A cabo de cien años, todos seremos 
salvos. (Calvos.) 

A cabo de cien años, marido, sois 
zarco ó calvo. 

A cabo de vendimias, covanillas ó 
cuévanos, covanillos ó cestos. 

A cabo de rato, Andújar. (Porque 
los de Andújar llegaron tarde des- 
pués de vencida una batalla contra 
los moros de Granada, ó se lo acha- 
can por matraca.) 

A cabo de rato, oxte, usté. 

A capa vieja, no dan oreja. 

A catarro gallego, tajada de vino. 

A cavador perucho, si le dieres al- 
go, no sea mucho. (Aconseja que no 
se pague adelantado, no se vayan con 
ello. Por perucho se entiende taima- 
do y labrador cualquiera.) 

A caballero nuevo, caballo viejo. 

A caballo nuevo, caballero viejo. 
(Para que le trisne bien.) 

A caballo dado no hay que mirar 
la boca. 

A caballo dado no le mires el dien- 
te, si ha cerrado. 

A caballo comedor, cabestro corto. 
(Lo que á bestia comedora piedras 
en la cebada.) 

A caballo muerto, la cebada al rabo. 

A carros quebrados, carriles afar- 
tos. 

¿A qué no te pusiste? A lo que no 
me vino; que si me viniera, para todo 
nacido era. 

¿A qué puerta llamará Vm. que no 
le respondan? (Subiendo un truhán 
una escalera, delante de un señor, 
paróse á tirar las botas; dióle el tal 
una palmada en las ancas para que 
anduviese, y soltó un traque, y riñén- 
dole la descortesía, respond ió: «¿A qué 
puerta llamará Vm. que no le res- 
pondan?») 

¿A qué tañen? A misa. Tañan, ta- 
ñan, que bien se lo pagan. 

¿A qué tañen? A beber. Mozo, daca 
esos zapatos. 

¿A qué tañen? A misa. Dios nos 
perdone, que no podemos ir á oiría. 

¿A qué tañen? A beber. Andar, cua- 
dril, que allá habéis de ir. 

¿A qué tañen las campanas? A cula- 
das, á culadas, á culadas. (Es juego de 
niños.) 



15 



¿A qué tiempo habernos venido? A 
peor vendremos que pajes; y era la- 
cayo. 

¿A qué mata viene á hacer leña? 

A quien ha de pasar barca, no le 
cuentes jornada. 

A quien ha mordido la culebra, 
guárdese de ella. 

A quien has de acallar, has de ha- 
lagar. 

A quien has de dar de cenar, no 
te duela darle de merendar. 

A quien has de dar la cena, no le 
quites la merienda. 

A quien has de dar de yantar, no 
te duela darle de almorzar. 

A quien has de dar de cenar, no le 
quites el almorzar. 

A quien has de contentar, no le has 
de enojar. 

A quien has de rogar, no has de 
agravar. 

A quien has descubierto celada, de 
éste te guarda. 

A quien has menester, llámale de 
merced. 

A quien habrás menester, trátale 
de merced. 

A quien amares, nunca le des pa- 
res. 

A quien amares de corazón, dale 
pares, nones non. 

A quien amasa y cuece, muchas le 
acontece. 

A quien el vino no plaz. Dios le 
quite el pan. 

A quien en Mayo come la sardina, 
en Agosto le pica la espina. 

A quien es de vida, el agua le es 
medicina. 

A quien errares, nunca le creas. 

A quien una vez me engaña, mal 
le haga Dios, y ayúdele si dos. 

A quien una vez miente, no se le 
ha de dar entera fe otra vez. (Des- 
pués.) 

A quien la ventura es corta, la vida 
le sobra. 

A quien la ventura le falta, la vida 
le sobra. 

A quien la su muerte le duele, con 
la causa se consuele. (Si va bien per- 
dida.) 

A quien le duele la buba, ése la es- 
truja. 



A quien nada tiene, eJ Rey le 1. 
franco; ó á quien no tiene. 

A quien no le sobra el pan, no 
críe can. 

A quien no le basta espada y cora- 
zón, no le bastarán corazas y lanzón. 

A quien no teme, nada le espanta. 

A quien no tiene amigos, pobre le 
llaman y desvalido. 

A quien no tiene labrado, Agosto 
se le hace Mayo. 

A quien no tiene nada, nada le es- 
panta. 

A quien no dábamos vida, en galo- 
chas va á misa. 

A quien no mata puerco, no le dan 
morcilla. 

A quien no habla, no le oye Dios; 
ó á quien no llama, no le oye Dios. 

A quien se ha de matar, en el co- 
razón se ha de dar. 

A quien cierne y masa, no le hur- 
tes hogaza. (Quiere decir á quien 
tiene experiencia y conocimiento de 
las cosas, no procures engañarle, que 
no podrás echarle dado falso. Re- 
pítese aquí por la varia lección.) 

A quien da y no toma, dicha es que 
tiene corta; ó que le falta. (Es que no 
le dan pago. Los muchachos, dicen: 
á quien da y no toma, nácele una co- 
rona. Alabando los confiables.) 

A quien da y toma, nácele una co- 
rona. (Es que el dar le fué gran- 
jeo.) 

A quien da y toma, nácele una cor- 
cova. (Dicen esto los muchachos á los 
desconfiados que dan dando y to- 
mando.) 

A quien da no escoge, y dábanle 
de palos. 

A quien da no escoge, y eran cu- 
chilladas. 

A quien das en qué escoger, le das 
bien en qué entender. 

A quien de miedo se muere, en 
mierda le hacen la fuesa. 

A quien de miedo se caga, en mier- 
da le hacen la fosada. 

A quien dieron á escoger, dieron 
á la ira. 

A quien Dios ama, la casa le cata. 

A quien Dios amó, en el rostro se 
lo mostró. 

A quien Dios se la diere, San Pedro 



16 



se la bendiga. (Varíase: á quien Dios 
se la dio, á quien Dios se la da.) 

A quien Dios quier, á otro no há 
menester. 

A quien Dios quiere ayudar, el 
viento le apaña la leña. 

A quien Dios quiere bien, en Sevi- 
lla le dio de comer; y á quien Dios 
quiere mal, en Córdoba le dio un la- 
gar; ó á quien Dios quiso bien. 

A quien Dios quiere bien, en su 
tierra le dio de comer; ó en Sevilla 
le dio de comer. (Este es más general 
á todos, porque cada uno se acomo- 
da al lugar que tiene afición, y cada 
uno ama su tierra; ya dicen: á quien 
Dios quiso bien, en Madrid le dio 
de comer.) 

A quien Dios quiere bien, la casa 
le sabe y el hogar también; y á quien 
mal, la casa y el hogar. (A éste para 
olvidarle como á ingrato, ó castigar- 
le como malo; al otro para favorecer- 
le, porque lo merece.) 

A quien Dios quiere bien, la casa 
le sabe; y á quien mal, ni la casa ni 
el hogar. (Porque Dios lo sabe todo; 
quiere decir que no le visita Dios 
en uno ni en otro, porque no le halla 
digno; al bueno sí.) 

A quien Dios quiere bien, la perra 
le pare puercos; ó lechones. 

A quien Dios quiere bien, la hor- 
miga le va á buscar. (Entiende á sus 
eras y trojes.) 

A quien Dios quiere bien, la hor- 
miga á buscarle vien. 

A quien Dios bien quiere, la hor- 
miga á buscarle viene. 

A quien Dios quiere bien, dale de 
comer en los campos de Santarén; y á 
quien quiso más que bien, se lo dio 
en los campos de Vaibén. 

A quien Dios quiso bien, llevóle á 
morar entre Lisboa y Santarén. 

A quien Dios más ha dado, á más 
es obligado; ó á más le está obligado. 

A quien dices tu secreto, das tu li- 
bertad y estás sujeto. 

A quien dices tu poridad, á ése das 
tu libertad. 

A quien duerme, duérmele la ha- 
cienda. 

A quien duele la muela, que la eche 
fuera; ó que se la saque. 



A quien buena mujer tiene, ningún 
mal le puede venir que no sea de 
sufrir. 

A quien bragas no adochó, las cos- 
turas le sannochó ó enojó. 

A quien quieras mal, cómele el 
pan; y á quien bien, también. 

A quien cuece y amasa, no le hur- 
tes hogaza; ó á quien cierne y amasa. 
(Quiere decir al que sabe del arte, no 
trates de engañarle, que no podrás. 
Metáfora de la que masa, que cuenta 
sus panes al ir y venir del horno.) 

A quien cría pollos y niños, siem- 
pre le andan los dedillos; ó siempre 
le lamen los dedillos. (Entiéndese 
dándoles de comer.) 

A quien tanto ve, un ojo le basta. 

A quien te la fai, faila. A quien te 
la faz, faz la. 

A quien te da el capón, dale la 
pierna y el alón. 

A quien te pidiere la capa por jus- 
ticia, dale la media en paz. 

A quien tiene suegra, cedo se le 
muera. 

A quien tiene cabeza, no le falta 
capilla. (Cabeza dice por el entendi- 
miento.) 

A quien tiene mala mujer, ningún 
bien le puede venir; sino es que sea, 
que ella se muera. 

A quien tiene ropa y duerme en el 
suelo, no le tengo duelo. 

A quien vela, todo se le revela. 

A quien bien vela, todo se le re-' 
vela. 

A quien madruga y vela, todo se le 
revela. (Estos refranes usaron en sus 
armas y escudos Luis Vela Núñez y 
Diego Vela Núñez, caballeros de Avi- 
la y heredados en Villanueva, cerca 
de Jaén, cuando se ganó de moros 
aquella tierra; y aunque de su linaje 
tenían otras armas, ellos pusieron en 
el escudo un brazo de plata en campo 
verde, con una hacha blanca en la 
mano con la llama de oro, con los 
motes dichos, significando su nom- 
bre Vela y su vigilancia en guardar 
la frontera.) 

A quien ventura olvida, sóbrale la 
vida. 

A quien vieres amarillo, no dudes 
de pedillo. (Que mujer que se ena- 



17 



mora de color tan disoluta, no puede 
ser sino mala mujer.) 

A quien vieres de pajizo, no tienes 
sino pedillo. 

A quien mal le pareciere, mal le 
haga Dios. (Lo que uno determina 
hacer. Va on la Y: Y á quien mal.) 

A quien mal deseas, un rocín le 
veas; y á quien más mal, un par. 

A quien mal vive, su miedo le si- 
gue. 

A quien mal quieras, pleito le veas; 
y á quien más mal, pleito y orinal. 

A quien mal quisieres, un rocín le 
allegues; y á quien más mal, dale un 
par. 

A quien mal hicieres, nunca le 
creas. 

A quien mala fama tien, ni acom- 
pañes ni quieras bien. 

A quien matare el padre, no le 
críes el hijo. 

A quien me engaña una vez, fáltele 
Dios, y ayúdele si dos. 

A quien miel menea, miel se le 
pega. 

A quien miedo le han, lo suyo le 
dan. 

A quien mordió la culebra, guár- 
dese de ella. 

A quien hace casa ó hija casa, la 
bolsa le queda rasa. 

A quien hila y tuerce, al sol se 
le parece. (Tendidas las telas á cu- 
rar.) 

A quince de Marzo, da el sol en la 
sombría y canta la golondrina. 

A quillotro aquillotrado, nunca le 
falló velado. (Mucho precié cuando 
hallé éste en boca de una dueña di- 
cho tan honestamente, por lo qu3 á 
virgo perdido.) 

A corta calza, agujeta larga. (Para 
que ayude á cumplir.) 

A concejo malo, campana de palo. 
(Que en el mal gobierno nada hay 
bueno.) 

A concejo ruin, campana de made- 
ro; otros dicen, de madera. 

A confesión de castañeta, absolu- 
ción de zapateta. 

A costa de barba longa. 

A coger amapolas, madre, me per- 
dí; caras amapolas fueron para mí. 

Ha comido cazuela. (Dícenle á uno 



que se pasea; ó le preguntan si la ha 
comido.) 

¿A cómo vale el quintal del hierro? 
Dadme una aguja. (Contra los que 
para comprar una leve cosa, se in- 
forman y preguntan á cómo vale la 
arroba.) 

Ha corrido á Ceca y Meca, y la Ca- 
ñavereta, y los olivares de Santa- 
rén. (Decláranse las dos palabras ade- 
lante, en el otro: andar de Ceca en 
Meca.) 

A cualquier dolencia, es remedio la 
paciencia. 

A cualquier duelo, la paciencia es 
remedio. 

A cuero tiesto, álzase el piezgo. 
A cuero tiesto, piezgo enhiesto. 
(Tiesto se entiende aquí por atestado 
y lleno de vino; y aunque sea de vien- 
to. Adelante se dice: El cuero des- 
pués del leño, alza el piezgo. Cuero 
lleno, piezgo enhiesto. Dan á enten- 
der que bien comiendo,* y bebiendo 
vino demasiado, se cae en el vicio 
deshonesto; lo cual debe huir todo 
hombre de- virtud y honra, y no usar 
del vino más de por medicina.) 

A cuenta del conde, no mates al 
hombre. (Dícese adelante: En hoto 
del conde.) 

A cuentas viejas, barajas nuevas. 
(Adelante está: Cuentas viejas, bara- 
jas nuevas.) 

A cureña rasa, tirar sin mira. (Me- 
táfora de ballesta, que no ponen se- 
ñal de puntería. Cureña es la tabla 
de la ballesta.) 

A clérigo mudo, huyele el bien que 
tiene por seguro. 

A clérigo mudo, todo bien le huyó. 
(Al corto letrado de suyo; y ansí se 
aplicará á los cortos y á los no dies- 
tros en su oficio.) 

A clérigo hecho de fraile, no le 
fíes tu comadre. 

A fraile hecho de abad, bien se la 
puedes fiar. (Aquí, abad es clérigo se- 
cular.) 

A par de río, ni compres viña, ni 
olivar, ni caserío. 
Apalabras locas, orejas sordas. 
A palabras, palabras. 
A palabradas recias, abajar las ore- 
jas. 



18 



A paloma harta, la arveja la amar- 
ga. 

A palomar caído, por demás es 
echarle trigo. 

A pan y cebolleta, no es menester 
trompeta. 

A pan y cebolleta, no cumple trom- 
peta. 

A pan de quince días, hambre de 
tres semanas. 

A pan duro, diente agudo. 

A panza llena, mejor se aconseja. 
(Quiere decir se toma y da consejo.) 

A padre ganador, hijo despende- 
dor. 

A padre guardador, hijo gastador. 

A padre allegador, hijo desper- 
diciador. 

A padre restriñido, hijo con cáma- 
ras. 

A pagar de mi bolsa. A pagar de 
mi dinero. 

A paño merchante, buena muestra 
delante. 

A peine encordado, cabello enhe- 
trado. 

A pesar de gallegos. A pesar de 
ruines. (Afirma que fué hecho ó será.) 

A pece grande, soltalle la caña. 

A persona lisonjera, no la des 
oreja. 

A pecado nuevo, penitencia nueva. 

A pecados viejos, penitencia nue- 
va. (Cuando se riñen cosas olvidadas 
y renuevan la memoria; y cuando 
vienen enfermedades y trabajos, tras 
vida desenfrenada.) 

A perro viejo, no tus tus; ó no cuz 
cuz; ó nunca cuz cuz. (Que no se deja 
engañar, como el nuevo, con halagos 
y pan.) 

A piedra queda, amigo molinero. 
(Que entonces hace amistad.) 

A pies de puerco y cabeza de bar- 
bo, ¿quién tendrá quedas las ma- 
nos? 

A picada de pulga, pierna de sá- 
bana. 

A picos votos, como en los mo- 
lares. 

A Pitiegoa tu pan lleva; lo tuyo te 
comerán, y de lo suyo no te darán. 
(Es lugarejo mal proveído, cuatro le- 
guas de Salamanca, camino de Medi- 
na y Valladolid.) 



A por a, y b por be. (Decir distin- 
tamente y claro.) 

A pobre y cautivo, no hay amigo . 

A pobreza, no hay vergüenza. 

A poca barba, poca vergüenza. 

A poca comida, poca bebida. 

A poco dinero, poca salud. 

A poco caudal, poca ganancia. 

A poco pan, tomar primero; 6 
luego. 

A poco vino, cuidadino. 

A poco vi, cuita ti. (El catalán). 

A pollo pión, duro cortezón. (Que 
á un importuno se ha de dar cosa 
dura para que se entretenga con ella 
buen rato, como al perro un güeso.) 

A puerca parida, no se dé harina. 
(Porque come mucho á causa de los 
hijos; en las mujeres es lo propio, á 
quienes se aplica.) 

A puerco fresco y berenjenas, 
¿quién tendrá las manos quedas? 

A puerta cerrada, el diablo se torna. 

A puerta cerrada, labor mejorada. 

A puerta cerrada, buena mea jada. 

A puerta de cazador, nunca gran 
muladar. (Porque nunca es buen la- 
brador el que se divierte en la caza.) 

A puertas viejas, aldabas nuevas. 

A pueblo muerto, alcalde tuerto. 

A pulso de trapo, médico de paño. 

A putas y ladrones, nunca faltan 
devociones. 

Al puto no putes, y al ladrón no 
hurtes; ó al puto no putes; ó al tro- 
cado. 

A puñadas entran las buenas ha- 
das. (Con diligencia y puro trabajo.) 

A presurosa demanda, espaciosa 
respuesta. 

A pregunta necia, disimulada res- 
puesta. 

A primera vayas, y treinta y nueve 
hagas. 

A propósito, Dr. Jarro. (Cuando 
alguno no hace ni habla á propó- 
sito.) 

A placeres acelerados, dones acre- 
centados. (Mejor es dolores doblados 
ó acrecentados.) 

A tal abad, tal monacillo. 

A tal aventar, no es menester so- 
plar. 

A tal aventijo, no es menester so- 
plijo. (Tómase de un cantarciilo de la 



- 19 



amiga del abad, que se soltó por el 
mal postigo.) 

A tal hora, espulga el lobo al asno. 
(A lo que se hace á larga noche.) 

A tal olla, tal cobertera. 

A tal Señor, tal honor. 

A tal tajo, tal revés. 

A tal tiempo, tal tiento. 

A tal horma, tal zapato; y á tal za- 
pato, tal horma. 

A tanto pedidor, tanto cagajón. 

A teatino, ni el dedo menino. (Que 
no se les ha de dar entrada ni en muy 
mínima cosa, porque no se alcen con 
todo; ya es notorio á quiénes llaman 
teatinos en Castilla. Dícelo aquel je- 
roglífico: «pues que nadie te atina, 
yo te atino, dinero mío».) 

A tela urdida y á mujer parida, 
nunca la faltó guarida. (Urdida y co- 
menzada á tejer la tela, de aquí, de 
allí, se cumple la falta. La mujer sol- 
tera que la sucede parto de aventu- 
ras, nunca la falta casamiento; y á 
cualquiera pobre, acogimiento. Este 
es casi alegórico sentido; el natural, 
damos en otro destrocado: á mujer 
parida y á tela urdida.) 

A Tetuán por monas, y á Guadiana 
por bogas. (Esto es como decir: va- 
yase á pasear, ó espulgar un galgo, 
cuando no quieren dar, ni hacer lo 
que otro quiere.) 

A tí lo digo, hijuela; entiéndelo, mi 
nuera. 

A tí lo digo, hijuela; respóndeme 
tú, dueña. (Cuando, so color de uno, 
decimos y queremos otro.) 

A tí mismo te haces la copla. 

A tocinos salados, no nacen cuar- 
tanas, sino entre hoces y marranas. 
(Lo primero es en invierno, de San 
Martín en adelante. Lo segundo quie- 
re decir: entre San Juan y Todos los 
Santos.) 

A toda hora el perro mea, y la mu- 
jer llora. 

A toda ley, arar con buey. 

A toda ley, ayude Dios á nuestro 
Rey. 

A toda ley, viva el Rey. 

A toda ley, viva nuestro Rey. 

A toda ley, boñiga de buey; y si es 
flaca, boñiga de vaca. (Trocado en 
pulla del siguiente.) 



A toda ley, morcilla de buey; mas 
á ley entera, yo de puerco la qui- 
siera. 

A toda ley, mozo manso y fiel; y si 
fuere callado, dale al diablo. 

A toda ley, hijos y mujer. 

A todo hay maña, sino á la muerto. 
(Ansí lo dicen á su modo en Ara- 
gón.) 

A todo faltar, ahí está Italia, do no 
faltará nada; ó una pica ó lanza. 

A todos conviene temer á Dios y 
las leyes. 

A todo pajarillo agrada su nidi- 
11o. 

A todos tiembla la barba. 

A torrezno de tocino, buen golpe 
de vino. 

A tu abogado y á tu abad, siempre 
le di la verdad. 

A tu amigo dile la mentira; si te 
guarda poridad, dile la verdad. 

A tu amigo gánale un juego, y vuél- 
vele luego. (Que no juegue más.) 

A tu amigo cómele el pan, y bébele 
el vino. (Dicho es de más interesado 
de lo que conviene; mejor está el si- 
guiente.) 

A tu enemigo, cómele el pan y bé- 
bele el vino. 

A tu criado no le hartes de pan, y 
no pedirá queso. 

A tu criado hártale bien, y verle 
has callado. 

A tú por tú, como en taberna. (Tra- 
barse, haberse.) 

A tu tía. (Despidiendo y negando, 
se dice que se vaya con Dios.) 

A tu marido muéstrale lo otro, mas 
no del todo. (Aconséjala que no dé 
indicio de deshonesta y que sea se- 
creta; y á todos que sean advertidos 
y traten con recato y resguardo.) 

A tu mesa ni á la ajena, no te sien- 
tes con la vejiga llena. 

A tu mesa ni á la ajena, nunca con 
la vejiga llena. (Que no detenga la 
orina.) 

A tu rey no ofendas, ni te metas en 
sus rentas. 

A tu hija muda, véasla viuda. (Es- 
te refrán habla como el otro: «A la 
mujer casera, el marido se la muera». 
Aquí dicen lo mesmo las viudas, de- 
fendiéndose: si tu hija es callada y no 



20 



se queja, como las viudas ó mal ca- 
sadas, múdese el marido en perdido, 
ó enviude, y luego la verás que llora 
lástimas y tiene querellas.) 

A tu hijo, buen nombre y oficio. 

A tuerto y á derecho, ayude Dios 
á los nuestros. 

A tuerto ó á derecho, ayude Dios á 
nuestro consejo. 

A tuerto ó á derecho, nuestra ca- 
sa hasta el techo. (Reprehenden es- 
tos tres refranes á los que quieren 
más su interés que la justicia y lo 
justo.) 

A Tuta, que es lugar de limosna. 
(Lo que «á tu tía», y «á Tetuán»; des- 
pide y burla del que pide lo que no 
le quieren dar, remitiéndole adonde 
no halle bien ninguno. Tuta es lugar 
imaginario.) 

A tres de Abril, el cuco ha de ve- 
nir; y si á los ocho no es cierto, ó él 
es preso ó muerto. 

A tres de pelea, enséñales la suela. 

A tres días buenos, cabo de mala 
estrena. 

A tres veces bebido, envaina tu cu- 
chillo. 

A trueque de un buen dicho, per- 
der un amigo. (Dícese de los que son 
tan lisiados por decir gracias ó mali- 
cias, que hasta á los amigos no per- 
donan, si se le ofrece el que ellos 
llaman buen dicho. Esta frase, á true- 
que, es muy usada en ocasiones, y por 
otra manera se dirá adelante este re- 
frán, en la P. Por.) 

A Valdegoda, pásala con hora. (Val- 
degoda es parte mal segura de ladro- 
nes, ó lo fué, camino de Salamanca á 
Ledesma, cerca de Almenara.) 

A veinte y nueve, el diablo les dio 
el siete. 

A veinte y una, una; á veinte y dos, 
figura; ó, á veinte y una, un; á vein- 
teidós, figura; que ansí junta las pa- 
labras el común hablar. 

A ver el rabo á la huéspeda; has 
de ver el rabo á la huéspeda. (Entién- 
dese entrar; dícese junto con otras pa- 
labras: «con que viene á ver el rabo 
á la huéspeda; achaque para ver el 
rabo á la huéspeda; venir á ver el 
rabo á la huéspeda>; dícese desde- 
ñándose á quien viene á ver de bal- 



de, como á registrar lo que pasa, y se 
entra hasta donde están.) 

A veces caza quien no amenaza. 

A vianda fría, estómago caliente. 

A vianda dura, muela aguda. 

A virgo perdido y á cabeza que- 
brada, nunca faltan rogadores, ni por 
ladrones. 

A virgo perdido, nunca le falta 
marido. 

A virtud atrevida, á veces buena 
salida. 

A vino de mal parecer, cerrar los 
ojos al beber. 

A vísperas dan paz. (Por lo que es 
fuera de sazón.) 

A villano recio, hierro en me- 
dio. 

A viña vieja, amo nuevo. (Porque 
la labrará y renovará.) 

A vos digo, padre, á falta de bue- 
nos sois vos alcalde. 

A vos todo el año, y á mí Abril y 
Mayo. (Llueva.) 

A vulpeja dormida, no le cae nada 
en la boca ni barriga. 

A maravedí el palmo. (Dícese en lo 
que á uno no le va ni le viene.) 

A Mariardida, nunca la falta mal 
día. 

A Marimontón, Dios se lo da y Dios 
se lo pon. A lo antiguo se dice: «Dios 
ge lo da y Dios ge lo pone, y. Dio ge 
lo da y Dio ge lo pon.» 

A Marimontón, Dios la dio buen 
don. 

A mal abad, mal monacillo. 

A mal decir no hay cosa fuerte. 
(Dícese en el juego imitando al otro: 
A ira de Dios no hay casa fuerte, ó 
contra la muerte no hay casa fuerte. 
Decir bien ó decir mal en el juego, es 
venir buena ó mala suerte en hacer 
ó no hacer manos; mano es la vez que 
pierde ó gana; otros leen cosa fuerte, 
y es mejor casa fuerte, por castillo de 
defensa.) 
A mal capellán, mal sacristán 
A mal pecho, buen derecho. (Yo 
creo que está errado y ha de decir: 
«A mal derecho buen pecho.») 

A mal pie, vicario de pierna. (Al 
bordón llama vicario de pierna.) 

A mal va el mal, do buen remedio 
no val. 



- 21 — 



A mal va este hilado. 
A mal ñudo, mal cuño. 
A mal ñudo, mala cuña. 
A mal hacedor, los pelos le estor- 
ban. 
A mal hablador, discreto oidor. 
A mal decidor, discreto oidor. 
A mal hecho, ruego y pecho. (Casi 
lo del otro ) 
A lo mal hecho, ruego y pecho. 
A mala suerte, envidar fuerte. 
A mala venta, mala cuenta. 
A mala venta, pan pintado. 
A mala ventura, pan pintado. 
A mala llaga, hierba mala. 
A malas lanzadas mueras. (Es mal- 
dición, y varía personas: «A malas 
lanzadas yo muera si tal hiciere; ó á 
malas puñaladas.») 
A malas lenguas, tijeras. 
A malas cenas y á malos almuer- 
zos, angóstanse las tripas y alárganse 
los pescuezos. 

A malas puñaladas mueras, y á 
traición yo muera si no soy de Cór- 
doba. 

A malas hadas, malas bragas. 
A más no poder, acuéstase Pedro 
con su mujer. 

A manos lavadas, Dios las da que 
coman. 

A manos lavadas, Dios hace mer- 
ced. 

A mancha grande, no hay jabón 
que lo baste. 

A más no poder, el hombre se deja 
caer. 
A más no poder, no hay cosa fuerte. 
A más no poder, ¿qué se ha de ha- 
cer? 
A más priesa, más vagar. 
A más miedo, más misericordia. 
A más miedo, más misericordia; 
mujer, veis aquí la carne, echad á co- 
cer la olla. 
A más moros, más despojos. 
A más moros, más ganancia. 
A mañana, nunca la vi. 
A mazo y escoplo, como pilar de 
iglesia. 

A meaja vale la vaca; ¿y dó la 
meaja? 

A mercado vayas que mejor se 
venda tu hilaza. 
A mengua de pan, buenas son tor- 



tas de Zaratán. (Zaratán, aldea de Va- 
lladolid do hacen buen pan.) 

A mengua de carne, buenos son 
pollos con tocino. (Lo que «á falta de 
vaca».) 

A mengua de moza, buena es Al- 
donza. (Lo que «á falta de moza».) 

A mesa puesta y cama hecha. (En- 
tiéndese venir, sentarse y ser admi- 
tido.) 

A inedias pan cogen. 

A mi amigo soy leal hasta salir del 
umbral. 

A mí os dieron, que no á la pa- 
red. 

A mí no puedo, y á mis comadres 
hilo. 

A mí no puedo, y á mis comadres 
llevo. 

A mi nuera, echando agua y ha- 
rina, la crece la masa entre las ma- 
nos. 

A mí, que las urdo y tramo. 

A mí, que las entiendo.^ 

A mí, que las vendo. 

A mí, que no pido. (Cuando se re- 
parte algo, los muchachos todos pi- 
den y son importunos; el que no lo 
es, tomando su modestia por dere- 
cho, dice: «A mí, que no pido.») 

A mí, que soy Pedro y tuerto, y na- 
cido en el Potro de Córdoba. 

A mi padre llamaron hogaza y yo 
muérome de hambre; ó, á mi padre 
llaman trigo. (Contra los que, pade- 
ciendo necesidades, tienen vanidad 
de no buscar la vida con su industria 
y manos, ni someterse á otros, por- 
que sus padres fueron algo.) 

A mi tío, en Huesca. 

A mí todos me hallan y yo no ha- 
llo á nadie. (Es queja del que acude 
y socorre á otros, y en su necesidad 
no halla quien le acuda.) 

A mí me llaman modorro, entrar 
quiero en el corro. 

A mi mujer, bermeja, por el pico 
la entra, que no por la oreja. 

A mi hijo el lindo, no me le cer- 
quen cinco. 

A mi hijo el bachiller en Sala- 
manca. (Contra los que no saben dar 
claras señas, porque hay muchos ba- 
chilleres en Salamanca; dicen fué so- 
brescrito de una carta de un viz- 



22 — 



caíno. Usase de este refrán cuando se 
ofrece buscar alguna persona por só- 
lo el nombre, en lugar grande, sin 
saber su posada.) 

A mi hijo, en Huesca; ó Güesca. 
(Es lugar, que tiene Universidad, en 
Aragón, y allá le usan como acá <A 
mi hijo el bachiller en Salamanca»; 
también se dijo este sobrescrito viz- 
caíno: «A mi madre, mujer de mi 
padre, en mi lugar, en Vizcaya», y 
fué verdad enviada desde Sevilla.) 
A mi hijo lozano, no me le cer- 
quen cuatro. 

A mi hijo Juan, en la Corte lo ha- 
llarán. (Parece sobrescrito, como los 
pasados.) 

A moro negro, capirote verde. 
A moro muerto, gran lanzada. 
A moro negro, capil colorado. 
A mortanzos, no valen herbanzos. 
A mortandad, no valen hierbas. 
A molino picado. (Comer ó hacer 
algo con aliento y ganas.) 

A mocedad ociosa, vejez traba- 
josa. 

A mocedad sin vicio y de buena, 
pasada, larga vejez y descansada. 
A mozo alcucero, amo roncero. 
A mozo sentado, nunca buen re- 
cado. 

A mozo galano, hija de mano. (Que 
haya cuidado con la hija cuando hay 
mozo polido que la pasee. Malara, en 
éste, se fué ad efesios, por los cerros 
de Ubeda.) 

A mozo goloso, higo á dinero. (Na- 
ció en Aragón, y quiere decir: al go- 
loso y descomedido ponelle freno é 
irle á la mano; lo que «á caballo co- 
medor, cabestro corto».) 

A mozo respostón, pan y varada; ó 
p;in y bastón. 

A mozo recio, asiento cuerdo. (Que 
con los belicosos se destaje primero, 
y se trate con tinta y pluma.) 

A modo del villano necio, que des- 
pués del daño toma el consejo; ó hace 
el concierto. 

A muertos y á idos, no hay ami- 
gos. 

A muertos y á idos, pocos amigos. 
A muía guiñosa, recuero borra- 
cho. 

A muía vieja, cabezadas nuevas. 



A muía roma y toro hosco, no te 
pares de rostro. 

A muía roma, suelta gorda. 

A mujer artera, la hija primera. 
(Artera, es ardidosa y casera; y desea 
el refrán que el primer parto sea hi- 
ja, para que, criada, sirva á sus pa- 
dres.) 

A mujer afeitada, tuércela la cara. 
(Esto es, no la mires.) 

A mujer de mercader que fía, y á 
escribano que pregunta por el día, y 
á oficial que va á caza, no hay mer- 
ced que Dios les haga. 

A mujer brava, soga larga. 

A mujer parida y tela urdida, nun- 
ca la falta guarida. (Queda dicho tro- 
cado: á tela urdida.) 

A mucha abundancia, mucha falta. 

A mucha parola, obra poca; ó labor 
poca. 

A mucha parla, labor manca; ó la- 
bor mansa. 

A mucho hablar, mucho errar. 

A rey muerto, rey puesto. 

A rey muerto, reino revuelto. 

Arriedro vayas, diablo, déjame re- 
zar. 

A río vuelto, ganancia de pesca- 
dores. (A río vuelto, es frase muy 
usada.) 

A río pasado, santo olvidado. (Re- 
prehende el olvido de votos y pro- 
mesas pías.) 

A rico no prometas, y á pobre no 
fallezcas. 

A Roma por todo. (Dícelo el que 
hizo algún delito en que hubo desco- 
munión, y se resuelve de hacer más 
para irse á absolver de todo junto; y 
aplícase á otras cosas semejantes.) 

A ruin abad, ruin monacillo. 

A ruin oficial, cualquiera le emba- 
raza; ó los pelos le estorban. (Oficial, 
por hacedor de lo otro.) 

A ruin concejo, campana de ma- 
dero. 
A ruin mozuelo, ruin capisayuelo. 
A ruin, ruin y medio. 
A chica cama, si queréis remedio, 
echaos en medio. 
A chica cama, echarte en medio. 
A chico santo, gran vigilia. 
A chico becerro, gran cencerro. 
A chico caudal, mala ganancia. 



23 



A chico pajarillo, chico nidillo. 

A chico pucherete, chico manja- 
rete. 

A chico mal, gran trapo. 

A chico mozuelo, chico capisa- 
yuelo. 

A ñudo ciego, cuño de acero. 

A hambre, no hay pan duro, ni fal- 
ta salsa á ninguno. 

A hambre, no hay mal pan. 

A hambre, no hay pan bazo. 

Ha hallado palo con que sea casti- 
gado. 

A heria vayas que más ganes. 

A hija casada, los yernos á la puerta. 

A hija casada, sálennos yernos. 

A hijo malo, pan y palo. 

¡Ay, harto hay!; mas está mal re- 
partido. (Cuando alguno se queja y 
dice ¡ay!. el que lo oye añade lo de- 
más, torciendo el sentido.) 

¡Ay, ay, ay, que se me cuelga y no 
se me cai! (Por cae.) 

¡Ay, ay, ay!— ¿Qué has?— Rompo lo 
que tengo y no me dan más. 

¡Ay, ay, ay!, que me quejo y no 
tengo mal. 

¡Ay, ay, dedo!, en casa estoy y en la 
calle hiedo. 

¡Ay, dedo, dedo!, en casa estoy y 
en la calle hiedo. (Dícese contra los 
que se enfadan sin causa, y de los 
quejillosos de poco.) 

¡Ay, ay, qué me he hallado por an- 
dar abajado! 

Ay al sentar, ay al levantar, no tie- 
ne mi padre hija para casar. (Contra 
viejos contaminados que tratan de 
casarse.) 

¡Ay, agüelo!, sembrasteis alazor y 
naciónos anapelo. 

Ahí amorga la hiél de la vaca. 

Ahí entra el diablo y dice. 
Ahí entró el diablo y dijo. (Dícese 
cuando se topa algún inconveniente 
en los negocios, y caso que sale de 
través.) 

Ahí es, junto á casa. (Ironía cuando 
es muy lejos.) 

Ahí está el busilis* (Bien vulgar es 
el busilis, aunque salió, ó se fingió 
salir, de uno que examinaba para ór- 
denes, el cual dudó en declarar in 
diebits Mis, y dijo: «índice, las Indias; 
el busillis no entiendo»; de tres pala- 



bras hizo dos, partiendo la de en me- 
dio; in diebits Mis, en aquellos días; 
vulgarmente dos // de latín las pro- 
nunciamos por una, y ansí una escri- 
bimos en busilis.) 

Hay injurias de que se ven dar 
gracias. 
¡Ay, Inés, y qué sueño tenéis! 
¡Ay, horas tristes, cuan diferentes 
sois de lo que fuistes! 

Hay hombres bestias como ánsares 
pardas. (Tan cierto es haber hom- 
bres que no se diferencian de bes- 
tias en sus obras é ingenio, como 
ánsares pardas, que es su ordinario 
color.) 

Hay un diablo que se parece á 
otro. 

Ahí lo venden, en la plaza. (Dícese 
para denotar cosa de poco valor y 
barata.) 

Ahí los ojos, y el gato cerca. (Esto 
dicen á los que estropiezan.) 
Ahí los ojos, y el corazón y todo. 
Ahí los ojos, y el corazón vues- 
tro. 

Ahí. señor, andamo á pasaro. (Res- 
ponde el negro que andaba fugitivo 
á monte al amo que lo halló.) 

Ay, señor, y tú lo ve en cuál casa 
hay más dinero; en casa de creigo. 

Ay, señores, que donde no hay pan, 
no le comen los ratones. 

Ay, señores, qué malos sois los 
hombres. 

¡Ay, putas, y cómo sois muchas! 
¡Ay, si nevase, porque mi prado 
se me vedase! (Palabras de la yegua, 
que no la entrará la nieve para pa- 
cer, porque con el hocico la aparta, 
y embaraza á otros ganados, y más á 
las ovejas, y ansí está vedado á los 
demás si se nieva.) 

Hay son vertello. (Son, se dice por 
sino; es el cuento que en unas eras, 
un labrador, llenó un costal del mon- 
tón de un vecino; el dueño llegó y 
dijo: «¿No veis que me lleváis el mi 
trigo hurtado?» «Dejaldo— respondió 
este otro, con gran sorna; — pues que 
hay son vertello».) 

¡Ay de mí, que la mirí! 
¿Y á dónde la besaré? 
— En el ojo del trasí. 
¡Ay de mí, que la miré 



— 24 



Para vivir lastimado, 
Para llorar y gemir 
Cosas del tiempo pasado! 
¡Ay de mí, que lo vendí, 

Y por un maravedí; 
Que si yo no lo vendiera, 
Mucho más me valiera! 

¡Ay de mí, que siempre veo 
Al revés lo que deseo! 

¡Ay de mí; mas, ay de nos, 
Que nacimos en un sino, 
Que la agua derrama al vino 

Y el vino derrama á nos! 

¡Ay del ay, que al alma llega! 

Imposible es que se calle, 
(Que lo que se hace en la calle. 
No es secreto.) 

Hay días aciagos, y por donaires 
hay días zorriagos. 

Hay diablos con ese finado, que no 
nos deja nada; la codicia de here- 
dar. 

¡Ay, Dios mío!, y de los otros tío. 

Hay diferencia en lo vano, darle 
con el codo ó darle con la mano. (Ha- 
bla de las vasijas güecas, como olla 
y cántaro, y aplícase á otras cosas.) 

¡Ay, dormir, cómo sabes! ¡No plega 
á Dios te me acabes! 

¡Ay, dormir de los cielos, más sabes 
que buñuelos, y que caldo de aves; 
no plega á Dios te me acabes! 

¡Ay, fortuna, y cómo me sigues, y 
cómo no viene mi Alonso Rodrí- 
guez! 

¡Ay, güevo, güevo, blanco eres, mas 
si quizás eres negro! 

¡Ay, grillo, grillo, y en qué aprieto 
estás metido! (Llamábase uno Grillo, 
y jactábase de grande adivinador, 
siendo ignorante; para tentarle, un ca- 
ballero puso la mano en el suelo so- 
bre un grillo, animalejo, y preguntó: 
«¿Adivina lo que está aquí?» El hom- 
bre llamado Grillo, dijo para sí: «¡Ay, 
Grillo, y en qué confusión estás me- 
tido!» Entendió el caballero que lo 
decía por el grillo que estaba debajo 
de la mano, como que lo había adi- 
vinado, y quedó con mayor opinión 
de adivinador, por caso fortuito, co- 
mo en las demás adivinaciones su- 
yas.) 

¡Ay, barriga, para qué comiste tan- 
ta cocina!; yendo mi padre y mi ma- 



dre á la posada, no había querido co- 
mer, y henchirla toda. 

¡Ay,calonje!,dijo Lucía al odre.(Dí- 
cese errado en otras lecciones.) 

¡Ay, caderas hartas de parir, y nin- 
guna de mi marido mal logrado! 

Ahí callo. Ahí herradura y clavo. 

Ahí callo. Ahí la porra del vica- 
rio. (Ahí callo, se dice cuando uno 
da bastante respuesta, y que satisfa- 
ce; también, callo significa un peda- 
zo de herradura vieja, y torciendo la 
razón á su significado, se añaden las 
dos pullas: «Callo es verbo, callar, no 
hablar.») 

¡Ay, que tenéis amor, mal de cora- 
zón! ¿Quién os le causó? El de lo ver- 
de; ó la de lo azul, ú otra cualquiera 
color que quieran decir. (Dícese en 
juego de conversación.) 

¡Ay, qué trabajo, vecina; el ciervo 
muda el penacho cada año y vuestro 
marido cada día! (Motéjala de desho- 
nesta, que ponía muchos cuernos al 
marido.) 

¡Ay, que me acuesto! ¡Ay, qué sola 
duermo! 

¡Ay, cuitada de mí, que aquí lo puse 
y no lo hallo! 

Hay partida que aparta la vida, y 
otra que aparta enemiga. (Odio y 
enemistad.) 

¡Ay!— ¿Por quién?— No por vos, ni 
por nadie, sino por mi corazón que 
descanse. 

Hay preñeces que se les antojan 
nueces. 

Ahí te duele, ahí te daré. 

Ahí te pagarán el diezmo. (Al que 
llega adonde le pagarán lo que pecó.) 

Ahí topestes, buen topón topestes. 

Ahí casastes; ¡oh, qué bien topas- 
tes! (Dicese á quien se casó; ó por 
verdad de haber topado bien con 
gente buena; ó por lo contrario, por 
ironía, más ordinariamente.) 

¿Hay más pan que rebane este 
fraile? 

Ahí me arremeto, á San Juan de 
Alfarache. (Es de Sevilla, como: Ahí 
es, tras casa.) 

Ahí me las den todas. (Dícese cuan- 
do no nos toca el daño y da en quien 
no nos duele.) 

¡Ay, mezquina, mi vecina! 



— 25 



Hay mil leyes que lo dicen. (Cuan- 
do uno afirma su razón.) 

Hay mucha priesa al hígado; es co- 
mida de sábado. 

Hay muchas mañas en castañas. 

Hay muchos Perogarcías en el 
mundo. 

¡Ay, renes amargas, hartas de pa- 
rir, y ninguna del bueno de mi ma- 
rido; y con mucha honra! 

Hay hijos de muchas madres. (Dan- 
do á entender de diversas condicio- 
nes ó valentía.) 

Haya ovejas y no haya orejas. (Ha- 
ya, es tenga el marido ó mujer cuan- 
do se casan. «Tenga ovejas y no ha- 
ya orejas», se dirá adelante; dícese 
este refrán que tenga uno hacienda, 
aunque no tenga tanto linaje, que 
para marido y yerno es mejor que 
ser pobre. Concierta con el otro: 
«Sea mi marido rico, siquiera sea 
borrico.») 

Haya cebo en el palomar, que las 
palomas ellas se vendrán. 

Haya buena cuenta y no parezca 
blanca. „ 

Haya buena cuenta y blanca no 
parezca. 

Hayamos la fiesta en paz. (Dícese 
á los que dan ocasión de enojo, en 
burlas ó en otra manera.) 

Hayamos salud y paz, que luego 
tendremos asaz. 

Hayamos paz, y viviremos asaz. 

Hayamos paz, y viviremos* viejos. 

Ayer entró en la iglesia, y hoy se 
quiere alzar con toda ella. 

Ayer entró rogando, y hoy entra 
mandando. 

Ayer Lucía la mi cara, hoy plegada, 
mañana señalada. (Dice la brevedad 
de la vida.) 

Ayer Núñez, y hoy Palomeque.(Del 
que es mudable y banderizo, y del 
que de bajo estado sube á mayor, 
como en los siguientes.) 

Ayer vaquero, y hoy caballero. 

Ayer porquero, y hoy caballero. 

Ayer me echó, descontenta, doña 
Elvira, de su casa.— ¿Qué me cuen- 
ta?— Lo que pasa; bien lo cuenta y 
mal lo pasa. 

Ayuna, como el cuervo en el ara- 
da y la gallina en casa. 



¿Ayunáis, gallego?— Sí, á pesar de 
o demo. 

Ayunen los santos, que no tienen 
tripas. (Donaire necio.) 

Ayuntáis oro con lodo. (Ayuntar 
oro con lodo, es juntar cosas con- 
trarias.) 

Ayuda al escarabajo y dejaros há 
la carga en la mano. 

Ayúdale á misa. (Esto es, ayúdale 
á sus trazas, y es horma de su za- 
pato.) 

Ayúdate, y ayudarte hé. (Dicho de 
Dios.) 

Ayúdate, y ayudarte há Dios. 

Ayúdate, que yo te ayudaré. (Pala- 
bra es de Dios cierta.) 

Ayúdame aquí, don Estorba, ó 

Ayúdame aquí, Estorba. 

Ayúdamele á zamarrear á mi ma- 
riduelo, que lo tengo en el suelo. 

Ayúdame, lengua, que para eso te 
mantengo. (Contra las que se desen- 
frenan riñendo con otras.) 

Ayudándose tres para peso de seis. 

Aire solano, el agua en la mano, 
para menos bien que daño . 

Aire solano, malo de invierno, 
peor de verano. 

Aires bola, aires tararira, cagajón 
para quien me mira. (Palabras que 
declaran placer en el que las dice.) 

Aires, que me llevan los frailes. 

Aires tararira, no tiene el rey tal 
vida. 

Aires, airecito que de Avila vienes, 
á catorce reales me güeles. (Esto es 
para las tierras septentrionales: Avi- 
la, que está al Mediodía de Medina y 
Peñaranda, y el aire de allá es solano, 
y encarecerse há el trigo y subirá á 
la tasa, que solía ser catorce reales.) 

Airecillo en los mis cabellos y aire 
en ellos. 

Aina viene lo que se non ve. 

Aina haremos nada sin un pandero. 

Ahora helase, para que esta lana se 
me enhetrase. Ahora lloviese, hasta 
que la punta de este mi cuerno se me 
enmolleciese. (Lo primero dice el ga- 
nado ovejuno, que está arropado de 
lana para las heladas y la agua le da- 
ña si se moja y há menester menos 
hierba. Lo segundo dice el ganado 
vacuno á quien las aguas no empecen 



26 



como los fríos y há menester mucha 
hierba.) 

Ahora entra el diablo, y dice: (Dí- 
cese esto cuando se da la causa más 
importante ó dañosa al negocio.) 

Ahora un año cuatro ciertas, y 
ogaño cuatrocientas. 

Ahora que soy moza, quiérome 
holgar; que cuando sea vieja, todo es 
tosejar. 

Ahora que tiene potro, vuelve la 
vida en otro. 

Ahora te creo menos. 

Ahora te lloraré, agüelo, después 
de un año muerto. (Que no se han de 
demandar, ni recordar, cosas que pa- 
saron de luengo tiempo; y por estos 
modos se responde á cosas que tenían 
ya por olvidadas.) 

Ahora viene Marzo, que no tendre- 
mos las hierbas con un mazo. 

Ahora hervía, y ya es agua fría. 

A osadas, que quien lo dijo no 
mintió. (Reirán ó sentencia.) 

A osadas, que pocas me haga mi 
madre que no me las pague. 

Aurora rubia, ó viento ó pluvia. 

Aún hay sol en las bardas. Aún 
hay sol in bardis. Aún el sol está en 
las bardas. Aún sol hay en las bar- 
das. (Todo esto es uno; y con más va- 
riedades, trocándose las palabras.) 

Aún hay sol en los tejados. 

Aun ahora comen el pan de la boda. 
(Aún comen.) ^ 

Aún dura; aún hay; aún no se ha 
acabado el pan de la boda. (Recibe 
muchas variedades, y por eso apunto 
algunas; quiere decir que aún no han 
llegado los trabajos del matrimonio 
y de sustentar casa; porque les dura 
lo que les dieron ganado.) 

Aun el aire no querría que la to- 
case; que le tocase. (Que lo que ama- 
mos, no querríamos que nada lo to- 
case y diese enojo.) 

Aún es invierno, que cena á la lum- 
bre Jimeno. 

Aún es potro. (Contra los que ala- 
ban lo que no está acabado de per- 
feccionar.) 

Aún está el rabo por desollar. 

Aún falta el rabo por desollar. 

Aun ésta sería otra. 

Aun esto sería el diablo . 



Aun esto sería ello. (Cuando se te- 
me de cosa que se hará ó saldrá mal.) 

Aún la cabra no ha parido, y ya 
salta el cabrito. 

Aún no ha salido del cascarón, y ya 
tiene espolón. 

Aún no ha salido del cascarón, y ya 
tiene espigón. 

Aún no ha salido del cascarón, y ya 
tiene presunción. 

Aún no ha parido la cabra, y ya el 
cabrito mama. 

Aún no ha parido la cabra, y ya el 
cabrito bala. 

Aún no se amasa, y ya empringa- 
mos. 

Aún no ensilláis, y ya cabalgáis. 

Aún no ensillamos, y ya cabalga- 
mos. 

Aún no es nacido, y ya estornuda. 

Aún no está en la calabaza, y ya se 
torna vinagre. 

Aún no está muerta, y ya está de- 
sollada. 

Aún no hemcs hecho cuenta con la 
güéspeda; ó con la panadera. 

Aún no se le ha cerrado la molle- 
ra. (Contra los que, teniendo bastante 
edad, no acaban de asesarse y tener 
juicio en sus cosas y hechos.) 

Aún no sois salido del cascarón, y 
ya tenéis presunción. (Varíase. Aún 
no han salido del cascarón, y ya tie- 
nen presunción. Aún no habéis salido 
del cascarón.) 

Aún no dormimos. (Unos ladrones 
desquiciaban una puerta para robar 
la casa; sintiólo el dueño y asomóse 
á una ventana, y dijo: «Vuelvan des- 
pués, que aún no dormimos». Nota á 
los que se anticipan.) 

Aún no tenemos cabras, y ya deci- 
mos: ¡usté! 

Aún no me han dado la carne, y ya 
me pides los güesos. (Habíase des- 
cuidado el repartidor de raciones de 
un pupilaje de dar á un pupilo, y 
miaba un gato junto á él, y para acor- 
dar de buen modo que le diesen su 
porción, dijo al gato: «¡Zape allá! Aún 
no me han dado la carne y ya me 
pides los güesos». Muchacho de po- 
cos años, sobrino mío, dijo otro tan- 
to, con más agudeza y menos edad, y 
era que comían él y otro muchacho 



27 — 



juntos en un canto de la mesa de los 
criados y dábanseles unas pasas al 
principio; y, habiéndose descuidado 
el despensero, dijo Ambrosio, que 
ansí se llamaba, al otro que apartó el 
aparador: «Juanillo, trae un plato en 
que nos echen las pasas , y con este 
dicho, se las dieron; y causó á todos 
harta risa la agudeza, y se podía ha- 
cer refrán: Juanillo, trae un plato en 
que nos echen las pasa-.) 

Aún sacará nabos de la olla. 

Aun para ser pobre es menester 
caudal. (Porque ha de traer el pobre 
maravedí ó blanca para trocar él y da 
dos ó maravedí; encarece lo que vale 
el dinero para todo y para granjear.) 

Aunque ando y rodeo, nunca falta 
á la puerta un perro. 

Aunque el águila vuela muy alta, 
el halcón la mata. (Véase Aunque la 
garza.) 

Aunque el decidor sea loco y necio, 
el escuchador sea cuerdo. 

Aunque el bien más se dilate, como 
se alcance no es tarde. 

Aunque entres en la viña y sueltes 
el gabán, si no cavas, no te darán 
jornal. 

Aunque está mal aspado, á pelo 
vendrá para hilado. 

Aunque lo veis mal aspado,_á pelo 
ha de venir para delgado. 

Aunque estás mal con tu mujer, no 
es buen consejo cortarte el aparejo. 
(Quiere decir más: que con enojo no 
destruya el hombre lo que le es pro- 
vechoso.) 

Aunque os debemos dinero, no os 
debemos centeno. 

Aunque la lima mucho muerde, al- 
guna vez se la quiebra el diente. 

Aunque la garza vuela muy alta, 
el halcón la mata. (Aunque la águila, 
dicen algunos, y no bien; porque an- 
tes las águilas, si las acometen halco- 
nes, los suelen matar.) 

Aunque la mona se vista de seda, 
mona se queda. 

Aunque la moza es tosca, bien va 
allá la mosca. 

Aunque loco, no tanto que eche 
cantos. • 

Aunque negros, no tiznamos. 

Aunque negro, no tiznamo. 



Aunque negro, gente samo; alma 
tenamo. 

Aunque no nos hablemos, bien nos 
queremos. 

Aunque no por amador, siquiera 
por cortesano. (Avisa que acudamos 
á las obligaciones de amigos y deu- 
dos y de los prójimos, con amor y 
caridad, ó siquiera por cortesía, cuan- 
do falte voluntad.) 

Aunque no hiledes, escarmenare- 
des. (Que si no es uno bueno para un 
oficio, lo será para otro.) 

Aunque samo negro, no tisnamo; 
hombre samo, alma tenamo. (Imita 
la habla de los negros.) 

Aunque se perdieron los anillos, 
aquí quedaron los dedillos. (Consue- 
lo en pérdida, cuando queda arte ó 
con qué volver á medrar.) 

Aunque se hunda el castañar. 

Aunque se hunda Calzadilla. 

Aunque se hunda el mundo. 

Aunque seas prudente viejo, no 
desdeñes el consejo. 

Aunque soy grande, no tengáis 
hoto en mí. 

Aunque soy grande, soy estambre. 

Aunque soy grande, soy flojo. 

Aunque soy tosca, bien veo la 
mosca. 

Aunque soy viejo y cansado, tres 
veces bien me las hago: cuando me 
acuesto me meo, á la media noche 
peo y á la mañana me cago. (Pareció 
comenzar en otro sentido de mozo, y 
revolvió en el que es más propio de 
viejo.) 

Aunque soy viejo y cansado, tres 
vececitas bien me las hago; hasta 
aquí va aludiendo á otro sentido am- 
biguo, y añade: Cuando me acuesto 
meo, á la media noche peo y á la ma- 
ñanita cago; y repite como cantar: 
Tres vececitas bien me las hago. 

Aunque soy manca de la mano, no 
de la calderita del rabo. 

Aunque sois sordo, marido, bien 
veis. — Sí, mujer, aunque no oigo 
que soy cornudo, bien veo que sois 
puta. 

Aunque somo negro, hombre so- 
mo, alma tenemos. 

Aunque somos negros, no entizna- 
mos. 



28 



Aunque somos negros, gente so- 
mos, alma tenemos. (Dícese contra 
los que se desdeñan de juntarse y 
admitir á otros.) 

Aunque somos gente de la Vera, 
no nos echan de la iglesia. (Defensa 
de los ratiños de la Vera de Portu- 
gal.) 

Aunque bobo, no tanto que no sepa 
cuántas son cuatro. (Con esto se ex- 
cusan los que tienen buena cabeza 
para el vino, ó los quieren hacer 
trampantojos.) 

Aunque bobo, no tanto que no sepa 
cuántas son cuatro. 

Aunque bobo, no en todo ni del 
todo. 

Aunque bobo, no tanto como me 
hace el sayo. 

Aunque callo, irse han los güéspe- 
des y comeremos el gallo. 

Aunque callo, piedras apaño. 

Aunque calla, piedras apaña. 

Aunque con tu mujer tengas bara- 
jas, no metas en tu casa las pajas 
(por el peligro del fuego). (Quiere 
decir que, aunque ella quiera meter- 
las en casa para jergones y esterillas 
de pared, no lo consientas; y por pa- 
jas se entiende toda cosa balad! y de 
daño; y moza que sea liviana y apa- 
rejada para ser tercera de tu mujer 
y hijas; y que conserves las cosas y 
no las dejes perder por hacella pe- 
sar, ni metas en tu casa criada ni 
amiga que la dé celos, ni aun la ten- 
gas fuera.) 

Aunque compuesta la mentira, 
siempre es vencida. 

Aunque pese á mi pelo, yo seré 
bueno. (Estriba en lo que dice el otro 
refrán: «Virtudes vencen señales»; y 
es verdad que la virtud y estimación 
de la honra hacen mejores á los 
hombres; que fueron las inclinacio- 
nes y señales que en el ánimo y en 
lo exterior puso la Naturaleza.) 

Aunque tarde, el artero al fin vino 
al pagadero. 

Aunque te veas en alto, no te em- 
pines, porque es condición de rui- 
nes. 

Aunque tengo malas piernas, bien 
visito las tabernas. 

Aunque tuerta, no es nuestra. 



Aunque voy y vengo, no olvidaré 
el fuego. 

Aunque voy y vengo, no se me ol- 
vida el bollo del fuego. 

Aunque malicia escurezca verdad, 
no la puede apagar. (Es metáfora de 
las bellas.) 

Aunque manso tu sabueso, no le 
muerdas en el bezo. 

Aunque más turbia la vea, no diré: 
de esta agua no beberé. 

Aunque más me diga, diga, quien 
bien ama, tarde olvida. 

Aunque más me digáis, madre, 
quien bien quiere olvida tarde. 

Aunque más me digan, quien bien 
quiere tarde olvida. 

Aunque me digas del ojo tuerto, no 
diré de las berzas del güerto. (Contra 
los que, aun avisados, no guardan 
secreto; dicen errado digas por ha- 
gas.) 

Aunque me pongo á la mesa con 
el jarro lleno, bebo poco y quiérolo 
bueno. 

Aunque me veis arando, no ten- 
gáis nota en mí. 

Aunque me veis que descalza ven- 
go, tres pares de zapatos tengo: unos 
tengo en el corral, otros en el mula- 
dar y otros en cas del zapatero; tres 
pares de zapatos tengo. 

Aunque me veis con este capote, 
otro tengo allá en el monte. 

Aunque me veis con este capote, 
tres ovejas tengo en el monte: las 
dos no son mías, la otra es de un 
hombre. 

Aunque más me hagáis del ojo 
tuerto, no diré de las berzas del güer- 
to. (Aconseja aguardar secreto, aun- 
que seamos provocados; y nota, di- 
ciendo callaría, que dice el secreto; 
como cuando decimos fulano, Pedro 
ó tal, no nombrando partes.) 

Aunque me veis picarico en Es- 
paña, señor soy de la Gran Canaria. 
(Dicen que un mozuelo, hijo de un 
principal de las Canarias, se desga- 
rró, y cebado con el vicio de la pi- 
cardía andaba hecho picaro por Es- 
paña y cantaba esto; hasta que el pa- 
riré ó los deudos pusieron diligencia 
en buscarle y le llevaron en el há- 
bito debido; dicen era título. Cana- 



rias, me inclino á que se dice de ca- 
liere, cantar, por los muchos paj ari- 
llos que allí se crían que llaman 
canarios, que dicen es maravilla su 
armonía y cantar por las selvas; más 
que de can, como muchos dicen, 
porque había muchos perros, lo cual 
repugna á toda buena razón: por 
mansos no eran necesarios, sino cuál, 
ó cuál, que no los podían sustentar, 
pues bravos que anduviesen al mon- 
te, menos, porque fueran dañinos 
como lobos y los habían de matar y 
asolar; demás que en islas tan cortas 
no podían tener sustento en multi- 
tud, y si fueran domésticos también 
ahora los hubiera, y á España se hu- 
bieran traído razas de ellos.) 

Aunque me río y aunque me huel- 
go, no se me olvida lo que tengo al 
fuego. 

Aunque me río, regaño con el frío. 

Aunque me llaman modorro, en- 
trar quiero en el corro. 

Aunque mi suegro sea bueno, no 
quiero perro con cencerro. (Que no 
son buenas las cosas que traen con- 
sigo achaques.) 

Aunque muera el obispo, ha de 
andar el aguijón. 

Aunque reviente Sancha la Ber- 
meja, de Belinchón será la dehesa. 
(Belinchón es lugar de la Mancha, y 
teniendo diferencia con Tarancón 
sobre la dehesa que hoy llaman San- 
cha la Bermeja, convinieron que 
fuese del lugar que diese persona 
que más bebiese; dieron á Sancha y 
venció. Los de Santo Domingo y Ba- 
ñares dicen la misma competencia, y 
se repetirá adelante: «Aquí morirá 
Sancha».) 

Aunque muda el pelo la raposa, su 
natural no despoja. 

Aunque mucho rezáis, á vos os en- 
gañáis. (Este rezáis es refonfuñáis.) 

Aunque hurta mi hermano, es un 
santo, que avinagra la disciplina con 
azúcar. 

Ausencia enemiga de amor, tan 
lejos de ojos, cuan lejos de corazón. 

Ara bien, y araba con dos gatos en 
la barriga de su mujer. (Ara bien se 
dice amenazando ó consolándose; 
ara es abreviado de ahora, y parece 



29 — 

al verbo arar y en su significación 
crecieron lo demás.) 

Ara bien y no te alabes, estércuela 
y no señales. 

Ara bien y cojeras pan. (Aconseja 
el trabajo y bien hacer.) 

Ara bien y hondo, cogerás, pan en 
abondo. (Lo segundo es adición del 
que oye decir: «Ara bien>.) 

Ara bien ogaño, y mejor otro año. 

Ara con helada, y matarás la grama. 

Ara con niños, y cogerás cardillos. 

Ara con buey, y guarda la ley, y 
sirve á tu rey, y está seguro, y no 
tendrás pleito ninguno. (Seguro es 
cierto y pacífico.) 

Ara con buey si quieres enrique- 
cer. 

Ara con blando y duro, si no quie- 
res besar á tu suegro en el culo; ó ara 
por blando y duro. (Que sea cuida- 
doso en trabajar; no por esperar 
tempero, pierda la ocasión y tiempo, 
estándose ocioso.) 

Ara por tempero, y piérdase por 
ambos el apero. 

Ara por enjuto y por mojado, y no 
besarás á tu vecino en el rabo. 

Arar y cavar, y en renta no entrar. 

Arar con vacas y por matas, y cal- ' 
zar abarcas. 

Arada de Agosto, á la estercada da 
en rostro. (Porque se seca la hierba 
con el calor; y también lo dice por 
animar á que comiencen la labor.) 

Arada con terrones, no la hacen to- 
dos los hombres. (Sino los forzudos.) 

Arador de palma, no le saca toda 
barba. (Porque son allí los cueros 
callosos, blancos y carnosos, y sale 
luego sangre y piérdese el arador.) 

Aragonés, ¡ay de la casa que está 
un mes, y si está un año, ése con 
daño! 

Aragonés, vuelve la puerta como 
la ves. (Dice que, por donde entrares, 
dejes la puerta como la hallares.) 

Aragonés tozudo mete el clavo en 
la peña por la cabeza y dale en la 
punta con el puño, y jura que ha de 
entrar. 

Aragonés tozudo mete el clavo en 
la peña, y dale, para que entre, en la 
punta con su cabeza. 

Aragonés, falso y cortés. 



— 30 



Aramos, dijo la mosca, y estaba en 
el cuerno del buey; ó arando, ó ara- 
mos, dijo el mosquito. (Llegando la 
zorra donde araban, vio á la mosca, 
ó mosquito, en el cuerno del buey y 
preguntó: «¿Qué hacéis, mosca?» Res- 
pondió: «Aramos». Aplícase á los que 
no hacen nada, y no son nada en las 
cosas y dan á entender que son parte 
y que hacen algo, y de los que se ha- 
cen parientes y favorecidos de ma- 
yores y cabidos con ellos.) 

Araña, ¿quien te arañó? Otra ara- 
ña como yo. (Burla de pocas manos 
de uno; dícese: es una araña, signifi- 
cando que uno es para muy poccrr 
como una criatura.) 

Are quien aró, que ya Mayo entró. 
(Que antes de Mayo ha de estar 
arado.) 

Are mi bué en Valdearadué, y tan- 
to por tanto en la vega de San Man- 
zio. (También dicen: pazca mi bué en 
Valdearadué, y allá vaya á arar mi 
buey, á Valdearadué; es de Villal- 
pando á León y Benavente; y dicen: 
terrón por terrón, la vega de Carrión.) 

Are mi buey por lo holgado, y el 
tuyo por lo alabado. 

Arenicas de la Serena, no os olvida 
quien os halla. 

Arenicas de Villanueva, quien las 
pisa nunca las niega. (Lugares son de 
Extremadura cabe Estedellín.) 

Ares, no ares, renta me pagues. 

Arlanzay Arlanzón,Pisuergay Ca- 
rrión, en la Puente de Simancas jun- 
tos son. 

Arcediano de Toledo, Deán de 
Jaén, Chantre de Sevilla, Maestres- 
cuela de Salamanca, Canónigos de 
Cuenca, racioneros de Córdoba. 

Arde verde por seco, y pagan jus- 
tos por pecadores. 

Ardid es de caballeros, Cevallos 
para vencellos. (Es blasón de la casa 
de Cevallos en las montañas. Aña- 
dieron émulos: No es ardid de hi- 
josdalgo , Cevallos para matallos; 
quitado el no, será bien: ardid es de 
hijosdalgo Cevallos para matallos.) 

Argolla mayor, quita menor. (Lo 
que: lo más priva á lo menos.) 

Árbol nació, toma un palmo y pa- 
ga cinco. 



Arca, arquita de Dios bendita, 
ábrese y cierra y nunca rechina; ó 
cierra bien y abre, y nunca rechina. 
(Clara cosa y cosa del ojo.) 

Arca, arquita, de Dios bendita, 
cierra bien y abre, no te engañe na- 
die. (Tengo por cierto que éste y el 
pasado es cosa y cosa del ojo, y se 
dice por él deseándolo sano; aunque 
lo usen decir también las niñas á sus 
arquitas cuando guardan en ellas sus 
niñerías.) 

Arca la ducha el tapicero y bate 
sin duelo, y bátela luego. (Es de tapi- 
ceros. Arca es apretar con las uñas la 
trama que*van metiendo y labrando, 
y ducha llaman al hilado que van 
metiendo en la tela con que la van 
cuajando y dibujando los reposteros 
y tapices. Batir es apretar el tejido 
con un peine de hierro fuerte que 
tienen para ello.) 

Arcaduces de noria, el que lleno 
viene vacío torna. 

Arcabuz que no revienta, se esca- 
lienta. (A propósito del que calla y 
piedras apaña, y del que bebe mu- 
cho y dice que no se emborracha.) 

Arco al Poniente, deja el arado y 
vente. (Señal de agua.) 

Arco en la Bellesa, agua cierta. (Es 
lugar al Oriente de Salamanca.) 

Arco siempre armado, ó flojo ó 
quebrado. (Que no se han de apretar 
mucho las cosas.) 

Arco de tejo y curueña de serval, 
cuando disparan hecho han el mal. 

Arco de tejo, recio de armar y flo- 
jo de dejo. 

Arco que mucho brega, ó él ó la 
cuerda. (Entiende, salta y quiebra.) 

Artero, artero, pero no buen caba- 
llero. 

Artemisa, la madre en guisa. (O al- 
tamisa; es hierba buena para salu- 
des.) 

Arma ligera, muerte cualquiera. 

Armará de una pulga un caballe- 
ro. (Cuando de poco levanta mucho 
ruido.) 

Armar torres de viento. (De los 
que, sin fundamento y en vanas es- 
peranzas, hacen trazas y quimeras, y 
aun encarecen vanamente las cosas y 
linajes.) 



31 



Armas y dineros, buenas manos 
quieren. 

Armas tiene y gente mantiene, y 
busca quien pelee. 

Armado de punta en blanco. (Quie- 
re decir: armado de pies á cabeza, 
con todas las piezas de un arnés, y 
las demás armas defensivas y ofen- 
sivas, desnudas, á punto y guisa de 
acometer y pelear. Este es el concepto 
y sentido que todos hacen, y lo que 
entienden por armado de punta en 
blanco. Por qué se dijo ya lo tiene 
olvidado el vulgo y no veo quien lo 
sepa, que es harta maravilla estando 
la razón tan á la mano y cerca. Por 
lo que se dijo es: porque cuando un 
caballero va á entrar en batalla y 
acometer al enemigo, ó en justas y 
torneos, va todo armado con la lanza 
en ristre, desnuda la cuchilla y des- 
cubierta en blanco la punta; y si son 
hombres de á pie, también acometen 
armados á su modo, con petos y ar- 
cos, y las espadas desnudas y las picas 
y chuzos, que es llevar la punta en 
blanco. Bien notorio es que, las espa- 
das de corte, desnudas, se llaman es- 
padas blancas, porque están acicala- 
das y lucias, á diferencia de las de 
esgrima, que se llaman negras por- 
que lo están. Dícese por lo mesmo 
esgrimir con espadas blancas por las 
de corte; y ansí las lanzas, cuando 
las llevan en mano desnudas las pun- 
tas van de punta en blanco, á dife- 
rencia de cuando están con sus fundas 
ó cubiertas ó vainas en la armería 
por defensa del polvo y orín. Si un 
hombre va caminando con un gor- 
guz ó azagaya en la mano, cuando 
pasa por lugar le pone en la punta 
un zoquete de corcho ú otra cosa, y 
así no tiene pena si la lleva descubier- 
ta, que es la punta en blanco propia- 
mente. De más de esto, usan en las 
espadas largas y estoques y montan- 
tes tener cercenado un tercio de la 
vaina á la parte de la punta, para 
dejarla en casa saliendo de noche, 
lo cual es salir de punta en blanco. 
Por donaire dicen armado de tinto 
en blanco, como decir bien bebido.) 
Al ausente y al muerto, ni injuria 
ni tormento. 



Al alzar de los manteles, haremos 
la cuenta y pagaredes. (O habrá cuen- 
ta y pagaredes.) 

Al albañil, no le pongas la mesa 
hasta que le veas venir. 

Al afbeitar, no le duele la carne de 
la bestia. 

Al alcaide y á la doncella, no les 
diga nadie: si yo quisiera. (Dales avi- 
so que no se descuiden ni den oca- 
sión y lugar que se les pueda decir: 
si yo quisiera alzarme con la forta- 
leza, si yo quisiera forzaros; y por 
el contrario, avisa al que sigue la 
empresa que no pierda la ocasión 
que tuviere de alzarse con uno y 
otro.) 

Al alcornoque no hay palo que le 
toque, si no es la encina, que le quie- 
bra la costilla. 

Al alba de la Duquesa, que da el 
sol á media pierna. 

Al alba del puerco, que da el sol á 
medio cuerpo. 

Al alba del Vizconde, que da á me- 
dia pierna el solé. (Todos denotan 
levantarse y negociar tarde.) 

Al andaluz, hacelle la cruz; al se- 
villano, con toda la mano; al cordo- 
bés, con el envés, ó con manos y 
pies. 

Al andaluz, hacelle la cruz; al cor- 
dobés, hacelle tres. Algunos dicen: al 
sevillano, con toda la mano; al húr- 
gales, con el envés. 

Al andaluz, muéstrale la cruz; al 

extremeño, el leño. 

Al asno y al mulo, la carga al culo. 

Al asno, por el lodo, el diablo le 

aguije, y por el polvo, el diablo haya 

del duelo. 

Al asno muerto, la cebada al rabo. 
(Dícese á los remedios que se dan 
pasada la ocasión en que eran me- 
nester; no agrada la explicación del 
Comendador en cosa tan clara.) 

Al asturiano, vino puro y lanza en 
mano. (Entiende darle, ó le agrada, 
porque son amigos del vino por ser 
la tierra- fría y fragosa, y por los pun- 
donores de su nobleza y puertos de 
mar, son belicosos y prevenidos; ex- 
tiéndese esto á Vizcaya y toda la 
costa septentrional.) 
Al astucioso, su astucia le pierde. 



32 — 



(Más es frase aragonesa que caste- 
llana.) 

Al azadón y á la laguna, céspede y 
cuña. (Al azadón porque no se des- 
enaste, y á la laguna porque no se 
vaya el agua.) 

Al acebuche no hay palo que le lu- 
che, si no es la encina que le quie- 
bra la costilla. 

Al afligido corazón, no se ha de 
dar aflicción. (Afflictis non est danda 
afflictio.) 

Al abad y al judío, daldes el güevo 
y pedirán el tochuelo; ó tozuelo. 

Al abad, ropa nueva y por raspar. 
(Dicho es por omicillo de seglares.) 

Al abad que / se pone güeco, sopa 
nueva y almendro seco. 

Al abad viejo, pollos y conejo. 
(Quiere decir que le regalen, para 
ganarle la voluntad y heredarle.) 

Al agradecido, más de lo pedido. 

Al acreedor, se le acuerda mejor 
su deuda que al deudor. 

Al apasionado, bien es por alguna 
color excusarlo. 

Al avariento, así le falta lo que tie- 
ne como lo que no tiene ni posee. 

Al avaro, es tristeza hablarle de 
largueza. 

Al amigo, con su vicio. (Se ha de 
sufrir y sobrellevar.) 

Al amigo tuyo, con el vicio suyo. 
(Que le has de soportar.) 

Al amo, comelle y no velle. (Dice 
bien la enemiga de criados por su 
interés.) 

Al año tuerto, el gñerto; al tuerto 
tuerto, cabra y güerto; al tuerto 
retuerto, la cabra y el güerto y el 
puerco. 

Al erizo, Dios le hizo. 

Al enemigo, si vuelve la espalda, 
la puente de plata. 

Al enemigo, si huye, la puente de 
plata, ó 

Al enemigo que huye, hacelle la 
puente de plata. 

Al enemigo, comelle el pan y be- 
belle el vino. 

Al enfermo, dicen: si quiere; al 
sano: toma. 

Al envidioso, afílasele el gesto y 
crécele el ojo. 

Al enhornar se tuerce el pan. 



Al enhornar se hacen los panes 
tuertos. 

Al escarabajo, sus hijos le pare- 
cen granos de oro fino. 

Al estandarte, tarde va el cobarde. 

Al yerno y al cochino, una vez el 
camino. (Basta enseñarles.) 

Al infierno, que es tierra caliente. 
(Mala y desgraciada despedida.) 

Al invierno lluvioso, verano abun- 
doso. (Se le sigue.) 

Al hombre, en el brazo del escu- 
do, y á la mujer, en el del huso. (Que 
en tales lados les acude el dolor de 
costado.) 

Al hombre inocente, Dios le ende- 
reza la simiente. 

Al hombre osado, la fortuna le da 
la mano. 

Al hombre ocupado, tener ocio le 
es mal contado. 

Al hombre de más saber, una mu- 
jer sola le echará á perder. 

Al hombre desnudo, más le valen 
dos camisones que uno. 

Al hombre bueno, no le busques 
abolengo. 

Al hombre que fuere loco, tómale, 
llévale, pápale coco. 

Al hombre comedor, ni cosa deli- 
cada, ni apetite en el sabor. 

Al hombre cuerdo no le quema el 
puerro. (Buen aviso contra delicados 
manjares; también dice que no le 
come por ser mala comida, y que no 
se pica de dichos.) 

Al hombre por la palabra, y á los 
niños con un dix. 

Al hombre por la palabra y al 
buey por el cuerno ata. 

Al hombre pobre, el sol se le 
come. 

Al hombre pobre no le salen la- 
drones. 

Al hombre pobre, capa de pardo y 
mesa de roble, taza de plata, cántaro 
y olla de cobre. (Algunos dicen casa 
de roble, por mesa.) 

Al hombre venturero, la hija le 
nace primero. (Porque después ayu- 
da á la madre á criar los varones.) 

Al hombre mayor, darle honor. 

Al hombre mezquino, bástale un 
rocino. 

Al hombre mezquino, rapaz adi- 



33 



vino. (Lo que á escudero pobre, mo- 
zo adivino.) 

Al hombre muerto, atarle al pie 
del puerco. (Que el pobre haga por 
puerco?, que es mucha la ganancia y 
poca la costa.) 

Al hombre rico, capirote tuerto. 
Al hombre harto, las cerezas le 
amargan. 

Al ojo, con el codo; ó el ojo con el 
codo. 

Al ladrón no hurtes, ni al puto no 
putes. (No esperes ni pretendas ha- 
celle tiro.) 

Al labrador descuidado, los rato- 
nes le comen lo sembrado. 

Al latín, con babas, y á la ciencia, 
con barbas. (Niño á lo primero.) 

Al lavar saldrá la mancha; ó la 
mancilla. 

Al lavar de los cestos, haremos la 
cuenta de ellos. 

Al lavar los cestos, se hará cuenta 
de ellos. 
Al liberal, nunca le falta qué dar. 
Al loco y al aire, darles calle. 
Al loco y al toro, déjales el coso. 
Al loco, toma el toro. 
Al necio, de diestro; al loco, con 
cabestro. (Que al ignorante se ense- 
ñe, y al loco con fuerza se enmiende 
y refrene.) 

Al niño y á la rueca, sólo di lo que 
quieres que sepa. (Rueca por la mu- 
jer.) 

Al niño y al mulo, en el culo. (En- 
tiéndase se dé el castigo, y no en la 
cabeza.) 

Al niño, su madre castigue, limpie 
y harte; si llorare, le acalle. (Quiere 
decir que lo hará con más amor y 
diligencia que una ama.) 

Al niño, su madre castigúele, lim- 
píele, hártele y halagúele; y si no 
quiere callar, déjele llorar. 

Al niño mientras crece, y al enfer- 
mo mientras adolece. (Se les ha de 
sufrir y regalar.) 

Al no ducho de bragas, las costu- 
ras le matan. 

Al no ducho de bragas, las costuras 
le hacen llagas; ó las costurasle matan. 
Al salir del lodazal te quiero, her- 
mano Pascual. (Entiéndase para la 
necesidad.) 



Al sastre pobre, el aguja que se 
doble. (Porque no se quiebre y la 
puede enderezar, y le excuse el com- 
prar otra.) 

Al sabor, y no al olor. (Dice esto 
quien güele buenas viandas, esco- 
giendo más hallarse á Cornelias que 
á olellas.) 
Al sapo, tierra. 

Al servidor, del bocado de honor. 
(Para que tenga amor al señor.) 

Al sentar ¡ay!, al levantar ¡ay!, no 
pararéis vos en mi casa. (De los acha- 
cosos de vejez y mal contagioso.) 

Al sentar ¡ay!, al levantar ¡upa!, no 
medraré si no fuere puta. (Dicho de 
la que casó con hombre achacoso.) 

Al sentible de cada pena, nunca le 
falta que le duela. (Al sesgo como 
terciopelo.) 

Al señor, hoy en día, pelo y pelón 
y ungüento en los cascos. 

Al sirviente que es lisonjero, el 
amo debe ser sabio y n:atrero. 
Al soldado, pan seco y vino preado. 
Al son que me hicieres, á ése bai- 
laré. 

Al cielo vamos y nunca más me- 
dremos. 

Al ciego no le aprovecha pintura, 
color, espejo ni figura. 

Al jamón de tocino, buen golpe de 
vino. 

Al generoso ánimo, nada le hace 
empacho. 

Al juego de pasa pasa. (Es el juego 
de Masecolar, ó Maese Escolar, y tó- 
mase por metáfora para otras cosas 
de trampantojos y burlería.) 

Al juego, hazle un yerro y te trae- 
rá ciento. 

Al justo le viene el sayo al mi pa- 
pagayo. 

Al judío y al puerco, no le m. 
en tu güerto. 

Al judío dalde un güevo, y pediros 
há el tozuelo. 

Al judío dalde un palmo, y tomará 
cuatro. 
Al delicado, poco mal y bien atado. 
Al vestido, más valen dos vestidos 
que no uno. (Que al que tiene poGo 
con qué se vestir, es mejor dos ves- 
tidos de cosa barata y recia que no 
uno caro y galano, de poca dura.) 



— 34 



Al delicado, poco mal y bien que- 
jado. 

Al desdichado, las puercas le pa- 
ren perros. 

Al desdichado, poco le vale ser es- 
forzado. 

Al desdichado, hace consuelo tener 
compañía en su suerte y duelo. 

Al descalabrado no le faltan tra- 
pos, ni al jugador mohatros. 

Al descalabrado, nunca le falta un 
trapo, que roto, que sano. 

Al diablo que no vi, beso que le 
di. (Ironía de lo que nunca vio, y des- 
precio de lo que no se vee, y es ex- 
traño.) 

Al diente pino y vino y lino. (En- 
tiéndese para limpiarle.) 

Al dolor de cabeza, el comer la en- 
dereza; ó le endereza. (Véase en la 
E el dolor.) 

Al facer, ni can. (Decíase en Sala- 
manca á propósito, de ios que son 
muy diligentes para las cosas de su 
gusto y muy negligentes para las de 
importancia; ni can, es como decir 
no, nones; ya no le veo usar. Comen- 
tóle el Padre Frómista de San Agus- 
tín, con otros muchos apropósitos 
predicables, y el volumen se guarda 
en el convento de Salamanca; fué 
hombre de mucha reputación y hizo 
el Diccionario de folio, en nombre 
de Ballesta.) 

Al fiar, vita, dulcedo; al pagar, á tí 
suspiramos. (Esto es, al comprar los 
puercos y no haber después con qué 
pagallos.) 

Al fin loa la vida, y á la tarde loa 
el día. 

Al fin se canta la gloria. (Porque 
al fin de cada salmo se canta Gloria 
Patri, et Filio, et Spiritui Sancto, por 
ordenación de San Dámaso, Papa es- 
pañol; por metáfora se aplica el pre- 
mio después del trabajo y semejan- 
tes cosas.) 

Al fin final, servir á Dios y no ha- 
cer mal. (Dícese por buen consejo y 
escarmiento, viendo que Dios casti- 
ga al malo y da bienes y gloria al 
bueno.) 

Al fin morir, y la llave en la puerta. 

Al fuir llaman retraure y á los la- 
dres caballers. (Es catalán.) 



Al fraile en la horca le menee el 
aire. 

Al fraile, como te faz faile. (Que 
tratemos al sencillo con sencillez y 
al astuto con astucia.) 

Al fraile güeco, soga verde y al- 
mendro seco. (Lo que Al Abad güe- 
co.) 

Al fraile mesurado, mírale de lejos 
y habíale de lado. 

Al freir lo verán. (Varíase: Al freír 
lo veréis, y aplícase á muchas cosas. 
Dicen que un carbonero, vaciando el 
carbón en una casa, se llevaba hurta- 
da la sartén escondida, y preguntán- 
dole si era bueno el carbón, encare- 
ciéndolo por tal, dijo: «Al freir lo 
verán».) 

Al gato goloso y á la moza venta- 
nera, tapallos la gatera. 

Al gato, por ser ladrón, no le eches 
de tu mansión. 

Al gato viejo, ponle la mano en el 
cerro y levantarte há el rabo. (Que 
cada uno responde á su natural, y 
aunque encubra sus mañas, en la oca- 
sión las muestra.) 

Al gallarín te saldrá este guisa- 
dillo. 

Al gusto dañado, lo dulce es amar- 
go. (Experiméntase en enfermeda- 
des.) 

Al barranco de Violada, qui con 
forca, qui con pala. (Es usado en 
Aragón en lenguaje de sus monta- 
ñas. La estoria está delante en el otro 
refrán: Al plano de la Violada.) 

Al bien ocupado, no hay virtud 
que le falte. 

Al ocioso, no hay vicio que no le 
acompañe. 

Al bien se llega quien bien se 
aconseja. 

Al bien bien, y al mal yesca y pe- 
dernal. (Es como decir fuego y ar- 
mas. Al dañoso perseguirle á fuego 
y sangre.) 

Al bien, buscallo, y al mal, espe- 
rallo. 

Al vivo, la hogaza, y al muerto, la 
mortaja. 

Al bobo necio, múdale el juego. 
(Quiere decir que con el necio mu- 
des estilo, y si por una vía no pue- 
des, por otra le atraigas á lo que con- 



— 35 — 



viene, y acontece, Lo que gana á un 

juego, perderlo á otro.) 

Al borracho fino, no le hasta agua 
ni vino. 

Al buey, dejarle mear y hartarlo de 
arar. 

Al buey, por el cuerno, y al hom- 
bre, por el verbo. (O por la palabra.) 

Al buey viejo, se le debe el cen- 
cerro. 

Al buey viejo, no le cates majada, 
que él se la cata. 

Al buey viejo, ¿para qué cencerro? 
Para que por él se halle el nuevo. 

Al buey viejo, múdale el pajar y 
darte há el pellejo. 

Al buey maldito, el pelo le luce. 
(Quiere decir que al que se desea 
mal, por ser mal quisto, ó por otro 
respeto, parece que siempre está 
más floreciente y próspero y no se 
muere; conviene con el otro: Esas 
son mis misas de salud, por las mal- 
diciones y deseos que muera, que le 
aprovechan como misas.) 

Al buey harón, poco le presta el 
aguijón. 

Al buen amigo no le encubras se- 
creto, que das causa á perderlo. 

Al buen amigo, con tu pan y con 
tu vino; y al malo, con tu can y con 
tu palo. 

Al buen día, ábrele la puerta y 
para el malo te apareja. 

Al buen bracero, todos le sirven 
de cañas. 

Al buen caballero, no le falta 
lanza. 

Al buen callar, llaman Sancho; al 
bueno bueno, Sancho Martínez. (Es 
de advertir que algunos nombres los 
tiene recibidos y calificados el vulgo 
en buena ó mala parte y significa- 
ción, por alguna semejanza que tie- 
nen con otros por los cuales se to- 
man. Sancho, por santo, sano y bue- 
no; Martín, por firme y entero; Bea- 
triz, por buena y hermosa; Pedro, 
por taimado, bellaco y matrero; 
Juan, por bonazo, bobo y descuida- 
do; Marina, por malina y ruin; Ro- 
drigo, por el que es porfiado y duro, 
negando; decláralo el refrán: «Pera 
que dice un Rodrigo, no vale un hi- 
go», y con tales calidades andan en 



los refranes. De manera que Sancho 
se toma aquí por sabio, sagaz, cauto 
y prudente y aun por santo, 8ano y 
modesto. Confírmalo la varia Lección 

del impreso en Zaragoza: al buen 
callar llaman santo, sajio» (corríi 
saggio, porque saggio en italiano es 
lo mismo que sabio, y en sabio caben 
todas las significaciones con que de- 
claró á Sancho). Lo primero, al buen 
callar llaman Sancho , lo usamos mu- 
cho para alabar el callar y secreto y 
encarecer los provechos que tiene y 
los daños de lo contrario de ser par- 
leros; y para encarecerlo más se aña- 
de: «y al bueno bueno, Sancho Mar- 
tínez , con alguna semejanza de nom- 
brar las personas con el sobrenom- 
bre por más honra y respeto, como 
á los de autoridad y no como entre 
compadres y aldeas, que se llaman 
por sólo el nombre propio de ordi- 
nario. Algunos, porque no entienden 
el misterio de Sancho, dicen: al 
buen callar, llaman santo»; pero no 
es menester mudar la lectura anti- 
gua, sino saber que Sancho, aunque 
por una parte es nombre propio, por 
otra significa santo, porque salió de 
sanctiis, como pecho de pectus; de- 
recho, de directus; duecho de doctas, 
en los cuales y otros muchos ct las 
mudan en di. Demás de esto, en la 
lengua española usamos mucho la 
figura paranomasia, que es semejan- 
za de un nombre á otro, porque para 
dar gracia con la alusión y ambigüe- 
dad á lo que decimos, nos contenta- 
mos y nos basta parecerse en algo 
un nombre á otro para usarle por él; 
y así decimos es de Durango, para 
decir que es duro, apretado y escaso, 
y que está en Peñaranda una cosa 
para decir que está empeñada, y que 
es ladrillo para llamar á uno ladrón; 
más nafas, por más nada; bucólica, 
por lo que toca al comer, por lo que 
tiene de boca; espada de Maqueda, 
por la que se queda con vuelta do- 
blada ó torcida como cayado. Al fin, 
quiere decir que el hombre callado» 
sová respetado; si más callare, más, 
que el callar es bueno y el más callar 
muy bueno.) 
Al buen consejo, no le hallo precio* 



- 36 



Al buen consolador no le duele la 
la cabeza, ni al buen negociador las 
piernas. 

Al buen pagador no le duelen pren- 
das; no le duelan prendas. 

Al buen varón, tierras ajenas su 
patria le son. 

Al bueno, no le busques ni cates 
abolengo. 

Al bueno darás, y del malo te apar- 
tarás. 

Al bueno por amor, y al malo por 
temor. (Entiéndese ha de atraer y 
sujetar.) 

Al bueno, porque te honre; y al 
malo, porque no te deshonre; ó al 
ruin, porque no te deshonre. (Que á 
uno y á ctro debes hacer buen tra- 
tamiento.) 

Al campo y al señor, cómprale 
cuando le hayas menester, y antes no. 

Al cabo de la jornada, no tener 
nada. (Con metáfora, por el fin y ca- 
bo de cualquiera cosa, y más de la 
vida.) 

Al cabo de la jornada, se torna. 

Al cabo de los años mil, vuelve el 
agua á su cubil. 

Al cabo de los años mil, vuelven 
las aguas por do solían ir. 

Al cabo de cien años, los reyes son 
villanos; y al cabo de años cien, el 
villano es rey. 

Al cabo de cien años, los reyes son 
villanos; y al cabo de ciento y diez, 
los villanos son reis. (Sincopado, di- 
cen aldeanos reis por reyes, como 
bueis por bueyes.) 

Al cabo de cien años, todos sere- 
mos calvos. 

Al cabo de Dios os salve. 

Al cabo de Ramos, pasta. (Dícese 
con ironía de cosas tardías.) 

Al cabo del año, tiene el mozo las 
mañas de su amo. 

Al cabo del año, más gasta el lace- 
rado que el largo. 

Al cabo del año, más ha comido el 
muerto que el sano. 

Al cabo del año, más come el muer- 
to que el sano. (Por las ofrendas que 
se ofrecen cada semana.) 

Al capón y al señor, cómprale 
cuando le hayas menester. 
. Al catarro, dalle con el jarro. (Dice 



que poco beber es bueno al catarro; 
y eso que sea vino.) 

Al caballo has de mirar, que á la 
yegua no has de catar. (Por esto ca- 
san hidalgos con no hidalgas.) 

Al caballo maldito, el pelo le luce. 
(Es lo que «Al buey maldito».) 

Al carro quebrado, nunca le faltan 
mazadas. 

Al que es nuevo, denle un güevo; 
al que es viejo, denle el demo. (Ce- 
los de mozo antiguo.) 

Al que es de vida, el agua le es me- 
dicina; y si es de muerte, no há me- 
nester ungüente. 

Al que es de muerte, el agua le es 
fuerte. (Decían y dicen algunos: me- 
lecina, por medicina; y melecina se 
dice ahora la que se echa con jerin- 
ga ó barquino para desembargar el 
vientre.) 

Al que es desdichado, todo se le 
cuenta á pecado. 

Al que es pobre, y al menguado, 
nunca falta quien le haga más nece- 
sitado. 

Al que yerra, perdónale una vez, 
mas no después. 

Al que yo bien quiera, la mujer se 
le muera; la mala, que no la buena. 

Al que una vez me engaña, mal 
le haga Dios, y ayúdele si dos; ó 
á quien me. 

Al que le falta ventura, la vida le 
sobra; ó á quien falta. 

Al que nació señalado, no le trai- 
gas á tu lado. 

Al que no es duecho de bragas, las 
costuras le hacen llagas. 

Al que no tiene apetito, denle por 
caldo la salsa de San Bernardo. 

Al que no tiene amigos, pobre le 
llaman y desvalido. 

Al que no tiene, el rey le hace 
franco. 

Al que no tiene pan labrado, Agos- 
to se le hace Mayo. 

Al que de costa huye, costa le 
cubre. 

Al que de miedo se muere, ente- 
rralle en mierda y hacelle de caga- 
jones la huesa. 

Al que Dios ha de ayudar, sábele 
bien hallar. 

Al que quieres mal, con dos roci- 



37 - 



nes tuertos le veas arar; y al que más 
mal, con otro par. 

Al que come beleño, no le falta 
sueño. 

Al que cuece y amasa, no le hurtes 
hogaza; ó á quien. 

Al que poco costó la hacienda, no 
le duele gastalla por su defensa. 

Al que te da el capón, dale la pier- 
na y el alón. (Que sean agradecidos.) 

Al que te quiere comer, almuér- 
zale primero. 

Al que te quiere mal, cómele el 
pan; y al que bien, también. 

Al que te puede tomar lo que tie- 
nes, dale lo que te pidiere. 

Al que tiene suegra, cedo se le 
muera; ó á quien. 

Al que tiene mujer hermosa, ó cas- 
tillo en frontera, ó viña en carrera, 
nunca le falta guerra. 

Al que trabaja y anda desnudo, ajo 
y vino puro. 

Al que mal vive, el miedo le sigue. 

Al que mal hace, nunca le falta 
achaque. 

Al que mal hicieres, nunca le creas. 

Al que muerde la salamanquesa, 
al tercer día le hacen la huesa. (Hue- 
sa, fuesa y güesa, todo es uno.) 

Al quinto día verás qué mes habrás. 

Al corcho, árdele el manto y qué- 
dale el quebranto. (El manto es la 
corteza de afuera, que arde como 
está seca; el quebranto es el humo 
que le queda en lo demás que no alza 
llama.) 

Al conejo, el salmorejo. 

Al conejo y al villano, despedá- 
zale con la mano. 

Al comer, al tajadero; al cargar, al 
cabestrero. 

Al comer y al cagar, el hombre se 
debe espaciar. (Esto es, darse espacio, 
como el otro dice: «Comer y cagar, 
de vagar».) 

Al comer de las morcillas, ríen la 
madre y las hijas; y al pagar, todos á 
llorar. 

Al comer de los güevos, verá la 
puerca si son con aceite ó si son con 
manteca. 

Al comer de los tocinos, entran pa- 
dres y entran hijos; al pagar, todos 
á llorar. 



Al comer de los tocino-, cantan 
padres é hijos; al pagar, sus á llo- 
rar. 

Al comer, comamos; y al pagar, á 
ti suspiramos. 

Al comer, gaudeamus; y al pagar, 
ad te suspiramus. (Gaudeamus es go- 
cémonos.) 

Ai comedor, ni cosa delicada, ni 
apetito en el sabor. 

Al corriente, freno en diente. 

Al cuaresmero, hornazo de Pedro. 

Al cuero y al queso, cómpralo por 
peso. 

Al cuco no cuques, y al ladrón no 
hurtes. 

Al cuerdo y hábil, todo le es fácil. 

Al cuñado, acuñarle; y al pariente, 
ayudarle. 

Al cuñado, acuñarle; y al hermano, 
ayudarle. 

Al cuerdo y al vil, todo le es fácil 
por diverso carril. 

Al clérigo y á la trucha, por San 
Juan le busca. (Porque anda enton- 
ces por las eras cobrando diezmos, y 
los ríos entonces llevan menos agua 
y se pescan más fácilmente las tru- 
chas.) 

Al pan reciente, abrirle el gollete. 

Al paso del buey y del atambor. 
(Dícese por ir y negociar con espa- 
cio y sosiego.) 

Al paj arillo que se ha de perder, 
alillas le han de nacer. 

Al padre temporal, mucho has de 
honrar, y mucho al espiritual. 

Al padre temporal y al espiritual, 
has de honrar por igual. 

Al peligro, con tiento; y al reme- 
dio, con tiempo. (Avisa el recato en 
casos peligrosos, y el cuidado que ha 
de haber en los daños hechos, para 
remediarlos.) 

Al peligro, con tiempo; y al reme- 
dio, con tiento. (Que el peligro se 
procure con tiempo evitar; y habien- 
do caído en daño, se procure con 
tiento y cordura remediar y curar.) 

Al pece grande, soltalle la vara. 

Al perdido, piérdese el juicio. 

Al pedo del abad, el enojo igual. 

Al perro y al parlero, dejallos en 
el sendero. 

Al perro conejero, miralde el fio- 



- 38 - 



rín. (Otros dicen: mirálle el flobín; 
otros el robín, ó la ruin; no he halla- 
do cazador que me diga qué entiende 
por florín. Lo que yo vi cuando mu- 
chacho en casa de mis deudos, que 
siempre tienen podencos conejeros, 
es que los bien roscados de cola eran 
alabados, porque es señal de brío y 
lozanía, y así, entiendo por florín la 
flor que hacen con la cola enroscada, 
y más propiamente, florín es la flor 
que hace meneando la cola apriesa, 
cuando siente la caza y va de rastra, 
y á este colear ha de mirar y estar 
atento el cazador; ayuda á esto un 
verso de D. Alonso de Ercilla, en el 
asalto del puente de Penco: 
«La gruesa y larga pica floreando.* 

Algunos dicen que quizá es el ho- 
cico, que ha de ser ancho y bien for- 
mado; otros dicen mejor que ha de 
decir el robín , que algunos llaman la 
ruin, que es una como lombricilla 
que les nace debajo de la lengua y 
los enflaquece, y se ha de advertir 
para quitársele.) 

Al pie de la sierra, ó cien leguas 
de ella. (Por el frío, que es menos al 
pie que algo más lejos, y para criar 
ganado es buena la sierra.) 

Al pie de la cama, ni vino ni agua. 
(Que no se ha de beber al acostar.) 

Al pie del helécho, no busques el 
dátil. 

Al postrero, muerde el perro. 
(Apartándose.) 

Al poderoso y al porfiado, déjalos 
el campo, que te será más sano. 

Al pobre afligido no le des más 
ruido. 

Al pobre no es provechoso acom- 
pañarse con el poderoso. 

Al potro y al mozo, el ataharre flo- 
jo y apretado el bozo. 

Al puerco el caldero, y no el ribe- 
ro. (Que le es mejor agua limpia da- 
da á la mano, que no la de charcos 
en tierras cálidas.) 

Al puerco y al yerno, enseñalde la 
puerta, que él subirá la escalera. 

Al puerco y al yerno y á la nuera, 
enseñarles la puerta. 

Al puerco y al yerno, muéstrales el 
umbral, que ellos se vendrán. 

Al puerco y al yerno, mostralde 



una vez la casa, que él se vendrá lue- 
go, y al fraile, que será más cierto. 
' Al puerco y al yerno, muéstrales 
una vez el huego, que él se vendrá 
luego. 

Al puerco ; dale al diente y no le 
cates pariente. 

Al puerco, dale de comer y no le 
cates agüelo. 

Al puerco, dale de comer y no le 
cuentes el tiempo. 

Al puerco gordo, untarle el rabo. 
(Contra los que dan á los que tienen.) 

Al principio ó al fin, Abril suele 
ser ruin. 

Al principio, marido, se ha de 
ahorrar, que no al cogugar. 

Al prisco, vino; y agua al higo. 

Al primer tapón, zurrapas. 

Al primero muerde el perro. 
(Allegando.) 

Al plano de la Violada, cuál con 
horca, cuál con pala. (El plano y lla- 
no, ó campo y barranco de la Viola- 
da, está entre Almudévar y Zuera, 
camino de Zaragoza á Huesca; fin- 
gen este cuento dando matraca á los 
de Almudévar, que el herrero hizo 
un delito que merecía horca y Pedro 
Zaputo les dio este consejo: que 
pues había dos tejedores y no más 
de un herrero, ahorcasen al un teje- 
dor, que bastaba el otro, y dejasen al 
herrero, que les haría falta; hicieron 
así; y dicen más, que hoy día piden 
una demanda para misas á aquel ino- 
cente. Quedó por refrán «el sabio de 
Almudévar», Pedro Zaputo, para lla- 
mar á uno necio y «la justicia de Al- 
mudévar, > para decir una tontaini- 
ca y mala justicia. Dándoles matraca 
de todo esto, salieron á batalla con- 
tra los de Zuera: «al plano de la Vio- 
lada, cuál con horca, cuál con pala», 
que en esto los motejan también de 
armas villanas. También se dice: «Al 
barranco de Violada, qui con forca, 
qui con pala». Otras patrañas inven- 
tan acerca de esto; pero basta lo di- 
cho para la noticia de los refranes.) 

Al tañer de las trompetas, es el ca- 
gar camorretas. 

Al tahúr, nunca le falta qué jugar; 
y al putañero, qué gastar. 

Al te sueño. (Es como decir de otra 



- 39 



manera te sueño, otra cosa deseo. 

Al tercero día, gran dolor de la he- 
rida. 

Al tiempo, el consejo. (Se dé ó se 
deje.) 

Al tiempo de las brevas, todos se 
llegan. 

Al tiempo de los higos, no hay 
amigos. (Contra los ingratos, que 
cuando tienen no conocen á sus bien- 
hechores. Los muchachos de la Vera 
de Plasencia saben bien este refrán, 
que suelen convidarse los amigos 
para ir á comer fruta á sus hereda- 
des, y si otro día alguno no corres- 
ponde á la amistad, se lo dan en ros- 
tro con este refrán, que es decir: 
«Cuando tenéis higos en vuestras hi- 
gueras, no conocéis los amigos».) 

Al tiempo del conejo, no hay con- 
sejo. 

Al tiempo del higo, no hay amigo. 

Al tío sin hijos, hacelle mimos y 
regocijos. 

Al toro y al loco, de lejos. (Conse- 
jo de viejos.) 

Al tono de: guárdame las vacas. • 

Al tobillo, y no al colodrillo. (Que 
más vale enlodarse el pie un poco, 
que por ir por limpio y malos pasos, 
caer y enlodar la cabeza.) 

Al traidor, traidor y medio. 

Al trabajo, yerno, que viene el 
invierno. (Que el yerno, que es mozo, 
tome á su cargo trabajar y mirar por 
la hacienda y proveer la casa.) 

Al verano que había grano, que ya 
no pía Gonzalo. (Que pasó la ocasión. 
Al milano llaman Gonzalo en la 
Gon (He). 

Al verano tabernera, y al invierno 
panadera. 

Al viejo al tobillo, y al mozo al co- 
lodrillo. (En los deslizaderos, en 
tiempo de lodos, los viejos y experi- 
mentados toman mejor los senderos 
y no caen, y los mozos dan de ojos 
y se enlodan, y así en otros nego- 
cios.) 

Al viejo y al conejo, mudalde la 
tierra; daros há el pellejo. (Que el 
viejo morirá presto, y el conejo será 
presto cazado lejos de sus vivares.) 

Al viejo no se ha de preguntar 
¿cómo estáis?, sino ¿qué os duele? 



Al viejo nunca le falta qué contar, 
ni al sol ni al hogar. 

Al viejo gato, ponle en el lomo la 
mano, y levantarte há el rabo. (Que 
por viejo que uno sea, puesto en la 
ocasión, podrá aprovecharse de ella.) 
Al viejo múdale el aire, y darte há 
el pellejo. (Es mudarle la tierra.) 

Al vino, higo; y al agua, higa. (Opi- 
nión de bebedores que por higa al 
agua, dieron al higo vino, y al vino 
higo, por contrapuesto y cosa buena; 
queda dicho antes, trocado: «Al higo 
vino, y al agua higa».) 

Al villano no le hagas bien, que es 
perdido; ni mal, que es pecado. 

Al villano, no darle vara de justi- 
cia en mano. 
Al villano, no manjar blanco. 
Al villano, sacarle el cañón y de- 
jarlo. 

Al villano, dale la azada en la 
mano. 

Al villano, dalde el huevo y pedi- 
rá sal. 

Al villano, dalde el pie y tomaros 
há la mano. 

Al villano, dalde un palmo y to- 
mará cuatro. 

Al villano, dalde el dedo y toma- 
ros há la mano. 

Al villano, danle el pie y toma la 
mano. 

Al maestro, cuchillada. (Por metá- 
fora de la esgrima, se aplica al que, 
de menos fuerza y opinión en algo, 
es superior al que lo era suyo; y dí- 
cese con interrogación cuando quie- 
re hacer suerte con el mayor.) 

Al maestro, cuchillada, sobre bue- 
na reparada. 

Al mar por sal. (Enviar que vaya.) 
Al marido, ámale como amigo, y 
témele como enemigo. 

Al marido, sírvele como á señor, y 
guárdate de él como de un traidor. 

Al marido malo, ceballo con galli- 
nas de á par del gallo. (Quiere decir, 
engañarle con regalos y halagos para 
reducirle á mejor, y hacer la mujer 
lo que bien la esté.) 

Al marido malo, ceballo con galli- 
nas de á par del gallo. (Reprenden 
otras mujeres en esto á la que regala 
al marido que no lo merece. Las ga- 



— 40 — 



Hiñas de á par del gallo, en el galli- 
nero siempre son las más gordas. 
Otro sentido es que se le hagan cari- 
cias para salir la mujer con lo que 
quiere; conforme al de arriba, cegallo. 
Más caritativo fuera que al maiido 
malo enfermo se le cebara y le rega- 
lara. Truécanse también las dos pri- 
meraspalabras: «Almal marido, cega- 
11o, ó ceballo».) 

Al mal encuentro, dalle de mano y 
huir de su asiento, y mudar asiento. 

Al mal uso, quebralle la güeca. (En 
este refrán, por Ja figura paranoma- 
sia, que en castellano es muy usada y 
tiene mucha gracia, el nombre uso 
está puesto con dos sentidos: el pri- 
mero, por lo que significa, que es el 
uso y costumbre; el segundo, por el 
huso de la rueca; por la mucha seme- 
janza que tienen que no se diferen- 
cian más de en la h que el huso de la 
rueca tiene, porque salió de fuso: y 
comenzando el refrán por uso, por el 
sentido primero y suyo, acaba con el 
segundo del huso, trocándole por el 
otro, diciendo: quebrarle la güeca, por- 
que el huso la tiene, en lugar de de- 
cir: quebrarle la pierna. Algunos que 
no consideran ni conocen esta gracia, 
porque no pronuncian las haches con 
distinción, confunden los vocablos 
que las tienen con los que no las 
tienen.) 

Al mal uso, quebrarle la pierna. 

Al mal farinero, los pelos del culo 
le fan embarazo. (Al mal trabajador; 
es de Aragón.) 

Al mal capellán, mal sacristán. 

Al mal camino, darle priesa. 

Al mal tirador, las plumas le estor- 
ban. (Aquí va honesto: plumas, por 
pelos; tirador, por hacedor, y éste, 
por su consonante.) 

Al mal viento, volvelle el capie- 
11o. 

Al mal marido, ceballo con galli- 
nas de á par del gallo. (Contra quien 
regala y se somete á quien no lo me- 
rece.) 

Al mal mortal, ni médico, ni medi- 
cina no le val. 

Al mal hacedor, los pelos le estor- 
ban. (Hacedor en lugar de su peor 
consonante.) 



Al malo, dalle dineros ó casallo; ó 
aviallo. 

Al malo, mal le haga Dios, y al en- 
fermo, Dios le dé salud. (La palabra 
malo es ambigua, por el malo de cos- 
tumbres y obras, y por el malo y en- 
fermo de salud, y juega de la equi- 
vocación al principio, y declárase en 
lo siguiente que se tome por el malo 
de obras y condición, y no por el en- 
fermo; repréndese el hablar con pa- 
labras ambiguas en las cosas que 
es menester claridad, no cuando se 
hace por elegancia y gracia.) 

Al malo, mal le haga Dios hasta 
que sane. (Varíase «Mal le haga Dios 
hasta que sane; mal te haga Dios has- 
ta que sanes»; como decir: no se me 
da nada de su mal.) 

Al manjar, vita ; dulcedo; y al pa- 
gar, sollozos y duelos. 

Al más discreto varón, sola una 
mujer echará á perder. 

Al más discreto varón, la mujer le 
echa al hondón. 

Al más ruin puerco, la mejor be- 
llota. (Sucede el peor llevar lo me- 
jor-) 

Al, madrina, que eso ya me lo sa- 
bía. (Nota ál, por otra cosa.) 

Al matar de los puercos, placeres 
y juegos; al comer de las morcillas, 
placeres y risas; al pagar de los di- 
neros, pesares y duelos. (Porque fue- 
ron fiados.) 

Al matar, vita, dulcedo; al pagar, á 
ti suspiramos. 

Al mentiroso, cuando dice la ver- 
dad no le dan autoridad. 

Al mejor negro, peello. 

Al médico, y confesor, y letrado, 
la verdad á lo claro; ó hablarle claro. 

Al médico, confesor y letrado, no 
le traigas engañado; ó no le hayas 
engañado. 

Al mierlo y al tordo, á lo que no te 
agradare hazte sordo. 

Al mordaz, todo le desplaz. 

Al molino y á la esposa, siempre 
falta alguna cosa. 

Al molino y á la mujer, andar so- 
bre él. 

Al mozo amañado, la mujer al lado» 

Al mozo nuevo, del pan y del 
güevo. 



41 



Al mozo viejo, del pan y del leño. 
(En Galicia dicen del pan y del demo: 

quejas son del mozo antiguo en casa.) 

Al mozo nuevo, pan y güevo; y an- 
dando el aflO, pan y el palo. 

Al mozo de Talavera, á los toros le 
espera. 

Al mozo que le sabe bien el pan, 
pecado es el ajo que le dan. 

Al mozo perezoso, pon la mesa y 
envíale al mandado. 

Al mozo vergonzoso, el diablo lo 
llevó á Palacio. 

Al mozo malo, el amo al lado. 

Al mozo malo, ponerle la mesa y 
enviarle al mandado. 

Al muerto dicen: ¿quieres?; al vivo, 
toma. 

Al mueble sin raíz, presto se le 
quiebra la cerviz. 

Al mulo y al asno, la carga al rabo; 
y al rocín, á la crin. 

Al ratón que no sabe más de un 
agujero, el gato le coge presto. 

Al ratón que no sabe más de un 
horado, aquél tapado, presto le toma 
el gato. 

Al rey y á la reina obedecemos, á 
este etcétera no conocemos. (Aplica- 
do á vizcaínos oyendo leer las pro- 
visiones reales: Rey de Castilla, de 
León, etc.) 

Al rey y al río, nunca le tengas 
muy vecino; porque si se enoja, todo 
lo deja barrido. 

Al rey mozo y galio, pelallo. (Cosa 
es que la leemos y la vimos en algu- 
nos que chupan al rey y al reino, 
como lo hizo Xevres en España; gallo 
por enamoradizo.) 

Al rincón con la almohadillla, la 
cachigordilla. 

Al rocín, la carga á la clin; y al 
asno, la carga al rabo. 

Al romero que se le seca el pan en 
el zurrón, no le tengas duelo. 

Al ruin lugar, la horca al ojo. (Bur- 
la de algunos lugarejos de señorío, 
que llaman villas, que están muy 
cumplidos de horca y picota y muy 
faltos de casas, y lo que más se ve es 
la horca y picota, ó rollo.) 

Al ruin, su tierra le llama. (Contra 
los que paran poco en la ajena y 
no se esfuerzan á pasar trabajo y 



valer ausentes, como hacen los bue- 
nos.) 

Al ruin, dalde oficio y será cono- 
cido. 

Al ruin, dalde cargo y sabréis 
quién es. 

Al ruin, dalde un palmo y tomará 
cuatro. 

Al ruin de Roma, en mentándole 
luego asoma. 

Al ruin, cuando le mientan, luego 
viene. En mentando al ruin, suele 
venir. 

Al ruin falta posada, que fuera, que 
en casa. 

Al ruin que Dios mantiene, en 
mentándole luego viene. 

Al ruin comedor, el güeso le es fa- 
vor al sabor. 

Ai ruin, mientras más le ruegan, 
más se extiende. 

Al llamado de quien le piensa, 
viene el buey á la melena. (Que la 
necesidad amánsalos bravos; Quién 
se metió por casa de tu enemigo? 
Hambre y frío».) 

Al hacer, temblar; y al comer, su- 
dar. (De los atados y para poco.) 

Al herrero con barbas, y á las le- 
tras con babas. (Entiéndese los has 
de poner á su oficio. El herrero tiene 
poco que aprender, y más necesi- 
dad de fuerza y años; comiéncelo 
grande. Al letrado, porque hay mu- 
cho que estudiar para salir aventa- 
jado, comiéncelo temprano. No por 
eso desconfíen los que no pudieron 
comenzar los estudios en los prime- 
ros años, que siempre hay lugar para 
aprender; y muchos que comenza- 
ron tarde, salieron muy eminentes; 
de los cuales pudiera hacer buen ca- 
tálogo, que dejo para abreviar; y otro 
refrán dice: «Al latín con babas, y á 
la ciencia con barbas».) 

Al hierro, el orín; y la envidia, ai 
ruin. 

Al hijo, Juan Martín; y al padre, 
viejo ruin. (Reprende á los que true- 
can los honores, y dan más al mozo 
que al viejo, á quien se debe más 
honor y respeto.) 

Al hijo de la hija, métele en la ve- 
dija; al de la nuera, dale del pan y 
échale fuera. 



- 42 - 



Al hijo de tu vecina, quítale el 
moco y cásale con tu hija. 

Al hijo de mi hija, pónmele en la 
rodilla; y al hijo de mi nuera, dale 
pan y vaya fuera; ó el hijo de mi 
hijo: por el como por al. 

Al hijo del herrero, de balde le 
machan el hierro. 

Al hijo gastador, barro á la mano. 
(Irónica reprensión contra los que 
dan favor á sus hijos traviesos, pró- 
digos y disolutos.) 

Al hijo querido, el mayor regalo 
es el castigo. 

Al hijo malo, del pan y del palo. 

Al hijo regalado, el pan pringado. 

Al higo, vino; y al agua, higa. (En- 
tiende al higo verde, porque dice 
otro refrán: «Tras crudo, puro»; con 
todo, ésta es opinión de bebedores 
buenos, porque añadir y al agua higa, 
es decir no la admitamos. Juega de 
la paranomasia de higo á higa.) 

Alarij cualquiera, dijo la zorra 
vendimiadera; cagarriosas las co- 
miera. (Alábanse las uvas alarijes, y 
cuando hay falta de uvas después de 
las vendimias, cualquiera comiera la 
zorra. Cagarriosas llaman por des- 
precio á las torrontreses.) 

Alargar la cura. Alargar los testi- 
gos. (Van en las frases.) 

Alas de neblí, corazón de baharí, 
cabeza de borní, manos de sacre, 
cuerpo de jirifalle, ojos de alfane- 
que, pico de tagarete. (Todas estas 
son especies de halcones, y había de 
haber en uno, todas estas calidades; 
y porque no se hallan juntas, se saca 
que á todas las criaturas las falta 
algo, ó que deseamos algo más en 
ellas.) 

Alas tenga yo para volar, que no 
me faltará palomar. 

Alas tenga yo para volar, que cebo 
no me ha de faltar. 

Alazán tostado, antes muerto que 
cansado. 

A la fe, hermano, no creas en tal 
santo. 

A la fe que quiere seso, gobernar 
al loco y necio. 

Alabaos, nariguda. (Dícese para re- 
primir los que se alaban más de lo 
conveniente.) 



Alábate, cesto, que venderte quiero. 

Alábate polla. No puedo, de gorda. 

Alábate, polla, que un huevo has 
puesto, y ese güero. 

Alábate, polla, que de poner vie- 
nes. 

Alábate, mierda, que el río te lleva. 

Alabarme he de esta cosa: que 
nunca lavé cabeza que no me saliese 
tinosa. 

Alaben á Dios, y no corten gajo. 
(De convidar en seco, dar sin dar 
nada.) 

Alagón, cuatro casas y un ladrón. 

Aleluya, cada noche la suya. 

Aleluya, quien no puede andar, 
que huya. 

Alegraos, perros, que ya podan; á 
las esperanzas largas; y antes se pa- 
dece. 

Alegraos, pelliteros, que buen ve- 
rano tenemos. 

Alegra lo que sin trabajo se gana, 
y sin trabajo se aumenta. 

Alegrar la de lo verde, que hé aquí 
la blanca. 

Alegría secreta, candela muerta. 
(Porque es mayor el placer comu- 
nicado.) 

Alegrías, albarderos, que se quema 
el bálago. (Es ironía.) 

Alegrías, antruejo, que mañana se- 
rás ceniza. 

Alegrita me vino la tarde, madre; 
plega á Dios que no vuelva á des- 
alegrarme. 

Alientos de pupilo; de mesa pobre. 

Alionje, dijo Lucía al odre. (Quizá 
como borracha turbó la palabra por 
¡ay, calonje!; y así la varían, como 
ya dije.) 

Alivia la pena llorar la causa de 
ella. 

Alivia la causa llorar la llaga. 

Aliñaos, Durango; aliñándome an- 
do; ó aliñaos, Hernando; ó alíñate, 
Hernando; ó aparejaos, Durango; apa- 
rejando me ando. 

Alón, que pinta la uva. (Dícese por 
los mozos que no quieren servir, y 
dejan el amo en el verano; que hay 
fruta y qué comer en el campo, y no 
frío.) 

Alonso y los gansos boloren; pues 
jubete en la burra, y atájala por ende. 



— 43 



A lo menos, del mal lo menos. 

Aluda en la costilla, quiebra los 
güesos en la ehinchotilla. 

Alza el rabo, Menga, pues no hay 
quien le tenga. 

Alza el rabo, Rucia, que vánse los 
de Olmedo. 

Alza la lanza, necio. (Para los que 
se alaban de cosas impertinentes. 
Alabábase un villano que le había 
hablado el rey; y preguntado qué le 
había dicho, respondió que le dijera: 
«Alza la lanza, necio>.) 

Alza la paja. (Dícese de un fino be- 
llaco.) 

Alza paja por meaja. 

Alzarse con el real y el trueco. 
(Bien claro es este refrán, y su apli- 
cación nació de los embusteros que 
tienen por flor, trocando un real de 
á cuatro ó de á ocho, engañar al que 
le trueca y hacerle trampantojos en 
el trueco y en el real, jurando que le 
dieron primero, y por otra vía reci- 
bir el trueco en el sombrero, aguje- 
reado el forro, para que se quede 
algo escondido, y luego dar el real 
que no es de ley; y descontento de 
él, el que le ha de recibir, entonces 
el otro le trastorna el sombrero so- 
bre su dinero, porque no se eche de 
ver lo que queda escondido, y no se 
hace el trueco, como que no se le da 
nada, que en otra parte se lo to- 
marán.) 

Alzarse como Pizarro con las In- 
dias. (El otro día comenzó este re- 
frán, y ya es muy notorio y su histo- 
ria muy sabida; con que me excuso 
de alargarme en él, si bien habrá oca- 
sión de dolemos del valor tan mal 
logrado de aquellos conquistadores 
y su mala fortuna.) 

Alzar, zancas, que este mundo todo 
es trampas; ó andar, zancas. (Como 
que son palabras de hombre, ó lobo 
viejo, aplicadas á lo que pasa entre 
los hombres.) 

Alzada de Abril, y vinada de Mayo, 
cedacica para otro año; ó hierba para 
otro año. 

Alzada de Enero ha de ser para ser. 
buena. 

Alzóme á mi mano, ni pierdo ni 
gano. (Trocado va delante en la ni.) 



Aldea por aldea, Jaraíz en la Vera. 
(Dicen este refrán !<»> de Plasencia 
y la Vera, y por ser mi lugar, añadiré 
lo que dice Marineo sículo de él: Ila- 
bet autem Plazca fia oppida atnaenis- 
sima in (jaibas, et JarahL,ium nemo- 
ribas, et arborum fractibas placidissi- 
mutn. Tiene, pues, Plasencia lugares 
muy amenos, entre los cuales es uno 
Jaraíz, con bosques, arboledas y fru- 
tas de diversos árboles, muy agrada 
ble. Está una legua de Yuste, donde 
se retiró y murió el Emperador Car- 
los V, N. S., de buena memoria.) 

Aldea por aldea, Fregenal de la 
Sierra. (Lugar es en Extremadura co- 
nocido, donde se curte mucha y bue- 
na suela.) 

Aldeana es la gallina, y cómela el 
de la villa. 

Aldeana es la gallina, y cómela el 
de Sevilla. (Así dice el Comendador, 
y pudiera decir: es de Medina, ú otro 
tal consonante, como: «Aldeana es la 
polla, y cómela el de Carmona».) 

Aldeana es la gallina, y cómela don 
García. 

Aldonza sois, sin vergüenza. (Tiene 
gracia en torcer el sentido. Quiere 
decir que se llama Aldonza, que no 
tiene por qué negar su nombre y que 
puede mostrar su cara descubierta, 
sin cosa ninguna por qué avergon- 
zarse; mas tomándolo como suena, 
dice: «Soy Aldonza sin vergüenza 
ninguna», y en esto está la gracia.) 

Aldonza, con perdón. (Nota la rus- 
tiquez de algunos, que piden perdón 
para nombrar algunos vocablos, sin 
ser menester salva para ellos.) 

Alfaya por alfaya, más quiero pan- 
dero que no saya. (Alfaya es alhaja, 
palabra antigua en Asturias y Portu- 
gal, y de eUaalfayate, el sastre.) 
' Alfayate sin dedal, cose poco y eso 
mal; ó cose poco y parece mal. 

Alfayate de las mentiras, todo el 
paño hace tiras. 

Alfayate que no hurta, poco medra 
con la aguja. 

Al fin final, al fin morir. 

Alfonsina; dícese por treta, astucia 
y maña; nació de un fulano Alfonso, 
que las usaba; como cordobesía, de 
cordobés; aplícaseálos que las hacen. 



44 — 



Algarabía de allende, que el que la 
habla no la entiende. (Mgarabía de 
allende, se dice por lo que no se en- 
tiende y razón disparatada.) 

Algarabía de Guadico, toma el ha- 
chón y daca el pico. 

Alguillo le falta al rico, si no tiene 
amigo. (Algo, además significa la ha- 
cienda.) 

Algo ajeno, no hace heredero. 

Algo es queso, pues se da por peso. 

Algo es cuando todos dicen: al 
lobo, al lobo. (Contra los mal quis- 
tos.) 

Algo se ha de hacer, para blanca 
ser. 

Algo se da por algo. 

Algo dice el mentiroso; algo dice 
este necio. (Quiere decir que algún 
fundamento y raíz hubo en lo que el 
mentiroso ó necio dice, aunque él no 
lo supo entender ni declarar, sino 
falseado, y por eso se lo redarguyen 
y no creen ser de aquella manera; 
pero que algo de ello debió ser.) 

Algodón cogió; cual la hallares, tal 
te la do. (Las mozas que andan en el 
campo, corren peligro de ser forza- 
das, y aun sin fuerza, de ser dueñas.) 

Alguacil en andar y molino en mo- 
ler, ganan de comer. 

Alguacil del campo, cojo ó manco. 
(Porque los suelen aporrear.) 

Alguacil descuidado, ladrones cada 
mercado. 

Algún ciego me quisiera ver, aun- 
que no fuera sino por tener vista. 
(Varíase: «Algún ciego la quisiera ver; 
te quisiera ver».) 

Algún día, el mi peral tendrá peras. 

Algún día será la nuestra. 

Algún día será la fiesta de nuestra 
aldea; de mi aldea. (Quiere decir que 
vendrá tiempo en que nos veremos 
vengados ó mejorados de suerte.) 

Algún día será fiesta. 

Algún día será pascua. 

Algún día será la nuestra. 

Algún día comerá la zorra cabrito. 

Algún día me veré yo en mi reino. 

Algún diablo anda suelto. (Cuando 
hay grande alboroto ó tempestad.) 

Algún puto crió sarna, que á mí 
pegáronmela. 

Algún ruin nace. (Díceio alguno 



cuando en la conversación callan to- 
dos, y con esto mueve la plática.) 

Alguna vez -tengo de acertar y ne- 
gociar. (Díceio el que no desconfía 
de acertar, aunque haya errado del 
blanco, y se acomoda á otras cosas.) 

Algunas veces, al labrador, pormu- 
cho estercolar no le va mejor. (Por- 
que el estiércol quiere aguas y lluvia, 
y si falta humedad, el estiércol que- 
ma la tierra.) 

Alguno está en el escaño que á sí 
no aprovecha y á otro hace daño. 

Alguno se burla, que se confiesa. 
(Cuando uno dice en burlas sus pro- 
pias cosas y faltas ajenas, como que 
no se las han de creer; lo que «Bur- 
lando, se dicen las verdades».) 

Algunos caen para que otros se le- 
vanten. 

Algunos, parlando se hacen cuer- 
dos y muestran no serlo, aunque se 
esfuerzan á parecerlo. 

Albarda, Pedro, que á la puente te 
espero. 

Albricias, albardero, que se arde el 
bálago. 

Albricias, padre, que el obispo es 
chantre. 

Albricias, padre, que ya podan; ó 
albricias, perros. (Lo que alegraos.) 

Albricias, padre, que el culo os veo; 
ó que se os ve el culo. 

Albricias, padre, que lo vuestro 
os veo. 

Albricias, perros, que ya podan. (A 
esperanzas largas.) 

Albricias, madre, que pregonan á 
mi padre. 

Alcaraz, cabo de vientos. (Dícese 
porque en los términos de Alcaraz 
hacen diferentes efectos los vientos 
solano y ábrego, que desde Sevilla 
hasta ellos, por mayor parte soplan- 
do ábrego hay lluvia, y de ahí á Car- 
tagena causa serenidad; y solano, des- 
de Cartagena hasta el campo de Mon- 
tiel, es viento de salud y trae aguas, 
y de allí á Sevilla es pestilente para 
la salud y frutos.) 

Alcaraván zancudo, para otros con- 
sejo y para sí ninguno. 

Alcaraván zancudo, da consejo y 
para sí no tiene ninguno. (El cuento 
es, que una paloma tenía su nido en 



45 — 



un árbol; la vulpeja amenazóla que 
la comería si no la daba parte de sus 
hijos; la paloma, de miedo, débaselos. 
El alcaraván, compadeciéndose de la 
paloma, dióla consejo que no la diese 
nada, que el árbol era alto y no po- 
día subir la vulpeja, y así no la dio 
nada desde adelante y dijo la causa 
porqué. Preguntó la vulpeja quién 
la había dado aquel consejo? Respon- 
dió que el alcaraván. Después, tra- 
bando plática la vulpeja con el alca- 
raván, alabóle de sabio en la gober- 
nación de su vida, y entre otras co- 
sas, preguntóle qué hacía cuando 
quería dormir; respondió el alcara- 
ván que metía la cabeza debajo de 
las alas, y diciendo y haciendo me- 
tióla entonces; arremetió la vulpeja 
contra el alcaraván y comiósele, y 
así hizo verdadera la sentencia de 
Eurípides, poetagriego: «Reniego del 
sabio que para sí no es sabio».) 

Alcalá de Henares, mucho te pre- 
cias y poco vales; si no por una calle 
que hay en tí, no valieras un mara- 
vedí. 
Alque ó teniente en Salamanca. 
Alcalde sin embargo. (Un alcalde 
sentenció á muerte á uno; el reo ape- 
ló de la sentencia, y notificando al 
alcalde la apelación, dijo: «Ejecútese 
sin embargo»; y se ejecutó. Los parien- 
tes del muerto se querellaron del al- 
calde en Granada, y le hicieron ir y 
venir y gastar, hasta que le empo- 
brecieron, y el caso fué muy sonado, 
y le llamaban el alcalde sin embargo, 
y quedó por refrán en casos de reso- 
lución y fuerza de jueces que no ad- 
miten réplica.) 

Alcalde de aldea, el que lo quiere, 
ése lo sea. 

Alcalde de aldea, séase quien 
quiera. 

Alcalde de Moscas. (Por alcalde re- 
suelto, que no admite apelación; que- 
dó porque un alcalde de un lugar de 
León, llamado Moscas, sentenció á 
unos ladrones á ahorcar, y lo ejecutó 
no obstante que apelaron.) 

Alcalde de vara en cinta y mujer 
de poco importa, no hay que fiar de 
ellos cosa. (Alcalde de vara en cinta 
es el ejecutor que va por los lugares 



con una varilla chica oculta, y podía 
ser el recue/o, que de ordinario lleva 
la vara en el cinto.) 

Alcalde, ¿demandóme aquí alguno? 
Alcalde, ¿llamóme aquí alguien? 
(Del que se va á la ocasión de cárcel 
y se mete en barajas.) 

Alcalde corajoso es éste, que á to- 
das las damas prende. (O trocado: 
«Corajoso alcalde es éste>.) 

Alcanza, quien no cansa. (Entiende: 
quien no se cansa, alcanza lo que pre- 
tende.) 

Alquílame el vuestro rocín, que 
tengo cantusada la ropa. 

Alquile una blanca de negros. (Di- 
cen esto á los mandones.) 

Alquimia probada, tener la lengua 
refrenada. 

Alquimia probada, tener renta y no 
gastar nada. 

Alquimista certero, del hierro pen- 
só hacer oro y hizo del oro hierro. 

Alta mar, y no de viento, no pro- 
mete seguro tiempo. 

Alta me la levanta, la camisa ó la 
saya. 

Altas ó bajas, en Abril son las pas- 
cuas; ó caen las pascuas. (Esto es lo 
más ordinario.) 

Altas ó bajas, en Abril caigan las 
pascuas; ó sean las pascuas. (Desean 
que no vengan antes, porque no sean 
marzales, por el otro refrán que dice: 
«Pascua marzal, hambre, guerra ó 
mortandad*.) 
Alto, jaquete, que te mira la gente. 
Alba de Tormes, baja de muros y 
alta de torres; llena de putas y más 
de ladrones; mira tu capa dóíide la 
pones, que padres é hijos, todos son 
ladrones. 

Alba de Tormes, buena de putas, 
mejor de ladrones; mira tu capa dón- 
de la pones. 

Alvaro, ¿qué queréis agora? Quie- 
ro merendar, miña dona. 

Almagrar y echar á extremo. (Por 
metáfora, del ganado ovejuno es es- 
coger, señalar y apartar y echar 
aparte.) 
Almendral, tú dirás la verdad. 
Almorzar sin beber, merendar sin 
comer. (Esto es, en la gente regalada 
y que no trabaja, que comiendo algo 



46 



por la mañana de conserva, y tal 
cosa, no es menester beber, porque 
hay humedad en el estómago; y á la 
tarde, en verano principalmente, se 
puede beber un jarro de agua para 
que haga ir abajo la digestión del 
medio día y se abra la voluntad para 
la cena.) 

Almuerza con rufián, come con car- 
pintero y cena con recuero. (Dícese 
también por infinitivo: «Almorzar 
con rufián, comer con carpintero, ce- 
nar con recuero».) 

Almuerzo de rufián, comida de 
carpintero y cena de recuero, me- 
rienda de ganapán. 

Almuerzo de rufianes, comida de 
abades, cena de gañanes. (Que llevan 
la cruz tras el muerto.) 

Al revés de Oxea, que llevan la cruz 
tras el muerto. 

Al revés me la vestí, mas ándese 
ansí. (Contra flojos y desaliñados, y 
los que no enmiendan sus defectos.) 

Alhaja que tiene boca, ninguno la 
toca. 

Ana, ó me lo da ó me lo manda. 
(Hablando de presente, alaba ser so- 
corrida una persona que socorre, 
dando luego lo que tiene pronto ú 
ofreciendo después. En imperativo, 
procura el que demanda asegurar 
que le den.) 

Ánade, mujer y cabra, mala cosa 
siendo magra; ó no quiere ser magra. 

Ana, Vadana, Rebeca, Susana, Lá- 
zaro, Ramos, en pascua estamos. (Ana- 
vadana es palabra corrupta de annna, 
de la oración de la primera domini- 
ca de cuaresma y del evangelio: Va- 
de retro, Satkana. La oración dice: an- 
nua ciiadrayesimali observatione. Era 
frecuente, antes del Concilio de Tren- 
to, saber todos mucho de la Iglesia y 
la doctrina en latín, y los romancis- 
tas corrompían mucho las palabras; 
lo demás es claro por los Evangelios 
del día, ó cercanos, como el de Láza- 
ro, que caen el viernes antes, por lo 
notable del milagro de resucitar Lá- 
zaro.) 

Anica la del peso, que á ducado 
daba el beso. 

Ánima de veratanb, ni la quiso 
Dios ni el diablo. (Dicen esto los de 



Peñaranda por los que del Valle de 
Plasencia acuden á su mercado con 
naranjas y otras frutas, porque con 
la trajinería se hacen sagaces como 
los de Peñaranda, y ellos dicen: «Áni- 
ma de veratano».) 

Animo libre, no tiene cuerpo su- 
jeto. 

Ánimo, que todo es ventura. 

Animo vence en guerra, que no 
arma buena; ó arma luenga. 

Anillo en nariz de puerco. (Cuan- 
do una cosa rica y curiosa está mal 
empleada en quien no luce; tomóse 
de los proverbios, adonde dice Salo- 
món: Anillo ó argolla de oro en na- 
riz de puerco es la mujer hermosa 
y tonta, necia ó boba. En algunas 
tierras usan poner á los puercos, y 
más á las puercas madres, una sortija 
de hierro en las narices para que no 
hocen los sembrados, y á esto alude 
el proverbio.) 

Anuncia, que el Dio dará. (Palabras 
de un judío que reprendía á su hi- 
jo, ó á cualquiera que se fingió cojo, 
para que Dios no le castigase en ve- 
nirlo á ser, y acomódase á semejan- 
tes ensayos y remedos. Aquí, Malara 
dice su patraña.) 

Ansí, ansí güela la casa á hombre; 
y rodaba por las escaleras. 

Ansí, ansí, que el perejil no es al- 
fafez. 

Ansí andaremos, á pesar de galle- 
gos. 

Ansí ande, cual zaga tras sus pe- 
llejos. 

Ansí andes en verano, como ábre- 
go en verano. 

Ansí acontece en cosas recias, co- 
mo ir á la plaza y venir sin orejas; ó 
ansí acontecen cosas recias. 

Ansí en el ojo el besugo, como el 
enfermo en el pulso. (Se conoce.) 

Ansí engañan á los bobos. (Cuando 
cebando con algo, burlan á uno.) 

Ansí es el queso sin corteza, como 
la doncella sin vergüenza; ó ansí es 
el árbol. 

Ansí es el marido sin hecho, como 
la casa sin techo. 

Ansí es la mujer en domingo, co- 
mo el trigo con rocío. (Porque se ali- 
ña y pone galana.) 



47 



Ansí es dura cosa al loco callar, 
como al cuerdo mal hablar: 

Ansí está el labrador entre dos abo- 
gados, como el poce entre dos gatos. 

Ansí las tenga Vm., como Catalina 
de León. (Dándose las buenas pas- 
cuas, ó noches, se responde á esto con 
gracia maliciosa, torciendo el sentido 
de las en narices, como Catalina de 
León, que era una pescadora desnari- 
gada, en Cádiz muy conocida.) 

Ansí le está, como la silla al asno. 
(Dicho por ironía.) 

Ansí os podéis quedar, como el pe- 
rro de Ecija, que mirando la luna se 
secó pensando que era manteca. 

Ansí lo lleven las viñas. (Dícese á 
quien le sabe bien el vino.) 

Ansí lo hiló la mal lograda. (Cuan- 
do se desvalde algo.) 

Ansí salta, como granizo en albar- 
da. (Dícese de quien se enoja presto 
y se sacude.) 

Ansí, santo, entróos á ver y hurtás- 
teme el asno. 

Ansí se usa con el mozo malo, dar- 
le del pan y del palo. 

Ansí se sacude, como granizo de 
albarda. 

Ansí se despobló Caparra. (Dícenlo 
cuando se van los de una conversa- 
ción, pocos á pocos. Caparra es un 
pedazo de calle de pocas casas, cerca 
de Plasencia, en el Camino de la Pla- 
ta, donde se parecen grandes ruinas 
y rastros de haber sido gran ciudad 
en tiempo de romanos.) 

Ansí se ganó ello. (Ironía á desper- 
dicios.) 

Ansí se consuela quien sus made- 
jas quema; ó con eso se consuela. 
(Esto dice el que no logró su traza, 
trabajo y diligencia; antes, salió con 
daño y pérdida en lo que pensaba 
acertar y ganar, cuando ve en otro el 
mismo suceso y daño; tomóse de los 
oficios de las mujeres, que por ser 
orgullosas, al coger las madejas las 
queman; y si á otras sucede lo mis- 
mo, se consuelan de su j^erro, porque 
mal de muchos, gozo es.) 

Ansí se cría el güerto como el 
puerco. (Entiéndese, con cuidado. El 
Comendador dice como el cuerpo, y 
parece yerro del molde.) 



Ansí se haz el escudero rapaz 
(Que con tales y tules modos bajos 
suyos, viene á ser tenido y mandado 
como rapaz. Mas si rapas se pone en 
vocativo, y se habla con él, será de- 
cirle y enseñar cómo so ha de hacer 
hombre de valor, y se pondrá coma 
antes de rapaz. «Ansí se haz el escu- 
dero, rapaz.») 

Ansí se hace la porrada, sacando 
puerros y echando agua. 

Ansí se hacen los gavilanes man- 
cos, ó mansos. (Dícese cuando burlan 
á alguno, quitándole algo que iba á 
coger, dejándole engañado sin ello.) 

Ansí se hacen los milanos flacos, 
viendo los pollos y deseándolos. 

Ansí dijo la zorra á las uvas, no pu- 
diéndolas alcanzar, que no estaban 
maduras. 

Ansí como á él se le entiende, me 
guarde á mí Dios. 

Ansí como ansí, no las había gana, 
que estaban agrillas. (Disimulación 
de la zorra cuando no pudo alean zal- 
las uvas, porque estaban altas. Aplí- 
case cuando se hace de la necesidad 
virtud, y se disimula al deseo de lo 
que no se puede haber ) 

Ansí parezca yo á Dios, como me 
parece. (Dícese aprobando una cosa 
que parece bien, y varíase conforme 
su género. En un romance al Rey 
D. Felipe II, se dice, hablando con él: 
Ansí parezca yo á Dios, 
como vos me parecéis.) 

Ansí pase el toro por su puerta. 
(Dícese esto con amor á los que se 
pasan de largo sin hablar con los co- 
nocidos, como quejándose de que no 
paren; úsanle mucho las mujeres.) 

Ansí podréis llamar al rey, com- 
padre. 

Ansí te ayude Dios, como tú lo re- 
zas. (Contra los que rezongan y mal- 
dicen entre dientes; puédese variar.) 

Ansí te echen de tu casa. (Compa- 
ración de violencia, y puede ¡ ser 
ironía.) 

Ansí te dé Dios vida, que es ora- 
ción partida. (Cuando uno dice: por 
vida de tal, que fué esto, responde el 
que lo tiene por mentira las palabras 
del refrán, y así te dé Dios á ti la 
vida.) 



48 — 



Ansí tengáis el sueño. (Varíase: 
«Ansí tengas el sueño», «Ansí tenga 
el sueño», y dícese á cosa que no es 
buena ó no verdadera.) 

Ansí va el mundo mezquino, sába- 
do griego y miércoles latino. (Como 
que fueran trabajosos, y del que se 
pasa en pocos días de un rito á otro; 
y con ironía se entiende de los vinos 
buenos, en Italia, de donde vino el 
refrán.) 

Ansí traen duelo, por padre bueno. 

Ansí me la vendieron. (Con esto se 
excusa uno de que le tengan por fal- 
so contando lo que vio.) 

Ansí me las den todas. (Respondía 
á esto un corregidor de Olmedo, 
cuando le decía algún labrador: soy 
de Puras, lugar de la jurisdicción, 
así llamado, torciendo el nombre á 
veces de vino puras.) 

Ansí me secaré. (Habíase lavado un 
desposado, y ofreciéndole paño para 
limpiarse, dijo: «No es menester, que 
ansí me secaré.») 

Ansí me decís que en el monte hay 
lobos y en el valle raposos. (Contra 
los que dicen cosas muy notorias á 
todos, y se admiran sin causa.) 

Ansí medre mi suegro, como la ra- 
ma tras el fuego. 

Ansí sudemos. ¿Qué hará si peces 
vendemos? 

Ansí hacen en Aillón, esos pollicos 
que son. 

Ángel sería, que no hombre; Án- 
gel serías tú. (Cuando ofrecen hacer 
algo que lo estima á quien se hace.) 

Ángel patudo, que quiso volar y 
no pudo. 

Anda á tu amo á sabor, si quieres 
ser servidor y venir á ser señor. 

Anda abrigado, come poco y duer- 
me en alto, si quieres vivir sano. 

Anda, aguja, no te me quedes; pun- 
to de pascua y salto de liebre. 

Anda, aguja, que el sábado viene; 
punto pascual y salto de liebre. 

Anda el hombre al trote por ga- 
nar el capote. 

Anda el diablo suelto. (Cuando hay 
voces y pesadumbres unas tras otras.) 

Anda el fraile con mesura, cada 
noche con la suya. 

Anda el bocezo de boca en boca, 



como el pajarillo de hoja en hoja.' 

Anda el bocezo de boca en boca, 
como la cabra de roca en roca. 

Anda el pajarillo de hoja en hoja, 
como el bocezo de boca en boca. 

Anda el majadero de otero en ote- 
ro, y viene á quebrar en el hombre 
bueno. 

Anda el muerto sobre el vivo. (Dí- 
cese porque sucede muchas veces 
que enfermos de peligro sanan y vi- 
ven, y viene á morir primero quien 
andaba sobre ellos sirviéndolos y 
curándolos.) 

Anda y anda, y nunca traspone. 
(Parece cosa de la sombra propia.) 

Andaos á enamorar y quebraros 
han la cabeza, y moriréis besado. 
(Palabra de escarmiento y á despro- 
pósitos.) 

Andaos á decir gracias. (Reproban- 
do dichos y hechos á despropósito.) 

Andaos á decir verdades y mori- 
réis en los hospitales. 

Andaos á Cándalos, llevaréis ba- 
rriga. 

Andaos á poner las cosas en razón 
y traeredes la cabeza por las paredes. 

Andaos á mudar hitos. (Escarmien- 
to del daño de la mudanza.) 

Andaos á reinas, y moriréis virgen. 

Andaos á requiebros. 

Andaos por ahí á decir verdades, 
y quebraros han la cabeza. 

Andaos por ahí, que os vean. 

Andaos tras el que se le cae la 
capa. 

Anda una ave en el mundo, que di- 
cen ave de tuyo; ó que se dice ave de 
tuyo. 

Anda la almohaza, y toca en la ma- 
tadura. 

Anda la cabra de roca en roca, co- 
mo el bocezo de boca en boca. (La 
causa porque boceza el que ve bo- 
cezar á otro, es, dice Alejandro Afro- 
díseo, por simpatía ó conformidad 
que tiene la naturaleza de los vivien- 
tes, y así mea una bestia viendo 
mear á otra, ó su orina.) 

Anda, lanza, para Francia. 

Anda, niño, anda, que Dios te lo 
manda. (Dícenlo enseñándole á an- 
dar.) 

Anda noramala, agudo, marido mío. 



— 49 - 



Anda noramala, agudo, no andéis 
dormido. 

Anda noramala, agudo, marido 
mío, que andáis dormido. 

Anda, si quieres, que pies y manos 
tienes. 

Anda, zanquivano, presto en la es- 
pida y tardo en el grano. 

Anda, me ol ludo, que en tus men- 
guas bien te ayudo. (Dícese adelante 
de otras maneras: < Calla, zanquivano, 
que en el año bueno no vales un 
grano»; «Calla, meolludo, que en el 
malo bien te ayudo»; «Zancas vanas, 
temprano espigas y tarde gran 
< Calla, calla, rodilludo, que á do tú 
faltas, yo cumplo; ó calla, baldudo, 
do tu faltas, yo cumplo»; habla el tri- 
go y responde el centeno.) 

Anda, gallina, anda; no puedo más, 
que más andará. 

Anda, gallina; no puedo más, que 
más andaría. 

Anda, que no andáis; y él estábase 
quedo. 

Anda, que no andáis, que á las In- 
dias vais; toma que llevéis, para que 
traigáis. (Quiere decir, que es me- 
nester llevar caudal para granjear y 
ganar, ó gobierno.) 

Anda con Dios y con romadizo, la 
pierna quebrada y el cuadril s.ilido. 
Anda con Dios, que un pan me 
llevas. 
Anda como anda, y no como debe. 
Anda, pelo, anda, que Dios te lo 
manda. (Dicen esto los niños, echan- 
do con un soplo á volar un pelo de 
ave, de los lanudos blandos.) 
Anda, perro, tras tu dueño. 
Ándate amor alégrete, que conten- 
tado me has para siempre. 

Ándate, Periquito, holgando; tú te 
lo quieres y yo te lo mando; ó ánda- 
te, hija, holgando. 

Ándate por ahí, judío tundidor. 
(Cuando se anda de balde perdiendo 
el tiempo.) 

Ándate por ahí. Marina, sin t 
Anda todo manga por hombro. (Es 
muy variable. Andan la- cosas man- 
ga por hombro; todo anda manga 
por hombro . Andar manga por 
nombro es andar las cosas confusas 
y revueltas; tomada la metáfora de 



una vestidura, como si se sacase la 
cabeza por donde ha de salir el bra- 
zo y cayese lo que es manga sobre 
el nombro.) 

Anda, Marina, de la cámara á la co- 
cina. 

Anda, malo, tras tu hermano. 

Anda, mozo, anda, de Burgos á 
Aranda; que de Aranda á Extrema- 
dura, yo te llevaré en mi muía. (Ex- 
tremadura se llama lo que está aquen- 
de el río Duero; dicho así de los que 
vivían allende, corrompiendo el vo- 
cablo latino ExAremum Duriae, 6 el 
del romance extremo de Duero. Pasa 
Duero por la villa de Aranda de esta 
parte, de suerte que en pasando la 
puente los que vienen de Burgos, en- 
tran en Extremadura. E) amo que 
parte de Burgos animando á su mozo 
con las palabras del refrán, se obliga 
solamente llevarle caballero la puen- 
te, y el mozo entendía más de cua- 
renta leguas que hay desde Aranda á 
Extremadura, que hoy comienza en 
los Puertos de Plasencia, y de ahí' 
abajo se llama Extremadura.) 

Anda, redonda, que cada día ganas 
una dobla. Xo sé qué t9 ganas, que 
bien ruin andas. (Dicen este cuento 
que un mozo barbero tenía gana de 
casar con la hija de una viuda rica, y 
para dar á entender que ganaba mu- 
cho al oficio, cada vez que veía á la 
viuda pasar por su puerta, tomaba 
una herramienta y poníase á amolar, 
diciendo: «Anda, redonda, que cada 
día ganas una dobla >; á la rueda de 
amolar llamaba redonda. Tantas ve- 
ces lo oyó la viuda, que vino á en- 
tender por qué lo decía; y viéndole 
poco medrado, dijo ella: <Xo sé que 
te ganas, que bien ruin andas. > Con 
esto expiró su pretensión.) 

Anda, hijo. (Dícese á uno que se ve 
andar en holgura sin cuidado ningu- 
no de trabajar, y con donaire é iro- 
nía á semejantes propósii 

Andar á viva quien vence. (Con- 
tra amigos del buen tiempo é ingra- 
tos.) 

Andar á caza de ganga-, ((tai 
son aves no buenas, y por el sonso- 
nete del vocablo se entiende por mu- 
jercillas ruines y por cosas baladíes: 



50 



andar á caza de cosas de poco mo- 
mento.) 

Andar á caza de grillos. (La raposa, 
cuando no halla qué comer, busca 
grillos; y por metáfora, es ocuparse 
en cosas rateras y tener necesidad y 
andar sin pro.) 

Andar á caza con hurón muerto. 

Andar á pógome non pago, no es 
de hombre hidalgo. 

Andar á ruégote que leas. 

Andar, andar, cuerpo á enterrar. 
(Dícese que. por todos caminos y es- 
tados que se vaya, se para en la 
muerte.) 

Andar, andar, que el rabo está por 
desollar. 

Andar á chitos. (Va en las frases.) 

Andar al provecho y no al conten- 
to, uno y otro ganaréis y no al revés. 

Andar al provecho y no al conten- 
to, gánase contento y provecho. 

Andar apartadas como gansos de 
diezmo; ó estar apartados; ó apar- 
tarse. 

Andar en regocijo y volver vacío. 

Andar, libón, libón, ¿qué nos da- 
réis en precio? El borrico trasero. 
(Palabras de un juego de muchachos 
ensartados unos con otros, como re- 
cua, muy antiguo. Libón es griego, 
que significa el postrero, corrupto 
un poco de loipon, en lipón, y éste en 
libón.) 

Andarse á la flor del berro. (Es an- 
darse á sus anchas del que no cuida 
de más que sus gustos.) 

Andar Juan de Espíritus á la car- 
nicería por verdolagas. 

Andar de Herodes á Pilatos. (Cuan- 
do se anda á negociar con diferentes 
personas en diversas partes; y si son 
juez, letrado, procurador y escriba- 
no, viene mejor acomodada la metá- 
fora de la Pasión.) 

Andar de Ceca en Meca y los Caña- 
verales. (Dícese de los que andan de 
una parte á otra y en partes diferen- 
tes vanamente ocupados y sin prove- 
cho; eso denota la adición de los ca- 
ñaverales, la cual se varía y acrecien- 
ta en otros refranes y en este mismo, 
comenzando de otra manera. Ceca y 
Meca son palabras castellanas enfáti- 
cas, fingidas del vulgo para pronom- 



bres indefinidos de lugares diversos, 
que no se nombran, como son Zan- 
quil y Manquil. En aquel refrán del 
mismo sentido" «Zanquil y Manquil y 
la Val de Andorra y la capa hora- 
dada»; y un poco mudado, se dice Za- 
gil y Mandil y Capilla rota: y lo mis- 
mo digo de Zoco y Colodro, que son 
pronombres de lugares vagos, como 
lo son de personas fulano, y citano y 
robiñano, y como traque barraque y 
chao chao lo son de razones vanas sin 
propósito; y hay otras infinitas pala- 
bras de este género hechas por énfa- 
sis del sonido. No creo á los que quie- 
ren decir que Ceca fué una mezquita 
en Córdoba, y que Meca es la de Ara- 
bia, adonde está el zancarrón, que de 
eso no se acordó el castellano viejo. 
Antes dijera yo que Ceca era la ciega 
y adivina, y Meca la mujer perdida, 
tomada por bruja y hechicera, y con- 
viniera con aquel refrán: «Vexe á la 
vedera, meterte há en cansera», y qui- 
siera decir; ándate de adivina en bruja 
y hechicera, y perderás tiempo. Tam- 
poco agrada lo que sienten algunos 
portugueses que allá Ceca y Meca son 
dos ríos turbios, que de uno á otro 
hay muy áspero camino de sierra y 
montes que los dividen. Lo primero 
tengo por cierto.) 

Andar de zoco en colodro. (Lo 
mismo que «Andar de Ceca en Me- 
ca».) 

Andar, diablos, con ese finado, que 
nada nos ha dejado; tras ese finado, 
que no nos deja nada. 

Andar, gallegas, en quince días ca- 
torce leguas. 

Andar con el qué de Juan Gómez 
es. (Dicho en disfavor, que basta la 
compañía del malo para ser uno te- 
nido portal.) 

Andar con ella, padre, que yo la 
vengaré. 

Andar con la colorada. (Cuando 
uno se engañó con la color aparente 
y lleva cosa mala; acogerse con la 
colorada será llevarse la bota.) 

Andar como Torquemada y su asno, 
cuál encima y cuál en bajo. 

Andar cual Zaga tras sus pellejos. 

Andar, cuadril, que allá habéis de 
ir. (Véase «¿A qué tañen? »-) 



- 51 



Andar probando, como cuchillo de 
melonero. 

Andar toda la noche y amanecer en 
casa. (O en» la posada quien camina 
en verano; y los mozos que rondan la 
noche y se acuestan á la madrugada, 

que se recojan con tiempo.) 

Andar, ventura, pues el tiempo os 
muda; ó andar, ventura, pues ei tiem- 
po os madura. 

Andar mundo. (Es que corre: unos 
por buenos se pierden, otros por ma- 
los se ganan.) 

Andar en celos, como gatos en 
Enero. 

Andando y hablando, marido, á la 
horca. (El deteníase á hablarla, y ella 
tenía ya gana de verle ahorcado.) 

Andando de aquí para allí, hallaré 
lo que perdí. 

Andando gana la aceña, que no es- 
tándose queda. 

Andando por esas matas, enseñé á 
mi culo á malas mañas; y cuando fui 
á hablar en concejo, habló el mi culo 
primero. 

¿ Andas ahí, Benito? Xo, maldito; 
fiaos de monjes de hábitos prietos. 
(Dicen que San Benito ató al diablo 
en la mar de Sicilia, y le dijo que es- 
tuviese allí hasta que él volviese; y 
como tarda, cuando pasa por allí al- 
gún navio, pregunta el diablo si vie- 
ne allí San Benito; respóndenle: «No, 
maldito >, y él añade: « Fiaos de mon- 
jes prietos, tocaráse en ei diablo de 
Palermo 

Andad con Dios, marido, á la horca. 

Andad por vuestros pies, que tiem- 
po i 

Andarnos á las verdades, como ha- 
cen las comadres. 

Andamos á salta tú y dámela acá 
tú; ó y dame la tuya. 

Andallo, mi vida, andallo; que sois 
pollo y vais para gallo. 

Anda el ajo por parejo, señora Ra- 
mos, y eche y bebamos. 

Ande y ande, y á mi casa me torné. 

Ande la lengua y estén las manos 
quedas; ó secas, con pulla; ó ande la 
boca. 

Ande la loza, que de vieja me tor- 
naré moza. (Dícese á los que se huel- 
gan y recrean en bailes y placeres. 



se llaman los pl - udillas 

y vasijas en junto, que - • de 

aquel barro; ya se Maman Tala? 
porque se hacen cu ella.) 

Ande la gente alegre y no coma, 
chupe y remude Indias, 

adonde salen á matar reses baldí 
jarretar toros y vacas con medias 
lunas, y no hay espacio de parar- 
comer; avísaselo el refrán y que an- 
den briosos los jinetes y que chu] 
tabaco y la raíz de y muden caballos 
descansados ó yeguas.) 

Ande la cuenta clara, y no parezca 
blanca; ó haya buena cuenta; ó ande 
buena cuenta y blanca no par* 

Ande la tanda, ó ande la rueda. (Es 
en lo que se hace á veces de un< 
otro.) 

Ande la recua, que ya está cargada. 
(Moteja á los corcovados) 

Ándese la gaita por el lugar. (Dicho 
de los que no se les da nada.) 

Ande quedo, no ande dando, liana 
sus cositas callando. 

Ande quien pudiere; quien no, dé- 
jese yacer. 

Ándeme yo caliente, y ríase la 
gente. 

Andén dineros, que todos baila- 
remos. 

Ando enamorado, y no tengo- blan- 
ca ni cornado*. 

Andújar, Padre Baena. (Dice esto 
un penitente que no halla quien le 
absuelva con la facilidad que el Pa- 
dre Baena en Andújar, como quien 
dice que bien haya el que desea vol- 
ver á que le confiese y absuelva. 
Hubo en Andújar un sacerdote que 
llamaban el Padre Baena, que absol- 
vía con facilidad y sin escrúpulo, 
como un Pontífice.) 

Anduvo el diablo suelto. (En gran- 
de revuelta.) 

Andrés Baldrés, de una aguja hace 
tres, y aguijón para los hu< : s. 

Anguila empanada, y lamprea 
cabechada. 

Antaño se murió el mulo, y ogaño 
le besaron en el culo. 

Antaño se murió el mulo, y ogaño 
le hiede el culo. 

Antaño me mordió el sapo, y 
ño se me hinchó el papo. 



— 52 



Ante la puerta del rezador, nun- 
ca eches tu trigo al sol. (Por envi- 
dioso.) 
Antes ciegues, que mal veas. 
Ante cocho que hierva. Ante cuez 
que hierva. (De lo que se quiere an- 
tes de sazón.) 

Ante cuez que hiervas. (Con el mis- 
mo sentido, aquí imperativo y allí 
presente.) 

Ante todas cosas. (Lo que antes de 
toda otra cosa se ha de hacer.) 

Ante reyes, ó grandes, ó calla, ó co- 
sas gratas habla. 

Antes el suelo al jarro, que la boca 
al tarro. (Da á entender que el vino 
vaya adelante de la leche, y no se 
beba tras ella.) 
Antes el golpe que el grito. 
Antes el mar por vecino, que caba- 
llero mezquino. 

Antes hoy que mañana. (Que no se 
dilate lo que importa.) 

Antes la muerte, que quien la haya 
de hartar, halla la mujer carnal. 

Antes santa que nacida. (Lo prime- 
ro es de Nuestra Señora llana y lisa- 
mente, como suena, que de otra aun- 
que santa no se diría sino por enca- 
recimiento. Lo segundo y ordinario, 
cuando ven alabar una mujer de vir- 
tuosa ó una madre á su hija. Las otras 
con enfado, ó envidia, dicen con des- 
dén é ironía: «Sí por cierto, antes san- 
ta que nacida»: como decir: «No es 
todo vero lo que dice el pandero.») 
Antes sin cena, que sin candela. 
(Este refrán cumplen bien en las In- 
dias, porque usan dejar una vela en- 
cendida cuando se acuestan, para toda 
la noche; también es dicho de viejo 
que quiere más la lumbre que la 
cena.) 
Antes ciegues, que tal veas. 
Antes de entrar en el lugar, mear y 
cagar. 

Antes de la hora, grande miedo; 
venidos al punto, venidos al miedo. 
Antes de vendimias, covanillas; ó 
cestos; ó cuévános; ó covanillos. 

Antes de casar, tener casas en qué 
morar, y tierras en qué labrar, y vi- 
ñas que podar. 

Antes de contar, escribe; y antes de 
firmar, recibe. 



Antes de mil años, todos seremos 
calvos. 

Antes di, que digan. (Que le antici- 
pes, y mejor: que seas tan bueno que 
no haya mal que decir de ti.) 

Antes doblar, que quebrar. (Que 
sea uno blando para tratar y pierda 
algo de su derecho y no sea duro, 
porfiado, ni quiebre la amistad por 
poco.) 

Antes faltará al ruiseñor qué can- 
tar, que á la mujer qué parlar y 
llorar. 

Antes faltarán lágrimas, que causa 
para llorarlas. 

Antes falte la palabra en la plaza, 
que el estiércol en la haza. 

Antes fiarás del terrón, que del se- 
ñor. (Por «Que ares no ares, réntame 
pagues». Véase «Antes sierras».) 

Antes fiarás del Señor, que del te- 
rrón. (Que en el Señor Dios tendrás 
tu confianza y no en el terruño, ni 
señor del siglo.) 

Antes barba blanca para tu hija, 
que muchacho de crencha partida; ó 
antes barba cana para tu hija. 

Antes viuda que casada. (Dícese de 
la que, en desposándose, enviudó lue- 
go, encareciendo con lástima lo poco 
que la duró el matrimonio.) 
Antes rey que buena ley. 
Antes cansada que harta. 
Antes cabeza de gato que cola de 
león pardo. (De esta opinión hay 
otros refranes.) 

Antes cabeza de ratón que cola de 
león. 
Antes que acabes, no te alabes. 
Antes que entres en villa cercada, 
mea y caga. 

Antes que yantes, no pases de 
Abrantes. (Es villa de Portugal, abun- 
dosa.) 

Antes que conozcas, ni alabes ni 
cohondas. 

Antes que pase por aquí mañana. 
(Promesa y amenaza de hacer algo 
con brevedad. Varíase el tiempo, se- 
gún el propósito.) 

Antes que pase por aquí el do- 
mingo. 

Antes que pasen por aquí cuatro 
días; un mes, ó un año. (Y quitado el 
adverbio: «Antes que pasen ocho días; 



— 53 



antes de ocho días; antes de un mi 

Antes que pasen por aquí mil años. 
(Lo mismo de arriba, con énfasis.) 

Antes que te digan, digas. (Que se 
adelante en la pendencia, y antes car- 
gue que quede cargado; mejor es que 
no haya en ti que decir, aunque lo 
haya en otros.) 

Antes que te cases, ten casas que 
vivas, y viñas que caves y labres. 

Antes que te cases, mira lo que ha- 
ces, ca no es ñudo que ansí lo des- 
ates. 

Antes que te cases, mira lo que ha- 
ces, que no es ñudo que deshaces. 

Antes que te vayas á la iglesia, ca- 
ga y mea. (Tal consejo importa á las 
mujeres.) 

Antes que mohatres, no te alabes. 
(Dice que no sabes á lo que vendrás, 
si la necesidad te obligará á moha- 
trar como á otros; es como: «Nadie 
diga de esta agua no beberé»; y así, 
no te maravilles del que vieres hacer 
mohatras. La explicación del Comen- 
dador no atañe.) 

Antes quebrar que doblar. (Buen 
consejo para los jueces, que sean en- 
teros, que no doblen la vara ni tuer- 
zan la justicia, y que sean los hom- 
bres firmes y constantes en lo bueno, 
con valor, aunque pasen trabajos y 
mueran por ello.) 

Antes padecer que rendirse á cosa 
fea. 

Antes querría comprar que rogar. 
Antes con buenos á hurtar, que con 
malos á orar. 
Antes cocho que hervido. 
Antes cocho que el agua hierva. 
Antes cuez que hiervas. (De las co- 
sas anticipadas. También aconseja 
hacer las cosas callando, sin anticipar 
ruido.) 

Antes pan que vino, y antes vino 
que tocino, y antes tocino que lino. 
(Que lo más necesario se ha de pro- 
curar primero.) 

Antes perderé la soldada que tan- 
tos mandados haga. 

Antes podrido que comido. (Que se 
guarde para mañana y no se gaste 
luego todo; es consejo con hipérbole 
ó exageración. También reprende 
á los que son escasos y que dejan po- 



drir las cosas, sin aprovecha rl as 
ni dándolas á otros men 

Antes puto que gallego. (Matraca 
contra gallegos, porque la gente baja 
suele encubrir su tierra por haber 
ganado descrédito; la gente granada 
de allá en muy buena.) 

Antes toman al mentiroso que al 
cojo; ó antes cogen al mentiroso. 

Antes torto que ciego del todo. (El 
gallego.) 

Antes tuerto que ciego. 

Antes tuerto que del todo ciego. 

Antes vendrá eso que un cuento 
de renta. (Dícese hablando de las po- 
cas barbas de algún mozo, y de la 
preñez de alguna mujer pobre, y de 
cosas que son más ciertas que de ren- 
ta, y de otras que traen daño. Varíase 
el número como quiere cada uno: 
«Antes vendrá eso que mil ducados 
de renta».) 

Antes mártir que confesor. (Que 
sea uno firme en negar lo que daña, 
y crimen de que le acusan, y no lo 
diga.) 

Antes me beséis que me desto- 
quéis, que me tocó mi tía. 

Antes moral que almendro. (Que 
se determinen los hombres de espa- 
cio y con buena consideración. El 
moral echa muy tarde y el almendro 
muy temprano, y suele quemar la 
flor con las heladas y perder su fru- 
to, lo cual no sucede al moral.) 

Antes morir que ensuciar el vivir; 
ó manchar el vivir. 

Antes morirá algún asno de recue- 
ro, que más falta le hará; ó haga. 
(Cuando hablan de la muerte de al- 
guno que tienen por superfluo su vi- 
vir en el mundo, y de otras cosas de 
tardía esperanza.) 

Antes muerte que vergüenza. (De- 
be escoger el honrado y bueno.) 

Antes halla la caca á su cacón que 
la dueña á su señor. 

Antes horno por vecino que escu- 
dero mezquino. 

Antes huirás del señor que del te- 
rrón. (Quiere decir que te apliques 
á cultivar la tierra, que te acudirá 
con paciencia, y que no sigas el pa- 
lacio y señor terreno, que no es vida 
segura ni firme el favor del señor; y 



54 



el hacendero de lejos ve al caba- 
llero.) 

Antón Bordón parió un ratón; va- 
mos á ver qué gesto le pon. 

Antón a fuese á misa y volvió á 
nona. 

Antona salió de mañana y volvió á 
nona. 

Antój ásele que ve siete sobre un 
asno. 

Antojadizo, como buey tuerto. 

Antojo malo que le vino al al- 
calde. 

Antruejo, buen santo, pascua no 
tanto. (Dicho de negro, por el co- 
mer.) 

Anchicorta como espada del pe- 
rrillo. 

Anchicorta como talego de ciego. 

¿Haste de ir hoy? No, sino maña- 
na. Pues vete por mi casa y echarte 
hé una albarda. (Manera de respon- 
der ó reprender á los flojos y repo- 
sados y tardos.) 

Has de hacer, no lo que quieres, si- 
no lo que debes. 

As cabras de Beja. (En Portugal, 
por cosa preciada las cabras de Beja.) 

Asaz es señal mortal no querer 
sanar. 

Asaz es de mal no querer sanar. 

Asaz no di, si sobrado no hay. 

Asaz sabe quien bien vivir y callar 
sabe. 

Asaz sabe quien vivir sabe. 

Asaz bien baila á quien la fortuna 
hace el son y la mudanza. 

Asaz de ruido y poca lana, dijo el 
que la puerca trasquilaba. 

Asaz puede poco quien no amena- 
za á otro. 

Asaz puede llorar quien no tiene 
quien le aplaque y pueda consolar. 

Asaz presto, si asaz bien. 

Asaz tiene quien buen crédito 
tiene. 

Asenta el pie quedo sacristán nuevo. 

Asenta, escribano, que una blanca 
me debe fulano. 

Asenta, escribano. ¿Qué queréis 
que asiente? Que la hoja del árbol no 
tiene simiente. 

Asenta por esas paredes. (Dícelo 
con enfado quien Jhi de mala gana 
la mercaduría y cosas, y lo dicen que 



así mostrando poca confianza de co- 
brar y que el otro no tiene gana 
de pagar, y teniendo después mala 
cuenta.) 

Asentaisos á mesa puesta con vues- 
tras manos lavadas y poca vergüenza. 

Asentar el pie llano, ú de cuesta, el 
seso muestra. (Asentar el pie llano es 
vivir bien, sin perjuicio de nadie ni 
escándalo.) 

Asentarse á mesa puesta, sin saber 
lo que cuesta. 

Asentar pinadas, pocas y mal guar- 
dadas. (Pina, ó pinada, se llama en el 
juego de la chueca entre dos bandos 
en un llano raso, que procuran pasar 
la chueca con botes de cayado por la 
pina de los contrarios, que es una 
como portada hecha de dos lanzas, ó 
aguijadas, hincadas en el suelo en 
proporcionada distancia, y otra al 
otro cabo del campo de los contra- 
rios, y asiste uno en cada una á guar- 
dar que no pase la chueca.) 

Asienta culo, y henchirás huso. 
(Que se asista al trabajo y lucirá.) 

Asiéntate en duro, romperás las 
bragas y dolerte há el culo. 

Asirle de los compañones, para 
que nos deje de los cabezones. 

Asolver si querer y nunca sacar 
por puntos. (Confesión de morisco ó 
vizcaíno.) 

Asna con pollino, ó burra con po- 
llino, no va derecha al molino. 

Asna coja, más habrás de madrugar. 

Asnis burris, campis pacis. (Dícese 
motejando al latín.) 

Asno lerdo, tú dirás lo tuyo y des- 
pués lo ajeno. 

Asno sea quien asno bajea; ó quien 
asno vocea. 

Asno do aguador, asno roznador. 

Asno de muchos, lobos le comen. 

Asno que entra en dehesa ajena, 
volverá cargado de leña. 

Asno con oro. alcánzalo todo. 

Asno cojo, y hombre rojo, y el de- 
muño, todo es uno. 

Asno para polvo, caballo para lo- 
do, macho para todo. 

Asno para polvo, rocín para lodo, 
muía y macho para todo. 

Asno malo cal e casa, aguija sin 
palo. 



— 55 



A-no matado, de Jejos avienta tas 
pegas. * 

Asno mollino, ó muy malo ó muy 
tino; ó muy ruin ó muy fino. 

A-no mollino, corto de vista y ruin 
do contino. (Por de mala catadura.) 

A<no mollino., malo de carga y 
de camino. 

Asnos en Jaén, burras en Beojíjar, 
hombres de Baeza, mujeres de Ube- 
da, bueyes en la Serena, mentiras en 
Sayote; en Villaoarrillo, trigo; en 
ToYafe, frío; en Villanueva, gala; en 
B3as, frescura; tontos en Hornos, be- 
llacos en Segura. 

Asqueroso os halléis tornado, pues 
ya comisteis de este guisado. 

Ásperas piernas tenéis. Elvira; ás- 
peras piernas y áspera vida. 

Asturiano ni mulo, ninguno. 

Astuto como un raposo. 

Azafrán de noche y candela de día, 
es cosa perdida. (Lo del azafrán es 
por lo que ponen en las tocas, que 
no luce; algunos quieren que sea de 
los guisados que no se descubre, ó 
por ser dañoso y caliente para de 
noche.) 

Aceite en lo alto, vino en el medio 
y miel en lo bajo. (Es lo mejor.) 

Aceite, y vino, y amigo, en lo anti- 
guo; y añejo el tocino. 

Aceite lo de encima, vino lo del 
medio, miel la del hondón. 

Aceite de oliva, todo mal quita. 

Aceite de cepas, marido, que me 
afino. 

Aceite, hierro y sal, mercaduría 
real. 

Aceituna, una. (Porque muchas no 
hacen provecho y son melancóli- 
cas.) 

Aceituna, una es oro; dos, plata, y 
la tercera, mata. (Es lo más cierto.) 

Aceituna, una es plata; dos, son 
oro, y tres son lodo. (Opiniones son.) 

Aceituna, una docena de docenas. 
{Esto dice el que las tiene gana, por 
ser apetitosas, y añadió uno una do- 
cena: otro multiplicó docena de doce- 
nas: otro añadió por junto iota ha- 
nega 

Aceitunas, y pan, y queso, eso tie- 
ne la corte en peso. 

Acertado la há Pedro á la cojuga- 



da, que el rabo lleva tuerto y la ala 
quebrada. 

Acertóla Pedro á la cojugada, que 
el rabo lleva tuerto. (Moteja de tuer- 
to y mal tirador.) 

Acertó á mear el buey en la cala- O- 
baza. (Acaso en que acierta un necio.) 

Aceta mi alma la que te dan, sin 
deberte nada. 

Aciértalo tú, que yo lo diré. 

Azota, que tu carne azotas. (Dicho 
de un negro que azotaba su amo en 
Toledo.) 

Azotáronte, Mahoma, sí, cuanta en- 
vidia. 

Azotante, Mahoma, cuanta envidia. 

Azotan á la gata, si no hila nuestra 
ama. 

Azótenme en la plaza, y no lo se- 
pan en mi casa. (Cosa tan pública, de 
creer es que lo sabrán en su casa, 
pues lo sabe todo el lugar; contra 
los que quieren encubrir cosas muy 
públicas que les pasan; no hablamos 
aquí del prójimo, antes decimos que 
es virtud muy grande enterrarlas si 
hay faltas.) 

Azótenme en consejo, y no lo se- 
pan en mi casa. (Con este sentido, 
que le está á uno bien que sus casti- 
gos, penas y pérdidas sean en secre- 
to, y no las sepan ni aun en su casa, 
ni en su tierra si le sucede ausente, 
y con esta condición dice que sufrirá 
las que viniere.) 

Azóteme mi madre, y no lo sepa 
mi padre. 

Azotes y galeras. (Condenación or- 
dinaria que hacen los jueces á ladro- 
nes, y trasládase á las curas ordina- 
rias de los médicos sangrar y purgar, 
que á esto condenan al enfermo. 
Aplícase también á otras cosas seme- 
jantes.) 

Azúcar rosado en canicular 

Ax que coma, ax que pica. (Dícese 
por gracia excusándose de tocar, ó 
tomar, alguna cosa, y retirándose 
como de peligro, y burlándose del 
que no osa tocarla con la mano.) 

M°, } T puerro, y queso, y miel, y 
peras en adobo; ó y peras en el olmo. 

Ajo y vino puro, y luego veréis 
quién es cada uno. (Si se toma, si se 
pee.) 



56 — 



Ajo pío y vino puro, pasan el puer- 
to seguro. 

Ajo, ¿por qué no fuiste bueno? 
Porque no me halló San Martín 
puesto. 

Ajos quiere el cochino; ajos quiere 
este cochino; ajos quiere cochino. 

Ajos majan; bien comerán; dijo el 
gato quizá mal. 

Ajuntar oro con lodo, es hacello 
lodo todo. 

Aderézame esos bledos. (Lo que 
«Aderézame esas medidas».) 

Adelántate, hijuela, y llámale cor- 
nudo. (Contra los que enseñan á des- 
vergüenzas.) 

Adelantarse, como los de Embid, á 
Pascua. (Es lugar de Aragón: el cura 
sabía poco, y no supo cuándo era la 
cuaresma, y no se guardó en su lu- 
gar enteramente. Cerca de Pascua sa- 
lió á caza, y en el campo se encontró 
con otro cura vecino, el cual le pre- 
guntó cómo iba de cuaresma; el igno- 
rante respondió que aún no era ve- 
nida; el otro dijo, riendo: «Si estamos 
al cabo de ella, y para tal día es Pas- 
cua, y así lo diré yo á mis feligreses». 
El de Embid, dijo: «Pues por ahí no 
me la llevaréis»; y adelantóse á echar 
la Pascua en la Semana Santa. Ma- 
traca es que dan á los de Embid. Va- 
ríase: «Adelantóse, como los de Em- 
bid, á Pascua».) 

Adelantarse, como los de Cuéllar. 
(También esto es matraca, y se en- 
tiende por el pasado.) 

Adelante es la casa del abad. (Dí- 
cenlo en aldeas que no hay posadas, 
á los forasteros, por echar la carga 
de huéspedes á los curas.) 

Adelante los de Cascante, siete con 
tres orejas y las dos lleva el asno. 
(Por la cuenta, entre todos no había 
más que una oreja; moteja de ladro- 
nes desorejados.) 

Adelante los medrados, y eran ca- 
torce con siete orejas. 
Adelante con ese canario. 
Adiante, como o rey de Portugal. 
(Usárnosle imitando al portugués.) 

Adivina, adivinador: ¿las uvas de 
mi majuelo, qué cosa son? 

Adivina quién te dio. (Dícese en 
un juego que está uno tapados los 



ojos y la mano extendida, los dedos 
arriba, la palma afuera, y le dan pal- 
madas en ella, y le pregunta uno que 
le tiene entre las rodillas y le tapa 
los ojos: «Adivina quién te dio», 
hasta que conoce y acierta quién le 
dio.) 

Adivina como gitano, que acierta 
dónde está la bolsa, mirando la mano. 
(Adivinar en cada negocio qué fin 
habrá es gastar el tiempo en nada, 
por su dificultad.) 

Adivino de Valderas, cuando co- 
rren las canales, que se mojan las 
carreras. 

Adivino de Marchena, que el sol 
presto, el asno á la sombra queda. 
(Otros dicen: «Adivino deCarchena»; 
y lo dirán de los lugares que ayu- 
dare el consonante, como Lucena, La 
Serena.) 

Adivino de Salamanca, que no tie- 
ne dinero quien no tiene blanca. 

Adivino del pan y del vino. 

A do las dan, ahí las toman. 

A do cote, correa de cuero, que de 
mal mozo haces bueno. 

Adonde hay más prudencia, debe 
haber más clemencia. 

Adonde has de ir no has de mentir. 

Adonde está el rey, allí está la 
corte. 

Adonde no hay, no cumple buscar. 

Adonde no está el dueño, ahí está 
el duelo. 

Adonde no está su dueño, allí está 
su duelo. 

¿Adonde dará el ascua, sino en el 
dedo del quemado? 

¿Adonde pondremos este santo? 
(Dícese de una persona que se esti- 
ma y procura dar todo gusto.) 

Adonde tienes los dientes, allí tie- 
nes las mientes; ó adonde tiene. 

Adonde quiera hay una legua de 
mal camino. 

¿Adonde vas, mal? Adonde más 
hay. 

Adoba paño, y pasarás año. 

Adoba tu paño, y pasarás tu año. 

Adobadme esas medidas. (Cuando 
se dicen desconciertos.) 

Afán de cazuela, guisarla y no co- 
merla. 

Afanar, afanar, y nunca medrar. 



57 — 



Afeita un cepo, y parecerá mance- 
bo. (Cepo es tronco y palo basto.) 

Aftción ciega razón. 

Aguedita, y si te meas al corral, 
maldita seas. 

Aguijar ai hígado, que brama la 
vaca. (Es de aldeas que matan la 
vaca el sábado por la tarde; de ahí 
salió el otro: «Hay mucha priesa al 
hígado».) 

Agora, agora, agora que estoy sola. 

Ahora le membró la muerte de 
Juan Grande. 

Agora lo veredes, dijo Agrajes con 
sus pajes. 

Agora no es hora de bésame es- 
posa. 

Agora sí que estaréis contento, que 
tenéis dos fuera y uno dentro. (Fin- 
gen que son palabras de una aldeana 
viuda, en su lamento y duelo, dichas 
al cura que había enterrado dos ma- 
ridos fuera en el cementerio, y ahora 
enterraba el tercero dentro en la 
iglesia. Tiene gracia y malicia en la 
ambigüedad, y alusión á otra cosa.) 

Agora que tengo oveja y borregos, 
todos me dicen en hora buena estéis, 
Pedro. (Sucede honrar á los que me- 
dran, y á los que no, dejarlos.) 

Agora que tiene potro, vuelve la 
vida en otro. 

Agora te digo que te desconvido. 

Agosto y vendimia, no es cada día. 

Agosto y Septiembre no duran 
siempre. (Entiéndese con el trabajo 
de coger los esquilmos, y en la abun- 
dancia y gozar de los frutos.) 

Agosto, frío en rostro. (Porque de- 
mediado Agosto, suele llover y re- 
frescar.) 

Agosto tiene la culpa, y Septiem- 
bre lleva la fruta; y el provecho los 
médicos y curas. También dicen: 
«Agosto tiene la culpa, y Septiembre 
lleva la pulpa». (Entiéndese de las 
enfermedades que se cogen en Agos- 
to y se pagan en Septiembre, y tam- 
bién de los frutos, que los sazona y 
madura Agosto, y los vendimia Sep- 
tiembre.) 

Agosto madura, y Septiembre ven- 
dimia la uva y fruta. 

Agua, agua, que se arde la fragua; 
ó agua, que se quema la fragua. 



Agua abajo á la contina, atinarás á 
la marina. (Porque los ríos van al 
mar.) 

Agua al higo, y á la pera vino. 
(Porque el higo es caliente, y la pera 
fría.) 

Agua en cesto, y amor de niño, y 
viento de culo, todo es uno. 

Agua y sol, para las güertas, es la- 
garta; y para las viñas, pulgón. (La- 
garta es la oruga que come las hojas; 
pulgón, el pedruelo, gusanillo que 
come la yema ó tallo de las vides 
cuando echan.) 

Agua y sol, tiempo de requesón; 
sol y agua, tiempo de cuajada. (Quie- 
re decir que entrambas cosas se ha- 
cen en un mismo tiempo, que es por 
Abril y Mayo.) 

Agua y viento sobre la casa del 
viejo. (Porque la tiene reparada como 
experimentado, y que no le empece- 
rán estas cosas.) 

Agua lo dio, y agua lo llevó. (Dí- 
jolo el tabernero, que el agua le 
llevó el caudal.) 

Agua, ni quiebra güeso ni desca- 
labra. (Que por temor de mojarse no 
se deje de hacer lo que importa, que 
el menor daño que puede suceder es 
mojarse.) 

Agua no enferma, ni embeoda ni 
adeuda. 

Agua no quebranta güeso. 

Agua sobre agua, ni cura ni lava. 
(Que es menester jabón y sol para 
curar y blanquear los paños, y las 
telas que se mojen y dejen tomar sol 
y se vuelvan á mojar y solear.) 

Agua sobre agua, ni vale sayo ni 
capa. (Porque la mucha lluvia lo cala 
todo.) 

Agua sobre polvo, y hielo sobre 
todo; para el tempero del pan en in- 
vierno. 

Agua de Agosto, azafrán, y miel, y 
mosto. 

Agua de Enero, todo el año tiene 
tempero. 

Agua de lejos, no apaga fuego. 

Agua de sierra, y sombra de pie- 
dra; ó peña. 

Agua de cepas y orinal te pondrán 
en el hospital. 

Agua de Duero, caldo de pollos. 



— 58 — 



(Es buena para beber y lavarse las 
mujeres.) 

Agua de por San Juan, quita vino 
y no da pan; por Agosto, ni pan ni 
mosto. 

Agua de turbión, en una parte da, 
en otra non. 

Agua de Mayo, sáname esta sarna 
que trayo. 

Agua de Mayo, quita la sarna de 
todo el año. 

Agua de Mayo, pan para todo el 
año. 

Agua de Mayo mata gocho de un 
año. (El asturiano llama gocho al co- 
chino pequeño, porque hay con que 
le engordar para el año.) 

Agua de Mayo vale un caballo. 

Agua de Mareo, peor que la man- 
cha en el sayo; ó en el paño. 

Agua de turbión, en una parte da 
y en otra non. 

Agua de Hebrero mata al onzo- 
nero. (El asturiano llama onzonero 
al renovero.) 

Agua, Dios, agua, que la tierra lo 
demanda. (Clamor á Dios en tiempo 
seco.) 

Agua, Dios, y venga Mayo, que pan 
tenemos; y tenía media libra. (En 
Andalucía se cogen los boyeros des- 
de San Miguel hasta Mayo, y desean 
agua para hierba y buen tempero, y 
por Mayo coger la ganancia y volver 
á ganar otra soldada de más cuantía.) 

Agua; Dios, que ruin se moja; y 
caíale encima de la boca. 

Agua fría y pan caliente, nunca hi- 
cieron buen vientre. 

Agua fría, sarna cría. 

Agua roja, sarna escosca. (Escos- 
car, descaspar.) 

Agua bermeja y sombra de teja. 

Agua buena sin olor, color, ni sa- 
bor, y que la vea el sol. 

Agua blanda, en piedra dura, tanto 
da que hace cavadura. 

Agua que corre, nunca mal coge. 
(El asturiano: «Agua que corre, nun- 
ca mal culce».) 

Agua que pasó, molino no muele. 

Agua pasada no muele molino. 

Agua coge con harnero, quien se 
cree de ligero. 

Agua turbia no hace espejo. 



Agua, tras harina va. (Que al masar 
se vaya echando agua poco á poco.) 

Agua trotada, tanto val como ce- 
bada. (Como con temor del agua sue- 
len picar con cuidado, y las mismas 
cabalgaduras andan animosamente 
cuando llovizna.) 

Agua va, moza, y todo. En cuanto 
va la moza, pare la boca. (Dicen lo 
primero derramando agua por la 
ventana en la calle, y de abajo dicen 
lo segundo por burla, y rechaza lo 
demás.) 

Agua va ; que las arrojo. 

Agua vertida, no toda cogida. 

Agua, viento y cuchilladas, desde 
la cama. (Entiende oirías.) 

Agua mala, hervida y colada. 

Agua revellada, solano la saca. (Del 
viento solano no es propio llover; 
mas despierta al ábrego, su vecino, 
que llueva. Revellada es lo mesmo 
que revelada, que no quiere caer y 
parece que huye cuando es menester 
venir; estar y quedar revellado el 
hurón, es propio cuando se queda en 
el vivar, cebado, sin gana de salir: 
nace de revellare.) 

Agua hervida, es media vida. 

Aguardad, pasará nuestro yerno. 

Aguas fridas de Jaén, ¿cuándo nos 
volveremos á ver? 

Aguates, padre. (Son frutas de las 
Indias, provocativas á lujuria, como 
acá piñones, ó caracoles, ó cantári- 
das. Confesándose una mulata, hizo 
escrúpulo de haber comido aguates 
para cierta ocasión, y en el discurso 
de la confesión y al cabo de ella; el 
confesor la preguntó veces para te- 
ner memoria, qué fruta era aquella 
que había comido, y ella respondió: 
«Aguates, padre»; tanto que ella notó 
malicia de hacer él memoria, si para 
otro tal fin era. Aplícase á propósito 
de tales curiosidades en Indias, por 
la gana que él mostró de conocer la 
fruta y su propiedad.) 

Agüero bueno, pues baila el viejo. 

Agüela, ¿dónde vos daré que no os 
duela? Ay, nieto, en este remiendo 
prieto. 

Agüelo, agüelo, tenedme este dedo. 

Agúzmelo, tamborilero, que este 
son agudito lo quiero. 



- 59 



Aguja, sastre, y dedal os darán por 
medio real. 
Aguja calumbrienta, no entrarás 

en mi herramienta. (Es orinienta.) 

Aguja que doble, para sastre po- 
bre. (Que no sea quebradiza y le 
falte.) 

Agujita, ¿qué sabes hacer? Apula- 
zar y sobrecoser; ó ahilvanar y so-« 
brecoser. (Dícese también: Oficial, 
¿qué sabes hacer?- Y responde lo 
demás.) 

Agudillo, agudillo, ¿y quién lleva- 
rá la carga? (Metáfora de los rocine- 
gudos y para poca carga. Contra 
los muy bachilleres sin buen juicio. 
y los vivos y apresurados que son 
para poco.) 

Agudo como la hija del herrero, 
que desdel ayunque saltó á su padre 
en el cerro. 

Agudo como la punta de un col- 
chón; como punta de majadero; como 
punta de orinal. (Apodo contra rudo 
y mal ingenio.) 

Agradecemo, vecinas, en buena 
hora, que echo tocino en mi olla. 

Agradécemelo, vecinas, que echo 
salvados á mis gallinas. 

Agradécemelo, vecinas, que quie- 
ro bien á mis hijas. (Contra los que 
quieren gracias de lo que les está 
bien á ellos, y no se les deben.) 

Agrillas eran, y fuera de eso no las 
había gana. (Palabras de la zorra, no 
pudiendo alcanzar las uvas. Aplícase 
á los que, no saliendo con su intento, 
dicen que no les estaba bien y no 
pusieron diligencia.) 

Abaja acá, gallo, que estás encara- 
mado. 

Abaja acá, pollo, que estás en somo; 
y más usado: «Abaja acá, Marica». 
¡(Dícese cuando uno so alarga en men- 
tir y encarecer, como más acá hay 
posada, con lo cual se le da sofre- 
nada.) 

Abájanse las sillas, y álzanse las 
banquillas. 

Abájanse los adarves, y álzanse los 
muladares. 

Abájanse los estrados, y álzanse 
los establos. 

Abajo está la miel; ó en lo bajo 
está la miel. (Es lo que «Al fin se 



canta la gloria ; que tras el trabajo 
viene el premio y descanso.) 

Abad avariento, por un gorrión; ó 
bodigo, pierde ciento. (Esto -li- 
en aldeas, cuando por ser muy inta- 
sado el cura, pierde la amistad y 
ofrenda de todo el año.) 

Abad y gorrión, malas aves son. 

Abad y ballestero, mal para 1<>- 
moros; ó mala para los moros. (Iba á 
decir este refrán mal para los feli- 
greses y subditos, y corrigi 
gracia, y dispara como en aquello, y 
la más cuera i de lana;j dijo para los 
moros, por hablar con ambigüedad, 
que es muy usado porque* no cojan 
en palabras al que dice contra otro, 
y pueda dar al otro salida á su salvo 
diferente de la que le arguyen. Re- 
prenden á los curas, prelados y su- 
periores de ásperos y distraídos do" 
su obligación, y que parece mal á los 
eclesiásticos ser belicosos y tratar 
armas y ejercicios seglares, sino que 
se ocupen en letras, y enseñar, y doc- 
trinar á los que tienen de su cargo, 
con mansedumbre y caridad cristia- 
na; puédese aplicar á que si un ecle- 
siástico celoso de la honra de Dios, 
en su servicio emprende guerra, es 
formidable á los impíos, y los vence, 
como le sucedió al Cardenal D. Gil 
de Albornoz y á Fr. Francisco Jimé- 
nez, Cardenal y Arzobispo de Tole- 
do,, que ganó á Oran. La letra es ca- 
paz de entenderse de dos personas, ó 
bandos de ellas. Abad, por la piedad 
cristiana y justicia en la guerra y 
oraciones á Dios y por la gente ar- 
mada contra los enemigos, que en- 
tonces serán vencidos. Quiere decir 
más, que los superiores y goberna- 
dores si fueren tiranos, será mal para 
los subditos inferiores.) 

Abad sin ciencia y conciencia, no 
le salva la inocencia. 

Abad, judío y madona, jamás per- 
dona. 

Abad de aldea, mucho canta y poco 
medra. 

Abad de Carzuela, comisteis la olla 
y pedís la cazuela. 

Abad muy cerrero, no le traigas 
á tu otero. (Cerrero, por cerril, muy 
mozo. Metáfora de las cabalgaduras 



que no son domadas; puédese tomar 
por avaro, encerrador, deducido de 
cerrar.) 

Abad halaguero, tened el cuello 
quedo. 

Abades, rocío de panes. 

Aballa, pastor, las espaldas al sol. 
(Aballar es casi aquillotrar, carear y 
acomodar, mover el ganado y echar- 
lo á pacer, y que lleve la cabeza á su 
sombra, y á él le nota de haragán, 
tendido.) 

Abernuncio, Satanás, mala capa lle- 
varás. (Es decir que el que quiere vi- 
vir bien con mucha conciencia, vivirá 
pobre. Abernuncio, por abrenuncio.) 

Abeja, y oveja, y piedra que rabe- 
ja, y péndola tras oreja, y parte en 
la Igreja, deseaba á su hijo la vieja. 

Abenruiz y Galieno, traen á mi 
casa el bien ajeno. 

Avezóse el asno á las berzas, y no 
dejó verdes ni secas. 

Avezóse la vieja á los bledos, no 
dejó verdes ni secos; ó regostóse. 

Abogado sin ciencia y sin concien- 
cia, merece gran sentencia y peni- 
tencia. 

Aborrecí el cogombro, y nacióme 
en el hombro. 

Aborrecí el perejil, y nacióme en 
la frente. 

Ábrame, hilandera de torno, mira 
que me torno. (Fué cantar.) 

Abrazadme, y besaros hé. 

Abrazadme, que no os faltará un 
beso. (Contra los que demandan mu- 
cho por poco y dan menos que reci- 
ben.) 

Abre las ventanas al cierzo y al 
Oriente, y ciérralas al Mediodía y al 
Poniente. 

Abre tu bolsa, que yo abriré mi 
boca. 

Ábreme, hilandera de rueca, ha- 
rete la güeca. 

Abrir el ojo, que asan carne. 

Abrid el ojo, que asan carne. 

Abrir el ojo, que carne asan. 

Abrir el nombre, y dar lugar por 
donde le entren al melonar, sería 
necedad. 

Abril, aguas mil, cernidas por un 
mandil. (Que sean blandas sin tur- 
biones.) 



Abril y Mayo, la llave de todo el 
año. 

Abril, sácalas de cubil y pónelas 
en astil. (Entiende las cebadan.) 

Abril, sácalo de cubil; y dijo la 
buena vieja: lo mío al cenojil. (El 
trigo.) 

Abril son puestas, y Mayo las lleva 
á cuestas. (Habla del tempero y fru- 
tos.) 

Abril frío, pan y vino. 

Abril frío, tortas de trigo. 

Abril frío, mucho pan y poco vino. 

Abril llueve para los hombres y 
Mayo para las bestias. (Lo primero 
por el trigo, lo segundo por la hierba.) 

Abril frío, hinche el silo, y mojado, 
silo y campo. 

Abriles y condes, los más son trai- 
dores. (Abriles, si no llueve; condes, 
por D. Julián y Galalón.) 

Abrid, abrid, qué soy de la boda; 
pariente del pariente que hizo los 
zuecos á la novia. 

Abrid, Jámila, que con malos vengo. 

Acá es sobre un ciento de nueces. 
(Dícese disimulando.) 

Acá está Blasco, que no habrá asco. 

Acá y allá más hadas há. (Há por 
hay; cae las malas fadas a portu- 
gués.) 

Acá os hallo, amor querido, en el 
mi libro. 

Acá lo há Marta con sus pollos. 

Acá no me vean pasar mal, que en 
el infierno no me verán pernear. 
(Contra los que ganan hacienda con 
malos tratos á tuerto y á derecho, y 
usurpan lo ajeno, y no restituyen por 
no caer del fausto presente.) 

Acá como acá, y allá como allá. 

Acá venimos con porras; echa para 
allá, compadre. (Este refrán salió de 
Jerez de los Caballeros, donde acom- 
pañándose con un caballero Porras, 
lo decían con ambigüedad adonde 
entraban.) 

Acá vengo que me lo hagáis, y ná- 
cemelo luego, y dádmelo un golpe 
más; de lo mío no tengáis duelo, y 
juntad me lo blanco y colorado con 
lo negro. (Palabras de la que va á te- 
jer mandiles y cosas de colores.) 

Acaece con desealla, hacer mella 
en la dama ó en su fama. 



61 - 



Acaba con puro, y si hay indiges- 
tión, duerme con jubón. 

Acaba con vino puro, y si traes in- 
digestión, dormirás con el jubón. 

Acaba con vino puro si tienes indi- 
gestión, y duerme con el jubón. 

Acabado» sean nuestros pecados. 
(Varíase: Acabados sean mis peca- 
dos; tus pecados»; dícese cuando se 
da cuenta que se acabó algo.) 

Acabóse la plana, acabóse con la 
priesa. 

A cabo de rato, Andújar. (Que llegó 
tarde su consejo dada la batalla.) 

A cabo de rato, oxte. (Cortado de 
ojete. Dícese oiste, ó usté.) 

Aquel ansí bien danza, que tiene 
amigos en la sala; ó en la plaza.. 

Aquel andará por las callejas, que 
no pone rienda en las espensas. 
(Hieldo.) 

Aquel es hombre, que correspon- 
de al nombre. 

Aquel es solamente libre, que al 
pecado no sirve. (Sentencia es de 
San Jerónimo.) 

Aquel es de llorar, que tuvo bien 
y vino á mal. 

Aquel es buen orador, que á sí per- 
suade la razón. (Conviene al predi- 
cador.) 

Aquel es buen cirujano, que ha 
sido bien acuchillado. 

Aquel es buen día. cuando la sar- 
tén chía; ó chilla. 

Aquel es goloso, que come lo que 
no tiene. 

Aquel es bueno, que está bien con 
Dios. 

Aquel es tu amigo, que no te es 
muy vecino. 

Aquel es tu amigo, que te quita de 
ruido. 

Aquel es rey, que nunca vio rey; ó 
que nunca vio al rey. 

Aquel es rico, que está bien con 
Dios; ó que está en gracia de Dios. 

Aquel es rico, que tiene amigos; ó 
aquel es noble y rico, que tiene 
amigos. 

Aquel nos loar debemos, cuyo pan 
comemos. 

Aquel sabe que salvarse sabe. 

Aquel sabe que se salva, que el 
otro no sabe nada. 



Aquel se hace mucho de rogar, que 

no le place virtudes obrar. 
Aquel si viene, no viene, 

Aquel si sale, no sale, 

No hay dolor que se 1<> iguale, 

De cuantos el amor tiene; 

ó el mundo tiene. 

Aquel día perdí mi honor, que ha- 
blé mal y oí peor. 

Aquel caballero, madre, q'acá vino, 
q'acá está, q'acá tiene la voluntad; ó 
que conmigo dormirá. 

Aquel que de virtud no tiene escu- 
do, faltándole la ropa queda des- 
nudo. 

Aquel pierde feria, que no tiene 
qué llevar á ella. 

Aquel pierde venta, que no tiene 
qué venda. 

Aquel traba lid, que oye y diz. 

Aquel traba lide, que oye y dice. 

Aquel va sano, que anda por lo 
llano; ó aquel va más sano, que anda 
por lo llano. 

Aqueste tu apetito baja, que con 
vejez ó muerte, todo pasa. 

Aquejar hasta la mata. (Metáfora de 
la caza. Varíase: «Aquejarme, aque- 
jarle hasta la mata».) 

iVquella ave es mala, que su nido 
caga; ó su nido estraga. 

Aquella es honrada fina, que lo es 
combatida; y si es honrada sin com- 
bate, no se ensalce. 

Aquella es bien casada, que no tie- 
ne suegra ni cuñada. 

Aquella es casta, que no es reques- 
tada. (Dice la flaqueza de las ocasio- 
nes.) 

Aquella es mi nuera, la de los pa- 
bilones en la rueca; y aquella es mi 
hija, la que bonito lo hila. (Que las 
cosas de los que amamos nos pare- 
cen bien, y mal las de los que abo- 
rrecemos.) 

Aquella estrella, escolar va en ella. 

Aquella no es cabal honrada, que 
no es combatida y conquistada. (No 
es esta regla general.) 

Aquella muere de parto, que los 
tiene de hado. 

Aquella llamo yo dueña, que tiene 
harina en la duerna. 

Aquellos son ricos, que tienen ami- 
gos. 



62 — 



Aquellos tienen amigos, que son 
ricos. 

Aquí ha de ser la de Güésear y Vé- 
lez. (Yendo contra moros de Grana- 
da, se amotinaron entre sí los de 
Güésear y los de Vélez, y se dieron 
una cruel batalla, y quedó por re- 
frán: «La de Güésear y Vélez». Este 
fué Vélez el blanco, que cae en el 
reino de Granada; Vélez el Rubio está 
en el de Murcia.) 

Aquí, aquí, señor doctor; aquí, 
aquí tengo el dolor. 

Aquí, aquí, concejo ruin, que se 
ahoga el santo. (Habían caído con él 
en un charco los que le llevaban. 
Otros dicen: «Aquí, aquí, concejo 
puto».) 

Aquí es donde se daban los frailes 
de capillazos por falta de piedras. 
(Ironía para decir que hay allí mu- 
chas piedras y guijarros.) 

Aquí estáis vos, y la horca vacía. 
Aquí estás tú, y la horca vacía. Aquí 
está fulano, y la horca vacía. (Esta y 
más variedad puede tener hablando 
de un bellaco.) 

Aquí estamos, y aquí estaremos, 
que es el sino de los vaqueros. 

Aquí estamos, y aquí estaremos, 
que es el sino de los vaqueros. 

Aquí luego, por fuego á Toledo. 
(Respuesta, preguntando dónde vais.) 

Aquí no hay soto donde no salga 
lobo. 

Aquí no hay mata donde lobo sal- 
ga. (Para quitar miedo.) 
. Aquí, señores, tú por tú, como ta- 
pia dores. 

Aquí, zapata; aquí no, zapato. (Lo 
que un pie calzado y otro descal- 
zo.) 

Aquí, Jesús, Mari López mía. 

Aquí fortuna ordena, que donde 
tuve el placer tenga la pena. 

Aquí fué Troya. (Dícese cuando 
hay escarapela, ó en lugar donde La 
hubo.) 

Aquí gracias, y después gloria; y 
luego la olla. 

Aquí cómense las capas. (Dícese 
adonde hay aire frío y no se puede 
parar. Metáfora con ironía de los que 
venden las capas con necesidad, para 
comer, y dicen no se comen de poli- 



lla, ó cómense aquí las capas de po- 
lilla.) 

Aquí perdí una aguja, y aquí la 
tengo de hallar. 

Aquí perdí la aguja, mas aquí la 
hallaré. 

Aquí perdí la capa, y aquí la he de 
hallar; la tengo de hallar. 

Aquí te tengo, pájaro triguero; tén- 
gote en el lazo, palomo torcazo. 

Aquí prende el arado. 

Aquí tuerce la puerca el rabo. (Dí- 
cese cuando hay en algo dificultad.) 

Aquí venden ropa. (De lugar airoso 
y frío.) 

Aquí morirá Sansón y cuantos con 
él son. (Tómase de la historia de los 
Jueces.) 

Aquí morirá Sancha la Bermeja, y 
con Santo Domingo quedará la de- 
hesa. 

Aquí morirá Sancha la Bermeja, 
mas suya será la dehesa. 

Aquí morirá Sancha la Bermeja, 
mas de Bañares será la dehesa. 

Aquí morirá Sancha la Bermeja, 
mas de Bañuelos será la dehesa. 

Aquí morirá Sancha la Bermeja, 
mas de Belinchón será la Dehesa. 
(Los de Santo Domingo de la Calza- 
da dicen que competían con los de 
Bañares, lugar vecino, sobre una de- 
hesa, y se convinieron en que pusie- 
sen dos bebedores, uno de cada par- 
te, y que ganase el que más bebiese. 
Santo Domingo tiene la dehesa lla- 
mada Bañares, en saliendo de la ciu- 
dad al Oriente, con prado, sea ella ó 
no. Los de Zorita, de junto á Madri- 
gal, aplican aquí el cuento en com- 
petencia con otro lugar vecino, so- 
bre poseer una dehesa llamada Ba- 
ñuelos, y que venciendo Sancha, 
aunque reventó, la hicieron de bulto 
de piedra con un cántaro en la mano, 
y la pusieron á la puerta de la igle- 
sia. Otros dirán que es Zorita la de la 
Mancha, de la Orden de Calatrava, y 
va poco en vejez de tan poco funda- 
mento. Los de Belinchón, en la Man- 
cha, dicen que fué suya la competen- 
cia y victoria, y lo prueban con que 
poseen una dehesa llamada Sancha, 
y que mujeres Sancha y otra fueron 
las bebedoras, y que habiéndose be- 



- 63 - 



bido dos cántaros estaban ya tendi- 
das, y que Sancha so anima y pidió 
un cuartillo más, con que venció y 
reventó.) 

Acordó poner tierra en medio, y 
tomó calzas de Villadiego. 

Aconsejarse con el almohada. (Es 
tomar consejo de espacio.) 

Aconsejóme mi padre que podíase 
y no apostase. 

Acontecerás há como á la sardina 
de Planes, que por salir de la sartén 
cayó en las brasas. (Es lo que «Huir 
del relámpago y dar en el rayo»; y 
varíase más.) 

Acostarse sin deuda y amanecer 
con ella. (Dícese por la obligación 
del rezado de los sacerdotes, que ha- 
biendo cumplido en el día cuando se 
acuestan, el siguiente cuando se le- 
vantan están con la misma obliga- 
ción. También se dirá por los que 
tienen ganados y cabalgaduras á pa- 
cer en el campo, que suelen amane- 
cer en el corral por daño que han 
hecho en lo ajeno.) 

Acogerse á Fidel ium. (Por acoger- 
se á sagrado, y lo más breve como 
los clérigos que dicen misa de ré- 
quiem por evitar requires en diver- 
sas hojas.) 

Acogí al ratón en mi agujero, y 
tornóseme heredero. 

Acomete quien quiera, el fuerte 
espera. 

Acometer para vencer. 

Acometer hace vencer. 

Acomódeme yo, y la güéspeda si 
quiera pare, si quiera no. 

Acuérdase del rey que ra- ió. (Para 
decir que una cosa es muy vieja, 
principalmente si es pasada muy an- 
tigua.) 

Acuerda eso que ya es tiempo. 

Acuéstate sin cena, y amanecerás 
sin deuda. (Aconseja que cada uno 
se modere, y mida conforme á lo que 
tiene, y su estado, y le bastará, y re- 
prende á los que á trueco de hartar- 
se no reparan en que sea ajeno ni en 
que se empeñan, y pierden, de lo 
cual hay harto que llorar y aun cas- 
tigar.) 

Acusóme, padre, que soy puerca; no 
lo digáis, hija, que bien se os parece. 



Acndeles el maná. (Moteja de ju- 
díos.) 

Acudir al buen olor. 

Acudir como buitres al cebo. 

Acudir al cuero con albayalde, que 
los años no se van de balde. (Por 
cuero entiende la tez de la cara; con- 
tra Lasque se afeitan, aunque 

Acudir con la soguilla. (Es parte 
del otro: «Cuando te dieran la vaqui- 
lla, acude con la soguilla>.) 

Acudió al cuero. 

Acudid aquí con estopas, que ^e 
caga la novia. 

Acudid aquí con trapos, que 
caga la novia de Marcos. 

Acríbenme dueñas y amásenme 
puercas, que yo me haré bueno. (Ha- 
bla el trigo, y da á entender que im- 
porta más ser bien aechado para 
lir buen pan, que aun el masar; que 
es más fácil de buena harina hacer 
buen pan.) 

Acláraselo vos, compadre, que te- 
néis la boca á mano. (Contra los ma- 
los entendedores y contra los que 
remiten á otros los"que ellos saben y 
pueden decir.) 

Aparecióse, como Santelmo, en la 
gavia. (Cuando de repente uno apa- 
ce presente.) 

Aparejaos, Durango; aparejándome 
ando. 

Aparte esos cestos, que tiran viro- 
tes. (Cuando alguno dice necedades 
con que ofende, y aplícase á otros se- 
mejantes propósitos.) 

Apártate de mí, y daré por ti y por 
mí. (Palabras de un árbol á otro; por- 
que la sombra de unos es dañosa á 
otros, y deben estar en debida dis- 
tancia.) 

Apartarnos há la pala y la azada. 

Apartarnos há el azadón y la pala. 
(Dícese de los que se casan y ligan 
con el yugo del matrimonio, y 
ríase.) 

Apar táralos solamente el azada y 
la pala; no los apartará sino el aza- 
dón y la pala. (Instrumentos de abrir 
la sepultura, que la muerte sola los 
apartará; puédese aplicar también á 
los que profesan orden.) 

Apartarse de los pies de las bes- 
tias, ansí de las mansas como de las 



— 64 — 



traviesas. (Dícese aconsejando que se 
huyan ocasiones de encuentros, y de 
ser uno tratado mal y atropellado.) 

Apartalde del manzano, no sea lo 
de antaño. (Que se guarden los hom- 
bres de no errar dos veces en una 
cosa. Es el cuento, que un hortelano 
se fingió muerto para tentar y saber 
lo que tenía en su mujer, y lleván- 
dole á enterrar, descansaron en el 
camino y pusiéronle junto á un man- 
zano; allí se asió de un ramo y vol- 
vió en sí de la muerte fingida. Otra 
vez, de ahí á un año, murióse de ve- 
ras, y llevándole á enterrar, avisó la 
mujer que le apartasen del manzano, 
no fuese lo de antaño; como si el man- 
zano tuviera virtudes de dar vida; 
nótase el desamor de algunas con sus 
maridos, y de algunos que lo mere- 
cen por su dura condición con ellas.) 
Apártese allá, que lo enharinaré, 
señor don Miguel. 

Apalabrósela hierra; apalabrósele 
la hierra. (Dícese cuando uno tropie- 
za en las palabras: perdonen, que se 
me apalabró la hierra.) 

Apaciente yo mi muía, y cene yo; 
y la güéspeda si quiera para, si quie- 
ra, no. (Llegó un pasajero á la venta 
á hora que estaba la mesonera de 
parto dificultoso, y todos ocupados 
en acudiría, no tenían lugar de aco- 
ger á nadie; rogó el caminante que le 
diesen posada, que él sabía un reme- 
dio para hacer parir luego; diéron- 
sela, y púsola sobre la barriga, escri- 
tas en una cédula, las palabras dichas. 
Varíase.) 

Apagar el fuego con aceite. (Cuan- 
do en lugar de remediar la cosa, la 
enconan más y la encienden.) 

Apagóse el tizón, y pereció quien 
le encendió; ó pareció quien le en- 
cendió. 

Apagóseme el tabaco. (Dicen esto 
en Indias, cuando uno cansa hablan- 
do, para dejarle con achaque de ir á 
encender la cazoleta con que se toma 
en humo.) 

Apaña, suegro, para quien te here- 
de, manto de luto y corazón alegre. 
Apéame, que no es cosa. (Dijo esto 
uno que sacaban á azotar ai primer 
golpe, ó azote, como si fuera cosa de 



ensayo y burlas, y no de veras; con- 
tra los que no saben ponderar y ha- 
cer aprecio de las cosas de veras y 
de importancia, ni las distinguen de 
las burlas, y contra las simplezas.) 

Apenas está muerta, cuando está 
ya desollada. 

Apenas se habrá comido el pan de 
la boda. (Para decir que en pasando 
el placer, hay pesar y trabajo.) 

Apetito agudo, no deja grudo ni 
menudo. (Dícese grudo por crudo.) 

Apocado como genitivo sui. (Esto 
entienden mejor los estudiantes.) 

Apurar mucho el testigo, más es 
obra de enemigo que de amigo. 

Apuntador de dedo, pagador de 
bolsa. (El que en daño ajeno dice lan- 
ces en juego, y á otros tales propósi- 
tos en que hace su daño.) 

Aprehende arte, y pasarás ade- 
lante. * 

Aprehende por arte, é irás ade- 
lante. (Que estudiando con arte y 
método, se aprovecha y aprende mu- 
cho más.) 

Aprende baja y alta, y lo que el 
tiempo tañere, eso danza. 

Aprende llorando, y reirás ganan- 
do; ó y cantarás ganando. (Que se 
lleve con ánimo el trabajo de apren- 
der por el provecho que ha de salir 
de él.) 

Aprended á bien callar, para que 
sepáis bien hablar. 

Aprendiz de Portugal, no sabe co- 
ser y quiere cortar. 

Aprendiz, ¿qué sabes hacer? Apu- 
lazar y sobrecoser; ó ahilvanar y so- 
brecoser. (Y por donaire apulazar y 
sóbrecomer; también dicen: «Oficial, 
¿qué sabes hacer?» ó «Agujita, ¿qué 
sabes hacer?» Como lo decimos en 
su lugar.) 

Apregonar vino y vender vinagre. 
(Dícese de los que tienen buenas pa- 
labras y ruines obras, y mayores 
muestras que hechos.) 

Apreta para Cuesca. (Dicen los ara- 
goneses que saliendo una dama á pa- 
sear por el campo en un coche, sola 
con su cochero, que un buen mozo 
montañés, y por algún conocimiento, 
se entró con ella en el coche, y ha- 
blando en cosas, dijo él: «¿Qué haré- 



65 



mos?»; y ella, por traerlo á su amor, 
respondió: «Apreta paraGüesca», con 
dos sentidos, como que decía al co- 
chero que guiase para casa, y al mon- 
tañés que se acercase á ella, que iba 
en la parte hacia Güesca; que si no 
era lerdo, debía entenderla, y quizá 
lo liaría: cuentos son pintados.) 

Apretar el torno porque salga el 
mosto. (Es de los lagares y alegoría 
de ejecución.) 

Apretar las empulgueras; apretóle 
las empulgueras. (Para decir que uno 
puso á otro en aprieto, venciendo y 
sobrepujándole en fuerzas, como hí- 
zole sudar, y en cosa deshonesta con 
mujer.) 

Apretar las calzaderas. (Fatigar 
como el pasado y huir.) 

Aprieta las piernas, y afloja las 
riendas; atente á las clines, y no cae- 
rás de rocines. 

Aproven á la viña, y cogerás ven- 
dimia. 

Aprovechado como unto de mona. 
(Dicho por ironía.) 

Aprovéchate del viejo, valdrá tu 
voto en concejo. 

Ata, ata, que desata. (Que ates bien; 
que quien bien ata, bien desata.) 

Ata el asno do quiere su amo, si se 
encabestrare su daño. (Encabestrarse 
es pasar una mano sobre el cabestro 
con que está atado, y peligra de caer 
y ahogarse.) 

Ata el saco, que ya espiga el dia- 
blo. (Dice que, aunque espigue el cen- 
teno, no sean muy liberales del trigo, 
porque no grana luego; antes él, y el 
trigo, granan en un mismo tiempo, 
aunque espigue antes el centeno. 
Dando á entender que aún faltan mu- 
chos días hasta la cosecha, y que se 
compase lo añejo.) 

Ata corto y piensa largo, y harás 
de rocín caballo. 

Ata corto, pasta á menudo, ara jun- 
to y hondo, y cogerás pan abondo. 

Ata corto, piensa largo, hierra so- 
mero, si quieres andar caballero. 

Atabales en cuaresma, que me ma- 
ten si no son bulas. (Contra los que 
adivinan cosas muy claras.) 

Atelevavi. (Hecha una palabra de 
tres: cid te levar i. Dícese cuando es 



condición y quitaron algo á otro de 
entre las manos, y se lo desparecie- 
ron y trampearon, como decir, voló; 
y entero dicen: Ate lerari } anima mea, 
corruptamente tomado de la prime- 
ra dominica de adviento, que dice: 
Ad fr levavi a ni mam meant; también 
dicen: «Ate levavi, el de los bigotes», 
por mofa y burla de él.) 

Atente á ése, que es hijo. 

Atina, que dais en la manta. 

Atún, deijada y salmón, muchas 
cosas son. 

Atrae como piedra imán. 

Aba, que va grande el río, aunque 
me dé ai tobillo. (Por donaire y me- 
lindre, dice tobillo, en lugar de los 
pechos, ó garganta, ó á la boca.) 

Abate allá, diablo, que mañana me 
cortan un sayo. (Comenzaba ya á pre- 
sumir y despreciar á los otros igua- 
les.) 

Ave de cuchar, más come que val. 
(Son las de pico ancho, como ánades 
y patos.) 

Ave de tuyo, y haz por haber; que 
tarde, que cedo, á lo tuyo te has de 
volver. 

Habe de tuyo, no besarás á tu ve- 
cino en el culo. (Besar en el culo, lo 
usa el vulgo, por rogar y someterse 
á otro pidiéndole algo; habe, es ten, 
ó tengas.) 

Ave del pico entornado, guárdate 
de ella como del diablo. 

Ave con cuchar, nunca en mi co- 
rral. 

Ave con cuchar, nunca entre en tu 
corral. (Porque son muy tragones, 
ánsares y anadones, y tienen el pico 
como cucharones.) 

Ave por ave, el carnero si volase. 

Ave muda, no hace agüero. (Callar 
no da ocasión.) 

Habéis sudado, y nada al cabo. 

Habéis visto, mozas, mi gato en 
calochas. 

Haber de tu enemigo, hábelo en 
dinero. (Haber es la hacienda.) 

Haber traído los atabales. (Es te- 
ner experiencia y estar curtido en 
mala ventura. Tomóse la metáfora de 
las muías en que van los atabaleros 
tañendo los atabales en las entradas 
de juegos de cañas y grados de doc- 



66 - 



tores y otros paseos. Las cuales, por 
viejas y usadas, no se espantan con 
estos ni otros ruidos. Y dicen este 
cuento: que una de estas ínulas entró 
en un trigo y pacía á su sabor; un 
muchacho que la guardaba, sentado 
en un altillo, queríala espantar con 
sonar una piedrezuela con otra; la 
muía, que sabía ya de más música y 
ruido, decía: «No á mí que he traído 
los atabales.» Varíase: «Ha traído los 
atabales».) 

Haber visto las orejas al lobo. (Va- 
ríase, ó visto, ha visto, vio las orejas 
al lobo. Quiere decir ver el peligro y 
estar cercado de él, y llegar á verse 
en necesidad, con lo cual se hacen 
los hombres más cautos para mirar 
por sí adelante.) 

Averigüelo Vargas. (Dicen que un 
mayordomo de un obispo de Sego- 
via, muy solícito, y por eso malquis- 
to de los culpados, y los con quien 
tenía negocios, llamado Vargas, a 
quien el obispo remitía todas las co- 
sas, diciendo: «Averigüelo Vargas.» 
Otros dicen que fué Vargas el secre- 
tario de Felipe II, y por ser tan mo- 
derno, no lo apruebo; antes juzgo 
que éstos son dichos vulgares á plá- 
cito, sin historia.) 

Habernos de jugar á los castillejos, 
dejémoslos. (Contra los que en con- 
versación de veras, tratan de niñe- 
rías, como niños.) 
Habernos de ver quién es Calleja. 
Habernos de saber quién es Ca- 
lleja. 

Habernos de ver quién lleva los 
gatos al agua. 

Habernos de ver con quién casa 
Cañábate su hija. (Fué hombre rico 
en la Mancha, donde hay linaje de 
Cañabates.) 

Había de estar escrito con letras 
de oro; ó merecía estar escrito con 
letras de oro. (Encarecimiento de 
cosa muy buena.) 

Habíades de madrugar más, para 
tomar la pájara en el nido; dormís- 
tesos, y hallástesle vacío. 

Habíamoslo por santo, mas no por 
tanto. 

Habiendo escalera por do bajar, 
buscáis soga para os descolgar. 



Habilidad no me falta á mí, mas el 
pan sí. 

Aviniente y crudo, que ansí lo 
quiere el cornudo; ó aviniente y cru- 
do, que ansí lo quiere Pero Miguel. 
Aviniente y mal cocido, que así lo 
quiere mi marido. 

Avisad al lobo, y echad el ganado 
solo. . 

Avicena y Hipocrás me dieron 
esto, y me darán más. 

Ama á quien no te ama, responde 
á quien no te llama, andarás carrera 
vana. 

Ama, ama, mientras el niño ma- 
ma, y después nonada. (Otros dicen: 
«Ama, sois ama» ó «Ama sodes, ama, 
mientras el niño mama». Quejas son 
del poco caso que se hace de las per- 
sonas, en no las habiendo menester.) 
Ama hermana á hermano, y guar- 
dián á fraile sano. 

Ama hermano á hermana, y mari- 
do á mujer sana, y braciarrémanga- 
da; y mujer á marido que gana. 

Ama el rey la traición, y al traidor 
non. 

Ama y serás amado, teme á Dios 
serás honrado, trabaja y no pedirás 
necesitado. 

Ama con amigo, ni la tengas en tu 
casa, ni la des á tu vecino. 

Ama como si hubieses de aborre- 
cer, y aborrece como si hubieses de 
amar. (Consejo fué de Anacarsis, filó- 
sofo, que en ambas cosas había res- 
guaido, porque el mundo rueda, y 
se rodean ocasiones y se mudan vo- 
luntades.) 

Amaina de la gavia, si el puerto te 
llama. (Aviso á marineros, porque la 
nave no lleve mucho ímpetu y fuer- 
za al entrar en el puerto, porque no 
dé golpe y se abra.) 

Amar es bueno, ser amado mejor; 
lo uno es servir, lo otro ser señor. 

Amar es bueno, mejor es ser ama- 
do; lo uno es servir, lo otro tener el 
mando. 
Amar y sabor, no puede todo ser. 
Amar y saber, todo junto no pue- 
de ser. 

Amarillo; color de desesperación. 
(Porque el trigo y mieses verdes dan 
esperanza de cogerse, y por eso lo 



67 - 



verde significa esperanza; mas cuan- 
do ya están granadas y amarillas, no 
hay más que esperar; de aquí nació 
tomar la color amarilla por desespe- 
ración, como parece que se seguía, 
no hay que esperar, mudando lo que 
era ser lograda en desesperada, y des- 
confiada de ser alcanzada.) 

Amárgame el agua, marido; amár- 
game y sábeme al vino. 

Amanecerá Dios, y verá el ciego 
los espárragos. 

Amanse su saña quien por sí mis- 
mo se engaña. 

Amando las cosas, de ajenas se ha- 
cen propias. 

Amaga acá, y da acullá. 

Amaga allá, y danos acá. 

Amaga aquí, y da allí. 

Amén, amén, al cielo sube. (Lo que 
Muchos amenes al cielo llegan; ó 
suben».) 

Amistad de yerno, sol de invierno. 

Amistad de nuevo trabada, es como 
llaga mal sana. 

Amistad de cuatro, junta del dia- 
blo, si es de bellacos. 

Amistad prendida con alfileres, la 
que se desprende cuando la quieres. 

Amistad vieja, y casa nueva. 

Amistad renovada, y de nuevo tra- 
bada, es como llaga mal sana. 

Amigo, amigo, más te quiero que 
á mi marido; si quieres aquí, si no 
allí, si no, vamonos á la cama. (Este 
amigo es el sueño.) 

Amigo salamanqués, ni le tomes ni 
le des. (Así tengo relación que le es- 
cribió el Comendador, y al imprimir, 
el impresor, que era de Salamanca, 
mudó salamanqués en cordobés; en 
uno y en otro no es regla cierta. Lo 
que yo sé es que no viene bien de- 
cirse de los naturales de Salamanca, 
porque siempre hallan en ellos amis- 
tad y buenas obras los estudiantes y 
forasteros. Por lo que se puede en- 
tender, es por las amistades que se 
traban de estudiantes unos con otros 
de muy diferentes tierras, y en aca- 
bando los cursos, se van donde nun- 
ca más se ven, y muchas veces con 
ropa ó dineros de los otros.) 

Amigo, si vais á la ermita, traéme 
el hisopo del agua bendita. 



Amigo de uno, amigo de ninguno. 
(Porque uno solo puede ayudar poco; 
que tenga hombre más de un amigo, 
para que lo que uno no hiciere lo 
haga otro; y no se contradice á otros 
refranes, antes conforma con el que 
dice: «Un amigo en especial, y mu- 
chos en general».) 

Amigo de uno, y enemigo de nin- 
guno. 

Amigo de pelillo. Amigos de pe- 
lillo. (El que lo es por su provecho, 
y aquél acabado se enfría.) 

Amigo de taza de vino. (Dícese del 
que lo es solamente del bien que le 
hacen, y no más de su provecho.) 

Amigo de todos, enemigo de na- 
die, y no fiar de ninguno. 

Amigo de todos y de ninguno, todo 
es uno. 

Amigo de Villalón, tuyo sea, y mío 
non. (Porque dicen ser gente irreca- 
tada é interesal; mas creo que el con- 
sonante dio ocasión al refrán.) 

Amigo de montaña, quien le pier- 
de le gana. 

Amigo de muchos, amigo de nin- 
guno. 

Amigo del buen tiempo, múdase 
con el viento. 

Amigo burgalés, zapato de baldrés, 
y caballo de andadura, poco dura. 

Amigo quebrado, soldado, mas 
nunca sano. 

Amigo Pedro, amigo Juan; pero 
más amiga la verdad. (Imita al grie- 
go: «Amigo Sócrates, amigo Platón; 
pero más amiga la razón».) 

Amigo por amigo, el buen pan y el 
buen vino. 

Amigo por amigo, mi pan y mi 
vino. .(Lo mismo que «Ave de tuyo».) 

Amigo por su provecho, la golon- 
drina en el techo. 

Amigo que no presta, y cuchillo 
que no corta, que se pierda poco im- 
porta; ó vecino que no presta. 

Amigo hasta el altar, es amistad. 
(Que la amistad no ha de contradecir 
ni perturbar la religión; parece al la- 
tino: Amicus usque ad aras., 

Amigo Orozco, si te vi, no te co- 
nozco. 

Amigos y muías, fallecen á las du- 
ras. (Que faltan en la ocasión del tra- 



bajo; que los buenos amigos con di- 
ficultad, ó nunca faltan como á las 
veces los deudos, y los más amigos 
lo suelen hacer, y que las muías, res- 
pecto de otras cabalgaduras, son para 
más, y no faltan sino es que el tra- 
bajo sea muy excesivo; también la 
frase fallecen á las duras, suena que 
faltan en las dificultades; y entende- 
ráse entonces, no de los buenos ami- 
gos, queriendo decirlo de estos otros 
refranes: «Amigo por amigo, mi pan 
y mi vino»; «El mejor amigo, es el 
dinero en mi bolsico». Con el primer 
sentido ahba los buenos amigos, y 
con el segundo, se queja que no haya 
amistad en todos cierta.) 

Amigos que se conocen, de lejos 
se saludan. (Es mudado del otro, sin 
duda en más limpias palabras: «Cu- 
los conocidos, de lejos se saludan».) 

Amigos que pelean sobre pedazo 
de pan de centeno, ó la hambre es 
grande, ó el amor es pequeño. 

Amigos como la tierra y el agua; ó 
amanse como la tierra y el agua. 

Amo, amo, el un buey es perdido, 
y el otro no hallo. 

Amo trasquilado, mozo descuida- 
do. (Entiéndese amo pobre, que no 
puede tratar ni pagar bien al mozo.) 

Amor, al buen amador nunca de- 
manda pecado. (Entiéndese también 
del jugador, amador del juego y di- 
nero.) 

Amor, amor, palabra dada, el he- 
cho malo, el fin peor. 

Amor y dinero no puede estar se- 
creto. 

Amor y fortuna no tiene defensa 
alguna. 

Amor y calentura, en la boca se 
asegura. (Quiere decir se conoce, 
porque salen ampollas con la calen- 
tura fuera de la boca, y el amor se 
dice y muestra con las palabras.) 

Amor y temor, del carro humano 
son el timón y el aguijón. (El timón 
es el amor, sobre el cual se sostiene 
la vida humana; el aguijón es el te- 
mor de la pena. Amor unos con otros 
en caridad, y temor de cometer de- 
lito é incurrir en pena y castigo.) 

Amor y majestad no caben en un 
sujeto ni en un asiento. 



Amor y majestad no hacen her- 
mandad. 

Amor lisonjero, nada placentero. 

Amor loco, yo por vos, y vos por 
otro. 

Amor loco, yo por ti, y tú por otro. 

Amor no se alcanza sino con amor. 

Amor no mira linaje, ni fe, ni plei- 
to homenaje; ó amor ni cata linaje, ni 
pleito homenaje. 

Amor, daca el palo. (Que en ha- 
biendo amor hay celos, congojas y 
penas y pesadumbres, requisitos que 
trae consigo, y por los que se casan 
£on amor acelerado, y presto riñen 
y andan á malas.) 

Amor de niño, agua en cestillo; ó 
agua en cesto. 

Amor de niña, agua en cestilla. 

Amor de señor, amor de hurón. 
(Que no es firme ni seguro.) 

Amor de señor, no es posesión. 

Amor de suegra, halagos de gata. 

Amor de padre, que todo lo otro 
es aire. 

Amor de puta y fuego de murta, 
luce mucho y poco dura. 

Amor de puta y convite de meso- 
nero, siempre cuesta dinero; ó no 
puede ser que no cueste dinero. 

Amor de puta, y fuego de estopas, 
y zumo de culo, todo es uno. 

Amor de madre, que lo ál es aire. 

Amor de madre, que todo lo otro 
es aire. 

Amor de monja, y fuego de estopa, 
y zumo de culo, todo es uno. 

Amor de monja y pedo de fraile, 
todo es aire. 

Amor de monjas, fuego de esto- 
pas. 

Amor de mujer y halago de can, 
no darán si no les dan. 

Amor de ramera y vino de frasco, 
á la mañana dulce y á la tarde amar- 
go; ó á la mañana bueno y á la tarde 
malo y preado. 

Amor de ramera, halago de perro, 
amistad de fraile y convite de meso- 
nero, no puede ser si no te cuesta 
dinero. 

Amor, dinero y cuidado, no puede 
estar encerrado; ó nunca fué disimu- 
lado: 

Amor faz molto, argén faz todo. 



- 69 



(Imitado del catalán: «Amary famolt, 
arjen fa tot >; arjen es plata.) 

Amor con amor se paga. 

Amor comprado, dale por vendido. 

Amor, tos y fuego, descúbrese lue- 
go; ó descubre á su dueño. (El humo 
descubre dónde está el fuego.) 

Amor, fogo é tose, á seu dono des- 
cobre. (Es gallego.) 

Amor, tos, humo y dinero, no se 
puede encubrir mucho tiempo. 

Amor trompero, cuantas veo, tan- 
tas quiero. 

Amor mazorquero, cuantas veo, 
tantas quiero. (Otros dicen: «Amor 
mesonero, ó amor tronquero»; por el 
que se desprende y tronca.) 

Amores nuevos, olvidan viejos. 

Amores nuevos, casa con puche- 
ros. (Que son costosos, como mante- 
ner casa.) 

Amores de freila, flores de almen- 
drera, cedo vienen y presto se secan. 

Amores, diablos y dineros, no pue- 
den estar secretos. 

Amores, dolores, celos y dineros, 
no pueden estar secretos; ó no pue- 
den estar encubiertos. 

Amores, dolores y letras, no pue- 
den estar encubiertas. 

Amores, dolores y gana de cagar, 
muchas agujetas y lejos el corral. 
(Maldición en que falta tengáis, os dé 
Dios, y da á entender que hay cosas 
que piden presto remedio y nunca 
les faltan estorbos; y contra los apre- 
surados, que cosas hay que quieren 
espacio y sosiego á su tiempo.) 

Amores y dolores, prométense bie- 
nes y dan sinsabores. 

Amores, por un placer mil dolores. 

Amontona el avaro, y no sabe para 
quién ni para cuándo. 

Arras y boda del culo de la novia. 
. Arrastra ése, y vuelve por otro. 
(Dícenlo cuando pasa alguno corrien- 
do en bestia.) 

Arrastrado te veas como el coche 
de Olmedo. (Solía haber muchos co- 
ches en Olmedo y no ha quedado yn 
más de uno, que sirve á todos de lle- 
var y traer las damas á las fiestas de 
Medina y otras partes.) 

Arranca, que la vida os da; y arran- 
cábase el alma. 



Arralláme ese queso, que es para 
sopas. (Dícese arre allá con disimu- 
lación, confundiendo dos verbos: 
arre allá y arrolla, del verbo rallar, 
ó arrallar.) 

Arrenda en que ganéis. (Dícese con 
desdén irónico cuando persuaden á 
uno que dé algo en menos precio y 
cuando malbarata aquello en que po- 
día ganar, y en caso donde hay pér- 
dida y la huye.) 

Arrenda en que ganéis, que hay 
arena. 

Arrendadorcillos, comer en plata 
y morir en grillos. (En cárcel, corre- 
dor y palos.) 

Arredraos porque os oya, que á 
palabras gordas tengo las narices 
sordas. (Ironía con trueco de pa- 
labras por desdén, por «Allegaos 
por que os oiga, que á palabras 
bajas tengo las orejas sordas»; true- 
ca arredraos, por allegaos; gordas, 
por bajas; narices, por orejas; tam- 
bién es irónica reprensión al que 
desde lejos habla bajo á otro que 
no le puede oir ni entender bien lo 
que dice, para que se allegue y hable 
más alto.) 

Arreturas de Pero González. (Este 
fué un pobre hombre que en tiempo 
húmedo plantó en baldíos muchas 
mimbres en cerco como hazas, y 
sembró allí las barreduras de las eras 
ajenas, y llamábalas sus arreturas, 
por rozas, que había roto, y en cuan- 
to duró la humedad parecieron algo; 
mas venida la seca, todo fué na- 
da; y quedó por refrán para decir he- 
redades de más costa que provecho, 
ruines y eriales.) 

Arreboles al Oriente, agua amane- 
ciente. 

Arreboles en Castilla, viejas á la 
cocina; ó pocilga. 

Arreboles en Portugal, uñe los 
bueyes y ve por sal. 

Arreboles en Portugal, viejas á so- 
lejar. (A gozar del sol que hará.) 

Arreboles en todos cabos, tiempo 
de los diablos. 

Arreboles de Aragón, á la noche 
con agua son. 

Arreboles de Portugal, á la maña- 
na sol serán. 



70 - 



Arreboles de la tarde, á la mañana 
sol hace. 

Arreboles de la mañana, á la noche 
son con agua. 

Arreboles de la noche, á la mañana 
son con solé. 

Arreboles de mañana, á la tarde de 
agua. 

Arreboles de tarde, á la mañana 
aire. (Entiende la mañana siguiente.) 

Arremangúeme, é hice colada; no 
hay tal andar, como andar reman- 
gada. 

Arremangóse pereza, y echó fuego 
á la leña; ó á la casa. 

Arremete, toro, que yo sé que eres 
bravo; y miraba á su marido. 

Arremetióse Morilla y comiéronla 
lobos; ó arremangóse. (Morilla, es 
nombre de perra.) 

Arrédrate y allégate. (Lo que se 
hace con mucha lumbre, ó poca.) 

Arredro vaya el diablo. Arriedro 
vayas, diablo. Arriedro vaya Satanás. 
(Dícese espantado de algún mal, y 
es como vade retro, Sathana.) 

Arriba, arriba, Juan García; abajo, 
abajo, Juan Gargajo. 

Arriba os torgado, que tras la cues- 
ta está el llano. (El asturiano toma 
torgado por el rocín.) 

Arriba, zancas, que este mundo 
todo es trampas. 

Arriba, caudal; y jugaba las hor- 
mas. 

Arrimaos al naranjo. (Con ironía, 
por ser árbol delicado al hielo; sin 
ironía, es árbol bueno y hermoso.) 

Arrimóme á la escalera, y caí, que 
no debiera. 

Arrimóse el asno al aceituno, y pe- 
góle el parencuesco. (Reprende y 
moteja á los que se hacen parientes 
de otros mejores, sin serlo, y múdase 
con desdén parentesco en parencues- 
co, por el cuesco de la aceituna, ó 
pedo, que sea para quien es tan vano 
y necio que se hace lo que no es.) 

Arroyo pasado, santo olvidado. 

Arroz con ajos y grasa de bone- 
tes. (Dicho con desdén y socarrone- 
ría.) 

Arrojaré esta pella á aquel hastial; 
si no pegare, hará señal. 

Arrópate, que sudas. (Con ironía á 



quien de poco se cansa, y á tales pro- 
pósitos.) 

Arrobas no son quintales, ni las co- 
sas son iguales. 

Arróllame, señora, que el horno 
me adorna. (Palabras del pan masado 
puesto á leudar, que dan á entender 
que el horno sazona el pan y lo echa 
á perder.) 

Achaque al odre, que sabe á la pez. 

Achaque quieren las cosas. 

Achaques al jueves, para no ayunar 
el viernes. 

Achaques al viernes por no le ayu- 
nar. 

Achacosa andáis, comadre, y siem- 
pre es de la madre.. 

Achacoso como judío en sábado. 

Achica, compadre, llevaréis la gal- 
ga. Achica, compadre, que se va la 
galga. (Entiende de miedo. Fingen 
este cuento: que uno fué á pedir 
prestada una galga para cazar una 
liebre que había visto muy grande, 
como un elefante. El dueño, á tal 
mentira, le dijo que era imposible, 
que mirase bien que sería menor; él 
fué bajando, como un buey, como un 
ternero, á lo menos como un carne- 
ro; á esto dijo el otro: «Achica, com- 
padre», con lo demás. Es contra men- 
tirosos y encarecedores; aquí Malara 
habla adefesios.) 

Achica, Pedro de Pola. (Era gran 
mentiroso encarecedor; que achique 
las mentiras para que parezcan creí- 
bles. En Aragón.) 

Allá está, en el mundo de la verdad. 
(Como decir, allá se lo habrán dicho 
lo mal que lo hizo; pocas veces se 
toma en buena parte, sino en queja.) 

Allá irá la soga, tras el calderón. 

Allá irás; lobos te coman. 

Allá iré, si Dios me guía, caballero 
en una chiva. 

Allá os espero, al freir de los ajos. 

Allá os lo habed. Allá se lo haya. 
Allá te lo habe. Allá se lo arrebuje. 
Allá se lo reboce. (Dícese cuando 
uno se sale afuera y se quiere des- 
cargar de cuidado de otro, y se lo 
deja, ó porque á él le dejaron de me- 
ter en ello.) 

Allá nos veremos, en el corral de 
los pellejeros. 



71 



Allá nos veremos, en la pellejería 
de Burgos. 

Allá se lo haya, con sus pollos, 
Marta. 

Allá se lo haya Marta con sus po- 
llos. (El descuido vulgar deshace la 
consonancia, habiendo de ser la pos- 
trera palabra Marta.) 
Allá se lo habrán dicho. 
Allá se lo dirán de misas. (Es ame- 
naza; que allá hallará su pago, por 
metáfora de las misas que se dicen á 
los difuntos.) 

Allá se me ponga el sol, do tengo 
el amor. 

Allá darás, rayo, en cas de Tama- 
yo. Allá darás, rayo, en casa de Ana 
Gómez. Allá darás, rayo, en casa de 
Ana Díaz. 

Allá fué rocín y manzanas. (Es va- 
riable: «Allá va; Allá irá; Allá fué ro- 
cín y manzanas».) 

Allá quedarás, mundo malo. (Oca- 
sión tiene de decirlo el que muere ó 
se encierra en religión.) 
Allá como allá, y acá como acá. 
Allí como allí, y aquí como aquí. 
(Un galán hizo preñada á su amiga; 
y yendo á una romería, junto á una 
mata, dióla el parto; hallóse él con 
ella á solas: díjola que no diese vo- 
ces, no se descubriese su mal acu- 
diendo gente; al fin apretó los dien- 
tes, y calló. Después, casáronse é hí- 
zose preñada, y al parir daba gran- 
des gritos. Díjola el marido que no 
los diese, como en tal parte otra vez; 
ella dijo: «Allí como allí, y aquí como 
aquí».) 

Allá parla, y acá calla. 
Allá te arriedra, ganancia, no me 
des pérdida. 

Allá va arrastranegocios. (Dícese 
de las personas desaliñadas que hasta 
los mismos vestidos arrastran des- 
iguales y mal puesto.) 

Allá va el diablo, después del sol 
puesto. 
Allá va el rucio y las canastas. 
Allá va la lengua, do duele la 
muela. 

Allá va lo tardío con lo temprano; 
mas no en la paja ni en el grano. 

Allá va Pedro á parar los lazos; ó 
á poner lazos. 



Allá va María con cuanto había. 

Allá vaya á arar mi buey, en Valde- 
araduey. 

Allá vaya el mal, donde comen el 
güevo sin sal. 

Allá vaya el mal, do majan los ajos 
sin sal. (Los ajos mondados, al majar, 
saltan del mortero si no se echan 
unos granos de sal, y así dice otro 
refrán: «Salta el ajo del mortero, y 
coge mierda para su dueño».) 

Allá vayas emprestado, donde ven- 
gas mejorado. 

Allá vayas, casada, donde no halles 
suegra ni cuñada. 

Allá vayas, pan prestado, donde 
vuelvas mejorado. 

Allá vayas, Marzo marzo cho; acá 
me quedo yo con mis becerros, todos 
ocho. Calla de una vieja falsa, ruin, 
que allá viene mi hermajio, Abril; 
que con los cueros á la feria os lia- 
rais (sic); ó «Allá te va, Marzo»; ó 
«Allá irás, Marzo». 

Allá vayas, mal, donde comen los 
güevos sin sal. 

Allá vayas, mal, do te pongan buen 
cabezal. 

Allá vayas, mal, donde machan los 
ajos sin sal. 

Allá vayas, Hebrero el corto, con 
tus días veinte y ocho. Mal has bur- 
lado mi ganado, que llevaste lo de 
hogaño. Allá queda mi hermano Mar- 
zo, que si vuelve el rabo no deja cor- 
dero enalmagrado. 

Allá van leyes, donde quieren re- 
yes. (La historia grande del Cid, dice 
que tuvo principio este refrán en el 
rey D. Alonso, que ganó á Toledo, 
porque pretendía la reina que se 
usase el rezado romano en España, 
como en Francia, y se dejase el mo- 
zárabe de San Isidoro; resistió el Cle- 
ro, y remitióse el caso á batalla de 
dos caballeros, y venció el de la par- 
te del mozárabe; con todo esto, por- 
fió la reina, y volvióse á remitir á 
juicio de fuego: que echasen dos mi- 
sales en una gran hoguera, y echados 
saltó fuera el romano, como echado 
vencido fuera de la estacada. Quedó 
el mozárabe en medio sano, hacién- 
dole plaza el fuego; con todo, insis- 
tieron los reyes y mandaron usar el 



72 — 



romano á disgusto de todos, y dije- 
ron: «Allá van leyes, do quieren re- 
yes». Bien puede ser, y es creible que 
sea el refrán más antiguo, y se aco- 
modase en onces tan al propio.) 

Allá van los días, después del sol 
puesto. 

Allá vas, cómante lobos. 

Allá voy, no hago mengua. 

Allá me lleve Dios á ese mesón, do 
sea de la güéspeda y del güésped 
non. 

Allá me lleve Dios á inorar, do un 
güevo vale un real. (Porque es señal 
de tierra rica, y se ganará más.) 

Allá miran ojos donde quieren 
bien. 

Allega, allegador, para buen derra- 
mador; ó despendedor. 

Allegaos á mí, que no os faltará 
mala ventura. 

Allega, que la dejan ver por un 
postiguito á cuarto. 

Allégate á los buenos, y serás uno 
de ellos. 

Allegándosete el loco, finge ne- 
gocio. 

Allegador de la ceniza y derrama- 
dor de la harina. (Y trocado: «Derra- 
mador de la harina y allegador de 
la ceniza». En femenino: «Allegadora 
de la ceniza y desparramadora de la 
harina».) 

Allí le duele; allí la duele. (Dícese 
cuando uno muchas veces habla en 
una cosa que siente y le da cuidado, 
y la tiene mucho en la memoria.) 

Allí perdió la dueña su honor, 
donde hablo mal y oyó peor. 

Allí tiene la gallina los ojos, donde 
tiene los güevos y pollos. 

Allí haz á tu hijo heredero, donde 
anda la niebla en el mes de Enero. 

Añadir mechas al candil. 

Año hortelano, más paja que grano. 

Año hortelano, mucha paja y poco 
grano. (Porque con la mucha lluvia 
nace mucha hierba, y el trigo crece 
en paja.) 

Año seco, año bueno. 

Año de procesiones, año de bendi- 
ciones. (Para Sayago y tierra de Za- 
mora, que no há menester mucha 
lluvia.) 

Año de almendro, nunca bueno. 



Año de heladas, año de parvas. 

Año de ovejas, año de abejas. (Que 
cuando es año á propósito del gana- 
do, hay mucha carne y también mu- 
chas flores y mucha miel.) 

Año de los años mil, tiró un viejo, 
y no á soslayo, y dijo con grande ar- 
did: guarda leña para Abril y busca 
pan para Mayo. 

Año de nieblas,, año de hacinas 
tempranas, que no tardías 

Año de nieves, año de bienes. 

Año de nieves, año de mieses. 
(Porque se empapa y sazona la tierra 
con las nieves y heladas, y se que- 
man las malas hierbas.) 

Año de seca, año de seda . 

Año de siete, deja á España y vete. 

Año de ocho, tórnate mozo. (Por 
la falta de aquél y abundancia de 
éste; opiniones son, inciertas.) 

Año de siete, ¡quién le oyese y no 
le viese! (En las enfermedades el se- 
teno día, y en la vida el año siete, es 
peligroso; y aun en las frutos cada 
año de siete no se tiene por bueno, 
que parece descansa en él la tierra; 
y quizá salió de los hebreos que no 
sembrasen en el año siete, por su ley.) 

Año de gamones, el trigo á monto- 
nes; ó año de montones. 

Año de glande, año de landre. (El 
asturiano llama glande ó lande á la 
bellota, y comprende nueces, avella- 
nas y castañas.) 

Año de brevas, año de canseras. 

Año de brevas, nunca le veas. 

Año de pares, ó bisiesto, nunca 
bueno. 

Año de bellotas, año de palomas. 

Año de muchas endrinas, pocas ha- 
cinas. 

Año de neblinas, año de hacinas. 

Año de neblinas, año de harinas. 

Año por año, más come el muerto 
que el sano. (Por las ofrendas.) 

Año malo, panadera en todo cabo. 
(Porque todos masan por ganar.) 

Año derecho, de la era al barbecho. 

Año bisestil y año de pares, año de 
azares. (Es año de bisiesto cada cua- 
tro años, que se añade un día á Fe- 
brero, contando el veinticuatro dos 
veces, llamándole sexto antes del fin 
dos veces, conforme la cuenta latina, 



7;; 



y viene á ser el uno el veinticuatro 
y el otro veinticinco, antes de Marzo.) 

Año bueno, año de nabos. 

Año buen año, dos raines en un 
asno. 

Año lluvioso, échate de codo. (Por- 
que no da lugar el agua para salir á 
trabajar.) 

Años y días y ollas cocidas, com- 
ponen villas. 

Años y dineros y días, componen 
villas y vidas. 

Años y vidas, componen villas. 

Años no me lleves, que meses los 
que quisieres. 



Años no me lleves, que meses no 
me los cuent 

Años de nones son los mejores. 

Ahorrar para la vejez, ganar uno 
y comer tres. 

Ahorrar para la vejez, ganar un 
maravedí y beber tres. 

Adivinar, que azotan. 

A cagar, que no tienen qué co- 
mer las narices. (Para decir que los 
estanqueros echan mierda en el ta- 
baco.) 

A untar a] galgo la panza, que no 
hay alhaja. 



-r^fe^ 



E 



E vos, frade; é vos, frade. (Un fraile 
reñía á un portugués, y decíale opro- 
bios; el portugués, á lo socarrón, á 
cada dicho respondía: E vos, fradre, 
como si fuera peor.) 

Ea, ea, que el domingo es fiesta. 

Ea, ea, que Burgos no es aldea, 
sino ciudad, y buena. 

Ea, caballeros, que entre señores 
no ha de haber pesadumbre; y eran 
tejedores. (Dice por gracia depar- 
tiendo entre amigos que se burlan.) 

Ea, sus, y traga el avestruz. (Con-- 
tra los hipócritas que cuelan los mos- 
quitos y tragan los camellos, como 
lo dice el Evangelio.) 

Ea, patas, que el agua hierve. (Ani- 
ma para llegar á casa al descanso, 
adonde esperan con la cena y agua 
caliente para lavar las piernas á los 
maridos, ó hijos, que vienen de la 
heredad de arar ó cavar.) 

Ea, patos, que el agua hierve. 

Ea, patas; ó ea, puercos, que el 
agua hierve. (Pelan los patos con 
agua hirviendo, y los marranos para 
puerco fresco. Decía errado el Co- 
mendador: «Ea, puerros, que el agua 
hierve».) 

Ea, putas, á ofrecer, que para vues- 
tros hijos ha de ser. 

Érase que se era, el bien para to- 
dos sea, y el mal para la manceba 
del abad. 

Érase que se era, el mal que se va- 
ya y el bien que se venga. (Preám- 
buJo de cuento.) 



Era de noche en el centeno; él me 
le dio, metíle en el seno; pensé que 
era ducado, y era cornado; ó cuarto; 
ó pensé que era doblón, y era van- 
flón. 

Era mucha miel. Era mucho tu- 
rrón. (Dícese cuando uno quiere más 
de lo que basta; como: «Querer uno 
en el papo y otro en el saco».) 

Eras y aire, nunca faltó á nadie. 
(Persuade á la labranza que no la 
pongan excusas.) 

Eramos treinta y parió nuestra 
agüela. 

Eramos compañuela y parió nues- 
tra suegra. 

¿Heredástelo ó ganástelo? (Que lo 
heredado se gasta con menos duelo 
que lo ganado por sí mismo.) 

Heredad blanca, simiente negra, 
cinco bueyes á una reja. (Es pregunta 
del papel y tinta, dedos y pluma.) 

Heredad por heredad, una hija en 
la media edad. (Porque esté criada á 
la vejez de sus padres y los sirva.) 

Heredad por heredad, una hija en 
la vieja edad. (Con el sentido del 
precedente, y con peor; que á muje- 
res viejas de poco recato en la ho- 
nestidad, antes encubriendo amigos, 
las es una hija liviana heredad y re- 
galo; y valiera más que de esto no 
hubiera ejemplos.) 

Heredad por heredad, molino de 
pan, en arroyo, que no en caudal. 
(Porque en río caudal suélesele lle- 
var una venida, y no en arroyo.) 



<.> 



Heredades son feredades. (Por el 
trabajo de labrarlas.) 

Heredero, si algo sobra. 

Hermana Belilla, donde no matan 
puerco no comen morcilla. 

Hermana quiere á hermano, y 
guardián á fraile sano. 

Hermano ayuda, y cuñado acuña. 

Hermano Andrés, embúdamelo 
otra vez. (Véase en «Hijo Andrés».) 

Hermano de por mitad, remiendo 
en costal. 

Hermano Gómez, no reces la ave- 
maria ofendiendo al paternóster. (A 
los que por sus comodidades de vir- 
tud ó sin ella, no reparan en ser es- 
torbo de más útiles obras á otros.) 

Hermano quiere á hermana, y ma- 
rido á mujer sana y braciarre manga- 
da, y mujer á marido que gana. 

Hermanóme Dios con vuestro pal- 
mo. 

Hermano me dio cuero de becerro. 

El airado y rezongón, pedernal y 
eslabón. (Amo bravo y mozo harón.) 

El aire cierzo, sana los sanos y ma- 
ta los enfermos. 

El aire cierzo, es bueno al sano y 
malo al enfermo. (Por ser frío.) 

El ausencia causa olvido. 

El aumentar no se hace por mucho 
madrugar, sino es sólo sin el guar- 
dar. 

El arado, rabudo; y el gañán, bar- 
budo. 

El arador de la palma no le saca 
toda barba. (Én la A va sin artículo 
El.) 

El aragonés, por excusar, deja de 
gastar. (Llama excusar ai ahorrar.) 

El arco mucho tiempo armado, 
peligra quedar flojo ó ser quebrado; 
ó queda flojo. 

El al Papa, y yo á la capa. El al 
Papa, y tú á la capa. (Díjolo el Rey 
Católico D. Fernando á un su virrey 
de Ñapóles, para con un notario que 
le notificó unas letras.) 

El álamo negrillo no lleva fruto; 
pero sin él se pasa. 

El aliño del Pedro Fernández, que 
vino el jueves y fuese el martes. 

El aldeano, darte há una taza de 
vino, y beberse há cuatro. 

El alfayate de la encrucijada, que 



ponía el hilo de su casa. (Es el sastre.) 

El alfayate del cantillo, que hacía 
la costura de balde y ponía el hilo. 

El algo hace al hidalgo, que la 
sangre toda es bermeja. 

Él alguacil y el sol, por do quiera 
son. (Que entran por toda parte.) 

El alcaraván ñá de duro, á todos 
dar consejo y á sí ninguno. 

El alma triste, en los gustos llora, 
y más se aflige. 

El almendro y el villano, con el 
palo en la mano. 

El almohada es buen consejero, 
que de espacio da el consejo; ó que 
de pensado da el consejo. 

El anoche se murió; ella hoy ca- 
sarse quiere; ¡guay del que muere! 

El ánsar de Cantimplora, que salió 
al lobo al camino. (Adelante se dirá 
la gansa de Cantipalos, con su ori- 
gen.) 

El andar con mal, no puede durar. 

El andar, trae andar. (Aconseja 
que se ande cada día algo, y se haga 
ejercicio.) 

El asnillo de San Sadornín, cada 
día más ruin. (Nombre es de lugar.) 

El asnillo de Caracena, que mien- 
tras más andaba, más ruin era. (Otros 
dicen otros nombres acabados en 
ena. Caracena es en lo bajo de Ex- 
tremadura, de donde fué Arias Mon- 
tano.) 

El asno, al diablo üene sobre el 
rabo. (Siempre nota los callados y 
mollejones por engañosos y malos; 
y hacerse molleja se dice por falso y 
disimulado.) 

El asno, al barco y al carro; la car- 
ga al rabo. 

El asno y la mujer, á palos se han 
de vencer. 

El asno no anda sino con la vara. 
(Buena alegoría para castigar.) 

El asno se cayó, el cuero reventó; 
reventado sea el ojo que te aojó. 
(Donairoso ensalmo burlando de ao- 
jado.) 

El asno sufre la carga, mas no la 
sobrecarga. 

El asno de Arcadia, lleno de oro 
come paja. (Claro está lo que dijo 
Heráclito, que los asnos más quieren 
la paja que el oro; acomódase á ne- 



— 76 



cios estimadores; refiere el dicho 
Aristóteles en las Eticas.) 

EL asno de Vicente, que cada feria 
vale menos; ó de Villavicencio. 

El asno del gitano, en viendo el 
palo alarga el paso. 

El asno que no está hecho á la al- 
barda, muerde la atafarra. (El astu- 
riano llama atafarra al ataharre.) 

El asno para polvo, y el rocín pa- 
ra lodo, y el mulo para todo. 

El asno prendado, cabe sí tiene el 
rabo. (Dícese en alegoría y motejan- 
do por los prendados de amor, que 
siempre acuden y asisten donde 
aman; nota que hacen asnedades; 
puédese acomodar á otras aficiones.) 

El asno hurtado, y las ovejas de 
fuera. (Cuando quieren encubrir co- 
sas echadas de ver y notorias.) 

El asno matado, de lejos avienta 
las pegas. 

El asno muerto, la cebada al rabo. 

El asno chiquillo, siempre borri- 
quillo. 

El asno hurtado. 

El azadón tiene don y no se sirve 
de él, y las damas se honran con él. 

El azor en el palo, y el halcón en 
la mano. 

El ajuar de la frontera: dos estacas 
y una estera; ó dos terrazas y una es- 
tera. 

El ajuar de la frontera: dos esta- 
cas y una estera. (Por el poco ajuar 
de los presidios de soldados de fron- 
tera.) 

El ajuar de la tinosa, todo es alba- 
negas y cofias. 

El ajuar de la hornera, dos jarros 
y una hortera. 

El ajuar de la hornera, todo es pa- 
las y barrenderas. 

El afeite á la mujer, y á todos el 
beber. 

El abad y el gorrión, dos malas 
aves son. 

El abad y su manceba, el barbero y 
su mujer, de tres güevos cómense 
dos; esto, ¿cómo puede ser? (Fácil 
enigma.) 

El abad y su vecino, el cura y el 
sacristán, todos muelen en un moli- 
no; ¡qué buena harina harán! (Los 
hombres pueden ser dos, declarados 



abad y vecino por cura y sacristán.) 

El abad y su vecino, todos muelen 
en un molino. 

El ab.id de la Madalena, si bien co- 
me, me^or cena. (Si bien yanta.) 

El abad, de do canta, de allí yanta. 

El abad, ¿dónde canta? Donde yan- 
ta 

El abad de Bamba, lo que no pue- 
de comer dalo por su alma. 

El abad que no tiene hijos, es que 
le faltan los argamandijos. (Es más 
ordinario tenerlos, y mucho más de 
los que conviniera.) 

El ablano y el cabrón, en Mayo 
tienen sazón. (El asturiano llama 
ablano al avellano.) 

El hábito y la capilla no hace 
fraile. 

El hábito no hace al monje. 

El agosto es poco, y el que no le 
gana es loco. (Por los jornales.) 

El agua es fría, y más quien con 
ella convida. 

El agua no ha de tener olor, color 
ni sabor, para bebería mejor. 

El agua no embeoda ni endeoda. 
(El labrador, por endeuda, dice en- 
deoda.) 

El agua sin olor, color ni sabor, y 
hala de ver el sol. (En la fuente.) 

El agua sobre la miel, sabe mal y 
hace bien. (Porque templa el calor y 
mordacidad de la miel, y quita el do- 
lor del estómago que la miel causa.) 

El agua de Enero, hasta la hoz tie- 
ne tempero. (Hasta la siega.) 

El agua que dieres á tu señor, no 
la mires al sol. (Porque parece mo- 
tosa.) 

El agua como buey, y el vino como 
rey. (Que del agua se puede beber 
largo sin nota, y no del vino, porque 
ha de ser moderado.) 

El agua cuesta arriba dura poco, y 
menos el amor de niño y loco. 

El agua hace limpio. (Dícese en en- 
suciándose algo que se puede lavar.) 

El agua hace mal, y el vino hace 
cantar. 

El aguado no tenga en ti mando. 
(Quiero decir el hombre aguado.) 

El agujero llama al ladrón. 

El agraviado, con dulces palabras 
ha de ser aplacado. 



. . 



El aprender es amargura; el fruto, 
dulzura. 

El avariento, ni rico ni pobre está 
contento. 
El avariento siempre está sediento. 
El avariento, do tiene el tesoro tie- 
ne el entendimiento; ó el pensa- 
miento. 

El avariento rico, ni tiene pariente 
ni amigo. 

El avaro no tiene, ni el pródigo no 
tendrá. 

El avaro, cuanto más tiene está más 
menguado. 

El avaro, por no dar, tal vez no 

quiere tomar. 

El ama brava, es llave de su casa. 

El avisado y discreto, sabe que las 

mujeres, sin maestro, saben llorar, 

mentir y bailar. 

El amargo, gasta doblado. (Dice 
amargo por mísero y lacerado, el 
amancillado, el apocado.) 

El amistad del gato, buena es si no 
arañase la mano. 

El amistad, conocerla; y si importa, 
descoserla, mas no romperla. 

El amigo y el yerno, no se halla en 
todo invierno. 

El amigo y el diente, aunque due- 
lan, sufrirlos hasta la muerte. 

El amigo y el caballo, no se ha de 
llegar al cabo; ó no es bien apurallo. 
(Porque el amigo se puede enfadar, 
importunado, y el caballo se des- 
compone muy cansado, se desboca,, 
toma resabio y se manca.) 
El amigo nunca le pruebes. 
El amigo de virtud y soledad, no 
vrece ísic) adversidad. 
El amigo de la aldea, para ti sea. 
El amigo de la aldea, tuyo sea. 
El amigo fingido, conocerle has en 
el ruido. (Esto es, en la pendencia 
que suceda.) 

El amigo campesino, comerte há 
el pan y«beberte há el vino. (Dícenlo 
en la Vera de Plasencia por los del 
campo de Arañuelo.) 

El amigo que no presta y el cuchi- 
llo que no corta, que se pierda poco 
importa. 

El amigo malo, deja la paja y llé- 
vase el grano. 
El amigo más cierto es el dinero. 



El amo imprudente, hace al mozo 
negligente. 

El amo del hurón, vale por dos; ó 
el dueño del hurón, vale por dos.' 

El amor, á ninguno da honor y á 
todos da dolor. 

El amor es gala en el mancebo, y 
crimen en el viejo. 

El amor y la fe, en las obras se ve. 

El amor y la guadaña, quieren 
fuerza y quieren maña. 

El amor lo vence todo. 

El amor no sabe tener medio. 

El amor no tiene cerraderos en la 
bolsa, ni cilleros. 

El amor de la mujer y el amor del 
can, no vale nada si no decís: tomad. 

El amor de los asnos, entra á coces 
y á bocados. 

El amor de Dios, vence; todo lo ál, 
perece; ó el amor de Dios florece. 

El amor del soldado no es más de 
una hora, que en tocando la caja y á 
Dios señora. 

E! amor desasna las gentes y ciega 
las mentes. 

El amor deshace las faltas de la 
cosa amada. 

El amor que me mostráis, mudáis- 
le cuando queréis; no es amor el que 
tenéis. 

El amor, para ser perfecto, há me- 
nester el amador discreto. 

El amor primero jamás se olvida; 
pepita le queda por toda la vida. (Di- 
cen no se le ha caído la pepita al que 
tuvo afición; es semejanza de la pe- 
pita de que nacen semillas, legum- 
bres, melones y calabazas, y arboli- 
tos de naranjo, cerezo y castaño, y 
otros tales, que la pepita, ó semilla, 
no se les despega del pie hasta que 
están muy crecidos y fuertes en raíz 
y tronco. Otra cosa es la pepita de la 
gallina,' que la impide el comer y sa- 
lud, y es enfermedad que las da en la 
lengua; á cuya semejanza dicen, de 
una persona habladora, no tiene pe- 
pita, y de aquí despepitarse, por arro- 
jarse en hablar y decir.) 

El amor todo lo puede; ó todo lo 
vence. 

El amor verdadero no sufre cosa 
encubierta, y á solas su secreto. 
El arroyo pasado, el santo olvida- 



78 



do; ó el santo engañado; ó el río pa- 
sado. 

Él allí, y el can con el güeso. (Del 
que se ocupa en lo que no nos toca.) 
El año seco, tras el mojado, guar- 
da la lana y vende el hilado. (Porque 
como el agua ha lavado la grasa y 
suciedad de la lana, y el calor que 
sobreviene la seca, pesa poco el ve- 
llón y pierde mucho el que entonces 
la vende.) 

El año de la sierra, no le traya Dios 
á la tierra. (Porque la sierra es hú- 
meda y fresca y la está bien año seco, 
y al revés en la otra tierra.) 

El año derechero, el besugo al sol 
y el hornazo al fuego. (Se ha de co- 
mer; que por Navidad hiele y haga 
sol, y por Pascua de flores, tiempo 
de hornazos, haga fresco y llueva.) 
El hermano, para el día malo. 
El enamorado y el pez, frescos han 
de ser. 

El enamorado que no es polido, 
luego es aborrecido. 

Él enemigo honrado, antes muerto 
que afrentado. v . 

El enemigo honrado, matallo y no 
injuriallo. 

El enemigo honrado, más vale ma- 
tarlo que agraviarlo. 

El enemigo, no vale por testigo; 
pero vale más que otro por testigo 
de abono. 

El enjambre de Abril, para mí; el 
de Mayo, para mi hermano; el de Ju- 
nio, para ninguno. 

El enfermo ni lo bebe ni lo come; 
mas mala casa pone. 

El engañoso, está peligroso para sí 
y para el otro. 

El envidioso no medra, ni quien 
de él vive cerca; ó ni quien vive jun- 
to á él. 

El es brujo y ella es bruja, y saben 
hacer calzas de aguja. 

El esforzado acometer, hace mu- 
chas veces al hombre vencer. 

El esfuerzo, en la desesperación, 
crece y dobla el corazón. 

El escarabajo, á sus hijos dice gra- 
nos de oro. 

El escarmentado, bien conoce el 
vado. 
El escarmentado, busca el vado. 



El escudero de Guadalajara, de lo 
que dice á la noche no hay nada á la 
mañana. 

El escudero, cuando viene á co- 
mer, toma la vihuela y empieza á ta- 
ñer. Llega acá, mi vida, tomaréis 
placer; ésta es la vida que habéis de 
tener. (Dícese á propósito de no tener 
qué comer, y se procuran alegrar y 
disimular su mala ventura.) 

El esclavo, no trae el esquilón por 
su honor. 

El espejo y la mujer, tratados han 
de ser. 

El estado puédese aconsejar, mas 
no obligar. 
El estaquilla de Coa; ó Roa. 
El estiércol no es santo, mas do 
cae hace milagro. (Porque hace cre- 
cer las mieses.) 

El estudiante que á los veinte no 
sabe, y á los treinta no entiende, y á 
los cuarenta no tiene, mala vejez es- 
pere. 

El estudiante, harto de sueño y 
muerto de hambre. (Ni falto de sue- 
ño, ni repleto.) 

Él yerro encelado, medio perdo-. 
nado. 

El yerro del médico, la tierra le ta- 
pa; el del letrado, el dinero le sana; 
el del teólogo, el fuego le apaga. 

El yo soy y el estornudo, no es to- 
do uno. (Aplícase á palabras que no 
dicen con obras, y es como la voz de 
Jacob y las manos de Esaú. Una des- 
posada metía á cuestas al desposado 
porque no sintiesen los padres los 
pies, que dormían á la entrada de su 
pieza; el desposado, al pasar, estor- 
nudó; dijo el padre: «¿Quién anda 
ahí?» La hija respondió: «Yo soy.» A 
esto el padre dijo: «El yo soy y el es- 
tornudo, n ) es todo uno.») 

El infierno está lleno de buenos 
deseos, y el cielo de buenas obras. 

El infierno está lleno de buenos 
propósitos, y de buenas obras el cielo. 
El invierno en Burgos, y el vera- 
no en Sevilla. (Porque tienen como- 
didad las viviendas para estos tiem- 
pos contrarios, que se pasan mejor 
que en otros lugares no tan preveni- 
dos. Atribuyen el dicho á la reina 
D. a Isabel.) 



— 79 — 



El invierno es ido y el verano ve- 
nido; mal haya quien bien nos hizo. 
(Que en faltando la necesidad, lue- 
go está en la mano el desagradeci- 
miento.) 

El hisopo del herrero, cuándo en 
el agua, cuándo en el fuego. 

El italiano, cazo; y el francés, ma- 
zo. (Palabras son allá de parte des- 
honesta.) 

El oro es lo que lloro, que la plata 
mi marido la gana. 

El oro, y la tela, y la doncella, á la 
candela. (Entiende' parecen mejor, y 
así otras cosas; avisa que no se de- 
jen engañar de tal semblante.) 

El oro y la miel, donde está pare- 
ce bien. 

El oro majado luce, y el remajado 
reluce. 

El oro, por eso es claro, porque es 
raro. 

El oro, machado; y el mozo, casti- 
gado. 

El olivar de Lope de Rueda. (Este 
Lope de Rueda era famoso represen-, 
tante, y según dicen, el primero que 
puso en mejor punto la representa- 
ción. Este hacía un entremés de la- 
brador, en que concertaba con su mu- 
jer de irse á la Andalucía y servir de 
gañán y aperador, y su mujer de ha- 
tera y guisar la comida á los gaña- 
nes; y que en un año ahorrarían diez 
ducados y con aquéllos sembrarían 
dos hanegas de trigo, otro año, en un 
pegujar y cogerían cien hanegas, y 
las venderían á cuatro ducados, que 
serían cuatrocientos; con los cuales 
comprarían una tierra y plantarían 
en ella un olivar, con que serían ri- 
cos, porque aquella es muy buena 
hacienda en Andalucía, porque va- 
le mucho el aceite; pero mira, mu- 
jer, que os digo que no me habéis de 
dar á vuestra madre escudillas de 
aceite. En verdad, sí daré; en ver- 
dad, no daréis; y sobre esto tenían 
mucha pendencia, con que hacían 
reír. Y aplícase «El olivar de Lope de 
Rueda», á lo que «Hijo no tenemos y 
nombre le ponemos», «No asamos y 
ya empringamos», y á discursos se- 
mejantes á este cuento.) 

El olivar, hacerte há bien si le ha- 



ces mal. (Requiere atocharle y cor- 
tarle las ramas viejas para renovarse, 
y porque se varea para coger la 
aceituna del suelo.) 

El olmo como nace, y el álamo co- 
mo cae. (Entiende se han de poner 
en los edificios sin labrarlos mucho. 
Olmo, es el álamo negrillo; álamo, el 
blanco.) 

El hombre, á los treinta, ó vive ó 
revienta. 

El hombre á quien muchos temen, 
á muchos ha de temer. 

El hombre anciano, hiere con el 
pie y señala con la mano. (Porque 
los muchos años le han hecho sagaz 
y artero.) 

El hombre asentado, ni capuz tun- 
dido ni camisón curado. (Que no lo 
tiene por holgar.) 

El hombre, en la plaza; y la mujer, 
en casa. 

El hombre en su ser, quiere á otro 
parecer é no sabe á quién. 

El hombre es fuego, y la mujer es- 
topa; viene el diablo y sopla. 

El hombre ya entrado, ni capote 
con borlas, ni zaragüel gayado. 

El hombre necesitado, cada año 
apedreado. 

El hombre sospechoso, de suyo se 
es cornudo; ó de suyo es ciervo an- 
choso. 

El hombre celoso, de suyo se es 
cornudo. 

El hombre desgraciado, en la cama 
se desespalda. 

El hombre bestia, ni lo claro re- 
media. 

El hombre bestia, en lo claro ye- 
rra. 

El hombre bueno no sube en le- 
cho ajeno. 

El hombre que casero, la hija pri- 
mero; ó el hombre discreto. 

El hombre discreto, en los otros 
hace escarmiento. 

El hombre de seso ahorra tiempo. 

El hombre que apetece soledad, ó 
tiene mucho de Dios ó de bestia bru- 
tal. 

El hombre que presta, las sus bar- 
bas mesa. 

El hombre que hinchar, si es viejo 
para morir, si es mozo para sanar. 



80 - 



(Hinchar está por hinchare, si hin- 
chare.) 

El hombre, con paperas; y la mu- 
jer, sin ellas. (Bien viene contra las 
guedejas, que el desorden de mozos 
quería introducir.) 

El hombre cuerdo, la hija prime- 
ro. (Dicen que es mejor la hija pri- 
mero, como se dice en otros refra- 
nes; y también aconseja que case la 
hija primero que al hijo, y que á sí 
mismo, si fuere viudo.) 

El hombre cuerdo, lo público ha- 
ce secreto . 

El hombre perezoso, en la fiesta es 
acucioso . 
El hombre piensa, y Dios dispensa. 
El hombre por el verbo, y el toro 
por el cuerno; ó el hombre por la 
palabra, y el buey por el cuerno; ó 
la melena. (Ya le truecan por mote: 
«El hombre por el cuerno, y el buey 
por el verbo; ó palabra».) 

El hombre pobre, todo es trazas: á 
las veces son buenas, á las veces son 
malas. 

El hombre pobre, todo es trazas; y 
el rico, trapazas. 
El hombre prevenido, vale por dos. 
El hombre propone, y Dios dis- 
pone. 

El hombre mancebo, perdiendo ga- 
na seso. 

El hombre mantenido, estira el 
hilo. (Que con el buen comer tiene 
fuerza para el trabajo.) 

El hombre mezquino, en cada ba- 
rrio es vecino. 

El hombre mezquino, ni costriba 
con pan ni con vino. (Él que es dé- 
bil.) 

El hombre mezquino, después que 
ha comido há frío. 

El hombre metido en afrenta, hace 
por treinta. 

El hombre mohino, hiere con su 
sonido. (Que ni aun oir no le quie- 
ren. Mohino es aquí cuitado y mise- 
rable, y enfadado y con pesadumbre.) 
El hombre muerto, no gana sueldo. 
El hombre rico, capirote tuerto. 
El hombre rico, con la fama casa 
el hijo. 

El hombre haga ciento; á la mujer 
no la toque el viento. 



El ojo del amo, engorda al caballo. 
El ojo del amo, estiércol para la 
heredad; ó el pie del amo; ó del se- 
ñor. 
El ojo del señor es el pienso mejor. 
El ojo, con el codo. (Quiere decir 
que no se toque ni llegue á él.) 

El oficial que no miente, sálgase 
de entre la gente. 

El oficial tiene oficio, y ál. (Al es 
la ganancia y haber: quien há oficio, 
há beneficio.) 

El oficio del niño es poco, mas el 
que le deja es loco; ó el que le pierde. 

El oficio del gato: matar el rato. 
(De los que no dejan sus mañas.) 

El oficio del perezoso. (Dícese al 
que se carga mucho de una vez poí- 
no ir ni venir, y se tarda más, y le es 
causa de volver más veces; y cuando 
de una vez quiere hacer lo que se ha- 
ce mejor de muchas.) 

El oficio que me sé, por mío me le 
hé. 

El usar saca oficial . 

El uso hace maestro . 

El uso es maestro de todo. 

El lazo negro, desde lejos me le 
veo. 

El lazo blanco engañóme el papo. 
(Palabras del paj arillo cazado.) 

El ladrillo, mal regado y bien ba- 
rrido; y el guijarro, mal barrido y 
bien regado; ó el empedrado. 

El ladrón en la horca, y el santo 
en el altar, para bien estar. 

El labrador codicioso, siembra en 
el rastrojo. 

El ladrón, de la aguja al güevo, del 
güevo al buey, del buey á la horca. 

El labrador codicioso, en segando 
quiere sembrar. 

El latín con babas, y la ciencia con 
barbas. (Se han de estudiar.) 

El lechón de un mes, y el pato de 
tres. 

El leño y el marido, no es esco- 
gido. 

El lino apurado, da lienzo do- 
blado. 

El lino es polvo, y el trigo es oro. 

El lino y el garzón, con el leño le 
compon. 

El lino y la tierra, de color de gre- 
da. (Es el lino en-cerro.) 



81 



El lino y la haba, la primera obra- 
da; ó á la primera agua sembrar. 

El lino bien rastrillado, viene á 
pelo para delgado. 

El lino, quien lo aliña, ése lo hila. 
(Por lo mucho que en él se trabaja 
hasta llegar á hilarse.) 

El lodo, á los mozos da por la bar- 
ba, y á los viejos por la braga. 

El logrero, cuanto más enriquece, 
su alma más empobrece. 

El lobo anda en el rebaño. 

El lobo en la conseja. 

El lobo y la vulpeja, todos son en 
la conseja. 

El lobo y la vulpeja, todos de una 
conseja. 

El lobo no come de la carne que 
quiere, sino de la que por su pie hu- 
biere. 

El lobo, do mane, daño no hace. 
(Esta sagacidad del lobo es más cier- 
ta en ladrones y hombres cautos.) 

El lobo, do halla un cordero, bus- 
ca otro. 

El lobo, do halla un cordero, busca 
otro compañero. 

El lobo que no va por su pie. no 
come de lo que quiere. 

El lobo pierde los dientes, mas no 
las mientes. 

El lobo tardío, nunca vacío. 

El lobo tardío, nunca vuelve vacío. 

El lobo viejo, á la tarde aulla. 

El lobo viejo no busca tripas ni se- 
sos, sino hígados tiernos. 

El lobo muda el pelo, mas no el 
bezo; ó el celo. 

El lobo harto de carne, métese 
fraile. (Dícese por los que hartos y 
contentos, ó que se han logrado bien 
y gozado del mundo, tratan de la es- 
trechez que deben tener y guardar- 
los religiosos, y que ellos quisieran 
entrar en religión, y que fueran muy 
observantes; pero esto es de palabra 
solamente, que están muy lejos de 
ponerlo por obra, como el lobo.) 

El lobo hace entre semana, por do 
el domingo á misa no vaya. 

El lobo hace entre semana, ó de 
guisa, por do no va el domingo á 
misa. 

El loco, en la frente trae el cuer- 
no; y el cuerdo, en el seno. 



El loco, donde halla un dinero, 
ahí busca otro. (Este refrán es pro- 
pio de Aragón, donde la moneda me- 
nuda son dineros de poco más valor 
que blanca; y en Zaragoza algunos 
locos mansos piden limosna para el 
Hospital r pues adonde una vez les 
dan. acuden otra, como lo hacen to- 
dos los pobres que andan por las 
puertas; y aconseja este refrán que á 
donde halláremos provecho, no le 
perdamos, aunque sea poco.) 

El loco, por la pena es cuerdo. 

El lunar sobre los dientes, señor 
de sus parientes. (Manera de ala- 
bar el lunar que está sobre la boca, 
adonde parece mejor á la dama que 
los de otra parte del rostro, y un 
cantarcillo hay que lo alaba, junto á 
la boca. Señor de sus parientes, dice 
que es señor y rey de los otros lu- 
nares, y que la que le tiene es señora 
de sus parientes, esto es, estimada y 
tenida por hermosa de todos. Más 
misterio entiendo: que el lunar so- 
bre los dientes se entiende por el 
bozo y barba, señal de varón, y entre 
hermanas, el varón lleva el mayoraz- 
go y es señor de los parientes; y de- 
más de esto, entiendo el que tiene 
obras y entendimiento de verdadero 
hombre, significado por la barba, es 
estimado y acatado de sus deudos; 
para significar que un hombre tiene 
valor, decimos que es hombre de 
barba y pelo en pecho.) 

El lunes á La Parla, el martes á 
Paliza, el miércoles á Puñoenrostro, 
el jueves á Cocea, el viernes á La 
Greña, el sábado Cierne y masa, el 
domingo Descansa. (Dice lo que su- 
cede á algunas mujeres por parlar y 
holgar, que sus maridos las castigan 
á puñete, palo y coz; alude á hacer 
los nombres de lugares.) 

El lunes me levanto, y el martes 
me arremango. (Es de Larones.) 

El lunes me levanto, el martes me 
calzo, el miércoles me visto. 

El lunes mojo, el martes lavo, el 
miércoles cuelo, el jueves saco, el 
viernes cierno, el sábado maso, el 
domingo, que yo hilaría, todos me 
dicen que no es día. (Contra los que 
son para poco, y casi nada los ocupa.) 



82 



El nabo y el pece, sobre el hielo 
crece; ó so el rabo crece. 

El necio, ni lo venidero sabe huir, 
ni lo presente sufrir. 

El necio, callando, es habido por 
discreto, como por cumplido el es- 
caso, encubierto. 

El necio, callando, es tenido por 
sabio; ó parécese al sabio. 

El necio, por la pena es cuerdo. 
(Con la pena.) 

El nido del monte, hoy es mío; ma- 
ñana, de otre. 

El niño y el orate dicen la veri- 
tate. (Imitado del catalán.) 

El niño y el becerrito, en mitad de 
la siesta han frío. 

El niño y el cochino, adonde les 
dan el bocadillo. 

El niño y el pece, al sol se aterece. 
El viejo y el pece, al sol se aterece. 

El niño y el pece, en el agua crece. 

El niño y el potro, primero sarno- 
so para ser hermoso. 

El niño quiere ser lavado y andar 
limpio. 

El niño de Pedro Fernández, que 
vino el jueves y. fuese el martes. 

El niño duerme al peso, y el viejo 
al seso. (Porque los niños son húme- 
dos y flemáticos, y por eso más dor- 
midores; los viejos, secos y de sueño 
ligero.) 

EL niño que mama y come, dos 
barbas pone; ó dos cueros pone. 

El niño, por su bien llora; y el vie- 
jo, por su mal. 

El niño regalado, en todo tiempo 
es airado; ó el niño regalado, siem- 
pre está enojado. 

El no saber es causa de cuestión, 
como el no atender. 

El nombre rige al hombre. (Procú- 
rele cada uno hacer bueno.) 

El nogal y el villano, á pulso hacen 
el mandado. 

El noble, más quiere libre morir, 
que esclavo vivir. 

El novillo de mis vacas, y el mozo 
de mis bragas. 

El sarmiento y el villano, es por- 
fiado. (Porque el sarmiento en la 
lumbre no quiere arder á soplos, y 
es menester encenderle con otra 
cosa.) 



El salto de Alvarado. (En Méjico 
saltó Alvarado, con una pica, huyen- 
do de muchos indios que le seguían, 
una acequia de tanta anchura, que se 
atribuye á milagro ó portento, más 
que á fuerzas humanas. En las histo- 
rias es celebrado, y hoy día le tienen 
señalado, aunque no traen por allí el 
agua.) 

El salto de la rana, de lo seco en 
el agua. 

El salto de Hernandillo. (Dícese de 
los grandes saltos; fué también en 
las Indias, como el de Alvarado.) 

El salmo de Lancero. (Díjose en 
las Indias por un soldado así llama- 
do, de los primeros que allá pasaron, 
que con unas palabras buenas que 
decía, haciendo la señal de la cruz 
sobre las heridas, sanaban luego; 
atribuyese á la voluntad de Dios 
para fundar allá la fe en los indios, 
más que á ensalmos inciertos. Aplí- 
case á cosas útiles que parece se 
obran ú obraron por milagro.) 

El salmón y el sermón, después de 
pascua no han sazón. 

El sano al doliente so regla le so- 
mete. 

El santo macarro jugando al abe- 
jón. 

El sastre de Ciguñuela, que pone 
la costa y hace de balde la obra. 

El sastre de Peralvillo. que hacía 
la costura de balde y ponía el hilo. 

El sastre de Piedras Albas, que po- 
nía el hilo de su casa. 

El sastre del cantillo, que cosía de 
balde, y ponía el hilo. 

El sabio de Almudévar, Pedro Za- 
puto. (Dicho por ironía de un necio.) 
El sabio todo lo ha de probar, an- 
tes que armas tomar; ó todo lo ha de 
tentar; ó todo juicio he de experi- 
mentar antes de armas tomar. 

El saco redondo, tanto lleva como 
el longo. (Y á veces más.) 

Él se sabe una canción con dos 
guiaderas. (La canción es habla con 
dos sentidos, traza de hombres do- 
blados, para si no les viene bien lo 
uno, decir quisieron y entendieron 
lo otro; ó con unos usan el un senti- 
tido, y el otro con otros.) 
Él se sabe su salmo. (Del astuto.) 



- 83 



El ser señor, no es saber; mas eslo 
el saberlo ser. 

El ser seño'-, no es saber; es señor 
saberlo ser. 

El servicio del niño es poco, mas el 
que le deja es >co; ó el que le pier- 
do es loco. (Porque van de buena ga- 
na al mandado, y se precian ellos de 
ser para algo, y no sisan como los 
grandes.) 

El sermón y el salmón, en la cua- 
resma tienen sazón, y después non. 

El sermón y el zamarro, no es para 
el verano. 

El seso derecho, cantar en la mesa, 
bailar en el lecho; ó y silbar en el le- 
cho. (Por ironía de hecho de necio.) 

El secreto de A i ciruelo, que lo de- 
cía dando voces. 

El secreto de tu amigo guardarás, 
y el tuyo no ís. (El relativo le 

refiere al secreto en acusativo y en 
dativo al amigo; por lo primero es 
bien no decir á nadie tu secreto de 
los amigos generales, mas al especial - 
amigo en ocasión se puede decir pa- 
ra fin de dar rom. dio.) 

El señor que ha de ser servido, ha 
de ser sorbido. 

El señor que nos vendió el galgo, 
zanquicorto y rabilargo. 

El sol en la era, y la lluvia en el 
nabal. (Las eras do trillan quieren 
sol, y el nabal agua. El sentido es 
querer las cosas á gusto como así 
me lo quiero, como caer la sopa en 
la miel.) 

El sol y el alguacil, y el médico, 
por do quiera entra y vuelve á salir. 
(A título de justicia entra el alguacil 
donde quiera y es menester.) 

El sol de Marzo, quema las dueñas 
del palacio; mas no las del bien con- 
certado. (Quiere decir que no quema 
á las que viven con concierto, ha- 
ciendo sus oficios dentro, en casa, 
sino á las holgazanas que tienen pa- 
lacio y conversación á todos, y á las 
puertas, como dice el otro refrán: 
«La mujer necia, á su puerta se po- 
ne negra». También dicen: «Los aires 
de Marzo, ó los soles de Marzo, que- 
man las dueñas i palacio», etc.; y 
por palacio, cutí len concertado el 
convento de monjas, porgue viven 



con orden y no las queman ni los 
aires y los soles, y porque sus cosas 
son más guardadas y de mejor edifi- 
cio y reparo que las comunes.) 

El sol que sale á bon maitín, y la 
mujer que parla latín, y el perlado 
que ama lo buen vín, nunca habrán 
buen fin. (Tómase del catalán, imi- 
tando su lengua.) 

El sol que madruga, es señal de 
lluvia. 

El sol me luzga, que de la luna no 
hé cura; ó que de la lumbre no hé 
cura. 

El sol hierve, y el infante treme. 

El solo, sólo es; el que es solo, sólo 
es. (Que todos le dejan si es pobre, 
y si es rico acúdenle por el interés.) 

El sombrero del amigo, mucha la- 
na y bien furtido. (Lo contrario es 
más veces.) 

El sombrero hasta el suelo, y el 
repelón hasta el cielo. (Dice que tra- 
tando negocios y pleitos, seas con la 
parte contraria muy cortés, y en tu 
derecho no pierdas punto, y hagas 
toda tu diligencia.) 

El sotil ladrón, busca el rico me- 
són. 

El zapato del amigo, mucha pez y 
bien cosido. (Lo contrario es más or- 
dinario: poca pez y mal cosido, si no 
interviene algún buen respeto.) 

El celo demasiado, á las veces des- 
pierta á quien está descuidado. 

El cebo es el que engaña, que no 
el pescador ni la caña. 

El ciego y el sabio, yerran un paso. 

El ciego que nunca vio, como no 
sabe qué es ver, no siente tanto el no 
ver como aquél que vio y cegó. 

El cirujano piadoso, afistola la lla- 
ga, y no el riguroso. 

El sastre que no hurta, no es rico 
por la aguja. 

El jarro nuevo, primero bebe que 
su dueño. 

El juego del potro, dale tú al otro. 
(El potro de Córdoba.) 

El juego del puto, la primera car- 
ta es triunfo. 

El juego, poco y bueno. 

El judío y el nabo, ralo. 

El judío, porque ganó la primera, 
azota á su hijo. (Entiende la primera 



84 



mano; ó «El judío á su hijo azotó, 
porque la primera mano ganó».) 

El judío por medrar, y el sábado 
á la puerta. 

El judío muerto y el sábado en 
casa. 

El dar es honor, y el pedir, dolor. 

El dar y el tener, seso há menester. 

El dar limosna, nunca mengua la 
bolsa. (Porque Dios la cumple; huya- 
mos que se diga que no la mengua, 
porque no damos, que antes Dios 
deshace las haciendas donde no hay 
caridad.) 

El dardillo de Burgo, quitalde sea- 
se vuestro; ó catalde. 

El dardo, rabudo; y el gañán, bar- 
budo. (Que sea largo el dardo.) 

El de los odres, mi tío sodes, allá 
con el vino. (El que vende mal vino, 
viendo el que anda con odres á com- 
prar, lisonjéale diciendo que es su 
tío, y después que le ha engañado, 
dícele: «Allá iréis con el vino».) 

El de Valdecorna, por un dinero 
se torna. (Fué á tratar con una mujer 
enamorada, y desconcertóse con ella 
por un dinero, que es la moneda 
más baja de Aragón, poco más que 
blanca.) 

El de Macotera, que sacó la novia 
y la dejó entera. (Lugar es cerca de 
Peñaranda.) 

El deudor no se muera, que la 
deuda en pie se queda. 

El deudor se hace demandador. 
(Cuando uno se queja de lo que se 
han de quejar de él.) 

El del chapirón. ó escapará ó non. 

El deseo vence al miedo. 

El deseo hace hermoso lo feo. 

El descuido de la corregidora, sa- 
cude y levanta la saya, haciéndose 
boba. (Para mostrar lo galano encu- 
bierto.) 

El dejar perder no es franqueza, 
ni guardar lo forzoso escaseza. 

El día de ayuno, víspera es de san- 
to. (Que se compensa el trabajo con 
el premio.) 

El día de aire, arrímate á tu padre. 
(Es de Extremadura, adonde hay bue- 
nas lumbres de encina, y el padre 
tiene el mejor asiento del hogar.) 

El día de hoy no hay de quién fiar. 



El día de San Lucas, mata tus puer- 
cos y atapa tus cubas. 

El día de San Fernando huelga el 
mozo, aunque le pese al amo. (Lla- 
man días de San Fernando á los muy 
lluviosos, que no se puede salir á tra- 
bajar al campo.) 

El día de San Bernabé, dijo el sol: 
aquí estaré. (Porque cae en el solsti- 
cio, cuando el sol está más alto en el 
verano.) 

El día de San Pedro de Cátedra, 
sale la víbora de so la tierra; ó el día 
de San Pedro de Cadera, sale la calor 
de so la tierra. (O el calor , que es 
macho.) 

El día de boda, ponte en nona. 
(Avisa al cura que prevenga el reza- 
do á la ocupación; nona es lo pos- 
trero antes de vísperas.) 

El día de calor, ése te arropa me- 
jor. (La causa es porque están los po- 
ros abiertos, y cualquiera aire frío 
daña si se descubren.) 

El día del placer, víspera es del 
pesar. 

El día de mañana no le vimos. 

El día de nublo, la mañana larga y 
el día ninguno. 

El día que él es de perder, no es 
de ganar. (Dicho por consuelo cuan- 
do se pierde.) 

El día que no escobé, entró quien 
no pensé. 

El día que no me afeité, vino á mi 
casa quien no pensé. 

El día que cierno, mal día tengo. 

El día que maso, mal día paso. 

El día que cuelo, mal día llevo. 

El día que te casas, ó te sanas, ó te 
mancas. 

El día que me casé, buena cadena 
me eché. (Por el uno y el otro que se 
casa; porque se sujeta, y parece que 
dice que se puso al cuello cadena de 
gala.) 

El día nubloso, saca los paños her- 
mosos. (Entiende lavándolos; porque 
se ve mejor lo sucio y se procura 
quitar.) 

El diablo, á los suyos quier<\ 

El diablo haya parte en quien Dios 
no cree, y á misa va y viene. 

El diablo anda en Cantillana, y el 
obispo en Brenes. (Dicen algunos 



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viejos de Sevilla, que hubo un obis- 
po de anillo que tenía hacienda en 
Brenes; y estando él allí, unos sobri- 
nos suyos hicieron en Cantillana al- 
gunos desafueros y ruidos de noche, 
formando están tiguas, y espantando 
la gente para fines de sus amores.) 

El diablo anda suelto; andaba, ó 
anduvo, el diablo suelto. 

El diablo es el señor de la villa, y 
guarda los puercos. 

El diablo es el buey rabón, harto 
de paja, y no quiere arar, non. 

El diablo es el que no cansa. (Que 
no se cansa de hacer mal.) 

El diablo es sotil, y hila gordo. 

El diablo está en Cantillana, ur- 
diendo la tela y tramando la lana; ó 
tejiendo la lana. (El rey D. Pedro 
dice que pretendió allí el amor de 
una doncella principal desposada, y 
el esposo venía á verla de noche, he- 
cho fantasma por miedo del rey; 
vino á espantarse la gente, y hacer 
este refrán.) 

El diablo le hace la cama. (Dícese 
de uno que por sus malos hechos se 
juzga que parará en mal.) 

El diablo lo hace y lo traza, y el 
diablo lo tapa con una manta; y el 
diablo lo saca con un tamborino á la 
plaza. 

El diablo no es puerco, y gruñe. 
(A propósito de mover rencillas por 
hablar.) 

El diablo no duerme. (Porque 
siempre está pronto para hacer mal, 
caer y revolver, y ayudar á mal.) 

El diablo, nunca duerme en paja. 

El diablo se reirá de eso. 

El diablo, que no duerme . (Cuan- 
do cuentan mal caso que aparejó el 
diablo.) 

El diablo tacachó, que nunca taca- 
chará. (Hace donaire por las sinale- 
fas: «El diablo te acá echó, que nun- 
ca te acá echará.*) 

El diablo cojo, sabe más que el 
otro. 

El diablo cojuelo, que es más li- 
gero. 

El diablo te eche otro pecho; buen 
rey mozo tenemos. (Dícese á los que 
sin otro cuidado tratan de sólo hol- 
garse y engalanarse, y vida alegre.) 



El diablo te lo dijo que habíamos 
cocho; éramos siete y vinieron ocho. 

El diente y el amigo, sufrillo, con 
su dolor y vicio. 

El dinero en la bolsa, hasta que se 
gasta no se goza. 

El dinero es caballero. 

El dinero, y el amor, y el cuidado, 
no puede estar disimulado. 

El dinero y el amor, trae los hom- 
bres al derredor. 

El dinero se va al dinero. 

El dinero sobre prendas y pala- 
bra, y á tener de la halda. 

El dinero de los párvulos se con- 
sume primero que el de los francos. 

El dinero del obrero, entra por la 
puerta y sale por el humero. 

El dinero del pobre, dos veces se 
gasta. (Por lo que escatima compran- 
do, le obliga á comprar otra vez.) 

Él dinero del mezquino, dos veces 
anda el camino. 

El dinero todo lo puede y vence; 
todo lo puede el dinero; el dinero lo 
puede todo; el dinero lo acaba todo; 
todo le acaba el dinero. 

El dinero se va ai dinero y el hol- 
gar al caballero. 

El dinero hace al hombre entero. 

El dinero hace lo malo bueno. 

El dinero hace bailar al perro. 

El discreto alcánzalo todo., mas no 
el bobo. 

El discreto disimula la injuria con 
sosiego; el necio, córrese luego. 

El discreto disimula la ira con so- 
siego; el necio, atúfase luego. 

El dice lo que desea, no porque lo 
vea. 

El dicho apruebo, y el propósito 
no entiendo. 

El dicho, si no es agudo, no vale 
un higo. 

El dormir no quiere prisa, ni la 
prisa quiere dormir. 

El dolor de la muela, no le sana la 
la vigüela. (No embargante esto, en- 
fermedades hay que las cura la mú- 
sica, como lo escriben muchos au- 
tores.) 

El dolor de la cabeza, el comer la 
endereza. (Lo primero es dicho del 
que se queja, repetido por otro que 
añade lo segundo con silepsis, en- 



tendiendo la cabeza, que la endereza 
el comer; y así no es razón desatada, 
aunque parece solecismo y barba- 
rismo.) 

El dolor de cabeza, el comer la en- 
dereza. (Este va con buena gramá- 
tica.) 

El dolor de cabeza es mío, y las 
vacas son nuestras. (Quiero decir que 
el trabajo y mal es propio de la per- 
sona; los servicios y ganancia y pro- 
vecho, de comunidad.) 

El dolor del corazón, quita el con- 
cierto de la lengua á la razón. 

El dote de doña Clara. (Respondía 
esto un personaje en la corte, cuan- 
do le decían de dónde tenía este juro 
y aquél, y esta hacienda y aquélla, 
con tan poca renta de plaza; aplícase 
por excusa de lo mal adquirido.) 

El doctorado es grande de saber, y 
la caballería de haber y tener. 

El domingo se vendrá, y debajo 
del guindal me cogerá. 

El duelo y el güevo ; para el judío 
es bueno. (El duelo y escasez, porque 
es hecho á él; el huevo y chica ga- 
nancia, porque él es aplicado á ga- 
nar como quiera.) 

El dueño del hurón, vale por dos. 
(Para cavar y sacarle del vivar, y 
porque al partir la caza lleva más.) 

El durazno y el prisco quiere vino, 
y agua el higo. 

El duro adversario, amansa las fu- 
rias del contrario. 

El faldellín y el lacayo, gaiteado. 
(Otros dicen: «El manteo y el lacayo, 
gaiteado >. Faldellín ó manto es há- 
bito de mujeres, debajo de las sayas, 
el cual hacen de color azul ó colora- 
do, con pasamanos.) 

Él favo es dulce, mas pica la abeja. 
(Aplícase en caso que poca ganancia 
ó placer trae mucho daño. El astu- 
riano llama favo, y el labrador havo, 
al panal de la miel.) 
El fin de la guerra es el juez de ella. 
El físico de Orgaz, que cataba el 
pulso en el hombro y la orina en el 
mortero. (Físico y cataba son anti- 
guos; ahora decimos: «El médico de 
Orgaz, que miraba, ó tentaba, el pul- 
so en el hombro y la orina en el 
mortero .) 



El físico que bien cura, finado el- 
paciente le deja sin calentura. 

El fuerte adversario, aplaca las 
iras del más flaco. 

El fuego ayuda al cocinero. 

El fuego, el amor y la tose, se co- 
noce. 

El fuego y el amor, no dicen: vete 
á tu labor; ó el fuego, la cama y el 
amor, no dirán: vete á tu labor. 

El fuego y la mala garganta, cuan- 
to le echan, tanto traga. 

El fuego y la mujer, á coces se han 
de hacer. 

El fuego del ladrón, arde por de- 
bajo, por encima non; ó por de fuera 
no. (Ladrones y salteadores de cami- 
nos que andan á monte, por no ser 
descubiertos por la lumbre, por lo 
que dice otro refrán: «Llama la llama 
adonde viene la llama >, no la hacen 
grande como los pastores, sino con 
la menor llama que pueden, y pro- 
curan que sea brasa solamente, como 
dice otro refrán: «La lumbre del la- 
drón, dos brasas y un tizón>, y así la 
lumbre que no alza llama y no está 
luciente, la llamamos lumbre de la- 
drones; para decir que una es ruin 
lumbre, decimos que es lumbre de 
ladrones, y por eso dice el refrán: 
arde por debajo y por encima non. En 
el comendador está al revés: arde 
por encima y por debajo non f y en 
este caso será de ladrones del lugar 
que no tienen aliño de buena lum- 
bre, y la hacen á deshoras de ajas pa- 
jas, para sus comidas; y aplícase á los 
que debajo de buena apariencia y 
palabras buenas, tienen vicios, false- 
dad y engaños.) 

El fuego cabe las estopas, llega el 
llega el diablo y sopla. (Entiéndese 
el hombre por el fuego y la mujer 
por las estopas; quiere decir que se 
huyan las ocasiones de estar á solas 
juntos, no caigan.) 
El fraile, la horca en el aire. 
El fraile se muda, el mozo se casa, 
el casado se cansa y se va á su casa, 
el clérigo dura; ó el abad dura. (Con- 
sejo de vieja á moza enamorada.) 

El fraile que pide pan, carne toma 
si se la dan. 
El fraile, con sol de casa. (Entien- 



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/ 



de se vaya, y no duerma en tu casa.) 

El fraile cucarro, deja la misa y 
al jarro. 

El fraile predicaba que no se de- 
bía hurtar, y él tenía en el capillo el 
ánsar. 

El fraile minche, cuando se caga 
todo lo hinche. 

El francés no es de natura, si no 
prende al que asegura. (Escribe Tito 
Livio ser cosa familiar á los france- 
quebrar la palabra, y comprué- 
banlo muchas experiencias, y más la 
historia del Rey Francisco, que mu- 
chas veces la juró y siempre la que- 
bró con España, con ser rey.) 

El frío, de la salud es cuchillo; el 
calor, el tajón. 

El gaitero de Arganda, que le dan 
uno porque comience y diez porque 
lo deje. 

El gaitero de Bujalance, un mara- 
vedí porque tanga, y diez porque 
acabe. 

El galán que lo es, en el andar se 
lo veréis. 

El galán que no hiere firme, des- 
pedirle. 

El galápago, en tu casa no tiene 
miedo al agua. 

El galgo, á su paso, camina más; el 
gozque, trotando, quédase atrás. 

El galgo y el gavilán no se quejan 
por la presa, sino porque es su ralea. 

El galgo barcino, ó malo, ó muy 
fino. 

El ganar cría buena sangre; el per- 
der, mala. 

El gato saca las uñas, cuando las 
há menester. 

El gato de Marcos Ramos, halaga 
con la cola, y araña con las manos. 

El gato halaga con la cola, y muer- 
de con la boca. (Lo mismo el perro.) 

El gamón barbado, mira por el la- 
brador honrado. (Entiéndese mejor 
con el otro: «Año de gamones, trigo 
á montones». El gamón es planta sil- 
vestre que se da cada año, y es cono- 
cida, y cuando hay buen temporal 
crece más, de verano, de vara y me- 
dia; tiene las raíces como un manojo 
de chorizos, ó nabillos.) 

El gallo y el marón, por Mayo tie- 
nen sazón. 



El gallo de San Julián los llama. 
(Dícese esto en Salamanca por los 
mozos que se van con ánimo de va- 
ler fuera, y dentro de poco vuelven 
á los torreznos de casa. San Julián 
es una parroquia cerca de la plaza, 
que tiene un gallo por veleta -obre 
la torre.) 

El golpe de la sartén, tizna aunque 
no duel. (Duol por duele, como pon 
por pone, para hacer consonancia.) 

El gozo comunicado, crece; ó cre- 
ce comunicado. 

El gozo, comunicándolo, crece. 

El gorrión en la olla, y en la mano 
la macolla. (Que nada tiene de segu- 
ridad, hasta estar en posesión.) 

El güeso y la carne, duélense de 
su sangre. 

El güeso que Dios te dio en parte, 
sábele roer con arte. (Buen consejo 
á casados.) 

El güesped, á menudo güele á 
humo 

El güesped y el güevo, fresco. 

El güesped que está de espacio, 
cansa y da enfado. 

El güesped se irá de casa en bue- 
nas horas, y comeremos el gallo á 
solas. (Responde el mozo: «¿Qué gallo 
y qué nada tenéis vos?») 

El güéspede y el pece, á tres días 
hede. 

El güéspede García, cátale acá cada 
día. 

El güéspede con sol há honor; halla 
qué cene, y cama en qué se eche. 
(Que á las cosas se acuda con tiempo 
para negociar bien.) 

El güevo, sal quiere y fuego. 

El güevo, por la yema; y la mujer, 
por de fuera. 

El gusto dañado, lo bueno juzga 
por malo. (Y al revés.) 

El gusto dañado, juzga lo dulce 
por amargo. 

El gusto dañado, muchas veces juz- 
ga lo dulce por agrio. 

El guzco. al mastín ladra. (Que el 
fiaco se queja del poderoso con pa- 
labras, como no puede competir en 
fuerzas.) 

El gran diablo de Palermo. 

El gran hablador, mal acertador. 

El barato de Juan del Carpió. (Fué 



que aporreó á su mujer pidiéndole 
barato.) 

Ei barato de Cordovilla. (Uno que 
se llamaba Cordovilla alumbró toda 
una noche á unos que jugaban, por- 
que le diesen barato, y después tu- 
vieron enfado y diéronle con el can- 
delero.) 

El barco y el asno, la carga al rabo. 

El barranco de Zorzano, confesado 
y comulgado. (Es paso estrecho de 
empinada cuesta y profunda caída, 
allende Burgos.) 

El barro colorado, pone el color 
quebrado. (A las que lo comen.) 

El ballestero que me loas, alguna 
vez da en el blanco, mas no todas. 

El besugo gana mulo y mata mulo. 
(Porque es mercaduría en que se 
gana ó se pierde, según la prisa con 
que se trae, y el frío y blandura; va 
en la B: Besugo da.) 

El becerrito y el niño, en Agosto 
han frío. 

El beber es hidalgo, y el comer es 
villano. 

El beber es caballero, y el comer, 
villano grosero. 

El beber mata la sed, que no echar 
de fuera el pie; ó que no echar los 
pies de fuera. 

El bien, aviva; y el mal. amortigua. 

El bien acuchillado, se compadece 
del herido. 

El bien, entonces es conocido, cuan- 
do es perdido. 

El bien no es conocido hasta que 
es perdido. 

El bien no se conoce hasta que se 
pierde. 

El bien y el mal, á la cara sal. 

El bien, suena; y el mal, truena. 

El bien, suena; y el mal, vuela. 

El bien de la culebra, no muerde 
en el agua, y muerde en la pierna. 

El bien ganar, hace el bien gastar. 

El bien hacer, florece; todo lo al, 
perece. 

El bien vuela, y el mal trasvuela. 

El bien hacer, gana amigos; el de- 
cir mal, enemigos. 

El vivir templadamente, hace sana 
y rica la gente. 

El birretico del Padre póntole tú, 
que á mí no me cabe. 



El bodigo bueno, y yo á vos tam- 
bién, no viene bien, mujer. Mucho os 
quiero, María; yo á vos también, eso 
viene bien. (En un aldea, llegando á 
ofrecer una casada, díjola el cura 
muy bajo: * Mucho os quiero, María», 
y ella respondió: «Yo á vos también». 
Estas palabras de ella oyólas el ma- 
rido, y no las del cura, y preguntóla 
después en casa:. «¿Qué os dijo el 
cura?» Ella trocó la razón, que lleva- 
ba buen bodigo; replicó el marido: 
«El bodigo bueno, yo á vos también, 
no viene bien, mujer». Examinóla 
más, y confesó la verdad; que había 
dicho el cura: «Mucho os quiero, 
María»; así concertó el marido las 
razones: «Mucho os quiero, María, 
yo á.vos también, eso viene bien». 
Acomódase por lo primero á co- 
sas que no conciertan; por lo segun- 
do á razones y cosas que concier- 
tan.) 

El bocado de Adán. (Por Lo que no 
hace buen provecho, los bocados de 
Adán y Eva.) 

El botín de la galana, en invierno 
no vale nada. (Porque como son de 
color, pulidos y delicados, con el 
agua y lodo luego se estragan.) 

Ei bobo de Coria, que empreñó á 
su madre y á sus hermanas, y pre- 
guntaba si era pecado. 

El bobo, si es callado, por sesudo 
es reputado. 

El borrego enjuto, y la vid con 
ñudo. (Porque estar el borrego ba- 
rrigudo, es enfermedad, y se muere; 
la vid, ai podar, se la ha de dejar 
ñudo, ó coyuntura por donde brote 
las yemas y pámpanos.) 

El buey y el varón, en Enero ha- 
cen el riñon. 

El buey sin cencerro, piérdese 
presto. 

El buey suelto bien se lame. 

El buey del prado, nunca está sano. 
(Porque come entre la hierba, sapi- 
llos, y se le congelan enfermedades 
de ello, y de la humedad.) 

El buey flaco, trae merienda deba- 
jo del rabo. (Porque no despide la 
boñiga, y se le queda pegada en el 
hueco, con la flaqueza.) 

El buey goloso, ni flaco ni gordo. 



- 89 



El buey bravo, en tierra ajena se 
hace manso. 

El buey cansado, el pie más asen- 
tado. 

El buey caderudo y ancho de lo- 
mo, saca la pata á sí y á su amo del 
lodo. 

El buey que alza, y el buey que 
abaja, mal hacen una yugada. (Como 
mal casados.) . 

El buey que me acorneó, en buen 
lugar me echó. (Entiéndese de escar- 
miento.) 

El buey para arar, el ave para vo- 
lar, el pez para nadar, y el hombre 
para trabajar. 

El buey pazca, que la vaca en casa 
se anda; ó la becerrica. (Entiéndese 
del hombre, y la mujer é hija, ó hi- 
jas, que se quedan en casa, y comen 
cuando quieren.) 

El buey peludo, y el caballo barri- 
gudo. 

El buey traba del arado, mas no 
de su grado. 

El buey viejo, arranca la gatuña 
del barbecho. (Gatuña es hierba con 
espinas, á manera de uñas de gato.) 

El buey viejo arrabea á la mielga. 
(Que el amor del deleite y placer 
acostumbrado, aun en la vejez dura; 
mielga es sabrosa á los bueyes.) 

El buey viejo ahonda el arado, y 
saca la raíz de la mielga del prado; 
ó campo. 

El buey viejo no se llora. 

El buey hermoso no es buey de 
hurto. 

El buen amigo es espejo del hom- 
bre. (Mudan por gracia es piojo del 
hombre.) 

El buen amigo no ha de dejar la 
paja y llevarse el trigo. 

El buen entendedor, de pocas pa- 
labras tiene pro. (En Aragón y Cata- 
luña dicen prou, por bastante, mucho 
ó harto.) 

El buen escribano, primero el bo- 
rrón, que la pluma en la mano. (Iro- 
nía y aviso, aunque algunos sin ella 
lo quieren entender como tan con- 
tingente el borrar.) . 

El buen espejo, la carne sobre el 
güeso. (Que en la gordura se ve bien 
la salud ó hermosura.) 



El buen estudiante, harto de sueño 
y muerto de hambre. 

El buen instrumento, saca maestro. 

El buen hombre al sol se seque. 
(Ironía y maldición.) 

El buen hombre goza el hurto. 
(Que en el hombre de buen crédito, 
no se cree nada malo.) 

El buen ladrón en la casa, primero 
mira la salida que la entrada. 

El buen nombre vale más que toda 
riqueza al hombre. 

El buen saber es callar, hasta 
tiempo de hablar. 

El buen soldado, sácalo del arado. 
(Porque está más dispuesto el traba- 
jador para sufrir los trabajos de la 
guerra; así lo hicieron los antiguos 
romanos, que para capitanes, y aun 
dictadores, sacaron algunos de la la- 
branza.) 

El buen cepón, para Mayo le com- 
pon. 

El buen cepón, para Marzo le com- 
pon. La vieja que bien lo entendía, 
para Abril le componía. 

El buen día, métele en casa; ó me- 
terle en casa. 

El buen dinero, tras el malo se 
gasta. 

El buen discípulo pasa al maestro. 

El buen ganar, hace el buen gastar. 

El buen güésped, con poco se con- 
tenta; al ruin poco le basta. 

El buen cazador, el señuelo á la 
garza; y los perros al halcón. 

El buen caballo ha de ser ancho en 
tres, largo en tres, corto en tres: an- 
cho de testera, pecho y cadera; largo 
de oído, crin y pico; corto de sillar, 
cuartilla é ijar. 

El buen caballo rehusa la carrera; 
mas entrando en ella, llévala entera. 
(Teme porque no sabe el fin de ella, 
ó si será buena.) 

El buen pagador, heredero es de lo 
ajeno, señor y dueño. 

El buen paño en el arca se vende, 
mas el malo verse quiere. 

El buen traje, encubre el mal li- 
naje. 

El buen vecino hace al otro de mal 
aliño. 

El buen vecino hace tener al hom- 
bre mal aliño. (Porque en confianza 



90 



que el buen vecino le dará y pres- 
tará, no se previene de alhajas nece- 
sarias; y al contrario, el buen vecino 
nos lleva prestado lo que tenemos, y 
se descompone y se descuelga para 
ello, y antes de volver la alhaja, nos 
hace falta.) 

El buen viejo Arias Gonzalo. (Dí- 
cese con amor y veneración de un 
anciano honrado, y tomóse de los ro- 
mances del cerco de Zamora, y á ve- 
ces se dice con ironía.) 

El buen vino ha de ser añejo, y ha 
de tener buen olor, y buen color, y 
buen gusto, y mal dejo. (Mal dejo en- 
tiende mala gana de dejarlo de la 
boca, por ser bueno; trocó el fin por 
gracia, habiendo de decir, y buen 
dejo.) 

El buen vino, la venta trae con- 
sigo. 

El buen vino no há menester pre- 
gonero, mas el hecho. 

El buen montero, la cabeza á la 
puerta. 

El buen mosto sale al rostro. 

El buen hilar, de San Miguel á Na- 
vidad; de Marzo ayuso, no rabea bien 
el huso. 

El bueno sufre, y sostiene, que el 
malo no puede. 

El bueno hace como bueno. 

El brazo en el pecho, y la pierna 
en el lecho. 

El caudal de la labranza, siempre 
rico de esperanza. (Porque siempre 
el labrador espera que cogerá mucho 
el año siguiente, y se desquitará de 
la falta pasada, y enriquecerá.) 

El caudal de quien mal quieras, en 
dinero le veas. 

El caracol, por quitarse de enojos, 
por los cuernos dio los ojos. 

El carnero encantado, que fué por 
lana y volvió trasquilado. 

El cardo, y el queso, y el melón, al 
peso. 

El cardo y el queso, á peso. 

El cardo que ha de picar, luego 
nace con espinas. (Contraríalos na- 
turales.) 

El caído, en caliente; la injuria, en 
frío. 

El can, en Agosto, á su dueño se 
vuelve al rostro. (Porque en aquel 



tiempo está gordo, ó con agosto, por- 
que con el calor se le enciende la có- 
lera, y de sed rabia, y también suce- 
de en tiempo muy frío, porque se 
hielan las aguas y no puede beber, 
y rabia por la sequedad, como en 
Agosto.) 

El can con Agosto, á su amo vuelve 
el rostro; ó á su dueño se torna al 
rostro; ó á su dueño muerde . 

El can con rabia, de su dueño traba. 

El candil sin mecha, ¿qué aprove- 
cha? Poco aprovecha. (Irá sin artícu- 
lo El en la K.) 

El campo fértil, no descansando 
tórnase estéril. 

El casado y la bestia, con la cabeza 
abre la puerta. (El casado porque 
trae ocupadas las manos con lo que 
trae de provisión y otras cosas, entre 
gentes pobres sin mozos, y para to- 
dos dice la ocupación del casado.) 

El casado descontento, siempre vi- 
ve con tormento. 

El casamiento es bueno de hacer; 
mas quien le ha de mantener, mucho 
ha de saber. 

El casamiento y el melón, por ven- 
tura son. 

El caso es que me caso, y no hay 
más caso. 

El castaño obscuro, corre por lo 
blando y por lo duro. (Es buen co- 
lor en el caballo.) 

El castigo de Gante. (Rebelóse 
aquella ciudad al emperador Car- 
los V, é hizo severo castigo en los 
culpados, y quedó por refrán.) 

El cazador y el mentiroso, perdi- 
dos son si no son memoriosos. 

El capitán galgo, y los soldados 
liebres. (Lo que «El capitán león, y 
los soldados ciervos».) 

El cátala, si no la fée, él la fará. El 
catalán, sino la fez, él la fará. 

El catarro dura cuarenta días cu- 
rado, y cuarenta y uno por curar; 
pues por un día más no hay que pa- 
rar, comamos de todo. 

El caballero que no ayuda, el clé- 
rigo que no da, el judío que no pres- 
ta, es cosa molesta. 

El caballo al brazo, el mulo al cu- 
lo. (Se ha de cargar.) 

El caballo y el galgo, pando . 



91 



El caballo y la mujer, al ojo so ha 
de tener. 

El caballo del judío, harto de agua 
y bien corrido. (Como el judío es 
odioso, si presta el caballo al hidalgo 
y cristiano viejo, en odio del amo 
dale mal de comer, córrele mucho y 
hártale de agua para que lleve barri- 
ga. Para el comento que puso el co- 
mendador, había de decir: «El caba- 
llo del mezquino, harto de agua y 
bien corrido»; y se entiende que el 
amo pobre no le puede dar mucho 
de comer, y el mozo hártalo de agua 
y de correr; sucede que los mozos 
corren los caballos cuando los llevan 
á dar agua al pilón, ó río.) 

El caballo del rey cagó á mi puer- 
ta, y en mi portal la haca de la reina. 
(Como dicho de los que se jactan de 
vanos favores de los mayores.) 
. El caballo del rey cagó á su puerta, 
y dentro, en casa, el de la reina. (Con- 
tra los que presumen de cosas vanas, 
y se hacen favorecidos y parientes 
de quien no les toca.) 

El caballo que ha de ir á la guerra, 
nunca le aborta la yegua. 

El caballo, para ser tal, señalado de 
la mano de la lanza, y del pie del ca- 
balgar. 

El caballo, pando; y el buey, cor- 
covado. 

El caballo, pie de pato y mano de 
gato. (Que la mano sea derecha y el 
vavo (sic) derecho, como mano de 
gato; que clave de punta, como cha- 
pín, y el pie al contrario, más llano 
y largo.) 

El caballo, mantenido y ejercitado. 

El caballo hace la yegua. 

El camino no tiene plazo. 

El carretero, de noche para en el 
sendero. (Anda todo el día, y descan- 
sa la noche donde le toma como quie- 
re, y pasta el ganado.) 

El carro, el barco y el asno, la car- 
ga al rabo. * 

El cacho, para mi papo; el botador, 
para mi señor. (Habla de los higos; 
cacho, llaman en algunas partes al 
higo bien maduro que se cacha, y 
abre y cuelga en la higuera; botador, 
al duro verdión, que salta como pe- 
lota.) 



El callar y el hablar no caben en 
un lugar. (En persona y ocasión.) 

El callar vence para negocios, y 
en todo en general. 

El que há ovejas, há pellejas. 

El que á la mesa so asienta, aunque 
no coma, también escota. 

El que ala mesa se duerme y no co- 
me, por igual también paga el escote. 

El que á su enemigo popa, á sus 
manos muere. 

El que ha de ser bachiller, menes- 
ter há deprender. 

El que ha de servir, ha de sufrir. 

El que ha de ser servido, ha de ser 
sufrido. 

El que ha de dar cuenta de sí y 
de otros, ha de conocer á sí y á los 
otros; ó há menester conocer á sí y á 
los otros. 

El que ha de besar al perro en el 
culo, no há menester limpiarse mu- 
cho. 

El que ha de morir á escuras, poco 
le importa ser cerero. 

El que á caballo pasa la puente, á 
ojo ve la muerte. (Entiende puente 
flaca y de madera, y sin acitaras y 
antepechos.) 

El que á cuarenta no atina, y á cin- 
cuenta no adivina, á setenta desatina. 

El que ha tenido una mujer, mere- 
ce una corona de paciencia; el que 
ha tenido dos, la merece de simpleza. 

El que á larga vida llega, mucho 
mal vio, y más espera. 

El que á larga vida llegó, mucho 
mal vio. 

El que algo debe, no reposa como 
quiere. 

El que anda sin malicia y sin ren- 
cor, anda sin temor. 

El que antes nace, antes pace. 

El que adelante no cata, atrás se 
halía. 

El que aprende lo que no entiende, 
ya me entiende. 

El que amó la casada, la vida trae 
emprestada. 

El que ama la tejedera, duelos tie- 
ne y más espera. 

El que amenaza, una tiene y otra 
aguarda. 

El que amenaza al caballo, en dos 
maneras le hace malo. 



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El que amenaza al caballo, le hace 
malo. 

El que amenaza, pierde la ocasión 
de la venganza. 

El que en sí confía, yerra cada día. 

El que en Mayo no merienda, con 
los muertos se cuenta. 

El que en mentira es cogido, cuan- 
do dice verdad no es creído. 

El que engaña, engañado se halla. 

El que encubre su natural, hace de 
su mal. (Va á dos cosas: al que encu- 
bre su condición á fuerza, y al que 
encubre su tierra; mas á pocos lan- 
ces se descubre.) 

El que entraba, y yo que salía, su 
cara junto con la mía. (Tiene su gra- 
cia en juntar las palabras cara y la 
siguiente, que aluden á otra cosa.) 

El que es enemigo de la novia, 
¿cómo dirá bien de boda? 

El que esperar puede, alcanza lo 
que quiere. 

El que está en el lodo, querría me- 
ter á otro. 

El que está encubierto cuando llue- 
ve, es bien loco si se mueve; y si se 
mueve y se moja, es bien loco si se 
enoja. 

El que está en la aceña, muele; que 
el otro va y viene. 

El que está fuera de seso, descubre 
cualquier secreto. 

El que la ha hecho, la teme. 

El que la cogujada ha de matar, 
bien de mañana se ha de levantar. 

El que larga vida tiene, mucho 
mal ha de pasar que en ella viene. 

El que las sabe, las atañe; el que 
no, sílbalas y vase. 

El que las sabe, las tañe; y eran 
campanas. 

El que las sabe, las tañe; que los 
otros revuélvenlas. Quien las sabe, 
las tañe; y era una bocina. 

El que las cosas apura, pone la 
vida en ventura. 

El que labra, críe; y el que guarda, 
no fíe. 

El que ley establece, guardarla 
debe. 

El que lo compra y lo paga, bien 
sabrá la tasa. 

El que no es ducho de bragas, las 
costuras le matan. 



El que no entra á nadar, no se aho- 
ga en la mar. 

El que no sabe negar, no sabe 
reinar. 

El que no sabe de bien, no sabe de 
mal; y el que no sabe de mal, no sabe 
de bien. 

El que no sabe de guerra, dice bien 
de ella. 

El que no sabe gobernar, no sabe 
reinar. 

El que no sabe, tanto es como el 
que no ve. 

El que no se fía, no es de ñar. 

El que no se mide, la medida se 
mete en él. 

El que no duda, no sabe cosa al- 
guna; ó cosa ninguna. 

El que no fué paje, siempre güele 
á acemilero. (Aprovecha la buena 
crianza en la niñez.) 

El que no quisiere pasar trabajo 
en este mundo, no nazca en él. 

El que no convida, ni empresta, 
ni riñe pendencia, para amigo no 
presta. 

El que no puede, siempre quiere. 

El que no tiene alforjas ni barril, 
todos saben adonde ha de ir. (A lo 
de los otros.) 

El que no tiene amigos, tema á los 
enemigos. 

El que no tiene dinero, venda una 
vaca al carnicero; y el que no tiene 
vaca, no venda nada. 

El que no tiene caire, ni tiene 
amigos ni donaire. (Caire, entre ru- 
fos, es dinero.) 

El que no tiene casa ni abrigo, en 
cada barrio es vecino. 

El que no tiene casa, adonde quie- 
re es vecino, y se pasa. 

El que no tiene casa de suyo, veci- 
no es de todo el mundo. 

El que no tiene qué hacer, vaya al 
río á ayudar á torcer. 

El que no tiene qué haga, sus na- 
bos salla. (El asturiano llama sallar 
al escardar, ó sachear, cavar, lo cual 
no es necesario en el nabal; en tierra 
de Salamanca se llama sachar.) 

*E1 que no tiene mujer, bien la cas- 
tiga; y el que no tiene hijos, bien los 
cría. 

El que no tiene mujer, cada día la 



98 — 



mata; mas quien la tiene, bien la 
guarda. 

El que no va á la guerra, no mue- 
re en ella. 

El que nos vendió el galgo, y 
quedó con la cadena. (Valíanle mu- 
cho: «¿Sois vos, tío, el que nos ven- 
dió el galg< el que nos ven- 
dió el galgo? ) 

El que se casa en tierra ajena, toma 
la mujer mala, y hacénsela buena. 

El que se casa fuera, ó la trae ó la 
lleva. (Habla con ambigüedad y ale- 
goría: suelen los que se casan fuera 
llevar y traer sus mujeres á ver á sus 
padres y deudos; debajo de esta co- 
lor quiere decir que el que se casa 
fuera, ó trae tacha, ó falta, en calidad 
y linaje, ó la lleva; y más claro se 
dice así: < Quien se casa fuera, ó trae 
mal, ó le lleva»; aunque no es regla 
tan cierta que no se ecete en mu- 
chos.) 

El que se viere solo y desfavoreci- 
do, aconséjese con los refranes anti- 
guos. (Este conñrma el provecho que 
tienen los buenos consejos y verda- 
des de los refranes, porque en ellos 
se hallan avisos y advertencias en 
todas materias.) ^ 

El que siembra y cría, tanto gana 
de noche como de día. 

El que sigue la caza, ése la mata. 
.(Buena alegoría para otras cosas.) 

El que ceba, muerde; y el que arro- 
lla, duerme. 

El que cría cebón, tiene qué mor- 
der y comer; y el que se echa en su 
cama y se arrolla, duerme, y no tie- 
ne nada. 

El que da por tomar, engañado 
debe quedar. 

El que da porque le den, engañado 
debe ser. 

El que de la culebra está mordido, 
de la sombra se espanta. 

El que de treinta no sabe, y de 
cuarenta no tiene, no lo aguarde, 
sino es que herede. 

El que de treinta no sabe, y de 
cuarenta no tiene qué comer, no ha- 
gáis caso de él. 

El que de veinte no puede, y de 
treinta no sabe, y de cuarenta no 
tiene, ni podrá, ni sabrá, ni tendrá. 



El que desalaba la yegua, ése la 
merca. 

El que dice mal de la yegua, 
la lleva. 

FU que desparte, lleva la peor parte. 

El que dos liebres sigue, til vez 
caza una; y muchas veces ninguna. 

El que fía y no paga, no hace fian- 
za; ó no hace nada. 

El que fué monacillo, y después 
abad, sabe lo que hacen los mozos 
tras el altar. 

El que fuera se va á casar, ó va en- 
gañado, ó va á engañar. 

El que gana el real, ése te ha de 
gastar. 

El que vive en la montaña, piensa 
que tiene algo, y no tiene nada. 

El que quiere, va; el que no quiere, 
envía. (Entiéndese querer negociar 
con efecto, ó no.) 

El que quiere mentir, alargue los 
testigos; ó alarga los testigos. 

El que quiere muía sin tacha, y es- 
pada sin vuelta, ándese sin ella. 

El que come las duras, coma las 
maduras. 

El que comió la carne, roya los 
güesos. 

El que cría la polla, ése la coma. 

El que parte, toma la mejor parte, 
y si no llévalo el diablo; ó el que re- 
paite. 

El que paga lo que debe, lo que le 
queda es suyo, y eso tiene. 

El que paga lo que debe, lo que le 
resta, eso tiene. 

El que pierde el mes, no pierde el 
año. (De los mozos que dejan á los 
amos.) 

El que pierde y dice que no lo 
siente, es un puto, ladrón, cornudo y 
miente. 

El que pierde, jugará, si el otro 
quiere. 

El que por mentiroso es tenido, 
aunque diga verdad no es creído. 

El que pone al juego sus dineros, 
no ha de hacer cuenta de ellos. 

El que puede esperar, todo lo vie- 
ne á alcanzar. 

El que puede y no quiere, cuando 
él querrá no podrá. 

El que primero se levanta, prime- 
ro se calza. 



94 — 



El que tarda en dar lo que prome- 
te, de lo prometido se arrepiente. 

El que tarda, recada. 

El que tal ha padecido, se compa- 
dece del doliente y del herido. 

El que tacha la cosa, ése la com- 
pra. 

El que tacha la yegua, ése la merca. 

El que te dice la copla, ése te la 
nota; ó "ése te la hace; ó ése te la echa. 

El que tiene al villano, tiene los 
bueyes y el carro. 

El que tiene el tejado de vidrio, no 
tire piedras al del vecino. (Quiere 
decir que el que tiene faltas que le 
digan, de las de otros no diga.) 

El que tiene la búa, ése la estruja. 
(Búas solían decir por bubas, como 
úas por uvas.) 

El que tiene la mujer fea, no sé 
cómo se recrea. 

El que todo lo quiere vengar, pres- 
to quiere acabar. 

El que toma el nombre de la ma- 
dre, por ruin deja á su padre. (Excu- 
sados son algunos por herencias, 
abuelos ó tíos.) 

El que toma parientes más honra- 
dos que sí, señores toma á quien 
servir. 

El que tuvo lugar y no quiso, que 
le llamen el arrepiso. 

El que va á la bodega y no bebe, 
ó es necio, ó no ve. 

El que va á la bodega y no bebe, 
buena vez se pierde. 

El que va á la bodega y no bebe, 
¡oh, qué vez que se pierde! 

El que va á la bodega, por vez se 
le cuenta. 

El que va á las Indias es loco, y el 
que no va es bobo. (O al trocado.) 

El que va á Santa Colomba, en un 
año va y en otro torna. (Porque es á 
fin de Diciembre, y parecía que iba 
á decir que gastaba un año en ir y 
otro en venir.) 

El que va á hacer mal, ya va medio 
herido, dice el refrán. 

El que va en carro, ni va á pie ni á 
caballo. 

El que viere las barbas de su ve- 
cino quemar, ponga las suyas á re- 
mojar. 

El quo viere las barbas de su veci- 



no pelar, tenga cuidado de trabajar. 

El que mal vive, poco vive. 

El que mal consejo da, su cabeza 
lo pagará. 

El que malicioso fuere, antes de 
tiempo muere. 

El que más come, menos come. 
(Porque come menos años de los que 
comiera siendo moderado y templa- 
do; también, el que al principio come 
mucho y gasta, después lacera.) 

El que madruga y duerme, no apro- 
vece. (Que aunque madrugue, si es 
remiso y flojo, como si se durmiese, 
no aprovece en su oficio.) 

El que me hubiere de llevar, ruge 
la malla se ha de llamar. 

El que me hace más bien de lo que 
suele, ó engañado me há, ó engañar- 
me quiere. 

El que menosprecia la yegua, ése 
la merca. 

El que miente, há menester mucha 
memoria, ó parar miente. 

El que mucho exprime, saca san- 
gre. 

El que reparte, llévala peor parte. 
(Lleva el trabajo, y á veces lo menos, 
por cumplir con los otros.) 

El que ríe mucho, es tenido por 
insensato; y el que no ríe, es de casta 
de gato. 

El que lleva la renta, que adobe la 
venta. 

El que hace Ja soma, ése la coma. 
(Soma es el salvado y pan hecho de 
él; quiere decir que el que hace mal 
pan, ése le coma; y el que hace, que 
ha3 T a el provecho.) 

El que hace lo que no debe, sucé- 
dele lo que no cree. 

El queso, á la vajella; y la lana, á la 
' tijera. 

El queso, á la diezma; y la lana, á 
la tijera. (Entiende se ha de comprar, 
porque hay mucho queso y mucha 
lana al trasquilar.) 

El queso, en la quesera; y el trigo, 
en la era. (Entiende que se ha de 
comprar.) 

El queso es sano, quo da el avaro.' 

El queso es sano, si le da la avara 
mano. 

El queso es sano, que da la avara 
mano. (Poco es bueno, y mucho malo, 



95 - 



por sor desecativo, aunque hay á 
quien no hace mal.) 

El queso menos malo es lo fresco, 
porque no es tan seco. 

El queso y el barbecho, de Mayo 
hecho. 

El queso, pesado; y el pan, liviano. 

El quizóte y el marón, por Ag' 
pierden sazón. (Entiende que son pes- 
cados.) 

El corazón es adivino. 

El corazón no miente á ninguno. 

El corazón no habla, mas adivina. 

El corazón nunca se engaña. 

El corazón manda las carnes. 

El cornudo es el postrero que lo 
sabe, y la mujer la primera que lo 
hace. 

El cordero está en el campo, y acá 
majan el culantro. 

El cordero está paciendo en el 
campo, y acá m ájanle el culantro. 

El cordero manso, mama á su ma- 
dre y á cualquiera; y el bravo, ni á la 
suya ni á la ajena. 

El cordero manso, mama á su ma- 
dre y á todas las del rebaño. 

El corcovado no ve la corcova 
que lleva, sino la ajena. 

El corcovado no ve su corcova, y 
ve la de su compañero. 

El corcovado no ve su corcova, y 
ve la otra. (La. del otro.) 

El colchón, mejor está en la cama 
que en el rincón. 

El conejo y el villano, á la mano. 

El conejo y el villano, despedázalo 
con la mano. (Que el conejo no ha de 
ser cortado, sino despedazado, y el 
villano no halagado, sino.forzado.) 

El conejo y el ruin, donde nace 
quiere morir. 

El conejo y la perdiz tienen un 
mesmo perejil. (Que esaceite y agrio.) 

El conejo, ido; y el consejo, ve- 
nido. 

El consejo, al viejo; y á la mujer, 
el afeite y espejo. 

El consejo es fácil. (Quiere decir 
que es fácil dar consejo, aunque difí- 
cil tomarle.) 

El consejo es como el sello, que 
imprime en la cera y no en la piedra. 

El consejo no es bien recibido 
donde no es pedido. 



El consejo de la mujer es poco, y 
el que no le toma es loco. 

El consejo muda el viejo, y porfía 
el necio. (Porque el viejo está expe- 
rimentado, y acomódase con el tiem- 
po; lo que no hace el necio.) 

El conde de Cabra tiene una viña; 
él se la poda, él se la cava y él la 
vendimia. (Es contra los que, á true- 
que de no dar nada ni tener que 
agradecer, no quieren la ayuda de 
nadie para sus cosas.) 

El convite de los del Pozo: bebié- 
rades, si hubiérades almorzado. (Es 
barrio de Salamanca, cerca de la 
Puerta de Toro.) 

El convite del cordobés: ya habréis 
almorzado, no querréis comer; ó ya 
habréis comido. 

El convite del cordobés: vuestra 
merced ya habrá comido, no querrá 
comer. 

El convite del toledano: bebiéra- 
des, si hubiéredes almorzado. 

El coscorrón del labrador, al cabo 
de. un año hizo materia. (Que el poco 
valido es castigado casi sin delito; y 
que al que poco puede, codicia y ma- 
licia le arguye daño.) 

El costal y la talega, lo que le 
echan eso lleva. (Acomódase á las 
preñeces y partos de mujeres y bes- 
tias, y á otras cosas, como en aquella 
pregunta y respuesta: «¿Qué parió la 
burra? Lo que la echó el asno».) 

El codicioso, por ganar lo ajeno, 
pierde lo suyo del seno. 

El cogolmo no os dé pena, que el 
rasero se lo lleva. (Contra los medi- 
dores y avarientos.) 

El cobarde, de su sombrahá miedo. 

El comer y dormir no quiere 
priesa. 

El comer y el casar, á gusto; el 
vestir y calzar, al uso. 

El comer y el cagar, á nadie se ha 
de apresurar. 

El comer y el cagar, con reposo se 
ha de tomar. 

El comer, y el rascar, y el hablar, 
todo es comenzar; ó no quiere más 
de empezar. (Aunque no haya gana, 
en comenzando á comer, suele haber- 
la; más propio es tomado por la co- 
mezón: en comenzando á dar co- 



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mezón y á rascar, da más comezón.) 

El corregidor nuevo, echa al viejo. 

El cochino y el suegro, quisiérale 
muerto. (Algunos' dicen: quisiésele 
muerto, porque no distinguen entre 
quisiera y quisiese su gran diferen- 
cia.) 

El cochino que mama y come, dos 
cueros pone; ó dos cuerpos pone. 

El cochino, mi consuelo; y la ove- 
ja, mi molleja; y la vaca, tripa saca; 
y la yegua, cascos quiebra; y la ca- 
bra, esporria y salta, y pónese en la 
peña más alta; si yo* te la cojo en 
llano, yo te la pondré de mi mano. 

El cuero, después de lleno alza el 
piezgo. (Contra glotones y bebedo- 
res.) 

El cuerdo no ata el saber á esta- 
ca. (Lo que «El viejo muda el con- 
sejo».) 

El cuerdo nunca se satisface de lo 
que hace. (Como algunos que se lla- 
man cultos y poetas de este tiempo, 
que se pagan de sus obras y cul- 
turas.) 

El cuerdo viene por lumbre, y el 
necio se lo purre. (En montañas, por 
da, dicen purre, de porrigit; esto es: 
el cuerdo sonsaca con discreción lo 
que el necio tiene en el pecho.) 

El cuerpo, á vos; la hacienda, á nos. 
(Dicen esto los herederos á los cléri- 
gos que llevan á enterrar al difunto; 
también se dice por los que prende 
la Inquisición, que ellos llevan la 
persona, y la hacienda el fisco real. 
También dice que es mejor ser rico, 
y que otro sea de buen cuerpo y 
talle.) 

El cuerpo santo, y el alma con el 
diablo. (Contra los hipócritas.) 

El cuitado, del maravedí hace cor- 
nado; y el liberal, del maravedí hace 
real. 

El cura y el sacristán, el barbero 
y su vecino, todos muelen en un mo- 
lino; ¡y qué buena harina harán! (El 
sacristán es el barbero; el cura, el 
vecino; con que pareciendo cuatro, 
no son más de dos.) 

El cura de Cantaracillo, primero 
fué toro, después novillo. (Volvió de 
más á menos; era toro en pretender 
los amores de una moza, y un her- 



mano de ella lo cogió y lo castró. Es 
Cantaracillo junto á Olmedo.) 

El cura de Capillo devanó su ovillo. 
El cura de Capillo tiene en la tela 
su ovillo. (Capillo es un lugar de 
Aragón, y dicen esto dando á enten- 
der que tenía parte en cierto parto 
adulterino.) 

El cura, como no tiene en casa 
quien le dé pena, clava y espeta los 
ojos en la ajena. 

El culpado nunca se busca donde 
cometió la culpa. 

El cuco, San Benito le trae y San 
Benito le lleva. 

El cuchillo del romero, para la car- 
ne, y para el paño, y para el cuero. 
(Así le hallé, y yo dijera: para el pan 
y para el cuero, que sirve para todo.) 
El clérigo y el fraile, al que han 
menester Uámanle compadre. 

El pariente, como Dios te le diere; 
el amigo, como tú le escogieres; ó 
escógele tú. 

El pariente, como Dios te le diere; 
y el amigo, como fuere escogido. 

El pariente más llegado, el sábado 
guardado. 

El parlero hace su amigo mudo. 
El pardo y el villano, el más ba- 
rato. 

El partido de Oran. (Responden 
esto los que juegan, cuando les pi- 
den partido: como decir: vayanse á 
la frontera de moros, y cada uno se 
valga por sus fuerzas y arte.) 

El palacio de Garcizamarra, dos 
veces cocina: una á la tarde, y otra 
á la mañana. 

El pan acostado, su dueño levan- 
tado. (Porque madrugan á masar, y 
echan el pan en la cama á leudar; 
denota el trabajo de panadear, tam- 
bién, porque el trigo fértil, bien gra- 
nado, trastorna la espiga cargada, y 
levanta y enriquece al dueño, como 
lo da á entender el siguiente á los dos 
sentidos.) 

El pan acostado, lleva á su dueño 
levantado. 

El pan sobrecogido, dos veces es 
cernido. (Para hacer el pan floreado, 
suelen cerner dos veces la harina, 
volviéndola á coger de la artesa; más 
propio es que el pan bien aechado y 



97 



escogido, es casi dos veces cernido; 
como dice este otro refrán.) 

El pan bien aechado, dos veces es 
floreado. 

El pan de la ardida, amasado con 
agua, y no con harina. (Dicen tam- 
bién el pan de mi vecina, de mi hija, 
de mi fia; y con ironía en la vecina 
y ardida, ó no.) 

El pan de la boba, el horno lo ado- 
na; ó lo adoba. 

El pan de la que mal quieras, en 
roscas lo veas; ó en tortas lo veas. 

El pan de los bobos se gasta pri- 
mero que el de los otros. (Porque ne- 
ciamente hacen tortas y roscas para 
complacer á amigotes; aplícase á los 
que gastan mal la hacienda.) 

El pan de los bobos, todo en bollos. 
(Como está blando, cómese presto.) 

El pan de tu vecina, amásalo con 
harina. (Dícese porque es malo echar 
el agua junta y dejar la masa blanda, 
y después con puños de harina pro- 
curarla entestecer; este echar puños 
llama masar con harina. Es mejor 
echar el agua poco á poco., y esto lla- 
man amasar con agua.) 

El pan trigo ó centeno, más vale 
en la tripa que en el seno. 

El pan de mi vecina quita el has- 
tío. (Que lo ajeno siempre nos pare- 
ce mejor.) 

El pan del mezquino, dos veces es 
comido. 

El pan bien sallado, hinche el hó- 
rreo á su amo. (EL asturiano llama 
sallar, al sachear; cavar, escardar y 
limpiar la mala hierba; hórreo, es la 
troje.) 

El pan, caliente; y la injuria, fría. 
(Se ha de vengar, para hacerla bien, 
y no exceder.) 

El pan caliente, mucho en la mano, 
y poco en el vientre. 

El pan candeal, siémbralo tempra- 
no si lo quieres gozar. 

El pan, con ojos; el queso, sin ellos; 
y el vino, que salte á ellos. 

El pan, con ojos; el queso, sin ojos; 
y el vino, que salte á los ojos. 

El pan, con ojos; el queso, ciego; y 
el vino, añejo. 

El pan comido, la compañía des- 
hecha. (Por gracia á lo vizcaíno, se 



dice: «Compañía comido, el pan des- 
hecha».) 

El paso del buey. (Acomódase á es- 
pacio y sosiego.) 

El pastor descuidado, á vuelta del 
sol, busca el ganado. 

El pastor que no cura la roña, lobo 
le mate el ganado y rabia le coma. 

El pastor come la oveja, y viste la 
pelleja. (Es contra el porquero.) 

El pajar viejo, enciéndese presto. 
(Aplícase al viejo que se enamora, ó 
lo presume.) 

El padre prior, cé; buen sermón 
tenemos. 

El padre prior tose; buen sermón 
tenemos.. 

El padre vicario, deja la misa y 
vase al jarro. 

El padre, mercader; el hijo, caba- 
llero; el nieto, pidientero. (Pedidor, 
mendigo, bordonero.) 

El papa y el que no tiene capa. (Es 
en caso de la muerte, en que todos 
somos iguales.) 

El papagayo tiene cuartanas, por- 
que no le dan almendras confitadas. 

El papel, rómpase él. (Buen aviso; 
que no se rompan escrituras pensan- 
do que ya no aprovechan, porque 
suelen aprovechar después de mu- 
cho; que se guarden, y estén al rin- 
cón del arca.) 

El paternóster de San Julián. 

El pato y el lechón, del cuchillo al 
asador. (Porque no han menester ma- 
nirse.) 

El pato de Pitiegua, que en cada 
casa caga manteca. 

El paño golpeado, presto es acaba- 
do. (Cuando se lava á golpes en la 
piedra.) 

El paño pardo y el villano, lo más 
barato. 

El peñazo y la lanterna, de acebu- 
che será buena. (Lanterna es una ma- 
nera de rueda de madera que anda 
encima de la muela de los molinos 
de viento, y la hace andar. Penado 
llaman unos dientes recios de una 
rueda que dan en la linterna, y la 
mueven como las ruedas de una ace- 
ña, y conviene que sean de madera 
fuerte, como es el acebuche, que es 
olivo silvestre.) 



El peor testigo, el que fué tu amigo. 

El perezoso, siempre es meneste- 
roso. 

El perezoso vivirá deseoso. 

El perezoso tenga la hormiga de- 
lante del ojo. 

El perejil en el arca, yo juraré que 
no nazca. 

El perejil de Nicolás Bravo. 

El perejil de Juan de Mena, que se 
hizo muy apriesa. (Para decir que 
algo se hizo prestamente.) 

El perder, es ganar en tiempo y lu- 
gar. (Variase: «Personas hay con quien 
el perder es ganar», «Con algunos, el 
perder es ganar».) 

El perdido que es perdido, que de 
perdido se pierde, que se pierda, que 
se pierde. 

El perdigón y el gallo, por Mayo. 

El perdón sobra donde el yerro 
falta. 

El peligro que no se teme, más 
presto viene. 

EL peligro pasado, el voto olvidado. . 

El pelo muda la raposa, mas el na- 
tural no despoja. 

El pensar no es saber. (Al que dice: 
pensé que f le añaden: penseque, asne- 
que, burreque, con sus parientes.) 

El pensamiento, sin alas vuela. 

El peso y medida sacan al hombre 
de porfía. 

El pez y el cochino, la vida en agua 
y la muerte en vino. (Porque son fle- 
mosos, requieren que con ellos se 
beba vino.) 

El pece de Mayo, á quien te le pi- 
diere dalo. 

El pece, fresco, frío y frito, y tras 
él, vino. 

El pece fresco, gástale presto; y en 
habiendo crecido, tu hija con marido. 

El pece grande come al chico. 

El pez que busca el anzuelo, busca 
su duelo. 

El pez mayor come al menor. 

El pecado de la lentejuela. El peca- 
do del asno. (Dícese cuando á un bue- 
no le acriminan mucho una leve cul- 
pa ó ninguna, y otros insolentes no 
son castigados por culpas muy graves, 
ó la misma. El cuento es, que los otros 
animales chicos y grandes habían pa- 
cido unos sembrados, y no fueron 



presos, y acaso pasó por la orilla el 
asno y alcanzó una lentejuela, ó po- 
rreta de la mies, y luego le hicieron 
pagar todo el daño, que fué como 
«Quebrar la soga por lo más del- 
gado» y «Pagar justos por pecado- 
res».) 

El pequeño yerro al principio, se 
hace grande al dorrequio. 

El pequeño can levanta la liebre, 
y el grande la prende. 

El pequeño mal espanta, y el gran- 
de amansa. 

El perro en el güeso, y la gata en 
el mueso. (Mueso por la pulpa.) 

El perro, en el barbecho, ladra sin 
provecho. (Porque no hay que guar- 
dar.) 

El perro y el gato comen lo más 
guardado. 

El perro lanudo muérese de ham- 
bre, y no lo ve ninguno. 

El perro nuevo y el niño vanse 
para quien les hace mimos. 

El perro se revuelca en la carne 
muerta. 

El perro de Escoriza. (Por cauto y 
advertido en huir su daño. Un hom- 
bre llamado Escoriza tenía un perro 
tan sagaz, que el domingo de antrue- 
jo se salía del lugar por no ser man- 
teado aquellos días, y volvía el miér- 
coles de ceniza, pasado el peligro. 
Aplícase á tales, y á los que huyen del 
trance, y pasado se aparecen, como 
Santelmo.) 

El perro de buena raza, hasta la 
muerte caza. 

El perro de Ecija, que mirando la 
luna se secó, pensando que era man- 
teca. 

El perro de Ecija, que mirando la 
luna quedó seco, pensando que era 
queso. 

El perro, de perro viejo; y el caba- 
llo, de caballo nuevo. 

El perro del hortelano, ni quiere 
las manzanas para sí ni para el amo; 
ó las berzas. 

El perro del hortelano, ni ham- 
briento ni harto, no deja de ladrar. 

El perro del hortelano, que ni come 
las berzas ni las deja comer al ex- 
traño. 

El perro del hortelano, que no co- 



99 — 



me las berzas ni quiere que otro 
coma de ellas. 

El perro del herrero, duerme á las 
martilladas, y despierta á las dente- 
lladas. 

El perro con rabia, á su dueño 
muerde. 

El perro con rabia, de su dueño 
traba. 

. El perro con rabia, de los palos 
traba. 

El perro viejo no ladra en vano. 

El perro viejo, si ladra da consejo. 

El perro medroso, ladra al toro y 
vase del coso. 

El perro, mi amigo; la mujer, mi 
enemigo; el hijo, mi señor. 

El pie, en el lecho; y la mano, en el 
pecho. (Lo que «La pierna, en el le- 
cho; y el brazo, en el pecho». Entien- 
de para curarse y sanar.) 

El pie, en la cuna; las manos, en la 
rueca; hila tu tela y cría tu hijuela. 
(Buena enseñanza para caseras, con- 
tra holgazanas y flojas.) 

El pie del dueño, estiércol para el 
güerto, la heredad y hero. 

El pie del dueño, estiércol es para 
la heredad y majuelo. 

El pienso mejor es el chozo del 
señor. 

El piojo enharinado, piensa que es 
molinero. (Contra los que presumen 
en algún estado, ó con nuevo traje.) 

El piojo y el cogombrejo, por la 
mañana nace, y á la tarde es viejo. 

El pito piérdese por su pico. (El 
p>ito, que también se llama picarazán 
ó pico, es ave que hace el nido en 
hueco de árbol, rompiendo agujero 
con su pico, y porque de noche le co- 
gen fácilmente dentro, parece que él 
hizo su cárcel. Dícese que cuando tie- 
ne hijos, tapándola boca del nido con 
una plancha de hierro, estando él fue- 
ra, va á buscar una hierba, que por 
instinto natural conoce, que tiene vir- 
tud de quebrar el hierro; aplicándo- 
la al pico, la arrima á la plancha y 
la quiebra, y socorre á sus hijos de 
comida, y que se deja caer la hierba 
al suelo en haciendo el efecto con 
ella; y los que le taparon el nido, para 
este fin de haber esta hierba, la cogen 
y la guardan para romper candados 



y cadenas cuando se vean en cárceles. 
Paréceme embeleco de gitanos y gen- 
te ignorante, y por tal hablilla de vul- 
go la pongo; aunque sé que en mila- 
gros de Naturaleza hay cosas de gran- 
de maravilla, y si ésta fuera verdad, 
ya estuviera averiguada. Quizá nació 
la fábula del pico y lima con que se 
rompe el hierro. Puédese por pito en- 
tender el pollo, que cuando comien- 
za á cantar parece que dice: «Salsa de 
agraz, está para comerle»; y por otros 
pajarillos que cantando descubren el 
nido, y por el silbatillo de niños, he- 
cho de barro, casi como pajarillo, en 
sus mano» se viene á quebrar.) 

El, por vía de compadre, quiere 
hacerme la hija madre. 

El porfiado albardán comerá de tu 
pan. 

El polvo de la oveja, alcohol es 
para el lobo. 

El polvo del ganado, al lobo saca 
de cuidado. 

El postrero que lo sabe es el cor- 
nudo, y el primero el que se los 
puso. 

El pobre y el cardenal, todos van 
por un igual. (En la muerte.) 

El pobre no va á concejo. (Queja 
de los pobres que no son admitidos 
á dar su voto.) 

El pobre que pide pan, carne toma 
si se lo dan. (Lo que el fraile que pide 
pan, y repítese aquí, por menos mor- 
daz, mudado en pobre que pide pan.) 

El pobre, todo es trazas; y el rico, 
trapazas. 

El poco comer y el poco parlar, 
no hizo nunca mal. 

El poco hablar es oro, y el mucho 
hablar es lodo. 

El potrico de Yecla, que cuando ha 
de medrar, desmedra. 

El potro de Gaeta, que valía menos 
cada feria. 

El potro y el majuelo, hágale su 
dueño. 

El potro de Buitrago, que cada día 
va desmedrando. 

El potro de Corbacilla, que cada día 
menos valía; ó que cada feria menos 
valía. 

El potro de Merlín, cada día más 
ruin. 



100 - 



El potro, dómele otro; y hágale 
otro. 

El potro, primero de otro, y des- 
pués de mi vecino, y después mío. 

El pollo de Eneró, la pluma vale 
dinero. (En Aragón dicen: «El pollo 
de Enero, la pluma á dinero». Que 
cada pluma vale un dinero, que allá 
monta casi tres blancas.) 

El pollo de un año. 

Elpollo, cada año;y el pato, madri- 
gado. (Porque el pato no es malo 
aunque sea de otro año, como elpollo 
que se hace gallo, y endurece.) 

El polluelo del labrador y el biz- 
cocho de la monja, traen costa. (Que 
por lo poco que dan son hospedados, 
regalados y costosos.) 

El puerco de Juan Crespo, cátale 
vivo y cátale muerto; ó el puerco de 
Juan de Avila; ó Martín de Avila, cá- 
tale vivo, cátale muerto. 

Elpuerco gordo, saca la cama arras- 
trando á la calle. (Quieren con esto 
decir que el puerco gordo, fiado, al 
tiempo de la paga, hace que saquen 
por prenda la cama del que le com- 
pró, y no le paga, y vende la ropa en 
la calle, y se arrastra de mano en 
mano.) 

El puerto de Hondura, quien no le 
pasa, no sabe de mala ventura. (Es en 
la sierra de Béjar, que va hasta Pla- 
sencia, y es muy alta y áspera, y el 
puerto la atraviesa por medio de ella, 
desde Baños hasta Cabezuela; dudan 
si Hondura se dijo de aún dura ó de 
hondura, por la bajada profunda, y 
esto es más cierto.) 

El pueblo seguro, no há menester 
muro. 

El puerro, un año en la tierra y dos 
enel cuerpo; ó un año en el güerto 
y dos en el cuerpo. 

El puñalete del Rey D. Pedro. (Este 
refrán es do Aragón, que salió de su 
rey D. Pedro, que fué cruel como el 
de Castilla y Portugal; puede aludir 
al rey que quiso cortar los fueros de 
Aragón, y se cortó su propia mano, 
y con su sangre y cinco dedos hizo 
las cinco barras coloradas, y con eso 
los dejó confirmados.) 

El pregón de Codos. (Es lugar de 
Aragón; y otros le dan vaya que para 



alegrar un antruejo concertaron de 
correr un toro, y porque no había 
caudal para uno verdadero, que fue- 
se fingido, con una manta y corna- 
menta, y lo fuese un hombre, como 
se suele hacer la tora en burlas y dis- 
fraces de judíos; y para que el hom- 
bre fuese seguro, que los jurados 
mandaron dar un pregón: Que nadie 
tirase garrochas al toro, porque era 
hombre. Dícese también «El toro de 
Codos».) 

El premio anima á las artes, y la 
honra las sustenta. 

El primer año, doctor; el segundo, 
licenciado; el tercero, bachiller; el 
cuarto, estudiante; el quinto, ignoran- 
te que comienza y quiere saber. 

El primer yerro al principio, se 
hace grande al fin. 

El primer año que hombre se casa, 
ó enferma ó se adeuda. 

El primero escarba el diente; el se- 
gundo hazte allá, que larga es la cua- 
resma; Rebeca, armé mi ballesta; Su- 
sana, púseme tras la rama; Ramos, 
échele un ajo; Pascua, échele en el 
ascua; fuíme á misa; cuando vine, há- 
llele hecho ceniza. (Solos son los do- 
mingos de la cuaresma.) 

El proceso y el niño, el diablo los 
guarda. (El niño porque no muera 
inocente, y el proceso para revolver 
en pleito la gente.) 

El prudente todo lo ha de mirar, 
antes que armas tomar. 

El placer no comunicado, no da 
cumplida alegría ni es bien logrado. 

El tal por tal es bueno, si es tanto, 
como tanto por tanto. 

El tal portal debe ser igual como 
el tanto por tanto, que es otro tanto. 

El testamento en la uña. (Véase I.) 

El testamento de la zorra. (Para 
decir de quien hace mandas y testa- 
mento fantástico, sin haber hacienda 
de qué le cumplir.) 

El tejero y el labrador no viven á 
un son. (Porque el tejero quiere sol y 
sequedad, y el labrador, lluvia pa- 
ra sembrar y después para crecer el 
pan.) 

El tejedor del villar, güelga toda la 
semana, y el domingo quiere tra- 
bajar. 



101 



El temor al sentido es un mortal 
dolor. 

El tiempo aclara las cosas, y el tiem- 
po las escurece. 

El tiempo es inventor de las cosas. 

El tiempo es sabio, y el diablo, 
viejo. 

El tiempo y yo, para otros dos. (Fué 
muchas veces repetido por el rey don 
Felipe II, el P nal ente, dando á enten- 
der lo mucho que uno puede hacer 
con vida y tiempo.) 

El tiempo y las ollas componen las 
cosas. 

El tiempo lo cura todo, ó lo pone 
del lodo. 

El tiempo corre, y todo tras él. 

El tiempo corre, y todo lo traspone. 

El tiempo cura al enfermo, que no 
el ungüento. 

El tiempo cura al doliente, que no 
el ungüente. 

El tiempo cura las cosas. 

El tiempo, tela vende. (Esto atribu- 
yen al Corso de Sevilla, que lo decía 
en ocasión que vendía algo más caro 
que otras veces; imítase el hablar ex- 
tranjero, por «El tiempo te lo vende». 
También el Corso hace refrán para 
decir que uno es muy rico: «Es un 
Corso de Sevilla»; «Es más rico que 
el Corso». Alcanzó este tal Corso y 
dejó mucha hacienda, y fama de muy 
bueno, por sus buenas y pías obras. 
Fué natural de Córcega, y en Sicilia 
enriqueció mucho con embarcaciones 
á Indias, sin perdérsele cosa jamás en 
el mar.) 

El tiempo, te dirá qué hagas. 

El tiempo todo lo cura, y todo lo 
muda. 

El tiempo todo lo cubre, ó lo encu- 
bre, ó lo descubre. 

El tiempo todo lo trae y todo se lo 
lleva. 

El tinto, de Cuacos; de Jarandilla, 
el blanco; de Pasaron, el clarete; de 
Jaraíz, de toda suerte. (Lugares son 
de la Vera de Plasencia, de buenos 
vinos.) 

El toro y el gallo, en el mes de 
Mayo. 

El toro se lo rompa. (Con ironía, al 
que trae vestido nuevo. Varía per- 
sonas.) 



El toro de Codos. (Véase el otro re- 
frán: «El pregón de Codos».) 

El tocino, y el vino, y el queso, añe- 
jo; y el amigo, viejo. 

Él tocino del Paraíso, para el casa- 
do y no arrepiso. (Fingen que hay un 
tocino colgado en el Paraíso para los 
casados que no se arrepienten, y que 
está por empezar; con que dan á en- 
tender que no hay ningún casado que 
no se haya arrepentido una vez ú otra.) 

El toque del oro, y del hombre el 
tesoro. (Que el tesoro es el toque de 
la prudencia del hombre, como lo es 
del oro la piedra del toque.) 

El torrezno del pastor, una vuelta 
en el asador. 

El tuyo llevaste á la peña, y no te 
despeña. 

El tudesco, en campaña; el italiano, 
tras muralla, y el español, á gana- 
lia. 

El tranco pasado, el santo olvida- 
do. (Lo que el arroyo 6 río pasado.) 

Eltramposo, el codicioso y el tahúr, 
presto se conciertan. 

El tramposo, presto engaña al co- 
dicioso. 

El trigo echado, levanta á su amo. 
(El bien granado, que trastorna la es- 
piga, enriquece al dueño; y que lo que 
uno expende bien, saca fruto y ga- 
nancia de ello.) 

El trigo y la tela, á la candela. (Pa- 
rece mejor al comprador no com- 
prar de noche.,) 

El trigo y la mujer, á la candela 
parecen bien; ó al Candil parecen 
bien. 

El trigo de hacera, échalo en tu pa- 
nera. (Hacera llaman en algunas par- 
tes á la haza vecina á casa, y porque 
la estercola y labra bien el dueño, da 
buen pan. Acera también es la orilla 
y lado, y si está vecina á prado y tie- 
rra nueva, es más fértil.) 

El trueque del topo, por la cola los 
ojos. 

El trueque del topo, la cola por los 
ojos. 

El varón, varón se sea; la mujer, es- 
tése queda. (Que el varón ande y sal- 
ga, no la mujer.) 

El banco de los honrados, mucho 
extiende á todos lados. (Que son co- 



102 



medidos y corteses para honrar á 
otros, y darles lugar y asiento.) 

El vencido, vencido; y el vencedor, 
perdido. (Caso es que sucede en plei- 
tos y guerras.) 

El vendedor tenga qué venda, que 
no Je faltará venta. 

Él vendrá á la melena; al pagadero; 
al matadero. 

Él vendrá las manos atadas; las ma- 
nos puestas. 

El vestido del criado dice quién es 
su amo. 

El viento y el varón no es bueno 
de Aragón. (Por ser oriental para 
Castilla el viento. El varón, púsose 
por consonancia y matraca, no por 
verdad.) 

El viento de Mari-Sarmiento, que 
fué á cagar y llevóla el viento. 

El viento que corre, muda la vele- 
ta, mas no la torre. (En favor de los 
valerosos, constantes y firmes, y con- 
tra los ligeros, tímidos y mudables 
por leve causa.) 

El vientre ayuno no oye á nin- 
guno. 

El vientre, lleno, siquiera de heno. 
(Va en la i) y en la M, porque se dice 
variamente, y le hallé aquí; cada uno 
le dirá como le supiere.) 

El viejo en su tierra, y el mozo en 
la ajena, mienten de una manera; ó 
mienten cuanto quieren, ó cuanto 
pueden. 

El viejo y el pece, al sol se ate rece. 
(Lo que «El niño y el pece, al sol se 
aterece>.) • 

El viejo y el horno, por la boca se 
escalientan: el uno con vino, y el otro 
con leña. 

El viejo que no adivina, no vale 
una sardina. 

El viejo que se cura, cien años 
dura. 

El viejo pajar, cuando se enciende 
es malo de apagar. (Alegoría: si se 
enamora.) 

El viejo por no poder, y el mozo 
por no saber, dejan las cosas perder. 

El viejo por no poder, y el mozo 
por no saber, quédase la moza sin lo 
que puedes entender. 

El viejo pone la viña, y el mozo la 
vendimia. 



El viejo miente en su tierra, y el 
mozo en la ajena. 

El virgo y el duende, nadie le en- 
tiende. 

El vino ha de ser comido, y no be- 
bido. (La razón es porque en sopa se 
detiene más en el estómago, y hase 
de usar. de él por medicina y no por 
bebida.) 

El vino alegra el ojo, limpia el 
diente y sana el vientre. 

El vino anda sin calzas. (Alegoría 
graciosa: que quien lo bebe sin tasa, 
después alegre descubre los secretos 
que no debe, como las vergüenzas el 
que anda sin bragas.) 

El vino, en el jarro y no en el cas- 
co. (Que se beba con templanza y mo- 
deración.) 

EL vino es la teta del viejo. 

El vino y el pan, á las veces se dan; 
unos años bien, otros no tal. 

El vino de Abril, hinche el cado y 
el cadil; ó el carro y el carril. (Vasi- 
jas son.) 

El vino de la pera, para mí se sea; 
y el de la castaña, para mi compaña. 

El vino de las peras, ni lo viertas, 
ni lo bebas, ni lo des á quien bien 
quieras; mas lávate con él las muelas. 

El vino de las Heljas me escalien- 
ta las orejas. (Lugar de buen vino en 
Portugal, las Heljas.) 

El vino de viña vieja me zonzona 
la oreja. 

El vino dicen que era de las muje- 
res, y lo trocaron con los hombres 
por el afeite. 

El vino que es bueno no há me- 
nester pregonero. 

El vino que tarde hierve, hasta otro 
se detiene. 

El vino, comido mejor que bebido» 
(Explicóse poco antes.) 

El vino, por el color; y el pan, por 
el olor; y todo, por el sabor. (O tro- 
cado.) 

El vino tiene estas tres propieda- 
des: que hace dormir, y reir, y las 
colores al rostro salir. 

El vino tinto quiere estar apreta- 
do, y el blanco holgado. 

El vino, más templado y no tan em- 
pinado. (Aviso al que bebe puro.) 

El vidrio y la honra del hombre, 



— 103 — 



no tiene más de un golpe. (Y de la 
mujer.) 

El villano, en su tierra; y el hidal- 
go, donde quiera. 

El villano y el nogal, á palos dan 
lo que han. 

El villano que no mata puerco, el 
judío que no da á renuevo y el escu- 
dero que no gana sueldo, pónganse 
del duelo. 

El villano, cuando se ensancha, su 
mal ensancha y alarga. 

El villano punza á quien le unta, y 
unta á quien le punza. 
El villano rico no conoce deudo ni 
amigo; ó ni tiene deudo ni amigo. 

El vulgar ignorante, á todos repre- 
hende y habla más de lo que menos 
entiende. 

El vulgo no perdona las tachas á 
ninguno. 

El vulgo juzga las cosas, no como 
ellas son, sino como se le antoja. 

El marido, antes sin un ojo que con 
un hijo. 

El marido, antes con un ojo que 
con un hijo. 
El marido, sin un ojo y no con hijo. 
El marido bueno, viva; y el malo, 
nunca se muera. (Que en todas ma- 
neras el marido es amparo y honra de 
la mujer, y por malo que sea, la es 
mejor que la viudez.) 

El marido, manso; la mujer, brava; 
la albarda, de juncos; la manta, mo- 
jada. 

El martillo de argento rompe las 
puertas de hierro. 

El maestro, que de siete cagajones 
hará un cabestro. 

El mayo de Portugal, que le carga- 
ron de joyas y se alzó con todas. 

El mayor enemigo del hombre es 
el hombre. 

El mayor dolor que el perro pasa, 
es el primer viernes después de Pas- 
cua. 

El mayor tesoro está en lo más 
hondo. 

El mal amigo deja la paja y lléva- 
se el trigo. 
El mal año entra nadando. 
El mal entra á brazadas y sale á 
pulgaradas. (Brazada es la medida de 
los brazos abiertos; pulgarada, y pul- 



gada, la medida del ancho del dedo 
pulgar.) 

El mal entra por la boca, y por la 
boca sale. 

El mal intencionado, lo bueno juz- 
ga por malo. 
El mal y el bien, á la cara vien. 
El mal y el bien, en la cara se ve. 
El mal no hace buen barragán. 
El mal, nunca hace buen barragán. 
El mal de la víbora, muerde, mas 
nadie la mira. 

El mal de la culebra, no muerde en 
el agua y muerde en la tierra, y por 
Mayo, deja la pelleja entre la piedra. 
El mal del ojo cúrale con el codo. 
(Quiere decir no llegues á él con los 
dedos.) 

El mal del cornudo, él no lo sabe 
y sábelo todo el mundo. 

El mal del tordo, el pico delgado 
y el rabo gordo. 

El mal del tordo, la cara flaca y el 
culo gordo. (Personas hay á quien al 
justo se aplica.) 

El mal del milano, las alas quebra- 
das y el papo sano; ó las alas caídas 
y el papo sano. 
El mal ballestero, á los suyos tira. 
El mal que no es durable, es com- 
portable y tolerable. 

El mal que no tiene cura, es locura; 
ó es la locura. 

El mal que no tiene remedio, olvi- . 
dalle es mejor medio. 

El mal que de tu boca sale, en tu 
seno se cae. (Que lo mal dicho vuelve 
en daño.) 

El mal cobrador hace mal paga- 
dor. 

El mal pan, en el arca se vende; 
mas el bueno, verse quiere. 

El mal paj arillo, la lengua tiene 
por cuchillo. (Porque chilla y descu- 
bre su nido y dónde está, y cógele el 
cazador ó el ave de rapiña.) 

El mal paño, en el arca se vende; 
mas el bueno, verse quiere. (Queda 
dicho al trocado: el buen paño; y todo 
tiene su sentido diferente, porque el 
que tiene mala mercaduría no la deja 
ver; la buena, sin verla se vende, con 
el crédito que tiene; el que compra 
siempre quiere ver lo que compra. 
El Comendador, dice: «El mal pan, en 



— 104 



el arca se vende»; creo por yerro, 
aunque el sentido es el mismo.) 

El mal tiene conhorte, y el bien no 
hay quien le soporte. (Así dice Sa- 
lustio que las prosperidades desati- 
nan tan bien á los sabios como á los 
que no lo son.) 

El mal vecino ve lo que entra, y no 
lo que sale fuera. 

El mal viene á arrobas, y vase á 
onzas. 

El mal, mal criado haz. (Criado es 
la criatura que se cría, y si ella tiene 
mal, no medra.) 

El malicioso, en burlas ó en veras, 
muestra sus malicias enteras. 

El malo, á muchos empece, y al fin 
perece. 

El malo, al bueno enoja, que al 
malo no osa. 

El malo siempre piensa engaño. 

El malo, viva; y el bueno, nunca se 
muera. (Marido. Queda atrás trocado.) 

El malo, para mal hacer, achaques 
há menester; ó achaques no há me- 
nester, que se los busca él. 

El malo, vaya y venga; y el bueno, 
nunca se pierda. (Marido, y otras 
cosas.) 

El mancebo no se vece, el viejo 
aunque le pese. (Ha de dejar el vicio.) 

El mandar, no quiere par. 

El más hermoso tiene un gargajo 
1 en el hombro. 

El más ruin del apellido, porfía 
más por ser oído; ó da mayor voz 
por ser oído. 

El más ruin puerco revuelve la po- 
cilga; ó el puerco sarnoso. 

El majuelo y el potro, críele otro. 

El melón y el yerno, como saliere; 
acertamiento. 

El melón y el casar, todo es acer- 
tar. 

El melón y el casamiento, acerta- 
miento. 

El melón y el queso, al peso. 

El melón y el queso tómale al 
peso. 

El melón y la mujer, á la cala han 
de ser. 

El melón y la mujer, por el rabo 
se han de conocer. (Cuando una mu- 
jer tiene muchos negocitos con di- 
versas personas y enreditos, se dice 



de ella que tiene muchos rabos, y que 
tiene más rabos que un pulpo. Y si 
por vía de amor la buscan y andan 
sus pasos, dicen que lleva y tiene 
rabo; por éste, pues, se conocerá si es 
buena, y no le tiene; y se puede en- 
tender rabo por estarse sentada y 
holgazana.) 

El melón, se güele por el pezón. 

El melón y la mujer, malos son de 
conocer. 

El melón, largo, pesado, escrito y 
borrado. 

El melón, por el pezón. 

El menor yerro que puede hacer, 
es casarse la mujer. (Vuelto es: «El 
menor yerro que puede hacer la mu- 
jer, es casarse».) 

El menosprecio mata al que siente; 
ó el menosprecio mata á la gente. 

El mensaje del cuervo. 

El mensajero del cuervo. (Entien- 
de hacer, tomado del cuervo que en- 
vió Noé, y no volvió, por el que no 
vuelve con respuesta.) 

El mensajero no merece pena de 
malo ó bueno. 

El mensajero no merece pena, por 
buena ó mala nueva. 

El mensajero de Villamelera, lo 
que trae en el papo lo lleva. (De los 
que llevan algún presente, y les dan 
más de retorno que valía lo. que lle- 
varon.) 

El mentir y el compadrar, ambos 
andan á la par. (Porque los compa- 
dres no cumplen con sus compadres 
los ofrecimientos que les hacen.) 

El mentir no tiene alcabala, y por 
eso lo usan todos tanto noramala. 

El mentiroso ha de ser memorioso; 
ó há menester tener mucha memoria. 

El mentiroso no gana más de que 
no le crean cuando dice verdad. 

El mes de Enero es como el buen 
caballero. (Quiere decir que Enero, 
como comienza, así acaba.) 

El mesonero mal ojo, judío bueno. 
(Suple tiene disculpas el judío.) 

El mezquino y el judío, en comien- 
do há frío. 

El mejor lance de los dados es no 
jugallos. 

El mejor amigo es la bolsa y el 
bolsillo. 



- 105 



El mejor nadar es guardar la ropa. 

El mejor nadador, es del agua. 
(Dice y piensa el vulgo esto, mas es 
con falsa opinión, porque el buen 
nadador no se puede ahogar sin fuer- 
za superior á las humanas; aplícase 
á los cuerdos que hacen mayores ye- 
rros.) 

El mejor cepón, para Mayo le com- 
pon. (Avisa guardar para delante.) 

El mejor pescado es flema; y el 
mejor amo y señor, postema. 

El mejor pienso del caballo es el 
ojo de su amo; y con la cebada que 
le sobra, fregarle la cola. 

El pienso mejor es el ojo del señor. 

El mejor trashoguero, para Mayo 
le quiero. 

El mejor maestro es el tiempo, y 
la mejor maestra, la experiencia. 

El medio es lo mejor que los ex- 
tremos. 

El médico empieza donde el físico 
lo deja, y comienza el clérigo donde 
acaba el médico. (Comienza este re- 
frán diciendo la orden de estudio 
entre el médico, estudiar la medicina; 
después pasa á comenzar el clérigo, 
y ganar en los que el médico mata.) 

El médico lastimero, gran señal 
deja en el cuero. (Habla del cirujano 
tímido en cortar y dar cauterio; avi- 
sa que haga su oficio conforme al 
arte, aunque sea con dolor, y que 
castigue cada uno al hijo con dolor, 
porque no sea malo.) 

El médico de Orgaz, que miraba 
la orina en el mortero, y el pulso en 
el hombro sobre el sayo. 

El médico, viejo; y el barbero, 
mozo. 

El médico, viejo, y mozo el bar- 
bero. 

El miedo, las cosas que no son hace 
parecer; y las que son, parezcan no 
ser. 

El miedo del enfermo, mudo pone 
al médico. 

El milagro del santo de Pajares, 
que ardía él y no las pajas. 

El molinero, andando velando ga- 
na, que no estándose en la cama; ó 
velando. 

El molino, andando gana, que no 
estando la rueda parada. 



El molino y el castillo, quien lo 
quiere vélelo contino. 

El molino va al agua. 

El molino, mientras anda, gana. 

El monje, rápalo de alonje. 

El montañés, por defender una ne- 
cedad, dice tres. 

El monte y el río, détele Dios por 
vecino. 

El río, no tan junto que te lleve. 

El mosto, de do quiera; y la tinta, 
de Villiquera. (Es en tierra de Sala- 
manca; usan renovar el vino del otro 
año con mosto nuevo, de tinta mo- 
llar.) 

El mozo y el amigo, ni pobre ni 
rico. (Porque el mozo pobre, hurta; y 
el amigo pobre, pide; y si son ricos, 
no hacen lo que deben.) 

El mozo y el oficial, hagan lo que 
les mandan, y no harán mal. 

El mozo no há la culpa, que la 
moza se lo busca. 

El mozo y el gallo, un año; ó el 
mozo y el gallo, no más de un año. 

El mozo se puede morir, y el viejo 
no puede vivir. (Gran verdad.) 

El mozo, si no empeora, mejora. 
(En enfermedad.) 

El mozo de los pies quemados. (Dí- 
cese por un espacioso que en siete 
horas anda media legua; también por 
un diablo que de presto vaya y 
venga.) 

El mozo del escudero gallego, que 
andaba todo el año descalzo, y por 
un día quería matar al zapatero. 

El mozo durmiendo sana, y el vie- 
jo se acaba. 

El mozo bueno, bueno es; de tres 
torreznos, dalde los dos, y el man- 
dado hacéosle vos. 

El mozo que boceza, de ruindad ó 
pereza. 

El mozo perezoso, por no dar un 
paso, da ocho. 

El mozo perdiendo, y el potro ca- 
yendo, escarmientan. (Se doman y 
asientan, no sólo en juego, sino en 
negocios y granjeo.) 

El mozo bellaco, tres barbas ó 
cuatro. 

El mozo malo, par de casa corre. 

El mohatrero va libre del hospital, 
mas no del infierno. 



106 



El muerto, á la fosada; y el vivo, á 
la hogaza. (Fosada es la huesa, fuesa, 
y güesa.) 

El muerto, á la huesa; y el vivo, á 
la mesa. 

El muerto, á la mortaja; y el vivo, 
á la hogaza. 

El muerto en el cementerio, y el 
fraile en el monasterio. 

El muerto y el ido, presto en ol- 
vido. 

El muerto podrece, y el huérfano 
crece. 

El mur no cabía en el horado, y 
atóse una maza al rabo. 

El mur que no sabe más de un ho- 
rado, presto le toma el gato. 

El muleto siempre parece asno, 
quier en la oreja, quier en el rabo. 

El mulo dale al papo, y darte há 
el culo. (Que comiendo bien, hará 
anca.) 

El mundano, un momento no se 
halla sin tormento. 

El mundo es á manera de escala, 
que uno sube y otro baja. 

El mundo es grande. (Dícese dan- 
do á entender que otras tierras hay 
donde poder vivir.) 

El mundo es redondo, y rueda; ó 
el mundo es redondo, y da vuelta. 

El mundo es redondo, y rueda; 
ansí le hallamos, y ansí le habernos 
de dejar. (Dícese por lo que cada día 
se experimenta. También es donaire: 
dice uno lo primero dando vuelta al 
plato, aplicando á sí el lado de lo 
mejor, y lo segundo responde otro 
que le entiende, volviendo el plato 
como estaba.) 

El mundo y el pecado no dan buen 
bocado. 

El muchacho de Lorca; ó el mu- 
chachito de Lorca; ó el niño de Lor- 
ca. (Dícese por astuto, sagaz y be- 
llaco; y fué la historia que un mu- 
chacho guardaba unas yeguas; llega- 
ron moros é hicieron presa de él y 
de ellas; era cuando los había en Gra- 
nada. El muchacho se fingió enfermo 
y de poco saber; dijo que le subiesen 
en una yegua vieja, que era madre 

guía, y le atasen los pies por de- 
ijo, y ellos subiesen en las otras; 
cuando vio que todos estaban á ca- 



l 



bailo, y que podía correr, picó para 
Lorca, su lugar, y luego las otras ye- 
guas corrieron tras la madre; llegó 
el mozo en salvo y algunos moros 
tras él, por no se matar cayendo; 
otros se echaron de las yeguas y se 
descalabraron ó perniquebraron, y 
fueron presos y cautivos.) 

El mucho entender, ramo es de 
custión. 

El mucho ir á la corte, hace que la 
bolsa acorte. 

El mucho dar, es vigilia del mucho 
demandar. 

El mucho gastar, trae mucho en- 
durar. 

El mucho comer, trae poco comer. 
(Quiere decir que vive poco el glo- 
tón; también que se consume la ha- 
cienda, y viene después á comer poco 
con la pobreza, y por eso aconseja 
otro refrán:. «Primero la sardina, des- 
pués la gallina».) 

El mucho hablar es daño, y el mu- 
cho callar no es provechoso. 

El mucho hablar nuece, y el mu- 
cho rascar cuece; ó escuece. (Nuece 
quiere decir daña y empece, del ver- 
bo antiguo nocir 6 nocer, y dura hoy 
en montañas.) 

El mucho hablar, muele; y el mu- 
cho rascar, escuece. 

El rayo y el amor, la ropa sana y 
quemado el corazón. (Muchas veces 
el rayo mata sin tocar en la ropa, y 
deshace una espada sin dañar la vai- 
na, y hace otros tales efectos mara- 
villosos.) 

El rasero lo lleva; ó el rasero se lo 
lleva. (Dícese de lo que parece que 
se colma en las medidas de granos, 
que se han de raer, y se aplica á otras 
cosas.) 

El rastrillo de higuera, y el bielgo 
de piedra. (Contrapone lo blando á 
lo dure y fuerte, para encarecer de 
cuan recia madera ha de ser el biel- 
go ó bieldo. El rastrillo importe poco 
que sea de madera blanda.) 

El rábano tierno, de cualquier ta- 
maño es bueno. 

El rábano, malo para el diente; y 
peor para el vientre. 

El rato no se fía de un solo bura- 
co. (Es el mor, ó ratón.) 



107 



El real ganado por San Juan, real 
y medio vale por Navidad. 

El rey entra como puede, y reina 
como quiere. 

El rey es como el fuego, que al 
que está más cerca más le calienta, y 
quema. (Díceso por privados que 
caen, y otros que ofenden la majes- 
tad y son destruidos.) 

El rey es poco para su porquero. 
(Dícese del vano y presuntuoso.) 

El rey y el camino, mal vecino. 
(Porque el rey embarga, y lleva los 
carruajes y destruye las heredades 
de junto á sus bosques, y la heredad 
de junto al camino la disfrutan pasa- 
jeros.) 

El rey de las abejas no tiene agui- 
jón y tiene orejas. (Atiendan reyes.) 

El rey fué viejo á Toro, y vino 
mozo. (Pide con donaire que el mozo 
eche vino; juega de la ambigüedad 
del vocablo vino, por el vino de 
uvas y por el pretérito del verbo ve- 
nir; no entendió esta gracia el Co- 
mendador, que dice: y volvió mozo, 
atribuyéndolo á la abundancia de 
frutas y otras cosas de Toro, habien- 
do otros lugares muy más deleitosos 
y agradables; mejor fuera que en- 
tendiera leyendo volvió mozo, que se 
avisa al mozo que vuelva presto del 
mandado, ó que vuelva el asador, si 
está asando, y para con este donaire 
volver el plato en la mesa, del lado 
que tiene lo mejor, como se dice en 
el otro: el mundo redondo. En otros 
refranes se dice esta misma gracia 
ambigua del vino: «Cristo, ¿por quién 
vino? Por todos vino>; «Una vieja 
fué á Zaragoza, y vino moza»; mane- 
ras son de pedir de beber.) 

El rey que rabió; y llevaba la man- 
ta arrastrando. 

El rey va á do puede, no á do 
quiere. 

El rey mi gallo; es el rey mi gallo; 
es el rey su gallo. (Dícese presumien- 
do, y del que presume tener favor, 
y mando, y privanza, aludiendo á la 
frase cantarle buen gallo: buen gallo 
le cantó; ó me cantó.) 

El rey llega donde puede, no don- 
de quiere. 

El reinar, no quiere par. 



El reinar, no quiere compaña, aun- 
que sea de hijos. 

El reloj y el galán, siempre han de 
dar. (Refrán de enamoradas.) 

El reloj de Yepes, la reloja de 
Ocaña. 

El resollo, de la moza; y de la vie- 
ja es la bolsa. (De uno el trabajo, de 
otro el provecho y el gobierno.) 

El requiebro del villano: buen pe- 
llizco, y revolver con el palo. (El re- 
tozo, etc.) 

El remedio para no empobrecer, 
comprar lo forzoso, y no lo que es 
menester. 

El remolino al lado, señal de otro 
hermano. (Es el de la coronilla de la 
cabeza, y es dicho de las comadres; 
y que la que pare hija en menguan- 
te, en el siguiente parto también pa- 
rirá hija.) 

El río pasado, el santo olvidado. 
(El peligro pasado.) 

El rincón de las siete semanas. 

El rosario al cuello, y el diablo en 
el cuerpo. 

El rostro me torcistes, pues de los 
mesmos ajos comistes. 

El rocín, á la crin; el asno, al rabo. 
(Quiere la carga.) 

El rocín, en Mayo vuélvese ca- 
ballo. 

El rocín, para polvo; la ínula, para 
lodo; el mulo, para todo. 

El robaría la peste á San Roque. 

El roble, como nace; y el pino, 
como cae. (Se han de poner en el edi- 
ficio para durar.) 

El ruin siéntale á la mesa; tajada 
toma que á todos pesa. 

El ruin de Roma, en mentándole, 
luego asoma. 

El ruin barbero, ni deja pelo ni 
cuero. 

El ruin buey, holgando se des- 
cuerna. 

El ruin calzado sube á los cascos. 

El ruin pajarillo descubre su ni- 
dillo. 

El ruin, mientras más le ruegan, 
más se extiende. 

El chico no vale nada, si no es ar- 
dido. 

El chico, si no es ardido, no vale 
un higo. 



108 — 



El chocolate excelente para poder- 
se beber, tres cosas há menester: es- 
peso, dulce y caliente. 

El llanto de la mujer muerta no 
llega más de hasta la puerta. 

El llanto del heredero, risa es so el 
capelo. 

El lloro del que hereda, de gozo 
revienta. 

El harto del ayunD no tiene cui- 
dado ninguno. 

El harto del ayuno no tiene duelo 
ninguno. 

El hacer bien, nunca se pierde. 

El hacendero, de lejos ve al caba- 
llero. 

El hato de la liebre. (Para decir 
que no tienen más de lo que traen 
vestido, y tienen la casa vacía.) 

El havo es dulce, mas pica la abe- 
ja. (Havo es el panal.) 

El heno, corto ó largo, por Junio 
ha de estar segado. 

El herrero y su dinero, todo es 
negro. 

El herrero de Arganda, él se lo 
suella, y él se lo macha, y él se lo 
saca á vender á la plaza. (Suella es 
sopla con el fuelle; y también se dice 
suena, de sonar, por lo mismo.) 

El herrero de Arganda, que á pu- 
ras martilladas olvidó el oficio. 

El hilván hace al oficial. 

El hijo sabe, que conoce á su pa- 
dre. (Porque si alcanza á conocerle y 
no se le muere antes, el padre le en- 
seña letras, y buenas costumbres y 
bien saber; lo cual suele no suceder 
á los que se crían sin padre. Puédese 
también aplicar al que conoce las 
obligaciones de bueno en que le dejó 
su padre, y honrados mayores.) 

El hijo de la gata, ratones mata. 

El hijo de la cabra, siempre ha de 
ser cabrito. 

El hijo de la cabra, de una hora á 
otra, bala. 

El hijo de la puta, á su padre saca 
de duda, y á su madre de disputa. 
(O al trocado. Porque en adulterinos 
se tiene opinión que ordinariamente 
se parecen al padre, á lo menos las 
que intervienen al caso afirman que 
es suyo, escupido, y que es el padre 
cortada la cabeza. Otros dicen: «El 



hijo de puta, á su madre saca de 
duda», por lo mismo y porque si tra- 
tó con muchos, juzga ser de al 
que se parece, y á aquél lo hace 
creer.) 

El hijo de la madrasta, échale la 
cabeza al Oriente; echarle has sano, 
y levantarle has doliente. 

El hijo de la Rollana, que le lleva- 
ban por el colodrillo á misa. 

El hijo de la Rollona, que tiene 
siete años y mama aún ahora. 

El hijo de tu vecina, quítale el 
moco y cásale con tu hija. 

El hijo de tu vecino, quítale el 
moco y métele en casa, y dale á tu 
hija por marido. 

El hijo de ruin padre toma el 
nombre de la madre. (Excúsanse los 
que le toman por respeto de tíos ó 
abuelos.) 

El hijo del asno, dos veces rebuz- 
na al día. (Que el natural de cada uno 
luego se descubre, y no se encu- 
bre.) 

El hijo del gato mata al rato. 

El hijo del bueno, para malo y 
bueno. 

El hijo del malo, ni bueno ni malo. 

El hijo del bueno, vaya hasta que 
muera; ó bien haya; ó el hijo del bue- 
no, vaya, vaya, como lee el placen- 
tino de mi lugar. (Este refrán es tanto 
de mi propósito y natural, que desde 
muchacho de pocos años, sin haberle 
oído, le he tenido escrito en las en- 
trañas; el que le dijo primero me 
ganó por la mano; siempre soy de 
este parecer y lo aconsejo á otros: 
que cada uno trabaje y procure valer 
por sí como hijo de bueno.) 

El hijo del pastor no se cría sin 
dolor. (Porque desde luego le pone 
en el trabajo.) 

El hijo del mendigo, poco pan y 
mucho vicio. 

El hijo del mendigo, más tiene vi- 
cio que el padre trigo. 

El hijo del mendigo, más vicio que 
trigo; ó más regalo que trigo. 

El hijo del mezquino, á poco pan 
mucho vicio. 

El hijo del hidalgo, un pie calzado 
y otro descalzo. (Es ordinario, en 
hijos de hidalgos pobres, andar rotos; 



— 109 — 



mas como quiera que ande tratado el 
hidalgo, se queda quien es.) 

El hijo borde y la muía, cada día 
hacen una. (Borde es bastardo.) 

El hijo que aprovece, á su padre 
parece. 

El hijo por nacer, y la papilla ya 
á herver. 

El hijo, muerto; y el apio en el 
huerto. (Con el apio se desopilan los 
niños; reprende el descuido de reme- 
diar las cosas con tiempo, habiendo 
con qué.) 

El hijo, harto y rompido; la hija, 
hambrienta y vestida. 

El hidalgo, antes roto que remen- 
dado. (Excusa de no andar bien ali- 
ñados, y aviso que no se casen baja- 
mente con nota de linaje.) 

El hidalgo, y el galgo, y el tale- 
gón de la sal, cabe el fuego los bus- 
cad. 

El hidalgo, y el gavilán, y el galgo, 
con un papo harto. 

El hidalgo, roto y no remendado. 
(El remendar es propio de la gen- 
te de trabajo y pobre; el hidalgo ha 
de ser lucido y gallardo, y á más no 
poder, le es mejor andar desgarrado 
unos días, en tanto que hace vestido 
nuevo, que remendado, porque no se 
presuma que él se pone á echar re- 
miendos, como persona baja. Este es 
el sentido literal; mas el alegóri- 
co y mejor es el que el hidalgo no se 
case con mujer que tenga falta en su 
linaje, por codicia de hacienda y gran 
dote, que mejor le está vivir pobre y 
roto, que con tal remiendo, para él y 
sus hijos malo.) 

El higo en la higuera, la fruta en 
la plaza, la moza en el mesón, tres 
cosas son que maduran sin sazón. 

El higo que roda, para mi señora; 
el que se está quedo, para mí me le 
quiero; ó para negro. 

El higo maduro comímele luego; 
el que roda, para mi señora. 

El horno y la vieja, por la boca se 
escalienta; ó el horno y el viejo. 

El horno, por la boca se calienta; ó 
escalienta. (Alegoría, que el comer y 
beber sustenta.) 

El hurto del buey. (Por el que no 
se puede encubrir so la capa.) 



El huso de plata, bien urde y bien 
trama. 

El huso de plata es muy grande. 

El huso de plata, gran tela saca.(Dí- 
cese esto de las que dan á hilar sus 
madejas y echan telas á costa de su 
dinero; y es disculpa de las que no 
echan tantas, porque son solas en su 
rueca é hilado, y de otras maneras se 
varía: con el huso de plata; porque 
tiene buen huso de plata.) 

El humo, y la mujer, y la gotera, 
echan al hombre de su casa fuera. 

El humo, y la gotera, y la mujer 
brava, echan al hombre de su casa. 

El humo se va á los hermosos. (Di- 
cen esto por engañar á los mozos, que 
se estén quedos en el mal lugar del 
fuego, y muchos no lo entienden.) 

El humo vase al humero, y el ne- 
cio y perezoso estáse quedo. 

Helada sobre lama, agua demanda. 
(Lama es lodo blando.) 

Helada sobre lodo, agua sobre todo. 
(Que llueve tras ello.) 

Helada sobre lodo, nieve hasta el 
hinojo. (Lo rodilla.) 

Helada barbuda, nieve anuncia. 

Helada barbuda, tres días anubla. 

Helada barbuda poco dura. (Por lo 
de estos otros.) 

Heladas de Enero, nieves de Febre- 
ro, mollinas de Marzo, lluvias de 
Abril, aires de Mayo, sacan hermoso 
el año. (Han de ser los aires con nu- 
blos.) 

El fatre prove, e le fai dormiré, e 
le fai peire, e la ganga rusa. (Del 
buen vino de España dice esto el ro- 
mero francés, y tudesco, y extran- 
jeros.) 

Elvira, la que los pedos tira; Isabel, 
la que los saca á vender. 

En Aranda, mírala y anda. (Habla 
de la Aranda de Aragón.) 

En Aracena, quien no tiene pan, no 
cena. 

En arca abierta, el justo peca. 

En arca de avariento, el diablo 
yace dentro. 

En al va el engaño, que no en be- 
salla durmiendo. 

En aldeas, pon la capa do la veas. 
(Lo mismo será en otros acabados 
en as.) 



110 - 



El aldea mezquina, las vísperas de 
noche, los maitines de día. 

En aldea hijosdalgo, potros blan- 
cos en establo. 

En algo debe de topar, como dijo 
la hormiga. 

En algo topa, dijo la hormiga. 

En Alcalá de los Ganzules, canta el 
cuco cada lunes. 

En Alcalá, canta el cuco, y cantará. 
(Matraca satírica.) 

En Almazán, cien azotes dan por un 
pan; y si es caliente, ciento y veinte. 

En Almenara tengo la dama, en 
Balberdón tengo el mesón, en Zara- 
pinos tengo los hijos, y en Zaratán 
me dan del pan. (Lugares entre Sala- 
manca y Ledesma.) 

En almoneda, ten la boca queda. 

En Antequera, toma el dinero y 
echa el chivato fuera. 

En Acedera, el cura y el ama hacen 
la cera. 

En Azuaga, lechones; y en Berlan- 
ga, melones. (Y al trocado: «En Azua- 
ga, melones; y en Berlanga, lecho- 
nes». Lugares son de Extremadura.) 

En Azuaga te gastes, como mal 
vino. (No se coge allí, y véndese bien 
lo que traen.) 

En ajeno soto, un palo ú otro. 

En Agosto, uvas y mosto. 

En Agosto trilla el perezoso. 

En Abril, aguas mil; y en Mayo, 
tres ó cuatro. 

En Abril, aguas mil, coladas por un 
mandil; en Mayo, tres ó cuatro, y ésas 
con buen barro. 

En Abril, aguas mil, y todas por un 
mandil; en Mayo, tres ó cuatro, y ésas 
que lleguen al barro. 

En Abril, échate de cuadril; y si 
vieres el trigo relucir, espera pan de 
allí. 

En Abril, échate de ventril; si pan 
vieres, pan esperes. 

En Abril, pone la capilla al ruin. 

En Abril, ponte la capilla ruin. (Que 
sea lluvioso.) 

En Abril poda el ruin; el bueno, en 
Marzo ó Febrero. 

En aquel pago, déme Dios un palmo. 

En Atienza, cada uno de sí piensa. 

En achaque de trama, viste acá á 
nuestra ama. 



En allegar se va el Agosto. 

En año de lagarta, no plantes viña 
ni granja. (Lagarta es oruga, gusano 
que come y destruye los árboles.) 

En año bueno, el grano es heno; y 
en año malo, la paja es grano, 

En año caro, harnero espeso y ce- 
dazo claro. 

En el árbol de la mano no ha de 
temblar la hoja, y ha de tener la es- 
pada la guarnición de consejo. (Antes 
de echarse mano, se ha de mirar muy 
bien; y después de sacada la espada, 
se ha de mostrar el hombre valeroso 
y de ánimo.) 

En el aldea que no es buena, más 
mal hay que suena. 

En el aldigüela, más mal hay que 
suena. (Refrán es muy antiguo, no 
tan moderno como el autor de una 
comedia dice: que hizo de un Duque 
de Alba y un hijo valeroso, enten- 
diendo ser la Aldigüela lugar que 
está entre El Barco y Piedrahita, lla- 
mado la Aldigüela; toda aquella tie- 
rra es del Duque de Alba.) 

En el alma tengamos barbas, y bas- 
ta. (Véase «La alma tenga barbas».) 

En el Almacén me quiero casar, 
que cuerno y candil no me han de 
faltar. (Porque en el Almahén, que 
son las minas del azogue, se entra 
con candil y un cuerno de aceite 
para cebar la mecha.) 

En el almonedaren la barba queda. 

En el almoneda, ten la toca queda. 

En el andar y en el beber, se co- 
noce la mujer. 

En el andar y en el vestir, serás 
juzgado entre cien mil. 

En el andar y en el vestir, serás 
conocido entre mil. 

En el andar y en el meneo, luego 
vi que era de Toledo. 

En el azogue, quien mal dice, mal 
oye. (Azogue se llama el lugar de 
contratación do se venden diversas 
cosas, por continuar allí la gente y 
bullir casi lo que el batidero.) 

En el escarlata, cae la raza. 

En el escudillar, verás quién te 
quiere bien y quién te quiere mal. 

En el espino de Santa Lucía; ó en 
las espinas de Santa Lucía. (Por es- 
tar en aflicción.) 



111 



En el invierno, con el frío, téngolo 
encogido; y en el verano, con el ca- 
lor, tan largo se me pon. (Es la masa 
del pan.) 

En el ojo de su vecina ve una paja, 
y en el suyo no ve una tranca. 

En el nacer y en el morir, todos 
somos iguales; aunque no sea en el 
vivir. 

En el servicio del servidor, está el 
galardón del señor. 

En el celemín, se asienta el ruin; y 
ansí hace el bueno, por no sentarse 
en el suelo. 

En el juego de los dados, lo mejor 
es no jugailos; y si jugar, no parar. 

En el gollizno. (Dícese cuando se 
come la hacienda, y lo que era para 
otros fines. Sucedió que en Almedi- 
na, villa del campo de Montiel, se re- 
partía trigo para sembrar, y se escri- 
bía en qué pago y hazas. Fué á pedir 
seis fanegas un pobre hombre, y pre- 
guntado dónde las había de sembrar, 
dijo que en el gollizno. El gollizno es 
un estrecho de un arroyo que hallan, 
ó hacen, unas peñas y pasa el agua 
como por gollete, ó gaznate; de don- 
de toma nombre todo aquel término 
de tierras de sembrar. El hombre se 
comió el pan en su casa, y al Agosto, 
demandándole el trigo, como no lo 
tuviese ni hubiese sembrado, lucié- 
ronle cargo del engaño; el respondió: 
«Bien claro que lo dije que en el go- 
llizno lo había de sembrar», señalando 
su garganta; celebróse el descargo, y 
quedó por proverbio en el gollizno; 
á este mismo dicen que sucedió lo 
del otro refrán: «Berenjenas á Al- 
magro».) 

En el baile la mira, á fee que no es 
mentira. 

En el Barranco, la puerta sin tran- 
co. (Barranco es en Madrid el barrio 
de las mujeres enamoradas, y de no- 
che no se cierran sus puertas; dicen 
tranco por tranca, por hacer conso- 
nancia.) 

En el barrio del Cucharón, lindo 
vino y buen salmón. (En Navarra, en 
aquel barrio que es de San Miguel, y 
tomó ese otro nombre del Cucharón, 
porque un muchacho fué dando vo- 
ces á la Iglesia: «¡Madre, madre, que 



se quema el cucharón! , y causó mu- 
cha risa á todos; hay buenas bodegas 
de vinos escogidos. El salmón fué 
apodo dicho por cuatro hombres va- 
lerosos en personas y hacienda, grue- 
sos y muy ricos que había en aquel 
barrio.) 

En el buen paño cae la mancha; ó 
la raza. 

En el buen río se pesca la trucha. 

En el cabello y en el mal marido, 
cuanto se hace en él es perdido. 

En el cabo del Trafalgar, ó muy en 
la tierra ó muy en la mar. (Porque 
en medio hay bancos de peñas y po- 
ca hondura para los navios. Trafalgar 
es entre Tarifa y Cáliz, ó Cádiz.) 

En el campo anda quien lo gana. 

En el campo de Barahona, más vale 
buena capa que mala azcona; ó en el 
puerto. 

En el queso y el jamón, conoce el 
hombre á su compañón. (En el beber.) 

En el coro mucha fiesta, y en el re- 
fitorio feria sexta. (Mal comer.) 

En el corral la chamuscamos. 

En el culo las tienes; nunca las nes- 
gues. (Las bragas que le dio al mu- 
chacho.) 

En el peligro, se conoce el amigo, 

En el pisar se conoce el caballo, y 
el caballero en gobernarlo. 

En el puerto de Barahona, más va- 
le mala capa que mala azcona. 

En el prado está la vaca, y acá la 
hacen la mostaza. 

En el prevenir y proveer de ante- 
mano está el acertar y curarse sano, 

En el placer no leas carta luego, 
porque no te nazca cuidado nuevo. 

En el telar me lo deje Dios poner, 
que el diablo lo ha de tejer. (El que 
cuida de sí y no del otro, como la que 
no se le da nada que el tej edor se canse 
con su hilo quebradizo y ñudoso.) 

En el tiempo del rey Perico. (De- 
notando vejez de lo que fué y pasó.) 

En el verano, hay día para casarse 
y enviudar, y volverse á casar. 

En el martes, ni paños cortes ni 
hija cases. 

En el más viejo está el buen con- 
sejo. 

En el mes de Abril harás quesos 
mil; en el de Mayo, tres ó cuatro. 



112 — 



En el mes de Enero, el sol entra en 
cada reguero. (El asturiano y arago- 
nés llama reguero al arroyo y valle 
hondo.) 

En el mes de Enero, lobos siete á 
siete en el carrero. 

En el mes uvas, aré de Bilbao, ce- 
bada, medura. (Vizcainada.) 

En el mes de Mayo, ayune el vi- 
cario. 

En el mes de Mayo, el mastín es 
galgo. (Porque con la quesería engor- 
da y está corredor, y lo contrario 
puede ser porque sale del invierno 
flaco, hecho galgo; mejor lectura es 
el: «En el mes de Mayo, es mastín el 
galgo», porque engorda; y para decir 
que uno está gordo y corpulento, de- 
cimos: está hecho un mastín, y por el 
flaco, que está hecho un galgo.) 

En el mes de Mayo, ni yegua ni ca- 
ballo. (No están seguros para caballe- 
ría, porque es-el tiempo de su celo; y 
es peligrosa, porque se les da el ver- 
de en aquel tiempo, con que están flo- 
jos, aunque lucios.) 

En el mes de Mayo, deja la mosca 
al buey y toma al asno. 

En el mejor paño hay mayor en- 
gaño. 

En el mejor vino hay heces. 

En el monte anda la niña, y sin bas- 
quina. 

En el monte, como vos y como otre. 
(Que de lo concejil y común todos 
pueden usar.) 

En el río que no hay peces, por de- 
más es echar redes. 

En el ruin pueblo, cada día con- 
cejo. 

En el horno se trata, y de ello se 
habla. (Que una cosa es muy pública.) 

En el huso se ha de esperar, que en 
la rueca no hay que fiar; ó no hay 
que mirar. (Que á lo hecho se mire, 
no lo por hacer.) 

En el Enero, el agua se hiela en el 
puchero, y la vieja en el lecho. (O al 
trocado: «En Enero, la vieja se hiela 
en el lecho, y el agua en el puchero».) 

En Enero, el gato en celo; Febrero, 
merdero; Marzo, sol como mazo; en 
Abril, aguas mil; en Mayo, toro y ca- 
ballo; en Junio, hoz en puño; en Julio, 
calentura y aullo; en Agosto, frío en 



rostro; en Septiembre, el rozo y la ur- 
diembre; en Octubre, uñe los bueyes, 
y cubre; en Noviembre y Diciembre, 
coma quien tuviere, y quien no tu- 
viere, siembre. 

En Enero y Hebrero, saca la vieja 
sus madejas al humero; en Marzo, al 
prado; en Abril, á urdir. 

En Enero y Hebrero, busca la som- 
bra el perro; en Marzo, búscala el 
asno. (Da esto á entender que en estos 
meses abre el tiempo con asomos de 
la primavera.) 

En Enero, ni galgo lebrero ni azor 
perdiguero. 

En Enero no hay galgo lebrero, si no 
es el cañamero. (La red de cáñamo.) 

En Enero cásate, compañero, y da 
vuelta al gallinero. 

En Enero, ponte en el otero; y si 
vieres verdeguear, ponte á llorar; y si 
vieres torrear, ponte á cantar. (Por- 
que Enero quiere ser claro y de hela- 
das, no blando; torrear es quemar las 
hierbas con el hielo; lo contrario de 
verdeguear.) 

En Enero, mira tu cillero; y si tal 
lo hallares, come como de antes; y 
si no, alarga la puchera y estrecha la 
cibera. (Dice que sea creciente el con- 
ducho como en Galicia con nabos, y 
berros para que no entre pan mucho.) 

En entrando por la villa, pregunta 
por la madre, dirte han cuál es la 
hija; ó quién es la hija. (Dir sincopa- 
do por decir.) 

En esa razón hinco yo mi bordón; 
ó hincho yo mi bordón. 

En eso está el cuerpo de Martín Pa- 
vón. 

En eso estaba pensando. (Ironía con 
que niega uno lo que le piden.) 

En esta casa, ¿han dado morcilla á 
Escalante? No. Pues pase el varal ade- 
lante. (No daban morcilla á Escalante, 
escudero pobre, porque no mataba 
puerco; y él, para dar á entender que 
sí le mataba y las pagara, y que ha- 
cían mal en no se las dar, compró 
unas tripas y sangre é hizo morcillas, 
y mandó á dos mozuelos que con ellas 
puestas en un varal fuesen de puerta 
en puerta y preguntasen: «¿Aquí han 
dado morcilla á Escalante?»; y en res- 
pondiendo no dijesen: «Pues pase el 



- 113 - 



varal adelante»; y así se volvieron 
con todas ellas á casa.) 

En este lugar no hilan delgado, 
sino gordo y mal hilado. 

En este mundo cansado, ni bien 
cumplido ni mal acabado . (Porque el 
mal deja reliquias y se encadena de 
uno otro.) 

En este mundo mezquino, cuando 
hay para pan no hay para vino. 

En este mundo hondo, dichas y des- 
dichas abondo. 

En echando el fuego en el agua, 
luego se apaga. 

En ingenio grosero, no cabe doctri- 
na de sotil maestro. 

En invierno y en verano, el buen 
dormir es en sobrado. 

En invierno y en verano, el fuego 
es gasajado. 

En invierno y en verano,, la lumbre 
me es gasajado. 

En invierno, la ropa de Zamora, le- 
vadura y agua roja. (Para leudar el 
pan dicen que echan mucha levadura 
de invierno, y es menester.) 

En invierno, ladrillado; y en vera- 
no, guijarrado. (El suelo.) 

En invierno, neblina, y nieve por 
vecina. 

En invierno, de cara; y en verano, 
de espalda. (Da el aire al que camina.) 

En invierno, hornera; y en verano, 
tabernera; ó de invierno. 

En hora buena.. Antona, fuistes á 
misa, venistes á nona; ó en hora 
mala, Antona, fuistes á misa, y vol vis- 
tes á nona. 

En hora buena nace quien buena 
fama cobra, y por tenerla hace; ó y 
por guardarla hace. 

En hora buena vengáis, amigo, 
dijo la leche al vino. Vengáis en hora 
mala, dijo la leche al agua. 

En hora buena vengáis; en hora 
buena estéis; en hora buena vais. (Dí- 
cese á las tres edades: hasta treinta, 
vengáis; de allí á cincuenta, estéis; de 
ahí adelante, vais. Véase en la H: Has- 
ta los treinta.) 

En hora buena vengáis, la de 
Alonso. 

En hora buena vengáis, Mayo: el 
mejor mes de todo el año. 

En hora buena vengas, mal, si ve- 



nís solo. (Porque suelen seguírsele 
otros.) 

En hora mala nace quien mala 
fama cobra, y por quitalla no hace 
obra. 

En hora mala nació el hombre ne- 
cio en su casa, y luego no se murió. 

En hora mala para quien la levan- 
tó, que ella echada se estaba. (Lo pri- 
mero dice alguno riñendo; lo segun- 
do le responden.) 

En hora mala para quien mal me 
quiere y bien me habla. 

En hora chiquita, sol y sombrita. 

En Orellana la Vieja, puta la moza, 
puta la vieja. 

En hombre asentado, ni capuz tun- 
dido ni camisón curado. (Del holga- 
zán.) 

En hombre ya entrado, ni capote 
con borlas ni zaragüel gayado. (En- 
trador y entrado en días, llaman al 
hombre que pasa de media edad.) 

En Osuna, allá se me suma. 

En ojo ajeno escarmienta el hom- 
bre cuerdo. 

En Octubre, alza la mano de ubre; 
si no, ayudártelo he á sembrar, mas 
no á segar. 

En Octubre, uñe los bueyesy cubiv, 
y alza la mano de ubre, que quien te 
lo ayudó á sembrar, no te lo ayudará 
á segar. (Quieren decir: no tengas 
ayuntamiento con tu mujer en Octu- 
bre,porque estará al Agosto muy pre- 
ñada, ó recién parida, y no te podrá 
ayudar á trillar y recoger el pan; de 
más que peligran las paridas de 
Agosto.) 

En Octubre, no des á tu mujer en la 
ubre; ayudártelo há á derramar, y no 
te lo ayudará á apañar. 

En Octubre, no pongas á tu mujer la 
mano en la ubre; que si te lo ayuda- 
re á sembrar, no te lo ayudará á en- 
cerrar. 

En Octubre, toma los bueyes y cu- 
bre. 

En otra turquesa se forjó esa pelo- 
ta, y baleta. (Lo que «De otra aljaba 
salió esa saeta». Cuando el dicho es 
tomado de otro, ó el discurso 
ajeno.) 

En ovillos me lo deje Dios poner, 
que don Duelo lo ha de tejer. (Que 



- 114 



hecho lo principal, lo accesorio es 
más fácil, y que negociando uno lo 
suyo, no cuida de lo ajeno.) 

En un pie, como grulla. 

En una hora se cae la casa, y no 
cada día. 

En una hora, Dios mejora. 

En una hora, Dios obra. 

En la arca abierta, el justo peca; ó 
en arca abierta. 

En la heredad un guindo, y en la 
villa un judío. (Que nunca falta, y que 
basta.) 

En la escarlata cae la raza. 

En la escalera y en el arca del pan, 
es mal sentar. (Porque hacen levan- 
tar.) 

En la Epifanía, todas las fiestas se 
avían. 

En la iglesia cantar, y en casa llo- 
rar. (Que se alabe y ore á Dios en la 
iglesia, y en casa se trabaje y gane la 
vida, y se giman los pecados; y es 
queja de clérigo pobre y sacris- 
tán.) 

En la leche lo mamó. 

En la necesaria caga, y en la mesa 
come y calla. 

En la necesidad se ve la amistad. 

En la necesidad se prueban los 
amigos. 

En la siesta, no hagas dormida de- 
bajo de noguera. 

En la Solana, quien más miente 
menos gana. 

En la Zangosta está la langosta. 

En la jura está la ventura. 

En la frente y en los ojos se lee la 
letra del corazón. 

En la guerra de amor, el que huye 
es vencedor. 

En la Granja, buena torre, mas poco 
cobre. 

En la Granja tejas, y en Azuaga 
guedejas. 

En la Granja, vino; y en Guadalca- 
nal, lino; en Fuente el Arco, nueces; 
y en los Santos, trigo. 

En la barba del ruin se enseña el 
aprendiz. 

En la vendimia, el asno al puerco 
hubo envidia, porque no sirve y tra- 
ga, y después dijo: presto lo paga. 

En la boda, quien menos come es 
la novia. 



En la boca del discreto, lo público 
es secreto. 

En la braga yaz, quien faz la paz. 
(Porque muchos males se atajan con 
el casamiento, y de los casados se di- 
ce que debajo de las mantas hacen 
las paces, y entre las sábanas.) 

En la braga yaz, quien fa la faz. 

En la cartilla que se lee, se des 
prende. 

En la casa del oficial asoma la 
hambre, mas no osa entrar. (Porque 
con lo que gana á él se remedia: que 
«Quien há oficio, há beneficio».) 

En la casa do no hay qué comer, to- 
do s lloran y no saben de qué; ó todos 
están tristes, y no saben de qué; y 
todos riñen, y todos tienen razón. 

En la casa barrida, no pica la ga- 
llina. (Buena alegoría de casa po- 
bre.) 

En la casa que se compra el pan, 
no se ataja real. (Conviene con el. 
otro: «Pan de panera, ni harta ni go- 
bierna».) 

En la casa ajena, bien parece la 
torta ajena; ó la hogaza ajena. 

En la casa llena, presto se guisa la 
cena; y en la vacía, más aína. 

En la cama del can no busques el 
pan, ni en el hocico de la perra no 
busques la manteca. 

En la calle de Meca, quien no en- 
tra no peca. (Era calle en Zaragoza 
de mujeres de mal vivir.) 

En la cola yace la ponzoña. 

En la color del paño estamos, y no 
nos concertamos. (Dícenlo cuando la 
diferencia es tan grande que no pue- 
den venir á concierto.) 

En la congosta está la langosta. 

En la cuenta del boticario, por más 
que se quite y requite, siempre nos 
gana el envite. (Porque se desquita 
en dar uno por otro.) 

En la piedra del toque, el oro; y el 
hombre se prueba en el tesoro. 

En la pintura no está la figura. (En- 
tiende la persona ó cosa pintada.) 

En la plaza lo venden; se vende. 
(Para decir que una cosa es muy co- 
mún y barata; y también negando lo 
que alguno pide: cómprelo como yo.) 

En la tardanza está el peligro. 

En la tienda de tu enemigo, moro 



115 



y vino; y en la de tu amigo, hierro y 
trigo. 

Én la tierra ajena, la vaca al buey 
escuerna. (Por acornea.) 

En la tierra ajena, la vaca sigue al 
buey y le acornea. (Se le atreve.) 

En la tierra ajena, Las vacas acuer- 
nan. (Que es desvalido el forastero.) 

En la tierra de los enanos, mi padre 
es gigante. 

En la tierra de los pigmeos, mi pa- 
dre es filisteo. (El vulgo toma fil'isteo 
por gigante, por el Goliat que mató 
David, y otro su hermano que tenía 
seis dedos en manos y pies, y le mató 
después de rey un primo de David, y 
lo fué el padre de éstos.) 

En la tierra de los ciegos, el tuerto 
es rey; ó en la casa, ó ciudad de los 
ciegos, al tuerto llaman rey. (Tuer- 
to es el que tiene un ojo ; y le falta 
otro.) 

En la tierra del rey, la vaca corre 
al buey. (Porque igualmente se hace 
justicia al flaco y poderoso, y no hay 
violencia, como suele haber en tierras 
de señoríos.) 

En la tierra de Mala dura, quien no 
trabaja, no manduca. (Maladura es lu- 
gar imaginario fingido; no manduca 
es no come.) 

En la tina, todo lo blanco no es ha- 
rina. 

En la banca del bueno caben mu- 
chos. (Porque es cortés.) • 

En la venta de Landino, tanto cues- 
ta el agua como el vino. (La causa es 
que la traen de cuatro á cinco leguas; 
está entre Mairena y Marphena, en 
Andalucía, y es tierra de mucho 
vino.) 

En la venta de Landino, más dan 
por el agua que por el vino. 

En la vida, la mujer tres salidas ha 
de hacer: al bautismo, al casamiento, 
á la sepultura; ó monumento. (Entie- 
rro suyo.) 

En la vida no me quisiste, en la 
muerte me plañíste; ó en vida. 

En la viña de mi vecino tengo yo 
un liño. (Dícese porque más nos agra- 
da cortar un racimo del vecino que 
de nuestra heredad, cuando son á lin- 
de; liño es el caballete en que van 
plantadas las vides.) 



En la maña está la culpa, que la 
edad no tiene ninguna. (Contra lo- 
que disculpan con la edad; maña se 
toma en mala parte por mala inclina- 
ción y costumbre mala ejercitada en 
tretas y mal.) 

En la mesa del rey. cabe un pane- 
cillo. 

En la mesa llena, bien cabe la torta 
ajena: la hogaza. 

En la muerte del asno, no pierde 
nada el lobo. 

En la muladeSanFrancisco. (Cuan- 
do uno camina á pie.) 

En la mucha necesidad, dice el ami- 
go la verdad. (Descubre si lo es.) 

En la roza, la reja mocha. 

En la ruin tierrra, antes viene la 
hambre que la cereza. 

En la ruin villa, pleito cada día. 

En largo camino y chico mesón, 
conoce el hombre á su compañón. 

En las adversidades, muchos que 
se llaman amigos declaradamente se 
descubren por enemigos. 

En las adversidades se prueban y 
conocen los amigos, y saben las pori- 
dades. 

En las uñas y en los pies, semeja á 
mí quién es; de dónde es. (Trabajador 
ú holgazán.) 

En las grandes afrentas se conocen 
los grandes corazones. 

En las barbas del hombre astroso, 
se enseña el barbero novo. 

En las vegas de Muriel, á quien le 
cabe la suerte, allí se la tien. (Es Mu- 
riel junto á Arévalo, lugar de buenas 
tierras y vegas.) 

En labrar y hacer fuego, se parece 
al que es discreto. (Así escribe el Co- 
mendador, y entenderáse entre labra- 
dores, que labran bien las viñas y tie- 
rras; para ciudad es mejor en hablar 
y hacer fuego.) 

En la voz de eras, pon la mano y 
haz. (Cras es mañana.) 

En linajes luengos alcaldes y pre- 
goneros. 

En lo seco, la corneja cubre la ca- 
beza. (Que es señal de tempestad.) 

En lo caro no metas tu mano. 

En lo que estamos, benedicamo-. 
(Cuando uno habla ó pide á despro- 
pósito, sin tiempo; avisa que atenda- 



116 



mos á lo importante en que estamos. 
Suele decirse con ironía.) 

En lo que no se pierde nada, siem- 
pre algo se gana. 

En lo que se pierde, se gana. 

En lo llano tropieza el caballo. 

En lo llano tropieza el hombre bes- 
tia. 

En los espinos de Santa Lucía. (Por 
estar en trabajos y aflicciones.) 

En los ojos de mi suegra veo yo 
cuando el diablo la entra. 

En los nidos de antaño, no hay pá- 
jaros hogaño. 

En los campos de Logroño, siem- 
pre anda suelto el demoño. (Cause 
decir esto ser aquella tierra fatigada 
de granizo y piedra, y echar la culpa 
las brujas que allí se castigan.) 

En los peligros y riesgos se mues- 
tra la bondad del esfuerzo. 

En los meses de erres, en piedras 
no te sientes. 

En los más viejos están los buenos 
consejos; está el buen consejo. 

En Logroño, al necio le falta el 
otro. 

En Logroño, al necio le falta el co. 

En Luarca y Codillero, las mujeres 
beben primero. (Son lugares en Gali- 
cia, vecinos á las Asturias, y es ma- 
traca.) 

En luengos caminos, se conocen 
los amigos. 

En lugar de señorío no hagas tu 
nido; y si le hace el padre, no le haga 
el hijo. (Porque se sirve de ellos el 
señor, y de sus haciendas, y porque 
suele haber en él poca justicia y más 
de tiranía.) 

En lugar de poco seso, cada día 
consejo. 

En lugar do no hay reloj, hoj. (Por- 
que es pobre y no se ha de hacer allí 
mansión; hoj es palabra con que se 
avientan y espantan las aves.) 

En lugar ventoso, tiempo sin re- 
poso. 

En nao y en castillo, no más de un 
vizcaíno. (Porque son caprichosos y 
se aunan.) 

En naciendo la escoba, nace el asno 
que la roya. 

En Nevadijos, poco pan y muchos 
hijos. 



En no sentir está el dulce vivir. 

En nombre de Dios, oficio ruin; 
quien más te usa, menos medra. 

En nombre de Dios que te estreno, 
hija de mi suegra; majadero, no sois 
vos el primero. 

En nombre de Dios, quien mala 
mujer tiene, mátesela Dios. 

En nombre de Dios, para manteles 
hilo; nunca medre quien á nadie los 
prestare. (Una mujer pedía manteles 
prestados á sus vecinas, hasta que las 
cansó y se los negaron; ella se deter- 
minó á hacerlos, y comenzando á hi- 
lar puesta á su puerta, decía que la 
viesen: para 'manteles hilo; es contra 
los que se quieren servir de lo ajeno, 
y hacen fieros con lo que no pueden.) 

En nombre de Dios, marido, á la 
horca; si faltare soga, pondré yo mi 
toca. 

En Noviembre, de cavar no se te 
miembre; y el astil de cavar quiébra- 
le en ahoyar. (Entiéndese para plan- 
tar.) 

En nuestro obrar está el bien ó el 
mal. 

En Sariñena, villa plena, quien no 
trae, no cena. 

En Salamanca estudiantes, en Me- 
dina plateros, y en Avila caballeros. 

En Salamanca, los dones, el toro de 
la puente los quita y los pone. (Pó- 
nenlos al venir y quítanlos al ir; dí- 
cese porque á los estudiantes de buen 
pelo, los conocidos los llaman don 
por adulación, y algunos la tragan, y 
gustan de ello.) 

En Salamanca, más vale el marave- 
dí que la blanca. 

En Salamanca media puente, y me- 
dia plaza; media iglesia, y media 
casa; lo mejor que tiene España. (La 
media casa es la del Conde de Mon- 
terrey. La Iglesia mayor nueva, que 
no tiene hecha la capilla mayor más 
del cimiento; dícese media plaza por 
excelencia por la mucha provisión 
que tiene de todo; media puente por 
la que dejaron hecha los romanos 
hasta la mitad del río, y habiéndose 
acabado del todo, duró pocos años lo 
nuevo, porque el año de veintiséis se 
lo llevó el río con la mayor avenida 
que han conocido los hombres, y ba- 



117 - 



rrió los arrabales de uno y otro lado, 
que tenían más de quinientas casas, y 
quedó en pie la puente antigua.) 

En Salteras, pon tu capa donde la 
veas; que la veas que no la veas, en 
la mano la tengas. (Es lugar dos le- 
guas de Sevilla.) 

En salvo está quien repica. 

En Santa Olalla, déjala vaya. (Que 
no trates mujer.) 

En Segovia, la mujer que fuere no- 
via parirá si se empreñare; y en Ma- 
drid, quien madrugare levantarse ha 
de mañana. (Tómase de unas pro- 
fecías claras que dicen más á este 
tono.) 

En su estiércol el caballo engorda 
cuando á su placer reposa. 

En Septiembre y en Agosto, bebe 
el vino añejo y deja estar el mosto. 

En siete horas anda media legua; 
mira si aprovecha. 

En Ciudad Rodrigo, damas; en Cá- 
ceres, caballeros; y en Placencia, di- 
neros. 

En Jaca, á dinero vale la vaca; pero 
entre la ida y venida, la vaca es co- 
mida. 

En Juliol, ni dona ni caracol. (El 
catalán juliol es julio.) 

En Junio, hoz en puño, de verde, 
mas no de pan maduro. (Esto es en 
tierras de Castilla la Vieja, tardías.) 

En Junio, hoz en puño para la hier- 
ba, mas no para ninguno. 

En dar ceniza y lana, Dios la mano 
iguala. (Lo mismo que «No da Dios 
más frío, más de lo que uno anda ves- 
tido >; ceniza es por calor y lumbre; 
dijera bien: «En dar nieve y lana, 
Dios la mano iguala.>) 

En dando la oración, ponte el ca- 
picón. 

En dándole el viento á la calabaza, 
no para. (Contra los inconstantes y 
poco sosegados.) 

En dame de tus parientes, á tu bol- 
sa para mientes. (Dame del verbo dar 
y pronombre me, que en confianza y 
hoto de dame pariente no se descui- 
de. El Comendador dice en dama.) 

En Deciembre, leña y duerme. 

En Deciembre, siete galgos á una 
liebre, y ella vase por do quiere. 

En día de San Bernabé, toma la fal- 



ce y vestenó. (Vestené, ve á segar; fal- 
ce es hoz. Dicen esto los de las mon- 
tañas de Burgos, porque ya es tiempo 
de segar en algunas partes más tem- 
pranas.) 

En dinero, sea el caudal de quien 
quisieres mal. 

En diciendo zape, orate. 

En diciendo zape, ojo á la esca- 
lera. 

En diciendo zape, chape. 

En faldetas nuestra ama, y en del- 
gada. 

En Febrero, un día malo y otro bue- 
no; un rato malo y otro bueno. 

En Febrero, un rato al sol y otro al 
humero. 

En Febrero, la castaña y el besugo 
no tienen zumo. 

En Febrero no hay galgo lebrero 
sino el cañamero. (Como en Enero.) 

En Febrero sale el oso del osero. 

En Febrero, siete galgos á un le- 
brero; y en Mayo, siete liebres á un 
galgo. 

En Febrero, veinte pies salta la lie- 
bre en el sendero; pero si al galgo le 
dan pan duro, salta veinte y uno. 

En Febrero mete obrero, de la mi- 
tad adelante, que no ante. 

En Febrero mete tu obrero; pan te 
comerá, mas obra te hará. 

En Fuenteovejuna falta el aceite y 
el vino suda. 

En Fuentillana, lo que hay á la no- 
che no hay á la mañana. (El conso- 
nante hizo trasladar este refrán de 
Guadalajara á Fuentillana, en el cam- 
po de Montiel.) 

En fucia del can, el lobo en palle- 
ro man. (El asturiano, «En fucia del 
perro, el lobo duerme en el pajero»; 
man, estáse, ó duerme, que no se ha 
de descuidar el hombre de ver por 
sus ojos lo que conviene.) 

En FregenaL tres puentes, tres fuen- 
tes, y tres colaciones, y tres genera- 
ciones de buenos y mejores. 

En ganado, tratarás y medrarás. 

En Guadalajara, de lo que hay á la 
noche no hay nada á la mañana. 

En Guadalcanal, ni hombre ni mu- 
jer ni temporal. 

En Guadalcanal, mucha carne y 
poco pan. 



- 118 - 



En gustos no hay disputa. (Hízose 
copla, principio de romance: 

«En los gustos no hay disputa, 
ni en amor leyes que obliguen, 
ni en las mujeres razón 
que sus gustos las limite. >) 

Én gran peligro, mejor es el her- 
mano que el amigo. 

En gran rio, gran pez, mas ahógase 
alguna vez. 

En Baeza, tanto valen los pies como 
la cabeza. (Dicen que un hidalgo, de 
una gorra de terciopelo hizo unos 
zapatos, y preguntándole los amigos 
la causa del trueco, respondió con do- 
naire: «En Baeza, tanto valen los pies 
como la cabeza»; el dicho alude á 
querer mandar tanto los chicos como 
los grandes.) 

En Valverde, moquillo verde; en 
Berlanga, lanza y albarda. (Lugares 
son de Extremadura; moquillo es una 
enfermedad con que se mueren las 
ovejas. En Berlanga dicen que salie- 
ron á lancear una albarda entendien- 
do que era ballena; lo mismo se dice 
de otros lugares, dándoles vaya con 
fingido cuento.) 

En Bahaón, en cada casa un ladrón. 
(En todos los lugares de este conso-' 
nante dicen lo mismo.) 

En boca cerrada no entra mosca ni 
araña. 

En boca de aragonés no hay mal 
pez. (Porque está el mar lejos, y no 
pueden escoger.) 

En buen año y en malo, parvas hay 
en Mayo. (Es de la Andalucía, que es 
tierra muy temprana.) 

En buen año y en malo, ten tu 
vientre reglado. 

En buen año ni en malo, no dejes 
la harina en el salvado. 

En buen día, buenas obras. (Cuan- 
do sucede ó se hace algo malo. Iro- 
nía.) 
En buen paño cae la raza. 
En buena caña m a cal. (Dícese cuan- 
do á un rico le viene pérdida, como 
quien dice, mejor ca}'ó allí que en 
un pobre. Cáncana es la parte de vaca 
que cabe á un cofrade en reparti- 
miento de cofradía de aldea.) 
En buena mano está; á mejor irá 



por su virtud; por la de Dios que le 
di salud. (Dícese convidando á beber 
primero.) 

En burlas y veras, el reloj son sin 
pesas. (Que no se digan pesadumbres 
en la conversación, ni de burlas ni 
de veras.) 

En burlas ni en veras, niña, con el 
hombre no quieras riña; ni en burlas 
ni en veras, no quieras con él bregas. 

En burlas ni en veras, con tu señor 
no partas peras; darte ha las duras, y 
comerse ha las maduras. (Varíanle: 
con tu amo, con tu mayor; ó con el 
mayor, que tú no partas peras.) 

En Calahorra, al asno hacen de co- 
rona. (Por los ignorantes que orde- 
nan.) 

En Cantalapiedra y Cantalpino, 
canta la vieja con el buen vino. 

En cantando la gallina, mátala lue- 
go; quítala el agüero. (Que se refrene 
á la mujer.) 

En Cantillana, el que madruga, se 
levanta de mañana. 

En casa de alquiler, do se cae un 
terrón meten un cagajón. 

En casa de la de Clemente, vino 
omínente. (Fué en Najara, en el ba- 
rrio de San Miguel y del Cucharón, 
donde hay bodegas de buen vino.) 

En casa de la parida y del doliente, 
pósete, susete. (Que abrevien la visi- 
ta; en posándose, se levanten y des- 
pidan.) 

En casa de la mujer rahez, pierda 
la buena su fez. (Su buena obra.) 

En casa de Gonzalo, más puede la 
gallina que el gallo. 

En casa de tu enemigo, la mujer 
ten por amigo. 

En casa de Marimiguel, ella es él. 

En casa de Marirrabadilla, cada 
cual en su escudilla; ó los hijos de. 

En casa de Miguel, él es ella, y ella 
es él. 

En casa de mujer rica, ella manda 
siempre, y él nunca; ó y él obedece. 

En casa del alboguero, todos son 
albogueros. 

En casa del ahorcado no se ha de 
nombrar la sol>;l. 

En casa del ciego, el tuerto es rey. 

En casa del doliente quémase la 
casa y no se siente. (La hacienda.) 



119 



En casa del bueno, el ruin cabe el 
fuego; ó el ruin tras el fuego. 

En casa del pobre, todos riñen y 
todos tienen razón; ó en casa do no 
hay dinero; ó cuando no hay dinero, 
todos riñen y todos tienen razón. 

En casa del tamborilero, los hijos 
son bailadores. 

En casa del tañedor, cada cual es 
danzador. 

En casa del tahúr, poco dura la ale- 
gría. (Porque pronto vuelve á perder 
lo que ganado había.) 

En casa del mezquino, más manda 
la mujer que el marido. 

En casa del moro no hables alga- 
rabía. 

En casa del ruin, la mujer es al- 
guacil. 

En casa del herrero, asador de 
palo; ó madero. 

En casa del herrero, el cuchillo 
mangorrero; ó de madero. 

En casa del herrero, el más ruin 
apero. 

En casa del herrero, peor apero. 

En casa del herrero, badil de ma- 
dero. 

En casa del herrero, todos apren- 
den á machar hierro. 

En casa do no hay dinero, todos 
riñen y todos tienen razón. 

En casa do siempre comen pollos, 
mal comerán los mozos. 

En casa mal gobernada, más vale 
plaza cara, que despensa abastada. 

En casa Manríquez, hilo y aguja de 
lino lo quites. (Dice que aunque seas 
rico y estés en casa de ricos y pode- 
rosos, no dejes de ser aprovechado y 
de conservar el vestido, y que no 
seas perdulario.) 

En Casa Tejada, quien no lleva 
soga no saca agua; ó no trae agua, si 
no la halla prestada. (Casa Tejada es 
lugar grande del campo de Arañue- 
lo, tierra de Placencia, y todos be- 
ben de un pozo muy grande y bueno 
que está casi en medio del lugar, y 
se saca el agua con soga. Lo mismo 
se dirá de Malparlida, junto á Pla- 
cencia: «En Malpartida la Llana, quien 
no lleva soga no trae agua>; como en 
Paredes de Nava.) 

En Castilla, el caballo lleva la silla; 



y en Portugal, el caballo la ha de lle- 
var. (Dícese por la hidalguía que si- 
gue la varonía.) 

En caza y en amores, entras cuan- 
do quieres y sales cuando puedes. 

En Cazalla, la manta; y en Llerena, 
la falta. (Dícese la manta de Cazalla 
un término de viñas y el mismo vino.) 

En cada amigo hay un costribo. 

En cada legua hay un pedazo de 
mal camino. 

En cada sendero hay su atolladero. 

En cada casa cuecen habas, y en la 
mía á calderadas; ó en la nuestra. 
(Que en todas partes hay trabajos, y 
cada uno piensa que los suyos son 
mayores; al revés dice el otro para 
consuelo: «En mi casa cuecen habas, 
y en las otras á calderadas».) 

En cada cabo hay un rato de mal 
quebranto. 

En cada cabo hay dos leguas de 
mal quebranto. 

En cada concejo hay su perro ber- 
mejo. (Graciosa alegoría.) 

En cada pago su viña, y en cada 
barrio su tía. (Que es bueno tenerle.) 

En cada tiempo, su tiento. 

En cada tierra su uso, y en cada 
rueca su huso; ó con cada rueca su 
huso. 

En cada tierra su uso; y trasteja- 
ban de noche. (Unos ladrones escala- 
ban una casa por el tejado, y quien 
los vio desde la calle quitar las tejas, 
preguntóles qué hacían; ellos respon- 
dieron: «Trastejamos»; replicó el otro: 
«¿Cómo de noche?»; añadieron el re- 
frán «En cada tierra su uso»; y á esto 
juntan: y trastejaban de noche; como 
cosa fuera de razón.) 

En cada villa su maravilla. 

En cabeza loca, ni se tiene ni dura, 
ni para cosa. 

En cabeza loca, no dura toca; no se 
tiene. 

En Cañamero, comen burra por 
carnero; y el alcalde, por más honra,, 
lleva la cola; ó en Cañamero, pesan, 
ó matan, burra por carnero. (En la K, 
en el refrán «Coméis cola* se dice su 
cuento.) 

¿En qué altar pondremos este san- 
to?, y ¿adonde pondremos este santo? 
(Dícese cuando á una persona la tie 



— 120 



nen estimada y regalada, principal- 
mente los padres á una hija.) 

¿En qué libro lo ha hallado? (Es ma- 
nera de negar y contradecir algo.) 

¿En qué lo veis hijo?; en que lo 
quería. 

¿En qué bodegón habernos comido? 

¿En qué mes cae Santa María de 
Agosto? (A sencilleces bobas.) 

En quitando la cola al perro, cáta- 
le perdiguero; ó en quitando el rabo 
al perro. 

En consejas, las paredes han ore- 
jas. 

En consejo de bellacos, razona- 
miento de trapos. 

En consejos, oye á los viejos. 

En confianza de las gentes, no des 
lo tuyo á tus parientes; ó nadie dé lo 
suyo á parientes; ó en confianza de 
parientes, no des lo tuyo á las gentes. 

En contienda, ponte rienda. (En- 
tiéndese en hablar cosa mal.) 

En cosa alguna, pensar muchas y 
hacer una. (Frase de Aragón cosa al- 
guna, por algo, cada cosa, y cualquier 
cosa.) 

En Corrales, pon tu capa do la ha- 
lles. (Es lugar cerca de Zamora, ca- 
mino de Salamanca.) 

En cuaresma, madre, yo pescado y 
esotras carne. (Entonces la carne es 
desabrida y flaca, y también pide sa- 
lud que no obligue enfermedad á co- 
mer carne.) 

En cualquier cosa, pensar muchas 
y hacer una sola. 

En cuanto el grande se abaja, el 
chico hace la hazaña. (Consuelo de 
chicos.) 

En cuanto uno va y otro viene, 
Dios da de su bien. 

En cuanto la piedra va y vien, Dios 
dará del su bien. (La rueda del moli- 
no y la del barbero, que mientras hay 
salud y se trabaja al oficio, hay pro- 
vecho.) 

En cuanto digo y hago, pierdo un 
bocado. 

En cuanto fui nuera, nunca tuve 
buena suegra, y en cuanto fui suegra, 
nunca tuve buena nuera. 

En cuanto hallares al fiar ; no te de- 
jes mal pasar. 

En cuantos linajes son, hay al me- 



nos un ladrón; que de haber un po- 
bre, ó puta, nadie lo duda. 

En Cuacos cebollas, en Jarandilla 
ollas. 

En cueros y sin sombrero, traer 
guantes y pañuelo. 

En crueldad, Italia lleva la gala; y 
en ella, Genova y su comarca. 

En Paredes de Nava, quien no lle- 
va soga no trae agua. (Porque beben 
de pozo, como en otros muchos luga- 
res de Campos.) 

En pan cortar y vino echar, bien 
veo quién me quiere bien y quién 
me quiere mal. 

En pan partir y vino escanciar, sa- 
brás quién te quiere bien y quién te 
quiere mal. 

En Pesadas hadas malas, en El 
Cuerno mucho duelo, en Cernuega 
come y huelga. (Lugares son á la ban- 
da de Burgos; Cernuega, ó Cernue- 
11a, es dellos el mejor.) 

En pequeño botijo, poca agua cabe. 

En porfías bravas, desquícianse las 
palabras. 

En Portugal, aceite, que no pan. 

En pobre mansión, ni brasa ni 
tizón. 

En pobre morada, ni tizón ni brasa» 

En priesa me veis, y virgo me de- 
mandáis; ó en priesa nos veis, y vir- 
go nos demandáis. 

En pleito claro, no es menester le- 
trado; en el escuro no hay ninguno. 

En tal se vea quien más de ellos se 
huelga. 

En tal sino nací, que quiero más 
para mí que para ti. 

En tal caso, las paredes han oídos 
para inadvertidos. 

En tanto tengo el mal que no me 
daña, como el bien que no me apro- 
vecha. 

En Tajuada, mucha moza y mal 
guardada. 

EnTencambado, antes cor nudo que 
casado. (Matraca que les dan.) 

En tiempo helado, el clavo vale al 
caballo. 

En tiempo y lugar, el perder es 
ganar. (Consejo singular.) 

En tiempo de Maricastaña. (Por 
tiempo antiguo de inocencia y pa- 
traña.) 



— 121 - 



En tiempo de marras, los bueyes 
por arras. (Marras dice tiempo pasa- 
do; en cierta ocasión que hicieron, ó 
pasó algo; declararemos más en otra 
parte.) 

En tiempo de higos, hay amigos y 
no hay amigos; unos quieren serlo, y 
otros no conocerlos. 

En tiempo del cuco, á la mañana 
mojado y á la noche enjuto; ó á la 
tarde enjuto. (Esto es por Abril y 
Mayo, cuando uno se moja en el ca- 
mino, llega enjuto á la posada.) 

En tiempo mojado vende la lana 
y deja el hilado. (La lana recibe bien 
y mucho la humedad, y de razón ha 
de pesar con ella mucho más.) 

En tierra ajena, la vaca al buey 
acornea. (Que los flacos en su tierra 
pueden, y los forasteros, como solos, 
se encogen y sufren; y por esto el 
destierro se da por pena.) 

En tierra ajena, la vaca al buey 
maja. 

En tierra ajena se pasa mal con 
menos vergüenza. 

En tierra seca, el agua salobre es 
buena. (Por la falta, que donde hay 
mucho mal, que quiera de bien es 
tenido en mucho.) 

En tierra de señorío, manzano y 
guindo; y en tierra real, noguera y 
moral. (Por lo que dicen esotros re- 
franes.) 

En tierra de señorío no heredes á 
tu hijo. 

En tierra de señorío no hagas tu 
nido. 

En tierra del escuder, planta col y 
no noguer. 

En tierra del rey, la vaca manda al 
buey. (Esto es en Aragón, adonde en 
la tierra real está sujeto el grande 
como el chico á la justicia. En sus lu- 
gares, los señores son absolutos. En 
Castilla también es verdadero.) 

En tierra fría, vallico y neguilla. 

En Toro y cinco leguas al derre- 
dor, hincó el pobre su bordón; ó hin- 
có el romero su bordón. (Otros di- 
cen: doce leguas al derredor, porque 
todas ellas son de buena tierra de 
pan y vino.) 

En Toledo, el abad á huevo; y en 
Salamanca, á blanca. 



En Toledo no te cases, compañero; 
no te darán casa ni viña, mas darte 
han mujer preñada ó parida. 

En Toledo no te cases, compañero, 
que te darán mujer parida ó preña- 
da, ó con leche para cuando para. 

En toda ocasión, más vale migaja 
de rey que ración de señor. 

En todas las artes hay engaño ; sino 
en el que vende la estopa por cerro, 
y el vinagre por vino, y el gato por 
liebre. (Razones con ironía.) 

En todas las cosas hay medio, sino 
en la mujer, porque es extremada en 
querer y aborrecer. 

En todas partes hay de todo. (En- 
tiende de buenos y malos.) 

En todo hay engaño, sino es en la 
calle de Serranos. (Es ropería de Sa- 
lamanca. Dicho por ironía.) 

En todo hay bellaquería, sino es en 
la ropería. (Que allí hay más.) 

En todo se mete Peralvillos, como 
el agua en los cestillos. 

En todo tiempo es de temer lo que 
perdido no se puede haber. (Atienda 
la doncella.) 

En Torrijos cría tus hijos. En Ma- 
queda tenia queda. (No hagas tal.) 

En Torrijos haz tus hijos. (Es bue- 
na tierra para dejarlos heredamien- 
to: es cerca de Toledo, á la banda de 
Talavera.) 

En tu casa no tienes sardina, y en 
la ajena pides gallina. 

En tu casa cuecen habas, y en la 
mía á calderadas. (En cada casa.) 

En tres cosas se conoce la cordura 
de un hombre: en gobernar su casa, 
en refrenar la ira, en escribir una 
carta. (Esto es, en notarla.) 

En tres pagas: tarde, mal y nunca. 

En tristezas y en amor, loquear es 
lo mejor. (Quiere decir divertirse, 
aunque en juguetes disparatados y 
cantares sin orden, como suelen ha- 
cer los que están con alguna pasión, 
para no pensar en lo que les da pena.) 

En Baena, caballo y no yegua; pero 
todo bien mirado, ni yegua ni caba- 
llo. (Baena, en Andalucía, tiene aspe- 
reza de sitio para andar á caballo.) 

En Valdeastillas, á la bolsa sacan 
las costillas. (Es lugar pasajero de 
Medina á Valladolid.) 



122 — 



En Valcolchán, las toman y las 
dan. (Dos lugares de un mismo nom- 
bre, que el uno se llamaba Valcolchán 
el alto, y el otro el bajo; riñen y pé- 
ganse con igual desquite por los mis- 
mos filos, y en la misma moneda. 
Son en Aragón.) 

En verano, cada rana lava su paño. 

En verano por calor, y en invierno 
por el frío, nunca le falta achaque al 
vino. 

En verano hornero y la cabeza de 
manteca; en invierno cantero y las 
piernas de vidrio. (Que será malo.) 

En venta y bodegón pagan á dis- 
creción. • 

En viernes, sapos despiernes. (Di- 
cho por ocasión del consonante hecho 
á pulla, oyendo nombrar viernes, se- 
gún esotros: «Lunes, con mierda te 
desayunes; martes, de mierda te har- 
tes».) 

En viniendo el perdigón pierde 
la trucha sazón. 

En vino ni en moro no eches tu 
tesoro. 

En vino ni en chival no eches tu 
caudal. 

En Viseo, el can al conejo, y el 
hombre al concejo. 

En vida no te quise, y en muerte 
plañite. (Responde al otro: «En vida 
no me quisiste, y en muerte me pla- 
ñiste>; que el bien no es conocido 
hasta que es perdido.) 

En Villanueva, serena la tierra, y 
serenas las de ella. (Es Villanueva de 
la Serena en Extremadura.) 

En Villacerrada no hay ninguna 
forzada. 

En Mayo, á quien no tiene jubón 
fáltale el sayo. 

En Mayo, aguas cuatro y esas que 
lleguen hasta el barro. (Que mojen 
bien; barro es la tierra de más abajo 
colorada y acomodada para emba- 
rrar.) 

En Mayo, el garbanzal ni nacido ni 
por sembrar. (Véase el otro del gar- 
banzo te sé contar.) 

En Mayo, el mozo se venga del amo; 
yen Agosto, elamose venga del mozo. 

En Mayo, una á una las lleva el ga- 
yo; en Junio, á cesto y á puño. (En- 
tiende las cerezas. Gayo es nombre 



enfático, por el villano. Gay, ó Gayo, 
también es el pico, ó picarazán, ave 
en Aragón.) 

En Mayo lodo, espigas en Agosto. 
(Entiende son, porque aguas de Mayo 
son deseadas.) 

En Mayo no te quites el sayo. 

En Mayo frío ensancha el silo. 

En Mayo caballero andáis mango- 
rrero. (Que como es verano, se anda 
como quiera: caballero puede enten- 
derse por Mayo, como el más hermo- 
so del año, ó por otro con quien se 
habla.) 

En Mayo quema la vieja su tajo; ó 
en Marzo. 

En Mayo, cuando los grandes calo- 
res, los caballos están gordos y los 
potros corredores. 

En Mayo, pájaro iguado. 

En Marzo el abrigo, nuez es y pan 
trigo. (En Galicia, porque es mes ven- 
toso, y suele ser áspero y hay poco 
que hacer entonces.) 

En Marzo, el garbanzal ni nacido 
ni por sembrar; ó en Mayo. (En tie- 
rras calientes, que se siembra más 
tarde.) 

En Marzo, ni el mur majado. (Que 
en Marzo la lluvia sea poca, porque 
no quite la de Abril.) 

En Marzo, sale la hierba aunque la 
den con un mazo; y en Abril, en cada 
regacil. 

En Marzo, si cortas un cardo na- 
certe han mil. (Porque habían de 
estar cortados.) 

En Marzo quema la vieja el mazo; 
en Abril, el espadil. (Espadil es la es- 
padilla con que espadan el lino. El 
mazo de diversas maneras es en di- 
versas tierras, y el modo de espadar 
y machar es diferente.) 

En Marzo, cuanto moje el rabo el 
gato. (Poca agua, por lo dicho antes.) 

En martes, ni tu casa mudes, ni tu 
hija cases, ni tu ropa tajes. (Tajes es 
cortes.) 

En martes, ni tu tela urdas, ni tu 
hija cases. (Opinión del vulgo contra 
el martes, y nace de ser tenido Marte 
en la gentilidad por dios de las bata- 
llas, y este planeta domina en ese 
día, y por eso le tienen por aciago 
los ignorantes, tomándolo de la gen- 



123 



tilidad, que no hacía casamientos en 
martes por su dios de disensiones y 
batallas. Quiere decir el refrán que 
no comencemos cosa con pesadum- 
bre y enojos, sea el día que fuere, ni 
con malos fines ni torcida intención: 
que en nuestro obrar está el bien ó 
el mal.) 

En Malagón, en cada casa un la- 
drón; y en la del alcalde, hijo y pa- 
dre; ó en Malagón, en cada casa hay 
un ladrón; y en cas del alcalde, el 
hijo y el padre. (Esto nace de matra- 
ca que dan los otros lugares á los de 
Malagón, y ayudólos el consonante, 
no de una historia que finge el pica- 
ro Alfarache. La misma dan á los de 
Alagón y Magallón, villas en Aragón, 
y á loa semejantes acabados en on: 
Serrejón, Torrejón.) . 

En manos está el pandero que lo 
sabrá bien tañer; ó en manos está el 
pandero de quien lo sabrá tañer. 

En Madrid los taberneros, ni hin- 
chen, ni yacían. 

En Maqueda ten la pinga queda. 

En menguante de Enero corta tu 
madero. 

En mentando al ruin de Roma, lue- 
go asoma; ó en nombrando. 

En mentando al ruin, suele venir. 

En mesa llena, buena es hogaza 
ajena. (Lo que «En mesa de rey cabe 
un panecillo».) 

En mi mano no está lo que en mí 
no está. 

En mi ca cuecen habas, y en las 
otras á calderadas. (Consuélase con 
ver menos mal que en las otras; lo 
contrario del otro: «En cada casa cue- 
cen habas>.) 

En mis días vivo cuando trato de 
los años. (Varíase.) 

En mujeres, ciegos y frailes, los 
mosquitos son elefantes. (Que por 
poco que sepan y hagan, son ala- 
bados.) 

En mi casa mora quien ríe y llora. 

En muñéndome yo, todo se acaba. 

En mucha necesidad dice el amigo 
la verdad. 

En río manso no metas tu mano. 

En Roa roba, y en Aza alza. 

En Roma, á quien no le dan no 
toma. 



En Roma, como en Roma. 

En ruin ganado no hay que es- 
coger. 

En ruin ganado poco hay que es- 
coger; y en barba roja, menos que 
creer. 

En ruin ganado, poco grado. 

En ruin hato, poco rato. 

En chica hora Dios obra y Dios me- 
jora. 

En chica rama y largo camino se 
conoce el buen amigo. 

En llamando á la puerta, si no res- 
ponden, ó no están en casa, ó se es- 
conden. 

En llegando á la aldea, hombre, 
luego ve las casas. (Contra vanos adi- 
vinos.) 

En llegando, son hadados. (Ironía 
contra apresurados y crédulos.) 

En haz y en paz de la Santa Madre 
Iglesia. (Dícese de lo conforme en 
haz y en paz.) 

En haciendo á un hombre alcalde, 
luego casa con quien quiere. 

En haciéndolo con ello, vuélvalo á 
su dueño. (O «Vuelva el dicho á su 
dueño».) 

En haciendo con ello, vuélvalo al 
molde. 

En hablar y hacer fuego se parece 
el que es discreto. 

En Hermoro y Villoslada, á po- 
rradas parten el agua. 

En Hebrero, un rato malo y otro 
bueno; á la mañana mata el buey y 
á la tarde enjuga el cuero. 

En Hebrero saca buey de tu cen- 
teno; el que no le sacó, comido le 
halló. (Suelen echar los bueyes á pa- 
cer los panes, porque no salgan muy 
viciosos; también se ha de cuidar no 
lo entren á pacer bueyes golosos 
ajenos.) 

En Hebrero siembra tu' yerbo. 

En Hebrero, siete capillas y un 
sombrero. 

En Hebrero, cuándo en casa, cuán- 
do en el hero. (Hero es la heredad.) 

En Hebrero, matarás á la mañana 
la vaca y enjugarás á la noche el 
cuero. 

En hilando Marica, piensa en la 
borrica. (A divertidos y sospechosos.) 

En Hinojosa, cardadores; en Be- 



- 124 



laházar, zapateros, y en Cabeza del 
Buey olleros. 

En Hornachos, todos los asnos son 
machos. (Que son grandes como mu- 
los, y tienen gracia en llamarlos lo 
que son.) 

Eu horno y río y fuego ajeno, se 
juzga lo malo y lo bueno. 

En hoto del hombre no mates al 
conde, que morirá el conde y paga- 
rás el hombre; ó y pedirte han el 
hombre. 

En hucia del favor, no seas mal 
hechor. 

Enalbarda, Pedro, que á la puente 
te espero. 

Enamoróse el ruin de la ruin, de 
las trenzas del mandil. 

Enero y Hebrero hinchen el gra- 
nero, con su hielo y aguacero. 

Enero las quita el sebo, Hebrero 
las esculca y Marzo tiene la culpa. 
(Las ovejas, quesos.) 

Enero seco, villano rico. 

Enero, cuando se hiela la vieja en 
el lecho y el agua en el puchero. 

Enero mojado, bueno para el 
tiempo y malo para el ganado. 

Enero hace el pecado y Mayo es 
el culpado. (Que al tempero de Enero 
corresponde Mayo.) 

En efeto, que el rey era macho. 
(Burla de ignorancias crasas.) 

Enemigos del placer sospechar y 
temer. 

Enemigos grandes vergüenza y 
hambre. 

Enojar á otro y herir en el ojo, 
uno es todo. 

Enojóse el villano é hizo de su 
daño. (Lo que ensañóse el villano.) 

Enojo de rubio y lanzada de zur- 
do. (Son crueles.) 

Ensañóse el villano y hizo de su 
daño. (Lo que enojóse el villano.) 

Enseña tu culo, tamborilero; irás á 
hablar y hablará él primero. 

Ensoñaba Gil, el ciego, que veía, 
y ensoñaba lo que quería. 

Enjambre de Abril, para mí; la de 
Mayo, para mi hermano; la de Junio, 
para ninguno. (Porque con el calor 
que entra en Mayo, se comienzan á 
secar las flores y hierbas.) 

Enjambre de Julio, el aguijón trae 



al culo. (Que son malas y picadoras 
las abejas de entonces.) 

Enjambre de Marzo, con la madre 
al castro. (Es al castrarse.) 

Engerir, engerir entre dos buenos 
un ruin. (Así hacen en la guerra, 
que entre soldados viejos mezclan 
bisónos.) 

Ejemplo cumplido, entre dos mo- 
zos un viejo podrido. 

Enderezaos, Lucía, que estáis tor- 
cida. 

Enderézame esas medidas, que es- 
tán torcidas. 

Endura, endura, y viene quien des- 
boruja. (Endurar es escatimar y re- 
husar de gastar; endura es imperati- 
vo y presente; y el otro endura está 
por el endurador y guardador.) 

Endura, hija, endura, harás buena 
mujer y mala catadura. (Contrario es 
de gordos y rotos, holgazanes y co- 
medores.) 

En fin final, servir á Dios y no ha- 
cer mal. 

Enfrenas le rocín, porque no en- 
frenas le vin. (Imita la habla de ex- 
tranjeros, que mudan el artículo el 
en le, y otras sílabas.) 

Engáñame en el precio, y no en lo 
que merco. 

Engañásteme una vez; nunca más 
me engañaréis. 

Engañado es siempre el que mu- 
cho de sí fía; ello es grande ventura 
topar buena guía. 

Engañó el pan con villancicos. 

Engordar para matar. (Cuando en 
el juego dejan ganar á uno para qui- 
társelo después todo, y así en ha- 
cienda y otras cosas, á imitación de 
los cebones.) 

Engullir y no escupir. (Tomar lo 
que dan, y no desechar nada.) 

Engreído, como gallo de cortijo; ó 
como gallo en cortijo. (Es sólo se- 
ñor.) 

Envaine vuesa merced, que bien lo 
ha hecho. (Irónica burla.) 

En balde la anguilla, tiene el águi- 
la envidia. 

En balde quemas tu candil, obrero 
ruin. 

Envía al sabio á la embajada, y no 
le digas nada. 



— 125 — 



Envíame más, que esto ya está gas- 
tado. 

Enviar muchachos á vendimia es 
cosa perdida. 

Envíe por una olla de arrope á 
otra casa. (Responde esto una perso- 
na con burla, cuando otra dice lison- 
jas de que parece bien, está hermosa, 
ó que es galán.) 

Envidia del vivo, de los muertos 
olvido. 

Envidia me hayan, y no mancilla. 

Envidia me hayas, y no piedad y 
lástima. 

Encarar para tirar. 

Encaja como pedrada en ojo de vi- 
cario. Vino derecho como pedrada 
en ojo de vicario; ó vino al justo 
como. 

Encontrado ha Sancho con su ro- 
cín. 

Encontróse el codicioso con el 
tramposo. (Señal que se concerta- 
rán.) 

Encontró con horma de su zapato. 
(Topó, halló quien le sojuzgase.) 

Encogerse, como gallina en corral 
ajeno. (Estar encogido ó encogida.) 

Encomendarlo á Dios, y no será pe- 
cado. 

Encomendarlo á Dios, que es santo. 

En comendador de güevos asados. 
(Es decir, que uno es cornudo. Tiene 
el vulgo hablilla y opinión, que en- 
comendando los huevos que se po- 
nen á asar á un cornudo, no se que- 
brarán.) 

Encomienda sin dinero, vase por 
el rivero. (Que la echan en dinero 
cuando no dan para comprarla.) 

Encomienda sin renta, á su dueño 
no sustenta. (Las de orden de caba- 
llería.) 

En cuanto digo y hago pierdo un 
bocado. 

En cueros y con sombrero, traer 
guantes y pañizuelo. 

Empacarse, ó estar empacado. (Lo 
que enterriarse, amularse, resistir, 
no se reduciendo con ruegos; es re- 
frán de las Indias, que se causó de 
los pacos, carneros rasos que sirven 
de carruaje, y si se enojan se echan 
en el suelo con la carga y no hay re- 
medio de levantarlos aunque los ma- 



ten. El remedio que tienen los indios 
es sentarse junto á ellos dos y tres 
horas, y hacerles halagos hasta que 
se desenojan; de aquí se dice empa- 
cado el hombre que está duro con 
enojo, y no reducible.) 

Empréstame y ganarte he, y verás 
el bien que te haré. 

Empréstame y ganarte he, que esas 
mañas yo me las sé. 

Empréstame y ganarte he, que ma- 
las mañas sé. 

Empréstame y ganarte he, que ese 
será el bien que te haré. 

Emprestaste, perdiste el amigo. 

Empréñate del aire, compañero, y 
parirás viento. 

Empreñar montes y parir ratones. 
(Dícese de mujeres gordas que paren 
criaturas menguadas, y de yeguas 
poderosas nunca buena cría, y de 
grandes promesas ó empresas y cor- 
tos efectos.) 

En tanto y no. (Dícese cuando se 
tiene algo seguro gozándose de ello, 
en duda de esperar mayor cosa ó se- 
guridad.) 

En tanto y no, más vale salto de 
mata que á ruego de buenos. 

En tanto y no, bien está esto en 
casa. 

En tanto que se rasca la puerca, la 
limpia se peina. 

Entablar bien su juego. (Disponer 
bien su negocio. Metáfora del aje- 
drez.) 

Entendámonos á coplas. (Entender- 
se á coplas, por oirse y convenirse.) 

Entender vuestros duelos, y dejar 
los ajenos. 

Entendió que pescaba bogas. (El 
que en algo se engañó.) 

Entiéndate quien te parió. (De los 
que no se dan á entender, y de los 
marañerosy varios, y de letra obscura 
y mala de leer.) 

Entiende primero, y habla pos- 
trero. 

Entonces la muerte es buena, cuan- 
do claramente es mala. 

Entonces perdí mi honor, cuando 
dije mal y oí peor. 

Entra en la botica, que no nos 
desavendremos. (Botica, 6 botiga, se 
llama en Aragón la tienda do se ven- 



— 126 - 



den cosa?. En Castilla, botica es la de 
las medicinas. Que hace mucho al 
caso en todas las cosas el comenzar 
y llegarse á obrar.) 

Entra en casa, Juan García; deja el 
palo, mujer mía. 

Éntrase como Pedro por Huesca. 
(Contra entrometidos, en Aragón.) 

Entra, Juan, y bailarás, y él rehaz. 
(Por reacio.) 

Entra donde podáis salir. 

Entra, que ofrecen. 

Entra, veréis hilado de un año y 
cagado de un mes. (Es el cuento que 
una mujer harona y comedora se 
quería acreditar de hacendosa con su 
marido, y cada vez que él venía de- 
cía: «Mazorcas al mazorcal, donde las 
ciento y veinte están. > Pareciéndole 
al marido, según aquello, que ya ha- 
bría telas, preguntó que cuándo la 
echaba; y averiguado que no había 
sino unos pedazos de mazorcas, eno- 
jado de esto, puso una tinaja, adonde 
la mandó que cagase y no en otra 
parte; de ahí á un mes estaba ya lle- 
na, y entonces, por correrla, llamó 
los vecinos diciendo: «Entra y veréis 
hilado de un año y cagado de un 
mes», mostrando la tinaja y los pe- 
dazos de mazorca que sacó de tras 
una arca. Es baldón de flojas y co- 
milonas.) 

Entra Mayo y sale Abril; si no 
canta el cucubil, por muerto le rece- 
bid. (Por el consonante, se formó 
cucubil de cuco ó cuclillo.) 

Entra Mayo y sale Abril; cuan flo- 
ridito le vi venir. (O qué florido le 
vi venir.) 

Entráis, padre, sin licencia: ú os so- 
bra favor, ú os falta vergüenza. 

Entrar y salir, meter y sacar, su- 
bir y bajar, ganar de comer, apende- 
jear. (Oficio del tejedor, que hace es- 
tas cosas; pendejear es darle con el 
peine.) 

Entrar lamiendo y salir mordiendo. 

Entrar por la bocamanga y salir 
por el cabezón. (Del que toma más 
que le dan: fué uso para prohijar y 
dotar, meter al tal hijo la cabeza por 
la boca de la manga, que era muy 
ancha, y sacarla por el cabezón, y 
mostrarle así, y queda*ba por hijo 



heredero. Las mangas de las camisas 
y cabezones duran hoy tan anchas 
entre labradoras, que se puede hacer 
esta ceremonia muy bien estando 
vestidas; véase la historia de Muda- 
rra y Ramiro de Aragón.) 

Entre Abril y Mayo, haz harina 
para todo el año. 

Entre amigos, quien más pone más 
pierde. 

Entre hermano y hermano, dos tes- 
tigos y un escribano. 

Entre hermanos y hermanas, nun- 
ca deja de haber cuchilladas y pala- 
bras. 

Entre hermanos no metas tus ma- 
nos, que contra ti se volverán ar- 
mados. 

Entre el culo y el rabo del asno, 
que es lugar sin peligro. (Pulla á las 
narices y hocicos.) 

Entre el pariente y el amigo, el 
juego cortito. 

Entre éstas y éstas, de caerme ha- 
brá á cuestas. 

Entre éstas y éstas, de lio verme ha 
á cuestas. 

Entre once y nona. (Dícese por en- 
tre once y nona cuando uno vino á 
deshoras, tarde de la ocasión, y mú- 
dase con desgaire nona en mona; 
nona es las tres de la tarde.) 

Entre la carne y la uña, ninguno se 
punza. 

Entre la cruz y el agua bendita. 
(Para encarecer que uno estuvo muy 
á peligro de padecer algún daño, que 
estuvo muy cerca de peligro y muer- 
te, y casi entre cruz y caldero, amor- 
tajado.) 

Entre las espinas es la azucena. 
(Encarece la virtud del que es bueno 
entre malos.) 

Entre los pies sale lo que no se 
piensa ni se sabe. 

Entre lubrican. (Lubrican y lubri- 
cano es el tiempo de anochecer, que 
ni bien es de día. Cortóse de lubricas 
6 lubricanus, latino. Lubrican quiso 
decir allá cosa deslizadiza, y así es 
el hibricano del anochecer, que se 
nos desliza el conocimiento distinto 
de las cosas. El Comendador lo quiso 
componer de lobo y can, porque no 
se distingue entonces si es lobo ó 



— 127 — 



can; no me satisface; y le contradice 
la erre y mudar letras.) 

Entre San Pedro y San Juan; las 
hierbas olores dan. 

Entre seto y seto, no digas tu se- 
creto. 

Entre semana hace el lobo por don- 
de el domingo á misa no vaya; ó por 
donde no ir el domingo á misa. 

Entre daca el gallo, toma el gallo, 
quédanse las plumas en la mano. 

Entre dos amigos y un testigo, un 
notario y dos testigos. 

Entre dos sillas, y el culo en el sue- 
lo. (Del que tiene dos oficios, y no 
bastan al sustento, y es que no se 
aprovecha de lo que tiene.) 

Entre dos duras, una madura. 
(Cuando es más lo malo que lo bueno.) 

Entre dos muelas molares, nunca 
metas tus pulgares; ó entre dos mue- 
las cordales, no pongas tus pulgares. 

Entre Duero é Miño, calzan do pao, 
comen ó pando pajariño; visten de 
liño, é beben o vino, da for forcado, 
é viven vida do diablo. 

Entre Duero é Miño, portugués ra- 
tiño. 

Entre duques y condes, putas y la- 
drones. (Dícese que con todo linaje 
se hallará.) 

Entre Gata y Morata, fuese la gata; 
ó perdióse la gata. (Villas de Aragón.) 

Entre gavilla y gavilla, hambre 
amarilla. (Entre la siega de la cebada 
y del trigo; por mengua de lo del 
año pasado.) 

Entre guerra y paz, el que muera 
y a se yaz. 

Entre bobos anda el juego, y eran 
todos fulleros. (Ironía deshecha.) 

Entre buenos no hay cuenta; quien 
más pone, más pierde. 

Entre casados, luego se hacen las 
amistades acostados. 

Entre caballeros no ha de haber 
pesadumbre. (Dicen esto entre ami- 
gos por gracia, metiendo paz en bur- 
las.) 

Entre Quila y Quilama hay plata 
para comprar á España. 

Entre Quila y Mira hay tesoro pa- 
ra toda Castilla. (Es hacia la Peña de 
Francia.) 

Entre col y col, lechuga; ansí plan- 



tan los hortelanos. (Dícese cuando 
entre el trabajo se toma algún alivio, 
ó se mezclan cosas diversas.) 

Entre Cuacos y Jarandilla viste 
lumbre longaniza. (Que se asa pres 
to.) 

Entre pascua y pascua, tres cosas 
hay que no tienen sazón: sardinas y 
puerros y predicación. 

Entre, padre, si quiere bollo, que 
mi madre está en el horno. 

Entre padres y hermanos no me- 
tas tus manos. 

Entre padres y hijos hay linjos. 

Entre padres y hijos es buena la 
cuenta. 

Entre padres y hijos, un notario y 
dos testigos; y entre hermanos, dos 
escribanos. 

Entre peña y peña, albaricoques 
suenan. (Alegoría de nalgas y pedos.) 

Entre Pupa y Durujón, Dios escoja 
lo mejor. 

Entre priesa y priesa sórbete ese 
güevo. 

Entre tesoro escondido y oculta sa- 
piencia no se conoce alguna dife- 
rencia. 

Entre Todos Santos y Navidad es 
invierno de verdad. 

Entre Santos y Natal faz invierno 
carval. (Gallego.) 

Entre tres una sardina, entre cua- 
tro un pie de anguilla. 

Entre tres, ponte en tres; y no lo 
hagas cada vez. (Al juego de bazas.) 

Entre Mayo y Abril, ó viene el cu- 
co ó viene la fin. 

Entre Marzo y Abril sale el cuco 
del cubil; con la nieve no quiere ve- 
nir. 

Entre martillo y tenazas no metas 
tus nachas. 

Entre Madre y Hijo, Santo Tome 
el chiquito. (Es entre Nuestra Señora 
de la O y Navidad, y llámanle chi- 
quito por su día ser pequeño, como 
los de entonces.) 

Entre Mata y Morata, fuese, ó per- 
dióse la gata. 

Entre río y río, lleva el diezmo el 
más vecino. (Sucede que dos ríos 
parten jurisdicción, ó parte de ella 
entre dos lugares, y que la tierra de 
en medio se labra; pues la mitad más 



128 



cercana al un río diezmará para aque- 
lla banda, y la otra mitad cercana al 
otro río diezma al lugar del otro la- 
do; de manera que la tierra, isla, ó 
rinconada, se parte con raya igual á 
los dos lados.) 

Entre hoz y gavilla, hambre amari- 
lla. (Que hasta trillar, que aún no hay 
pan por falta del año antes, y así en 
otras cosas que se esperan negociar, 
se padece primero algo.) 

Entre hoz y vencejo se come el tri- 
go añejo. 

Entre hoz y vencejo muere la mu- 
jer y huye el mancebo. (Que suele ha- 
ber súbita mudanza en las cosas, y 
más en cumplirse palabras y pagas 
de rentas.) 

Entregar la oveja y corderos al lo- 
bo, notorio desatino, y robo. (Cuan- 
¿ do se entrega algo á quien más lo ha 
de destruir.) 

Entretanto que el grande bebe, el 
chico perece. 

Entretanto que el lobo caga, la 
oveja se escapa. 

Entretanto que cría, amamos al 
ama; pasado el provecho, luego ol- 
vidada. 

Entretanto, llévate ese canto. 

Entró el ratón en mi cillero, y hí- 
zose mi hijo y heredero. 

Entró por la manga y salió por el 
cabezón. 

Entróme acá, que me mojo. 

Entróme acá, que llueve; hace un 
sol que rabia, 

En vano tiene la anguilla á la águi- 
la envidia. 

Enmarañadora de madejas: si las 
enmarañé, bien las desenmarañé; si 
las desenmarañaste, por arriba las 
empezaste y por la cabeza las tomas- 
te. (Enseña á las mozas cómo han de 
devanar las madejas.) 

Enmiendo, porque soy de carne y 
de gúeso. 

Enredadera, hilar, hilar, y nunca 
sacar madeja. 

Enristrar por no dar, encuentro 
feo. (Es no llevar la lanza baja, y dar 
en la cabeza del caballo, ó en la tela, 
ó liza.) 

Enhebrar el aguja por la punta es 
* el saber, que en lo ál no hay que ha- 



cer. (Que la arte y fortaleza en lo di- 
fícil consiste, que no en lo fácil.) 

Es angosto; ansí lo quieren los 
abades. 

Es gordo; ansí quiero yo la olla. 
(Palabras son de los que compran y 
venden paños, lienzos y otras cosas.) 

Es el diablo por la iglesia. 

Es echar lanzas en la mar. 

Es echar caperuzas á la tarasca; ó 
es como echar, etc. (Cuando se dan 
las cosas á quien las hunde, y es in- 
saciable, y contra pródigos.) 

Es inocente y pide para los már- 
tires. 

Es un orne muito rico, que mete 
gado y saca gado de Portugal á Cas- 
tela. 

Es un Narciso, enamorado de sí 
mismo. 

Es un sayagués. (Para notar á uno 
de grosero, porque los de Sayago 
son toscos en tierra y habla, no por 
falta de entendimiento, que le tienen 
bueno debajo de la corteza rústica; 
por muestra referiré un dicho de 
uno, digno de un filósofo. Sayago es 
á la banda de Zamora y Ledesma. 
Había venido á Zamora un corregi- 
dor nuevo, y paseando en la plaza 
pasó cerca un sayagués y no le quitó 
la caperuza, ó por descuido ó porque 
no le conocía al corregidor y algua- 
ciles; parecióle desacato, y mandóle 
echar mano; preguntó el sayagués: 
«¿Por qué me prenden?» Dijéronle 
que porque no quitó la gorra al co- 
rregidor, que era mala crianza. En- 
tonces él, vuelto al corregidor, dijo: 
«Señor, vuesa merced, ¿vino á hacer 
justicia ó á poner crianza?»; pareció 
tan trien la pregunta, que le soltaron 
luego. En Salamanca llevaron una 
sayaguesa ante el corregidor, y al 
salir preguntóla otra: «¿Cómo os ha 
ido?» Ella dijo: «Como hombre, es 
mujer, y vieja, no hacen caso de 
hombre»; con que significó el mal 
despacho.) 

Es un borceguí sin soleta. (Esto es, 
muy glotón y de poco provecho.) 

Es la cabeza del lobo. (Dícese cuan- 
do uno pide para sí, ó hace algo de 
su provecho poniendo á otro por 
achaque, ú otra cosa por causa, á lo 



129 — 



cual llaman cabeza de lobo; tómase del 
uso que hay de pedir los que matan 
lobos por los lugares (le la comarca, 
cuatro ó ciuco leguas al derredor; 
llevando y mostrando la cabeza del 
lobo, que es el achaque de pedir para 
sí; á éstos les dan algo la gente rica y 
los que tienen ganados.) 

Es lavar la cabeza al asno, perder 
la lejía y el trabajo. 

Es libre como el cuco. 

Es necedad estropezar y volver á 
mi raí-, y la piedra no alzar y qui- 
tar. 

Es negocio corriente y moliente. 
(Dícese de lo fácil y hacedero, con se- 
mejanza del molino que bien anda y 
muele.) 

Es niño de sesenta años. (Baldón 
de poco entendimiento, y tiene fun- 
damento en la Escritura: Maledictas 
pwer sexaginta afinorum.) 

Es nunca acabar, enviar negros á 
vendimiar. 

Es ciencia de por sí, ó esa es cien- 
cia de por sí. (A lo que alguno hizo 
x traordinariamente.) 

Es justa razón engañar al engaña- 
dor. 

Es dar voces al lobo. (Porque más 
huye el lobo dándole voces, y así es 
llamar á uno que se hace sordo.) 

Es dar voces al lobo, darlas en lla- 
mar al que se hace sordo. 

Es de la casta de Pedro Tierno, que 
se desespaldó durmiendo; ó que se 
descostilla durmiendo. 

Es de Lope. (Para decir que una 
cosa es buena. Lo dice el vulgo por 
las qomedias de Lope de Vega, cuyo 
verso es más llano y fácil que de 
otros.) 

Es de los que el diablo empeñó y 
no quitó; ó es de las que el diablo 
empeñó y no volvió por ellas. (Para 
decir que es malo y perverso, y mala, 
como ruin prenda que no se desem- 
peña.) 

Es de sabio lo que es fuerza ha- 
cerlo de grado. 

Es de Dios y todo el mundo. (Cuan- 
do una cosa es baldía y de todos.) 

Es de creer que dormida en la ca- 
ma me pueda peer. 

Es de Vicente y otros veinte. (De 



la que es común á muchos y cosa bal- 
día.) 

delicado, como uña de asno. 
(Ironía de bestial.) 

Es dichoso el que puede y no el 
que quiere. 

Es gracioso, como el tiesto de Inés. 

Es bienaventurado á quien los pe- 
ligros ajenos hacen avisado. 

Es bobo, y pide para los mártires; 
ó para las ánimas. (Ironía.) 

Es buena señal, jen la mano de la 
lanza y en el pie del cabalgar. 

Es buena señal, en la mano de la- 
var y en el pie de cabalgar. (Señal de 
los caballos en la mano derecha y 
en el pie izquierdo.) 

Es bueno de decir y malo de ha- 
cer. (Porque en todo es más fácil 
decir las palabras y trazas que hacer 
las obras.) 

Es buscar aguja en pajar. 

Es conde porque esconde. (Juego 
de palabra/Esconde junta dice es- 
conde y apartada que es conde, como 
si dijera es poderoso y conde por- 
que guarda.) 

Es cosa de locos este mi casa- 
miento. 

Es cosa de locos no tener juicio. 

Es cosa de burla este mi casa- 
miento. (Dícese á muchas cosas des- 
caminadas y burla de la fantasía de 
algunos.) 

Es cosa de grande comer en ar- 
tesa. 

Es cosa de cuento este mi casa- 
miento. 

Es cosa de pobres andar á pedir. 

Es cosa para mearse de risa y no 
echar gota. 

Es cosa perdida, como traer ne- 
gros en vendimia. 

Es como alcaraván sesudo, que 
para los otros tiene consejo y para sí 
ninguno. 

Es como el perro del hortelano, 
que ni come las berzas ni las deja 
comer á nadie, ni amigo ni extraño. 

Es como el rey, que donde no está 
no parece; ó era, ó soy como el rey. 

Es como la mala ventura, que don- 
de quiera se halla. 

Es como caldo de zorra, que está 
frío y quema. 



— 130 — 



Es como comer y ver comer. 

Es pedir peras al olmo, que no las 
suele llevar. (Eso sería pedir.) 

Es pedir muelas al gallo. 

Es Petrus in cunctis. (Entre letra- 
dos, para disminuir que uno estudie 
varias cosas.) 

Es pieza de rey. (Alabando una 
cosa buena y otra persona agraciada, 
y también se trató en mala parte 
para tratar á uno de picaro.) 

Es poner puertas al campo; sería, 
fuera, ó es querer poner puertas al 
campo. (De las cosas que es imposi- 
ble guardarse ni vedarse.) 

Es posible que la puente de Manti- 
ble sea de madera; posible es y posi- 
ble era. 

Es predicar en desierto. (Cuando 
no aprovechan las amonestaciones.) 

Es preguntar por Entúnez en Por- 
tugal. (Porque hay muchos, y si no 
dan más señas no se sabrá cuál; como 
«Preguntar por mi hijo el bachiller 
en Salamanca».) 

Es tan grosero que no hay quien 
lo maneje. 

Es tan bueno, que de bueno hiede. 

Es tan bueno, que de bueno se 
pierde. (Dícese del que por su blan- 
da condición tiene falta para go- 
bierno y otras cosas que piden á ve- 
ces persona aceda de valor y pecho.) 

Es tan valiente como el león del 
Águila, que la ternera le roía la cola. 
(Moteja de cobarde. Águila fué una 
ciudad que está arruinada, en la ribe- 
ra del río Erguila, en cuyos campos 
se cría mucho ganado y en los mon- 
tes leones tan cobardes que si un 
pastor les da voces huyen de él, y son 
ejemplo de cobardía; en África y en 
Fez corre este refrán, y de allá le 
trajeron á las costas, vuelto en cas- 
tellano, los soldados y gente de Oran 
y otros.) 

Es tinto en lana y del Potro de 
Córdoba. (Para decir que uno es fino 
bellaco.) 

Es viejo, mas no en el consejo. 

Es maravilla el pan de la villa; trá- 
jolo Juan, y comiólo María. 

Es maravilla cuando un otero ve á 
otro no dar gran risa. 

Es martillar en hierro frío. Es ma- 



char en hierro frío. (Cuando se pier- 
de tiempo en persuadir á uno y estu- 
diar un rudo.) 

Es mala señal cuando no se siente 
el mal. 

Es maldito el que echa el agua al 
vino. 

Es más enamorado que Macíss. (Va- 
ríase esta comparación de otras ma- 
neras: «Es otro Maeías», «Es un Ma- 
cías», Está hecho un Maeías». Quién 
fuese este Maeías no hay cosa cierta. 
Juan de Mena hace mención de uno 
en la copla IVX de sus trescientas: 

«Tanto anduvimos el cerco mirando 
á que nos hallamos con nuestro Maeías, 
y vimos que estaba llorando los días 
en que de su vida tomó fin amando.» 

El Comendador, en el comento de 
esta copla, dice, muy dudosamente, 
que Maeías fué un gentil hombre, 
criado de un Maestre de Calatrava, y 
que se enamoró de una doncella del 
Maestre y por ella penó asaz tiempo, 
sin alcanzar de ella nada. Desposóla 
el Maestre con otro, y Maeías no dejó 
de servirla; quejóse el esposo al 
Maestre, el cual reprendió mucho á 
Maeías, y muchas vegadas, y nada bas- 
tó con él para que dejase su amor. 
Finalmente, importunado el Maes- 
tre por el esposo, metió en prisión á 
Maeías (dicen en Arjonilla); concer- 
tóse el marido con el carcelero que 
le tenía en guarda, que le dejase abrir 
un agujero por el tejado de la cárcel 
ó casa, que debía ser á teja vana, y 
por allí tiró una lanza á Maeías y lo 
atravesó, y que fué sepultado allí en 
Arjonilla, cinco leguas de Jaén. De 
él hace larga mención Argote de Mo- 
lina, y que el Maestre fué D. Enrique 
de Villena, el gran astrólogo en tiem- 
po del rey D. Juan el segundo. Y, úl- 
timamente, trae todos sus cuentos el 
Teatro de los Dioses. Yo tengo por 
más cierto mi discurso, sacado de las 
frases y maneras de hablar castella- 
nas; y es que este nombre, Maeías, 
por muy enamorado, le derivó el vul- 
go de Mazo, por alusión á las cosas 
hechas á mazo y escoplo, significando 
muy enamorado como si le labraran 
y apretaran á mazo, macizo y firme 



131 



en amor, como las cosas que encare- 
cemos por bien hechas, que decimos 
que están hechas á machamartillo y 
á mazo y escoplo; y del oro se dice 
que es oro de martillo lo que 'es la- 
brado á golpe de martillo, por bueno 
y puro; y de un muy enamorado, ó 
enamoradizo, decimos que es un te- 
rrón de amor, como cuajado y con- 
densado en amor, como de lo muy 
salado se dice que es un terrón de sal. 
De los oficios en que se labra con 
mazo, como en carpintería, cubas y 
carretas, y apretar los arcos y cuñas 
á fuerza de mazó, salió esta frase 
«Está hecho un Macías», y aquel in- 
signe refrán: «A Dios rogando y con 
el mazo dando». Así que decir es un 
Hacías, es decir que está macizo y 
muy batido, embutido, recalcado y 
macizado en amor, y así la frase vie- 
ne de más antiguo. Dejo aparte que 
hay nombre propio Macías ó Matías, 
que aludiendo á él se hizo este otro 
más disimulado; de éste, poco á poco 
se fué perdiendo la noticiade suprin- 
cipio por paronomasia; como hay 
pocos que consideran las maneras 
de hablar de su lenguaje, buscaron 
historia á Macías, y como hay tantas 
desastradas de esta materia, se le 
aplicó la dicha arriba, y si no la 
apruebo en el primero, pudo ser pro- 
pia en el otro; en este otro desgracia- 
do y el tal gentil hombre, pudo ser 
que no se llamase Macías de su nom- 
bre, sino que se le darían por muy 
enamorado, y se le pudieran dar de 
Narciso por lo mismo. Así se formó 
«La de Mazagatos», «Al buen callar 
llaman Sancho», y otras que se dirán 
en el discurso de los refranes, por no 
alargarme en apoyar estos modos de 
hablar por símiles y alegorías de la 
lengua castellana. Dejo otros ejem- 
plos para otras ocasiones, que hay 
muchas en los refranes, y en ellos y 
en «La de Mazagatos» se verá buena 
copia. 

Es más la salsa que el manjar. 

Es más vieja que la cerca. 

Es más vieja que Sarra. (Este pare- 
ce tomado de Sarra, mujer de Abra- 
ham, que ella dijo era vieja para te- 
ner hijos, y en la vejez tuvo á Isaac.) 



Es más viejo que el repelón. 

Es más viejo que el rascar. 

Es más viejo que empréstame un 
cuarto. 

Es más viejo que la sarna; que la 
cerca. 

Es moza de buen recaudo, que an- 
tes que salga se manca en el establo. 

Es muy hombre de bien, sino que 
lo saben pocos, y esos están en Ture- 
llote, camino de Alba. (Habla con iro- 
nía, y Turellote es nombre de lugar 
fingido.) 

Es mucho Don Diego, buen marido 
y caballero. (Dícese «Es mucho Don 
Diego, y tanto Don Diego», contra 
presumidos y entonados que piden 
gollerías y otras demasías.) 

Es llevar agua á la mar, dar adon- 
de hay mucho más. 

Es hacienda de menores. (Por la 
que se disipa mal y después se pide 
cuenta.) 

¿Es hacienda de modorros? ¿Es de 
modorros esto? (Cuando algunos 
quieren las cosas de mogollón y las 
piden de balde.) 

Es hablar adefesios. (Cuando lo 
que se habla no es con fruto. Adefe- 
sios se corrompió de ad Ephesios, á 
los de Efeso, á quien escribió San 
Pablo, y porque fueron pocos los con- 
vertidos á la fe, á causa de la cegue- 
dad que tenían con el insigne templo 
de Diana, y otras hechicerías gentíli- 
cas, dicen acá adefesios cuando se 
habla con quien no entiende, y del 
mismo que habla sin fruto y á des- 
propósito.) 

Es hablar de las nubes de antaño; 
ó de las nieves de antaño. (Cuando se 
habla de cosas olvidadas, sin memo- 
ria ni reme lio.) 

Es hecho al uso, como escriño. (Iro- 
nía que nota de grosero y mal ta- 
llado.) 

Es hecho al revés, cojno gato en 
tejado; ó en desván. 

Esa ave mal haya, que en el nido 
caga; que su nido caga. 

Esa es otra. (Lo que «Ese es otro 
cantar», «Ese es otro cuento», «Ese es 
otro capítulo».) 

Esa es buena y escogida, que es se- 
guida y no vencida. 



132 



Esa es buena y honrada, que es 
muerta y sepultada. (Porque hasta la 
mrertehay peligro; también sepul- 
tada se puede entender por la monja, 
y muerta al mundo; de los muertos 
es justo, y se debe hablar bien.) 

Esa es buena, que está al fuego y 
no se quema. (Que no cae aunque 
tiene ocasión. Parece tomado de las 
pruebas de fuego antiguas, que no 
ofendían álos inocentes.) 

Esa es madre, la que lo pare. (Que 
quiere y cría mejor que ama ni ma- 
drastra.) 

Esa es mi tierra, la que me go- 
berna. 

Esa es hachuela, que todas las ca- 
sas duela. (Duela por corta y labra. 
Persuade que se presten las herra- 
mientas los vecinos, y se aprovechen, 
y más propiamente es contra las ma- 
las lenguas, que de todos dicen y 
roen la honra ajena.) 

Esa espiga alta tiene la mira. (Con- 
tra los presuntuosos.) 

Esa lo hila, que lo aliña. (Por la 
diligencia y trabajo que pone.) 

Esa, don Velasco, rapaos la del 
casco. 

Esa flor y la de Osuna, no es toda 
una. (Al roncero y taimado.) 

Esa mi pasa, ésa mi higo, ésa mi 
pan branquillo. (Estaba una negra 
mala, y con hastío, y el negro su ga- 
lán preguntóla: ¿quiere pasa?; dijo, 
no; ¿quiere higo?; no; quiere pan 
branquillo?; no; pues quiéreme á mí?; 
á esto respondió: Esa mi pasa, ésa mi 
higo: acomódase á cosas que se quie- 
ren más que otras.) 

Esa mosca, el rey se la ahoja. (De 
hox, voz para espantar las aves, se 
hace verbo ahojar, por espantar y 
aventar.) 

Esa muere de parto, que lo ha de 
hado. 

Esas levas no son nuevas. (Levas, 
por tratos y artes engañosas.) 

Esas sean sus misas; esas son sus 
misas. (Cuando no son cosas buenas, 
sean del otro, y también en buena 
parte. Obras buenas sean, ó son, mi- 
sas.) 

Esas son otras quinientas. (Lo que 
«Esos son otros quinientos>.) 



Esas son las berenjenas. (Respon- 
dió esto un señor aun médico que le 
decía que no 'comiese berenjenas, 
que se tornaría loco, motejándole 
que lo era él.) 

Esas son mis misas y mis pasatiem- 
pos. 

Esas son mis misas; ésas sean mis 
misas. (Cuando son buenas obras, y 
buenas cosas, y santas, se escogen 
para sí como por misas. Nace esta 
manera de decir de las obras pías y 
limosnas que se hacen, que se tienen 
por santas y buenas, como le es man- 
dar misas en los testamentos, y así 
dicen cuando uno hace mandas á po- 
bres y remedia necesidades: «Esas 
son buenas misas; buenas misas son 
ésas»; allá lo hallará: bueno es lle- 
varlo delante. También á las maldi- 
ciones, y ruegos, y deseos de que uno 
muera, las llaman misas de salud, y 
á las que de mí dicen, digo yo: «Esas 
son mis misas». Siendo esto tan co- 
rriente y notorio, no lo entendió 
Malara, y se puso á fingir cuentos en 
«Esas son mis misas».) 

Esas risas, arregaños son para mí. 
(Dicho de vizcaíno.) 

Esas risas son ormacho, para mí 
son arregaños. 

Ese es amigo, que socorre al ami- 
go; y ese llamo socorro con el que 
corro. 

Ese es el tu aiúem, Dómine. (Para 
decir que es el más principal en el 
negocio, ó el todo y causa en algo.) 

Ese es otro cantar; ése es otro que 
cantar; ése es otro cuento. 

Ese es otro capítulo. (Casi lo que 
«Eso es de otra cuba», «Esa es otra».) 
Es es de boda, que duerme con la 
novia. 

Ese es de llorar, que tuvo bien y 
vino á mal. 

Ese es bueno, que es mi amigo. (Dí- 
cese en ocasión de nombrar y esco- 
ger persona para algún cargo, por- 
que cada uno suele aprobar al que es 
su amigo, ó es por la distribución de 
oficios públicos.) 

Ese es bueno, que no está á tu 
fuego. 

Ese es bueno, que no está á mi 
fuego. 



133 



Ese es bueno, con quien no estás al 
fuego. 

Ese es bueno, el que no está tras 
tu fuego. (Dan á entender que á las 
mujeres las parece que los otros 
hombres son más buenos y bien con- 
dicionados que el suyo, y así es á to- 
dos que los que no tratamos nos pa- 
recen más buenos, porque no habe- 
rnos conocido sus faltas como de los 
otros.) 

Ese es tu enemigo, el de tu oficio. 

Ese es rey, que nunca vio rey; ó 
que nunca vio al rey. 

Ese es rico de vero, que con lo su- 
yo está contento. 

Ese es hidalgo, que hace la hidal- 
guía. (Las obras.) 

Ese oye sus defetos, que no calla 
los ajenos. 

Ese loa mulo, que no tuvo nin- 
guno. 

Ese niño me alaba, que come y 
mama. 

Ese convite con vusco se fique; ó 
este convite; ó tal convite. 

Ese como yo me le como, y ese 
cuando yo me le callo. 

Ese puebla la ruin tierra, que es 
nacido y criado en ella. 

Ese te es bueno, que no está conti- 
go á tu fuego. 

Ese te hizo rico, que te "hizo el 
pico. 

Ese tiene ventura, que la procura. 

Ese tira dardo, que se precia del 
arado. (Que los buenos soldados y 
sufridores de los trabajos son los 
ejercitados en la labor del campo, y 
labradores, porque en las ciudades el 
ocio y vicio destruye los mozos.) 

Ese va bien fornido contra el frío, 
que ha bien bebido. 

Ese vagar llevaba. (Pintan este 
cuento: Que la zorra, huyendo de 
una casa adonde había entrado, y 
acosándola, saltó por un portillo de 
una tapia, y allí estaca una guitarra 
y tocó las cuerdas, y como huía con 
prisa y miedo, dijo: «Ese vagar lle- 
vaba», como respondiendo á la gui- 
tarra que no se podía detener á ta- 
ñerla, á cuyo son la brindaba. Aco- 
módase á cosas de prisa y sin tiempo.) 

Ese mal me hagas, bestia del puto, 



que andes y no comas; ó muía del 
puto. 

Ese medra, que cual nació tal se 
emplea. (Quiere decir se da á lo' que 
es inclinado de su natural y perseve- 
ra en el oficio que comenzó, y tam- 
bién habla del que gasta y se trata 
conforme á su estado y hacienda y 
procura aumentarla, y del que casa 
con su igual.) 

Ese llamo socorro con el que corro. 

Ese lleva la rabiriega, que lleva 
aforrada la mollera. (Que «Ese va 
bien fornido contra el frío, que ha 
bien bebido»; rabiriega es lanza ó 
cualquier embarazo.) 

Eso ha de hacer la mujer, de que 
no tengan que la retraer. 

Eso es ello, que la burra bien an- 
daba. 

Eso es de otra cuba. (Cuando algo 
es diferente de lo que se trata.) 

Eso es poco y mal dicho. 

Eso es verde, que el fuego no vee. 
(Excusa del que trae leña verde á ca- 
sa, y reprehensión al que no trae nin- 
guna y achaca que está verde; y tam- 
bién «Ese está libre de caer en la ten- 
tación, que no se pone en la ocasión».) 

Eso es mucho lilao; ó era mucho 
lilao. 

Eso ya está mandado recoger. 
(Cuando quieren que no se diga algo 
que no es bueno ni á propósito, y es- 
tán hartos de oirlo.) 

Eso es hacer la cuenta sin la hor- 
nera. 

Eso y nada todo es nada; ó todo es 
uno. 

Eso y nada lleváoslo en la halda. 

Eso le da el padrino á su ahijado, 
que le haya poco grado. 

Eso no se usa sino en Las Majadas. 
(Es lugar, en el campo de Arañuelo, 
de labradores sencillos, y tiénenlos 
por rústicos y groseros. Dícese no- 
tando groserías en la Vera.) 

Eso no, que entra en la costa. 

Eso no, Miguel de Vergas, que te- 
néis muchos pecados. (Este refrán 
nació de Salamanca, adonde hubo 
un ciudadano rico y que casó dos hi- 
jas con dos doctores y hizo racione- 
ro un hijo que después fué canónigo, 
y tuvo otras dignidades; y en la torre 



— 134 — 



de la Trinidad, parroquia del arra- 
bal, están dos pinturas de bulto rele- 
vadas en la pared por la parte de 
afuera: la una de Dios Padre, y la 
otra de un hombre arrodillado de- 
lante, y por los efectos ya vistos, y 
por la postura de las figuras, fingió 
el vulgo que Miguel de Vergas hace 
esta oración: «Señor, case yo mis hi- 
jas con dotores y á mi hijo véale ca- 
nónigo en la Iglesia mayor, y des- 
pués de mis días llévame con vos á 
la gloria.» A esto dicen: «Eso no, Mi- 
guel de Vergas»; y parece que lo di- 
ce él ademán de la pintura, dando á 
entender que no puede haber dos 
glorias, acá y allá; fué Miguel de Ver- 
gas virtuoso y pío, y hizo la dicha to- 
rre, y reparó Ja iglesia, y fundó en 
ella una capilla para su entierro, y 
lucióse su virtud en su descendencia.) 

Eso se quiere el perro, cada día un 
dueño. 

Eso sí, y la caca callarla. 

Eso se hace, lo que á Dios place. 

Eso da el nieto al agüelo, lo que no 
es bueno. 

Eso de ese ojo haceos enojo. 

Eso diga barba que haga. 

Eso fuese, y mañana pascua; ó eso 
se fuese. 

Eso barre la nuera, que no ve la 
suegra. 

Eso queremos los de á caballo, que 
salga el toro; é iban tres en un asno. 
(Unos segadores, viniendo de la sie- 
ga, entraron por la plaza en un asno 
al tiempo que salía un toro, y dán- 
doles voces que se retirasen, dijeron: 
«Eso queremos los de á caballo»; 
aplícase á muchos propósitos de lo 
que cada uno quiere.) 

Eso pido, idos de bola. 

Eso pido, y barras derechas. (Son 
barras de argolla.) 

Eso me has, eso me dueles. 

Eso me da odrero que barbero, que 
todo es trasquilar cuero. 

Esos son otros quinientos. (Dicen 
que uno debía quinientos reales á otro 
sobre cédula. El acreedor, con enga- 
ño, le demandó mil y falseando la 
cédula; el otro se defendía y daba se- 
ñas y confesaba sólo quinientos; á es- 
ta confesión añadió el otro más en- 



gaño, y dijo: «Esos son otros qui- 
nientos»; parece esto ficción y salió 
de averiguación de cuenta, en que 
hay tantas dudas cada día, yerros y 
engaños.) 

Esos campos de Molerás, que son 
campos sin ventura, do berrean los 
corderos, las ovejas no ninguna. 

Esos cuidados matan al rey; esos 
curiados mataban al asno. 

Esgueva, quien no sudare que na 
beba. 

Escarmentar en cabeza ajena, doc- 
trina buena, gran prudencia; ó cien- 
cia. 

Escarba la gallina y halla su pe- 
pita. 

Escarba la gallina por su mal y da- 
ño. (Pepita es enfermedad que da á 
las gallinas dentro del pico, en la 
lengua, con que se enflaquecen; de- 
más que también es pepita de legum- 
bres y otras cosas.) 

Escarbó el gallo, y descubrió el 
cuchillo para matallo. 

Escalón á escalón se sube la esca- 
lera á mejor mansión. 

Escaso por un güevo y ruin por 
dos. (Dícenlo al que tiene güevo en la 
mano, provocándole á tirarle al que 
lo dice, porque sabe que no le tirará.) 

Escapé del trueno y di en el relám- 
pago. 

Escapólo Dios de piedra y niebla, 
y no de mano de la mala hornera; y 
no de manos de puta vieja. 

Escapó de la de Mazagatos. (De di- 
ficultad y peligro, como los perros y 
gatos que escapan, por gran ventura, 
de las manos, palos y pedradas del 
antruejo. Véase «La de Mazagatos» 
en la L.) 

Escapó deladeRoncesvalles. (Cuan- 
do uno escapa de un gran peligro. 
Roncesvalles es en Navarra, cerca 
de los Pirineos, donde fueron ven- 
cidos los doce Pares de Francia por 
Bernardo del Carpió.) 

Escapó de las uñas del gavilán y 
las garras del león. 

Excáveme quien quisiere, pódeme 
quien supiere, y cáveme mi dueño. 

Esquiveza aparta amor, buenas 
obras omilillo. 

Escoger como en peras. 



135 



Escoba desatada, persona desalma- 
da y desaliñada. 

Escobas á la puerta y bragas al hu- 
mero. (Quiere decir que la mujer ha 
de ser diligente y cuidadosa en las 
cosas de casa, y que el hombre ha de 
saber mandar y gobernar sobre todo: 
que habiendo esto, la casa y hacien- 
da andarán bien.) 

Escudero^ échate tarde y levántate 
cedo. (Aviso general, que trabajen.) 

Escudero de Cerrato: cuando mo- 
zo, ladrón; cuando viejo, beato. 

Escudero pobre, taza de plata y 
cántaro de cobre; ó en casa del po- 
bre, taza de plata y olla de cobre. 
(Porque le duren.) 

Escudero pobre, muéresele el ca- 
ballo. 

Escudero rico, muéresele la mujer. 

Escudero mancebo, échate tarde y 
levántate cedo. (Que en la mocedad 
se trabaje para la vejez.) 

Escudero mezquino, mozo adivino. 
(Que es malo adivine el mozo difi- 
cultad en las cosas que le mandan.) 

Escuderos de Hérnandaza, nueve 
debajo de una manta. (Moteja de pe- 
lones; adelante se dice: «Los obreros 
de Hérnandaza, siete con una capa».) 

Escudilla sin caldo, papo desecado. 
Escupa. (Esto dicen á uno que ataja 
y no acierta á hablar, y parece que 
está tragando saliva, como sucede á 
los que se turban y pierden.) 

Escupe el hermoso de la barba al 
hombro. 

Escupí al cielo y cayóme en la cara. 

Escupí lejos; de la barba á los pe- 
chos. 

Escupí, que pan comí. (Dicen esto 
los niños cuando quedan libres del 
que los busca al juego del escon- 
der.) 

Escupir sangre en bacín de oro. 
(Dícese por algunos ricos que viven 
enfermos y no gozan la vida ni ri- 
queza, y aprueba que es mejor me- 
dianía con salud y quietud.) 

Escúpote porque no me escupas. 
(Ganar por la mano, adelantarse y 
prevenir el daño que otro puede ha- 
cer; dicen esto los muchachos encon- 
trando con algún sapo ó escuerzo, 
creyendo que haciéndolo así quedan 



libres de que los sapos los escupan á 
ellos y los dañen.) 

Escurrir las vinajeras. 

Escurrida, como alcuza de santero; 
ó escurrido. 

Escucha ala vieja, y ríete de la con- 
seja. (Que se haga y escoja lo mejor.) 

Escucha al agujero: oirás de tu mal 
y del ajeno. 

Escrito lo trae en la frente. (Del 
que trae los hechos semejantes á la 
cara.) 

Escríbalo en el agua. Escribirlo en 
el agua. (Se dice de las ditas perdi- 
das cuando se dio algo á quien no lo 
volverá, ni hay esperanza de co- 
brarlo.) 

Escribano y difunto, todo es uno. 
(Porque si el uno no tiene alma, el 
otro es desalmado. ¿En qué se pare- 
ce el escribano al difunto?; en que no 
tiene alma.) 

Escribano, puta y barbero, pacen 
en un prado y van por un sendero. 
(Que todos pelan y rapan por su 
modo.) 

Escribanos, alguaciles y procura- 
dores, todos son ladrones. (Ojeriza 
que se les tiene.) 

Escribe antes que des, y recibe an- 
tes que escribas. 

Espaldas de molinero y puercos de 
panadera, no se hallan donde quiera. 

Espántase de su propia sombra. 
(Encarece el mucho miedo de al- 
guno.) 

Espantavillanos , es espantavilla- 
nos. (Dícese de las cosas que los hom- 
bres expertos no se deben espantar, 
como amenazas, pleitos y cosas con 
que espantan y ponen miedo á los 
rústicos.) 

Espantarruines. Espantabestias. 
(Son pullas.) 

Espantarle la borrica. (Aplícase 
este decir á miedo y otras cosas.) 

Espantajo que no pee, tanto guar- 
da como vee. 

Espantóse la muerta de la degolla- 
da, como la vio tan desgreñada; ó tan 
mal tocada. (Otros dicen: «Espantóse 
la muerte de la degollada, como la 
vio tan extendijada»; es lo mismo 
que, «Dijo el cuervo á la pega: quí- 
tate allá, negra».) 



— 136 — 



Espada y mujer, ni darlas á ver. 

Espada de la es, ni la prestes ni la 
des, ni la tengas más de un mes. (Las 
espadas que tenían por señal la le- 
tra S, no eran buenas, ni las que se 
doblan y quedan hechas S.) 

Espada de tres canales, no la han 
todos rufianes. 

Espada de chinto, en vaina de mar- 
fil. (De lo ruin con gran aderezo.) 

Espada valenciana, y broquel bar- 
celonés; puta toledana, y rufián cor- 
dobés. 

Espada vieja, corta y mal hecha, y 
rabiseca. 

España escura, vendaval por na- 
tura. 

España sola pare los hombres ar- 
mados. (Decia esto el rey Francisco, 
que lo experimentó muchas veces 
con su daño.) 

España vela, norte en vela. (Es de 
marineros.) 

España mi natura, Italia mi ventu- 
ra, y Flandes mi sepultura. 

Español loco, rompe lo sano y 
pone lo roto. (Dicen esto en Italia, 
porque los españoles acuchillan las 
cueras y pican los vestidos, por ga- 
la.) 

Espera un poco en cuanto me toco. 

Espera un rato en cuanto me ata- 
co. (Debía decir en.cuanto me des- 
toco y me desataco.) 

Espera, muerto, que berzas que cue- 
zo; ó espera, muerto, que berzas te 
cuezo. (Cuando uno tarda mucho y 
se fué con intento de no venir, y 
cuando no tiene gana de hacer una 
cosa, y hablar con quien no entiende 
es por demás, como es excusado co- 
cer berzas al muerto y llamarle.) 
Esperar, y no alcanzar, 
ni venir; 
estar en la cama, no reposar, 

ni dormir; 
servir, y no medrar, 

ni subir: 
son tres males para morir. 

Esperar salud en muerte ajena, se 
condena. / 

Esperan los servidores galardón, y 
sacan baldón. 

Esperanza en Dios, manillas de 
oro. (A esperanzas muy remotas.) 



Esperanza larga, aflige el corazón 
y el alma. 

Esperanza me consuela, que no 
muera. 

Esperando marido caballero, llé- 
ganme las tetas al braguero; ó danme 
las tetas por bajo del pecho. 

Espeta otro güevo. 

Espuela de cuerno, más pica que 
no de acero. 

Está el mono en la pared; dice de 
todos, y todos del. 

Está el mundo para dar un esta- 
llido. 

Está el mundo lleno de bartolomi- 
cos; ó Sambartolomicos. (Di jóse por 
los colegiales muchos que salieron á 
gobiernos, del colegio viejo de San 
Bartolomé de Salamanca, y en un 
tiempo fueron muchos presidentes y 
arzobispos.) 

Está en medio del río, y muérese 
de sed el mezquino. 

Esta es la merced que la pido, que 
me mire cuando la miro. 

Esta, y nunca más. (Escarmentado 
de algo.) 

Estaos en Moya, y llevaba un odre 
á cuestas. (El que salió y le parecía 
había medrado en la ajena tierra.) 

Está la luna sobre el horno. (Para 
decir que uno está alegre y asomado 
de vino; y se traslada otras cosas que 
tienen, ó no tienen, sazón.) 

Está la casa sin ruido, cuando los 
puercos están en el ejido. 

Estáles prometido el maná. (Por 
judíos ricos, ó motejando de ello.) 

Esta novia se lleva la flor, que las 
otras no. 

Esta noche y otra, dormiré sola. 

Esta noche me cabe la vela, ruego 
yo á mi Dios que no me duerma. 

Esta nuestra Braga va de mal en 
peor: arzobispo, frade y negro pre- 
cador. (Díjose por un arzobispo de 
Braga fraile de mal gobierno, y tra- 
jo un negro, ó mulato, por predi- 
cador.) 

Estáse la asadura en la clavera, 
porque el gato no va á ella. 

Estáse la pica en la piquera; dice 
de todos, y todos de ella. 

Estáse el pico en el piquer; dice de 
todos, y todos del. 



137 



Estaba la vieja en su posesión; le- 
vantóse la llama, y quemóla el ve- 
llón. 

Estáse la vieja muriendo, y está 
deprendiendo. (Ejemplo es.) 

Está debajo de muchas nubes. (Da 
á entender que tiene muchas difi- 
cultades para alcanzarse y negociar 
algo.) 

Esta ganga no se nos vaya, que 
ella pagará la posada. (Dfcese á mu- 
chos propósitos, y más propiamente, 
cuando algún jugador motolico y pi- 
cón cae en manos de tahúres taima- 
dos que le chuparán la sangre, si no 
le deja.) 

Está bien con Dios, y con tus veci- 
nos, y con sus vecinos. 

Esta buena moza, hábil y ver- 
gonzosa. (Lo segundo, añade quien 
oyó lo primero; esta puede ser pro- 
nombre mostrando, ó verbo de es- 
tar.) 

Esta burra me ha de hacer puta, 
que me lleva á los pastores. 

Está quedo y seguro, y no tendrás 
pleito ninguno. 

Está con la de los güevos. (Por 
mentira, como fué la otra.) 

Está parida la gata. (Dícese cuando 
hay encendidas muchas luces, y más 
velas de las que bastan, para que se 
maten las que sobran, y no se gasten 
de balde.) 
. Esta pase, que está armada. 

Esta roca me ten morta, este vino 
me conforta. 

Estar en calma, como esprito de 
burra. (El que no sabe qué se haga se 
dice: «Estar en calma, como nave sin 
viento»; esprito dice el aldeano por 
espíritu.) 

Estar de berzas lacias. (Cuando una 
persona está fría, ó sin aliño ) 

Estar con el agua á la garganta. 
Estar con el agua hasta la boca. (El 
que está congojado en apretura y en 
falta de dineros y medios con que 
cumplir y desahogarse, y así en otras 
cosas de fatiga y ocupación.) 

Está hecho una botija; ó hecha. (Del 
que está hinchado, enojado.) 

Están á mátame y matarte he. (De 
los que están encontrados en enojo.) 

Estando vos ya güesa, mal haréis 



aquí presa. (La moza llama güesa al 
viejo.) 

Estambre, está hambre. (Extienden 
la palabra estambre en esta hambre, 
dando á entender cuan miserable ofi- 
cio es hilar estambre.) 

Estas sí que son piernas, que no las 
de mi mujer; y eran las mesmas. (Que 
las cosas ajenas nos parecen mejor 
que las nuestras; por engaño durmió 
con su mujer, entendiendo ser otra 
con quien tenía concierto.) 

Estaba con el oído como puerco 
huido. (Es muy atento.) 

Estábame yo en mi estudio, estu- 
diando la lición y acordóme de mis 
amores; no podía estudiar, non. (De 
cantar viene á ser refrán harto y á 
propósito de lo que enseña la expe- 
riencia de cuantos se distraen y ca- 
san mal, y dejan el estudio, en que 
no ha de haber pasión que altere el 
sosiego; que por eso escuela, palabra 
griega, significa quietud, ocio y des- 
canso.) 

Estábamos en el lugar y no víamos 
las casas. 

¿Estábamos en Boceguillas? (Cuan- 
do hay grita y confusión, que no se 
oye.) 

Este abad que aquí tenemos, ¿como 
le pelaremos? (Tómase de un cantar.) 

Este es el sino de los porqueros: 
vamonos y estémonos quedos; ó va- 
monos y estámonos quedos. (Algu- 
nos piensan ordinariamente que si 
no es sino, hado, suerte y modo y es- 
tilo de los porqueros, y han de ser 
dos partes el sí y no.) 

Este es el mal que nos engaña: bi- 
rrete bermejo, meollo de caña. (Que 
muchos pretenden mayores estados 
sin talento para gobernarlos.) 

Este es el quillotro, que no el del 
otro. 

Este es Cote, Coronilla, que no la 
torre de Membrilla. (En Andalucía, 
cerca de Morón, era alcalde de Cote, 
castillo fuerte, Lobato, crist¡ano,y un 
moro llamado Coronilla lo era de la 
fuerza de la Membrilla. Hacíanse, 
pues, correrías, y en una, el cristiano 
Lobato prendió al moro, corriendo 
tras él con su caballo, y alcanzándo- 
le, le asió por los cabezones y le sa- 



— 138 — 



có de la silla y le trajo á su castillo, 
que tiene gran subida de peña taja- 
da, y llegando arriba le despeñó, di- 
ciendo: «Este es Cote, Coronilla»; de 
donde, cayendo, se hizo pedazos, y 
quedó por refrán en la tierra de 
Osuna.) 

Este es mi hermano; ¿en qué lo co- 
noces?; en el sayo; mal año para mi 
hermano. 

Este es mi cuñado; ¿en qué lo co- 
noces?; en el paño; mal año para mi 
cuñado. 

Este ir y venir á la güerta me trae 
muerta. 

Este ir y venir al güerto me trae 
muerto. 

Este niño libre va; quien bien le 
hiciere, Dios se lo pagará. 

Este nuestro hijo, don Lope, ni es 
miel, ni hiél, ni vinagre, ni arrope; ó 
este nuestro yerno, don Lope; ó este 
mi hijo, don Lope. 

Estése la pera en el peral, no po- 
drezca, que ahí vendrá quien la me- 
rezca; ó estése la pera, no podrezca. 
(Alegoría para casamientos y ven- 
tas.) 

Estése queda la baraja, y él tram- 
peaba. 

Este puerto de la nieve, pásele 
quien pudiere. 

Este vaya por el ánima de mi pa- 
dre. (Estando un hombre para morir, 
dijo á un hijo que tenía: «En tal parte 
está un nido de halcones que yo ha- 
llé; ruégote que el uno gastes en hacer 
bien por mi ánima, y de los otros te 
aprovechas.» Cuando llegó por ellos 
al nido fuésele el primero, y dijo: 
«Este vaya por el ánima de mi pa- 
dre»; echó otra vez la mano y fué- 
sele otro, y dijo lo mismo; y así se 
le fueron todos. Declara que, de lo 
perdido, somos piadosos y más li- 
berales que de lo que tenemos en 
mano.) 

Este mal que no mejora no es de 
agora. 

Este malo, bueno es; este bueno, 
malo es. 

Este malo es bueno; este bueno es 
malo. (El vizcaíno dice esto de las 
niéspuras y servas. Son fruta que, 
cuando se arruga y parece va á po- 



drecer, está en sazón de comerse, y 
no la tiene cuando, está fresca y her- 
mosa.) 

Este mundo ansí le hallamos y an- 
sí le habernos de dejar; ó como le ha- 
llamos le habernos de dejar. 

Este mundo es golfo redondo; 
quien no sabe anadar vase al hondo. 

Este mundo, es hecho á manera de 
zapata; cuál se la quita y cuál se la 
calza. 

Este mundo, otro le ha de heredar. 
(Dicho de holgazanes y descuidados 
de mañana.) 

Este mundo siempre da vueltas. 
(Con este dicho volvió uno el plato 
para sí la mejor parte. «Ansí le halla- 
mos y ansí le habernos de dejar»; 
con esta respuesta otro dio al plato 
la vuelta y le volvió como estaba an- 
tes.) 

Extenderse como yerno en casa de 
suegro. 

Extenderse como ruin en casa de 
suegro rico. 

Estemos gordos y andemos rotos. 
(Sucede á pobretones holgazanes.) 

Este rejón, y este rejito, y este re- 
jomónos un poquito. (Juego de niños 
asidos de las manos andando al de- 
rredor, como danzando.) 

Estella, la bella; Pamplona, la bo- 
na; Olite y Tafalla, la flor de Nava- 
rra. 

Estierca y escarda, y cogerás bue- 
na parva. 

Estierca y no pongas mojón, que 
él se pon. (Porque se diferencia el 
trigo estercolado en más fértil y cre- 
cido.) 

Extiéndele bien, que corto es el ra- 
cen; ó el racel. (Alfamar.) 

Estírate, Gutierre, el diablo, que 
puede. 

Extiéndete, Gutierre, que buena 
vida tienes. 

Estírate, Gutierre, que buena mu- 
jer tienes. 

Estilo de licenciado, enfadoso y 
largo. (Dicen esto las damas de la 
corte contra los de hábitos largos, á 
quien tienen por pobretones y po- 
co pláticos en la corte.) 

Esto es lo que habíamos menester. 
(Ordinario dicho por ironía.) 



139 



Esto es hecho, venga mi hato. (Aca- 
baban de darle doscientos az< >' 

Esto y nada, todo es nada. (Dícese 
en las cosas que no bastan.) 

Esto nos faltaba agora para hen- 
chir la media hanega. 

Esto para Dios, esto para nos, esto 
para Oñez. (Decíalo un labrador sem- 
brando en la Rioja. Oyólo Oñez, que 
andaba á monte como salteador y le 
estaba espiando para hacer salto, y 
tocóle Dios el corazón, mudó la vida 
y murió santo.) 

Esto pasa, y dentro, en casa. (Que 
esto pasa, eso pasa.) 

Esto me dejó mi padre, y esto me 
ganara yo. 

Estoy á la sombra y estoy sudando; 
¿qué harán mis amores que andan se- 
gando? 

Estoy aquí y en otras cien partes. 

Estoy en Dorillas, y las nalgas en 
tierra ó en el suelo. (Del que parecía 
tener mucha comodidad, y no le sir- 
ve de ninguna.) 

Estoy como pobre á puerta ajena. 

Estoy pensando y es de pensar: si 
el novio no tiene nada, ¿para qué me 
he de casar?; ¿conténtaos la platada?; 
conténtame y agrada; pues á casar, 
casada. (Cuento es de una novia que 
estaba pensativa; informóla el novio, 
y ella, satisfecha, va contenta al tála- 
mo.) 

Estóime en mi lecho, y el diablo 
llévame de trecho en trecho. (Mues- 
tra el daño que hacen las malas com- 
pañías á los quietos y virtuosos. 

Estoy metida entre amor y miedo; 
no sé como vivir puedo. 

Estos güevos que ponemos, ¿por 
qué no nos los comemos?; porque 
sois bobas; porque sois unas bobas. 
(Las primeras palabras se finge que 
las dicen las gallinas en su cacarear 
cuando han puesto. Las segundas el 
gallo, como que las responde y re- 
prende de bobas.) 

Estos mis cabellitos, madre, dos á 
dos me los lleva el aire. 

Estos mis pollos de Enero, 
mira qué tales serán; 
pues, como dice el refrán, 
la pluma vale á dinero. 

Estopas y pez, que se caga la novia. 



Estopeño ó cañameño, cual me lo 
dieron tal te lo vendo. 

Estudiante y frailo, cantor y can- 
tonera, guarda á fueni. 

Estudiante sin recuero, bolsa sia 
dinero. 

Estudiante de cuandoque, que te- 
nemos por almodrote. 

Estudiante de pío pío, muerto de 
hambre y cagado de frío. 

Estudiante de hique hoque, pan tos- 
tado con arrope. 

Estudiante pascuero, tarde será 
bueno. 

Estuve entre la cruz y agua bendi- 
ta; estar entre la cruz y agua bendita. 
(Por estar metido en peligro que no 
parece que puede escapar sino por 
milagro. Pónese la semejanza del que 
entierran, que pone la cruz á un la- 
do, fijada en un madero, y al otro el 
caldero con el hisopo y agua bendi- 
ta, para que á los responsos echen 
agua, y también de la pila y cruz que 
están á la entrada de las iglesias muy 
juntas.) 

Estrega, padre, por ahí adelante, 
que todo es de un cuero; donde me 
come me rasque. 

Extremeño, aunque sea un leño. 
Extremeño, siquiera leño. 

Extremo es creer á todos, y yerro 
no creer á ninguno. 

Estrella boyera vaite acostar, que 
los tus boyeritos se van á cenar. 

Estropezar y no caer, adelantar ca- 
mino es; ó es adelantar camino. 

Ecétera de escribano y quid pro 
quo de boticario, et reliqua por esos 
poyos. (Quiere decir que es dañoso, 
así como et reliqua fué mal entendi- 
do de un lego fraile que entendió 
quería decir por los poyos; eso es 
sentarse.) 

Ecétera, Martín Porra, quien no 
puede andar que corra. 

Ejemplo cumplido: entre dos mo- 
zos un viejo podrido. 

Edificar en avena. (En falso ci- 
miento.) 

Ebro traidor, naces en Castilla y 
riegas á Aragón. 

Equis y ceda, rapa la moneda. (Di- 
cho de niños al fin del a, b, c viejo.) 

Et reliqua por esos poyos. (Et reli- 



— 140 



qua quiere decir, y lo demás. En el ter- 
cer nocturno de los maitines se pro- 
pone un evangelio sobre que se sigue 
homilía de santo; léese un poco y dé- 
jase, remitiendo lo demás con et re- 
liqua al evangelio; los religiosos y 
todos están en pie, al et reliqua se 
sientan, y entendió un fraile lego se 
sentasen por esos poyos, y por cosa 
de ignorancia se ha hecho refrán de 
fingido cuento.) 

Evoramonte no tiene sed, córrele 
el agua por el pie. (Es en Portugal.) 

Hemos de ver quién es Calleja; ha- 
bernos de ver quién es Calleja. 

Errar y porfiar. (Reprensión á los 
tercos y porfiados.) 

Errando se aprende. (Consejo para 
perseverar en el oficio.) 

Erró el golpe, el tiro. (Cuando uno 
quedó burlado de lo que esperaba, ó 
trazaba.) 

Error es igual, no sabiendo, res- 
ponder; y sabiendo, preguntar. 

Echa acá la barca, hao. (Lo que en- 
señan al papagayo.) 

Echa estiércol y palomina al pan, 
que las tierras ellas te lo pagarán. 

Echa, echa, que Sancha reventará; 
mas el prado de Bañuelos, en Zorita 
quedará. (Véase el cuento en el otro 
refrán: «Aquí morirá Sancha la Ber- 
meja, mas suya será la dehesa».) 

Echa y bebamos, Mari-Ramos. 

Echa otra sardina, que otro ruin 
viene. 

Echa otra tranca, mozo. (Casi lo 
que, otro nudo á mi bolsa, y que se 
guarde la casa y hacienda.) 

Echa la capa y bailemos, que buen 
rey tenemos. 

Echa la capa, galán; señora, mal 
haya el mal. 

Echa largo, que chamelote es. 

Échale el pie, no te salte á los ojos; 
ó á la cara. (Cuando se cae algo de 
la mano.) 

Échasele de ver, como á la tuerta 
el ojo. 

Echa sopa, Bartolomillo, que des- 
pués que madre es madre, nunca hizo 
tal caldillo. (De los puertos abajo, 
padre solamente, y madre, vale tanto 
como decir nuestro padre, nuestra 
madre, hablando entre hermanos.) 



Echa sopas y no sorbas, que se aca- 
ba la cocina. 

Echa Dios agua, que hecho está 
donde caya. 

Echa fuera el perro, que corta mi 
yerno. (A los malos trinchantes y 
mal razonados.) 

Echa carbón, y fuella, y llámame 
á las doce. (Sonar, y follar, y sollar, 
y soplar las fuelles del herrero, pa- 
labras son como que manda al mozo. 
Tómase con ironía por perder cui- 
dado; fuella, suella, suena, todo es 
uno.) 

Echa pan al pato, y tiéntale el rabo. 

Echa por acá, santera, mientras el 
santero llega. (Echa por allá.). 

Echa por copas, y saldrá por bastos. 

Echa por copas, que el rey tengo. 

Echa por copas. (Se dice zahirien- 
do lo que parece mucho en obra, ó 
hecho, ó dicho.) 

Échate á enfermar, verás quién te 
quiere bien, y quién te quiere mal. 

Échate á dormir tras una mata, que 
en un día se pasa la pascua. 

Échate al Oriente; echarte has sano 
y levantarte has doliente. Echa tu 
cabeza á Oriente. 

Échate y folga, rey de Zamora. 

Échate en tu cama, y piensa en lo 
de tu casa. 

Echa tierra sobre tierra, y verás el 
pan que lleva. (Que la azada sea hon- 
da para cubrir bien el grano sembra- 
do, y echar tierra nueva sobre otra 
es casi estercolar, como dicen los au- 
tores de agricultura.) 

Echa torta, Lucía, y hornazo; y ella 
dábale sartenazo. 

Echa trapo, y pasarás año. 

Echa vino y beberemos, que buen 
rey tenemos. 

Echa vino y pan, pasas en taxa. 
(Así está en el de Zaragoza impreso.) 

Echaldo á doce y nunca se venda. 
(Lo que echémoslo á doce.) 

Echaldo de ahí, echaldo de ahí; y 
llegábalo para sí. 

Echad fuera esos perros, que parte 
mi yerno. 

Echa mano á la bolsa, barba her- 
mosa. 

Echa mano á la bolsa, cara de rosa. 
(Lisonja de gitanos.) 



141 



Echa mantas como un carretero. 
(Para decir que jura mucho.) 

Echa manteca, güéspeda, no os 
duela. 

Echa más, echa, que de balde se da. 

Échamelo todo en vino, marido 
mío, que no en lino. 

Echa china, echa china, vecina. 
(Contra los que piden demasiado.) 

Echar agua á la fragua, para que 
más arda. 

Echar al tranzado; ó echarlo al 
tranzado. (Por echar en olvido.) 

Echar el agraz en el ojo. (Es hacer 
agravio y mala treta.) 

Echar el sello. (Confirmar y con- 
cluir de acabar una cosa.) 

Echar el fallo. (Dar la sentencia y 
última determinación y razón vale- 
dera; concluir con la última fuerza.) 

Echar el pecho al agua. (Por aven- 
turarse y determinarse en algo.) 

Echar el mango tras el destral. 

Echar el rastro á colomera. 

Echar el resto. (Hacer el último es- 
fuerzo; tomóse del juego de naipes.) 

Echar en el Darro. (En Darro; dar 
con ello en Darro, lo que echarlo el 
río abajo. Darro es río de Granada 
adonde echan todas las inmundicias, 
y de aquí se dice: «Lávese las barbas 
en el Darro», por pulla, y se podrá 
decir de los otros ríos de inmundi- 
cias, como Esgueva y el Tagarete.) 

Echar un virote tras otro. (Lo que 
tirar un virote para buscar y hallar 
otro.) 

Echar la soga tras el caldero. (Es 
tras lo perdido, soltar el instrumento 
y remedio con que se ha de cobrar, 
y echar lo menos tras lo más.) 

Echar la calabaza. Echar las cala- 
bazas. (Es decir que ya uno puede 
sin ayuda hacer algo. Tómase de los 
que aprenden á nadar, ayudándose 
de calabazas, y las dejan cuando ya 
saben nadar sin ellas; también usan 
vejigas hinchadas.) 

Echar la casa por la ventana, ó por 
las ventanas. (Da á entender que uno 
riñendo alborota su casa, y parece 
que todo lo quiere echar por la ven- 
tana.) 

Echar la pluma al aire, y ver dónde 
cae. (Que se aventure algo para prue- 



ba si será de provecho emplear más 
en trato ó persona.) 

Echar leña al fuego para apagarle. 
(Es acrecentar mal y pesadumbre.) 

Echarlo á la venta de la zarza; me- 
terlo á la venta de la zarza. (Meterlo 
á voces y confusión, que no se ave- 
rigüe.) 

Echarlo á doce, y nunca se muela. 

Echarlo al tranzado. (Es olvidarlo; 
metáfora de las trenzas y cofia con 
que atan y recogen las* mujeres al 
cogote: lo que echallo d las espal- 
das.) 

Echárselo en la capilla. (Decir algo 
á uno que lo lleva sabido.) 

Echarlo en Darro. 

Echarse de noche, sentarse á la ma- 
ñana, enderezarse á medio día, y an- 
dar á la tarde. 

Echar sopas y sorber, no puede 
todo ser, ó no puede junto ser. 

Echar caperuzas á la tarasca. (Como 
á cosa sin suelo.) 

Echar quiero mi rocín de casa en 
casa, que no quiere comer paja. 

Echar coces al aguijón, ó contra el 
aguijón. (Lo que dar coces contra.) 

Echar pelos á la mar para no tor- 
nar. 

Echar pelotas por debajo de la 
cuerda. (A las obras y razones perdi- 
das en balde.) 

Echar por esos trigos de Dios. (Dí- 
cese animando á los que leen en pú- 
blico, si estropezaren, que prosigan 
por cualquier materia; y nota á los 
que disparan del tema y se derraman 
por do quiera á despropósito.) 

Echarle hé una pulla, cagajón, maz- 
culla. 

Echóla de casa, y tomómela el cura. 

Échese otro toro. Echemos otro 
toro. Salga otro toro. (Cuando cansa 
una plática ó murmuración, y el cuer- 
do la quiere evitar con otra cosa.) 

Eche Dios agua, que hecho está 
donde caiga. 

Echóme á dormir, y espulgóme el 
perro, no la cabeza, sino el esquero. 

Echó el trapo. (Para decir que uno 
echó el resto é hizo mucho, ó todo su 
poder en una cosa. Comenzó en An- 
dalucía á semejanza del dinero atado 
en trapo.) 



142 



Ella se vino, que ninguno fué por 
ella. 

Ella se comide, que nadie se lo 
pide. 

Ella de ser libre hizo juramento, y 
amor que la escucha se queda riendo. 

Ella dirá, que vende el ramo, ó 
quien vende el ramo. 

Ella blanca y él bazuelo, quépare- 
juelo! 

Ellas á hilar, y el gato al tortero; ó 
ella á hilar, y el gato al tortero. 

Ellas por se vengar, pasábanlo 
mal. 

Ello era polvo, llovió y hízose 
lodo. (Esta palabra ello se pone mu- 
chas veces como muerta, añadida para 



llenar la razón, y tiene su cierta gra- 
cia y propiedad en el hablar común; 
cómase ello, que después nos aven- 
dremos: haya ello camas, que no fal- 
tará tanto: ello bueno sería caminar, 
pardiez: ello iba á decir verdad; con 
éstos se conocerá mejor su uso.) 

Ello es trabajo la mala ventura, y 
más si dura. 

Ello dirá quién vende el ramo. 

Ello dirá. Ello se sabrá. Ello se pa- 
recerá. Ello se verá. (Cuando uno 
pronostica algo.) 

Ellos eran tres, y las vasijas veinte 
y seis. 

Ellos á burlar, y el gato á las lon- 
ganizas. 



r-v^ 



I 



Y á las cuatro en Borja. (Dícese 
cuando ya es tarde para algo: como 
que fué concierto de hallarse en Bor- 
ja á las cuatro, y se faltó. Es Borja 
frontera de Navarra y Aragón.) 

Y á quien mal le pareciere, mal le 
haga Dios. (Dícelo quien se resuelve 
de hacer, ó bueno, ó de su gusto.) 

Y á mí que me papen duelos. (Va- 
ríase: «Y á los otros que los papen 
duelos». «Y á fulano que le papen 
duelos.» Dícese cuando no meten en 
cuenta de comodidades á alguno.) 

Y aun Jijena. (Palabras de énfasis 
«uando no se cree en jactancias.) 

*Y el testamento en la uña. (Añaden 
esto los que cuentan lo poco que ten- 
drán de qué testar, y gastan en darse 
buena vida, y los que no alcanzan 
más de día y vito.) 

Y estándola besando, entró el ma- 
rido. 

¿Y yo apedreé las viñas? Y yo ape- 
dréelo? (Dícelo uno cuando no le ha- 
cen partícipe y no le dan á beber, be- 
biendo otros, mostrando gana de 
ello, y de lo otro que fuere.) 

¿Y yo nací en las malvas? (Tiene el 
•sentido del precedente, y que mere- 
ce por buen nacimiento: que no fué 
tan bajo que naciese en las malvas; y 
varíase: fulano no nació en las malvas.) 

Y yo que terite. (Lo mismo que «á 
mí que me papen duelos>; varíase: y 
aquél, ó el otro, que terite. Dícese 
cuando no dan parte, ni miran por 
alguno.) 



Y yo pajas; y fulano pajas. (Da á 
entender que tanto puedehacercomo 
los otros.) 

Y yo mondo nísperos; y fulano 
monda nísperos. (Cuando no meten 
á uno en cuenta, y debe ser contado 
por ser tan digno ó más que otros.) 

Y la más cuerda de lana. (Con esto 
deshacen la rueda á las mujeres, ha- 
blando de su discreción con gracia 
de la equivocación: de cuerda, por la 
bien entendida, y por la cnerda de 
hilo y lana.) 

Y las mercedes en la tierra de Gata. 
(Queja de no pagado salario, y nin- 
gunas mercedes, que es de ingratos 
amos.) 

Y lo vivido, vivido. (Dicen esto los 
entrados en años, mirando la expe- 
riencia que tienen de las cosas del 
mundo: que si se volvieran de vein- 
te ó veinticinco, y lo vivido, vivido. 
También por gracia mudan la letra 
y dicen: y lo bebido, bebido.) 

Y lo pasado, pasado. (Es lo mismo 
que lo vivido, vivido: dan á entender 
que si se volvieran á la mocedad, y 
lo pasado, pasado, procederían con 
más cordura: á este modo se dirá: an- 
dado, lo andado; gozado, lo gozado; 
aprendido, lo aprendido; gastado, lo 
gastado.) 

Y si más no menos. (Alaba una 
cosa ó persona por tal como otra que 
asegura que puede ser más y nada 
menos; tanto vale: y si más no me- 
nos.) 



144 



Y faltaban por venir los siete In- 
fantes de Lara. 

Y comeremos arena, y comeremos 
chochos. (Dícese contra la mala cuen- 
ta que otros hacen de la provisión 
del sustento, si lo que es para ella se 
gasta en otra co^a, ó si no se trabaja 
para ganarlo.) 

•Y todo nada, la mi Señora. (Apoca 
lo que otros hacen y dicen, ó lo que 
son.) 

Y veamos si habrá quien diga: blan- 
co has el ojo. 

Y hace un pan como unas nueces. 
(Por burla y fisga añaden esto á lo 
que otros dicen, alabando á una mu- 
jer: tiene esto y esto bueno, y hace un 
pan, etc.) 

Ya han venido los titereteros, en- 
gañamuchachos y sacadineros. 

Ya es viejo. (Dícese de lo que ya 
es muy público y usado.) 

Ya es viejo Pedro para cabrero, ó 
ya está Pedro duro para cabrero. 
(Que ya no hay burlas, y que no le 
engañarán, y que ya es tarde para 
ponerse á estudio ú oficio ó cosas de 
mozo.) 

Ya está en el mundo de la verdad. 
(Que murió y está donde no encubri- 
rá con engaño, mentira lo que mal 
hizo, ni le valdrá el poder de acá.) 

Ya está duro el alcacel para zam- 
ponas. (De lo que pasó de sazón.) 

Ya está vuelto Pero Moto. (Fué 
Pero Moto un hidalgo de Zamora «de 
gran cuerpo, y en su muerte compró 
la ciudad un arnés suyo y puso con 
él un armado de madera en goznes 
sobre la torre, como veleta que se 
vuelve con el aire, como la Giralda 
de Sevilla, y diósele el nombre de 
Pero Moto, dueño de las armas. Aplí- 
case al que muda parecer, y se vuel- 
ve atrás de lo concertado.) 

Ya está con amo. Ya está con due- 
ño. Ya tiene amo. (Cuando uno pre- 
gunta por algo que los otros comie- 
ron, ó desaparecieron, y respónden- 
le esto. Hermana es la otra frase 
poner con amo, por desaparecer, des- 
truir, gastar mal. El lo pondrá presto 
con amo; ya lo puso con amo.) 

Ya está con los muchos, cavando 
ruda con el cogote. 



Ya está para matar. (Dícese á un 
convaleciente, dando á entender que 
ya está más gordo y mejorado, á se- 
mejanza de los cebones; con pulla.) 

Ya está tomada, ó tomado, para pa- 
lacio. 

Ya está hecho lo medio, porque 
aunque ella no quiera, yo ya quiero. 

Ya ninguno le mete la paja en la 
albarda. 

Ya no hay bobos, que ya somos be- 
llacos todos. 

Ya no es lo que solía. Ya pasó ese 
tiempo. (Que los tiempos y costum- 
bres son peores.) 

Ya no es nadie, que yo era. (Un 
desposado tenía concertado con la 
esposa de entrar á estar con ella una 
noche, é iba descalzo porque no le 
sintiesen los padres, y llegando ya á 
la posada, ó aposento, tropezó é hi- 
rióse nial; ella al golpe preguntó: 
«¿Quién está ahí?» El respondió: «ya 
no es nadie, que yo era»; porque no 
quedó de provecho para aquella no- 
che.) 

Ya no soy quien ser solía. (Dice 
que ha mudado forma y manera de 
vida.) 

Ya no faz colchas, que faz misas. 
(Dícese del que de pobre oficio subió 
á más estado y tiene presunción; pú- 
sose el caso en el que de oficial subió 
al sacerdocio, como algunos que he- 
mos conocido.) 

Ya no pare mi madre. (Dícelo el 
que mira por su salud y vida.) 

Ya no tiene más del cacarear; pues 
cuando la gallina cacarea, güevo 
pone. (Lo primero se dice al que ya 
no tiene fuerzas para hecho de juven- 
tud; lo segundo responde en su de- 
fensa, dando á entender que puede.) 

Ya se asa. Ya se cuece. (Ironías 
para negar lo que piden.) 

Ya sé el pan que me ha de mante- 
ner, ó que me ha de hartar. 

Ya se nos van acabando los males, 
burla burlando. (Tiene ironía.) 

Ya se come el pan de los niños. 
(Dice que uno es viejo, y sobra en el 
mundo.) 

Ya sé cómo aprieta la trementina. 
(Que ha sido acuchillado, y tiene ex- 
periencia.) 



145 



Ya se pasó ese tiempo, que andaba 
el culo al viento; hase mudado, y to- 
dos le traen tapado. 

Ya se puede criar sin madre. 

Ya se murió el emprestar, que le 
mató el malpagar. 

Ya florecen los almendros. (Dice 
buen tiempo y logro, y canas en los 
viejos.) 

Ya basta la fiesta un rato. 

Ya basta la burla un rato. 
Ya cabalga Calaínos; 
ya cabalga, ya se va. 

(Quedó de unas de sus coplas.) 

Ya que el agua no va ai molino, 
vaya el molino al agua. 

Ya que lo tenía concertado, estor- 
bómelo el verdugado; ó yo que lo 
tenía concertado, y estorbómeio el 
verdugado. 

Ya que tanto temeais, moveréis las 
piedras. (Llegó uno á donde otros co- 
mían, y convidáronle de falso; y él 
que lo deseaba, aceptó diciendo lo di- 
cho, y sentóse á la tabla. Temeais, de 
tema, es porfiáis.) 

Ya come el pan con corteza. (Que 
se sabe y puede valer.) 

Ya pasa de burlas. (Cuando llegan 
las burlas á dar pesadumbre, y ser 
veras.) 

Ya pasó en cosa juzgada. 

Ya es cosa que pasó en juzgado. 
(Negocio que pasó en tela de juicio, 
y fué juzgado y público.) 

Ya pasó solía, y vino mal pecado. 
(Mal pecado se dice sobre hecho no 
bueno. Esto sucedió mal pecado, 11o- 
vérale á cuestas mal pecado.) 

Ya te entiendo, Santantón, que tie- 
nes quince y envidas. 

Ya tiene dueño. Ya está con amo; y 
allí se declaró por puesto en cobro. 

Ya tienes tu escudilla. 

Ya tienes hurón, toma la liebre. 

Ya va esto á buen son. (Cuando se 
encamina y procede algo bien des- 
pués de dificultad; semejanza del 
baile y danza.) 

Ya viene el día con el alegría. 

Ya viene el sol con el resplan- 
dor. 

Ya viene Hernando. (Cuando á uno 
viene sueño y se duerme.) 

Ya vienen los dos hermanos, mo- 



quita y soplamanos. (Es cuando vie- 
ne el invierno y tiempo frío.) 

Ya vos yacedes, peces en las redes. 

Ya me morí, y vi quién me lloró. 

Ya me morí, y quien me lloró vi. 

Ya mollina para la casa do no hay 
harina. (Dícenlo cuando se desea 
agua y llueve, porque abarata el 
trigo.) 

Ya murió por quien tañían, ó por 
quien doblaban. (Que ya no es lo que 
solía.) 

Ya llega cada uno por su pie á la 
pila. (Dícese dando á entender que 
ya los chicos y grandes, son hábiles 
y saben su negocio.) 

Yantar tarde y cenar cedo, sacan 
la merienda de enmedio. 

Yantaréis á chirla come. (Parece 
que á comer y parlar, y es á mucha 
parla y no comer nada; quiere decir 
que es triste convite, cuanto es bue- 
no haber bien que comer y que haya 
quien parle y entretenga. Chirlar y 
charlar es parlar.) 

Yendo las mujeres al hilandero, 
van al mentidero. 

Yerno, sol de invierno, sale tarde, 
y pónese luego. 

Hierba pace quien lo ha de pagar; 
y era un ánsar. 

Hierba mala, no la empece la he- 
lada. 

Hierba mala, presto crece. 

Hielo de hebrero, dale del pie y 
vete al hero. (Porque ya es leve, como 
entrada de primavera; hero es la he- 
redad de labor.) 

Yesca y pederniesca y eslabón que 
lo derriesca. (Pederniesca, de peder- 
nal; y derriesca, de derribar, son for- 
mados enfáticamente por consonan- 
tes de yesca.) 

Yegua apeada, prado halla. 

Yegua cansada, prado halla. 

Yemas de Abril, pocas al barril. 
(Que si echan temprano las parras, se 
suelen quemar y no se logran, ni ha- 
cen vino. Yemas son las puntas de 
los botones, ó tallos, ó pampanitos 
primeros que brotan en el sarmien- 
to. Echar las vides y árboles, es bro- 
tar renuevos hoja, y flor, y fruto.) 

Yerros de amor, dinos son de per- 
dón. 



10 



— 146 



Yo á buenas, vos á malas, no pue- 
de ser más negro el cuervo que las 
alas; ó yo por buenas, vos por malas. 
(Que no puede ir negocio más dispa- 
ratado.) 

Yo á vos por honrar ó mandar; vos 
á mí por encornudar. (Quiere decir 
que quien malas mañas é inclinacio- 
nes tiene, por beneficios que le ha- 
gan no las pierde.) 

Yo allí estaba, mas no hablé habla, 
6 no faley fala. (A lo portugués.) 

Yo en mi casa me esto, y en mi casa 
me espulgo. 

Yo estoy bien embarazado, que me 
como un güevo blando. 

Yo estoy como perro con vejiga, 
que nunca me falta un Gil que me 
persiga. (Por Antruejo atan vejigas 
hinchadas á la cola á los perros, con 
que van corriendo por las calles, y 
todos los gritan y dan con lo que ha- 
llan.) 

Yo y mi caballo, ambos tenemos 
un cuidado. 

Yo y mi padre, y mi madre, y mis 
hermanos, comimos un güevo; ay, 
Jesús, y qué mala tripa tengo, y cómo 
regüeldo á güevo; ay, Jesús, y qué 
mala tripa tengo; ay, Jesús, y cómo 
regüeldo á güevo. (Esta compostura 
dicen por los que pasan laceria, y 
presumen como lo pueden pasar po- 
bres escuderos é hidalgos.) 

Yo os empeño mi palabra para des- 
empeñarla. (Ojalá que se desempeña- 
sen todas las de buena obligación.) 

Yo le dije Alaizulay; respondióme 
Alaizulema. 

Yo le vi nadar en el agua, y no me 
agrada. 

Yo le mando mala ventura, mandó- 
le mala ventura. (Al que va desenfre- 
nado, y al que faltó amparo.) 
Yo limpia, no en mi vida. 
Yo lo oigo. (Cuando uno promete 
que hará y no se le da mucho crédi- 
to; como decir: yo seré testigo si ello 
se cumpliere.) 

Yo nací primero. (Dícelo el mayor, 
cuando el menor se le quiere ante- 
poner.) 

Yo ni bebo, ni como, ni ayuno, 
cuando mi potaje engullo. 
Yo no lo entiendo, que tanta gente 



de bonete, dónde mete, ó come, ó 
bebe. 

¿Yo no lo digo? ¿Yo no lo dije? 
(Cuando sucede lo que uno advirtió.) 
Yo no lo bebo, mas cómolo en so- 
pas. (Habla del vino.) 

Yo no soy diño de beber el agua 
sin vino; por la vuestra santa palabra, 
de beber el vino sin agua. 

Yo no juraré por ella. (Dicho de 
malicioso contra doncella.) 

Yo no duermo, y á todos doy mal 

sueño. Yo que no duermo, ó pues yo 

no duermo, todos tengan mal sueño. 

Yo no te entiendo, negro; ni yo á 

tí, señor. 

Yo no te despido; mas hágote obras 
por donde te vayas, ó por donde lo 
hagas. 

Yo sacudiré los ramos; tú tomarás 
los pájaros. (Buena alegoría.) 
Yo se lo diré un palmo de la oreja. 
Yo se lo diré muy bien dicho de 
mí á él. 
Yo sé bien de qué pie cojea. 
Yo sé bien qué debo creer. (Cuan- 
do á uno le persuaden diferente de 
lo que siente.) 

Yo sé que me sé, mas de esto callar- 
me hé; ó mas de eso callármele. 

Yo sembré, pensé segar; ahora, en- 
víanme á espigar. 

Yo señora, y vos señora, quién co- 
cinará la olla; ó vos, señora, y yo se- 
ñora. 

Yo de casa me soy. (Da á entender 
que no son menester cumplimientos 
como con extraños. Es variable: Fu- 
lana de ca?a es, era, sois.) 

Yo le digo que se vaya, y él des- 
átase las bragas, abájase las bragas.^ 

Yo dueña, y vos doncella, ¿quién 
barre la casa puesta? 

y o duro, y vos duro, ¿quién lleva- 
rá lo maduro? 

Yo soy Ebro, que todas las aguas 
bebo; si no es á Duero, que no le veo; 
y á Tajo, que no le alcanzo; y á Gua- 
dalquivir, que nunca le vi; y á Gua- 
diana, que se va por tierra llana. 

Yo soy la que hiedo, que no el atún 
que vendo. 

Yo soy la mariposa que nunca 
paro, hasta dar en la llama, donde me 
abraso. 



147 



Yo soy Duero, que todas las aguas 
bebo; si no es á Guadiana, que se va 
por tierra llana: y á Ebro, que no le 
veo; y á Guadalquivir, que nunca 
le vi. 

Yo solo, cómo lo haré todo? 

Yo soñaba que era pulga, y que 
saltaba. (Contra quien presum9 más 
que son sus fuerzas, cnudal y saber.) 

Yo de casa me soy. (El que no quie- 
re cumplimientos de extraños.) 

Yo bueno, tú bueno, ¿quién llevará 
el gato al agua? 

Yo que entraba y él que salía, su 
casa junto con la mía; ó trocado, 
como queda en la El. (La gracia está 
en casa y junto, y más lo f aera dicien- 
do jonto, á lo antiguo y aldeano.) 

Yo que no duermo, á todos doy 
mal sueño. 

Yo que no pago, no tiro. (Dos com- 
pañeros en una posada pagaron una 
cama para sí, y ofrecióse otro pasaje- 
ro que no tenía en qué dormir, y por 
comedimiento los dos le acostaron en 
medio consigo ambos; después los 
del canto tiraban de la ropa y descu- 
bríanse el uno al otro, y decía cada 
uno al compañero: «no tiréis, que rae 
descubrís, que también pago como 
vos»; el del medio decía: yo que no 
pago, no tiro.) 

Yo que callo, bien hago. 

Yo que me callo, piedras apaño. 

Yo conozco bien uvas de mi ma- 
juelo. (Al que conoce quién es otro.) 

Yo como tú, y tú como yo, el dia- 
blo te me dio, ó el diablo nos juntó. 
(De dos mai acondicionados que no 
se avienen bien.) 

Yo creo lo que cree el carbonero. 
(Un maestro teólogo tuvo una vez 
plática con un carbonero en cosas de 
la fe, y acerca de la Santísima Trini- 
dad;.como cosa tan superior, el teólo- 
go dudaba y disputaba como sabio, y 
propuso al carbonero: ¿cómo enten- 
déis vos esto de las tres divinas per- 
sonas, tres y una? El carbonero tomó 
la falda del sayo é hizo tres dobleces, 
y luego, extendiéndola, dijo: «ansí»; 
mostrando que eran tres cosas y to- 
das una. Agradóle al teólogo y satis- 
fízose, y después, al tiempo de su 
muerte, decía: creo lo que cree el car- 



bonero. Fíngese el cuento para dar á 
entender que más vale buena y firme 
fe sencilla, que estudios y argumen- 
tos sutiles en cosas que no puede al- 
canzar el ingenio humano y limi- 
tado.) 

Yo creo lo que cree la ventera de 
Bullas. (Bullas es una venta cerca de 
Murcia. Un pasajero hizo allí medio 
día, y contóle la ventera muy caros 
unos huevos y lo demás; díjola: «¿pues 
tanto me habéis de llevar sin con- 
ciencia?; yo os haré ir á Murcia». La 
ventera entendió que á la Inquisi- 
ción, y respondió: «no hará, que yo 
soy buena cristiana y tengo, y creo 
bien y verdaderamente lo que tiene, 
y cree, y enseña, y me manda la san- 
ta Iglesia Romana.» Con esto el hués- 
ped se fué indignado contra ella, y to- 
mando asidero de su razón, en Mur- 
cia, en todas conversaciones y oca- 
siones decía: yo creo lo que cree la 
ventera de Bullas, sin declarar más. 
Llegó á noticia de los inquisidores 
esta novedad de creer, y prendiéron- 
le, que era lo que él quería para ven- 
garse. Examinado qué decía y sentía, 
respondió: creo lo que cree la ventera 
de Bullas; y no había sacarle de esto; 
pues venga la ventera; hízola así ve- 
nir y recibir esta pesadumbre y mo- 
lestia y costa. Ella confesó su buena 
fe; entonces él declaró el cuento y su 
venganza, y estuvo á pique de llevar 
cien azotes por la burla.) 

Yo creo lo que tiene y cree la san- 
ta Iglesia Católica romana. 

Yo pajas. (Dícese dando á entender 
ser para lo mesmo ó más que los 
otros en algo.) 

Yo pajuelas; estotro pajuelas. 

Yo por ser bueno, saltóme la moza 
en el cuello. 

Yo pongo, Dios preste, si aprove- 
chare; si no, estése; ó si se muriese; 
si no, estése. (Palabras son del mé- 
dico.) 

Yo pondré poco ó dirán que no 
soy loco. 

Yo poco bebo, mas quiérolo bueno. 

Yo también sé mi salmo y mi can- 
tar. (Da uno á entender con esto que 
sabe su cuento.) 

Yo te perdono el mal que me ha. 



— 148 



ees, por lo bien que me sabes. (Pala- 
bras del que por su golosina aventu- 
ra su salud, y del borracho al vino.) 

Yo te hice, y tú me enseñas. 

Yo tengo una bolsa de la piel del 
diablo, que no la para blanca ni cor- 
nado. 

Yo tengo una condición, que ni sé 
si es mala ni buena: que teniendo la 
tripa llena, me descansa el corazón. 

Yo veo un arco verde y colorado: 
Dios me lo deje ver otro año. 

Yo voy adonde Papa ni emperador 
no pueden enviar su embajador. 

Yo vengo á lavar la lana. (Dicho 
del que entró postrero en el juego y 
sale más perdidoso; y acomódase á 
otras cosas en que uno lasta.) 

Yo vos lo diré lo que han menester 
las mozas: zapatillas nuevas, y cada 
día en bodas. 

Yo vos lo diré lo que han menes- 
ter los viejos: sepultura honda y lle- 
na de tejos. 

Yo mando á mi gato, y mi gato 
manda á su rabo. 

Yo mando á mi mozo, y mi mozo 
manda á otro. 

Yo me era polvo, vino agua y hí- 
zome lodo. 

Yo me era nigre, y vistiéronme de 
verde. (Opinión es que lo verde no 
ayuda nada á la hermosura, y menos 
en morenos y morenas.) 

Yo me era hija de puta, y sacáron- 
me la marmaruta. 

Yo me entiendo. Él se entiende. 
(Cuando uno piensa que se entiende, 
ó le retraen de algo. Él se entiende; 
créese del que se entiende.) 
^ Yo me la como, yo me la visto; tú 
sin comerlo lo pagas. (Es jactancia 
del pastor de ovejas, y vado que da 
al porquero; el de ovejas no tiene la 
manada por estrecha cuenta, y come 
alguna de ella con achaque que se* 
murió ó la mató el lobo, y hace za- 
marra de la pelleja. Al porquero en- 
tréganle por cuenta los puercos, y si 
alguno se pierde le paga; preguntan 
al ovejero: «¿cuántas guardas?» res- 
ponde: «sin cuenta»; que en Andalu- 
cía es cincuenta y sin cuenta.) 

Yo me soy el rey Palomo: yo me 
lo guiso, yo me lo como. 



Yo mezquino, yo mezquino; yo 
contigo, yo contigo; todos tres, todos 
tres. (Imita el sonido de los martillos 
de la herrería, cuando machan en un 
yunque dos mozos con dos machos, 
martillos grandes, y el maestro con 
el pequeño de una mano.) 

Yo molondrón, tú molondrona; cá- 
sate conmigo, Antona. 

Yo rascada y vos querellada. 

Yo hilar, bien sé hilar; si se des- 
prende, no lo sé pegar. 

Iubilate y la gallarda, no lo canta 
toda barba. 

Ir á la guerra y ni casar, no se ha 
de aconsejar. 

Ir á Carmenta. (Por escarmentar,, 
imitando el habla de los negros, que 
escarmientan con castigo.) 

Ir á caza con hurón muerto. (Es 
variable.) 

Ir á donde el Papa ni emperador, 
no pueden entrar su embajador. (Va- 
ríase yo voy, yo quiero ir, fué, es ido, 
á donde el Papa, etc. A cagar.) 

Ir y no venir como potros á feria. 

Ir y venir es acarrear, que no ir y 
tornar. (Avisa que no se cargue de- 
masiado no se quiebre el eje ó rue- 
da, y se canse el bagaje, y no pueda 
volver. Acarrear 6 acarretear.) 

Ir y venir, como la hornera al 
jarro. 

Irse á las Andalucías. (Dícese de 
los que por pérdida de hacienda y 
por trampas se van de Castilla la Vie- 
ja al Andalucía á ganar la vida.) 

Irse á las Andalucías de Cárdenas. 
(Dícenlo en la Rioja por amontarse 
los muchachos, que es cerca y volve- 
rán presto. Es Cárdenas dos leguas 
de Najara; varíase.) 

Irse á cencerros tapados. (Del que 
se va ocultamente de noche, como 
haciendo por no ser visto, ni impe- 
dido de acreedores ú otros.) 

Irse á buscar pimienta. (Cuando 
uno se va huido disimuladamente, 6 
contra voluntad de otros á quien 
teme, ó fuese ú buscar pimienta.) 

Irse al hilo de la gente. (Irse tras 
los demás; sucede á forasteros, por 
no preguntar.) 

Irse tras otros hasta parar en la 
plaza; y á estudiantes nuevos en Sa- 



149 



lamanca, irse tras los otros hasta las 
escuelas. 

Irse antes del ite, misa est. (Esto 
•es, antes de acabar las cosas.) 

Irse en pruebas, gustaduras, como 
el virgo de Justilla. 

Irse entrada por salida. (Como ir- 
se uno por otro, y comido por ser- 
vido.) 

Irse jugado por ganado. (Cuando 
se alza el juego sin pérdida, y aplíca- 
se á otras cosas.) 

Irse de cámaras. (Encarecimiento 
de uno que habla mucho. Vase de cá- 
maras.) 

Irse frutos por pensión. (Cuando 
no resta ninguna ganancia.) 

Irse comido por servido. (Cuando 
no se saca más provecho del pre- 
sente.) 

Irse por el camino carretero, ó 
real, ó llano. (Es por lo seguro, sin 
atajos.) 

Irse por esos trigos de Cristo, ó 
fuese, ó dio, por esos trigos de Cristo. 

Irse por ello como por viña vendi- 
miada. Pasar por ello. 

Irse por la puerta falsa. (Dícese 
por el trasero, y también por el gas- 
to de hacienda que uno hace en amo- 
res, secreto, vicios ó juego.) 

Irse por los cerros de Úbeda. 
{Cuando uno en lo que dice va muy 
remoto de lo ordinario, y cuando se 
excusa con razones extraordinarias, 
ó el que se pierde en la lición de 
oposición, ó sermón, ó va lejos del 
tema.) 

Ir de capa caída. (Dícese del que 
va descaído, perdidoso y vencido, y 
del que va á menos en su hacienda y 
trato, y anda fallido y en quiebra; an- 
dar de caída.) 

Ir de rocín á ruin.. (Del que va á 
menos.) 

Ir caballero en el asno, y andarle 
buscando. 

Ir pecho por tierra. (Del que va 
con trabajo y afán, y del que va em- 
boscado; abajado, porque no le vean, 
para hacer su hecho contra otros, ó 
huir, y también del que llega delante 
de señor haciendo acatamiento, pe- 
cho por tierra.) 

Ir por lana y volver trasquilado. 



(Cuando fué á ofender y volvió ofen- 
dido; y acomódase á cosas semejan- 
tes, cuando salen al revés de lo inten- 
tado.) 

Ir tarde y recadar temprano, ó re- 
cabar. 

Ir por carne al león que tiene 
hambre. 

Ir romera, y volver ramera. 

Iráse el gato, y saldrá el rato. 

Ira de hermanos, ira de diablos. 

Iránse los años caros y malos, y 
vendránse los buenos, y quedarán 
los nietos hijos de ruines agüelos, ó 
quedarán mis nietos hijos de ruines 
agüelos. 

Iránse los güéspedes, y comeremos 
el gallo á solas. 

Iré, iré, y á mi casa me tornaré. 
(Del que va á buscar á casa de otros 
y vuelve vacío, y por los que se van 
por el mundo y á ver tierras por va- 
ler, y al fin vuelven á su tierra, que 
no hallan en otra tanta comodidad y 
reposo.) 

Irés por lana, y vernés trasquilada. 
(A lo rústico, por iréis, vernéis.) 

Ignorancia es, todo á tropel, ase- 
verar ó temer. 

Ignorancia es todo lo aseverar, j 
lo que pudo no ser, afirmar. 

Ignorancia es todo lo afirmar, y 
locura, todo lo que pudo ser, ne- 
gar. 

Ingratitud seca las fuentes, y men- 
gua de piedad las corrientes. 

Importuno como gotera en bacín, 
ó caldera. (Dando continuo.) 

Importuno como mosca, tú le des- 
cosca. 

Imposible es quien tiene oficios 
estar sin enemigos. (Son de gobierno 
y justicia, que si se hacen rectamen- 
te, hay quejosos; si con negligencia, 
querellosos, porque casi es imposible 
agradar á todos, y para muchos sin 
casi.) 

Intelligitur, Marigarcía. (Concede 
que sí, que así se entiende.) 

Invierno solajero, verano barren- 
dero. (Parece que será fértil año y 
habrá que barrer en las eras; pero ha 
de ser el sol, hielos en Enero, 3 r nie- 
ves en Febrero; más cierto es lo con- 
trario: que si no hiela, nieva ó llue- 



— 150 — 



ve, no tendrá jugo la tierra para las 
mieses, y habrá poco trigo y se ba- 
rrerán las eras para no perder gra- 
no. Barrer, en semejante caso, denota 
faltar, como en casa barrida, no hay 
dueña ardida.) 

Isabel, y vos lo ved, cuánta por vos 
es mi sed. 

Isabel, boca de miel, cara de luna, 
en la calle do moráis, no hallarán 
piedra ninguna. 

Isabel, boquita de miel, masa mo- 
lletes para el hijo del Corregidor, 
que no tiene dientes. 

Id á mercar á la feria, y veréis 
cómo os va en ella. 

Id en hora buena; estéis en buen 
hora; vengáis en buen hora. (De las 
tres edades: á la vejez, id; á la media 
edad, estéis; á la juventud, vengáis. 
(Véase en la H: hasta los treinta.) 

Idos á costar, marido bueno, que yo 
iré luego. (De á acostar se perdió la 
una a, y es frecuente cuando el voca- 
blo comienza en a.) 

Id por medio, y no caeréis. 

Ida y venida, por casa de mi tía; ó 
ida y venida. 

Ida la frisa, venida la risa. Ida la 
frisa, veréis la risa. 

Ida sin venida, como pan de pas- 
tores. 



Ida sin venida, como potros á la 
feria. 

Ida sin vuelta, como potros á la 
feria. 

Idos y calendas, todo se pasa en 
ofrendas. (Idos romanzado por idus r 
que son los días desde cinco hasta 
trece en latín, en los ocho meses, y 
en los cuatro desde siete hasta quin- 
ce. Calendas, son los que restan hasta 
el fin, y principalmente idus se llama 
al día trece; calendas el primero día 
de cada mes, y aquí siéntelo por las 
fiestas y días de labor.) 

Igualar la sangre. (Suelen hacerse 
dos sangrías: en cada brazo la suya, y 
dicen por igualar la sangre; y traslá- 
dase el símil á otras cosas.) 

Iguales como cabos de agujetas. 
(Dice que hay igualdad en algunas 
cosas; con negación se usa más: no 
somos, ó no habernos de ser iguales 
como cabos de agujetas.) 

Iglesia, ó mar, ó casa real, quien 
quiera medrar. 

Iba yo muy en ello, pardiez, Pedro, 
que te lo creo. (Ir en ello, ó muy en 
ello, es llevarlo creído por seguro y 
cierto, y advertido; y de una que va 
muy galana, se dice que va muy en 
ello; como que advirtió á ponerse 
bien.) 



^r 



o 



O ayunar, ó comer trucha. 

O comer trucha, ó ayunar. 

O en la oreja, ó en el rabo, la mu- 
la es asna. 

O eres cordobés, ó has pasado por 
Uclés; ó él es cordobés, ó ha pasado 
por Uclés. (De Córdoba y el Potro se 
dicen otros refranes. En el convento 
de Uclés, de comendadores de San- 
tiago, con ocasión de una limosna 
que dan á pobres en un gran patio, 
se juntan muchos bellacos, vagamun- 
dos.) 

O es amigo, ó enemigo, ó mal cria- 
do, quien se sube sin llamar de abajo. 

O él es lobo, ó rana, ó haz de leña, 
ó vellón de lana. (De los que no en- 
tienden bien las cosas y toman unas 
por otras, y dicen: «¿qué más da? ¿qué 
importa?») 

O es lobo coran, ó fejo de leña, ó 
armeo de can. (Del que mal distingue 
las cosas.) 

O es loca, ó cría. (Dícese por los 
regalos y caricias que dicen las ma- 
dres á los niños.) 

O es loco, ó privado, quien llama 
apresurado. 

O es devoto, ó es loco, quien habla 
consigo solo. 

O es buey, ó tortolilla, ó sarmien- 
tos en gavilla. (Del que mal distingue 
lo que ve y oye.) 

O es hambre, ó sueño, ó ruindad 
que tiene en el cuerpo su dueño. Vos 
mentís como hijo de un ladrón ahor- 
cado, que de fambre lo hé, que tres 



días ha que no he comido bocado. 
(Dícese lo primero al que boceza; lo 
otro, del pobre hidalgo montañés.) 

Oh, bien haya quien te parió; bebe 
tú, y beberé yo; bebe tú por la jarri- 
11a, beberé yo por la botilla. 

O un bel sí, ó un bel no, val buena 
pro. 

O naciste en Sevilla, ó te criaste en 
Córdoba, ó pasaste por Carmona. 
(Nótale de fino bellaco, taimado, y 
no quita lo mucho bueno que hay 
allí.) 

O no ha de haber ley en los naipes. 
(Prométese ganar mano, y salir con 
otras cosas.) 

O seis, ó as, ó bien dentro, ó bien 
fuera á la primera. (El juego de la 
primera.) 

Oh, señor, y tú lo ve en cuál casa 
hay más dinero. 

¡Oh, si volasen las horas del pesar 
como las del placer suelen volar! 

O sirve como siervo, ó huye como 
ciervo. (Que obedezca, ó no se ponga 
á ello.) 

O só alcalde, ó no só alcalde. 

O só bestia, ó só alcalde. (Dice que 
ha de hacer conforme su cargo, y va- 
ler lo que manda.) 

O son donas con trébol, ó carga de 
estiércol. O son dueñas, ó carga de 
estiércol. (Dueñas son donas, 6 dones.) 

O sobre eso, morena. 

O sobre ello, morena, amenaza en 
burla; ó sobre eso, morena. (Entién- 
dese haré, ó aconteceré, si no se hace 



— 152 — 



lo que digo; tómase de amonestación 
del amigo á su morena.) 

O somos, ó no somos. (Cuando uno 
se vuelve atrás de su palabra.) 

O somos gallegos, ó no nos enten- 
demos. 

O somos griegos, ó no nos enten- 
demos. 

O déme el dinero, ó déme mi pan. 
(Por el concurso suenan otra cosa es- 
tas razones, si no se aparta la o; y en 
eso ponen la gracia. Júntase con el 
otro: Galán, toma de mi pan.) 

O dentro, ó fuera, Martín sin asno. 
(Que hay cosas que ora se hagan bien, 
ora mal, siempre son dañosas, ó se 
reprenden y dan en culpa.) 

O demo á lo seus quer. El demo á 
los suyos quiere. (Gallego.) 

¡Oh, falso amor, pocas veces das 
placer, y muchas dolor! 

O bebella, ó vertella; ó bebello, ó 
vertello. 

O bien en la sierra, ó bien fuera de 
ella. (La sierra en sus valles es más 
templada que lo alto ni la tierra lla- 
na apartada, y más aparejada para 
criar ganados, y medrar.) 

O bien dentro, ó bien fuera. O den- 
tro, ó fuera. (Pedimos con esto que 
se resuelva un indeterminado, y úsa- 
se en otras cosas.) 

O bien monje, ó bien calonje. (Que 
cada uno viva conforme á su estado, 
y se precie del, y acuda á sus obliga- 
ciones y profesión.) 

O vivo sin pena, ó muerto sin que- 
rella. (Refrán español que obliga á 
que el hombre honrado arriesgue la 
vida por defender la honra y no 
mancharla.) 

O calza como vestís, ó vestí como 
calzáis. 

O cávalo afinpa algo á. (Portugués.) 

¡Oh, qué linda es la alameda; quién 
tuviera la siesta en ella! 

¡Oh, qué lindico; mas, oh, qué lin- 
doque! (Fórmase Undoque, por gra- 
cia.) 

¡Oh, qué lindo pie de guindo! (Lo 
primero es ironía, y añaden lo segun- 
do por consonante.) 

¡Oh, qué gran mal, torcer cabecitas 
y echar en costal! (Un cura crió un 
tordillo, y enseñólo á hablar, y anda- 



ba suelto y doméstico, y se salía al 
campo con otros tordos al celo. Una 
vez vio que un cazador cogió una 
redada de pájaros y tordos, y torcía 
las cabezas y echábalos en un costal, 
y desde donde estaba lejos, decía: 
¡Oh, qué gran mal, torcer cabecitas i/ 
echar en costal!; miró el cazador, y no 
viendo más de al tordo, preguntóle: 
«¿Tú quién eres?»; dijo: «Yo soy el 
tordo del cura Pacheco». «¿Pues á 
qué veniste por acá?» «Este negro 
amor me trajo, que á todos inquieta»; 
tales razones le tenía enseñadas el 
amo.) 

¡Oh, qué trabajo es hilar 
esta negra de la estopa, 
que pone negra la boca, 
que no se puede hablar! 

Oh, qué risa habría en la boda, si 
no fuera tuerta la novia. 

O quedará pechero, ó romero. (Del 
hidalgo que empadronan, y gasta su 
hacienda en pruebas que valen ó no, 
y por lo menos queda pobre.) 

O con oro, ó con plata, ó con biz- 
naga, ó con nada. (El limpiarlos dien- 
tes; bueno es orégano, enebro, y plu- 
ma, y otras cosas.) 

O con verdad, ó con mentira, es 
menester mantener la familia, ó la fa- 
milia. (La fama y crédito, como hacen 
algunos mercaderes; familia por fa- 
milia, los groseros.) 

O comed y no gimades, ó gimades 
y no comades. 

O crudo, ó cocido, el fuego lo ha 
visto. 

¡Oh, pan, pan, lo que quieren por tí 
lo han! Iránse los malos tiempos y 
vendrán los buenos, y vuestros hijos 
quedarán nietos de ruines agüelos. 
(Fingen que pretendió casar un hom- 
bre rico y de bajo suelo con la hija 
de un noble pobre, y no la pudo al- 
canzar hasta que vino un año caro, 
que se la dieron como dice otro re- 
frán: «La hija de bueno, haberla has 
por orfandad ó por gran duelo»; y 
comiendo juntos un día, sobre mesa, 
tomó el yerno el pan en la mano, y 
dijo: «¡Oh, pan, pan, lo que quieren 
por tí han!» Lo demás respondió el 
suegro. Nietos de ruines agüelos, es 
por parte del yerno; porque la mujer 



153 



no hace linaje, que del suyo se pasa 
á otro.) 

O tarde, ó temprano, lobos comen 
al asno. 

O tarde, ó cedo, asno de lobos. 

O todo á Flandes, ó todo á fondo. 

O todo vertido, ó todo cogido. 

O tú eres adivino, ó el diablo te lo 
dijo. 

O eres adivino, ó el diablo te lo 
dijo. 

O tú eres el diablo, ó Pedro Alonso 
Rallo, 6 Peralonso Rallo. 

O Mayo sin turbons, como orne sin 
collons. (Gallego y portugués.) 

¡Oh, mal haya la falda de mi som- 
brero, que me quita la vista de quien 
bien quiero! 

O malo, ó bueno, soy vuestro 
yerno. 

O malo, ó bon, teu xenro sou. 
(Portugués.) 

O me darás el potro, ó te mataré la 
yegua, ó matarte hé la yegua. 

O me darás la yegua, ó te mataré 
el potro, ó matarte hé el potro. 

O miente, ó departe. 

O morirá el asno, ó quien le agui- 
ja, antes que tal sea. 

O muerto, ó vivo, á los bollos del 
hito. (Son los bollos unas tabernas en 
Toro.) 

O rico, ó pinchado, ó muerto, ó 
descalabrado. (Dícese de los mozos 
que salen de su tierra con ánimo de 
valer, y se aventuran á ser algo, aun- 
que les cueste trabajo, ó volver man- 
cos si van por guerra; y aplícase á los 
que se abalanzan en juego, ó trato, á 
ganar mucho, ó perder; pinchado, ó 
pinjado, es lo mismo.) 

O llueve, ó apedrea, ó nuestra moza 
se mea. 

Hoy aquí, mañana allí. Hoy aquí, 
mañana en Francia. (De los vagantes.) 

Hoy en la vida, mañana en la fue- 
sa y mortaja; bienaventurado el cuer- 
po que por su ánima trabaja. 

Hoy en nuestra figura, mañana en 
la sepultura; bienaventurado el cuer- 
po que por su ánima trabaja. 

Hoy es el día de echad aquí, tía. 

Hoy no fían aquí, mañana sí. (Le- 
yendo esto cada día, nunca llega tai 
mañana.) 



Hoy somos, y mañana no. (El bobo 
de comedia decía: «Hoy somos, y ma- 
ñana también»; y así también le usan 
decir algunos por gracia de sim- 
pleza.) 

Hoy, fiesta; eras, fiesta; yaceos, ma- 
dre, so ese lampaz cubierta, ó dése 
lampaz cubierta. (Con achaque de 
fiestas no hiló, ni tenía con qué la 
cubrir, sino con hojas de lampazo, ó 
estera, ó jerga.) 

Hoy figura, mañana sepultura. 

Hoy por mí, eras por tí, y hoy por 
mí, mañana por tí. (Dícelo el muer- 
to al vivo, y úsase á otras suertes, y 
sucesos, y correspondencias.) 

Hoy putas, y mañana las ollas jun- 
tas. (Que mujercillas que riñen y se 
llaman tales nombres, presto vuelven 
á ser amigas.) 

Hoy putas, y mañana comadres. 
(Sucede deshonrarse hoy, y mañana 
ser amigas.) 

Hoy te reñiré, y mañana te halaga- 
ré. (Sucede entre los que se tratan.) 

Hoy venida, y eras garrida; hoy ve- 
nido, y eras garrido. 

Hoy mal, eras peor, ciego don Sal- 
vador. (Cras es mañana.) 

Hoy me iré, cras me iré, mala casa 
mantendré, ó manterné. 

Oyan las voces, y no las razones. 
(Buena advertencia á recato.) 

Oye, oye, que esta voz no es de mis 
ovejas. 

Oye, oíste, necio. (Desdén motejan- 
do de necio y grosero.) 

Oye, y calla, vivirás vida holgada. 

Oye sus defetos, quien no calla los 
ajenos. 

Oye misa, y no cuides si el otro 
tiene camisa. • 

Oye misa cada día, y con todos ver- 
dad trata, y lo demás Dios lo haga. 

Oye misa cada día de la semana, y 
lo demás Dios lo haga. 

Oyen las voces, y no las razones. 
(De los que no perciben las cosas.) 

Oyó cantar, y no supo en qué mu- 
ladar. 

Oyeron cantar, y no saben en qué 
muladar. 

Oyóte el chillido, y no te hallo el 
nido. 

Oyóte chillar, y no te sé hallar. 



154 



Oir aquí, y decir allí, eso hallaréis 
en mí; mas vendita por la frente, eso 
no. (Entiende venda por la frente, ó 
listón para encubrir cuchillada que 
dieron á una por mala y deslengua- 
da; puédese entender por coroza.) 

Oir, y ver, y callar. (Esto se usa 
mucho amonestando.) 

Oir, y ver, y callar, y preguntado, 
decir verdad con libertad. 

Oir, y ver, y callar, recias cosas son 
de obrar. 

Oir, y ver, y callar, hace buen 
hombre y buena mujer. 

Oir cantar, y no saber en qué mu- 
ladar. 

Oiste polla lo que ax que sona, 
guarda fuera. (El oíste es trocado de 
hoxte.) 

Oiste puto,oste puto; lo que guarda 
afuera cuando se retiran de daño. 

Oído horadado, virgo quitado. 
(Quiere decir que la que escucha y 
da oído al que la requiere, se persua- 
de, y cae, y pierde su flor, y la valie- 
ra más tener tupido el oído.) 

Ora en juego, ora en saña, siempre 
el gato mal araña. 

Ora ha un año, cuatrocientas, y 
ogaño cuatro ciegas. (Entiéndense 
ovejas, ó reses. Di cese de las cosas 
que van en menoscabo por mal go- 
bierno.) 

Ora bien, y no muy bien, tener la 
mujer preñada, y no saber de quién. 

Ora por as, ora por tría, señor es 
de la monarquía. 

Oración de perro, no va al cielo. 

Oraciones quebrantan pronósticos. 
(Que rogando á Dios se alcanza con- 
tra lo que dicen astrólogos y adivi- 
nos, y muda en' bien sus castigos.) 

Orense, Orense, buen pan y buen 
vino, y mala gente. 

Orejas que tal oyen y ojos que tal 
ven. 

Orejas que tal oyen y lo sufren, no 
cumplen. 

Orina, orina, que la vida os da. 

Orina, Marigarcía, que os da la vida. 

Orina, Marina, orina, que la vida 
os da. 

Oro al pobre, y al rico cobre. (Que 
lo que sirve al pobre sea bueno y du- 
radero.) 



Oro es lo que oro vale. 

Oro y plata, colgaduras, y obra, de 
lo que sobra. (Prohibe fausto vano.) 

Oro no es medicina, sino que el po- 
seerlo lo es, porque da la alegría.) 

Oro quiero, que plata no me hace 
nada. (Dícese de los que tienen pen- 
samientos altos, y no se contentan 
con medianías.) 

Oro, tela, ni doncella, no lo tomes 
á la candela. 

Oro majado, luce; el oro machado 
luce. (Prueba de virtud y trabajos.) 

Ola, Bernardo, pasea rezando, y no 
recéis paseando. (Que lo principal á 
que ha de atender, ha de ser el re- 
zado.) 

Olió el poste. (Oler el poste se dice 
cuando conoce el peligro antes de 
caer en él, y las huye, y tomóse del 
cuento de Lazarillo, que puso al cie- 
go enfrente de un poste, y díjole que 
había un gran arroyo, que tomase 
carrera y saltase así; topó recio con 
las narices y cara en el poste, é hirió- 
se y dióse en los hocicos; y quejándo- 
se del engaño, dijo Lazarillo: «como 
olistes la longaniza, oliérades el pos- 
te>. Había antes el ciego metido las 
narices en la boca á su destrón Laza- 
rillo para averiguar por el olor si 
había comido ó no un poco de lon- 
ganiza, y habíale castigado porque lo 
comió, y Lázaro se vengó con el 
poste.) 

Olivo y aceituno, todo es uno. 

Onza de estado, y libra de oro. (Di- 
cho con desdén contra los de poco 
estado y hacienda, que traen encima 
todo su haber en vestidos costosos; lo 
mesmo reprende trocado, y más cla- 
ramente como se sigue. También 
aconseja que el fausto sea medido 
con la hacienda, y menos para que 
sobre algo para las ocurrencias; así 
mismo exhorta á gastar y lucir al que 
gasta poco, teniendo mucho.) 

Onza de oro, y libra de estado. 
(Contra los fantásticos que con poca 
hacienda quieren mostrarse mucho 
y gastan más de lo que tienen.) 

Onde hay muito riso, hay poco 
siso. (Tomado del portugués. Siso es 
seso.) 

Onde la gallina teñe los ovos, allá 



— 155 — 



se la van los oxos. (Tomado del por- 
tugués.) 

Hombro adeudado, cada año ape- 
dreado. (Que las deudas son como la 
piedra de las nubes, que lleva todo 
el esquilmo y el adeudado; aunque 
trabaje y gane, nunca puede alzar ca- 
beza, porque en pagar se le va todo.) 

Hombre apasionado, no quiere ser 
consolado ni aconsejado. (El que tie- 
ne hombre.) 

Hombre apercibido, anda seguro 
el camino. 

Hombre apercebido, no es decebi- 
do. (Por decepido, ó engañado.) 

Hombre apercebido, medio comba- 
tido. (Que lo medio tiene combatido.) 

Hombre atrevido, odre de buen 
vino, y vaso de vidrio, duran po- 
quito. 

Hombre avariento, por uno pierde 
ciento. 

Hombre enamorado, nunca casa 
con sobrado. 

Hombre honrado, antes muerto 
que injuriado. 

Hombre honrado, y del Condado, 
carretero, y de Moguer no puede ser. 
(En Andalucía llaman el Condado á 
la tierra del Conde de Niebla. Este 
dicho es matraca de los comarcanos, 
no por verdad.) 

Hombre ultrajado, está medio pre- 
so hasta ser satisfecho. 

Hombre narigudo, pocas veces cor- 
nudo. (Porque es señal de avisado y 
cuerdo, y el tal sabe sin desamor ha- 
cerse respetar y temer.) 

Hombre señalado, ó muy bueno, ó 
muy malo. 

Hombre sin abrigo, pájaro sin nido. 

Hombre sin cabeza, no vale por 
testigo, ca no tien colodrillo. 

Hombre celoso, el cuerno al ojo. 
(Con celos suelen dar ocasión á las 
mujeres.) 

Hombre celoso, de suyo es cor- 
nudo. 

Hombre de seso y peso. (Alabanza 
de valor y prudencia.) 

Hombre de dos haces, no agrada 
en villa ni en villares. 

Hombre de bien, sino que lo saben 
pocos, y esos están lejos. 

Hombre de confín, ladrón ó asesín. 



(Es el que mata ó hiere á otro por 
paga.) 

Hombre de cojón prieto, no teme 
al aprieto. 

Hombre de pelo en pecho, hombre 
de valor y hecho. 

Hombre de pocas palabras, y esas 
sabias. 

Hombre de Viseo, guárdate de eo. 
(Es villa en Portugal.) 

Hombre de muchas gracias, notado 
de muchas faltas. 

Hombre de hecho, pelo en pecho; 
mas no todo el que ha pelo en pecho 
será de hecho. 

Hombre bermejo, y mujer barbu- 
da, de una legua los saluda. 

Hombre besador, poco empreña- 
dos (Este refrán inventaron muje- 
res.) 

Hombre vivo, demanda lo suyo. 

Hombre bravo y rezongón, son pe- 
destal y eslabón. (Entiéndese amo 
bravo, ú otro mandón, y mozo rezon- 
gador.) 

Hombre cano, ni viejo ni sabio. 
(Que no por las canas se sigue ser 
viejo uno, ni sabio; porque muchos 
mozos hay canos, y no todos los vie- 
jos son sabios.) 

Hombre cano, viejo, mas no sabio. 
(Puede ser.) 

Hombre que anda por el inundo^ 
come pan que no está ducho, duer- 
me en el suelo, cría piojos y sarna, y 
cobra el mal de Francia. 

Hombre que no es enamorado, no 
puede ser sino necio sandio. 

Hombre que no tiene cabeza, no 
ha menester bonete ni montera. 

Hombre que sufre cuernos, sufrirá 
los dientes menos. 

Hombre que trabaja por lo que no 
merece, en trabajo vive y fenece. 

Hombre que madruga, de algo tie- 
ne cura. 

Hombre cornudo, más vale de cien- 
to que de uno. (Porque si él consien- 
te, más darán muchos que uno, ó por- 
que si de muchos se dice no se cree 
como de uno.) 

Hombre con frío, y cochino, hacen 
grande ruido. 

Hombre con vara, ó loco ó maes- 
tresala. 



— 156 



Hombre palabrimujer, guárdeme 
Dios de él. 

Hombre peloso, ó tonto, ó ventu- 
roso. 

Hombre porfiado, necio consu- 
mado. 

Hombre pobre, con poco se alegra 
y socorre, ó compone. 

Hombre proveído, no morirá mez- 
quino. 

Hombre, traes armas?— Un cardo y 
dos manzanas.— ¿Es de veras?— Y, de 
sebo las velas.— Jura á tal que os lle- 
ve preso.— Rábanos y queso. (Palabras 
de la justicia con un sordo que lleva- 
ba las cosas dichas á su casa compra- 
das de la plaza; aplícase á responder 
á disparates.) 

Hombre velloso, ó rico, ó lujurio- 
so; lo que hombre peloso. 

Hombre velloso, valiente ó luju- 
rioso; y dijo la mujer: á la fee, micer, 
valiente debéis de ser. 

Hombre bellaco, tres barbas ó 
cuatro. 

Hombre viejo, saco do osares. 

Hombre viejo, cada día un duelo 
nuevo. 

Hombre viejo, retablo de duelos. 

Hombre maldiciente, en mi casa no 
entre. 

Hombre mendigo, nunca buen tes- 
tigo. 

Hombre mozo que ni juega, ni 
presta, ni escupe en corro. (Calidades 
de inútil.) 

Hombre muerto no hace guerra. 

Hombre mundano, la rueca en el 
seno y la espada en la mano. (Es el 
rufián que cobarde riñe pendencias 
más con fieros que de veras, y siem- 
pre con ventaja, y procura guardarse 
por gozar la amiga, y encontrando 
un esforzado, huye.) 

Hombre rifador y caballo corre- 
dor, cuero de buen vino, y bestia de 
andadura, nunca mucho dura. 

Hombre rojo y hembra barbuda, 
de lejos la saluda. 

Hombre harto no es comedor; lo 
que buey harto no es comedor. 

Hombre hablimujeriel, líbreme 
Dios del. 

Hombre holgazán, en el trabajo se 
lo verán. (Si es continuo ó no; y por- 



que va haroneando, ó se da priesa y 
lleva mal hecha la obra por acabar y 
holgar.) 

Hombres hay que tienen el alma 
por sal. 

Hombres y cochinos con hambre 
y frío, hacen mucho ruido. 

Hombres buenos, y picheles de 
de vino, apaciguan el ruido. 

Hombres que abundan de parola, 
faltan de obra. 

Honra á los buenos, castiga á los 
malos, y ten quedas las manos. (Con- 
sejo á los jueces, y á quien gobierna, 
que guarden justicia y no se sobor- 
nen.) 

Honra al bueno porque te honre, 
y al malo porque no te deshonre. 

Honra es de los amos, la que se hace 
á los criados. 

Honra y provecho no caben en un 
saco, techo, y en un cesto. 

Honra y vicio no andan en un qui- 
cio. 

Honra os haré que á los ojos os 
llegue. 

Honra los mayores, y no despre- 
cies los menores. 

Honra sin honra, alcalde de aldea 
y padrino de boda. 

Honra sin provecho, anillo en el 
dedo. 

Honrada como palo de gallinero. 

Honrada como el habar de Cabra, 
que se secó lloviendo. 

Ox, que pica. (Ox, por oxo, como 
guarda fuera. Los que no advierten 
piensan que es partícula para avisar 
que se huya, como ox á las aves.) 

Ox porcuno y trastrabado, daldo 
al fuego malo. (También aquí ox es 
cortado de oxos; buena prueba de 
esta ortografía oxo f y no ojo.) 

Ojalá que él me sacase por menti- 
roso, ó que me hiciese mentiroso. 
(Cuando no tenemos esperanza que 
uno será bueno, ó saldrá con algo.) 

Ojillo, que no vistes; pies, que no 
corristes; á tí, rabo, doy al diablo. 
(Esto es la zorra cuando la cazan.) 

Oxi, polla, y ella estaba en la olla. 
(Había de decir hoxe polla, porque 
con hoxi polla hoxe espantamos las 
gallinas. Dice la vanidad de algu- 
nos, que nombran por hacienda lo 



— 157 — 



que está gastado, y los engaños que 
otros reciben entendiendo que está 
entero lo que está consumido ó hur- 
tado.) 

Ojo al virote. (Aviso á peligro.) 

Ojo al marear, que relinga la vela, 
ó que respinga la vela. 

Ojo al maste, que la vela se desha- 
ce. (Entiende con el gran viento.) 

Ojo alerta, que asan carne. 

Ojo al rayo. 

Ojo acá, y ojo allá, que según es 
lo hará. (Una que paría dijo al mari- 
do: «Por vos paso yo estos dolores.» 
El respondió: «Por eso yo me lo cor- 
taré.» Ella creyólo, y temiendo que lo 
hiciese, dijo á los que estaban pre- 
sentes allí: «Ojo acá, y ojo allá, que 
según es lo hará» para que lo estor- 
basen, y la acudieran á ella. 

Ojo allá que á feria va. 

Ojo de tomate y diente de Guinea. 
(Para decir grandes ojos y dientes; es 
de Indias.) 

Ojos hay que de lagañas se enamo- 
ran, ó de lagañas se pagan. 

Ojos hay que hazcan (sic) due- 
los. 

Ojos negros, muladares llenos. 

Ojos garzos, no los hay en todos 
barrios. 

Ojos garzos, perros y gatos. (No es 
defensa de los negros.) 

Ojos que le vieron ir, no le verán 
más en Francia. 

Ojos que le vieron ir, no le volve- 
rán más venir. 

Ojos que no ven, corazón no desea, 
ó corazón que no desea. 

Ojos que no ven, corazón que no 
duele, que no quiebra, ó que no 
llora. 

Ojos, que no vistes; pies, que no 
corristes; á ti, rabo largo, llévete el 
diablo. (Quejas de la zorra presa.) 

Ojos que tal ven y oídos que tal 
oyen. (De lástimas ó baldones, y fie- 
ros, y amenazas; y cosas tales, y á ve- 
ces se dice en burlas.) 

Ojos que ven no envejecen. (Enca- 
rece que alegra ver variedad de co- 
sas.) 

Ojos verdes en pocas faces los ve- 
redes. 

Ojos verdes, duques y reyes. 



Ojos malos, á quien los mire pegan 
su malicia ó su malatia. 

Odios de mortales no deben ser in- 
mortales. 

Odre de buen vino, y caballo sal- 
tador, y hombre rifador, nunca dura 
mucho con su señor. 

Odre vacío, cuero le digo. (Odre se 
usa en femenino: una odre y odrina, 
y aquí lo hizo el refrán macho por el 
consonante, y la terminación e la hizo 
capaz de los dos géneros.) 

Oficial que no tiene dinero, eche 
un ribete al tablero. (Es de sastres, y 
pudiera decir: sastre que no tiene di- 
nero...) 

Oficial que no miente, no viva en- 
tre la gente. 

Oficial, ¿qué sabes hacer? Ahilva- 
nar y sobrecoser, ó apulazar y sobre- 
coser. (Por gracia truecan el final apu- 
lazar y sobrecomer.) 

Oficio ajeno, dinero cuesta. (En de- 
prenderle, cuando uno por su indus- 
tria hace algo de oficio ajeno, suelen 
los amigos hacerle que los dé á be- 
ber y pague la patente, como examen 
de oficio nuevo que tomó; y dícese 
del que se metió en oficio y trato de 
que no tenía experiencia y perdió 
en él.) 

Oficio de albardero, mete paja y 
saca dinero. 

Oficio de concejo, honra sin pro- 
vecho. 

Oficio de manos no le parten her- 
manos. (Que cada uno deja al otro 
el trabajo; también hay oficios que 
uno solo sin otros los ha de hacer 
por sí.) 

Oficio que no sustenta tu vida dale 
despedida. 

Oficio tiene Bartolo para el día 
todo. 

Oficio vano y con pena á el que le 
sigue condena. 

Oficio merdulero, criar al hijo y 
después al nieto. 

Oficio ruin, quien más te usa me- 
nos medra, ó quien más le usa. 

Ofrecer mucho á quien pide poco. 
(Especies de negarlo todo.) 

Ofrecer mucho, especie es de ne- 



gar 



Obispo de anillo el que no tiene 



158 



obispado. (Para decir el que tiene 
oficio sin renta.) 

Obispo de Calahorra que hace los 
asnos de corona. 

Obispo de Marruecos descalzo y 
con guantes. (Desdén de pobre ento- 
nado.) 

Obispo por obispo, séalo don Do- 
mingo. 

Obispo por ventura y rey por na- 
tura. 

Obispos y abriles, los más son rui- 
nes. 

Obra acabada, dinero aguarda. 

Obra acabada, venta aguarda. 

Obra y habla poco. Lo que hacer y 
callar; haz y calla. 

Obra niñal, mala de hacer y peor 
de acabar y pagar. (Es ordinario pa- 
gar por ella poco y ser enfadosa al 
sastre, y por eso la hacen de mala 
gana.) 

Obra saca obra. (Las obras buenas 
obligan á la correspondencia; tam- 
bién comenzando adrezos de casas, 
sale más obra que piensan.) 

Obra de Santa María de Regla, que 
en cesando cesa la renta. (En León.) 

Obra de común, obra de ningún. 
(Porque la desamparan unos por 
otros.) 

Obra de portal, dura poco y parece 
mal. (La de tienda y remendones; 
también que no esté la mujer .en el 
portal á sus oficios, sino retirada 
atenta á ellos.) 

Obra comenzada, no te la vea sue- 
gro ni cuñada. 

Obra recrece, y recrece un ojete. 
(Entre sastres dice uno que recrece 
obra; otro lo deshace con decir que 
recrece un ojete solo, que es lo me- 
nos que puede ser.) 

Obra hecha, venta espera. 

Obra hecha, dinero espera. 

Obrará el vino, y perderá el tino. 
(El que lo bebió, y habla alegre.) 

Obras son amores, hermano Polo, 
obras son amores, que no amor solo. 

Obras son amores, que no buenas 
razones. 

Obras hablen, palabras callen. 

Obrada de San Andrés, ni la prestes 
ni la des. 

Obreros á no ver, dineros á perder. 



Obrita que en sábado viene, punta- 
dita de palmo y salto de liebre. 

Ocasión y naipes, *á todos hacen 
iguales. 

Ocaña la vana de torres, y dones, y 
pesquisidores; unas cuchilladitas, y 
un mayorazgo de mil olvitas (sic). 
(Los mismos dicen esto de lo que pasa 
en su lugar.) 

Otoñada de San Mateos, puerca 
vendimia, y gordos borregos. (Si 
llueve por San Mateos, la vendimia 
es mojada y sucia, ó puerca en Anda- 
lucía; los borregos engordan con la 
hierba que nace de tal otoñada.) 

Otubre en el soto, y Otubre fuera 
del soto. (Quiere decir que en Octubre 
comienzan á caer las castañas, y en 
Octubre se acaban de coger. Soto, 
aquí es el castañar.) 

Otubre, echa pan, y cubre. 

Otubre, uñe los bueyes, y cubre. 

Otubre, toma los bueyes, y cubre. 
(Véase en la E. En Otubre.) 

Otra badajada por amor de San- 
ta Ana. 

Otra venga que tal rabo tenga. 

Otra vez á Andújar. (Un predicador 
estuvo preso en el castillo de Andú- 
jar, porque reprendía á un señor; des- 
pués, en sus sermones, cuando quería 
alargarse en la predicación y repren- 
der, posponía el temor de la prisión 
á trueco de decir las verdades, y de- 
cía: otra vez á Andújar. Aplícase á los 
que á trueco de cumplir su gusto, no 
reparan en inconvenientes. Véase el 
otro A cabo de rato f Andújar.) 

Otra vez á doce. (Cuando se repite 
alguna importunación.) 

Otra vez habéis sido pobre, Zapa- 
ta. (Uno que se llamaba Zapata, pedía 
limosna con mucha retórica y labia, 
y decía que sola aquella vez le había 
sucedido; y un caballero conocido, 
viendo su destreza, le dijo: «Otra vez 
habéis sido pobre, Zapata»; y quedó 
por refrán para los que dicen que son 
nuevos en algo y muestran mucha 
experiencia en ello.) 
. Otra vegada, mi Pedro Fernández; 
otra vegada ante que vos vades. 

Otro anda con tu mujer. (Dícenlo 
al que se le quiebra la agujeta de las 
bragas.) 



— 159 



Otro asno verde. (Para decir otra 
imposible necedad; de los moriscos 
se dice que esperan que ha de venir 
Mahoma en un asno verde.) 

Otro erramos. (Entre dos camara- 
das bellaeones, que el uno se llama- 
ba Ramos, y el otro le ponía el cuer- 
no, contaban los cornudos del lugar, 
y Ramos no se contaba á sí, que no 
lo sabía; al cabo de la cuenta, el otro 
decía: Otro e-ramos, con ambigüedad, 
por otro es Ramos; por que la s antes 
de la r, se come. El Ramos entendía 
que otro erraban y se les olvidara de 
la cuenta.) 

Otro abad hay muerto, sin el del 
Puerto. 

Otro le queda. (A lo que alguno 
responde, y entendemos que siente 
otra cosa.) 

Otro loco hay en el baño. 

Otro loco hay en Chinchilla. (En 
Chinchilla, lugar cerca de Cuenca, 
había un Joco que, persuadido de 
holgazanes, llevaba un palo debajo 
de la falda, y en viniendo algún fo- 
rastero, se llegaba á él con disimula- 
ción, preguntándole de dónde era, y 
á qué venía, le daba tres ó cuatro pa- 
los, con que los otros se reían, y lue- 
go los apaciguaban con la excusa de 
ser loco. Llegó un manchego, y tuvo 
noticia en la posada de lo que hacía 
el loco, y prevínose de un palo aco- 
modado debajo de su capa, y fuese á 
la plaza á lo que había menester. Lle- 
gósele el loco, y adelantóse el man- 
chego y dióle muy buenos palos, con 
que le hizo ir huyendo, dando voces 
y diciendo: «¡Gente, cuidado, que otro 
loco hay en Chinchilla!*) 
"Otro nació primero. (Dícenlo al 
menor cuando se toma asiento ó de 
lo que hay primero que los mayores.) 

Otro gallo le cantara, si buen con- 
sejo tomara. (Cantar buen gallo por 
haber bien, y siempre se dice condi- 
cionalmente si tal, ó tal cosa, hiciera; 
varíase: «Otro gallo me cantara, te 
cantara»; parece tomarse del gallo 
que cantó á San Pedro.) 

Otro bobo tenemos, dijo el Conde 
de Lemos. 

Otro que bien danza. 

Otro que bien baila. 



Otro que bien hila vellones á la 
luna. 

Otro come las noces, y yo tengo 
las voces. (Imitado del gallego ó por- 
tugués; solemos corruptamente imitar 
los lenguajes de las naciones vecinas; 
demás de esto, es antiguo del reino 
de León noces por nueces.) 

Otro pie le nace al gato, y nácele 
al revés. (Cuando sale nuevo incon- 
veniente.) 

Otro pie le nace, dice la comadre. 

Otro por debajo, será buen tiempo 
de nabos. (A uno que estornuda, ó re- 
güelda, notando el regüeldo por gro- 
sería.) 

Otro poquito á otro cabo, capitán 
de las alpargatas, que aquí cómense 
las capas. 

Otro vendrá que á mí bueno hará. 

Otro vendrá, que bueno me hará, 
ú otra vendrá, que buena me hará. 

Otro ñudo á la bolsa. (Dícese cuan- 
do nos dicen alabanzas como para 
pedirnos, y así las negamos.) 

Otro ñudo á la b©lsa, y la mano á 
la faltriquera mientras que trepan. 
(Aviso contra ladrones que en las 
fiestas y juntas de gente hurtan la 
bolsa á los envejecidos y joyas á las 
mujeres. Los ciegos cuando cantan en 
las plazas suelen decir: «cuidado con 
la bolsa.») 

Oveja y abeja, y piedra que trebe- 
ja, y péndola tras oreja, y pariesen 
la Igreja, deseaba á su hijo la vieja. 

Oveja de casta, pasto de gracia, hijo 
de casa para guardalla. 

Oveja de muchos, lobos la comen. 
(Lo que asnos de muchos.) 

Oveja duenda, mama á su madre y 
á la ajena. (Duenda, entremetida y 
mansa.) 

Oveja que bala, bocado pierde. 

Oveja que mucho bala, bocado 
pierde. 

Oveja cornuda y cabra mamellada, 
en pocas piaras anda. 

Oveja cornuda, y vaca barriguda, 
no la trueques por ninguna . 

Oveja cornuda, requiere su corde- 
ro, que en hora mala hubiste pastor 
caravero, ó topaste pastor caravero. 
(Es el amigo de carava, ó conversa- 
ción.) 



— 160 — 



Oveja m amellada, en el aprisco la 
cata. 

Oveja chiquita, cada año es corde- 
rita. 

Oveja harta, de su rabo se espanta. 
Ovejas, abejas y lentejas, todas son 
consejas. (Dice provechosas.) 

Ovejas y abejas, en tus dehesas, y 
no en las ajenas. (Porque sea el pasto 
de gracia, como dijo el otro refrán 
poco antes.) 

Ovejas de una puta, carneros de 
un ladrón, bien haya quien os guar- 
da, mal haya cuyo sois. (Que lo aje- 
no se mira sin amor y cuidado.) 

Ovejas bobas, por do va una, van 
todas, ó ovejitas bobas. (Usamos de 
oste refrán cuando en una comuni- 
dad vemos que muchos siguen el pa- 
recer y voto de otro neciamente con 
alguna apariencia de bien.) 

Ovejita de Dios, el diablo te tras- 
quile. (Contra hipócritas.) 

Ovejita blanca, requiere tu piara; 
en hora mala hubiste pastora enamo 
rada. 

Ovejita prieta, requiere tu cordero; 
en hora mala hubiste pastor cara- 
vero. 

Ovejita mansa, mama á su madre 
y á la extraña, ó á toda la piara. 

Ovejitas de Dios, soldada de balde, 
¿cuál será el puto que. otro año las 
guarde? 

Ovejitas tiene el cielo, ó son del 
agua, ó son de viento. 

Ochavo á ochavo se junta el du- 
cado. 

Ocho de invierno y cuatro de in- 
fierno. (Dícese por largos inviernos 
de Castilla la Vieja, y gran calor de 
verano en lo llano, desde Salamanca 
á todo Campos; casi lo contrario es 



en Castilla la Nueva: «Cuatro de in- 
vierno y ocho de infierno», porque 
allí son mayores los calores, y no 
obstante esto dicen el otro: «El in- 
vierno en Burgo?, y el verano en Se- 
villa», y lo atribuyen á la Reina doña 
Isabel.) 

Ocho días antes se arremanga el 
fraile. 

Ocho días de marras, y la mujer 
por besar. 

Olla nueva, hambriento espera. 
Olla sin sal, no es manjar; ai gato 
se puede dar. 

Olla sin sal, haz cuenta que no es > 
ó no tienes, manjar, ó que no tienes 
manjar. 

Olla sin piedra, marido sin cena. 
(Por el peligro de trastornarse.) 

Olla de muchos, mal mejida y bien 
comida. 

Olla de muchos, mal mejida y peor 
cocida. 

Olla cabe tizones ha menester co- 
bertera, y la moza do hay garzones, 
la madre sobre ella. 

Olla que mucho cuece, hambriento 
atiende. 

Olla que mucho hierve, sazón pier- 
de, ó sabor pierde. (Ha de tener el 
fuego lento.) 

Olla, ¿por qué no cociste?— Dueña, 
porque no me meciste. 

' Olla, ¿por qué no cociste?— Por 
que no me volviste; moza, ¿para qué 
me hurgas, pues el suelo no me mu- 
das? (Palabras de la moza y la olla.) 
Olla reposada no la come toda 
barba. 

Olla llena, hambriento espera. 
Oñez ó Gamboa. (Fueron bandos 
en Vizcaya; que ó bien sea del uno, 
ó del otro.) 



.*K$£>-*- 



u 



U eres adivino, ó el diablo te lo 
dijo. (Di cese cuando uno acertó en 
algo, ó llegó á tiempo de repartirse 
algo, y le cupo parte. U, conjunción, 
se usa mucho en el hablar; yo la es- 
cribo como se habla, aunque otros 
escriben siempre O.) 

U de paja, ú de heno, mi vientre 
lleno. 

U de paja, ú de heno, el saco lleno. 

U bebello. ú vertello. 

Urde haya, que la trama el diablo 
la caga. (Que comenzando las obras, 
se pone diligencia y remedio en aca- 
barlas.) 

Urde delgado, y teje gordo, y ha- 
llarlo has provechoso, y sírvete del 
como de un moro. 

Urde con gordo, y trama con del- 
gado, y sácalo al mercado. (Que no 
es durable.) 

Un agujero estaba lleno de moscas, 
peyóse la una y fuéronse todas. 

Un agravio consentido, otro veni- 
do, sufrido. 

Un apóstol en el cielo, y en la tie- 
rra un escribano por abogado. 

Un apóstol en el cielo, y un escri- 
bano en el suelo. (Por valedor.) 

Un amor saca á otro. (Como: Un cla- 
vo saca otro clavo.) 

Un año en la cárcel se pasa. (Con- 
suelo de los que tienen mala mora- 
da, ó amo. 

Un yerro no se hace solo, ó no vie- 
ne solo. 

Un yerro quienquiera le hace. 



Un ojo al plato y otro al gato. 

Un hombre vale por ciento, y cien- 
to no valen por uno. 

Un laberinto d3 Creta. (Por lo muy 
intrincado, y do hay mucha grita.) 

Un lobo no muerde á otro, ó nunca 
muerde á otro. 

Un loco hará ciento, ó un loco hace 
ciento. 

Un sabor á cada caza, mas el puer- 
co á sesenta alcanza. (Loor del to- 
cino.) 

Un sí, ó no, vale mil doblas. (Que 
la cosa perjudicial á la honra, es gran 
bien que esté en duda, y no se pueda 
afirmar contra la persona; también lo 
del Evangelio, que se hable sí por sí, 
y no por no.) 

Un solo acto, no hace hábito. (Re- 
frán de teólogos y filósofos.) 

Un solo golpe no derriba un roble. 

Un solo grano no hinche harnero, 
mas ayuda á su compañero. 

Un dedo á otro y todos al rostro. 

Un día enseña á otro. (Experimenta 
quien estudia más que otros.) 

Un día de Abril, y otro de Mayo, 
valen tanto como las muías y el ca- 
rro. (Entiéndese de buen tempero.) 

Un día de ayunar, tres días malos 
para el pan. 

Un día que haga sol, y amanezca 
despacio. (Responde para nunca casi; 
dan gracia al dicho en juntar en una 
las dos palabras que y haga.) 

Un día frío y otro caliente está el 
hombre doliente. 

n 



162 



Un día por otro estáse la hacienda 
por hacer, ó quédase por labrar. 

Un día viene tras otro, y un tiem- 
po tras otro. (Que se hará lo que no 
se pudo hacer antes.) 

Un día Hebrero y otro candele- 
ro. (Día de la Candelaria, que cae á 
dos.) 

Un dinero de tribudo no le lleva 
un mulo. (Tribudo en las montañas 
de Aragón es tributo, y llámanle tam- 
bién treudo indiferentemente, ora sea 
temporal contribución, ora reparti- 
miento, ora sea perpetuo, y el refrán 
di jóse por el perpetuo déla cantidad 
grande que por tiempo se junta.) 

Un bel morir tota la vita honora. 
(Tómase del poeta italiano.) 

Un bobo hace ciento. (Lo que un 
loco hace ciento.) 

Un bravo que ha sido manso. 

Un güevo ha menester sal y fuego, 
y un palito para mecello, y no es más 
de un güevo; ó un güevo quiere sal, 
y fuego, y un palillo para revolvello. 
(Que cualquiera cosa trae mucha cos- 
ta, aunque sea pequeña y parezca 
fácil.) 

Un güevo, y ese bien cacareado, 
(Contra los que hacen poco y lo en- 
carecen mucho.) « 

Un grano no hinche granero, mas 
ayuda á su compañero. 

Un casco de cebolla vale una dobla, 
mas es ponzoña. 

Un cabello hace su sombra en el 
suelo. (Que para bien, ó mal, lo pe- 
queño monta.) 

Un capitán Juan de Urbina, y un 
alférez Santillana. (Estos dos valien- 
tes españoles fueron tan señalados 
en Italia en tiempo del Rey D. Fer- 
nando y el Emperador Carlos V, que 
dieron ocasión á este refrán con que 
durará su memoria eternamente.) 

Un caballo sobre ciento, y un hom- 
bre sobre un cuento. (Sobre cien ye- 
guas á lo más un caballo para cubrir- 
las, y si son menos, mejor; un hom- 
bre valeroso y buen capitán puede 
gobernar un cuento de hombres; avi- 
sa que no haya más de una cabeza. 
También un particular se prueba si 
gobierna bien un cuento de mara- 
vedís.) 



Un caballo de cuatro pies cae. (Ex- 
cusa al que tropieza.) 

Un queso, y una hanega de trigo, 
y un cántaro de vino, te quitarán el 
nombre de hacino. (De ruin ó mez- 
quino.) 

Un convidado, bien puede convi- 
dar á otro. (Con esto suelen traer 
acompañado.) 

Un cuartillo, presto es ido; una 
azumbre, se consume; el arroba es la 
que abonda. 

Un cuchillo mesmo, me parte el 
pan, y me corta el dedo. 

Un clavo saca á otro, ó un clavo 
arranca á otro. 

Un palmo de cara es aicagüete de 
todo el cuerpo de la dama. 

Un padre para cien hijos, y no cien 
hijos para un padre. 

Un pero, un sino, no hay á quien 
no le vino. (Excusa de nota y falta.) 

Un pensamiento se le iba y otro se 
le venía (se me iba y se me venía). 

Un pie calzado y otro dezcalzo. 
(Para decir la mucha presteza con 
que uno acudió á hacer algo, y de la 
mucha pobreza que uno tiene.) 

Un poco de murmuración es acei- 
tuna de postre en comida y en con- 
versación. 

Un poco te quiero, Inés; yo te lo 
diré después. 

Un puerco en el lodo quiere meter 
á otro. 

Un puerco enlodado enlodará todo 
un rebaño. 

Un puerco enlodado quiere enlo- 
dar todo el rebaño. 

Un puerco encenagado quiere en- 
cenagar todo el rebaño. 

Un pleito despierta á otro. 

Un pleito trae consigo ciento. 

Un tiempo tras otro viene, ó un 
tiempo viene tras otro. 

Un tizón solo no arde sin otro. 

Un tizón escueto no hace fuego. 

Un tizón solo y suelto no hace 
fuego. . 

Un tizón solo no arde sin otro que 
le acompañe. 

Un tizón solo no hace fuego sin 
compañero. 

Un valiente otro halla, y quien se 
le aventaja. 



- 163 - 



Un mal no viene solo. 

Un manjar de contino, quita el 
apetito. 

Un manjar siempre, enfada. 

Un mes antes y otro después de 
Navidad, es invierno de verdad. 

Un ratón da en qué entender á un 
elefante, aunque es tanto más grande. 
(Que no hay ninguno por pequeño 
que sea que no pueda dañar, si es 
enemigo.) 

Un real de deuda, otro acarrea. 

Un riñon y dos riñones habrá quien 
diga si son pares ó nones. 

Un romero, no quiere otro por 
-compañero. 

Un ruin ido y otro venido. 

Un ruin se nos va de la puerta, y 
otro viene que nos consuela. 

Un ñudo á la bolsa, y dos á la boca. 
{Elegante consejo y trocado: dos ñu- 
dos á la boca y uno á la bolsa, ó un 
ñudo á la boca y dos á la bolsa.) 

Un alma sola, ni canta ni llora; ó 
un ánima sola, ó una persona sola. 

Una aceituna es oro, dos plata, y la 
tecera mata. 

Una aceituna es. plata, dos son oro, 
y la tercera lodo. 

Una agua de Mayo y dos de Abril, 
andan los bueyes al carril; una de 
Abril y dos de Mayo, andan los bue- 
yes y el carro. (Dícese por el buen 
año de panes y trigo que tienen los 
bueyes en qué trabajar.) 

Una agua de Mayo y tres de Abril, 
andan los bueyes al carril; una de 
Abril y dos de Mayo, andan, ó valen 
más que los bueyes y el carro: y los 
bueyes y el carro eran de oro. 

Una aguja para la bolsa y dos para 
la boca. 

Una en el año, y esa con daño; ó 
una en un año, y esa con daño. 

Una en el clavo y dos en la herra- 
dura, ó ciento en la herradura. 

Una en la boca y otra en el cora- 
zón, ó una en la boca y otro en el co- 
razón. (Dícese por los hombres do- 
blados y fingidos.) 

Una es escaseza, dos gentileza, tres 
valentía, cuatro bellaquería. (Habla 
del acceso á la mujer.) 

Una, y esa en piedra. (Cuando uno 
hizo alguna cosa y le salió mal.) 



Una y buena. (Cuando se dice una 
gran necedad, ó se hace pérdida. Tam- 
bién se dice en buena parte.) 

Una hora es mejor que otra. 

Una no es ninguna, dos es una. 

Una noche mala, quienquiera la 
pasa, y pasábalas todas. (Un pobre es- 
cudero á quien era ordinario no te- 
ner que cenar, cada vez que le de- 
cían: «no hay cena», respondía: «pues 
acostémonos, que una noche mala, 
quienquiera la pasa») la gracia está en 
que decía una, siendo casi todas.) 

Una sapa otro halla. (Que fácil- 
mente se juntan los de una condi- 
ción.) 

Una de dos, soledad ú sola vos. 

Una desorden no lleva al hospital, 
mas dos llevarán. 

Una, dos, tres, hombre es. (Las cam- 
panadas que dan por hombre difunto, 
y dos por mujer.) 

Una, dos, tres, cojo es. 

Una, dos, tres, cuatro, hace lo de 
bellaco. 

Una dura, y otra madura. 

Una fué, y llévesela el gato. 

Una fué la que no erró. (Dícenlo 
por Nuestra Señora, dando á enten- 
der que no es maravilla que una de 
las otras yerre, por ser anejo á nues- 
tra flaqueza el vicio y el errar.) 

Una fué entre tantas la limpia y 
pura. 

Una golondrina no hace verano, ni 
una sola virtud, bienaventurado. 

Una buena algarada, por una buena 
necedad, ó desacierto. 

Una buena obra se paga con otra, 
y tal vegada con otra mala. 

Una buena obra se paga con una 
mala. (Queja es que acaece.) 

Una buena barraganada. (Por tra- 
vesura, mocedad y desgarro.) 

Una buena borrumbada. (Por des- 
garro, yerro y necedad dañosa.) 

Una buena cabra, y una buena mu- 
la, y una buena mujer, son muy ma- 
las bestias todas tres. 

Una cautela con otra se quiebra. 

Una que acierta, dos yerra. 

Una color se le iba, y otra se le ve- 
nía. (Dícese significando confusión y 
congoja, miedo y vergüenza, oyendo 
razones de empachos, y temiendo.) 



— 164 — 



Una continua gotera horada una 
piedra, ó la piedra. 

Una cosa es decirlo, y otra es ver- 
lo. (Dicese encareciendo ser alguna 
cosa ó muy mala, ó muy buena, más 
de lo que se puede explicar.) 

Una cuñada tengo allende el mar, 
de allá me viene todo el mal. 

Una pasa quien quiera la pasa, mas 
dos no¿ juro á Dios, que hacen to- 
dos. 

Una perdiz sola, por maravilla vue- 
la sin otra. 

Una pasa quien quiera la pasa, mas 
dos pasaldas vos. 

Una por una, la de la aceituna; vez 
por vez, la de la nuez; y alta y de 
peso, la del queso; y para más aína la 
de la sardina; y vegada por vegada, 
la de la ensalada. 

Una vana, y dos vacías. (Contra los 
que hablan necedades.) 

Una vez en el año, y esa con daño. 

Una vez en la vida, y otra en la 
muerte. (Lo segundo se añade por 
contraposición de una en la vida, sin 
más misterio.) 

Una vez engañan al cuerdo, y dos 
al necio. 

Una vez salí, y diez me arrepentí. 
(Entiende á pedir y avergonzase.) 

Una vez fué una vieja á Zaragoza, 
y vino moza. (Manera de pedir á la 
moza que eche vino. Está más decla- 
rado en el otro: «El rey fué viejo á 
Toro, y vino mozo.») 

Una vía y dos mandados. (Cuando 
de uoa vez se hacen dos cosas.) 

Una malla con otra, se hace la cota. 
(Cota es lo que jaco, ó chaco, en las 
montañas de Aragón.) 

Una mina quiere otra mina. 

Una hija, una maravilla. 

Una higa hay en Roma, para el que 
le dan y no toma; y otra para el que 
está á la mesa, y espera que le digan 
que coma; y otra para el que tiene la 
moza á el lado, y quiere ser rogado; 
y otra para el que lo tiene alado. 
(Cuando se pone solo, se entiende lo 
otro deshonesto.) 

Unas han ventura, y otras han ven- 
trada. (Como unas que tienen dicha 
de casar con quien desean, y otras 
quedan preñadas y burladas; dice en 



masculino: Unos han ventura, y otros 
han ventrada.) 

Uno en el papo, y otro en el soba- 
co, y otro so el saco, y llora por la 
que queda en el plato, ó y suspira 
por lo que quedó en el plato. 

Uno en casa, y otro á la puerta. 

Uno y ninguno, todo es uno. (Como 
conforme al griego un hombre nin- 
gún hombre, que uno solo es como 
nada, para hechos de importancia.) 

Uno nada, y otro nonada. (Por am- 
bigüedad tiene gracia: nonada es nin- 
guna cosa, y no nada es que no sabe 
nadar.) 

Uno se desea; y otro es bien que sea. 

Uno come la fruta aceda, y otro tie- 
ne la dentera: uva. (Los que heredan 
faltas.) 

Uno piensa el bayo, y otro el que 
le ensilla. (Bayo aquí se entiende ca- 
ballo; uno, un negocio; otro, otro ne- 
gocio diferente; que el caballo tiene 
un pensamiento y el que le ensilla 
tiene otro. Los que no entienden este 
refrán piensan que un mozo le pien- 
sa y da de comer, y otro mozo le en- 
silla; mas es fuera de su propósito y 
sentido que es en alegoría que el pa- 
dre piensa casar con Fulano su hija, 
y ella sale casada con el que la ha re- 
quebrado, y á semejantes propósitos 
se aplica.) 

Uno por otro, mal penan ambos. 

Uno tiene la fama, y otro carda la 
lana, ó lava. 

Uno muere de atafea y otro la de- 
sea. 

Uno muere de helera, y otro de za- 
pera. 

Unos han ventura, y otros han ven- 
trada. (Aquí ventrada es enfático con- 
trapuesto á ventura.) 

Unos lo siembran, otros lo cogen, ó 
siegan. 

Unos nacieron para moler, y otros 
para ser molidos. 

Unos dicen que lo entierren, y 
otros que no sea enterrado. (Tomóse 
de un romance de la muerte del rey 
D. Pedro.) 

«Muerto yace el rey Don Pedro, 
en su sangre revolcando, 
tendido en el duro suelo, 
y el alma á Dios cuenta dando; 



165 — 



unos dicen que Jo entierren, 
otros que vo sea enterrado.» 

Unos comen el agraz, y otros tie- 
nen la dentera. 

Uso nuevo, entierra vieja. (Que se 
pudre y consume la vieja con los 
usos nuevos de las mozas. 

Uso nuevo, enf ierra viejo. (Que 
con los usos nuevos se entierran los 
viejos.) 

Uso hace maestro, ó uso hace maes- 
tros. 

Uva torrontrés, ni la comas, ni la 
<les, para vino buena es; la calagraña, 



cómela, ó dala, que para vino no vale 
nada. 

Humedades de Abril, malas son de 
salir. (Dice el deseo que hay de que 
llueva; también parece que habla de 
la salud, por aquel refrán: Verano 
fresco, invierno lluvioso, estío peligro- 
so; verano aquí es la primavera.) 

Humores hay que lo llevan, ó gus- 
tos hay que lo llevan. 

Uñas de gato, y hábitos de beato, ó 
y cuentas de beato; y trocado: hábi- 
tos, ó cuentas, de beato, y uñas de 



L 



La ausencia es madrastra del amor, 
y bien querencia. 

La ausencia causa olvido. 

La alma tenga barbas, ó el alma 
tenga barbas, y en el alma tengamos 
barbas. (Suponen que lo decía uno que 
no las tenía en la cara, y dase á en- 
tender que no se ha de mirar tanto 
por el ornato exterior, como por el 
interior de entendimiento y virtud. Y 
con certeza sucedió á un gentil-hom- 
bre mozo estudiante, natural de Avi- 
la, llamado Ortiz, que teniendo lla- 
mamientos para religión, le hacía es- 
torbo haber de cortar buena barba y 
bigotes que tenía; finalmente, se qui- 
so mortificar en cortarlos, y le costó 
muchos sustos y trasudores, dispo- 
niéndose á cortarlos él mismo con 
unas tijeras y á la fin cortó el uno en- 
tre gana y arrepentimiento, después 
el otro fué más fácil de cortar; de- 
cíanle los amigos: «¿Qué se han hecho 
los bigotes?» El sinceramente dijo: 
«En el alma tengamos bigotes y barba, 
que basta.» Al cabo entró en la Com- 
pañía de Jesús, y siendo enviado al 
Japón con otros, fué martirizado en 
la mar por holandeses, preso el navio 
en que iban,y capitán de los otros en 
el martirio.) 

La ^Jmendrada de Juan Templado. 
(Era un porquero que con sencillez, 
y lo más cierto con malicia rústica, 
encontrando un guijarro liso ma- 
nual, le echaba en el zurrón y decía 
que era almendruco; sucedió que una 



guarda, por cierto daño del ganado,, 
le quiso tomar prenda y forcejó á 
quitársela; él, viéndose apretado, dijo 
enojado: «Pues ansí es, espera, daros 
he una almendrada», y echando mano 
al zurrón descargó en la guarda una 
á una las almendras, con que le trató 
mal, y quedó por refrán la almendra- 
da de Juan Templado, en cosas de da- 
ño en lugar de provecho, en Andalu- 
cía la alta.) 

La almohada es buen consejo. 

La asnada de Gálvez. (Llevaba siete 
asnos de recua, ó iba caballero en 
uno; pasando por un lugar, porque 
alguno no se le perdiese, contólos, y 
no hallando más de seis, porque na 
contaba el en que iba, comenzó á 
preguntar por él, dando señas, hasta 
que los otros con risa le dijeron que 
iba caballero en él, y quedó por re- 
frán la asnada y bobería de Gálvez,. 
en Aragón.) 

La Ascensión os guarde, Conde, y 
la Santa Trinidad. (El vulgo, y más 
mujeres, pronuncian Ensinción, In- 
sinción 6 Ansinción.) 

La aceituna una, dos mejor y tres 
peor. 

La admiración es hija de la ino- 
rancia, t 

La admiración, de la inorancia na- 
ció. 

La abeja y la oveja, en Abril dejan 
la pelleja. 

La abundancia de las cosas deja 
fastidio dellas todas. 



167 — 



La abundancia temporal hace á los 
apetitos desatinar. 

La avaricia es suma pobreza en el 
que codicia. 

La habilidad de la criatura, que 
está cagada, y dice que suda, ó que 
está meada, y dice que suda. 

La amistad que no convién, hase 
de descoser, y no romper. 

La amiga y la espada, antes "dada 
que prestada. 

La ensalada, poca y bien oleada; 
ensalata poco acheto e ben oleata. (El 
italiano y acá se usa algo, mudada la 
pronunciación.) 

La ensalada, poco vinagre y bien 
aceitada. 

La ensalada, bien salada, poco vi- 
nagre y bien oleada. 

La envidia del amigo, peor es que 
el odio del enemigo. 

La escuridad y desiertos despobla- 
dos, consolación es para los tristes 
enamorados. 

La espada y la sortija en cuya ma- 
no están, han valía ó valía ,han. 

La esperanza es el pan de los míse- 
ros y cuitados en afán. 

La esperanza luenga aflige el cora- 
zón. 

La experiencia es matorrera. (Esto 
es, sabia, por water rerum, madre de 
las cosas.) 

La experiencia, madre es de la 
ciencia. 

La espina cuando nace, la punta lle- 
va delante. (Que luego muestra cada 
uno su natural.) 

La espiga de Hebrero, no va con su 
madre al muelo. 

La estepa tan bien arde verde como 
seca. (O es la estopa ó cepa de aceituna.) 

La estopa, de junto al fuego quítala 
luego. 

La estopa cabe el fuego, apréndese 
luego ó cedo. (Alegoría de las oca- 
siones. 

La estopa junto al mancebo, dígola 
fuego. (Aquí estopa es la moza.) 

La Epifanía, todas las fiestas avía. 
(Que se acabaría.) 

La hierba de Santa María, el que la 
come nunca la olvida. 

La hierba, cortalla y no cogella; la 
malva, cogella y cortalla. 



La hierba mala presto crece, y an- 
tes de tiempo envejece. 

La hierba romana, quien la güele 
luego se casa. (Es alabanza de esta 
hierba, que huele bien; semejante es 
este refrán al otro del hinojo: «quien 
ve el hinojo, y no come del, muórese 
de amores y no sabe de qué, ú de 
quién.») 

La yegua que arremetió, y comié- 
ronla lobos, ó la legua que arre- 
metió. 

La inorancia es madre de la admi- 
ración. 

La inorancia es muy confiada. 

La inocencia de la criatura, que 
está meada, y dice que suda. (Con 
ironía por la habilidad.) 

La injuria, más segura es olvidarla 
que vengarla. (Porque muchas veces 
acontece que buscando ocasión para 
se vengar, se acaba un hombre de 
perder.) 

La ingratitud seca la fuente de la 
piedad. 

La intención es la que sana, que no 
el palo de la barca. (Dicen que una 
persona devota encomendó á uno que 
iba en romería á Roma y la Tierra 
Santa que le trajese un poco de Lig- 
num Crucis; él se olvidó, y á la vuel- 
ta, pasando un río por una barca, se 
acordó de la encomienda, y como ya 
nohabía remedio cortó un poco de 
un madero de la barca, que dio en 
lugar del verdadero. Después, como 
verdadera reliquia aplicándola con 
devoción á dolores y enfermedades, 
sanaban. Entonces el romero decía 
entre sí: «La intención es la que sana, 
que no el palo de la barca». El Co- 
mendador dice, no sé con qué sentido: 
«Afición es la que sana, que no el palo 
de la barca», y no hallo que así se use; 
si dijera: «Devoción es la que sana, 
que no el palo de la barca», estuviera 
bien.) 

La ida de Juan de Bordas, que fué 
en la silla y vino en las alforjas. 

La ida del cuervo; la ida del humo. 
(Del que va para no volver, como el 
cuervo que envió Noó. Dícese cuan- 
do uno no volvió, y del que desea- 
mos que no vuelva. Hizo la ida del 
humo; hizo laida del cuervo.) 



168 — 



La ida que hizo mi agüelo, que se 
fué y no tornó. 

La ida por la venida. (Cuando se 
va y se vuelve sin negociar, en balde.) 

La hora sea buena, y el mercado 
espeso. 

La oración devota, breve y á me- 
nudo, penetra los cielos. 

La oración breve, á menudo y de- 
vota. 

La oración breve, sube á los cie- 
los. 

La oración breve, penetra en los 
cielos. 

La honra es de quien la hace. 

La honra está en quien la da, ó 
en el que la da. (Del honrado que 
con bondad y cortésmente honra al 
otro.) 

La honra y el vidrio, no tiene más 
de un golpecillo. 

La honra y la mujer son como el 
vidrio, que al primer golpe se quie- 
bran. 

La honra no tiene más de un golpe. 

La honra de la honrada, es su bue- 
na ó mala fama. 

La honra del soberbio, en deshon- 
ra torna muy presto. 

La honra va tras quien la da. 

La honra más vale merecerla que 
tenerla. (La de cargos públicos y pre- 
mios.) 

La obra alaba al maestro, y el 
maestro á la obra la alaba, y abona. 

La ocasión asilla por el copete ó 
guedejón. (Pintaron los antiguos la 
ocasión los pies con alas, y puesta 
sobre una rueda, y un cuchillo en la 
mano el corte adelante, como que va 
cortando por donde vuela; todo de- 
nota su ligereza, y con todo el cabe- 
llo de la media cabeza adelante echa- 
do sobre la frente, y la otra media de 
atrás rasa, dando á entender que al 
punto que llega se ha de asir de la 
melena, porque en pasándose la oca- 
sión no hay por dónde asirla.) 

La ocasión de pecar se debe siem- 
pre apartar y quitar. 

La ocasión hace al ladrón. 

La oveja á la cabra, lana demanda. 

La oveja y la abeja, por abril dan la 
pelleja. (Que se mueren si revuelve 
mal temporal de frío y agua.) 



La oveja, oro meja; por el lomo 
echa el hilo, por las tetas echa el sir- 
go y por el culo echa el trigo. (De Sa- 
yago,á donde dicen meja por semeja, 
parece.) 

La oveja lozana, á la cabra la pide 
lana. 

La oveja lozana dijo á la cabra: 
dame lana. (Contra los que piden á 
otros que carecen de lo que ellos 
abundan.) 

La oveja que ha de ser del lobo, es 
fuerza que lo sea. 

La oveja mansa, cada cordero la 
mama. 

La oveja chica, cada año es corde- 
rica. 

La oveja harta, del rabo hace manta. 

La olla en el sonar, y el hombre en 
el hablar. (Sonar á sana, hablar cuer- 
do ó necio.) 

La olla sin verdura, ni tiene gracia 
ni hartura. 

La olla y la mujer, reposadas han 
de ser. 

La olla de la viuda, chiquita y re- 
calcadita. 

La olla cogolluda, al costal ayuda. 
(Quiere decir que el bien comer ayu- 
da al hombre para alzar -el costal y 
trabajar.) 

La una mano á la otra lava, y las 
dos á la cara. 

La larga ausencia causa olvido. 

La ausencia causa olvido. 

La lana oro mana, según las manos 
en que anda. 

La labor de la judía, afanar de no- 
che y holgar de día. 

La labor de la judía, trabajar de no- 
che, y dormir de día. 

La laña del calderero, rompió toda 
la caldera por tapar un agujero; ó la 
laña del calderero, rompe toda la 
caldera por sanar un agujero. (El Co- 
mendador dice: «la llana del».) 

La ley nace del pecado, y la ley le 
castiga. 

La lengua larga, es señal de mano 
escasa. (El mucho ofrecer.) 

La lengua larga, es señal de mano 
corta. (Lo del otro refrán: «quien todo 
lo ofrece, todo lo niega»; también el 
que tiene pocas manos, remite á la 
lengua la venganza de sus injurias.) 



— 169 - 



La lengua do la mujer, siempre 
hace todo lo que la place. 

La lengua de la mujer, dice todo 
lo que quier. 

La lengua del mal amigo, más cor- 
ta que cuchillo. 

La letra con sangre entra, y la la- 
bor con dolor. (Con castigo en niños 
y niñas.) 

La leche y el vino, hacen al viejo 
niño. (Porque es regalo para él.) 

La leche sal del mueso, no del güe- 
so. (Mueso es la substancia del buen 
alimento que cómela mujer que cría.) 

La leche se trae en los labios. (El 
mocito bozal sin experiencia.) 

La leche con el vino, tórnase ve- 
nino. 

La leña del monte, hoy mía, maña- 
na de otre. 

La liebre es de quien la levanta, y 
el conejo de quien le mata. 

La liebre y la puta, en la senda la 
busca. 

La liebre y la puta, cabe el camino 
la busca. 

La liebre y la ramera, cabe la ve- 
reda. 

La liebre, lo que en el arenal gana, 
lo pierde en el agua. (En la arena 
pesa menos que los perros, y corre 
más ligera; mas si encuentra agua de 
charco, ó brazo de río, embaza por 
su poca fuerza, y alcánzala.) 

La liebre diestra, presto sale á ve- 
reda. 

La liebre búscala en el cantón, y la 
puta en el mesón. 

La liebre que has de matar, cuesta 
abajo la has de echar. 

La liebre que se te ha de ir, cuesta 
arriba la has de ver ir. 

La liebre parida, y la galga salida. 
(Entiende que corre más.) 

La liebre vieja, presto coge la ve- 
reda; la nueva, ó la matan, ó se en- 
seña. 

La limpia al harnero, y la sucia 
al cedazo. (Lo del otro refrán: «Acrí- 
benme dueñas, y másenme puercas»; 
que el aechar el pan bien, importa 
más.) 

La limpia de Rivas, que lavaba al 
asno las patas. 

La limpia de Rivas, que traía siete 



semanas una camisa, y volviéndola 
del revés decía: «Bendita sea la lim- 
pieza de la Virgen María. 

La libertad no tiene precio. 

La libertad del que huye, á la ven- 
tura se atribuye. 

La lima lima á la lima. 

La loba en el escoger, la anguilla 
en el retener. (No tienen acierto.) 

La loba y la mujer, iguales son en 
el escoger. (Dicen que la loba se toma 
del más ruin lobo, y en la mujer ve- 
mos pagarse del menos cuerdo.) 

La loba no es ducha de soga. 

La loca lo tañe, y lo saca á la calle. 
(Lo secreto.) 

La luna está sobre el horno. Está la 
luna sobre el horno. (Dícese dando á 
entender que uno está borracho, ó 
loco, ó con mucho placer.) 

La luna de Salamanca, ansí es re- 
donda y ansí es blanca. 

La luna de Paita. (Por luna muy 
hermosa y clara. Es refrán de las In- 
dias, y la de Paita es tenida por fa- 
mosa, porque da en unos arenales 
que la hacen más clara.) 

La luna quinta, cual la vieres tal la 
pinta. 

La luna cornialla, ó seca ó mojada. 

La luna como quinta, ansí pinta, ó 
ansí trinta. 

La luna merculina, de agua ú de 
neblina. (Vana opinión del vulgo, de 
luna que comienza el miércoles con 
aspecto á Mercurio.) 

La lumbre y el amor, no dirán: vete 
á tu labor. 

La lumbre del ladrón, dos ascuas y 
un tizón. 

La nariz y la frente, hasta la muer- 
te siempre crece. 

La nariz y la boca, hasta la muerte 
se adoba. 

La Navidad al sol, y la de flores al 
fuego, si quieres el año bueno y de- 
rechero. 

La Navidad al sol, y la de flores al 
tizón, (Para haber buen temporal.) 

La Navidad al sol, y la Florida al 
tizón, traen el año en razón y sazón. 

La natura que se meja, trae á los 
hombres en pena. 

La nave y la mujer, de lejos pare- 
cen bien. 



170 



La nave que ha buen viento, pres- 
to arriba al puerto. 

La necesidad obliga á lo que el 
hombre no piensa. 

La necesidad obliga al más desva- 
lido nombre que es de Marirrabadi- 
11a. (A sorrabar á otros, que así lla- 
man al rogar y pedir con sumisión.) 

La necesidad de mi casa, nadie la 
pasa. (Es por mí, y que nadie la pasa 
tan grande.) 

La necesidad carece de ley. (Con- 
forme al latino necessitas caret lege.) 

La necesidad tiene cara de herege. 
(Dícese con donaire traduciendo el 
latino al sonido de las palabras ne- 
nessitas caret lege.) 

La necesidad manifestada, es reme- 
diada. 

La necesidad hace á la vieja trotar 
y al gotoso saltar. 

La necesidad hace maestros. 

La neblina del agua es vecina, y 
del sol más aína, ó la neblina. 

La neblina del agua es madrina, y 
del sol más aína, ó la neblina. 

La negra con el frío, no vale un 
higo; la blanca, ni higo, ni pasa. 

La negra con frío, no vale un higo; 
la blanca con helada, no vale nada. 

La noche es capa de pecadores. 

La noche de antruejo, se me tostó 
el pellejo. 

La noche de la boda, cual la halla- 
res tal la toma. 

La nuera por la suegra, cagáronse 
en la puerta. 

La nuera rogada, es bien recibida 
en casa. 

La nuera rogada, y la olla reposada. 
(Para ser estimada de los suegros.) 

La nuestra madrina, colmillos de 
lana, come, y calla, y apaña para su 
casa. 

La semana de Ramos, lava tus pa- 
ños, porque la semana mayor, ó llo- 
verá, ó hará sol. 

La zarza da el fruto espinando, y 
el ruin llorando. 

La zagala y el garzón, para en uno 
son. 

La zamarra y la vileza, al que se la 
aveza. 

La zamarra mala, hacia mí la lana, 
y la buena, carnaza afuera. (De suer- 



te que de ambas maneras ha de estar 
el pelo adentro.) 

La zahúrda por el suelo, y la choza 
por el cielo. (Que la zahúrda sea hon- 
da y baja, porque sea abrigada; la 
choza alta, porque se ha de hacer 
lumbre dentro.) 

La cereza hermosa, y la guinda as- 
querosa. (Que la cereza ha de estar 
fresca para comerse, y la guinda muy 
madura, que ya se va ablandando y 
rezumiendo, como las traídas en car- 
ga, que han perdido mucho del acedo.) 

La cena y la guerra, comiénzala, 
que ella se atea. (Atear, atizar, poner 
tea que arda.) 

La cebada hostigada, esa es mala y 
mal granada. (Cebada hostigada llama 
la que se da á la bestia que fatigan 
mucho y hostigan y apresuran con 
vara, á la cual aprovecha poco por 
el demasiado trabajo, y quiere ser 
moderado.) 

La cebada hostigada, esa es grana- 
da. (Será que bien escota la cabalga- 
dura la cebada que le dan, y se logra 
en su trabajo.) 

La ciencia es locura, si buen seso 
no la cura. 

La ciencia quiere prudencia y ex- 
periencia, y tiempo la experiencia. 

La ciudad se lo agradezca. (Con 
este desdén se desobligan en par- 
ticular.) 

La citóla es por demás, cuando el 
molinero es sordo. 

La zorra no se anda á grillos, ó que 
se anda á grillos. (Que cada uno siga, 
ó sigue, su negocio.) 

La zorra va por el mijo, y no co- 
me; mas dale con el rabo, y sacude el 
grano. 

La zorra vieja, vuélvese bermeja. 

La jaula hecha, la pega muerta, ó 
la picaza muerta. 

La xra de Mayo, vale los bueyes y 
el carro, y la de Junio, los bueyes y 
el yugo. 

La jervilla al pie, en mala hora me 
la calcé. (Que sucede cada rato cosas 
no pensadas; jervilla es zapato de mu- 
jer abierto por el atar; algunos dicen 
servilla, como sastre, y xastra.) 

La gente de Malpartida, poca y mal 
avenida. 



171 



La gente pone, y Dios dispone. El 
hombre propone, y Dios dispone. 

La justicia y el escribano, cogen en 
el teso y no en el llano. (Quiere de- 
cir que ganan con los tiesos y porfia- 
dos, y no con los llanos y llegados á 
razón; graciosa ambigüedad del sem- 
brar y coger.) 

La justicia de Almudévar. (Por ton- 
ta y boba justicia, ó sentencia; queda 
declarado en la otra: al plano de la 
Violada.) 

La justicia de Peralvillo, que ahor- 
cado el hombre hacíale pesquisa del 
delito. (Peralvillo es cerca de Ciudad 
Real, donde justicia la Santa Her- 
mandad.) 

La justicia de Peralvillo.. que des- 
pués de ahorcado el hombre le leen 
la sentencia del delito. 

La judía de Zaragoza, que cegó llo- 
rando duelos ajenos. (Por venir.) 

La juventud tiene la fuerza, y la se- 
nectud la prudencia. 

La sardina arencada, debajo del so- 
baco se asa. 

La sardina en la llama, y la moza 
en la cama. 

La sardina y el puerco, si volaran, 
en mucho más se estimaran. 

La sardina y la longaniza, al calor 
de la ceniza. 

La sardina lo que quiere espira 
y bebe. (Espirar, sacar el aire de la 
bota, quitar el espirón al barril, ó 
calabaza.) 

La sardina lo que requiere espira 
y bebe. 

La sardina de Flandes, que hu- 
yendo de las llamas dio en las bra- 
as. 

La sardina de Blanes saltó de la 
sartén y dio en las brasas. 

La sardina de Blanes, que por huir 
del fuego dio en las brasas. 

La sardina galiciana y el pescado 
de Irlanda. 

La sal, cuanto salga tanto val. 
(Cuando sala; salgar, es salar.) 

La salud no es conocida sino cuan- 
do es perdida. 

La salud no es conocida hasta que 
es perdida. 

La salsa de San Bernardo. (Por la 
gana de comer, y hambre, porque 



este santo fué muy trabajador y ayu- 
nador.) 

La servilla al pie, en mala hora me 
la calcé. 

La sangre sin fuego hierve. 

La seda con la mano, y con esco- 
billa el paño. 

La sepultura, por vieja que sea, 
cuando la dicen responso bien se re- 
crea. 

La semana de Ramos, lava tus pa- 
ños, porque la semana mayor ó llo- 
verá ó hará sol. (La Semana Santa se 
llama la semana mayor.) 

La semana que no tenga viernes ó 
no tuviere viernes. (Dan á entender 
con esto que no se hará lo que se 
pide ó promete.) 

La señora mi señora, la mujer de 
mi señor en quien cocinamos. (Des- 
dén á entono vano.) 

La sierra con la nieve es buena. 

La sisa de Dios, de tres blancas 
dos. 

La sisa bouna, de tres blancas una, 
ó la sisa bobuna. 

La sortija y la espadaren cuya mano 
anda es estimada. 

La soga quiebra por lo más delga- 
do, ó siempre quiebra por lo más 
delgado. 

La sobrecarga á la bestia mata. 

La sobrecarga mata la bestia. 

La suegra rogada, y la olla reposa- 
da. (Dícese por parte de la suegra 
para ser ella estimada, y la hija del 
yerno y consuegros.) 

La suya sobre el hito. (Dícese de 
los que quieren que su razón . valga 
sobre la de los' otros. Varíase: la mía, 
la tuya, la suya, sobre el hito. Hito es 
la señal del juego del herrón, y de 
otros juegos á que se tira, y suele ser 
un huesezuelo blanco hincado en el 
suelo, y por eso hito, y fijo.) 

La danza de Orgaz, siete tambori- 
les y un danzante. 

La dama erguida, la zagala despe- 
dida. 

La dama en la calle, grave y hones- 
ta; en la iglesia, devota y compuesta; 
en casa, escoba, discreta y hacendosa; 
en el estrado, señora; en el campo, 
corza; en la cama, graciosa, y será en 
todo hermosa. 



172 - 



La dama y la galga, en la cama, ó 
en la manga. 

La de Navidad al sol, y la Florida 
al tizón. 

La de santo Leprisco. (Dicho de 
donaire como San Ciruelo, San Pito.) 

La de Tiso no tiene hijos porque 
la faltan los argamandijos. 

La de Mazagatos. Vióse en la de 
Mazagatos. (Varíase de muchas mane- 
ras denotando peligro y trance ó re- 
vuelta; fórmase el nombre Mazagatos 
de las mazas que ponen por el an- 
truejo á perros y gatos, y los gatos 
atados á perros por maza, de donde 
unos y otros escapan con dificultad, 
y al que escapó decimos que escapó 
de la de Mazagatos, esto es, en tribu- 
lación, y úsase el nombre como pro- 
pio de algún lugar en que se dio ba- 
talla como la de Olmedo, la del Sala- 
do, la de las Navas, la de Ronces Va- 
lles, , y no ha faltado quien fingiese 
historia de Mazagatos, para comedia.) 

La deleitosa vida, padre y madre 
olvida. (La buena vida.) 

La defensa no son las paredes. 
(Dice que lo son los hombres valero- 
sos, y la virtud y honestidad de las 
mujeres.) 

La demanda del santo Grial. 

La demasiada cera, quema la igle- 
sia; el portugués: A cera sobexa, que- 
ma á igrexa. 

La diligencia, aprovecha á veces 
más que la ciencia. 

La definición de la cirugía: sacar 
de tu bolsa, y echar en la mía. 

La división y la destrucción, de un 
parto son. 

La dicha de las feas. (Paréceme que 
ellas se la granjean con sus buenos 
agrados y aderezos.) 

La doncella y el azor, las espaldas 
al sol. 

La doncella y el garzón, para en 
uno son. 

La doncella no la llaman, y viéne- 
se ella. 

La dominica sibona, deja el pollo y 
toma la polla. (La Dominica sibona es 
la primera de Septiembre en que co- 
mienza el libro de Job, y el primer 
responsorio comienza por aquellas 
palabras del mismo santo: Si bona 



suscepimus de mann Dei, en roman- 
ce, si los bienes recibimos de la mano 
de Dios, que por ser tan solemnes dan 
nombre á la Dominica, en el cual 
tiempo comienzan á ser mejores las 
pollas que los pollos para comer, 
porque comienzan á gallear.) 

La dulzura quita el enojo, y la cor- 
dura abre el ojo. 

La falta del amigo hase de conocer, 
no aborrecer. 

La fee sin obras, es fe muerta. 

La fortuna cuando más amiga, arma 
la zancadilla. 

La fuen cristiana, cuando llueve 
mana. 

La fuerza de la verdad, las lenguas 
de los enemigos trae á su mandar. 

La fuen jordana, que cuando llueve 
mana, y cuando vienen los segadores 
está llena de cagajones. 

La flaca baila en la boda, que no la 
gorda. (Defensa de las flacas.) 

La flema de Pero Hernández. (Fué 
un personaje de entremés, tan flemá- 
tico, que de puro frío era gracioso, y 
se tomó su flema por refrán.) 
/La flordel romero,niña Isabel, hoy 
es flor azul y mañana será miel. 

La gala y la gentileza, ¿dónde está? 
Donde está la honestidad. 

La gala del estudiante, en cuello y 
guante; la del lego, en zapato y cuello. 

La gana del pardal, y del gallo la 
Mbertad. 

La ganancia y la laceria corren de 
feria en feria. (Una para unos y otra 
para otros.) 

La ganancia de cualquier cosa, es 
bien sabrosa y olorosa. 

La ganancia del carretero, entra 
por la puerta y sale por el humero. 

La gansa de Cantimpalos, que salía 
al lobo al camino. (Los de este lugar 
cuentan por tradición de los pasados, 
que una mujer llamada la Gansa, sa- 
lía al camino de otro lugarejo veci- 
no á tratar á solas con el cura de 
allí, que se llamaba Lobo. Camtimpa- 
los ó Cantipalos, es cerca de Segovia; 
el otro lugarcillo del cura ya está 
despoblado. El vulgo ha trocado este 
refrán en el otro: El ánsar de Can- 
timpalos ó Cantimpalo, porque á los 
nombres que comienzan en A, aunque 



— 173 



sean de hembras, se pone el artículo 
el: el ánsar, por la ánsar hembra. 

La gata de Juan Ramos cierra los 
ojos y abre las manos. 

La gata de Venus, por gata muy 
hermosa, que la pidió un mozo hecha 
doncella, y estando en el tálamo co- 
rrió tras un ratón, denota que la na- 
tural inclinación minease deja. 

La gata de Marirramos, que está 
muerta y caza ratos, ó ratones. 

La gata de Marirramos, que se ha- 
cía muertecina para cazar los ratos. 
(En éstos, unos dicen Juan Ramos, 
otros Mari Ramos, otros Marcos.) 

La gata de Marirramos, que se ta- 
paba los ojos por no ver los ratos. 

La gata, desque ha comido se lava. 

La gallina, escarvando, halla el cu- 
chillo con que la matan ó con que se 
mata. 

La gallina no pone del gallo, sino 
del papo. 

La gallina no pone por el gallo, 
sino por el papo. 

La gallina de mi vecina siempre es 
más gorda que la mía. 

La gallina de Monzón por el pico 
pon. 

La gallina bien galleada, y la moza 
bien requebrada. 

La gallina que en casa ñca, siem- 
pre pica. (Alegoría de aves y anima- 
les caseros que salen al campo y fue- 
ra de casa, y la gallina se queda en 
ella. Quiere decir que la mujer come 
en casa cuando quiera y cada rato, y 
así no tiene á la hora de comer el 
hambre y necesidad que el hombre y 
mozo, que vienen de trabajar en la 
heredad.) 

La gallina que no toma el gallo, 
pone el güevo sin meaja. 

La gallina que canta al maitín, y la 
mujer que parla latín,nunca hicieron 
buen fin. 

La guerra y la cena, comenzándo- 
la luego se atea. 

La guerra hace los ladrones, y la 
paz los ahorca. (Refiérese este refrán 
en el tratado de caballería por el 
Gran Capitán platicado en Burgos 
con el Condestable.) 

La gordura á necias luce, como el 
oro que reluce. (Suelto dicen: «La 



gordura luce á necias como el oro».) 

La gota es mal de ricos. (Es opi- 
nión vulgar, aunque se ignora la bue- 
na alegoría; la razón es porque así 
como la gota encoge los dedos de las 
manos, así el que los encoge y no 
da lo que tiene y guarda, es rico y 
encogido de manos como el gotoso, 
y por guardoso tenido por rico.) 

La gota no quiere ni gota. (La gota, 
enfermedad, no quiere ni gota de 
vino, porque con vino y Venus se 
aumenta, y como dice un epigrama 
griego del Florilegio: «La gota es hija 
de Baco y Venus».) 

La gotera dando, hace señal en la 
piedra. (Así acaece porfiando hacer 
mella en la dama ó en su fama.) 

La güebra de ladera, al amo la en- 
seña; la de lo llano, ni á la ama, ni al 
amo. (Porque en ladera parece mucho 
lo arado, y en llano no tanto.) 

La gracia de mi hija, que llevándo- 
la á casar, dijo: Madre, quiero caca, 
y dijo la madre, nunca yo la goce si 
se lo enseñó. 

La barca está rota, sálvese quien 
pudiere. 

La barca no sana, sino con devo- 
ción de Marta. (Véase la intención.) 

La barba del clérigo, rapada le nace 
pelo. (Que aunque alguna vez esté en 
pobreza, presto se remedia con su be- 
neficio ó prebenda.) 

La barba mojada, toma á Ja enjuta 
en la cama. (Mojada es la del que ma- 
druga y se ha lavado antes que el otro 
se levante, ó la dio al rocío.) 

La barba hendida, la ga'a cumpli- 
da. (Contra los que se precian de co- 
sas livianas y de poca substancia, y 
es lisonja. En cada tiempo su uso 
como en cada tierra. En este se usa 
poca barba, como un clavete; antes 
se usaba barba ancha y cuadrada, y 
primero barba larga, y algún tiempo 
en dos puntas, nazarena, cuando se 
hizo este refrán.) 

La baba le corre á Juan de la To- 
rre; a Juan de la Torre la baba le co- 
rre. 

La verbena y la verdad, perdido se 
han. (Prosigue en cantar: la verdad en 
los hombres, y la verbena en los mon- 
tes perdido se ha.) 



174 



La verbena, lava y cercena, mas 
cría como colmena. (Parece que en 
tiempo la usaron como jabón, ó ceni- 
za, en coladas, y hacía criar piojos. 

La bendición del romero, puto el 
postrero. (En comenzar á comer.) 

La vendimia, enjuta y fría. 

La bestia en la llana tropieza. (El 
hombre, ó bestia.) 

La bestia que mucho anda, nunca 
falta quien la tanga. (Tañer, y en pre- 
sente de subjuntivo tanga, ó taña, di- 
cen en Castilla la Vieja por arrear la 
bestia dándola con la vara, ó aguijón.) 

La bestia lleva la carga, mas no la 
sobrecarga. 

La belleza de rebusco, y estaba la 
viña por vendimiar. 

La viuda y el capón, lo que come, 
sobre sí lo pon; más breve: La viuda 
y el capón, sobre sí lo pon. (Pon por 
pone, es muy usado.) 

La viuda y capón, sobre sipón. 

La viuda negra, come el carnero 
negro, y las gallinas negras, y los 
güevos que son, ó ponen, las gallinas 
negras, y bebe el vino negro. (Negro 
y negra se toma por cosa de tristeza, 
y juega de la frase; gallina y carnero 
negro, son tenidos por mejores, al 
revés de la frase dicha por ironía.) 

La viuda, gritos, y el cura dice: 
Beneditus. 

La viuda entierra al marido, y el 
cura el nido, ó hace el nido. 

La viuda que se arrebola, por mi 
fee que no duerme sola. 

La viuda con el lutico, y la moza 
con el moquito. (Las casen.) 

La viuda rica, casada fica. (Fica, ó 
finca, en antiguo es queda.) 

La viuda rica, con un ojo llora, y 
con el otro repica. 

La viuda llora, y otros cantan en la 
boda. (Dice la presteza con que se 
casará, y que en este mundo unos 
ríen y otros lloran, y aquéllos vuel- 
ven á llorar, porque es lleno de mu- 
danzas, y más del bien al mal.) 

La bolsa y la puerta abierta, para 
hacer casa cierta. 

La bolsa vacía, y la casa acabada, 
hace al hombre sesudo, mas tarde, y 
en zaga. (Contra los que emprenden 
grandes edificios, y se arrepienten de 



haber gastado mucho cuando no hay 
remedio.) 

La bondad, quien la tiene la da. 

La voz de pleu, voz de Deu. 

La voz del pueblo, voz de Dios. 
(Véole muy usado en el vulgo, y me 
quita la sospecha de ser trasladado 
del latino.) 

La boda de los pobres, toda es 
voces. 

La boca y la bolsa cerrada. 

La boba de la burra, ve que vamos 
de priesa, y párase á pacer. 

La boba del Carpió, iba cada día á 
mirallo, si el trillo tenía piedra en 
cada horado. 

La bobería del cura: es mía la bu- 
rra, y pedíame el alquiler. 

La buena obra, á quien la hace se 
torna. 

La buena obra, al maestro honra. 
(Habla de oficios y artes.) 

La buena obra pedida, ya va com- 
prada y vendida. 

La buena nalga, bien hinca la es- 
taca. 

La buena cena temprano parece. 
(Que luego se descubre y echa de ver 
el buen fin que han de tener las co- 
sas que tal le merecen.) 

La buena diligencia es madre de la 
buena ventura. 

La buena dueña, zamarrica corta, 
calabaza luenga. 

La buena fama es como el ciprés, 
que si. una vez quiebra no reverdece 
después. 

La buena guerra, hace buena paz, ó 
buena paz engendra. 

La buena cara es carta de recomen- 
dación. 

La buena conversación es manjar 
del alma, y lleva caballeros á los de 
á pie. 

La buena portada honra la casa. 
(Es verdad, y los que tienen gran 
boca se escudan y defienden con este 
refrán.) 

La buena posa, quiebra el día. 
(Posa aquí quiere decir sentada en 
conversación, que alivia el trabajo 
del día, y también que no se acaba la 
tarea ó jornada.) 

La buena presencia es carta de re- 
comendación y creencia. 



175 



La buena presencia, excusa la pre- 
gunta. (De cómo está de la salud.) 

La buena tierra negra, buen pan 
lleva; la blanca, como alcanza. 

La buena vieja, harta laceria pasa 
con su manto y jarro, y de casa en 
<;asa. 

La buena vida, padre y madre ol- 
vida. (La deliciosa vida.) 

La buena madre no dice quieres. 
XHace dos sentidos: uno que acude al 
menester de sus hijos, el otro que 
manda lo que conviene sin pregun- 
tar la voluntad de su hija, acaso me- 
lindrosa. Aplícase á los que pregun- 
tan á otros si quieren la cosa, señal 
de pocaganade dar.) 

La buena moza es como la pera zu- 
mosa, que comiéndola da gana de 
otra. 

La buena muía en el establo se 
vende. 

La buena mujer, pestañas de oré- 
gano. (Dicho á desdén.) 

La buena hilandera, del huso hace 
tortera. (Que hila sin tortera; llaman 
tortera una rodaja que tiene el huso 
de hierro al cabo, y á los de palo se 
la suelen poner de cera para que ha- 
gan más peso.) 

La buena hilandera, con el rabo 
del asno hila su tela. (Anima y quita 
excusas á perezosas, porque con cual- 
quiera huso sabe hilar la mujer ha- 
cendosa.) 

La buena hilandera, por San Bar- 
tolomé comienza la tela, y la que 
buena echó, por la Madalena co- 
menzó. 

La buena hilandera, por San Bar- 
tolomé comienza la tela, y la muy 
buena, porla Madalena. Otros dicen: 
La buena hilandera, desde San Barto- 
lomé comienza la tela, y la más bue- 
na, desde la Madalena. 

La buena hilandera, desde San Bar- 
tolomé la vela, y la muy buena, des- 
de la Madalena, y la mejor, desde 
San Salvador. 

La buena hilandera, por San Bar- 
tolomé comienza la vela; mas la mala, 
por la Candelaria. 

La buena hija, dos veces viene á 
casa. (Dícese de la que enviuda pres- 
to, y se vuelve á la sujeción de sus 



padres, y no se queda en libertad da- 
ñosa en mozas.) 

La burla dineros cuesta, ó dineros 
quiere. (Porque muchas veces sale á 
veras.) 

La burra y la mujer, apaleadas 
quieren ser. (La muía, la noguera, la 
encina, la bestia y la mujer: con to- 
das estas cosas se varía.) 

La burra del villano, muía es en 
verano. (Porque con la hierba y pas- 
to del verano y Agosto, está más gor- 
da y anda bien como no hay lodos.) 

La burra que tiene pollino, no va 
derecha al molino. 

La burra preñada, cargarla hasta 
que para, y después de parida, cada 
día. (Otra cosa dice en alegoría.) 

La breva dura, á muchas pulgara- 
das madura. 

La blanda respuesta, la ira quie- 
bra; la dura, la despierta. 

La blanca del español, hace rico al 
ginovés. (Porque el español no repa- 
ra en poco, y el otro recoge los mu- 
chos pocos y así se aprovecha.) 

La blanca con frío, no vale un higo; 
la negra, ni higo, ni breva. 

La blancura, mil tachas disimula. 

La cara hace fiesta, que no el culo 
á la finiestra. 

La carne en el techo, y la hambre 
en el pecho. (Contra escasos.) 

La carne sobre el güeso, relumbra 
como espejo. 

La carne de las agujas sabe bien, 
mas no es para quien hijos tien. 

La carne de pluma, quita del rostro 
la arruga. 

La carne del pecho es poca y sabe 
bien, mas no es para quien hijos tien. 

La carne pide carne, y el pescado 
aceite y vinagre. 

La carne pone carne, y el pan pone 
panza, y el vino guía la danza. 

La carne pone carne, y el vino cría 
buena sangre, y la buena sangre bue- 
na alma; la buena alma vase al cielo. 

La cárcel y la cuaresma para los 
pobres es hecha. 

La cárcel no come los hombres. 
(Consuelo cuando sucede ir á ella.) 

La carga bien se lleva, el sobornal 
causa la queda. (El detenimiento.) 

La carga cansa, la sobrecarga mata. 



176 



La calabaza me embaza, y el barril 
me hace reír, ó la calabaza me em- 
baraza. 

La cantimplora, lo que en verano 
canta, en invierno lo llora. (Que es 
dañosa á la salud la mucha frialdad 
de la bebida, y se paga después.) 

La casa envinada, medio empeñada. 

La casa sin fuego ni llama, semeja 
al cuerpo sin alma. 

La casa de Celestina, todos la saben 
y nadie la atina. 

La casa del doliente quémase y no 
se siente. (Que se consume la ha- 
cienda.) 

La casa quemada, acudir con el 
agua. 

La casa hecha, y el huerco á la 
puerta. 

La casa labrada y echa, y el ataúd 
á la puerta. (Dícese también güerco, 
por huerco.) 

La casada en tierra ajena, ella se 
desdeña. (Porque como tiene pccos 
conocidos, suele afligirse y estar des- 
contenta,) 

La cabeza, el comer lá endereza. 

La cabeza del lobo. (Así llamamos 
al achaque y amenaza con que se po- 
ne miedo como á los niños con el 
coco, y es achaque para sacar dinero 
ú otra cosa; es la cabeza del lobo, que- 
da en la E.) 

La cabeza del barbo, y del budión 
ante tí la pon, y la de la tenca ante 
tu suegra. (Budión es pez de buena 
cabeza, no la tenca.) 

La cabeza del budión ante tí la pon, 
y la de la boga ante tua sogra. (Ga- 
llego dice y asturiano.) 

La cabeza blanca y el seso por 
venir. 

La cabra nueva come la sal, y la 
vieja la sal y el costal. 

La cabra de mi vecina tiene un pie 
más que la mía. 

La cabra de mi vecina, más leche 
da que la mía, ó da más leche que no 
la mía. 

La cabra coja no quiere siesta, y 
sila quiere caro la cuesta. 

La cabra coja, cabe la casa trota. 

La cabra coja no es sana. 

La cabra va por la viña, como ha- 
ce la madre hace la hija. 



La cabra va por la viña, por do va 
lá madre va la hija. 

La cabra vieja lame la talega. (De 
la sal que la suelen dar.) 

La cabra mocha, leche es toda. 

La cabra chica, siempre es chiva. 

La cabrilla de mi vecina, más le- 
che trae que la mía. 

La caca callarla. (Dícese á los que 
callan lo malo ó su culpa, y dicen lo 
que les está bien.) 

La caca, peor es urgalla. La mier- 
da, dejalla estar queda. 

La cama es buena cosa, quien no 
puede dormir,reposa. 

La cama y la cárcel, son prueba de 
amigos. (La enfermedad y prisión.) 

La cama de la reina, primero los 
pies que la cabecera. (Entiende se 
haga cuando la mullen sin quitar 
fuera los colchones.) 

La cama guarda la fama. (El reco- 
gimiento y casamiento.) 

La cama caliente, y la escudilla re- 
ciente. (Se haga, y se lave; aviso á las 
mujeres que sean cuidadosas y de 
buen aliño.) 

La caña fuese quebrada y no fuese 
sonada. (Cuánto importa que la quie- 
bra de la honra de la mujer sea se- 
creta y la de la hacienda y toda per- 
sona.) 

La Caña quebrada y no soldada. 

La que á los hombres cree jurando, 
sus ojos quebranta llorando. 

La que ha de ser bien casada, á su 
costa lo ha de ser. 

La que al hombre cree el jurar al, 
no gana que llorar. 

La que en marzo veló, tarde acordó. 

La que urde y trama la tela, esa 
mesma la teja. 

La que lo aliña, esa lo hila. (Por el 
trabajo y cuidado que pone hasta 
sacar tela.) 

La que luce entre las ollas, no luce 
entre las otras (ó quien luce entre). 

La que no es casamentera, no goza 
la fiesta entera. 

La que no baila, de la boda se salga. 

La que no pone seso á la olla, no 
tiene cholla. 

La que no tiene suegra ni cuñada, 
esa es bien casada. 

La que no tiene doncella, sírvase 



177 



ella, y la que no tiene moza, barra la 
casa y ponga su olla. 

La que se lava con dragontía, con 
la reina se pone en porfía, por un rato, 
mas no por un día.. (Dragontía es plan- 
ta que también llaman taragontía, y 
lleva unas pencas, ó cañas, como cu- 
lebras labradas de jaspeado con ver- 
de y blanco y obscuro. Las mujeres 
sabrán cómo sacan agua de ella. En 
Salamanca no la he visto; conocíla 
en la Vera de Placencia.) 

La que se viste de verde, en su her- 
mosura se atreve. 

La que se muestra á beber de tier- 
na, enviará el hilado á la taberna. 

La que de alto hila, el huso la cae, 
y el culo la pía. 

La que del baño viene, bien sabe 
lo que quiere. (Juntarse con el varón.) 

La que buena quiere ser, no se lo 
quita el mi tañer, ó no se lo veda. 

La que quiere ser buena, no se lo 
quita la mi vigüela. 

La que quisiere hacer de la vaca 
carnero, échela á cocer en agua hir- 
viendo, ó échela en agua cociendo. 

La que quisiere hacer vaca de la 
gallina, échela á cocer en agua fría. 
(Pudiérase éste y el pasado comen- 
zar: Quien quiere hacer.) 

La que quisiere hacer mejor pan 
que su vecina, máselo con agua y no 
con harina. 

La que con muchos se casa, á todos 
enfada. (La que con muchos llega á 
concierto de casar, y no acaba de es- 
coger uno, y queda mal, y cada sema- 
na se casa de nuevo, y habla de nue- 
vo casamiento, á todos cansa; no lo 
entendió Malara.) 

La que por San Bartolomé no vela, 
nunca hace buena tela. 

La que presto empieza, presto lo 
deja. (Habla de los partos de las mu- 
jeres.) 

^ La que tiene el marido bueno, no 
tiene seguro el cielo. 

La que tiene el marido chico, ¿dón- 
de irá? pues todos los males ha. 
, La que trujo el Cid en las alforjas. 
(Para decir que una espada es muy 
vieja y antigua, y orinienta.) 

La que mal marida, nunca la falta 
qué diga. 



La que mal marido tiene, en el to- 
cado se le parece. 

La que mucho visita las santas, no 
tiene tela en las estacas. 

La que mucho hizo, se muere, y la 
que poco, tambiene. 

La que menos escuchare de los 
hombres la razón, esa librará mejor. 

La que trasquila, y da á hilar, co- 
mo la que pare, y da á criar. 

La que hila de cabeza, hila y ateza. 

La que hila de raíz, hila y maldiz. 

La que hila cada día bulto de un 
güevo de gallina, no irá á pedir ca- 
misa á su vecina. 

Laque hila de continuo un güevo 
de gallina, no pedirá camisa presta- 
da á su vecina. 

La que hizo un yerro, y pudien- 
do no hizo más, por buena la ten- 
drás. 

La que huye y se espanta del aire, 
no huirá de un fraile. 

La que huye de un ratón atado, no 
huirá de un fraile arremangado. 

La quinta rueda del carro, no hace 
sino embarazo. 

La corona al lado, señal de otro 
hermano, ó .el remolino al lado, se- 
ñal de otro hermano. (Es la coronilla 
que hace el cabello en la cabeza. Di- 
cho es de mujeres, y opinión de las 
comadres.) 

La corona rasa, bien está en casa. 
(Que medra la casa donde hay cléri- 
go con renta de Iglesia; también que 
sea recogido el clérigo.) 

La cordera mansa, mama á su ma- 
dre y á toda la piara. 

La corcova que el árbol nuevo hi- 
ciere, en cuanto fuere mayor se le 
hará peor. 

La colación de la Luisa, siete pa- 
nes y una sardina. 

La conciencia del lobo, que por li- 
bra y media lleva el asno, y dice que 
va engañado. 

La condesa que nació el año de los 
cagajones, que no se la puede llamar 
menos que señoría. (Desdén contra 
las presumidas.) 

La condición del áncora, no sabe 
nadar, y siempre anda en el agua. 

La compañía del ahorcado, ir con 
él, y dejarle colgado. 



12 



178 



La compañía por honor, antes con 
tu igual que con otro mayor. 

La compostelana rica, hermosa la 
leonina y fuerte la salmantina. (Ha- 
bla de las iglesias. Compostela es la 
ciudad de Santiago; la iglesia vieja 
de Salamanca es en parte fortaleza 
con almenas.) 

La conversación con persona leída 
es media vida; con no leída, desabri- 
da; con ruda, es cosa dura. 

La costurera mala, el hilo la emba- 
raza 

La costumbre larga, los dolores 
amansa. 

La costumbre de jurar, jugar y bri- 
viar, mala es de dejar, ó mala es de 
quitar y desechar. (Brivia es la picar- 
día y mendiguez, y briviar, ó brivar, 
andar á la vida mendicante; andar á 
la brivia, mendigar holgando, y vi- 
vir del sudor ajeno; brivión ó brivón, 
el tal mendigo.) 

La costumbre hace ley. 

La coz de la yegua no mata la po- 
tranca. (Que el castigo de las madres 
es poco, y aun el de agüelos y viejos.) 

La coz de la yegua no hace mal al 
potro. 

La cocinera de Mendoza, ó sucia, ó 
golosa. 

La codicia rompe el saco, ó quizá 
le romperá donde no está. 

La comadreja pare por la boca, y 
empréñase por la oreja. (Este refrán 
tiene mucha gracia en la metáfora y 
alegoría; es como si dijera mi coma- 
dre dice y echa por la boca todo lo 
que oye y recibe por los oídos; coma- 
dreja es ambiguo, por el animalejo 
menor que hurón, y por diminutivo 
de comadre. Es contra los que no 
guardan secreto y todo lo parlan.) 

La comida del hidalgo, poca vian- 
da y mantel largo. 

La comida caliente, y la bebida 
fría. Caliente la comida, fría la be- 
bida. 

La comida que se pierde por comi- 
da, no es perdida. 

La comida que por comida se pier- 
de, no es perdida. (Dícese por los 
que se quejan que no comen bien si 
almuerzan, ó no cenan si merien- 
dan.) 



La comida, comida, deshecha la 
compañía, ó la compañía deshecha. 

La comida reposada, y la cena pa- 
seada. (No porque sea necesario pa- 
sear la cena, sino porque haya tiem- 
po de ella hasta el dormir; que no es 
bueno acostarse en cenando.) 

La comida hecha, la compañía des- 
hecha.) 

La cochinilla de San Antón. (Hace 
refrán por acomodación.) 

La cuaresma y la justicia para los 
ruines. 

La cuenta del perdido, lo que no se 
hiciere hoy, ahí está el domingo. 

La cuenta del trillo, en cada aguje- 
ro su guijo. 

La cuenta del trillo, en cada aguje- 
ro su piedra, y la boba del Carpió iba 
cada día á mirallo. 

La cuenta del trillo, una piedra en 
cada aguijo. 

La culebra herida, de la sombra se 
espanta, ó ha miedo, ó la sombra la 
espanta. 

La culebra herida, siente de la ra- 
badilla. 

La culebra herida duélese de la ra- 
badilla. (Es alegoría, que si á una 
persona la tocan en lo que está sen- 
tida de ofensas, luego salta y se 
queja.) 

La culpa del asno echarla á la al- 
barda. 

La cuba y la hermana, cuando te la 
piden, dala. 

La cuba de vino, primero aprecia- 
da que mostrada. 

La cuba güele al vino que tiene, ó 
la cueva y bodega güele al . 

La cuba llena y la suegra beoda. 
(Entiende querer, y no puede ser.) 

La cuñada de lejos me la alaba. 

La crencha al ojo, marido tinoso. 
(Aconseja ü la moza buen aliño, y 
que la crencha ha de salir derecha al 
medio de la frente, no al lado para 
parecer bien.) 

La cruz en los pechos, y el diablo 
en los hechos. 

La cruz de Maribáñez, que pierdas 
y no ganes. (La tal cuando juraba la 
cruz era para engañar.) 

La palabra de la boca, mucho vale 
y poco costa. (Ser buena.) 



179 



La palabra que sale de la boca, nun- 
ca más torna. 

La panadera, cada día es nueva. 
{Porque no siempre acierta en hacer 
buen pan.) 

La pascua del aldeano, la barba he- 
cha, el tejuelo en la mano, ó la barba 
hecha, y el cuchillo amolado. 

La paz de Juan Ruiz. (Dícese cuan- 
do alguno en lugar de poner paz, 
mete cizaña y aporrea á unos y á 
otros, porque Juan Ruiz es el mismo 
del otro refrán: Cuando Juan Ruiz 
pone paz; dícese poner paz, ó meter 
paz.) 

La paz de Judas. (Dicho por se- 
mejanza de mal trato en color de 
paz.) 

La paciencia y sufrimiento es ma- 
dre de la honra, y padre del aumento. 

La paja en el ojo ajeno, y no la 
viga en el nuestro. (Suple vemos.) 

La paja está en el pajar, tiempo es 
de hilar. 

La pera y la doncella, la que calla 
es buena. (La pera que no rechina al 
cortar.) 

La pera no espera, mas la manzana 
espera. (Que más presto podrece la 
pera que la manzana, camuesa y pe- 
ros; y hace ambigüedad de esperar, á 
es pera, no es pera.) 

La pereza no lava cabeza, y si la 
lava no la peina. 

La pereza nunca hizo nobleza. 

La pereza nunca hizo cosa bien 
hecha. 

La pereza nunca hizo cosa buena. 

La perseverancia toda cosa alcanza. 

La persona sanguina y el perro la- 
nudo, antes muerto que lo vea nin- 
guno. 

La perdiz emperdigada, de á dos 
vueltas es asada. 

La perdiz es perdida si caliente no 
es comida. 

La perdiz y la camuesa por Navi- 
dad es buena. 

La perdiz con la mano en la nariz. 
(Que sediza (sic) se puede comer.) 

La pena es coja, mas llega. Coja es 
la pena, mas llega. (Lo del otro re- 
frán: «Dios consiente, mas no para 
siempre.» Dios sufre mucho, y va muy 
poco á poco á vengar las ofensas que 



le han hecho, y aun lo dice Valerio 
Máximo, siendo gentil.) 

La peste á la puerta viene, un cuar- 
to quiere, dala dos é iráse con Dios. 
(Persuade la limosna. San Agustín en 
el sermón De verbis Apostoli, cap. 3.) 

La pega quiso danzar, y no supo 
andar. 

La peña es dura, y el agua menuda, 
mas cayendo cada día, hace cava- 
dura. 

La peña es dura, pero más recia es 
la cuña. (Con que la peña se quie- 
bra.) 

La peña de Martos la tienen dos la- 
gartos atados con dos espartos.(Dicen 
que la tienen en medio dos dehe- 
sas de dos comendadores significa- 
dos por los dos lagartos, y ella los 
divide, y en la palabra espartos po- 
nen gracia por paranomasia, que dice 
apartóos, ó despartoos; paranomasia, 
semejanza de un vocablo á otro.) 

La pierna en el lecho, y el brazo 
en el pecho. (Se cura.) 

La piernaquebrada y en casa. (Riñe 
á las mujeres amigas de andar, que 
están mejor en casa, aunque sea con 
la pierna quebrada.) 

La piedra es dura, y la gota menu- 
da, mas cayendo de continuo hace 
cavadura. 

La piedra y la doncella sin vella. 
(Es de pirte del que la vende y casa, 
que no las ha de dejar ver mucho 
porque no las pongan faltas, sino que 
se venda y case con la buena opinión 
en que están.) 

La piedra y la palabra, no se reco- 
ge después de echada. 

La piedra, del tuyo te hiera. (Que 
el castigo ó mal que hace el deudo, 
y de su bando, es menos que el del 
enemigo.) 

La piedra que mucho roda, 
no es buena para cimiento; 
la moza que á muchos ama, 
tarde halla casamiento. 

La picaza en el soto, ni la tomará 
el necio ni el doto. (Por la mucha es- 
pesura de matas y árboles.) 

La pintura y la pelea, desde lejos 
me la otea. 

La pimienta escalienta. 

La porfía mata la caza. (Este refrán 



— 180 — 



saben bien las damas que quieren ser 
requebradas.) 

La postrera media, es mala de hen- 
chir y hacer llena. 

La postrera medida es mala y peor 
de hinchir. 

La postrera medida en todas las 
cosas mala es de llenar, hinchir y 
cumplir. 

La pobreza aviva los ingenios, y las 
leyes hacen á los hombres buenos. 

La pobreza es escalera del infierno 
al que de virtud anda enfermo. 

La pobreza es escalera del cielo al 
bueno, y al malo del infierno. 

La pobreza extraña es en su natu- 
raleza. 

La pobreza no es vileza, mas es 
ramo de picardía. 

La pobreza no es vileza, mas des- 
lustra la nobleza. 

La pobreza no quita virtud, ni la 
pone la riqueza, mas son causa de 
quitalla ó de ponella. 

La pobreza tiene cara de mala mu- 
jer: de puta, ladrona, alcagüeta, rahez. 

La pobreza hace al hombre estar 
en tristeza. 

La poma en el sequero, y la moza 
en el mesón, maduran antes de sazón. 

La poma de Adán. La manzana de 
Adán. 

La puerca de la panadera, harta, 
querellosa y descontenta. 

La puerca de mi vecina, aunque 
pare muchos los menos cría. 

La puerca rubia, lo que hace eso 
cuida. (Quien ha las hechas, ha las 
sospechas.) 

La puerta y la bolsa abierta para 
hacer casa cierta, ó como queda atrás: 
La bolsa y la puerta abierta. (Entien- 
do también para los que á ella vienen 
á demandar, que si les dan y acogen, 
siempre acuden allí; y para el que 
quiere tener cabida en alguna parte 
de ella, lo alcanza con franqueza.) 

La puerta falsa es la que gasta la 
casa. 

La puente de los asnos. (En la dia- 
léctica es la entrada á los Silogismos, 
en el cual libro muchos se confunden 
y desmayan, y se pasan á cánones y 
ahí pintó el Maestro solo una puente 
cayendo de ella un asno.) 



La pulga le parece toro. 

La pulga, si la mataren en la uña, 
espérela su marido en la luna, y si la 
mataren en el fuego, no la espere, cá- 
sese luego. (Esto es porque después 
de reventada una pulga la vemos 
andar.) 

La pulga que sale detrás de la ore- 
ja, con el diablo se aconseja. (Porque 
fácilmente echan la mano y la cogen.) 

La pulga tras la oreja, con el diablo 
se aconseja. 

La puta y la lechuza, una tempora- 
dita dura, ó una temporada les dura. 

La pu'a y la corneja, mientras más 
se lava más negra semeja. 

La puta cabe la senda la busca. 

La puñada del zapatero, no va nada 
en ello. (Esto decía un zapatero al 
que despartía á dos de ellos que se 
apuñeteaban.) 

La priesa mete la liebre en la ca- 
rrera. (Que por fuerza y violencia se 
hacen cosas que de otra manera no 
se hicieran.) 

La priesa mete á la liebre en cami- 
no y vereda. 

La primera y esa en piedra. (Cuan- 
do sucede mal la primera vez que 
algo se hace.) 

La primera se da por primilla, la 
segunda se castiga. (Primilla es per- 
dón por el primer yerro, que se da 
esperando enmienda.) 

La primera parte del necio es te- 
nerse por discreto. 

La primera vale por dos. 

La primera mujer es matrimonio, 
la segunda compañía, la tercera be- 
llaquería. 

La primera mujer escoba, y la se- 
gunda señora. (Sin decir mujer se 
dice: La primera escoba, y la segun- 
da señora. Sucede esto en segundo 
matrimonio, porque los hombres es- 
tán ya más prudentes y entrados en 
días, y para ganar la voluntad y amor 
á la nueva mujer, y por ser más moza 
la tratan bien.) 

La primera lluvia de Agosto, apre- 
sura el mosto. 

La promesa del noble y honrado 
es dinero de contado. 

La prudencia en el que la tiene, 
muchos daños y males previene. 



181 



La talega de la sal quiere caudal. (En 
otras partes dicen la tarrüla de la sal, 
que es de corcho pequeña, como ces- 
ta, y sirve sólo de tener la sal.) 

La talega de la sal, mala es de sus- 
tentar. 

La tasa no tiene medida. (Porque 
ella en sí basta.) 

La taza es capaz, el vinillo mordaz; 
tengamos la fiesta en paz. 

La taberna por el pendón se conoce. 

La tamariz cuece la vaca y no la 
perdiz. (Que no hace buena brasa.) 

La tercera buena y valedera. (En 
tiros y caídas de luchas.) 

La tela mal tejida, al curar más em- 
bebida. (Porque tiene más lugar de 
encoger el hilo en la rala y floja.) 

La tela menuda á su dueño ayuda. 

La telaraña lo flaco apaña. 

La telaraña suelta al rato y la mos- 
ca apaña, ó aprieta. 

La teja cabe la oreja. (Aconseja 
dormir en alto.) 

La tienda de los cojos, muletas, tra- 
pos y corchos. 

La tierra ajena, quema. 

La tierra estéril, que no se cubre 
de yerba, no dará pasto á vaca ni 
oveja. 

La tierra y la hembra, quien no la 
ara no la siembra. 

La tierra negra, pan lleva; la blan- 
ca, ni pan ni paja. 

La tierra negra, buen pan lleva; la 
blanca, como alcanza. 

La tierra negra, pan lleva; la blan- 
ca, cardillos y rabia mala. 

La tierra negra, pan lleva, que la 
blanca, por las paredes anda. 

La tierra negra lleva el buen pan. 
(Ansí es muy usado y no más.) 

La tierra negra lleva el pan, que la 
blanca por las paredes anda. 

La tierra del yezbo, no la des á tu 
yerno, mas dale la del helécho, por- 
que haya con ella despecho. (La tie- 
rra que le lleva yezbo, ó yervo, es 
fértil; el helécho es importuno de 
arrancar.) 

La tierra do me criare, démela 
Dios por madre. 

La tierra que el hombre sabe, esa 
es su madre. 

La tierra que no se cubre á sí, mal 



me cubrirá á mí. (La tierra estéril 
que no se cubre de yerba, no dará 
pasto al ganado para que me cubra 
con su lana, ni sustentará la gente 
con fruto.) 

La tierra que me sé, por madre me 
la he. 

La tierra cría el heno con que se 
quema. 

La tierra prieta lleva el pan, y la 
blanca el cardizal ó cardillar. (De va- 
rias maneras dicen este refrán, y 
quise ponerlo todo entero antes que 
quebrado, con varias liciones que no 
se enhilan bien, y ansí cumplimos 
con cada uno que le sabe de su ma- 
nera.) 

La tierra morena, buen pan lleva; 
la blanca, ni yerba ni nada, ó la blan- 
ca cardillos. 

La tierra morena, buen pan lleva; 
la blanca, cardillos y lapa. 

La tierra morena lleva el pan, la 
blanca el cardillar. 

La toma de Cabanas. (Por historia 
vieja y de poca hazaña; en otra par- 
te he leído la torna de Cabanas, que 
parece sentir que de allí volvieron 
prósperos, ó vencidos; ó como la ida 
de Juan Gómez de Rojas, que fué en 
la silla y vino en las alforjas.) 

La tonada buena por San Bartolo- 
mé comienza. 

La tu viña poca, en Marzo la cava, 
ó y en Marzo la poda, y en Marzo 
la vuelve la tierra á la hoya, ó en 
Mayo. 

La tu hija hermosa y la mía ventu- 
rosa. 

La tuya la primera. (Aconseja que 
no sea uno corto en acometer en la 
brega; que hiera antes que le hieran, 
y en pleitos y otras cosas justas no 
se deje vencer.) 

La tuya sea la hermosa, la mía la 
dichosa. 

La tuya hermosa, la mía venturo- 
sa. (Hablan de hijas para casar.) 
La tuya sobre el hito; la mía... 
La traición aplace, mas no el trai- 
dor que la hace. 

La traición de Judas. (Para decir 
una muy grande y de amigo.) 

La tristeza que más duele, es la que 
tras placer viene. 



182 — 



La trucha y la mentira, cuanto ma- 
yor, tanto mejor. 

La vaca anda en el prado, y acá 
majan el culantro, ó el ajo; lo que el 
cordero. 

La vaca en el estío, y el carnero en 
tiempo frío. 

La vaca nobleza, la oveja riqueza, 
el puerco tesoro, la cabra socorro. 

La vaca bien cocida y mal asada. 

La vaca que comió antes, ó des- 
pués, no come con los bués. (Dícese 
por la mujer que está en casa, come 
cada rato lo que quiere y no á la 
mesa.) 

La vaca cuanto más se ordeña más 
larga tiene la teta. 

La vaca harta, de la cola hace abri- 
gada. 

La verdad á Dios, á la justicia del 
codo. (Es á los ministros.) 

La verdad aunque amarga se tra- 
ga, y aunque amargue se trague. 

La verdad, aunque amargue, se diga 
y se trague. (Amonesta que se diga 
verdad, de do diere.) 

La verdad anda en la heredad. 

La verdad adelgaza, mas no quie- 
bra su hilaza. 

La verdad ama la claridad. 

La verdad amarga, y la mentira es 
dulce. 

La verdad y el olio, siempre anda 
en somo. (Otros dicen nada en somo.) 

La verdad, es verde; quien la dice 
no medre. (Lo primero dice que la 
verdad es fructuosa y firme de fuer- 
za; lo segundo es pulla y dicho con 
regaño de no medrar, sencillo que 
la dice.) 

La verdad es hija de Dios y la men- 
tira del diablo. 

La verdad tiene gran fuerza, por- 
que no quiebra. 

La verdad como el olio, nada en 
somo. 

La verdad como el olio, siempre 
anda en somo. 

La verdad huye de los rincones. 

La vergüenza en la doncella, su 
fuego refrena, que arde en ella. 

La vergüenza en la doncella, en- 
frena el fuego. 

La vergüenza y la honra, la mujer 
que la pierde, nunca la cobra. 



La vergüenza donde sale una vez, 
nunca más entra, y la sospecha nun- 
ca sale de donde entra. 

La vela y la doncella, abrila las 
piernas; en despabilando, abrir algo 
el pabilo. (Para que dé más luz, y 
puede entenderse por la vela de la 
nave.) 

La venta primera es la buena. 

La venta, la primera es la más bue- 
na. (En comprar y vender.) 

La ventura de la barca, la mocedad 
trabajada y á la vejez quemada. 

La ventura de las feas, la dicha. 
(Hay opinión que son dichosas en 
maridos.) 

La ventura de las feas, ellas se la 
granjean. (Dicen las hermosas que 
quisieran la ventura de las feas, y és- 
tas responden que se la granjean; que 
hagan las hermosas lo mismo y obras 
para ser queridas y lo serán.) 

La ventura de García, no la ha 
dado Dios á nadie; todos quieren á 
García y García no quiere á nadie. 
La ventura de García 
no la dé Dios á ninguno; 
cayó de la torre abajo 
y no se hizo mal alguno, 
aun un rasguño. 

La ventura del Zamarrón, fué á 
cagar y cagáronlo. 

La ventura del Zamarrón, fué á ca- 
zar y cazáronlo. 

La vez de la ensalada es la sazona- 
da, ó no es de perder. 

La vecina mala hace tener buena 
alhaja, porque se la ir á pedir pres- 
tada. 

La vejez de la pimienta, arrugada 
y negra, y sobre todo quema. 

La vejez pocos la veen, y esos de 
hambre nunca mueren. 

La vejez tornó por los días en que 
nació. (Dice que los viejos vuelven á 
ser niños.) 

La vieja á estirar y el diablo á 
arrugar. 

La vieja al jarro y hilando. 

La vieja honrada de Alcovillas. La 
vieja de Alcovillas so ha cogido. 
(Como si le cogiera para su labor. Es 
manera de llamar á uno beodo. Di- 
cen que una vieja de Alcovillas, en el 
valle de Montiel, se, tomaba del vino, 



183 



y retrayéndose lo respondió: «por 
mar y por tierra yo soy honrada>, y 
quedó por refrán la vieja honrada de 
Alcubillas, por bebedora.) 

La vieja gallina hace gorda la co- 
cina. 

La vieja que no puede andar, lle- 
varla por el arenal. 

La vieja que de amores muere, Ba- 
rrabás que la lleve. 

La vieja raposa, con lazo no se 
toma. 

La virtud está en yerbas, palabras 
y piedras. (Es verdad que la hay en 
estas cosas, y decirlo es notar que fal- 
ta en los hombres.) 

La vigilia víspera es del santo. 

La vida y el alma, mas no la albar- 
da. (Que ponen los nombres en aven- 
tura antes la vida y el alma, que no 
la hacienda.) 

La vida se puede aventurar por un 
amigo, y la hacienda se ha de dar 
para no cobrar un enemigo. 

La vida de la aldea, déla Dios á 
quien la desea. 

La vida del grillo, de día hambre, 
y de noche ruido. 

La vida del perdido, poco dinero 
y harto vino. 

La vida pasada, hace la vejez pe- 
sada. 

La vida me da en dármelo puro. 
(La vida me da es muy usada ironía, 
cuando otro nos pide cosa de nuestro 
daño: la vida me da.) 

La viña y el potro, hágalo otro. 

La viña del escudero, mal cavada 
y buen rasero. (Rasero llaman en Cas- 
tilla la Vieja el lindero que divide 
una viña de otra, el cual porque no 
hay pared ni piedra para hacelia, ha- 
cen surco hondo, ó caballete por lin- 
de entre dos surcos.) 

La viña del cerro, cávanla ciento y 
vendimíala un perro. 

La viña del ruin se poda en Abril, 
y la del bellaco, ni en Abril ni en 
Mayo. 

La viña donde se hiele, y la tierra 
donde se riegue. 

La viña guárdala el miedo, que no 
el viñadero. 

La viña que no se poda de espacio, 
antes de un año dará agrazo. 



La viña poca, en Marzo la poda, mas 
no toda hora. 

La mayor señal de agua, es no ha- 
ber para vino. 

La mayor salud, ó señal de ella, es 
desearla el enfermo; la primera señal. 

La mayor jornada es hasta salir de 
casa. 

La mayor valentía, es excusar la 
pendencia y la rencilla. 

La mayor riqueza, es la voluntad 
contenta. 

La mar al más amigo, presto le 
pone en peligro, ú en olvido. 

La mar que se parte, arroyo se hace. 

La mar si se parte, arroyo se hace. 

La mar te sea freno. (Dicho á un 
mozo desaforado en libertad.) 

La maravilla del pan de la villa, 
trájolo Juan y comiólo María. 

La Marisabida, nunca falta quien 
de ella diga. 

La mal aliñada, antes abre la puer- 
ta que cubre la cama. 

La mal casada, tratos tiene con su 
criada. 

La mala yerba, presto crece. 

La mala nueva, presto llega. 

La mala sierra no corta madera. 
(Por la mala lengua parece dicho.) 

La mala fama, vuela como ave y 
rueda como la moneda, y la buena, 
en casa se queda. (Por conseja detrás 
del fuego.) 

La mala fama mata. 

La mala bestia, en lo llano tropieza. 

La mala boca, los peces coma. 

La mala cama, hace la noche larga. 

La mala tierra, el natural la puebla. 

La mala tierra, la naturaleza pue- 
bla. 

La mala vecina, da la aguja sin liña. 
(Esto es, sin hebra ) 

La mala razón deja la ropa sana y 
lastima el corazón. 

La mala llaga sana, y no la de pa- 
labra. 

La mala llaga sana, y la mala fama 
mata. 

La maldición de Salaya. (Para en- 
carecer maldiciones grandes.) 

La malva, cogelia y no segalla; la 
yerba, segalla y no cogelia. 

La mano del amo en la mancera, 
hace la cámara llena. 



184 — 



La mano cuerda no cumple lo de 
la loca lengua. (Entiende amenazas y 
dañosos ofrecimientos.) 

La mano cuerda, no hace todo lo 
que dice la lengua. 
La mano piadosa, la llaga afistola. 
La mano del cirujano, tímida. 
La mano: ansí la des al asno. (Entre 
amigos pídense la mano por í'ee de 
lo que tratan, y dándola el otro, aña- 
de el que la toma: ansí la des al asno, 
por burla y pulla.) 

La mansa cordera, mama á su ma- 
dre y á la ajena. 

La mansa respuesta quebranta la 
ira. 

La respuesta mansa, la ira que- 
branta. 

La manzana al niño, y al viejo el 
libro. 

La manzana de Adán. El bocado de 
Adán. La poma de Adán. (Dícese del 
poco placer, que trae mucho pesar y 
daño.) 

La manzana podrida, pierde á su 
compañía. 

La manceba del abad, no masa y 
tiene pan. 

La manda del bueno nunca se 
pierde. 

La mancha de aceite luego no se 
parece, mas presto se descubre y 
crece. 

La mancha de la morita con otra 
verde se quita. 

La más cauta es tenida por más 
casta, ó por más santa. 

La más ruin oveja, la más ruin ca- 
bra, revuelve la manada. 

La más ruin oveja, caga la duerna, 
ó caga la codorra. 

La más ruin cabra se caga en la 
herrada. 

La más hermosa de todas, como las 
otras hace bodas. 

La masa y el niño en verano han 
frío. 

La masa y la doncella, á la vela. 
(Todas las cosas á la vela parecen 
mejores, y ansí hay muchos refranes 
desto.) 

La masa de la pulida, con agua y 
no con harina. 

La maza y la mona. (Dícese á los 
que de ordinario andan juntos.) 



La mazaroca á la osea, marido á la 
horca. 

La mazaroca al culo, marido cor- 
nudo. 

La mazaroca en medio, marido á 
concejo. (Tiene lenguaje de la raya 
de Portugal en tierra de Ciudad Ro- 
drigo, en el Abadengo.) 

La mazorca á la rueca, marido ba- 
bieca. 

La mazorca al culo, marido cor- 
nudo. 

La mazorca en medio, marido ca- 
ballero, ó marido escudero. 

La madera de Enero no la pongas 
al humero, déjala estar cortada, que 
ella se curte y amansa. 

La madera de tu casa, en Enero sea 
cortada. (En xinero sea cortada, dice 
el Asturiano, que á Enero llama xi- 
nero.) 

La madrastra y antenada, siempre 
son en baraja. 

La madre y la hija, por dar y tomar 
son amigas. (Por el interés, y dar 
algo una á otra, que si eso no hubie- 
ra de por medio, no bastara para ser 
amigas tan junto deudo.) 

La madre del pulpo, que aporreada 
engorda. (Dícese de los ánimos vale- 
rosos, que en las adversidades se 
muestran más fuertes, y por ironía 
de los flacos.) 

La madre, por falta de colmillos, 
de la hija hace platillos. 

La mañana los montes, la tarde las 
f ontes . 

La merda más hiede cuanto más la 
menean. 

La merda cuanto más la menean 
más hiede. 
La mentira no tiene pies. 
La mentira tiene cortas las pier- 
nas. (Conforme al otro refrán: antes 
cogen ó toman al mentiroso que al 
cojo.) 
La mentira presto es vencida. 
La mesa sojuzgada, y la olla repo- 
sada. 

La mesa sojuzgada, debajo de la 
barba. 

La mesa y la mujer, sujeta. 
La mesa vale por escuela. (Donde 
hay hombres entendidos, y letrados, 
y buena plática, y porque en la mesa 



— 185 — 



siempre se habla de todo y de todos, 
y se saben allí muchas cosas nuevas.) 

La mejor salsa es la hambre y bue- 
nas ganas. 

La mejor senda sin cuerda. 

La mejor sopa la que se hace en 
la boca, ó la de la boca. 

La mejor cepa en Mayo me la echa. 

La mejor pieza del arnés se nos 
quedaba. (Por cosa más importante 
que otras.) 

La mejor primero, que lo dijo 
Homero. (En el juego de las bazas, 
es mejor comenzar por la mejor 
carta.) 

La mejor vereda sin red. 

La mejor venta es la primera. (La 
venta primera la valedera.) 

La mejor mujer, mujer, y la más 
cuerda de lana; prosigue copla: «la 
más honesta es liviana, y la de más 
ser sin ser, la de más verdad engaña». 

La memoria, en la vida y en la 
muerte, en la pena y en la gloria. 

La memoria de agravio y de inju- 
ria, mucho más que de beneficio 
dura. 

La memoria del mal, despacio está; 
la del bien, presto se va. 

La mi botica no tiene mal merca- 
duría. (Botica es tienda en Aragón.) 

La mi Mari Andrés de treinta reales 
me los hizo tres, y tal bullir, bullir 
con el dinero. (Contra los que en sus 
tratos son malos granjeros.) 

La mi mujer de los buenos hechos, 
comióse la carne y dejóme los güesos. 

La mi ración apartada, si no me 
harta, quítame de baraja. 

La mi hija venturosa, y la tuya la 
hermosa. 

La tuya hermosa, y la mía ven- 
turosa. 

La mierda desque es mucha hiede. 
(Contra las demasiadas burlas, y otras 
cosas que enfadan.) 

La mierda cuanto más la hurgan, 
más hiede. 

La miel y la mentira para el fondo 
tira. 

La misa es acabada, partámonos á 
la obrada. 

La misa de Olleros. (Para decir que 
uno no ha oído misa. Olleros fué un 
lugarejo, tierra de Salamanca, que se 



despobló, y en la iglesia, que duró 
más, acudían pastores á misa, en tanto 
que hubo quien la dijese; después 
faltó.) 

La mitad de lo largo y todo lo que 
atraviesa. (Quéjase una mujer del te- 
jedor, que la hurtó la mitad de la ur- 
diembre, que es lo largo, y toda la 
trama, que es lo que atraviesa; nóta- 
se la cortedad de razones, y á lo que 
aluden por largo y atraviesa.) 

La morcilla reciente, cómela con tu 
pariente. 

La mona, aunque la vistan de seda, 
mona se queda. (Queda en la A poco 
diferente.) 

La monja y el fraile, recen y callen. 
(Que no se entremetan en negocios 
seglares.) 

La monja, por hábitos, da naranja 
y toronja. 

La mosca de Arjona, que corta dos 
veces. (Del que se hace mosca muer- 
ta, y al taimado bellaco se le envía 
tai castigo. Hubo un tiro en la forta- 
leza de Arjona que llamaban la mos- 
ca, con que mosqueaban los moros.) 

La moza en el tejado, no anda buen 
recado. 

La moza en se componer, y el viejo 
en beber, gastan todo su haber. 

La moza en cabello, no la loes com- 
pañero. (Dámela preñada, ó parida, 
dártela he conocida.) 

La moza y la bota, no se ha de pe- 
llizcar. 

La moza y la carta, la cola la cata. 
(La firma de la carta y el día.) 

La moza y la parra, no se ve hasta 
alzalla la falda. 

La moza alabó el mortero, y sospiró 
por el majadero. 

La moza loca, la risa en la boca. 

La moza si es tonta, anden los bra- 
zos y calle la boca. (La mozasies loca.) 

La moza de la plaza, la puerta ba- 
rrida y la casa cagada. 

La moza de la villa, la casa sucia y 
la puerta barrida. 

La moza de Barajas, busca el virgo 
entre las pajas. 

La moza galana, la mantilla en par 
de la saya. (Que lo ponga con igual- 
dad la mantilla ó mandil, que sirve 
de abrigo y defensa á la saya.) 



186 



La moza garrida, la casa cagada y 
la puerta barrida. 

La moza bailadora, en un año echa- 
rá tela, y la que no baila, cada se- 
mana. 

La moza bermeja, por el pico la en- 
tra, que no por la oreja. 

La moza buena, buena es. 

La moza cabe mancebo, dígola 
fuego. 

La moza que anda en decí, y no se 
casa, dende como fuego abrasa. (Deci 
entiéndese dieciséis, diecisiete, deci- 
ocho> diecinueve; hace ambigüedad 
con andar en lenguas, en decir si se 
casa, ó no.) 

La moza que bien lava, siete veces 
la hierve el agua. 

La moza como es criada; la estopa 
como es hilada. 

La moza mala, á porrazos hace la 
cama. 

La moza mala, hace á la amab r ava. 

La mocedad holgada, trae la vejez 
trabajada, ó arrastrada. 

La modorrilla, hermana es de la 
landrecilla. 

La muerte á unos desacomoda y á 
otros acomoda. 

La muerte á unos da buena, á otros 
mala suerte. (Que unos heredan y 
otros se descomponen por faltar 
quien los amparaba.) 

La muerte á nadie perdona. 

La muerte ni buscaila ni temella. 

La muerte pelada, tras la puerta la 
cata. 

La muerte por todo muerde. 

La muerte todo lo barre, todo lo 
iguala, y todo lo ataja. 

La muerte lo iguala todo, lo ataja 
todo, lo barre todo. 

La muela cordial á las otras hace 
mal, ó la muela cordal. 

La murmuración aceituna es de 
postre, ó aceituna es de postre la 
murmuración. 

La murmuración se pasa, y la 
hacienda se queda en casa. (Respues- 
ta de una religión diciéndoles que 
son murmurados de codiciosos.) 

La muía en el suelo, y el caballo 
en el cielo. (El pesebre alto, ó bajo.) 

La muía y la mujer á palos se han 
de vencer. 



La muía y la mujer, con pan se 
quier. (Con hacienda.) 

La muía y la mujer por halago 
hacen el mandado. 

La muía y la mujer por halago 
hacen el menester. 

La muía de San Francisco. (Ir, ó 
venir en la muía de San Francisco, 
por andar á pie.) 

La muía del abad pasa el río por la 
puente. 

La muía bona, boca, coma, y cola. 

La muía como la viuda, gorda y 
andariega. 

La muía que de cinco años no tira > 
no es buena para la carretería. 

La muía por el tollo, la burra por 
el polvo, y el caballo por todo. 

La muía muerta, jáquima nueva. 

La muía muerta, vino laalbarda de 
la feria. 

La muía hasta que so emborrache,, 
el caballo hasta que se harte. 

La música para quien la entiende. 

La música no es sino para quien la 
entiende, y dábale con la guitarra en 
las sienes. 

La mujer ha de hablar cuando la 
gallina quiera mear. 

La mujer airada, el humo, y la gata, 
y la sartén agujerada, son de gran 
daño en casa. 

La mujer ardida, no es bien echada, 
cuando es dormida. (Porque madru- 
ga y cae cansada, y también es ironía 
contra las flojas.) 

La mujer artera, el marido por de- 
lantera. (Que denota de no dar ó pres- 
tar, ni hacer lo que no la conviene, 
se excusa con que no tiene licencia 
de su marido, y que no le quiere eno- 
jar: ésta es buena prudencia en la 
mujer casada.) 

La mujer aliñada, antes que se vista 
hace la cama. 

La mujer algarera, nunca hace lar- 
ga la tela. 

La mujer albendera, los disantos 
hilandera. 

La mujer albendonera, sálese á la 
puerta. 

La mujer aseada, la cama hecha y 
la cabeza tocada. 

La mujer en la iglesia, santa; ángel 
en la calle; buho en la ventana; en el 



187 — 



campo, cabra, y en su casa, urraca. (En 
diversas se halla acaso todo esto, y 
acaso wm. unas por el buho se entien- 
de señuelos á livianos.) 

La mujer en la iglesia, santa; en la 
calle, honesta; en su casa, señora; en 
el campo, cabra. 

La mujer en casa, y el hombre en la 
arada. 

La mujer en casa, y el hombre en 
la plaza. 

La mujer en casa, y la pierna que- 
brada. 

La mujer es como la loba en el es- 
coger. 

La mujer enamorada, entonces en- 
gaña cuando halaga. 

La mujer enamorada, nunca acaba 
de se quejar, ni para demandar. 

La mujer y el oro, lo pueden 
todo. 

La mujer y el niño, sólo callan lo 
que no han sabido. 

La mujer, y el fuego y los ma- 
res, son tres males. (Así lo dice el 
griego.) 

La mujer y el fuego, para que luz- 
can á coces. 

La mujer y el fraile, mal parecen 
en la calle. (Porque deben estar re- 
cogidos: la mujer en su casa, y el 
fraile en su celda, y no andar calleje- 
ros; no le entendió la glosa del Co- 
mendador.) 

La mujer y el güerto, no quiere 
más de un dueño. 

La mujer y el vino, sacan al hom- 
bre de tino. 

La mujer y el vidrio, siempre están 
en peligro. 

La mujer y el melón, güélense por 
el pezón. 

La mujer, y la espada; las armas, y 
el caballo, de muchos ha de ser codi- 
ciado, no fiado. (Por bueno; la mujer 
por virtuosa, casera y honrada.) 

La mujer y la espada, nunca ha de 
ser probada, ó tentada. 

La mujer y la espada, puede ser 
mostrada, mas no confiada.) 

La mujer y la oveja, con tiempo á 
la cabañuela. (Que se recojan tem- 
prano, porque de noche hay peligro 
fuera.) 

La mujer y la lima, la más lisa. 



La mujer y la naranja no se ha de 
apretar mucho, porque amarga. 

La mujer y la sardina, de rostros 
en la ceniza. 

La mujer y la sardina, pequeñina. 
(Las cosas pequeñas son agraciadas.) 

La mujer y la salsa, á la mano de la 
lanza. 

La mujer y la seda, de noche á la 
candela. (Parece buena la mujer por- 
que es crecida.) 

La mujer y la cereza, por su mal se 
afeita. (La cereza porque es comida, 
y peligra la fama de la mujer que se 
afeita.) 

La mujer y la cibera, no la cates á 
la candela, ó la mujer y la tela. (Por 
que no seas engañado, porque á la 
vela parecen mejor que después en 
el día.) 

La mujer y la galga, en la manga. 
(Opinión en loor de las pequeñas.) 

La mujer y la gallina, á casa conde 
día. 

La mujer y la gallina, siempre 
pica. (En comida dentro de casa.) 

La mujer y la gallina, por andar 
anda perdida, ó es perdida. 

La mujer y la gallina, por andar se 
pierde aína. 

La mujer y la candela, tuércela el 
cuello si la quieres buena. (Tema es 
de refrán lastimar á las pobres mu- 
jeres, y hase de entender que habla 
de las menos buenas; la vela ha de 
tener los dos pabilos juntos en uno, 
y ardiendo se la ha de trastornar el 
pabilo á ratos para que no estorbe á 
la llama.) 

La mujer y la cabra es mala, sien- 
do flaca y magra. 

La mujer y la parra, arremangada. 
(Habla de la vendimia, que la vendi- 
miadora ha de andar alzadas las fal- 
das, y la parra ha de tener alzados 
los sarmientos y pámpanos para que 
la uva goce del sol y madure bien, y 
asimismo la mujer casera y hacen- 
dosa ha de andar desenvuelta, y la 
labradora para el trabajo haldas en 
cinta.) 

La mujer y la pera, la que calla es 
buena. (La pera que no rechine al 
cortar.) 

La mujer y la pera, la que calla es 



- 188 - 



mamadera. (Porque ni la mujer calló, 
ni la pera habló; el rechinar en la 
pera es casi hablar.) 

La mujer y la perdiz, en Alcañiz. 
(Buen lugar de Aragón.) 

La mujer y la tela, á la candela, ó 
á la vela. (Cuando se vende.) 

La mujer y la vela, no la cates á la 
candela. (Cuando se compra.) 

La mujer y la t3la no se ha de es- 
coger á la candela. 

La mujer y la tela, á la candela. (Pa- 
recen bien.) 

La mujer y la trucha, por la boca 
se prende y achucha. 

La mujer y la viña, el hombre la 
hace garrida. 

La mujer y la mesa, sujeta. 

La mujer y lo empedrado, siempre 
quiere andar hollado. 

La mujer, la pierna quebrada y en 
casa. 

La mujer lenguda, quince meses 
ventreguda, ó ventriaguda. 

La mujer loca, por la lista compra 
la toca, ó la moza loca. 

La mujer lunarosa, de suyo se es 
hermosa. 

La mujer necia, á su puerta se para 
prieta, ó á su puerta se hace fea. (Es- 
tándose al sol ociosa, y los oficios de 
casa por hacer.) 

La mujer negra, trementina en 
ella. 

La mujer no ha de hablar, sino 
cuando la gallina quiera mear. 

La mujer sea igual, ó menor, si 
quiere ser señor. (En calidad y ha- 
cienda.) 

La mujer celosa, en sí no reposa, y 
al marido siempre le trae afligido. 

La mujer cejijunta no la trueques 
por ninguna. 

La mujer de Alcorisa, trapo en el 
cuello, y no en la camisa. (Alcorisa 
es aldea de Alcañiz, en Aragón.) 

La mujer de buen aliño hilaba, y 
devanaba, y vendía vino, y daba la 
teta al niño. 

La mujer de buen recaudo, hinche 
la casa hasta el tejado. 

La mujer de Calahorra, con su pa- 
dre no se ahorra. 

La mujer de tres maridos, quítame 
los sentidos. 



La mujer de mal recado, de beber 
tiene cuidado. 

La mujer de muchas hablas; güerto 
quiere hacer de habas. 

La mujer del escudero, grande la 
bolsa y poco el dinero. 

La mujer del escudero, tocas blan- 
cas, y el corazón negro. 

La mujer del ciego, ¿para quién se 
afeita? 

La mujer del pastor, á la noche se 
compon. 

La mujer del viejo relumbra como 
espejo. 

La mujer del viñadero, buen otoño 
y mal invierno. 

La mujer del hidalgo, poca ha- 
cienda y mal tranzado. 

La mujer galana, parida ó preñada, 
me la alaba, no una vez, sino dos ó 
tres. 

La mujer garrida, preñada ó pari- 
da, la mira si es ardida. 

La mujer golosa, ó puta ó ladrona. 

La mujer barrendera no es hilan- 
dera, ni la hilandera barrendera. 

La mujer buena, de la casa vacía la 
hace llena. 

La mujer buena, corona es de el 
marido, y el marido honrado, de la 
mujer es dechado. 

La mujer blanca, encubre ciento y 
una falta. 

La mujer casada, en el monte es 
albergada. (Que tiene amparo con el 
marido donde quiera.) 

La mujer casada y honrada, la pier- 
na quebrada y en casa, y la doncella, 
pierna y media. 

La mujer casera, hija la primera. 
(Entiende pare, y dicen para que 
ayude á criar los demás que nacie- 
ren; yo entiendo que es consuelo al 
padre que desea hijo varón.) 

La mujer cazurra, á su marido 
pone por excusa, ó á su marido echa 
la culpa. (Entiéndese de no hacer ni 
dar lo que la piden, si no la está bien.) 

La mujer que á la ventana se pone 
de rato en rato, venderse quiere ba- 
rato. 

La mujer que á dos quiere bien, 
Satanás se la lleve, amén. 

La mujer que es buena, plata es 
que mucho suena. 



- 189 



La mujer que no ha de ser loca, 
anden las manos y calle la boca. 

La mujer que no sabe cocinar, y la 
gata que no sabe cazar, nada val. 

La mujer que no pare ni empreña, 
darla de golpes, cargarla de leña. 

La mujer que no pone seso á la 
olla, no le tiene ella en la toca. (Seso 
llaman á la piedra que arriman á la 
olla para que no se trastorne, y á la 
sazón de sal y lo demás.) 

La mujer que buen pedo suelta, no 
puede ser sino desenvuelta. 

La mujer que cría, ni harta ni 
limpia. 

La mujer que poco vela, tarde hace 
luenga tela. 

La mujer que poco hila, siempre 
trae mala camisa. 

La mujer que prende, su cuerpo 
vende. (Prende por toma, 6 recibe, el 
catalán.) 

La mujer que te quiere, no dirá lo 
que en tí viere. 

La mujer que mucho bebe, tarde 
paga lo que debe. 

La mujer que mucho hila, poco 
mira. 

La mujer que mucho mira, poco 
hila. 

La mujer quincenta, y el hombre 
de trenta, ó la mujer quincena. (Que 
la mujer se case de quince años, y el 
hombre de treinta.) 

La mujer con el marido, en el mon- 
te tiene abrigo. 

La mujer compuesta, á su marido 
quita de puerta ajena. (Compuesta se 
entiende limpia y aliñada, no afeita- 
da con badulaques.) 

La mujer como la mesa, siempre 
sojuzgada, y la boca como la muleta, 
siempre ensangrentada. 

La mujer como la muleta, la boca 
sangrienta. (Las de dura condición.) 

La mujer cuando sola piensa, mal 
piensa. 

La mujer cuanto más se mira á la 
cara, tanto más destruye la casa. 

La mujer para ser hermosa, ha de 
tener cinco veces tres cosas: ser blan- 
ca en tres, colorada en tres, ancha en 
tres, larga en tres: blanca en cara, 
manos y garganta; colorada en la- 
bios, mejillas y barba; negra en ca- 



bellos, pestañas y cejas; ancha en ca- 
deras, hombros y muñecas; l;rga en 
talle, manos y garganta. 

La mujer porque es requerida, y 
la cereza porque es comida. (Peligra 
la fama de la mujer que se afeita.) 

La mujer por rica que sea, si la 
preguntan, mucho más desea. (Esto 
es, si la demandan y preguntan si está 
contenta con lo que tiene, dirá que 
mucho más desea traiga el marido 
con quien casare.) 

La mujer polida, la casa sucia, la 
puerta barrida. (Prueba que cuidan 
de componerse á sí, y no su casa.) 

La mujer preñada, la fiebre trae en 
la manga. 

La mujer preñe, en todo tiempo 
treme. (Que tiene frío y temor.) 

La mujer primeriza, pechos, y no 
barriga. 

La mujer placera, dice de todos, y 
todos della. 

La mujer vieja, si no sirve de olla, 
sirve de cobertera. 

La mujer maridada, no viva des- 
cuidada. 

La mujer mal tocada, de hermosa, 
ó mal casada. 

La mujer mala, aunque esté dentro 
de una avellana. 

La mujer mala, y la camisa rota, 
sale á la porta. (Donde se ve.) 

La mujer mala, cauta y no enfada- 
da, ó enfamada. 

La mujer madrigada, el hijo lleva 
en la manga, ó los hijos lleva en la 
manga. (Cuando se casa en edad en- 
tera, no muchacha, es muy ordinario 
hacerse luego preñada y tener hijos.) 

La mujer menuda, con su marido 
se excusa. (Escatimada que para lo 
que quiere pone por achaque al ma- 
rido.) 

La mujer aguda, con el marido se 
excusa, ó escuda. 

La mujer menudita, siempre po- 
llita. 

La mujer mezquina, debajo de la 
escama halla la espina. (Que al desdi- 
chado todo se le tuerce y hace mal.) 

La mujer casera, nunca falta de 
parlera. 

La mujer mucho lozana, darse 
quiere á vida vana. 



190 



La mujer rogada y la olla reposa- 
da. (La hija, la nuera, la suegra.) 

La mujer roma, pinta y enhelgada, 
no poses en su posada. 

La mujer hasta que para, y la bu- 
rra hasta que caiga. (Dicen las muje- 
res que tienen mejores partos si han 
uso de sus maridos estando preñadas.) 

La mujer hacera, mucha levadura 
y escoba cantera. (Hacera es hacen- 
dosa, hacendera; la mucha levadura 
sazona presto á la masa; escobas can- 
tareras llaman en Granada unas gran- 
des con que barren presto.) 

La mujer hermosa al desdén se 
toca. 

La mujer hermosa, y la galga go- 
losa. 

La mujer hermosa, ó loca ó pre- 
suntuosa. 

La mujer hermosa un poco roma, 
mas no tanto que parezca mona. 

La mujer hermosa quita el nom- 
bre á su marido. 

La mucha desorden trae mucha 
orden. 

La mucha cortesía es especie de 
engaño y de falsía. 

La mucha conversación acarrea 
menosprecio. 

La mucha conversación es causa 
de menosprecio en el necio. 

La mucha pasión no guarda razón. 

La razón no quiere fuerza, ni la 
fuerza quiere razón. 

La razón tiene gran fuerza, ó la 
verdad. 

La rabaza de Pero Jagral, quien la 
come no puede cagar. (Babaza es el 
guijón, hierba de buen color, sabor 
y olor, y en algunas tierras la friera) 

La raposa ama engaños, el lobo 
corderos, la mujer loores. 

La ramera y la corneja, cuanto 
más se lava más negra semeja. 

La ramera gran parlera, y la par- 
lera ramera. 

La relimpia de Orcajo, que lim- 
piaba las patas al asno. 

La renta de Torrero. (Por vana.) 

La res perdida, por Abril cobra la 
vida. (Con el pasto y buen temporal.) 

La respuesta mansa, la ira que- 
branta. 

La recua y recuero póngase en co- 



bro, y si la giiéspeda pariere, para, y 
si no póngase del lodo. (Lo del otro: 
«Acomódeme yo, y la giiéspeda si 
quiera para, si quiera no».) 

La risa del conejo y música del 
cisnero. (Porque cuando el conejo 
está en el plato, muestra los dientes 
desnudos.) 

La riqueza, vecina es déla soberbia. 

La riña de hermanos, es agua de 
manos. 

La rosca de Pedraza, gran agujero 
y poca masa. 

La rodilla de Marigarcía, más me 
ensucia que me limpia. 

La rodilla de Mari-Martín, limpió- 
me yo á ella, y limpiase ella á mí. 

La rodilla de Muñoz, limpiaos á 
ella, y limpiaráse ella á vos. 

La rueda de la fortuna, nunca es 
una. 

La rueca en la cinta, y los pies en 
la bailía. 

La rueca de algodón, siempre quie- 
re estar en el rincón. (Como lo que 
dice el otro refrán: «Lino y lana no 
quiere ventana».) 

La ruin tierra, el natural la puebla, 
ó la mala tierra. (Porque el forastero 
no viene á poblar la mala tierra, sino 
el que hace, ó nace, en ella, porque 
cobra amor al suelo en que nació y 
conoció primero.) 

La llaga de. amor, quien la hace la 
sana, y quita el dolor. 

La llave del pleito en el escribano, 
la del módico en el boticario. 

La llama, llama adonde viene la 
llama. (Véase Llama.) 

La neblina, del agua es madrina, y 
del sol más aína. 

La hambre despierta el ingenio. 

La hacienda es de quien la goza, y 
el mundo de quien se le toma. 

La hacienda de tu enemigo, en di- 
nero ú en vino. 

La hacienda del abad, cantando se 
viene y chiflando se va. 

La hacienda del clérigo entra por 
la puerta y sale por el humero. 

La habla de beato, la alma de gato, 
la manos de garabato. 

La hermosa al desdén, parece bien. 

La hermosa revuelta, la fea ni com- 
puesta. 



191 - 



La hermosura de la ramera, y el 
hablar del loco, vale poco, y se tiene 
en poco. 

La hermosa abrasa en sólo ser mi- 
rada. 

La hermosa abrasa en sólo mirarla. 

La hembra abrasa y quema en sólo 
verla. 

La hembra quema en sólo verla. 

La hebra de Maricaca, que cosía 
siete capillos y una capa. 

La hija á quien la pidiere; el hijo 
se ha de mirar á quién se ha de dar. 
(El hijo mirar á quién se da.) 

La hija á quien la pidiere, el hijo 
se mirará á quién se dará. (Porque el 
hijo lleva adelante el linaje del pa- 
dre, y más entre nobles.) 

La hija al huso y el hijo al escudo. 
(Dice á quólado esté en el vientre de 
la madre en su preñez, y también que 
á la hija se enseñen los oficios de 
mujer, y de casa, y al varón los de 
hombre para servir en su república, 
y las armas para defender su pa- 
tria.) 

La hija y la heredad, para la ma- 
yor edad, ó para la ancianidad. 

La hija de la gallina parda. (Por 
cosa rara, y hermosa, con ironía.) 

La hija de la cabra, qué ha de ser 
sino cabrita. 

La hija de la puta, como es criada, 
y la estopa como es hilada. 

La hija de Barajas busca el virgo 
entre las pajas. 

La hija del bueno, ó la habrás por 
orfandad, ó por gran duelo. 

La hija casada, sálennos yernos. 

La hija casada, cien yernos á la 
puerta á demandarla. 

La hija par de la vedija. (Que la 
preñez de la hija está baja; también 
que esté siempre la hija grande al 
lado de la madre, no se pierda de 
vista.) 

La hija paridera, y la madre co- 
bertera. 

La hija tras el varón, arranca las 
telas del corazón, ó allega á las telas 
del corazón. (Porque suele traer mal 
parto.) 

La hija me llevéis, y no me tem- 
pléis. (Dice el enfado de oir templar.) 

La horca lo suyo lleva. 



La horca de la Parra, y el rollo de 
Ecija. 

La horca para los ruines es hecha. 

Larga ausencia causa olvido. 

Larga se debe dar á mucho, y aun 
á todo si no se quiere vivir poco. 

Larga soga tira quien por muerte 
ajena suspira. 

Larga dolentía y muerte encima. 
(Dolentia á lo antiguo tiene el acento 
en la H t y la t suena como en tío, tía, 
no como en latín.) 

Largo y angosto como alma de viz- 
caíno, ó larga y angosta. (Dícese por- 
que los que vienen nuevos áSalaman- 
ca, por una parte querrían mostrarse 
liberales, y por otra se estrechan por- 
que es poco el caudal, y dijeran me- 
jor largo y angosto como bolsa de 
vizcaíno; también alude á razón viz- 
cainada.) 

Largo y estrecho como año malo. 

Largo y desvaído como sábado 
santo. 

Largo y desvaído como blanca de 
hilo. 

Lanza larga por la nieve no hay 
diablo que la lleve. 

Lanza luenga y cul medroso, llega 
tú que yo no oso. 

Lanzada de moro izquierdo que 
atraviese el corazón. (De un romance.) 

Lanzadas tenéis amor, y duelen os, 
tu vi éralas yo y no vos. 

Landre de Alba, que da lunes en la 
noche, y martes por la mañana mata. 

Landre de las de Alba, que dan lu- 
nes en la noche, y llevan á enterrar 
el martes por la mañana. 

Landre de Portillo que da en sába- 
do y acaba en domingo. 

Landre que se mate. (Maldición.) 

Langa y Oradejo, dos lugares y un 
concejo. 

Langosta hace la tripa angosta. (Por 
que se come el trigo.) 

Lamprea, la bolsa prea; la vacía, 
mas no la llena. 

Las asnadas de Villena. (Como Jas 
asnadas de Gálvez.) 

Las amistades hanse de descoser, 
mas no de romper. 

Las amistades no se han de romper, 
sino descoser. (Entiéndese las malas 
y dañosas, que se han de ir dejando 



192 — 



poco á poco para no quedar en ene- 
mistad.) 

Las entrañas y arquetas á los ami- 
gos abiertas. 

Las honras cuanto más crecen, más 
hambre tienen, meten, ponen, se ape- 
tecen. 

Las obras dan testimonio de cada 
uno. 

Las obras de cada uno dicen quién. 

Las obras hacen linaje. 

Las ocho, y los platos por lavar. 

Las uvas de Vinués, ni las vendas 
ni las des, ni las guardes más que un 
mes. (En Aragón.) 

Las lágrimas de las damas son agua' 
en la fragua. 

Las letras y las armas dan nobleza; 
consérvala el valor y la riqueza. 

Las letras no embotan la lanza. 

Las letras, del estudioso; las ri- 
quezas, del solícito; el mandar, del 
presuntuoso, y el cielo, del devoto. 
(Son.) 

Las longanizas al sol, y los horna- 
zos al tizón. (Que Navidad, tiempo de 
longanizas, haga sol, y la pascua dé 
flores, de hornazos, haga fresco y llu- 
via para que haya buen tempero y 
cosecha.) 

Las sardinas frescas, fritas y frías. 

Las siete cabrillas son la rueda de 
las siete campanillas. 

Las sopas y los amores, ios prime- 
ros son los mejores. 

Las gentes para conocerse, quieren 
ser tratadas y comunicadas. 

Las damas quieren ser rogadas, no 
ensañadas, no enojadas. 

Las desgracias son como las cere- 
zas, que unas á otras se llevan. 

Las donas y las palomas, aunque 
salgan con gemidos tornan á sus ni- 
dos. 

Las dos hermanas que al molino 
van, como son bonitas luego las mo- 
lerán. 

Las faldas arrastrando, las mangas 
colgando. 

Las galas excusadas, y los hijos á 
manadas. 

Las ganancias del Cid. 

Las gallinas, ansí ponen como co- 
men, ó como comen ansí ponen. 

Las guerras y las turmas de tierra, 



engéndranse en otoño y paren en pri- 
mavera. 

Las guindas de Toledo, dos torrez- 
nos de tocino, y uno de carnero. 

Las grandes narices no güelen bien 
las perdices. 

Las gracias de Pedro el cojo. 

Las gracias pierde quien promete 
y se detiene. 

Las barajas excusallas, mas toma- 
das acaballas. (Pedro Dávila, primer 
Conde de Risco, fué á Simancas por 
una Infanta hija de los Reyes Católi- 
cos, y ella le dio un pendón pardo en 
que él hizo bordar un excusabarajas 
con la letra de este refrán. Excusa- 
baraja es una cesta con asa y tapade- 
ra, para guardar pan y manteles. Está 
hoy este pendón en San Pedro en 
Avila, adonde le hizo poner.) 

Las botas de Tovías. (Es apodo or- 
dinario á botas viejas de camino.) 

Las buenas callan. (Entiende sus 
faltas y encuentros.) 

Las buenas palabras y ruines he- 
chos, engañan á los sabios y á los ne- 
cios. 

Las buenas palabras untan, las ma- 
las punzan. 

Las buenas palabras quebrantan las 
peñas, y ablandan los corazones. 

Las blancas se casan, las morenas 
no, buen día me ha venido, que blan- 
ca me soy. 

Las cartas de Urias. (Cuando uno 
lleva mensaje de su daño.) 

Las canas y borrachez, no vienen 
por vejez. 

Las canas de Don Diego Osorio. 
(Dícese de las canas que vienen antes 
de tiempo y de otras cosas tempranas. 
Tuvo principio en tiempo de los Re- 
yes Católicos, que notificándole á este 
Don Diego la sentencia de muerte que 
el día siguiente había de ser dego- 
llado, en sola aquella noche encane- 
ció de puro pesar y dolor; de canas 
repentinas por pesar hay más ejem- 
plos.) 

Las campanas de Anadón, quien las 
toca suyas son. (Lo que dice otro re- 
frán: «quien primero llega, primero 
se calza.» Anadón es en Aragón, y 
porque en chico lugar casi no hay 
quien las taña, sino el dueño.) 



193 - 



Las cabrillas se ponían, la Gayada 
ya empinaba, las ovejas de una puta 
no quieren tomar majada. (La Ursa, 
ó carro, toma por cayada, ó cañada, 
que empina el tirante como carreta, 
y si quieres el bordón de Santiago 
por cayada.) 

Las que piensas, esas te hago. 

Las cosas no son mis de como se 
toman, ó como son tomadas. 

Las cosas nuevas aplacen, y las vie- 
jas satisfacen. 

Las cosas bien pensadas, bien acer- 
tadas. 

Las cosas con voces argüidas, son 
mal definidas. 

Las cosas hechas con enojo, salen 
al ojo. 

Las cuatro leguas de Dueñas á Ma- 
garraz, quien las anda una vez, no las 
vuelve á andar más. (Por que son 
grandes, y se cansan.) 

Las cuentas de Moyano, que entró 
por mozo, y salió por amo. (Véase 
Moyano.) 

Las cuestas de Grañón tan buenas 
por arriba como al hondón. (Es lugar 
de la Rioja, y áiémbranse.) 

Las cubas llenas, y las suegras beo- 
das. (Suple querer, contra los que 
quieren cumplir mucho sin gastar, 
que no puede ser. como tampoco te- 
ner las suegras beodas y hartas de 
vino sin menguar ni mellar las cubas: 
no lo entendió Malara.) 

Las crines y la salsa, á la mano de 
la lanza. 

Las paredes han oídos, y los mon- 
tes ojos, ó las paredes tienen orejas 
y oídos. 

Las partes contentas, al viejo apela. 

Las partes contentas, á el juez ha 
apelado. 

Las palabras son como las cerezas, 
que unas á otras se llevan. 

Las palabras son hembras, y los 
hechos son machos. 

Las palabras de la boca son las 
muestras del corazón. 

Las palabras buenas son, si ansí es 
el corazón. 

Las palabras buenas son, compadre, 
mas -el vino ande. 

Las palabras buenas son, mes el 
sonsonete fuego que le queme. 



Las palabras buenas son, mas el 
barbear me mata que es de traidor. 

Las palabras buenas son, mas las 
señas al diablo doy; doy al diablo. 

Las pajas al pajar, y las dueñas á 
velar, que la que por Marzo comen- 
zó, tarde acudió, ó que la que por 
Cuaresma comenzó, tarde acudió. 

Las piedras se encuentran unas con 
otras, ó unas con otras se encuen- 
tran. 

Las preñadas amueven, y las va- 
cías mueren. (Entiéndese por anto- 
jos.) 

Las profecías de Pedro Grullo. (Pa- 
ra decir cosas vanas y disparatadas; 
andan de esto unas coplas de donde 
se toma la comparación.) 

Las plumas hacen las aves her- 
mosas. 

Las tachas con franqueza se encu- 
bren y velan. 

Las tenazas de Nicodemus. (Usan 
esta semejanza en cosas dificultosas 
de sacar; no se lo sacan con ¡as tena- 
zas de Nicodemus. Tómase de la pin- 
•tura del Descendimiento de la Cruz.) 

Las tetas en holgura, lo de ayuso 
en lobregura. (Dícese porque los ca- 
bezones son de lienzo y labrados en 
las camisas de las mujeres, y de los 
pechos abajo el ruedo de estopa gor- 
da. Dura este uso entre labradoras y 
gente pobre, mas ya entre las de más 
punto hacen toda la camisa de lienzo 
bueno, y las regalonas de Holanda.) 

Las tocas de beata y las uñas de 
gata. (Lo que «Cuentas de beato, y 
uñas de gato>.) 

Las tres Marías que echaron á Pe- 
dro en el pozo. 

Las tres Maricas de allende, como 
lavan, y como tuercen, y tienden tan 
bonitamente. 

Las tripas estén llenas, que ellas 
llevan á las piernas. 

Las tripas llenas, ellas llevan á las 
piernas. 

Las tripas de bal lacio. (Por malas.) 

Las vacas del villano, si en el ve- 
rano dan leche, mejor la dan en el 
verano. 

Las verdades amargan. 

Las verdades son las que amar- 
gan. 



13 



194 



Las vecinas á veces se prestan las 
harinas. 

Las virtudes del romero. (Hace re- 
frán porque tiene muchas.) 

Las visitas raras y no reposadas. 

Las vísperas sicilianas. 

Las malas en el mes de Mayo se 
casan. 

Las malas nuevas siempre son ver- 
daderas. 

Las malas nuevas son ciertas. 

Las malas costumbres y emperra- 
das, quieren ser quebradas. 

Las malas tijeras hicieron á mi ma- 
rido tuerto. 

Las maldiciones de Galicia. (Por 
buenas ó malas.) 

Las manos en la rueca y los ojos 
en la puerta. 

Las manos del oficial, envueltas en 
cendal. (Que las ha de guardar mu- 
cho no se hieran porque son su teso- 
ro, y gana de comer con ellas.) 

Las mangas en holgura y el culo 
en apretura. (De la camisa de mujer.) 

Las madres hacendosas, hacen las 
hijas perezosas. 

Lss matas han ojos, y las paredes 
oídos. 

Las mañanas de Abril, dulces son 
de dormir; las de Mayo mejor, si no 
despierta el amor; ó cuan dulces son 
de dormir; qué dulces son de dor- 
mir. 

Las mañanas de Abril, tan dulces 
son de dormir, y las de Mayo, de mió 
me cayo, ó de sueño me cayo. 

Las migajas del zurrón, á las veces 
buenas son. 

Las migajas del fardel, á las veces 
saben bien. 

Las morenas presas van, las blan- 
cas fiadores dan. (Contra el otro re- 
frán, respuesta: «si la morena tiene 
gracia, más vale que la blanca».) 

Las mozas han de andar bien ves- 
tidas y los mozos hartos. 

Las mozas de Tariego, cantando y 
bailando van so el hielo. (Dicen que 
haciendo un baile sobre el hielo del 
río helado, se hundió con ellas.) 

Las mozas por bien parecer, y las 
viejas por no aborrecer. (Que se pro- 
curan aliñar: por no aborrecer es por 
no causar aborrecimiento.) 



Las muías de los abades pasan el 
río por la puente. (Dícese porque tie- 
nen mucho regalo y poco trabajo.) 

Las mujeres antojadizas, y las ca- 
bras espantadizas. (Son.) 

Las mujeres sin maestro saben llo- 
rar, mentir y bailar. 

Las mujeres de Macotera, uno den- 
tro y otro fuera. 

Las mujeres buenas, no han ni ojos 
ni orejas, ó no tienen ojos ni ore- 
jas. 

Las muchas palabras son indicio 
de las pocas obras. 

Las riñas de por San Juan son paz 
para todo el año. (Este refrán le sa- 
ben y dicen todos, chicos y grandes, 
y ninguno he visto que sepa su sen- 
tido y aplicación. Quiere decir que al 
principio de los conciertos se averi- 
güe todo bien, y entonces se riña y 
porfíe lo que ha de ser, y resultará 
paz para todo el año, como se prueba 
con el otro refrán Quien destaja no 
baraja. Tuvo principio de las casas 
que se alquilan, y de los mozos que 
se escogen y entran con amos por San 
Juan. Por San Pedro también se al- 
quilan casas y cogen mozos, y es todo 
uno, por ser solos cinco días de dife- 
rencia, y de aquí se dice hacer San 
Pedro y hacer San Juan, por mudar- 
se de una casa á otra y por despedir- 
se los mozos y dejar el amo, ó despe- 
dirse de él. En Salamanca, respecto 
de los estudiantes que comienzan el 
estudio por San Lucas, se alquilan 
las casas por San Miguel, y por mu- 
darse, dicen hacer San Miguel; ó que 
San Miguel es revoltoso, por los ajua- 
res que se revuelven y mudan.) 

Las ropas de los letrados son afo- 
rradas de las temas de litigantes por- 
fiados. 

Las llagas untadas duelen, mas no 
tanto. (Contra los que son enojos y 
pesadumbres que se aplacan con pa- 
labras blandas y buenas razones.) 

Las llagas duelen menos untadas. 

Las llaves en la cinta y el perro en 
la cocina. (Contra los que son de mal 
recaudo.) 

Las hijas son nacidas y los hijos 
son nacidos. (Nacidas son landres, y 
llagas semejantes; nacidos son divie- 



195 — 



sos. Juega el vocablo ambiguo de 
nacer.) 

La cera el justo por el pecador. (Lo 
que puyan justos j>or pecadores.) 

Ládreme el perro y no me muerda, 
y echarle he la cuerda. (Poca estima 
de riñas.) 

Ladrillazo al fraile que le desca- 
labre. 
Ladrón, y vos mayor. 
Ladrón fino de Villasandino. 
Ladrón con fraile, ó el ladrón será 
fraile, ó el fraile será ladrón, y es lo 
más cierto, porque se pega más lo 
peor. 

Ladroncillo de agujeta, después 
sube á barjuleta. 

Lágrimas y suspiros, mucho des- 
enconan el corazón dolorido. 

Lágrimas de puta, amenazas de ru- 
fián y juramentos de mercader, no se 
han de creer. 

- Lágrimas de mujer, lo que no quie- 
ren no alcanzan y acaban. 

Lágrimas del que hereda, son risa 
encubierta. 

Labrar y hacer albardas, todo es 
dar puntadas. 

Labrandera buena, la hebra pe- 
queña. 

Labrandera mala, la hebra larga, ó 
la hebra de á vara. 

Labrador astuto, no labra tierra 
que no da fruto. 

Labrador que no cría, tome una 
hija. 

Labrador que siembra á la vera, 
ventura es si el pan á la troje llega. 
(Porque está expuesto á ser comido 
de ganados y bestias.) 

Labrador rico, caperuza tuerta; ó 
villano rico. 

Labrador churchero, nunca buen 
apero. (Churchero es cazador de pa- 
jarillos y conejos con lazos, cuerdas 
y liga. Él Comendador dice chuche- 
ro, cazador de chuchu.) 
Latín borruno, cagada de gallinas. 
Latín borruno, camisa cagada. 
Lavar cabeza de asno, perdimien- 
to de jabón. 

Lavar culeros, culeros lavar, mas 
no no enjaguamerdar. (Quiere decir 
enjaguamerdar lavar mal los trapos 
y dejarlos sucios.) 



Lavado al nublo, secado al humo, 
lavado no ninguno. 

Lavóse las barbas en el Darro. (Por 
pulla, porque lleva la basura de Gra- 
nada.) 

Lavo mis manos. (Quiere decir sal- 
góme á fuera de culpa y del daño 
que puedan achacarme y venirme. 
Tómase del hecho y dicho de Pilatos.) 
Labor de un año, sabor de un rato. 
(Es de los tablados que antiguamente 
se levantaban para bofordear, y nota 
gran aparato para breve placer y 
poco fruto.) 

Labor comenzada no te la vea sue- 
gra ni cuñada. 

Labor comenzada no la muestres á 
suegra ni cuñada hasta que esté aca- 
bada. 

Lamer y no morder; lamiendo y no 
mordiendo. 

Lee lo colorado, acertarás el reza- 
do, y serás clérigo honrado. 
Lengua longa, señal de mano corta. 
Lengua demaseada, que por siete 
habla. 
Lejos de ciudad, lejos de sanidad. 
Lejos de vista, lejos de corazón. 
Ledanías de Mayo, ayúnelas el vi- 
cario. 

Ledanías de Mayo, quien no las ayu- 
nano peca por ello, y quien las ayuna 
pierde el seso. (Con esta dificultad y 
sencillez dicen la dificultad de ayu- 
nar en los días grandes.) 

Legua por legua, de Ubeda á Bae- 
za, y si la tomas mojada, cuéntala por 
jornada. 

Legua por legua, de Calabazanos á 
Palencia, y si quieres otra tal, de 
Dueñas al Rebollar. 

Legua por legua, de Tarraga á Cer- 
vera. 

Levanta á la gallina la mano, y le- 
vantarte ha el rabo. (Lo que el otro 
refrán: «Ala gallina apriétala el puño, 
apretarte ha el culo: que si no la das 
de comer, no pondrá>.) 

Levanta, Alonso, levanta, que nunca 
harás taza de plata. (Contra los dor- 
milones y haraganes.) 

Levántate y parecerás mayor. (Di- 
cho de burla al que está caído.) 

Levantar la liebre para que otro 
medre. 



196 



Levantan las viejas que San Pedro 
hizo abejas, y el diablo por contra- 
hacelle hizo avispas. 

Levantado del polvo de la tierra. 
(EL que de poco subió á mucho.) 

Levánteme á mear, y perdí mi lu- 
gar. 

Levantóle el perezoso haragán y 
puso fuego al pajar. 

Levantóse un viento de la mar sa- 
lada, y dióme en la cara. 

Levantóse un viento que de la mar 
salía, y alzóme la falda de mi camisa. 
Levantóse María, y puso fuego á la^ 
casería. (A la casa.) 

Levantóse mi suegra, y echó fuego 
al pajar. 

Levantóse mi padre, y sentóse mi 
madre. 

Leche vendéis, y vino traéis, écha- 
me una azumbre, veré qué tales. (Por 
leche vendéis: por empinar el jarro, 
cayóseme el tocado; mientras me toco, 
échame otro poco.) 
Lechón de un mes, y pato de tres. 
Lechugas y falsa riendas todos se 
acaban en as. (Contra malos poetas, y 
los que no distinguen bien las cosas 
y razones.) 

Leña de encina, córtela mi yerno, 
y quémela mi hija. 

Leña de higuera, córtela mi hijo, 
y quémela mi nuera. 

Leña de higuera, recia de humo, y 
flaca de madera. 

Leña para Abril, y pan para Mayo. 
Liadas las lleva la camarada. 
Liebre parida, y galga salida. (Co- 
rren más.) 

Liévana una es, y llévala. 
Linares la flor de los lugares. 
Lino y estopa á la sombra. (Entien- 
de se ha de hilar, por que el aire y 
sol no lo seque y lienzo desprenda 
con suavidad, y vaya dando hilo.) 
Lino y marido, nunca es escogido. 
Lino ni lana no quiere solana, ven- 
tana, ó quintana. (De estas tres ma- 
neras le acaban, y es todo uno, por- 
que con la humedad despide mejor 
la hebra; también quiere atentas,y no 
embebidas en mirar, y con este sen- 
tido se aplica á otras cosas y oficios.) 
Lino bueno, lino malo, todo flore- 
ce en Mayo. 



Linda cosa, carbón de cañuto. (Dí- 
cese desdeñando algunas cosas.) 

Linda sin tacha, morcilla sin ata- 
dero. 

Lindo candil para el aire, la mecha 
de esparto. 

Limpiaos desposado, ansí me se- 
caré. 

Limpieza, y no en la bolsa. (Clari- 
dad, y no en el caldo.) 

Limpieza y dineros, hacen los hi- 
jos-caballeros. 

Limpio lo haz, merdosa, que güés- 
pedes tenemos. 

Limpio de polvo y paja. (Semejan- 
za del trigo á lo que se queda sin 
embarazos.) 

Lisboa térra boa. (Usárnosle al mo- 
do portugués.) 

Lidian los toros, mal para las ra- 
mas. (Suelen los toros bregar con celo 
uno con otro, y después con el cora- 
je que les queda acuernan los árbo- 
les y deshácenlos, ejecutando allí su 
furia. Dícese por el daño que reciben 
los menores, de los enojos y contien- 
das de los poderosos.) 

Libre es la afición, y no conoce se- 
ñor. 

Libre es la cabra de la arada. (Se- 
mejante al refrán griego.) 

Líbreos Dios de hecho es. 

Líbrenos Dios de las horas men- 
guadas, ó Dios nos libre y guarde de 
las horas menguadas. (Llama así el 
vulgo á las en que suceden males y 
desastres, y en particular cuando una 
persona quedó tullida con algún aira 
maligno que las gentes imaginan que 
pasa por las personas y las tulle pier- 
nas ó brazos, ó todo un lado, y lo deja 
como muerto.) 

Líbrenos Dios de las ollas mengua- 
das, sino llenas y recalcadas. (Alude 
al refrán de antes, mudando con gra- 
cia una letra: horas en ollas.) 

Libre como el gavilán. 

Libre como el cuco. 

Líbrete Dios de la enfermedad que 
baja de Castilla, y de la hambre que 
sube de la Andalucía. 

Líbrete Dios de juez con leyes de 
encaje, y de enemigo escribano, y de 
cualquier de ellos cohechado. 

Líbrete Dios de delito contra las 



197 — 



tres Santas Inquisición, y Cruzada, y 
Hermandad. 

Líbrete Dios, hermano, de párrafo 
de legista, de infra de canonista, y de 
etcétera de escribano. 

Libro cerrado no saca letrado. 

Lo ajeno, siempre pía por su dueño. 

Lo ordenado en el cielo, forzoso se 
ha de cumplir en el suelo. 

Lo negro honra vivos y muertos. 
(En vestido, color honrada en Es- 
paña.) 

Lo novel todo es bel. 

Lo dado, dado, y lo prestado, pres- 
tado. 

Lo de abajo, poco y malo. (Del 
hondón de tinaja y suelo de troje.) 

Lo de todos deseado, á gran peli- 
gro es guardado, ó tiene peligro aun 
guardado. 

Lo demasiado rompe el saco. 

Lo demaseado rompe la talega. 

Lo dicho, dicho. (Afírmase en lo 
dicho, y avisa al otro que esté en ello.) 

Lo fiado, á casa llega. (Porque se 
concierta el que compra como no 
paga luego.) 

Lo barato es caro, y lo caro es ba- 
rato. (Por más, ó menos bueno.) 

Lo bebido es lo seguro, que lo que 
en el jarro está quizás se derramará. 

Lo bien apercebido, está medio 
combatido. 

Lo bien dicho, presto es dicho. 

Lo bien ganado se pierde, y lo 
malo ello y su amo. 

Lo bien ganado perece, y lo malo, 
ello y su dueño. 

Lo bien hecho bien parece. (Esto 
añaden á varios fines.) 

Lo bien hecho, bien parece, y po- 
nían á su marido en la horca. 

Lo bien hecho, bien parece, y esta- 
ban ahorcando á su marido en la 
plaza. 

Lo bien hecho, bien parece, y tres- 
quilaba su marido á cruces. 

Lo bien hecho, bien parece, y lle- 
vaba un per signum crucis. (Cuchi- 
llada por la cara.) 

Lo bonito, cerca está de ruinito. 

Lo bueno aborrece, y lo malo ape- 
tece. (Esto es, que lo bueno se aborre- 
ce, y lo malo se apetece. Respóndese 
con esto á los que aprueban cosas 



malas y reprueban las buenas; tam- 
bién dicen que generalmente huyen 
las personas de quien las aconseja lo 
bueno y da buen ejemplo, y se juntan 
con los que ayudan al mal y llevan á 
los vicios.) 

Lo bueno, es bueno, ó bueno es lo 
bueno; lo bueno, bueno es. (Que se 
contenten con lo justo y razonable, 
y no quieran demasías.) 

Lo bueno es caro, y lo malo hace 
daño. 

Lo bueno nunca es caro, y lo es 
siempre lo malo. 

Lo bueno cansa, y lo malo nunca 
se daña. (Concierta con el de poco 
antes, y es así común opinión de las 
cosas del mundo depravado; mas á 
la verdad, trocado es más cierto y se- 
guro.) 

Lo malo cansa, y lo bueno nunca 
se daña. (Entiéndese en vicio ó vir- 
tud.) 

Lo bueno vale caro, y lo malo hace 
daño. (Entiéndese del vino.) 

Lo que á la tuerta el ojo. Como á 
la tuerta el ojo. (Suple verbo hace, ó 
parece.) 

Lo que ha de cantar el buey, canta 
el carro. 

Lo que ha de cantar el carro, canta 
la carreta. 

Lo que había de cantar el carro, 
cantan los bueyes. 

Lo que ha de comer el rato, dalo 
al gato. 

Lo que ha de comer el rato, cóma- 
lo el gato. 

Lo que ha de hacer el tiempo, há- 
galo el seso. 

Lo que á ti no te aprovecha y otro 
ha menester, no lo debes retener. 

Lo que ha menester el odrero, es 
un gato rascador para los cueros. 

Lo que ha menester el vidriero, es 
un gato saltador. 

Lo que has de dar al mur, dalo al 
gato, y quitarte ha de cuidado; aun- 
que más come un gato de una vez, 
que un ratón en un mes. 

Lo que has de hacer, no digas eras, 
pon la mano y haz. 

Lo que has de hacer eras, pon la 
mano y haz. (Que no lo dejes para 
mañana.) 



198 



Lo que atrás viene, rabo semeja y 
parece. 

Lo que atrás viene, rabo de asno 
me parece. 

Lo que arrastra honra, y arrastrá- 
banle las tripas. 

Lo que el agua trae, el agua lo lle- 
va. (Hacienda de molinos y aceñas, 
porque en reparos de avenidas se 
gasta mucho.) 

Lo que el lobo hace, á la loba 
place. 

Lo que la loba hace, al lobo le 
p'ace. 

Lo que el niño oyó en el hogar, eso 
dice en el portal. 

Lo que el buey rumia, en otro bu- 
che lo muda. 

Lo que el temor acobarda, avaricia 
lo incita y avanza. 

Lo que el médico yerra, encúbrelo 
la tierra. 

Lo que el río allega, el río lo 
lleva. 

Lo que en la leche se mama, en la 
mortaja se derrama. (Sale.) 

Lo que en tu vida no hicieres, de 
tus herederos no lo esperes. 

Lo que es eso, San Miguel tiene el 
peso, y San Antón el bordón. 

Lo que es bueno para el vientre, no 
loes para el diente. 

Lo que es bueno para el hígado, es 
malo para el bazo. 

Lo que está en pergamino está en 
camino. 

Lo que yo digo, dices tú, de mi culo 
mames tú. 

Lo que ojos no ven, corazón no 
desea. 

Lo que ojos no ven, corazón no 
quebranta. 

Lo que una vez y una edad apete- 
ce, otra lo aborrece 

Lo que otro suda, á mí poco dura. 

Lo que uno no quiere, otro lo de- 
sea. 
' Lo que otro suda, poco dura. 

Lo que uno desecha, otro lo ruega. 

Lo que le falta á la desnuda, arre- 
bol y mala ventura. 

Lo que la falta á la beoda, cargar 
de borricos y andar á la hería. 

Lo que la güerta desea, nunca lo 
vea. (Que es mucha agua para sus ver- 



duras y árboles: la cosecha quiere 
lluvia bastante, y no sobrada.) 

Lo que la vejez gasta, adobarlo na- 
die basta, ó adobar ninguno basta. 

Lo que la vejez cohonde, fio hay 
maestro que lo adobe. 

Lo que la mano no echa, ó lleva, el 
rincón lo echa. 

Lo que la mora negra tiñe, la ver- 
de lo destiñe. 

Lo que la mujer quiere, Dios lo 
quiere. (Dícenlo ellas que son amigas 
de su parecer.) 

Lo que le desea Alagón, no le ven- 
ga á Aragón. (Deséale año seco.) 

Lo que los ojos no ven, el corazón 
no lo desea. 

Lo que no has de comer, déjalo 
bien cocer. 

Lo que no acaece en un año, acae- 
ce en un rato. 

Lo que no acontece en un año, 
acontece en una hora. 

Lo que no es en mi año, no es en mi 
daño. (De los oficios añales y otros.) 

Lo que no se comienza, nunca se 
acaba. 

Lo que no se puede comprar por 
dinero, no se ha de vender por dine- 
ro. (Quiere decir que la nobleza que 
con dinero no se puede comprar, no 
la ensucie el noble casando con ruin 
por codicia de hacienda.) 

Lo que no se hace á la boda, no se 
hace toda hora. (Que lo que no se 
hace al principio y tiempo de más 
necesidad, y en buena ocasión, no se 
hace después al de menos.) 

Lo que no se hace en un año, se 
hace en un rato. 

Lo que no se hace en día de Santa 
Lucía, hácese en otro día. 

Lo que no fala, enfada. (Imita la 
habla portuguesa; en lo antiguo es: 
lo que no fabla en nada: que jardi- 
nes y alamedas no satisfacen sin com- 
pañía: si á uno le preguntan qué le 
parecen tales recreaciones, responde 
que no hablan.) 

Lo que no quieres que se sepa, no 
lo digas á nadie. 

Lo que no quieres, ¿para qué lo 
quieres? (Hay personas que mues- 
tran y dicen que no quieren la cosa, 
y hacen diligencias para haberla.) 



- 199 



Lo que no quieras para ti, no lo 
quieras para mí, ó no lo quieras para 
otro. 

Lo que no como, no me hace mal 
estómago. 

Lo que no cumpliere el novio, la 
novia lo cumplirá todo. 

Lo que no puede la mano, hágalo 
el sacho. (Lo que no hace la mano.) 

Lo que no va en vino, va en lágri- 
mas y suspiros. (Dice la alegría que 
da el vino y- tristeza el agua, y así 
dice Salomón: «Da vino al que tiene 
amargo el corazón.») 

Lo que no viene á la boda, no vie- 
ne á toda hora. (Que después el sue- 
gro cumple mal.) 

Lo que no quieres, ¿para qué lo 
quieres? (El que tiene poco cuidado 
con la heredad, ó cabalgadura, y la 
deja perder, mejor le está perderla 
antes que no valga nada, y así otras 
cosas.) 

Lo que no lleva el ladrón, perece 
en el rincón. 

Lo que no lleva Cristo, lo lleva el 
fisco. (Que lo que no se da al diezmo, 
se va en denunciaciones, y lo que no 
se emplea en lo que se deba, se lo 
llevan pleitos.) 

Lo que no lleva mi Vecina, hállalo 
mi gallina. (Lo que no coge ó barre.) 

Lo que no hace la mano, hágalo el 
sacho.) 

Lo que no habla, enfada. (Que to- 
dos los deleites, y jardines, y arbole- 
das enfadan, si no tiene el hombre 
con quien hable.) 

Lo que no hurtan ladrones, perece 
en los rincones. 

Lo que sana la boca, enferma á la 
bolsa, ó daña á la bolsa. 

Lo que sabe ésta, no lo sepa ésta. 
(Enseñando la una mano y la otra, 
encarga el secreto.) 

Lo que sabe la una mano, no lo sepa 
la otra. 

Lo que sabe la derecha, no lo sepa 
la izquierda. 

Lo que saben tres, sábelo toda res. 

Lo que se ha de empeñar, véndase. 

Lo que se ha de hacer tarde, y de 
mal grado, hágase temprano. 

Lo que se ha de hacer tarde, hágase 
temprano. 



Lo que se ha por natura, hasta la 
fuesa dura. 

Lo que se aprende en la cuna, siem- 
pre dura. 

Lo que se usa no se excusa. 

Lo que se dilata no se pierde, si al 
fin viene. 

Lo que se dice y no es verdad, á la 
mañana se deshaz. 

Lo que se dice, ó es, ó quiere ser; lo 
que todos dicen. 

Lo que se gana con el culo, vase 
con humo. 

Lo que se cae de la mano, para mi 
hermano. 

Lo que se quiere la mona, piñones 
mondados. 

Lo que se quiere la arda, monte es- 
peso y mala guarda. 

Lo que se pega. (Es dicho de la 
otra vieja que vendía huevos, y en- 
trándose en la casa de la moneda 
asentaba la cesta sobre los montones 
de ella enmelada por el suelo, y pre- 
guntándola qué vendía en el trato, y 
qué ganaba, respondía: «lo que se 
pega>, aludiendo á oficios que traen 
algunos provechuelos de manejar di- 
nero, ó comer de la fruta el que la 
ayuda á coger, y semejantes.) 

Lo que se pierde en el higo, se ga- 
na en la pasa. (Y al contrario.) 

Lo que se pide, no se alcanza de 
gracia. 

Lo que sobra, harta. 

Lo que suelta la ballesta. (No dar.) 

Lo que daña la oruga, el mastuerzo 
lo cura. (Xo lo que dañó estos años 
los castaños en la Vera de Plasencia.) 

Lo que de noche se hace, de día 
parece, ó á la mañana parece. 

Lo que desea Alagón, no venga por 
Aragón. 

Lo que desea Uceda, nunca lo vea, 
ó lo que Uceda desea. 

Lo que desea la abeja y la oveja, 
no lo vea Valdecorneja. (Es ribera 
llana, y no quiere mucha agua ni 
hierba; de ella es cabeza Piedrahita.) 

Lo que desea Gozada, no lo vea su 
comarca. 

Lo que desea Trinteras, nunca lo 
veas. (Que es poca agua.) 

Lo que desean Husanos, no lo vean 
cristianos. (Así leen unos, otros.) 



200 



Lo que desean gusanos, no lo vean 
cristianos. (Esto viene bien por los 
gusanos de la seda, que no quieren 
agua, y otros que dañan los árboles.) 

Lo ^ue deja mi vecina, lo halla mi 
gallina. 

Lo que Dios al justo da, para el 
hijo ynieto alcanzará. 

Lo que Dios atrasa, El se lo alcan- 
za, ó adelanta. (Al parecer de los 
hombres se les ofrecen impedimen- 
tos en sus pretensiones, y quedan 
atrás de otros, y como tengan pa- 
ciencia, y se funden en justicia, por 
el camino que no piensan, Dios los 
adelanta y premia.) 

Lo que Dios ordena, El se lo ro- 
dea. 

Lo que Dios da, de llevarse ha. 

Lo que Dios quiere que sea, El se 
lo menea y rodea. 

Lo que dice el cordobés, entiénde- 
lo á revés. 

Lo que dice el pandero, no es todo 
vero, ó no es todo vero lo que dice 
el pandero. 

Lo que digo, digo: que la noche de 
la boda no estábades virgo. 

Lo que digo, digo: que la breva no 
es higo ni el cagajón membrillo. 

Lo que falta á la desnuda, alcohol 
y mala ventura. 

Lo que faz el loco á la derradera, 
faz el sabio á la primera. 

Lo que fué y no es, tanto es como 
si no fuera. 

Lo que fué duro de pasar, pasado 
es dulce de membrar. 

Lo que fuerza no puede, ingenio lo 
vence. (El Comendador dice ingenio 
lo vee.) 

Lo que Gozada desea, nunca lo vea. 
Lo que desea Gozada, no dé á su co- 
marca. 

Lo que bebo y como, eso me 
ahorro. 

Lo que bien parece, de vagar crece. 

Lo que quiere el campo de Ocaña, 
no lo dé Dios á la Mancha. 

Lo que quiere Escamilla, no lo dé 
Dios á Castillla. 

Lo que quiere la arda, piñones 
mondados y cerca el agua. 

Lo que quieren los hinojos, no lo 
vean nuestros ojos. 



Lo que con los ojos miro, con el 
dedo lo adivino. 

Lo que con el ojo veo, lo adivino 
con el dedo. 

Lo que con el capillo se toma y 
pega, con la mortaja se deja. (Que los 
vicios que comienzan en la niñez, 
duran toda la vida.) 

Lo que con ira se hace, sin ella des- 
place. 

Lo que con ira se hace, desplace. 

Lo que come mi vecina, no apro- 
vecha á mi tripa, ó á mi barriga. 

Lo que puedes hacer hoy, no lo de- 
jes para mañana, no. 

Lo que poco cuesta, poco se precia, 
ó poco se estima. 

Lo que te encubren, no cures sa- 
berlo, y lo que te descubren, tenlo 
secreto. 

Lo que te dijere el espejo, no te lo 
dirán en concejo. 

Lo que te dijeren al oído, no lo di- 
gas á tu marido. 

Lo que te compon, besa y pon, ó 
quita y pon. (Que se guarden los ves- 
tidos con que uno se honra.) 

Lo que te cubre, eso te descubre. 

Lo que te cubre, te descubre. (Con 
esto dicen que á los que son de baja 
calidad y pobre principio, si vienen 
á ser ricos y tener más alto lugar, el 
buen traje y vestido que los cubre, 
los descubre lo que fueron ellos y 
sus padres, porque la envidia des- 
entierra los muertos, y mucho más si 
son altivos y soberbios y se quieren 
igualar con los mejores y ser más que 
otros buenos de antigua cepa.) 

Lo que temor acobarda, avaricia 
lo estimula y avanza. 

Lo que temor desafucia, avaricia 
lo cucia. 

Lo que todos dicen, ó es, ó quie- 
re ser. 

Lo que tú quisieres, roma, y él no 
tenía narices. 

Lo que va del culo al pulso. 

Lo>que Valdeolea desea, Campos 
nunca lo vea. 

Lo que veo, mal lo veo, dijo á los 
abrojos el ciego, ó el ciego á los abro- 
jos. 

Lo que manos no toman, paredes 
lo arrojan. 



- 201 - 



Lo que más trabajo cuesta, más 
dulce se muestra, ó resta. 

Lo que me ha de dar ansí, démelo 
ansí. (Dice moviendo la mano abier- 
ta, y luego vuelta la palma abajo.) 

Lo que me ha de dar en el plato 
para arriba, démelo para abajo. (Y 
sin decir plato.) 

Lo que me ha de dar boca arriba, 
démelo boca abajo. (Esdecir, ni pue- 
de dar nada, ni estimo, ni quiero, ni 
hago caso de loque me puede dar.) 

Lo que me ha de dar cocho, déme- 
lo asado, que yo le perdono el caldo. 

Lo que me ha de reñir por la men- 
tira, ríñamelo por la verdad, que más 
vale decilla y confesar.) 

Lo que me has, eso me dueles. 

Lo que me debes me paga, que lo 
que te debo no es nada. 

Lo que me quise, me quise, lo que 
me quise, me tengo yo. 

Lo que mucho se desea, no se cree 
aunque se vea. 

Lo que mucho deseo, no lo creo 
aunque lo veo. 

Lo que mucho vale, de so tierra 
sale. (Es de las mercadurías, que á 
falta de ellas, crece el precio, y se 
descubren, y traen por la ganancia y 
descubren las guardadas. También se 
puede entender por los frutos y co- 
sechas que nacen de la tierra cada 
año y de las minas: frase es «sacarálo 
de so la tierra; no se le esconderá de- 
bajo de la tierra; descubrirálo de de- 
bajo de la tierra».) 

Lo que resta, fa la fiesta. (Hace la 
fiesta; lo que sobra, como lo que 
arrastra, honra.) 

Lo que hace el necio á la postre, 
eso hace el sabio al principio. 

Lo que hace el necio al cabo, eso 
hace al principio el sabio. 

Lo que hace un mono, quiere hacer 
otro, y una mona lo que otra. 

Lo que hecho es, hecho ha de ser 
por esa vez. 

Lo que hace el herrero, que lo pa- 
gue el tejedor. (Cuando pagan justos 
por pecadores. Está el cuento en el 
refrán: «Al plano de la Violada».) 

Lo que resta, fa la festa. (Es lo que 
sobra, harta, y lo que arrastra, honra; 
fa por faz, á lo portugués.) 



Lo cocido, mal cocido, y lo asado, 
mal asado. (Porque es más substancio- 
so lo mal asado, y más sano lo bien 
cocido.) 

Lo comido, por lo servido. (Cuan- 
do no se saca ninguna ganancia.) 

Lo peor del pleito, que de uno na- 
cen ciento. 

Lo perdido, perdido. (Cuando uno 
se consuela de lo pasado.) 

Lo perdido vaya por amor de Dios. 
(Contra los que hacen mandas pías 
de lo que no pueden cobrar y tienen 
por perdido.) 

Lo perriño é lo mociño, donde los 
hicieron bien allí los cata. (Este re- 
frán es de entre raya, estotro de Ga- 
licia y Portugal: «Lo mi niño ó lo 
vacoriño, donde le dan el bocadiño.) 

Lo poco abasta, y lo mucho se gas- 
ta. (La razón es que en lo poco se 
miden, y no en lo mucho, confiando 
que durará.) ■ 

Lo poco espanta, y lo mucho aman- 
sa. (Lo que el pequeño mal espanta. 
Veráse uno bravear con poco daño, 
de donde se le recrece otro muy 
grande que le amansa. Cada día se ve 
y experimenta esta verdad.) 

Lo poco mucho duró, y lo mucho 
se gastó. 

Lo poco hace deudor, y lo mucho, 
enemigo. (Lo poco anímase uno á 
pagarlo; lo mucho desconfía poder, 
y duélele desembolsarlo, y no lo da 
sino forzado, y aborrece al que se lo 
pide, prestó ó fió.) 

Lo público no es secreto. 

Lo tal dispuesto, no guarda paren- 
tesco, ó lo otro dispuesto. 

Lo- mal ganado el diablo se lo lleva, 
y cuanto á ello se allega. 

Lo mal guardado lleva el gato. 

Lo mal hecho, de día se parece. 

Lo malo, de balde es caro; lo me- 
jor es más barato. 

Lo más acordado, más olvidado. 
(Suele olvidarse lo que más importa.) 

Los más encomendado, lleva el 
gato. 

Lo más feo, con interés hermoso es. 

Lo más guardado, lleva el gato. 

Lo más, priva á lo menos. 

Lo mejor de los naipes y dados, es 
no jugallos. 



202 



Lo mejor de los dados, es no juga- 
llos. 

Lo mío, mío, y lo de Juan (un her- 
mano), suyo y mío. 

Lo mío, mío, y lo tuyo de entram- 
bos. 

Lo mío, mío; lo tuyo, tuyo. (Que 
-cada uno tenga lo suyo distinto.) 
- Lo mucho se gasta, y lo poco basta. 
{Por la orden ó desorden de gastar.) 

Lo mucho deseado, difícilmente es 
guardado. (Deseado de muchos.) 

Lo ruin me gaste el amigo, que lo 
bueno presto es vendido. 

Lo hallado no es hurtado. 

Lo hecho bien, aguarda á lo por 
hacer. 

Lo hecho vence á lo por hacer. 

Loa al tonto y hazle bailar, si no es 
tonto, tonto le harás tornar.- 

Loa la mar, y atente á la tierra. 

Loa el mar, y vive en la tierra. 

Loando se va Hebrero, que le ayu- 
nen el día primero. 

Loado sea Jesucristo, por siempre 
seáis obispo. 

Lona tiesa y cruz derecha. (Es de 
nave y marineros.) 

Londres con que te honres. (Solían 
traerse de Londres paños finos, y 
muy durables, de que se hacían ves- 
tidos buenos.) 

Longaniza, ¿fuego viste? No me 
acuerdo si lo vido, ó si lo vide. 

Longaniza, ¿viste fuego? Si le vide 
no me acuerdo. (Preguntan á la lon- 
ganiza dando á entender la presteza 
con que se asa: si la pregunta es la 
fuego, dirá no me acuerdo si la vide.) 

Los aires y los soles de Marzo, que- 
man las dueñas del palacio. 

Los ausentes por los presentes. 

Los árboles se les antojan hombres, 
ó los dedos. (De mucho miedo.) 

Los alcaldes de Alcorcón, diferen- 
tes son. 

Los astutos y doblados viven la 
mitad del año con arte y engaño, y 
la otra mitade con engaño y arte. 

Los ajos por Navidad, ni nacidos 
ni por sembrar. 

Los amenazados, pan comen, y los 
que amenazan, cagajones. 

Los amigos ciertos son los proba- 
dos en hechos. 



Los amigos de esta era, la comida 
comida, la compañía, ó amistad, des- 
hecha, ó el pan comido, y la compa- 
ñía deshecha. 

Los amores entran riendo, y salen 
llorando y gimiendo. 

Los amores de los asnos, á coces y 
bocados. 

Los amores de los gatos, empiezan 
riñendo y acaban bufando, ó entran 
riñendo y salen rifando. 

Los amores que comienzan en Cua- 
resma, duran más, dicen las dueñas. 

Los arrifánfanos de María de Nié- 
vanos. (Arrifánfanos por trampan- 
tojos.) 

Los años no se van de balde. 

Los hermanos de Trujillo, el uno 
bellaco, y el otro ladroncillo. 

Los escritores han de decir «en tal 
tiempo se hizo esto>, y los caballe- 
ros «en tal tiempo me hallé en esto». 

Los extremos de oro, y las cuentas 
de corcho. 

Los yerros del médico encubre la 
tierra; los del rico, la hacienda. 

Los yerros del médico, la tierra los 
cubre. (Dignos son de perdonar.) 

Los yerros por amor, dinos son 
de perdonar. Los yerros por amores. 

Los yerros se encuentran unos con 
otros. 

Los hombres se encuentran, que no 
los montes, que no las piedras. (Se- 
mejanza del otro: «Las piedras se to- 
pan unas con otras, y los platos en el 
vasar».) 

Los hombres se topan unos con 
otros, que no los montes. 

Los hombres ganan, y las mujeres 
guardan. 

Los hombres ganan la hacienda, y 
las mujeres la conservan. 

Los ojos allá van, donde tienen lo 
que han, ó lo que aman. 

Los ojos y el gato cerca. (Cuando 
uno tropieza.) 

Los ojos se abalanzan, los pies can- 
san, las manos no alcanzan. 

Los obreros de Hernandaza, siete 
con una capa. (En la E queda «Escu- 
deros de Hernandaza, nueve debajo 
de una manta.») 

Los letrados andando, y los inge- 
nios tirando. 



— 203 — 



Los linajes en unos empiezan y en 
otros acaban. 

Los locos hacen la fiesta y los cuer- 
dos gozan de ella. 

Los nietos son hijos dos veces pa- 
ridos. 

Los niños y los locos dicen las ver- 
dades. (Hay le en otras lenguas.) 

Los niños de Dios, asad tres to- 
rreznos y daldes los dos; no riñáis 
con ellos, y no reñirán con vos. 

Los niños de pequeños, que no hay 
castigo después para ellos. 

Los novios deHornachuelos, él por 
no llevarla y ella por no ir con ellos. 

Los novios de Hornachos, él llo- 
raba por no llevarla, y ella, por no ir 
con él, lloraba. 

Los sandios hacen los banquetes á 
los sabios. 

Los sacristanes, entre los altares. 

Los secretos de Mari Martín, que 
se saben en el otro barrio al maitín. 

Los suspiros que salen del cora- 
zón, le descansan del dolor. 

Los celos á las veces despiertan á 
quien duerme. 

Los jelves, madre, malos son de 
ganarse. 

Los jueces deben tener dos orejas, 
y ambas abiertas. (Para o ir entram- 
bas á dos partes.) 

Los de Lorca, madre, querránse 
vengarse. (Que es apetecida la ven- 
ganza.) 

Los de Sisón, comen á este son. 
(En la fortaleza de Segovia tañen un 
cuerno los de Zamarramala, en centi- 
nela, y son francos por este cuidado. 
Hacen en aquel lugar muy buenas 
natas, y Uévanlas á vender á Segovia, 
y muchas veces con más apariencia 
que substancia, y por este engaño los 
llaman los de Sisón, por el menosca- 
bo y sisa de las natas; también los 
llaman hidalgos, por el cuerno.) 

Los de Doñinos, pocos y mal ave- 
nidos.(Lugarillo cerca deSalamanca.) 

Los de Peñaranda, lo que dicen á 
la noche no lo cumplen á la ma- 
ñana. 

Los delitos llevan á las espaldas el 
castigo. 

Los descomulgados, pan comen. 

Los desposados de Origüela, que 



ella lloraba por no ir con él, y él por 
no ir con ella. 

Los dedos de las manos, no son to- 
dos iguales, ó los dedos de la mano. 

Los demasiados celos, á las veces 
despiertan á quien está durmiendo. 

Los días no se van en balde. 

Los diezmos de Dios, de tres blan- 
cas sisar las dos. 

Los dineros de los puercos, cuándo 
míos, cuándo vuestros. 

Los dineros del sacristán, cantando 
se vienen y cantando se van. 

Los dineros hacen dueñas y escu- 
deros. 

Los discretos, parten el melón tuer- 
to. Es de discretos, partir el melón 
tuerto. (Por sacar la tajada más cum- 
plida por adentro.) 

Los dichos en nos, los hechos en 
Dios. 

Los duelos con pan son menos. 

Los duelos con pan se sienten me- 
nos. (De todas estas maneras se dice: 
algunos escrupulean en decir son 
bíieuos, y dice lo mismo que los 
otros, que no son buenos, sino lleva- 
deros y sufribles; por donaire mudan 
la letra diciendo: «los güevos con pan 
son buenos.») 

Los fideos de Francisco de Castilla, 
comió seis escudillas, y después dijo 
al ama que le parecía que no tenían 
sal. (Es de Andalucía.) 

Los frailes en jubón, hombres son. 

Los frailes comienzan por donde 
los otros acaban y cesan. 

Losgalanes á deseo, güelen ápoleo. 

Los galancitos esto tenemos, que á 
donde no nos quieren, allí quere- 
mos. 

Los garruferos de Hebrero, que un 
copo blanco parece negro. (Garrufe- 
ros es nombre fingido como propie- 
dad, ó clima, de Hebrero, con que una 
mujer hizo creer á su rústico marido 
que lo blanco parecía negro, y lo 
negro blanco, y uno que parecieron 
dos, y á la verdad era ella y el ami- 
go, lo que le hizo creer por uno, y 
ser ella sola; cuento es vulgar.) 

Los güesos que acabo de roer, no 
me los des á comer. 

Los güéspedes parecen bien por 
las espaldas. 



— 204 — 



Los bienes del abad, cantando vie- 
nen, y silbando se van. 

Los bienes del clérigo, entran por 
la puerta, y salen por el numero. (Di- 
cen también «los bienes del obrero».) 

Los bienes vuelan y vanse, y los 
males quedan y estánse. (Sobre éste 
se funda el otro refrán: «¡Oh, si vola- 
sen las horas del pesar, como las del 
placer suelen volar!») 

Los bobos de Sando, y los bobos de 
Pedernal. (A los de estos lugares atri- 
buyen los cuentecillos vulgares de 
simplezas, por darles matraca, como 
que untaron la viga para que crecie- 
se, y otros tales.) 

Los buenos lleva Dios para sí, y los 
malos quedamos acá para entender- 
nos. 

Los canes de Zurita, no teniendo á 
quien morder, uno á otro se mor- 
dían. 

Los caniculares entran con abad y 
salen con abad. (San Bernardo, en 
Julio, y San Benito, en Agosto.) 

Los caminos viejos, por los sende- 
ros nuevos. (Entiende trocar.) 

Los que han ducados, señores son 
llamados. 

Los que amores han, en andar se 
conocen y en pasear. 

Los que no gozan de suegra, no go- 
zan de cosa buena. (Este contradice á 
otros refranes de suegras, en lo par- 
ticular, no en lo general, por algu- 
nas buenas suegras que experimen- 
tan los yernos y nueras. Los yernos 
en particular, porque es más ordina- 
rio el amor de suegra á yerno, que 
de nuera á suegra.) 

Los que no tienen compasión, ex- 
cusas ponen al dolor. 

Los que no tienen mujer, muchos 
ojos han menester para guardar su 
haber. 

Los que se hubieren de casar, ellos 
han de tener qué comer, y ellas han 
de traer qué cenar. 

Los que dan consejos ciertos á los 
vivos, son los muertos. 

Los que bien se quieren, en la ca- 
lle se topan, y los que mal, se alboro- 
tan. 

Los que bien se quieren, cuando se 
topan, luego se alborotan. 



Los que cabras no tienen, y cabri- 
tos venden, ¿de dónde les vienen? 

Los que vinieren, tomen lo que 
hallaren. (Los que sucedieren, los he- 
rederos.) 

Los corazones no son de piedra. 

Los colchones de fulano, deben de 
ser blandos. (Dícese por el sosiego 
de algunos que tienen trampas y deu- 
da?, que no parece debían dormir 
ni sosegar.) 

Los cochinos y la puerca, todos an- 
dan á la vuelta. 

Los cuidados del obispo matan al 
asno que está en el establo. 

Los cuñados es sangre atravesada 
y desvenada. 

Los parientes enojados, son más 
encarnizados contra sí que los ex- 
traños. 

Los parientes no son más de cuan- 
to se tratan. 

Los padres á yugada?, y los hijos á 
pulgaradas. (De pulgar, dedo, se dice 
purgada, ó pulgarada, la medida de 
su ancho. Dice el refrán que la ha- 
cienda grande de un padre, que me- 
día y labraba á yugadas, los hijos la 
menguan y miden á pulgaradas; que 
los hijos, pocos son tales como los 
padres. También pudo hacerse poca 
por ser dividida entre muchos; yuga- 
da es lo que un día labra una yunta, 
que también se llama güebra, muda- 
do de obra, ú ópera.) 

Los padres y los hijos, por las bue- 
nas obras son amigos. 

Los peregrinos, muchas posadas y 
pocos amigos. 

Los peces de la mar, unos por sa- 
lir otros por entrar. 

Los peces de la red, unos por salir, 
otros por se meter, ó entrar. 

Los peces grandes comen á los chi- 
cos. 

Los peces mayores tragan á los me- 
nores. 

Los pecados y las deudas, siempre 
son más de lo que se piensa. 

Los perros de Zorita, cuando no te- 
nían á quién, unosá otros se mordían. 

Los perros de Zorita, pocos y mu- 
cha grita. 

Los perros de Zorita, pocos y mal 
avenidos, ó los canes de Zorita, pocos 



203 



y mal avenidos. (En Zorita, fortaleza 
de Calatrava, tenían los Comendado- 
res unos perros veladores y de ayu- 
da contra los moros fronteros. Véase 
los Canes.) 

Los pobres son muy liberales. (De 
palabras.) 

Los pobres mueren ahitos, y de 
hambre ios ricos. (La causa es porque 
se cree que el rico enferma de co- 
mer, y el pobre que enferma de mi- 
seria y hambre, y así todos le acu- 
den con regalos y le hacen comer.) 

Los potricos de Buitrago, que siem- 
pre van desmedrando. 

Los potricos de Corvacera, que va- 
lían menos cada feria. 

Los potros de Corvacera, que don- 
de han de medrar desmedran. 

Los pollos de doña María, ellos 
querían trigo, y ella dábalos cocina, 
ó ellos querían pan, y ella dábales 
agua fría. 

Los pollos de Marta, piden pan y 
danles agua. 

Los puercos y hojarascas, no sin 
causa hacen bascas. (Lo uno y lo otro 
es causa de tempestad, ó señal de 
mudanza.) 

Los platos en el vasar se topan unos 
' con otros. 

Los pleitos son como las cerezas, 
toman pocas y vienen muchas tras 
ellas. 

Los príncipes más quieren ser ser- 
vidos, que aconsejados y advertidos. 

Los primeros á comer, los postre- 
ros á hacer. 

Los tesoros de Venecia. (Para de- 
cir tesoros grandes.) 

Los testigos matan al hombre. 

Los tontos, huyendo de un peligro 
dan en otro. 

Los tratos andando, y los ingenios 
tirando. (En los oficios hay algunos 
aumentos que llaman ingenios, y 
aquí se toma por todo instrumento 
de ganar.) 

Los tres dedos escribiendo, cuán- 
tos males y bienes han hecho! 

Los viejos en invierno, rabia para 
entre el fuego. (Son enojosos á los 
mozos.) 

Los viejos pueden más, ven más, 
mandan más. (Por que si han de su- 



bir á caballo, ó descender, se llevan 
la silla tras sí; si miran las cosas, se 
les hacen mayores; si mandan, no se 
hace nada, por que no son temidos.) 

Los males, comunicados, son ali- 
viados. 

Los más discretos, hacen mayores 
yerros. 

Los más cuerdos, hacen mayores 
yerros. 

Los menos, por callar se arrepin- 
tieron. 

Los mentirosos no ganan más de 
que no los crean cuando dicen ver- 
dad. 

Los milagros de Mahoma, sacando 
una sopa meter otra. 

Los milagros de Mahoma, para no 
acabar una escudilla, sacando una 
sopa meter otra. 

Los mis amoritos, 
q'a galeras van, 
si ellos me quieren, 
q'acá' volverán. 
(Tiene gracia en juntar las palabras 
que á galeras van , que acá volverán.) 

Los montes ven, y las paredes oyen. 

Los mosquitos tienen ojos? Sí, mis 
ojos; Pican bien? sí, mi bien; Pican 
en la palma? sí, mi alma; y en la oli- 
va? sí, mi vida; quiéreste casar con- 
migo? sí, que lo digo; quiéresmele 
dar? ni llegar. (Es juego.) 

Los viejos á la taberna, y los mo- 
zos á la putería, al revés va el mundo 
de como debía. 

Los mozos de Pedro Gómez, mien- 
tras descansan hacen adobes. 

Los muertos abren los ojos á los 
vivos. (Con el ejemplo de que murie- 
ron, y lo mismo será de nos. El otro 
dice: «Los que dan consejos algo 
ciertos á los vivos, son los muer- 
tos».) 

Los muertos abren los ojos á los 
que vivan. (Entiéndese con la hacien- 
da con que medran los herederos».) 

Los muertos y los idos, presto son 
en olvido. 

Los muertos vayan por muertos, y 
los vivos hayamos paz. 

Los refranes son hermanos bastar- 
dos del Evangelio. 

Los refranes son evangelios chi- 
quitos. 



206 - 



Los refranes viejos son evangelios 
pequeños. 

Los refranes viejos son profecías, 
ó son como profecías. 

Los requiebros del asno, del hocico 
al rabo. 

Los recueros de nuestro lugar, hoy 
enalbardan, mañana so van. (De los 
despaciosos y perezosos.) 

Los ruines y los tizones, nunca 
bien los compones, ó nunca bien se 
componen, ó mal se componen. (Por- 
que son temosos y porfiados, y no se 
reducen bien á la razón los ruines.) 

Los arrieros siempre echan los as- 
nos delante. (Moteja al que contando 
algo, se cuenta á sí primero que 
otros más dignos.) 

Los hechos son machos, y las pala- 
bras son hembras. 

Los hijos son los nacidos, las hijas 
las nacidas. (Véase en Las hijas, atrás.) 

Los hijos, son los buenos continuo 
temor, los malos eterno dolor, y gus- 
to dudoso, cuidado cierto. 

Los hijos de la zorra, de la raposa, 
de la mona. (Para decir hijos queri- 
dos, y feos, motejándolos de ello.) 

Los hijos de la rollana. (Moteja de 
hijos regalones y mal criados.) 

Los hijos de buenos, capas son de 
duelos. (Que sufren y pasan por todo, 
y ayudan á otros.) 

Los hijos de Marinilla, nunca salen 
de sabanilla. (Rollones, apodo ó bal- 
dón como sorrollón.) 

Los hijos de Marirrabadilla, cada 
cual en su escudilla. 

Los hijos del asno. (Por los que 
chiquitos son hermosos, y de gran- 
des tornan feos.) 

Los hijos bastardos, ó son del todo 
buenos, ú del todo malos. 

Los hijos, buenos son de emborrar, 
y malos de criar. 

Los hijos criados, los duelos do- 
blados. 

Los hidalgos de Ledesma, al can- 
dil, de lana la mecha, ó el candil seco, 
de lana la mecha. 

Lozoya lleva el agua, y Jarama 
tiene la fama. 

Lodo seco mal se pega. 

Lodo con más lodo, uno se hace 
todo. 



Lodos en Mayo, espigas en Agosto. 

Lograr las canas, con las quijadas 
sanas. (Es de cautos.) 

Lobado molido, y plomo derreti- 
do. (Es maldición.) 

Lobo que presa no halla, come la 
tierra con rabia. 

Lobo que presa topa, aunque' se le 
vaya nunca cierra la boca. 

Lobo tardío, no vuelve vacío. 

Lobo hambriento, no tiene asiento. 

Lobos de Croy te arremetan. (Croy 
es un monte en tierra de Murcia, 
donde se crían fieros lobos.) 

Lobos de Codera. (Otros tales como 
los de Croy.) 

Loco es el hombre que sus prisio- 
nes ama, aunque sean de oro y plata. 

Loco es el salce, y más el que por 
él nace. (El salce, ó sauce, no lleva 
fruto, aunque lleva flor, y por eso se 
llama loco, y porque para muchas 
cosas aprovecha, no se ha de dejar 
por inútil.) 

Locura es no tener bien guardado 
lo .que está bien ganado. 

Lope Sayo, háceme un Díaz, queme 
muero de jubón con este frío. (Atro- 
pella las palabras como sucede mu- 
chas veces, por decir Lope Díaz, ha- 
cedme un sayo, que me muero de 
frío con este jubón.) 

Lominjar, de buen haber hace mal. 

Lominjar, de buena casa hace mala. 
(Lominjar es andarse lominhiesto 
holgando.) 

Luengo y estrecho, como año malo 
y hambriento. 

Lueñe de ciudad, lueñe de sanidad. 
(Lo que lejos.) 

Luna en creciente, cuernos al 
oriente. 

Luna en menguante, cuernos ade- 
lante. 

Luna de Enero, y el amor primero. 

Luna de Enero no tiene aparcero. 

Luna de Enero no tiene compañe- 
ro, sino la de Agosto, que la da en 
rostro. 

Luna de Enero no tiene par, sino la 
de Agosto, que en rostro la da. 

Luna que reluces, toda la noche 
alumbres. 

Luna con cerco, agua trae en el 
cuerno. 



207 



Luna con cerco, lo bajo lleno; es- 
trella en medio, lo bajo seco. 

Lunar en el bozo, parece mejor que 
en otra parte del rostro. 

Lunar sobre la ceja, señora des- 
pués de vieja. 

Lunar sobre los dientes, señor de 
sus parientes. (El lunar allí queda 
declarado.) 

Lunar de Enero, no tiene compa- 
ñero, sino el de Agosto, que le da en 
rostro. 

Lunes, y martes, y miércoles, tres; 
jueves, y viernes, y sábado, seis. 

Lunes y martes, fiestas muy gran- 
des; miércoles y jueves, fiestas solem- 
nes; viernes y sábado, las mayores 
de todo el año. 

Lunes de Triana, martes de Sevilla, 
miércoles en la cama, jueves al mer- 
cado, viernes á misa, sábado á hacer 
cuenta, y el domingo no hay bocado. 

Lumbre mezquina, sacar de abajo 
y echar encima. 

Lumbre hace cocina, que no moza 
ardida, erguida, garrida. 

Lucen las galanas con los brazos 
de las malhadadas. 

Lugar por lugar, Villacastín y el 
Espinar. 

Narices de cera, que se tuercen á do 
quiera. (De torcer leyes, y de muda- 
bles.) 

Nace en el güerto lo que no siem- 
bra el dueño. 

Nace en la güerta lo que el hortela- 
no no siembra. 

Nace en la güerta lo que no sembró 
el hortelano. 

Nace toda criatura, según se dice, 
con su ventura. 

Nacer en Cáceres y morir en otra 
parte. (Porque hay muchos nobles, 
y los segundos salen á valer por la 
guerra, ó letras.) 

Nacen alas á la hormiga, para que 
se pierda más aína. 

Nacieron alas á la hormiga para su 
daño. 

Nació para porfiar como cualquie- 
ra mujer, tijeretas han de ser. 

Nazca mi hijo varón, y nazca la- 
drón. (Dícese por encarecimiento.) 

Nada tiene el que nada le basta. 

Nadar y nadar, y á la orilla ahogar. 



Nadar y nadar, y morir ala orilla, 
ó ahogar á la orilla. 

Nadar sin calabazas. (Semejanza de 
los que las dejan ya diestros. Es como 
decir comer ya el pan con corteza, de 
los que se saben valer, ó tienen vale- 
dores, y por el contrario los que no 
saben nadar, si van sin calabazas no 
nadan, y se hunden; y se aplica á los 
que no tienen favor ni ayuda en lo 
que pretenden; también se moteja 
con esto á los capados.) 

Nadal frío, cordial invierno, de 
verdad. (Es la Navidad.) 

Nadie entre en el bien, sino miran- 
do cómo ha de salir de él. (Aviso pa- 
ra oficios añales, y ser templados en 
las prosperidades y favores de seño- 
res.) 

Nadie extienda la pierna, sino has- 
ta donde la sábana llega. (También se 
dice: «nadie extiende la pierna más 
de hasta donde llega la sábana».) 

Nadie le dio la vara, él se hizo al- 
calde y manda. (Contra los entreme- 
tidos y mandones.) 

Nadie no diga mal del día, hasta 
que sea pasado, y la noche venida. 

Nadie no diga haré, haré, que más 
vale un torna, que dos te daré. 

Nadie se alabe con trigo, hasta Ma- 
yo salido. 

Nadie se alabe hasta que acabe. 

Nadie se debe enseñar, si no tiene 
buen desenseñadero. (No acostum- 
brarse, ó avezarse á vicio que no 
puede dejar fácilmente, como tomar 
tabaco, ó jugar naipes y otros tales.) 

Nadie sería mesonero, si no fuese 
por el dinero. 

Nadie se meta donde no le llaman. 

Nadie debe vivir pobre, por mo- 
rir rico. 

Nadie diga zape, hasta que destape. 
(Sacó un caballero en una máscara 
un arca llena de gatos, y acomodó 
por letra este refrán.) 

Nadie diga de este agua no beberé; 
nadie no diga, no diga nadie de esta 
agua no beberé. (Avisa de las vueltas 
que da el mundo.) 

Nadie diga de ninguno, porque no 
diga del alguno. 

Nadie no diga mal de la mona, que 
es un mal que á todos toca, ó toma. 



208 



(Los amigos de vino dicen esto; llá- 
mase mona la borrachez, y aplícase á 
todas cosas que son comunes á to- 
dos, y suelen y pueden suceder á 
cualquiera.) 

Nadie fué escaso para quien bien 
quiso. 

Nadie quiera de lo ajeno, más que 
lo que quisiere el dueño. 

Nadie puede servir á dos amos, y 
contentarlos á entrambos. 

Nadie puede dar lo que no tiene. 

Nadie puede dormir y guardar las 
eras. 

Nadie tiene en lo ajeno, más de lo 
que quiere el dueño. 

¿Nadie tiene viñas, sino quien caga 
orujo? (Uno que la tenía, miraba lo 
que cagaban los que no la tenían, y 
pareciéndole que habrían comido 
uvas de su viña, acusábales por estas 
señas, y respondían ellos esto.) 

Nadie me moquee, que tiraré la 
gaita. (Moquear por mofar.) 

Navidad en domingo, vende los 
bueyes y échalo en trigo. (Alégrase 
el vulgo de que cayendo Navidad en 
viernes le hace día de carne y festi- 
vo, y dalo á entender con pronosti- 
car que el año será fértil, y si cae en 
domingo les pesa á los mozos porque 
quita una fiesta, y lo declaran con 
pronosticar mal año; no hay en ello 
más fundamento ni misterio.) 

Navidad en viernes, siembra por 
donde pudieres; en domingo, vende 
los bueyes y échalo en trigo. 

Nabo bejaro, repollo murciano. 

Napolitano, largo de boca y estre- 
cho de mano. 

Natura revertura, el gato á la 
asadura, ó el gato á la ceniza. (Que 
cada cosa sigue su natural costum- 
bre.) 

Necesidad hace al hombre trastor- 
nar y trajinar. 

Necia ama tuviste, si á un mes no 
te reiste. 

Necio es aquel que padece por 
culpa que otro merece. 

Necio es aquel que no toma, si le 
dan algo que beba y coma. 

Necio es quien piensa que otro no 
piensa. 

Necio, ni para fraile es bueno. 



Necios y porfiados hacen ricos los 
letrados. 

Negar que negarás, que en Aragón 
estás. (En Aragón no se da tormento, 
por fuero del reino, y el delincuente 
puede negar si no hay testigos.) 

Neguilla lleva el trigo, y gusano el 
higo. (Cuando alguno niega algo.) 

Negocian los hombres sabios, disi- 
mulando injurias y sufriendo agra- 
vios. 

Negocios largos nunca bien acaba- 
dos. (Llevados despacio.) 

Negra es la cena en la casa ajena, y 
más negra para quien da la cena. 

Negra es la que quema. (Entiénde- 
se la pimienta.) 

Negra es la pimienta, y cómenla los 
hidalgos, y blanca es la nieve, y pí- 
sanla los caballos. 

Negra es la pimienta, mas todos 
compran de ella. 

Negro es el carbón, negro el carbo- 
nero, y blanca el dinero. 

Negro de blanco dentón y blanco 
de neguijón. (Palabras del negro con 
que se ufana de blancos dientes, y 
nota al blanco de peores y tocados de 
neguijón; dase más á entender que no 
hay nadie tan abatido que no tenga 
algo de qué honrarse, ni nadie tan fe- 
liz que no tenga algún aje,y mota que 
le dé pesadumbre, y más que no hay 
cosa tan vil que no tenga algún pro- 
vecho, ni cosa tan buena que no ten- 
ga alguna falta.) 

Nevase hasta que este mi lomo se 
me cobijase. (Habla el ganado vacu- 
no, que sufre mejor el temporal, y 
desea buen año de yerba.) 

Nevada está la sierra, señor; el 
tiempo lo lleva. (Dicho á un cano, y 
su respuesta.) 

Ni á la puta por llorar, ni al rufián 
por jurar, ni los has de creer, ni te 
has de fiar. 

Ni á la mujer qué llorar, ni al pe- 
rro qué mear, nunca les ha de faltar; 
ó trocado: ni al perro qué mear, ni á 
la mujer qué llorar. 

Ni á fraile descalzo, ni á hombre 
callado, ni á mujer barbada no les 
des posada. 

Ni á todos dar, ni con necios por- 
fiar. 



209 — 



Ni á rico debas, ni á pobre prome- 
tas. 

Ni hay rodeo sin deseo, ni atajo 
sin trabajo. 

Ni ausente sin culpa, ni presente 
sin disculpa. 

Ni al aire cierzo abrigo, ni al hom- 
bre pobre amigo. (Se halla.) 

Ni al niño el bollo, ni al santo el 
voto. (Dejes de dar, y cumplir, ó no 
prometas.) 

Ni al niño que se eche, ni al viejo 
que se levante. 

Ni al gastador faltó qué gastar, 
ni al lacerado qué endurar, ó guar- 
dar. 

Ni al gato ni al rato, comerlo lue- 
go y perder cuidado, y excusóme el 
plato. (Responde al otro: «lo que has 
de dar al ratón, dalo al gato y quitar- 
te has de cuidado».) 

Ni al buen hijo heredar, ni al malo 
dejar. (Que no se fatigue el padre, ni 
infierne por los hijos, porque el malo 
no lo merece, y al bueno Dios le ayu- 
dará.) 

Xi al caballo corredor, ni al hom- 
bre rifador duró mucho el honor. 

Xi al tahúr qué jugar, ni al gasta- 
dor qué gastar. 

Xi alabes ni desalabes hasta siete 
Xavidades. 

Xi andar sin comer, ni gala sin oro 
tener. 

Xi antruejo sin luna, ni feria sin 
puta, ni piara sin artuña. (Artuña lla- 
man á la oveja horra que parió y se 
le murió el cordero^ piara el hato 
de ovejas de trescientas; á cualquiera 
manada de otro ganado y cosas se 
llama piara, chica, ó grande.) 

Xi asno rebuznadpr ni hombre ra- 
llador. 

Xi aprovecha á Dios, ni al mundo, 
ni al diablo. (Dicho con enojo de lo 
que se pierde inútilmente, ó se hace 
sin provecho.) 

Xi á tuerto ni á derecho, no te de- 
jes echar preso. 

Xi amistad con fraile ni con mon- 
ja que te ladre. 

Xi amigo jugador, ni tahúr mal be- 
bedor. 

Xi amigo burgalés, ni cuchillo cor- 
dobés. 



Xi amigo reconciliado, ni carnero 
dos veces asado. 

Ni amor ni señoría no quiere com- 
pañía. 

Xi he frío, ni calura, mas ruin 
quien suda. 

Xi he miedo á frío, ni á helada, 
sino á lluvia porfiada. (Xo he miedo.) 

Xi el anzuelo, ni la caña, mas el 
cebo las engaña. 

Xi el envidioso medra, ni quien á 
él se allega, ó acerca. 

Xi el envidioso medró, ni quien 
cabe él moró. 

Ni el pie en la losa, ni creas en her- 
mosa. 

Ni en invierno sin capa, ni en ve- 
rano sin calabaza; y al trocado: ni en 
verano sin capa, ni en invierno sin 
calabaza. 

Xi en invierno viñadero, ni en oto- 
ño sembrador, ni con nieve seas va- 
quero, ni de ruines seas señor. (Xi en 
otoño sembrador, entiende al princi- 
pio, antes de sazón, cuando vendi- 
mian, qne es mejor ejercicio, ó ni en 
estío sembrador, que es algo antes 
del otoño.) 

Xi en Baeza naranjos, ni en Ubeda 
hidalgos. (Los que hay son preciados.) 

Xi en tu casa galgo, ni á tu puerta 
hidalgo. 

Ni en mar tratar, ni en muchos 
fiar. (Que uno y otro es peligroso.) 

Xi enamorado en Morón, ni en Se- 
villa fanfarrón. (Porque los aporrean.) 

Ni ensalada comida, ni moza en 
camisa. (Que traen salida.) 

Ni es para silla ni para albarda. 

Ni escudero sin sueldo, ni judío 
sin renuevo. 

Xi espada sin vuelta, ni puta sin al- 
cagüeta. 

Xi espero ni creo más de lo que 
veo. 

Ni espero ni creo, sino lo que veo. 
(De obras y promesas de hombres.) 

Xi estopa con tizones, ni la mujer 
con varones. 

Ni estoy al vado ni á la puente. 

Xi yerba en el trigo, ni sospecha 
en el amigo. 

Ni yo, ni yo, María lo suyo perdió. 
(Que negando todos no parece la 
cosa.) 

14 



- 210 



Ni yugo primero, ni buey blanco, 
ni del todo prieto. 

Ni yugo primero, ni buey prieto. 
(El yugonuevo está áspero y pesado 
y suele herir la melena del buey; el 
buey blanco ó del todo prieto no se 
aprueba por bueno.) 

Ni hombre que sale al través, ni 
caballo herrado al revés. (Herrado 
por calzado.) 

Ni hombre cordobés, ni cuchillo 
pamplonés, ni moza burgalés, ni za- 
pato de baldrés. 

Ni hombre rallador, ni asno bra- 
mador. (Rallador por rifador.) 

Ni oste ni moste, ó ni usté ni muste. 
(Cuando no se habló palabra.) 

Ni olla sin tocino, ni sermón sin 
Agustino. 

Ni olla sin tocino, ni boda sin tam- 
borino, ni cena sin vino. 

Ni olla descubierta, ni casa sin 
puerta. 

Ni un dedo hace mano, ni una go- 
londrina verano. 

Ni la virtud enfada, ni lo hermoso 
harta. 

Ni las mujeres en sobrado, ni las 
agujas en saco. (Dejan de asomarse.) 

Ni los ojos á las cartas, ni las ma- 
nos á las arcas, ó á las barbas. 

Ni luna por horado, ni viento co- 
lado, ni amigo reconciliado. 

Ni lugar sin taberna, ni puta sin 
alcagüeta. 

Ni sardina arencada, ni vieja en- 
corozada. 

Ni sábado sin sol, ni mozasin amor, 
ni viejo sin dolor, ni puta sin arre- 
bol. (Dícese ni sábado sin sol porque 
el sábado aliñan cuellos, tocas y gor- 
gueras y las ponen á secar; y porque 
las mujeres mozas se ocupan en esto 
se dice que están de sábado, y si el 
amo ó padre pregunta por la moza, 
responden: «está en la solana ponien- 
do al sol », que le haga, que no, y como 
esto es cotidiano cada sábado, dicen: 
«no hay sábado sin sol>, esto es, sin 
la tal ocupación y cuidado; el vulgo 
parece que ya ha creído que no hay 
sábado sin sol, y no hay más razón 
ni certeza en él que en los otros días.) 

Ni sé si gomite, ni sé si regüelde. 

Ni sé si halaga, ni sé si amaga. 



Ni sé qué me diga, ni sé qué me 
haga, si coja mozo, si me entre á sol- 
dada. 

Ni seas fraile en tu tierra, ni te ca- 
ses fuera de ella. 

Ni seas mala, ni su semilla, y serás 
buena hija. 

Ni sermón sin Agustino, ni boda 
sin tamborino. 

Ni sirvas á quien sirvió, ni pidas á 
quien pidió, ni mandes á quien man- 
dó. (Dícese porque sabrán entender 
la malicia y no los engañarás, como 
dice el otro refrán: «El monacillo 
que vino á ser abad, sabe lo que ha- 
cen los mozos detrás del altar».) 

Ni sirve á Dios, ni al rey, ni al dia- 
blo, ni al mundo. 

Ni sin trigo, ni sin amigo. 

Ni soy Séneca, ni Merlín, mas en- 
tiendo ese latín, ó mi latín. 

Ni soy buena, ni soy mala, ni se 
me tienen los pies en casa. 

Ni sobreDiosseñor, ni sobre negro 
color. 

Ni sopa de agua, ni vino de sopa. 

Ni sopas de añedido, ni mujer de 
otro marido, ni ellas saben bien, ni 
marido de otra mujer. (Otros dicen: 
«ni sopas de radio», que es postreras 
porqueyaestá el caldo sin substancia 
y más frío.) 

Ni suena, ni truena. (Cuando no se 
habla do uno, y está como olvidado.) 

Ni zapatero. sin dientes, ni escude- 
ro sin parientes. 

Ni jo tan corto, ni arre tan longo, ó 
tan largo. (Luengo.) 

Ni juegues ni trates con mujeres, 
y vivirás como quisieres. 

Ni mano primera, ni buey blanco. 
(Y así tengo por cierto que se erró 
de yugo en juego, cou su corrupta 
jota.) 

Ni judío necio, ni liebre perezosa. 

Ni da ni toma, como judío en sá- 
bado. Ni dó ni tomo. 

Ni de amigo reconciliado, ni de 
manjar dos veces guisado. 

Ni de estiércol buen olor, ni de 
hombre vil, honor. 

Ni de estopa buena camisa, ni de 
puta buena amiga; y al contrario. 

Ni de la zarza buen manzano, ni de 
mal moro buen cristiano. 



211 — 



Ni de las flores de Marzo, ni de 
la mujer sin empacho. 

Ni de lágrimas de puta, ni de juros 
de rufián. (Hagas caudal.) 

Ni de niño te ayuda, ni te casa con 
viuda. 

Ni de saúco buen vencejo, ni de cu- 
fiado buen consejo. 

Ni de sobra buen bocado, ni del es- 
caso buen dado. 

Ni de cielo estrellado, ni de culo 
mal vezado, no soy confiado. 

Ni de cielo estrellado, ni de rabo 
tan alzado, no es buen fiado. 

Ni de tascos buena camisa, ni de 
puta buena hija, ó amiga. 

Ni de tiempo ni de señoría no ten- 
gas melancolía. 

Ni de malva buen vencejo, 
ni de estiércol buen olor, 
ni de mozo buen consejo, 
ni de puta buen amor. 

Ni de mucho mal muere, ni de poco 
escapa, cuando el enfermo está en la 
cama. (Quiere decir que se ve el prin- 
cipio del mal, y no el fin.) 

Ni de ruin causa caudal, ni verdad 
en oficial. 

Ni de noche departir, ni de día 
acuchillar. 

Ni des consejo á viejo, ni espul- 
gues zamarro prieto. 

Ni dejó grudo, ni menudo, ni raso, 
ni velludo. (Así dice el vulgo por 
«ni dejó crudo, ni menudo, ni raso, 
ni velludo >; grudo por gordo.) 

Ni dejó roso, ni velloso. (Para sig- 
nificar que todo lo arrebañó; por la 
consonancia dice roso por raso.) 

Ni direte, ni indirete. (Del latín 
nec indirecte, ni derechamente, ni 
tuerta, ó torcidamente.) 

Ni dijo chus, ni mus, ni despegó su 
boca. (Que no habló palabra.) 

Ni dó, ni tomo, como judío en sá- 
bado. 

Ni domes potro, ni tomes consejo 
de loco. 

Ni duermas en prado, ni pases 
vado. 

Ni dueña sin escudero, ni fuego 
sin trashoguero. 

Ni fea que espante, ni hermosa que 
mate. (Ni tan fea que espante, ni tan 
hermosa que mate; y al trocado.) 



Ni fíes en villano, ni bebas agua de 
charco. 

No fíes en maquila de molinero, 
ni en ración de despensero. 

Ni fíes en monje prieto, ni en amor 
de nieto. 

Ni fíes ni confíes, ni prestes, vivi- 
rás como quisieres. 

Ni fíes, ni porfíes, ni confíes, ni 
arriendes, vivirás entre las gentes. 

Ni fíes del amor, ni de baranda de 
corredor. 

Ni fíes mujer de fraile, ni barajes 
con alcalde, ó alcaide. 

Ni fiesta sin comida, ni sin oro gala 
cumplida. 

Ni firmes sin leer, ni bebas sin co- 
mer. 

Ni firmes carta que no leas, ni be- 
bas agua que no veas. 

Ni fraile en bodas, ni perro entre 
las ollas. 

Ni fraile por amigo, ni clérigo por 
vecino. (Al casado.) 

Ni guinda soplada, ni moza be- 
sada. 

Ni grado, ni gracias. (Dícese á lo 
que otro hizo con ayuda y favor, que 
no hay que agradecérselo como al 
que por sí solo hace y negocia.) 

Ni barbero mudo, ni cantor se- 
sudo. 

Ni bebas en laguna, ni comas más 
de una aceituna. 

Ni bebas sin ver, ni firmes sin leer. 

Ni bebas con botija, ni des á foras- 
tero tu hija. 

Ni beber de bruces, ni mujer de 
muchas cruces. (Mujeres hay haza- 
ñeras, que de todo se espantan y se 
hacen cruces, y el hacerse cruces se 
dice por admirarse: hacíase toda cru- 
ces; hízose mil cruces; las monjas son 
de muchas cruces, por las cruces de 
las rejas por donde se ven cruzadas 
las caras, y algunos que las visitan di- 
cen que las ven las caras con cruces, 
y cruzadas las caras; puédese tomar 
por la mujer hipócrita visitadora de 
altares y cruces.) 

Ni bien dice sí, ni bien dice no. 
(Lo que ni ata, ni desata.) 

Ni boda sin canto, ni mortorio sin 
llanto. 

Ni buey blanco, ni muía mohína, 



— 212 



ni moza marina, ni casa en cantillo, 
ni esquina; ni mozo Pedro en casa, 
ni poyo á la puerta, ni abad por ve- 
cino, y los frailes lejos, ni moral en 
el corral. 

Ni buey cansado, ni cantor mal me- 
drado. 

Ni buen zapato de baldrés, ni buen 
amigo salamanqués. (Buenos amigos 
hay en Salamanca, y este refrán vale 
contra estudiantes falidos que no 
cumplen átiempo lo que se les presta.) 

Ni buen amigo cordobés, ni buen 
zapato de baldrés. (Buenos amigos 
hay cordobeses, y esto más es matra- 
ca que verdad.) 

Ni buen fraile por amigo, ni malo 
por enemigo. 

Ni buen consejo de moza, ni bue- 
na camisa de estopa. 

Ni buen médico, ni buena caza, 
sino buena hogaza. 

Ni blanco que admire, ni negro que 
tizne. 

Ni cari ón, ni leña, no lo compres 
cuando hiela. 

Ni calabaza sin tapón, ni mujer sin 
quita y pon. (Por lo que en si ponen, 
ypor las importunidades que tienen.) 

Ni calentura con frío, ni marido en 
casa contino. 

Ni calor, ni hielo, no se quedó ja- 
más en el cielo. 

Ni casa en cantón, ni cabe mesón. 
(Porque la dan los aires en cantón, 
y es registrada, y cabe mesón la dan 
mucho ruido.) 

Ni casa en cantón, ni viña en rin- 
cón. (Viña en rincón es entre dos ca- 
minos, que hace Qsquina, y la esquil- 
man todos los que pasan.) 

Ni casa cabe río, ni viña cabe ca- 
mino. 

Ni castigues viejos, ni espulgues 
pellejos. 

Ni cases sin ver, ni firmes sin leer. 

Ni cada día rabo de sardina. 

Ni cabe peña, ni cabe río, ni en lu- 
gar de señorío, no armes castillo. 
(Las tres cosas tiene Najara: que pasa 
por ella un río de su nombre que 
daña con crecidas, y es lugar de 
señorío del Duque de Maqueda, y 
está fundado á lo bajo de unas peñas 
blandas que se deslizan con tempes- 



tad y lluvias, y derriban casas cave- 
ras, porque en ocasión de guerra, 
desde la peña, ó montes vecinos, ha- 
cen daño los enemigos.) 

Ni cabe río, ni en lugar de señorío,, 
hagas tu nido. 

Ni cabalgues en potro, ni tu mujer 
alabes á otro. 

Ni cama sin cabezales, ni tintero 
sin cendales. 

Ni quita, ni pone. (Lo que no cre- 
ce, ni mengua en nada. También dice 
cuando presto sin reparar- en nada, 
uno sacudió á otro, ó le dijo mala 
razón.) 

Ni quito, ni pongo. (Esto es, no me 
entremeto en eso.) 

Ni quito rey, ni pongo rey, mas 
ayudo á mi señor. (Sabido es que lo 
dijo un caballero Andrada, volvien- 
do de abajo arriba á Don Enrique el 
Bueno, contra su hermano el rey 
Don Pedro. Otros lo atribuyeron á 
otro.) 

Ni con él, ni á par del, como caba- 
llo argel. 

Ni con ellas, ni sin ellas. (Dícese 
esto por el trabajo que se pasa con 
las mujeres, y el descontento de vi- 
vir sin ellas.) 

Ni con cada mal al físico, ó ciruja- 
no, ni con cada pleito al letrado, ni 
con cada sed al jarro. 

Ni con toda sal el cántaro, ni con 
toda hambre el almario. 

Ni con toda hambre al arca, ni con 
toda sed á la cántara. 

Ni compres de recatón, ni te des- 
cuides en mesón. 

Ni compres majada, ni viña des- 
mamparada. 

Ni compres muía coja pensando 
que ha de sanar, ni te cases con puta, 
pensando que se ha de enmendar. 

Ni cosa más variable que ventura, 
ni cosa más miserable que locura. 

Ni comas crudo, ni andes el pie 
desnudo. 

Ni comas mucho queso, ni de mozo 
esperes seso. 

Ni comendón bien cantado, ni hijo 
de clérigo bien criado. 

Ni comemos, ni se muere padre; 
todo el año hambre; con esto fuese á 
la olla el mozuelo. (Es de la Andalu- 



— 213 



cía: todo el año hambre, y no se 
muere padre.) 

Ni comunicanda bien cantada, ni 
manceba de clérigo mal tocada. 

Ni creas en invierno claro, ni en 
verano nublado. 

Ni creas en mozo mocoso, ni en po- 
tro sarnoso. (El sentido es: ni des- 
confíes, porque después salen bue- 
nos.) 

Ni creas de mercadel, ni de pobre 
de fardel. 

Ni crece en el lino la estopa, ni la 
soma en la torta. 

Ni para el hijo bueno cumple ga- 
nar, ni para el malo trabajar que le 
dejar. 

Ni para buenos cumple ganar ni 
para malos dejar. (Entiende hijos.) 

Ni para carro, ni para arado. (Lo 
que es mala muía.) 

Ni para mozo hay mal cocinero, ni 
para viejo fiel despensero. 

Ni pariente postizo, ni cochino in- 
vernizo. 

Ni patos á la carreta, ni bueyes á 
volar, ni moza con viejo casar. (Me- 
jor dirá: «ni mozo con vieja casar», 
que es peor junta.) 

Ni pernada de potro, ni rascadura 
de un pie con otro. 

Ni perder derechos, ni llevar co- 
hechos. 

Ni pena, ni gloria. (Del que no 
siente ni bien ni mal.) 

Ni péname el amor. (Que no dijo 
nada, ni aun péname el amor; toma- 
do del cantar: «péname el amor, ma- 
dre, mal penado me ha».) 

Ni perro, ni negro, ni mozo ga- 
llego. 

Ni pesca cabe río, ni viña cabe ca- 
mino. 

Ni pierdas derecho, ni tomes co- 
hecho. 

Ni pierdo, ni gano; levantóme á mi 
mano. 

NI piedra redona, ni gente de Gi- 
rona. (Catalán redona por redonda.) 

Ni pieza cabe río, ni viña cabe ca- 
mino. (Pieza es haz, ó heredad.) 

Ni pidas á mujer hermosa, ni pro- 
metas á pobre, ni debas á rico, ni to- 
mes á nadie, no te lo dando; puedes 
tomar lo que te quisiere dar. 



Ni por esas, ni por esotras. (Cuando 
no se pudo reducir á un porfiado, y 
cuando decimos que no se nos puede 
escapar, ni salir afuera por un cami- 
no ni por otro.) 

Ni por lumbre á cas del cura, va la 
moza segura. 

Ni por imaginación, ni por lum- 
bre, ni por sueños. (Negando algo.) 

Ni por frío, ni por calura, no de- 
jes tu cobertura. 

Ni por grande dicen bueno, ni por 
arre daca el freno. 

Ni por grande dicen bueno, ni por 
chico ruin. 

Ni por buey, ni por vaca, no tomes 
mujer maniaca, que morirse ha el 
buey y la vaca, y quedársete ha Ja 
mujer maniaca. 

Ni por casa, ni por viña, no tomes 
mujer gimia. (Entiende ruin, que gi- 
ma y tenga achaques, y sea para 
poco.) 

Ni por collejo, ni por concejo, no 
desates tu vencejo. (Que por nin- 
guna razón no se deshaga nadie de lo 
que tiene para el sustenso de su casa.) 

Ni por vos, ni por otro, sino por 
este zapato roto. (Respuesta, pregun- 
tada la dama por quién suspiraba.) 

Ni pobre sevillano, ni en todo cuer- 
do hombre humano. (Los sevillanos 
dicen: «ni pobre sevillano, ni cuerdo 
toledano», y parece más emulación 
que verdad.) 

Ni pollo, ni capón, no pierde nun- 
ca sazón. 

Ni pollos sin tocino, ni sermón sin 
Agustino. 

Ni puta, ni paje, de bajo linaje. 
(Que presumen ser Guzmanes.) 

Ni primera mano, ni buey blanco. 
(Necio azar ganar la primera.) 

Ni prometas al niño el bollo, ni al 
viejo el oño. (Por no decir el con.) 

Ni tan luenga como Jámila, ni tan 
corta como su hija. 

Ni tan jus, ni tan sus. 

Ni tan monte, ni tan ponte. 

Ni tan vieja que amule, ni tan mo- 
za que retoce. (Amular es torcer la 
boca cuando comen las viejas, como 
las muías; también es enojarse, y po- 
ner ceño, y no ablandarse con ha- 
lago.) 



— 214 - 



Ni tan viejo Abrahán, ni tan niño 
Jesús. (Que se ajusten las cosas á su 
proporción.) 

Ni tanto, ni tan poco. (Cuando se 
ven demasías ó menguas.) 

Ni te alborotes, ni te enfotes. (En- 
fotarse es tomar bríos y determi- 
narse.) 

Ni te abatas por pobreza, ni te en- 
salces por riqueza. 

Ni te fíes del amor, ni de baranda 
de corredor. 

Ni te moja en baño, ni te viste de 
mal paño. 

Ni tengo padre ni madre, ni perro 
que míe ladre. (Varíase por otras per- 
sonas.) 

Ni temas toro, ni acoses vaca. (En 
la alegoría tiene entera verdad este 
refrán: «que no temas al valiente, ni 
en derecho te rindas al poderoso, ni 
acoses mujer ni persona flaca».) 

Ni teme á Dios ni al mundo. 

Ni teme ni debe. (Dícese de un atre- 
vido y arrojado y de un desvergon- 
zado.) 

Ni tiene era, ni vera, ni palo de hi- 
guera. 

Ni tiene sí, ni no. (Del que no se 
determina, y del mudable que no se 
guarda en su palabra, y es tanto su 
sí como su no.) 

Ni tiene casa ni hogar. (Dícese de 
un pobre baldío y vagante.) 

Ni tiene pies ni cabeza; ni lleva 
pies ni cabeza. (El que habla sin 
tiento.) 

Ni todas las cosas se han de apu- 
rar, ni todos los amigos probar, ni 
todos los enemigos descubrir y de- 
clarar. 

Ni todo á corte, ni todo á monte. 
(El medio es!, o mejor; acerca de la 
lengua se puede decir hoy esto por 
algunos que les parece que no hay 
más lengua de la que hablan los cor- 
tesanos, con que cercenan vocablos, 
desechan otros buenos, y admiten 
otrosnuevos,y mancan el castellano.) 

Ni todo lo dar, ni todo lo negar. 

Ni todo dar, ni todo negar. 

Ni todo lo que pensares hables, ni 
todo lo que pensares calles. 

Ni todos han de ser monjes, ni to- 
dos calonjes. 



Ni todos los que estudian son le- 
trados, ni todos los que van á la gue- 
rra, soldados. 

Ni tomes cohecho, ni pierdas dere- 
cho. (Trocado queda atrás.) 

Ni tu lino en tocas, ni tu pan en 
tortas. (Porque lo que está en menu- 
dencias, vase de entre las manos sin 
sentir.) 

Ni tu pan en tortas, ni tu vino en 
botas, ni tu carne en longanizas. 

Ni trigo de valle, ni leña de so 
lombrío, lo vendas á tu amigo. 

Ni va ni viene. (De lo que no im- 
porta, y del que es para poco.) 

Ni vayas contra tu ley, ni contra 
tu rey. 

Ni veas el suelo al tarro, ni le per- 
dones al jarro. 

Ni vendas á caballero, ni compres 
de escudero. 

Ni vendas á tu amigo, ni del rico 
compros trigo. 

Ni viento colado, ni luna por ho- 
rado, ni amigo reconciliado. 

Ni vieja adivina, ni moza latina. 
(Mejor es: «ni moza adivina, ni vieja 
latina».) 

Ni vieja castigues, ni pellejo espul- 
gues. 

Ni vieja hermosa, ni moza fea. 

Ni virtud al virtuoso, ni mal al ma- 
licioso. (Falta que obrar.) 

Ni villa sin aldea, ni puta sin alca- 
güeta. 

Ni viña en bajo, ni trigo en casca- 
jo. (Porque no sacarás el gasto.) 

Ni viña en Cuenca, ni pleito en 
Güete. 

Ni vó allá, ni hago mengua. 

Ni vó, ni vengo, mas cual seso tuve, 
tal casa tengo, ó tal cabeza tengo, ó tal 
casa mantengo. 

Ni voy allá, ni hago mengua. (Va- 
ríase: «ni va, ni hace mengua».) 

Ni mal sin pena, ni bien sin galar- 
dón. 

Ni mala, ni buena, con el Conde de 
Ureña. 

Ni mano en barba, ni ojo en carta. 
(Pongas de nadie.) 

Ni mandes al niño el bollo, ni ai 
viejo el co... 

Ni mandes al niño el bollo, ni ai 
viejo el otro. (Viejo se toma aquí por 



215 



mancebo y hombro hecho, contra- 
puesto á niño; el otro se dice por su 
consonante entendido en lo otro, el 
co... otros dicen: «ni mandes al viejo 
el bollo, ni al mozo el otro».) 

Ni más largo, ni más corto. (Cuan- 
do una persona dijo á otra algún di- 
cho, ó razón, que la escociese, refiere 
que lo dijo ni más largo, ni más 
corto.) 

Ni más fea, ni peor tocada, ansí se 
te vuelvan las pulgas en la cama. 

Ni más pechar, ni menos medrar. 

Ni más pechar, ni más malmedrar. 

Ni más vieja, ni peor tocada. (A las 
que dicen que ya son viejas.) 

Ni mata, ni espanta. (Hablando de 
una, si es hermosa ó no.) 

Ni me pago de gabacho, ni de alca- 
güete macho. 

Ni me va, ni me viene. (El que no 
se le da nada, ó no le toca.) 

Ni merques de ladrón, ni hagas 
lumbre de carbón. (Dolor de cabeza.) 

Ni mesa sin pan, ni ejército sin ca- 
pitán. 

Ni mesa que se ande, ni piedra en 
el escarpe. (Es alpargata ó zapato.) 

Ni mejor porque el concejo le 
pide, ni peor porque le olvide. 

Ni médico novel, ni confesor don- 
cel. (Por eso no fueron ángeles.) 

Ni médico mozo, ni barbero viejo. 

Ni mi era, ni mi cibera, trille 
quien quiera y pueda. 

Ni mía la era, ni mía la cibera, tri- 
lle quien quisiere en ella. 

Ni molino sin cibera, ni sin fuego 
la caldera. 

Ni monje, ni calonje. (Del estudian- 
te que no es, ó no quiere ser, para 
uno, ni otro.) 

Ni moza adivina, ni vieja latina. 

Ni moza adivina, ni mujer latina, 
ni mozo Pedro en casa. 

Ni moza sin espejo, ni viejo sin 
consejo. 

Ni moza de plaza, ni rico de caza. 

Ni moza de mesonero, ni costal de 
carbonero. (Sin agujero.) 

Ni moza fea, ni obra de oro tosca 
sea. 

Ni moza fea, ni vieja hermosa. 

Ni moza marina, ni adivina, ni mu- 
jer latina, ni mozo Pedro en casa, ni 



pozo á la puerta, ni abad por vecino, 
ni moral en el corral. 

Ni mozo dormidor, ni gato maulla- 
dor. 

Ni mozo goloso, ni gato cenizoso. 

Ni mozo bej araño, ni palo de ave- 
llano. 

Ni mozo que va á vísperas, ni vie- 
jo que va á maitines. 

Ni mueras en mortandad, ni jue- 
gues en Navidad. (Que no se puede 
hacer bien el entierro entre muchos, 
ni el juego en tropel.) 

Ni muía sin uña, ni pega sin man- 
cha negra. (Y trocado.) 

Ni muía mohína, ni moza marina, 
ni poyo á la puerta, ni abad por ve- 
cino, ni mozo Pedro en casa, ni mo- 
ral, ni higuera en el corral. (Mozo 
que cada día amenaza con el día de 
San Pedro.) 

Ni moza ni tela, no se ha de tomar 
á luz de candela. 

Ni mujer sin tacha, ni muía sin raza. 

Ni mujer de otro, ni coce de potro. 

Ni rey traidor, ni papa descomul- 
gado. 

Ni río sin vado, ni linaje sin malo. 

Ni riqueza te ensoberbeza, ni te 
abata la pobreza. 

Ni roe el güeso, ni le deja roer. 

Ni rocín, ni moza ruin. 

Ni ruin letrado, ni ruin hidalgo, ni 
ruin galgo. 

Ni lleva pies ni cabeza. (Lo dispa- 
ratado.) 

Ni lleves cohecho, ni sueltes de- 
recho. 

Ni hace, ni padece. (Lo que no cum- 
ple, ni va, ni viene.) 

Ni hace ni deshace, como verbo 
neutro. (De los que ni atan ni des- 
atan.) 

Ni hagas del queso barca, ni del 
pan San Bartolomé. (Que no saquen 
el migajóndel queso, ni descortecen 
el pan, sino que se corte igual.) 

Ni hagas güerta en sombrío, ni 
edifiques cabe río. 

Ni habla, ni pabla. (Al que no dice 
nada.) 

Ni hermosa que espante, ni fea que 
mate. (Y al trocado.) 

Ni hovero, ni rosillo, ni alazán, ni 
morcillo. 



- 216 - 



Niega la verdad y haz buena cara. 

Niebla en la Ardilla, agua al terce- 
ro día. (Río es junto á Jerez de los 
Caballeros.) 

Niebla es, niebla es, y llévase las 
eras tras la mies. (No se temía tanta 
tempestad.) 

Niebla de Marzo, agua en la mano, 
ó helada en Mayo. 

Niebla tercera, sol espera. 

Nieblas en alto, aguas en bajo. 

Nieto de agüelo traidor, no fíes de 
su valor. 

Nieve en Hebrero, hasta la hoz el 
tempero. 

Nieve sobre lama, agua demanda. 
(Lama es lodo blando.) 

Ningún día malo, muerte tempra- 
no. (Porque lo parece al que vive 
con desconfianza y descanso, que la 
muerte vino presto, aunque llegue á 
viejo, y sucede á pretensores salir 
felizmente con sus pretensiones, y 
gozarlas poco.) 

Ninguna es bien casada, sin que la 
cueste nada. 

Ninguna cosa hay tan dura, que el 
tiempo no la madura. 

Ninguna maravilla dura más de 
tres días. (Luego con otra se olvida.) 

Ninguno hay contento con su 
suerte. 

Ninguno está contento con su suer- 
te; no hay ninguno contento con su 
suerte. 

Ninguno es mucho honrado, sin 
menos honra de otro. (En las preten- 
siones y privanzas se ve que unos 
suben y otros bajan.) 

Ninguno es obligado á hacer más 
de lo que sabe y puede. 

Ninguno las calza que no las caga. 

Ninguno nace enseñado. 

Ninguno nace maestro. 

Ninguno nace sin confianza. 

Ninguno se alabe de lo que no 
sabo. 

Ninguno se alabe de lo que no hace. 

Ninguno se alabe de lo que hacer 
no sabe. 

Ninguno se embriaga jamás del 
vino de casa. 

Ninguno siente de qué parte aprie- 
ta el zapato, sino el que le trae cal- 
zado. 



Ninguno da lo que no tiene, ó na- 
die da lo que no tiene. 

Ninguno de otros es señor, si no lo 
es del corazón. 

Ninguno puede servir á dos amos, 
y agradar á entrambos, ó contentar- 
los á entrambos. 

Ninguno por ser querido no se es- 
fuerce, que á las veces, lo torcido se 
destuerce, ó que el hilo más torcido 
se destuerce. 

Ninguno tan pobre muere que más 
no naciese. 

Ninguno tiene tan gran cojera que 
no pueda andar una legua. 

Ninguno traya engaño, que no fal- 
tará quien le arme lazo. 

Ninguno ve el arguero en su ojo 
mesmo, y vele en el del compañero. 

Ninguno ve en su ojo el arguero, 
sino en el ajeno. 

Nido de monte, cuándo mío, cuán- 
do de otre. 

Niña es María cuando se tresquila. 

Niña es Marina, cuando la llevan 
por el diente á misa. 

Niña, y con un pie tejes, por tu 
vida que lo dejes. 

Niña, y con un pie tejes, y con los 
dos á veces, y con el culo á veces. 

Niña, y viña, y peral, y habar, ma- 
los son de guardar. 

Niña, si quieres ventura, tómale 
clérigo que dura: el casado se va á su 
casa, y el que es soltero se casa, y el 
fraile también se muda; tómale clé- 
rigo que dura. 

Niña, dame un beso: no está el culo 
para eso. (Bachillería que enseñan las 
madres necias á las criaturas, que res- 
pondan á tal demanda.) 

Niña del saco vaquero, qué tenéis 
que tomáis el acero? 

Niña del color quebrado, ó tienes 
amor, ó comes barro. 

Niña, tente á las alforjas, que á fee 
de te morder si las aflojas. 

Niño de un mes, tente en tus pies. 

Niño dominguero, no quiere lunes. 
(Dícese porque los domingos y fies- 
tas hay más espacio de traer las mo- 
zas y las madres en brazos á los ni- 
ños que crían, que los días de traba- 
jo, y los niños, avezados á los brazos 
el día de domingo, el lunes que le 



217 — 



arriman ai poyo, ó le ponen en el ca- 
jón, ó en la cuna, está descontento, y 
llora, y no quiere lunes, sino domin- 
go, ó tiesta, para andar en brazos; 
también los zapateros, y otros oficia- 
les, no quieren trabajar el lunes, y 
merecían ser apremiados.) 

Niño, caduco y loco, no contraen 
sólo matrimonio. 

Niño que no ríe á las siete sema- 
nas, ó es ruin, ó tiene ruines mañas, 
ó amas. 

Niño Periquito y solo, cómo lo 
haré todo? 

No ha de estar siempre el diablo 
detrás de la puerta. 

No ha de venir preñado ni parido 
el hijo ido: no parido ni preñado, 
sino barbado. 

No ha bien nacido, y ya quiere ma- 
rido. 

No á mí que las confieso: no á mí 
que las entrevo: no á mí que las ven- 
do. (Dice esto el experto en cosas que 
no le engañarán.) 

No hay atajo sin trabajo, ni rodeo 
sin deseo. 

No hay amigo ni hermano, si no hay 
dinero de mano. 

No hay amigo para amigo: las ca- 
ñas se vuelven lanzas. 

No hay amigo para amigo, ni hijo 
para padre, ni padre para hijo. 

No hay amigo tal, como el parien- 
te en el mal. 

No hay hermano para hermano, ni 
padre para hijo, ni hijo para padre. 

No hay amor feo, si es querido á 
deseo. 

No hay el día de hoy de quien 
fiar. 

No hay orejas para cada martes. 

No hay hombre sin nombre, ni 
nombre sin renombre. 

No hay hombre para hombre. 

No hay hombre con hombre; no 
quedó hombre con hombre. 

No hay oficio bueno ni malo, que 
no dé de comer á su amo. 

No hay orejas para cada martes. 
(Respondió el desorejado escarmen- 
tado: en cada lugar se dirá el día de 
su mercado.) 

No hay hombre cuerdo á caballo, 
ni colérico con juicio. 



No hay olla tan fea que no halle su 
cobertera. 

No hay ladrón sin encubridor. 

No hay legua pequeña, ni cuartillo 
de vino que grande sea. 

No hay linaje honrado, donde no 
hay hombre rapado. (Quiere decir 
obispo ó eclesiástico, que los tales 
enriquecen el linaje.) 

No hay linaje sin putas, ni muladar 
sin pulga. 

No hay lunes sin luna, ni jueves 
que no alumbra. 

No hay lunes sin su tarea. 

No hay luz mejor que de la maña- 
na, ni comer que á buena gana. 

No hay lugar, que todos son aldeas. 
(Hacenequivocación de lugar por pue- 
blo, y cabo para caber, ó tiento para 
hacer algo; dícese enegando [sic). 

No hay nadie sin su alguacil. 

No hay nadie que no las cague. 
(Entiende calzas y bragas; sucede á 
todos los muchachos cuando comien- 
zan á vestirlas, porque no se saben 
bien desatacar.) 

No hay nadie que no tenga un aje, 
ó un ai. 

No hay necesidad de enseñar al 
gato á arañar. 

No hay ninguna fea, sino la necia y 
mal tocada. 

No hay ninguno tan viejo, que no 
piense vivir un año. 

No hay sardina mala, ni lo puede 
ser, que la que es mala para comer, 
es buena para beber. 

No hay santita sin re do mita. 

No hay servicio que espere igual 
galardón. 

No hay sino abrir ojos y mirar. 

No hay secreto que tarde ó tempra- 
no no sea descubierto. 

No hay sucia que no sea asquerosa. 
(Que no haga ascos de lo sucio, sin 
echar de ver en sí que es necia y 
puerca.) 

No hay cerradura, si es de oro la 
ganzúa, que todo lo abre el dinero. 

No hay generación do no hay puta 
ó ladrón. 

No hay día tan lueñe que presto no 
esté presente. 

No hay dolor bueno. 

No hay dinero de suegro que no 



218 



s ea con pleito, ó que no se saque con 
pleito. 

No hay dueña ardida, en cáma- 
ra barrida. (Que no lo puede ser 
sin conque en casa pobre; no puede 
ser, ni parecer aliñosa ninguna mu- 
jer.) 

No hay flor de abeja segura. 

No hay Gonzalo malo, ni azotado 
por su grado. 

No hay gozo cumplido, que tan 
presto es menguado como venido. 

No hay bestia fiera que no se güel- 
gue con su compañera. 

No hay bien estimado sin trabajo. 

No hay bien que dure, ni mal que 
no se acabe. 

No hay bien que dure, ni mal que 
á cien años llegue y ature. 

No hay bonico sin adobico. 

No hay boda sin doña Toda. (Dícese 
de personas entremetidas, que si no 
se hallan en todo, no están contentos, 
ni parece que se puede hacer nada 
sin ellos.) 

No hay boda sin tornaboda. 

No hay blanca en galeras. (Para de- 
cir que no tienen dineros.) 

No hay carne perdida, sino la lie- 
bra asada y la perdiz cocida, ó la va- 
ca asada. 

No hay carne preada, sino la per- 
diz cocida, y la liebre asada. 

No hay carga más pesada que la 
mujer liviana. 

No hay casa ni güerta, que una 
vez al año no se quede abierta, ó no 
hay puerta. 

No hay casa do no haya su chitica- 
lla, ó su calla, calla. (Vicio y tacha 
por qué callar.) 

No hay casa harta, sino donde hay 
corona rapada. 

No hay casa harta, do recua no anda. 
(En algunos lugares.) 

No hay casado gordo que no sea 
bobo, ni clérigo flaco que no sea be- 
llaco. 

No hay casamiento pobre, ni mor- 
tuorio rico. 

No hay cabras y hay ixte. (Esto es, 
hijo no tenemos, y nombre le pone- 
mos; ixte es palabra de pastores en 
Aragón careando el ganado.) 

No hay caballo sin tacha. 



No hay que desconfiar de la mise- 
ricordia de Dios. 

No hay que fiar de judío romo, ni 
de hidalgo narigudo, ó naribondo. 

No hay quien yerre, sino quien su 
parecer quiere. 

No hay quien no corra su muía. 

No hay quien diga qué tenéis ahí? 
(Dícese por la que no la dicen nada.) 

No hay quien haga mal, que des- 
pués no lo venga á pagar. 

No hay contento cumplido en este 
mundo mezquino. 

No hay cosa honesta que provecho- 
sa no sea. 

No hay cosa nueva que de contar 
sea. 

No hay cosa secreta, que tarde ó 
temprano no se sepa; tarde ó cedo. 

No hay cosa sobre la tierra, que en 
tiempo y lugar no se encierra. 

"No hay cosa de menos saber, que á 
sí mesmo conocer. 

No hay cosa firme ni estable en esta 
vida y mundo miserable. 

No hay cosa que no tenga su al- 
guacil. 

No hay cosa que fin no tenga, á la 
corta ó á la luenga. 

No hay cosa que tanto asga como 
la zarza. (Alegoría de las malas con- 
diciones.) 

No hay cosa que más descontente, 
que estar y vivir entre ruin gente. 

No hay cosa que más canse que el 
trabajo, y también suele cansar el 
holgar; mas sobre todo cansa un ne- 
cio que mucho habla. 

No hay cosa que más harte que el 
comer, ni otra que vino, y agua que 
mate la sed. 

No hay cosa que más hermosa pa- 
rezca al hombre, que hombre. 

No hay cosa que hecha sin volun- 
tad no parezca dificultosa. 

No hay cosa tan secreta, que tarde 
ó temprano no sea descubierta. 

No hay cosa tan cara como la que 
con ruegos se alcanza. 

No hay cosa tan costosa, como la 
que con ruegos se compra. 

No hay cosa más dulce que el reci- 
bir, ni más dura que el pedir. 

No hay cosa más perdida, que aza- 
frán de noche y candil de día. (Por- 



219 — 



que parece poco en las tocas y guisa- 
dos, y más poco en las tocas.) 

No hay comida buena'á que no se 
siga mala cena. 

No hay cuenta con serranos. (To- 
mado de los que van á la Andalucía 
á servir de gañanes, que aprueban 
bien de fieles y legales, y no hay ne- 
cesidad de escoger en ellos; á otro 
sentido de negar le usan algunos.) 

No hay cuesta sin v.ille, ni valle 
sin cuesta, junto á él puesta. 

No hay cuidados más derechos, que 
los yerros por amores hechos. 

No hay para pan, y compraremos 
musco, ó tocinos. (Musco es almizcle 
olor.) 

No hay para cada martes orejas. 
(Dícelo escarmentado de habérselas 
quitado.) 

No hay pariente pobre. (Dícese á 
uno que está contento y próspero.) 

No hay pariente tal como el amigo 
en el mal. (El que socorre, aunque 
parece mejor trocado, como va poco 
antes: «No hay amigo tal, como el pa- 
riente en el mal».) 

Xo hay palmo de tierra que no 
haya sido quicial de puerta. (Vese 
esto bien en Salamanca en las nuevas 
mudanzas de casas y calles, y dice la 
continua mudanza de las cosas hu- 
manas.) 

Xo hay pan sin afán. 

Xo hay peor astilla que la de la 
misma viga; del mesmo madero. 

Xo hay peor abad que el que mon- 
je ha estad. (Tiene final catalán.) 

Xo hay peor ladrón que el de casa 
y tu mansión. 

No hay peor saber, que no querer. 
(Del que se excusa que no sabe hacer 
lo que le piden que haga, ó la calle, 
casa ó camino do le envían.) 

Xo hay peor sordo que el que no 
quiere oir. 

Xo hay peor fruta que aquella que 
nunca madura. 

Xo hay peor burla, que la verda- 
dera. 

Xo hay peor tienda que la vacía. 

Xo hay peor mal, que el enemigo 
de casa para dañar. 

No hay pega sin mancha negra, ni 
puta sin alcagüeta. 



No hay piedra berroqueña que des- 
de un año no ande lisa al pasamano. 

Xo hay pocos años feos, ni muchos- 
hermosos. 

Xo hay puerta que una vez al año 
no se quede abierta. 

No hay puta ni ladrón que no ten- 
ga su devoción. 

Xo hay placer, do no hay comer. 

Xo hay placer que no enfade, y 
más si cuesta de balde. 

Xo hay placer tan halaguero como 
tener mucho dinero. 

Xo hay plazo que no llegue, y más 
el de la muerte. 

No hay plazo que no llegue, ni 
deuda que no se pague. (De agravio.) 

No hay plazo que no llegue, ni tem- 
pestad que no vuelva en serenidad. 

Xo hay plazo tan lueñe, que no le 
tema el que debe. 

No hay plazo tan lueñe, que pres- 
to no llegue. 

No hay tal andar como buscar á 
Cristo. 

No hay tal andar como á Cristo 
buscar. 

No hay tal haber, como el buen 
querer. 

Xohay tal espejo, como el ojo del 
amigo bueno y viejo. 

No hay tal espejo como el unto so 
el pellejo. 

Xo hay tal lunar como el de Enero 
ni tal amor como el primero. 

No hay tal sopa como la primera. 

No hay tal doctrina como la de la 
hormiga. 

No hay tal caldo como el zumo del 
guijarro. (Entiéndese el agua. Hay 
este cuento: que un pasajero no ha- 
lló qué comer en un lugar, y salióse 
á un arroyo, y cogió unos guijarros 
limpios y volvió á la posada, y dijo 
que él sabía guisar aquella fruta, quo 
le diese una poca de manteca la güés- 
peda y unos güesos. y así pidió otros 
aderezos, ó hizo un caldo y guisado 
que á todos pareció bien y supo bien, 
y decían: «no hay tal caldo como el 
zumo del guijarro».) 

No hay tai calva como la que está 
sin pedrada. 

No hay tal cama, como la del en- 
jalma. 



— 220 



No hay tal comer, como al pie de 
la obra. 

No hay tal como amigo viejo para 
tratar, y leña seca para arder y que- 
mar. (Atribuyen este refrán al Rey 
Don Alonso.) 

No hay tal cuña como la del mismo 
palo, ó la del propio madero. (Quie- 
re decir que el astil, ó madero, se la- 
bre tan ajustado y apropiado para lo 
que ha de servir, que no haya me- 
nester cuña añadida, sino que en si 
mismo lo supla, porque la cuña pos- 
tiza vase saliendo, y la alegoría es 
que á un ruin otro ruin, y para con- 
venir á dos, otro como ellos.) 

No hay tal piñonada, como cara á 
cara. 

No hay tal pueblo, como el que al 
hombre parece bueno. 

No hay tal testigo, como buen mo- 
duelo de vino. (Porque hace al que 
lo bebe descubrir la verdad; modue- 
lo ó moyuelo, es medida de moyo, 
modio, ó medio.) 

No hay tai venta como la primera. 
(Para el que compra ó vende.) 

No hay tal vicio, como leche con 
nata y pan trigo. (En Galicia que hay 
poco trigo, es preciado, porque los 
más comen centeno.) 

No hay tal madre como la que pare, 
ni tal hijo como el parido. (La madre 
propia tiene más amor que el ama, ó 
madre por adopción; y el hijo á ella 
asimismo.) 

No hay tal mercado como su due- 
ño pagado. 

No hay tal razón como la del bas- 
tón. (Es la fuerza y poder.) 

No hay tal regazada como la de la 
arada. 

No hal tal hechizó como el buen 
servicio. 

No hay tal hijo como el parido, ni 
tal madre como la que pare. 

No hay tales cuentas como las en 
que se reza. 

No hay tierra tan brava que resis- 
ta el arado, ni hombre tan manso, 
que quiera ser mandado. 

No hay tierra mala si la viene su 
añada. 

No hay tono como el del pito. 

No hay tormento como el vino. 



No hay veinte años feos, ni cua- 
renta hermosos. (En las mujeres.) 

No hay vieja de la cintura abajo. 

No hay vieja hermosa, ni moza fea. 
(Al trocado del de antes.) 

No hay virtud y bondad que no 
corrompa la pobreza y necesidad. 

No hay virtud y nobleza que no 
abata la pobreza. 

No hay virtud ninguna que necesi- 
dad de miseria no la consuma. 

No hay vida sin muerte, ni placer 
sin pesar. 

No hay vida más cantada de días 
que la del rico, y más de los que es- 
peran lo que les dejará, y no los con- 
sejos que les dará. 

No hay mayor dificultad que la 
poca voluntad. 

No hay mayor duelo que el del al- 
ma y el cuerpo. 

No hay mayor mal que el descon- 
tento de cada cual. 

No hay mayor mancilla que mu- 
chas manos á una morcilla, ó á una 
escudilla. 

No hay mal año por piedra, mas 
guay de á quien acierta. 

No hay mal sin baldón, ni bien sin 
galardón. 

No hay mal sin bien, cata para 
quien. 

No hay mal sin pena, ni bien sin 
buena estrena. 

No hay mal bueno. 

No hay mal que el tiempo no alivie 
su tormento. 

No hay mal que no venga por bien, 
catad para quien. 

No hay mal que cien años dure, ni 
bien que á ellos ature. (Llegue.) 

No hay mal tan lastimero, como no 
tener dinero. (Hipo es de muchos.) 

No hay mal tan leve, ó grave, que 
no acabe, ó se acabe. 

No hay mal tan grave, que si no 
acaba no se acabe. 

No hay manjar que no empalague, 
ni vicio que no enfade. 

No hay manjar por preciado que 
sea, que no empalague, ni vicio que 
no harte. 

No hay manjar tan preciado que 
no harte, ni vicio que no canse . 

No hay más de fazte acá ó fazte 



221 



allá, y dar con el judío patas arriba 
en el suelo. 

No hay más de llegar y besar. 

No hay más de llegar y recadar. 

No hay más Flandes. (Encarecien- 
do cosa buena y hermosa.) 

No hay más mal en él* que en una 
casa caída. (Ironía deshecha congra- 
cia.) 

No hay más mala gente que hom- 
bres y mujeres, ó no hay peor gente. 

Xo hay mata de do lobo no salga. 
(Alegoría de inconvenientes y tími- 
dos.) 

No hay mejor asilo, que el que pro- 
mete la casa del mesmo enemigo. (Ya 
sucedió que una señora andaluza es- 
condió de la justicia en su misma 
casa el que la mató á un hijo.) 

Xo hay mejor espejo que el amigo 
viejo. 

No hay mejor espejo que el ojo 
del amigo viejo. 

Xo hay mejor invención que enga- 
ñar al engañador. 

No hay mejor invención que la que 
engaña al engañador. 

Xo hay mejor cirujano que el que 
ha sido acuchillado. 

Xo hay mejor cirujano que el bien 
acuchillado. 

Xo hay mejor dejar que al tiempo 
del tomar. (Lo que no se ha de obli- 
gar.) 

Xo hay mejor bocado que el hur- 
tado. 

Xo hay mejor pariente que el buen 
amigo presente. 

No hay mejor maestra que necesi- 
dad y pobreza. 

No hay muerte sin achaque. 

Xo hay mejor medianero que cada 
uno por sí mesmo. 

Xo hay montañas sin cañadas, va- 
lles y cabradas. 

Xo hay moza fea, ni vieja hermo- 
sa. (Y al trocado como queda antes.) 

No hay mozo triste, ni viejo ale- 
gre. 

No hay muía sin uña, ó sin tacha 
alguna. 

No hay muía sin uña, ni piara sin 
artuña. 

No hay muladar sin pulgas, ni li- 
naje sin ladrón, ó puta. 



Xo hay mujer, ni espada, ni caba- 
llo, ni ínula sin tacha. 

Xo hay mujer flaca en su intento. 

No hay mujer flaca determinada. 
(Esto es, resuelta á hacer su gusto ó 
vengar su enojo.) 

No hay mujer gorda que no sea 
boba, ni flaca que no sea bellaca. 

No hay mujer bien casada que no 
lo sea á su costa. 

Xo hay mujer por buena que sea, 
que cuando mea no se pea. 

No hay mujer hermosa el día de la 
boda. (Porque todos la ponen faltas, 
y aun á las otras, y porque va com- 
puesta y aliñada.) 

No hay mucho que no se acabe, ni 
poco que no alcance. 

Xo hay mucho que no se gaste, ni 
poco que no baste. 

No hay mucho que no baste, ni 
nada que no se gaste. 

Xo hay rey sin su vecino, ni regi- 
na sin su vecina. 

Xo hay rey sin privado, ni privado 
sin ídolo. 

Xo hay renta más segura y cierta, 
que dejar de gastar lo que se puede 
excusar. 

Xo hay regina sin su vecina. 

Xo hay refrán que no sea verda- 
dero. 

Xo hay regla sin excepción. 

Xo hay río sin vado ni generación 
sin malo. 

Xo hay río bravo, que no tenga va- 
do, ni plazo que no llegue al cabo. 

Xo hay romero que diga mal de su 
bordón. 

Xo hay ruin que no se tenga por 
bueno. 

Xo hay nublado que dure un año. 

Xo hay hermosa si no toca en 
Roma. 

Xo hay hermosura sin ayuda. 

Xo hay hermosura que llegue á la 
de la mujer no afeitada, y asaz está 
vestida la bien acostumbrada. 

No hay hijo como su padre, ni pa- 
dre como su agüelo. 

Xo hay holgorio, si no hay comis- 
torio. 

Xo hay holgorio, do no hay comis- 
torio. 

Xo al moco, sino donde cuelga. 



222 



No al moce. mas donde cuelga. 
(Que algunas cosas son honradas, por 
cuyas son, no por ellas.) 

No alabes hasta que pruebes. 

No han de pisar el sol; no habéis 
de pisar el sol. (Queja de mucha su- 
jeción.) 

No andes con soberbia sobre la 
tierra, porque serás el primero que 
caigas debajo de ella. 

No asamos y ya empringamos. 

No asolejes tu mijo á la puerta de 
tu enemigo. (Esto es, no lo poagas al 
sol. El asturiano.) 

No abre boca que no coja. (Que se 
viene á caer en aquello que se des- 
echaba ó se murmuraba en otros, 
cúmplese en casamientos y otras co- 
sas, y así viene aquí bien: «nadie di- 
ga de esta agua no beberé».) 

No habéis comido con el medio ce- 
lemín de sal. (Con ella dice esto el 
que conoce bien la persona que le 
alaban por alguna cortesía que vie- 
ron. Aplícase á los que tratados des- 
cubren dura condición.) 

No habría cabeza sana, si entodo se 
mirara. 

No habría palabra mal dicha, si no 
fuese retraída, ó si no fuese mal en- 
tendida, ó si no fuese repetida. (Que 
muchas palabras pudieran pasar por 
bien dichas sino fueran mal tomadas. 

No habría palabra mala, si no fuese 
mal tomada. 

No arriendes al cuitado, rentas ni 
caballo. 

No arriendes tus escamochos, ó sus 
escamochos. (De bebedores.) 

No he salido de mis eras, que el 
trigo me tengo en ellas. 

No he mal ni bien, sino lo que pri- 
mero hubiere de haber. 

No he meado en la cuenca del ar- 
zobispo. (Moteja á otra de manceba 
de eclesiástico: «quitaos allá, que no 
he meado en la cuenca del arzobispos) 

No en los años están todos los en- 
gaños. 

No en mis días. (Que no consen- 
tirá.) 

No engendra conciencia, quien no 
tiene vergüenza. 

No envíes á arar al mozo en la he- 
ría y hero, que se cagará el perro en 



la hacina. (Que vaya el amo presente: 
heria, ó eria, y hero, es la tierra de 
labrar.) 

No embota eso la lanza. (De lo que 
no impide ni estorba.) 

No entiende ni sabe letra, sino por 
el libro de su aldea. (De los que no 
saben más de su negocio, y las cosas 
de su manera de crianza. Varíase: 
«no me entiendo, sino por el libro 
de mi aldea».) 

No entra en misa la campana, y á 
todos llama. 
No entre en tu casa quien ojos haya. 
No entre máscara en tu casa, si no 
la quieres enmascarada. (Aviso es 
para ciudades y lugares, donde se 
usan máscaras de Navidad al antrue- 
jo, y so capa de ellas muchas liber- 
tades.) 

No entres en lo vedado, que te 
prenderá su amo. 

No entres tú en mi fuego, y no ve- 
rás lo que cuezo. 

No entres en güerto ajeno, que te 
dirá mal su dueño. 

No es ansí la cosa, como en el jui- 
cio del loco posa. 

No es aquella gallina buena, que 
come en tu casa y pone en la ajena. 

No es el judío para el trabajo, ni 
el trabajo para el judío. 

No es el diablo tan feo, como le 
pinta el miedo. (Porque será mucho 
más.) 

No es el bien conocido, hasta que 
es perdido. 

No es el cabrito para el maldito. 

No es en mano del piloto que deje 
el viento su soplo. 

No es todo oro lo que reluce, ni ha- 
rina lo que blanquea. (Decía antes 
trocado: «no es todo oro lo que re- 
luce».) 

No es la vida del leal, más de cuan- 
to al traidor plaz. 

No es la miel para la boca del asno. 

No es letra la que cualquiera no 
lea, y el que la escribe es bestia. 

No es nacido ni ha de nacer, quien 
las siete cabrillas por Mayo ha de 
ver. 

No es nada la meada, y calaba siete 
colchones y una frazada. 

No es nada la meada, y calaba siete 



— 223 — 



colchones y una manta, y hacía cam- 
panitas en el suelo. 

No es nada lo meado: calaba siete 
colchones y nadaba un buey debajo. 

No es nada, sino que matan á mi 
marido. 

Xo es nada, que del humo llora. 

No es nada, que por fuera cae. 

Xo es nadilla, y llegábale á la ro- 
dilla. 

No es ninguno más viejo de cuan- 
to lo parece. 

No es sabio el que para sí no sabe. 

No es seso traer el asno en peso. 

Xo es dama la que no lleva esme- 
ralda. 

Xo es de agora el mal que no me- 
jora. 

No es dagora este mal que no me- 
jora: y trocado este mal. 

Xo es de envidiar bonete canicular. 
(Dícenlo los canónigos por la conti- 
nua residencia de las horas, mañana 
y tarde sujetos á la campana, que 
llaman aguijón; canicular se deduce 
aquí de canónigo.) 

No es de nuestra cofradía. (Que no 
es de nuestro bando y condición.) 

Xo es de buena tura la fruta que no 
madura. (La alegoría es de los viejos 
verdes, que no se conocen que pasa- 
ron de juventud.) 

No es de vero lágrimas en la mu- 
jer, ni coxquear en el perro. 

No es duecha la loba de soga. 

No es gallina buena, la que come 
en casa y pone fuera 

No es gallina buena, la que si come 
en casa pone en la ajena. 

No es buen año cuando el pollo 
pica al gallo. (Quiere decir que los 
menores no han de mandar á los ma- 
yores, ni los ruines á los buenos.) 

No es buen certero quien carga 
delantero. (Quien bebe mucho vino.) 

No es buen cazar en monte tra- 
queado, ó por monte traqueado. 

No es buen huir en zancos. 

No es buena habla la que todos no 
entienden. (La de los rezongones.) 

No es buen mosto el cocido en 
Agosto. (Porque con el calor se es- 
calda y hace mal vino; dijera bien: 
«no es bueno el mosto, mojado en 
Agosto», porque tampoco es buena 



la vendimia mojada, sino como dice 
otro refrán: «La vendimia seca y 
fría».) 

No es bueno lo que no es en su 
tiempo, ó lo que no se hace en su 
tiempo, ó lo que no viene en su 
tiempo. 

No es bueno salir de un lodo y en- 
trar en otro. 

No es brava la mujer que cabe en 
casa. 

No es cada día Agosto, ni vendi- 
mia. 

No es cada día Pascua, ni Santa 
María. 

No es con días este parto, no fué 
con días. 

Xo es continencia la que parece, 
cuandonohay contrario que la mues- 
tre. 

Xo es comisión. (Por lo que no es 
de provecho.) 

No es cuenta cierta, dos en una bes- 
tia; res, más cierto es. (Sucede en 
las-que llevan muchos camaradas, ó 
estudiantes, á su tierra.) 

No es cuenta cierta, dos en una 
bestia, ó ballesta. 

Xo es cuenta cierta, dos ballestas, 
ó viras, en una ballesta. 

No es cuenta cierta pescar con ba- 
llesta. 

No es para cada día morir y resu- 
citar. 

No es persona que hará menos. 
(Tómase en mala parte más de ordi- 
nario.) 

No es persona que hará virtud. 

No es por el güevo, sino por el 
fuero. (Dicen que el güevo fué tribu- 
to de la gente pobre, y parece que 
algún fidalgo defendiendo su fuero 
dijo el refrán.) 

No es pobre el que tiene poco, 
sino el que codicia mucho. 

No es poco, ser casada y tener 
moco. (Que es ser casada muy niña.) 

No es poco primor alzar manos de 
labor. 

No es tan alto como un palmo, y 
subeála sierra por ganado. (El peine.) 

No es tan gruesa Ja gallina, que no 
haya menester á su vecina. (Que el 
gran señor ha menester al pequeño, 
y el rey al vasallo.) 



— 224 — 



No es tan bravo el león como le 
pintan. (Acomódase á los que nos en- 
carecen de gentileza, hermosura, va- 
lentía ó riqueza.) 

No es tan mal nombre el de Adra- 
gra. 

No es tiempo de albardones, que 
ya es muerto el rey Don Pedro. 

No es todo agua limpia. 

No es todo el monte orégano. 

No es todo oro lo que reluce. (Tro- 
cado de «no es oro todo lo que re- 
luce».) 

No es todo hombre el que mea á la 
pared, porque el perro mea también; 
ó no es hombre todo el que mea á la 
pared. (Con esta ambigüedad de mear 
el perro á la pared, tiene más gracia 
este refrán: quiere decir que no to- 
dos los hombres son hombres en el 
valor y ser de hombres, ni liberal el 
pródigo, ni escaso el que da con seso 
y moderación.) 

No es todo trigo. (Dicen de uno 
que entre lo bueno tiene algo de 
maña, y malicia, como el trigo que 
tiene neguilla, y otras mezclas.) 

No es todo vero, lo que dice el pan- 
dero; ó trocado: lo que dice el pan- 
dero no es todo vero. 

No es tu amigo el que te cubre con 
las alas y te hiere con el pico. 

No es viejo quien tiene divieso. 
(Entiende vicio de mocedad.) 

No es villano el de la villa, sino el 
que hace la villanía. 

No es marido que siempre ha de 
durar. (De lo que presto se acaba ó 
muda.) 

No es mala la muerte, que el hom- 
bre muere haciendo lo que debe, ó 
no es mala muerte la qu^ el hombre 
muere haciendo lo que debe. 

No es mala la muerte, haciendo lo 
que debe el que muere. 

No es malo tener quien se duela al 
pie del palo. (De la horca.) 

No es más la moza, tomalla ú deja- 
11a y buscar otra. 

No es menor virtud, conservar lo 
ganado que ganarlo. 

No es menos conservar que ga- 
nar. 

No es mi casa de esos tratos, sino 
de otros más bellacos. 



No es mío el trillo ni la cibera, tri- 
lle y muela quien quiera. 

No es muerte de hombres. (Con- 
suelo de ser menor daño.) 

No es música el casar, que suena 
bien alto y bajo. 

No es mucho lo- posible hacer. (A 
más de lo posible se ha de entender.) 

No es mucho que pierdas tu dere- 
cho, no sabiendo hacer tu hecho. 

No es renta cierta. (Dícese á todo 
lo que no tiene seguro provecho.) 

No es renta cierta pescar con ba- 
llesta, ó con mazo. 

No escarmentéis de una, y serán 
dos. 

No escarmentéis de una vez, y se- 
rán dos y tres. 

No espurrearé, ó escupiré, aunque 
me ahogue. (Quería escupir la mujer 
y dijo al marido que la diese lugar: 
dijo él: «no escupáis, que me iré de la 
cama»; ella le detuvo diciendo: «no es- 
cupiré aunque me ahogue». Fíngese 
el cuento para refrán, y el refrán 
para el cuento.) 

No está ahí sin misterio. (Dícese al 
que le parece que está algo fuera de 
su lugar, y no carece de misterio.) 

No está en eso la dificultad. 

No está en eso, sino en lo otro. 

No está en que se haga presto, sino 
en que se haga bien hecho. 

No está la carne en el garabato por 
falta de gato. (Contradice al otro: «Es- 
táse la carne»; ambos son verdaderos.) 

No está de balde. (Lo que no está 
sin misterio, estando por algún fin.) 

No está Dios en higueras, que oya 
á putas y viejas. 

No está bien la estopa junto al fue- 
go, ó no está segura. (Dice que es im- 
prudencia poner una cosa con otra 
que la destruye, y dejar mozos con 
mozas.) 

No está para tan presto. (Del pan 
que ha de ir leudo al horno, y aco- 
módase á otras cosas, y de las preña- 
das que le faltan muchos días.) 

No estáis en su martirolojo. (Esto 
es, no hace caudal de vos, ni tiene de 
vos memoria: el aldeano dice marti- 
rolojo por martirologio.) 

No estabas tú aquí por bueno. (Dijo 
esto la vieja al espejo, que halló echa- 



225 - 



do en un muladar porque la hizo 
mala cara, y volviólo á dejar.) 

No estamos en la color del paño. 

No está la tienda sin alheña. (Sin 
afeite, y lo vendible; dice el Comon- 
da lor que lo acostumbrado no se 
puede excusar. En Aragón llaman 
tienda á la botica, y á la tienda boti- 
ca, óbotiga.) 

No estés mucho en la plaza, ni te 
rías de quien pasa. 

No eches agua en la sal, que te sal- 
drá mal. (Qne de lo bueno no digas 
mal.) 

No eches la gata en tu cama, ó no 
la acocees después de echada. 

No yerra quien á los suyos semeja. 

No importa, que por de fuera le 
cae. 

No intentes contra tu rey y sus le- 
yes, vivirás seguro en lo que tuvie- 
res. 

No y sé res, dijo Centellas. (No sé 
nada; y sé es sé, catalán.) 

No imites al malo, ándate tras el 
bueno para imitarlo. 

No ordenes tregua que ponga mal 
fuero en la tierra. 

No ordenes regla que ponga mal 
fuero en la tierra, ó venta. 

No os alabaréis desta. (Es amenaza 
de daño y castigo, y varíase: «No os 
iréis alabando: no se me irá alaban- 
do, no se alabará de ello».) 

No os entiendo, Diego: quien os 
hizo la cabeza os haga el sombrero. 

No os lavaréis de ésta con cuanta 
agua el río lleva. (Varíase: «No os la- 
vará de ello con toda el agua del 
río».) 

No os lo dije yo, Marina? sangraos; 
y ella sopa en vino. 

No os pregunto cuántos años te- 
néis ni el día en que nacisteis, ó na- 
cido habéis. 

No os vais, Muñoz, que me iré tras 
vos. 

No os me iréis á la güesa con ello. 

No la mi señora, la mujer de mi se- 
ñor, en quien cocinamos. 

No la hagas y no la temas. 

No la ha de tocar el aire. (Lo que- 
rido.) 

No las tiene todas consigo, ó en sí. 
(Significando mucho miedo. (Varíase.) 



No las tenía todas consigo; no las 
llevo yo todas conmigo; no las lleva 
él todas consigo. 

No le alcanza la sal al agua; no me 
alcanza, no les alcanza. 

No le habéis tenido el pie al he- 
rrar; y no la habéis tenido el pie al 
herrar. (Es decir: peor condición tie- 
ne de lo que parece.) 

No le arriendo la ganancia. (Al que 
se cree que ten Irá daño.) 

No le he más miedo que á un pe- 
rro muerto. (Varíase.) 

No le echarán dado falso, ni le ha- 
rán treta que no entienda. 

No le dará golpe, no la dará gol- 
pe. (Para decir que uno no proba- 
rá una cosa; dar golpe se dice por 
probar, ó tomar buena vez, como dar 
buen golpe al jarro, á la leche, á la 
olla y otra cosa.) 

No le dé Dios á entender al juez lo 
que puede, ni á la mujer lo que 
quiere. 

No le debemos centeno, y pónenos 
ceño. 

No le diré que se vaya, pero haréle 
obras con que lo haga. 

No le faltaba al vidriero sino un 
gato juguetón, ó juguetero. 

No le fiará un saco de alacranes; no 
se le puede fiar. 

No le cabe el pan en el horno. 
(Para decir que uno revienta por ha- 
blar; puédese variar: no le cabía, no 
me cabía.) 

No le quedó cera en el oído. (Dice 
de uno que quedó muy pobre.) 

No le querría ver, ni pintado en 
una pared. 

No le quiere mal quien al viejo 
hurta lo que ha de cenar. 

No le quiero bien ni mal, mas hol- 
garíame de verle en la horca per- 
near. 

No le conocerá quien no le viere. 
(De un disfrazado.) 

No le pongas la mesa al albañil, 
hasta que le veas venir. 

No le tome menos, sino mozo y 
fraile. 

No le hace más falta que á la tuer- 
ta el ojo. 

No le hace más que á la tuerta el 
ojo. 



- 22G - 



No les dije que se fuesen, mas lú- 
celes obras por do lo hiciesen. 

No lo ha de fiebre, sino ele siem- 
pre; ó no lo hade hebre, sino de siem- 
pre. 

No lo había el perro por las tripas 
del ciervo. 

No lo estimo en un cantar vizcaí- 
no; en las coplas de Calaínos. 

No lo estimo en el baile del rey 
Perico; del rey Don Alonso, ó no lo 
tengo, no lo tuvo, ó no lo estima. 

No lo hemos por lo fijo, sino por 
lo vicio, ó por lo figo. 
No lo echaréis en saco roto. 
No lo dijo á sordo ni perezoso. • 
No lo digo porque me des bodigo. 
No lo digo porque me des bollo ó 
bodigo. 

No lo gano yo, la de Ángulo, como 
vos, con el culo. 

No lo bebo, mas zorros trapelo, 
mojaba el zerro en el vino y chupá- 
balo. 

No lo quiera Dios del cielo, ni San- 
ta María, su Madre. 

No lo quiero, no lo quiero, mas 
échamelo en el capelo, ó en la capi- 
lla, ó échamelo en este zurrón. 

No lo crea, que estando muerto se 
pea. 

No los amigos todos lo han de sa- 
ber todo. 

No logre yo de la toca, si no os qui- 
tare la cofia. 
No nace gallina que no escarbe. 
Nonada, ahogaráse, si entra en el 
agua. 

Nonada, tierna es paraasada. (Cuan- 
do uno dice nonada, que es ninguna 
cosa, añaden otros lo demás.) 

Nonada entre dos platos. (Cuando 
lo que nos dan es nonada ó muy 
poco.) 

No nada, y en el río anda. (El án- 
cora, y sirve de refrán.) 

No nada si el asno cae. (Ha carga- 
do de huevos, vidrios, ó barros; res- 
ponde al que le preguntó qué lle- 
váis?) 

No nacistes para vos solo, otro para 
vos, y vos para otro. 
No nació el pollo para sí solo. 
No nace el pollo para sí solo. 
No nació nadie para sí solo. 



No nació quien no erró. 
No niego la deuda, mas no quiero 
pagar. (Contra ingratos pagadores.) 
No nos faltaba sino un Pero Her- 
nández que nos rondase la puerta. 

No nos faltaba otra cosa. (A lo que 
no hay gana ó cansa.) 
♦ No nos faltaba otro culo que ara- 
ñar ó rascar. 
No nos conoce y envíanos saludar. 
No nos corren moros. (Es decir, 
vamonos con más sosiego.) 

No nos tornemos de mares á pié- 
lagos. 

No salió esa saeta de esa aljaba. 
(Que la razón que uno dice, parece 
ser tomada de otro que la dijo pri- 
mero.) 
No salió esa jara de esa aljaba. 
No salió buen cordonero, quedóse 
en cabestrero. 

No salgas al lunar, que no sabes 
quién te quiere bien, ó quién te quie- 
re mal * 

No salgas del puerto, ni te hagas á 
alta mar, sino cuando vieres las nu- 
bes con el viento de tierra concertar. 
No sabe obedecer, no quiere man- 
dar. (Es de soldados y capitanes; por- 
que el que obedece bien, es estimado 
y viene á subir, y ser cabo, y man- 
dar, y el que no obedece no medra, 
ni le fían nada.) 

No sabe lo que tiene, quien casa de 
suyo tiene. (Que tiene mucho.) 

No sabe nadie cómo está nadie en 
casa de nadie. 

No sabe sino por el libro de su al- 
dea; no me entiendo sino por el libro 
de mi aldea. 

No sabe de la misa la media, ó no 

sabes. (Que uno sabe poco de algo.) 

No sabe donar, quien tarda en dar. 

No sabe bien el manjar comido en 

ajeno lar, ó hogar. 

No sabe bien la cena que se come 
en mesa ajena. 
No sabe cuál es su mano derecha. 
No sabe mandar quien no ha sido 
mandado. 
No sabe cuántas son cinco. 
No sabe reinar quien no sabe disi- 
mular. 

No sacarán del más zumo, que de 
un guijarro duro. 



227 



No saques espinas donde no hay- 
espigas. (Que no se trabaje donde no 
hay fruto.) 

No se ha de apurar todo, ni tanto 
las cosas. 

No se ha de dar á la dueña tanta 
mano como se toma ella. 

No se alzó esta tapia, para la pri- 
mavera echar la barda. (Que no se 
dilate lo que se ha de hacer, porque 
dañará la tardanza, como dejar por 
el invierno Ja tapia á las aguas, y no 
la cubrir luego en estando seca; que 
en verano poca necesidad tiene de 
ello.) 

No se han de apurar tanto las co- 
sas. 

No se han de decir todas las verda- 
des, en todos tiempos y lugares; y 
mucho menos las faltas ajenas. 

No se han de meter las gentes, sino 
donde puedan salir. 

Ne se han de llevar las cosas por 
el cabo. (De rigor.) 

No se acuerda la suegra, que fué 
nuera. 

No se está nunca tan bien, que no 
se pueda estar mejor, ni tan mal, que 
no se pueda estar peor, ó ni tan mal, 
que no se pueda empeorar. 

No sé otro Uaeiro en nuestra aldea, 
sino el santero de la talega. 
No se las dan, y escúpelas. 
No se las dan, y sóplalas. 
No se la cubrirá pelo, y ojala cuero. 
(Metáfora de una herida, cuando uno 
tuvo una pérdida grande, daño ó pe- 
sadumbre.) 

No se lavará de ello, con cuanta 
agua lleva Duero. (En otras partes 
dicen otros ríos que tienen más cono- 
cidos y cerca; dícese cuando se cae 
la mácula de la fama.) 

No se le ha de quebrar brazo ni 
pierna. (Cuando se teme pena cor- 
poral, si no gasto.) 

No se le ha caído la pepita. (Dícese 
de quien tuvo afición, dando á en- 
tender que siempre queda semilla, 
y reverdece cuando se ofrece ocasión 
de ver ó dar gusto en algo á la tal 
persona. La metáfora es de una plan- 
ta nueva que nace con la pepita pe- 
gada al pie hasta que crece y se le 
cae. Lo mismo se da á entender di- 



ciendo: á fulano, y las de fulano, á 
fulana.) 

No se le parece más que un güevo 
á otro. (Cuando so parece uno mucho 
á otro, ó un hijo á su padre.) 

Xo se le parece más que las na- 
rices en el rostro. (Contra los que 
quieren disimular, ó negar alguna 
falta que tienen.) 
No se le pone nada por delante. 
No se le puede fiar un saco de ala- 
cranes. 
No se le fiará un saco de alacranes. 
No se lo dan, y cúpelo. (Imita la 
habla de los negros; contra los me- 
lindrosos, y que desechan lo que no 
pueden alcanzar, y desean y querrían 
disimular su' apetito.) 

No se lo quitarán cuantos aran y 
cavan. 

No se lo quitará rey ni Roque. 
(Cuchillada ó cosa de daño semejan- 
te, que no se la puede quitar el rey 
aunque pueda castigar el hecho.) 

No sé nada, que de mis viñas 
vengo. 

No sé nada, mas póngome mi peri- 
gallo. (Papahigo ú honda.) 
No se saca arador á pala y azadón. 
No se saca arador á pala de aza- 
dón. 

No sé si lo hacéis por me gozar, 
porque me amáis, ó por os vengar 
porque me aborrecéis. 

No se sienta seguro, 
quien tiene mal en el culo. 
No se dan palos de balde. (Para el 
que los recibe, que los mereció, y á 
veces para el que los da. porque se 
los demandan en juicio.) 

No se debe dejar dudoso é incierto 
lo cierto. 

No sé de ello más que de lo que 
nunca vi. 
No se fía de sí mismo. 
No se -fía de sus manos. 
No se gana el pan sin afán. 
No se ganó Zamora en un hora, ni 
Sevilla en un día. (Mas por eso no 
desconfiaron los combatientes. Con- 
tra los que aceleran las cosas, y ejem- 
plo de constancia.) 

No se ganó Zamora en un hora, ni 
Roma se fundó luego toda. 

No se ganó á tal cosa. (Para decir 



- 228 - 



que no se maltrate, ó destruya algo, 
que no se ganó á mal trato.) 

No sé qué tengo en el carcañal que 
no puedo andar. 

No sé qué me hacer, dejar de an- 
dar, y echar á correr. (Cuando dice 
alguno «no sé qué me hacer, o qué ha- 
bernos de hacer», se responde: «dejar 
de andar, y echar á correr».) 

No sé qué me haga, si me tome 
mozo ó me entre á soldada. 

No se queje del engaño quien por 
la muestra compra el paño. 

No se quita lo que se dilata, aun- 
que se atrasa. 

No se quita tan presto latoca, como 
va la mano á la boca. ♦ 

No se cuece trucho sin conducho. 

No se parecen más que un güevo 
á otro. (Cuando se parecen mucho.) 

No se parecen más que un güevo á 
una castaña. (Cuando no se parecen.) 

No se pegan más que el pelo á la 
masa. 

No se pierde lo que se dilata, aun- 
que se tarda. 

No se pierde nada, porque lo que 
uno pierde otro lo halla. 

No se pierde más de la hechura. 
(Quebrándose una vasija.) 

No se puede igualar el ruin, sino 
con su igual. 

No se puede sacar sangre de don- 
de no la hay. 

No se puede satisfacer y agradar á 
todos. 

No se puede servir á dos señores, 
ó nadie puede servir á dos señores. 

No se puede servir á dos señores á 
un tiempo y tener á cada uno con- 
tento. 

No se puede repicar y andar en la 
procesión. 

No se puede hacer á la par sorber 
y soplar. 

No se puede hacer el carro, sin pi- 
sar el barro. 

No se pueden valer padres á hijos 
ni hijos á padres. 

No se tiene por buen moro, el que 
no le da lanzada. 

No se toman truchas á bragas en- 
jutas. 

No se vaya, que hay arroz. 

No se van los años en balde. 



No se van los días en balde. 

No se ve ele á ele. (Respuesta de 
un negro á los baldones que le decía 
su amo; aplicóse en Toledo á los que 
no se conocen á sí mismos.) 

No se verá en ese espejo. 

No se vende en la plaza esto. (De 
cosa muy rara y no común.) 

No se mate, que Dios le matará. (Al 
que se fatiga, dicho en gracia.) 

No se me da nada, que el aguijón 
me tengo en casa. (Para picar la 
bestia.) 

No se me da nada, que el guijón 
me tengo en casa. (El guijón es hier- 
ba de buen gusto y olor para la boca, 
y comiéndola piensa atraer al ma- 
rido.) 

No se me da nada, que en muñén- 
dome yo todo se acaba. 

No se me da más barbero que 
odrero, que todo es tresquilar cuero. 
(Para abajar la soberbia de algunos, 
los cotejamos con otros muy bajos, 
mostrando las razones de semejanza 
que hay entre ellos.) 

No se menea la hoja en el árbol sin 
la voluntad de Dios. 

No se muera Micer Palla, hasta que 
hincha la tinaja. 

No se muera Micer Polo, hasta que 
lo acabe todo. (Contra avaros, comi- 
lones y pródigos.) 

No se harta de agua. 

No se hace la boda de hongos, sino 
de buenos ducados redondos, ó de 
buenos pollos, ó bollos, ó panes, ó 
florines redondos. 

No se hace sin tiempo lo que se 
puede hacer en todo tiempo. 

No se hacen las bodas de hongos, 
á solas. 

No se hinche una bolsa que no se 
vacie otra. 

No sea mi hija Marica flaca, que 
ella se hará blanca. 

No seáis hornera, si tenéis la cabeza 
de manteca. 

No seas bobo, Juan, y no te lo lla- 
marán. 

No seas perezoso, y no .serás de- 
seoso. 

No seas pobre, morirás honrado. 

No serás amado, si de ti solo tienes 
cuidado. 



229 



No, señor alcalde, más el campo 
que no mi compadre. (Cuando uno 
hizo lo que le importaba, y á otros 
propósitos semejantes, y sólo so dice 
«no sino el alba>,y añádese lo demás 
por donaire.) 

No siempre el diablo ha de estar 
detrás de la puerta. 

No siempre lo está bien al señor 
gastar, ni al pobre endurar. 

No siempre le está bien al rico 
gastar ni guardar, ni al pobre esca- 
timar. 

No siento mayor pesar, que no 
tener que gastar. 

No soy tan boba como me hace la 
toca, ó la ropa. 

No soy tan bolo como me hace el 
sayo. 

No soy, ó no es, tan bobo como le 
hace el sayo. 

No soy río para no volver atrás. 

No sois vos Leonor; sí soy, señor, 
sino que estoy tresquilada, ó sino que 
vengo mal tocada. 

No sois vos de ogaño. (Para decir 
que es bellaco taimado el mozuelo.) 

No sois vos para en cámara, Pedro, 
ni menos para encorredor, ó no sois 
vos para en cámara, no. 

No sólo ha de ser casta la mujer, 
mas débelo parecer. (Esto repetía 
muchas veces la muy virtuosa Infan- 
ta de Portugal, Princesa de Parma.) 

No sólo los lobos comen carne 
cruda. 

No son lanzadas. (Consuelo que no 
son muy graves los males.) 

No son nuevas que merecen albri- 
cias, que ya muchos me lo han dicho. 

No son los judíos para el trabajo. 
(Cuando alguno se cansa de poco.) 

No son güevos de freir. (Dicen los 
labradores de lo que no es fácil, como 
freir huevos.) 

No son buenas las burlas que salen 
á veras. 

No son palabras para mi tía, que 
aun de las obras no fía. 

No son perlas para Juan Terrón. 
(Dejó un saco de ellas por no ir car- 
gado. Cuéntase en la historia de La 
Florida.) 

No son tantas las noces, romo las 
voces. (El gallego.) 



No son todas locas, las que veis an- 
dar sin tucas. 

No son todas palomas las que están 
en el montón, de ellas palominos son, 
ó de ellas cagajones son. 

No son todos hombres los que mean 
á la pared. 

No son hombres todos los que mean 
á la pared. (Que no tienen igual va- 
lor; jue^a de la ambigüedad porque 
los perros mean también; quedó an- 
tes dicho en singular: No es todo 
hombre, ó no es hombre todo.) 

No son todos los dedos de la mano 
iguales. 
No son todos los días iguales. 
No son todos los días unos. 
No son todos los tiempos unos. 
No son to ios los que traen capilla, 
frailes; porque los labradores tam- 
bién la traen en sus capotes. (Dice 
que no todos son tales como merece 
el hábito que traen, aunque concede 
que hay muchos buenos.) 

No son todos negros los que van á 
la vendimia. 
No son todos buenos ppra alcaldes. 
No son todos ruiseñores los que 
cantan entre las flores. 

No son, ni sufre ancas. (Dícese de 
la olla y comida ordinaria para ad- 
mitir otro.) 

No sufre cosquillas, y del que es 
riguroso y no consiente que le so- 
plen. 

No supo el uso de la tierra. (Cuan- 
do uno á dos por tres hipió, ó sacu- 
dió áotro.) 

No juega á los dados, mas hace 
otros malos baratos. 

No juego á los dados, mas hago 
otros peores baratos. 
No juega Mosé porque no tiene qué. 
No juréis, Ángulo; juro á Dios que 
no juro; ¿pues no juraste agora? no, 
por Nuestra Señora; ¿no volviste á ju- 
rar? no, por el Sacramento del altar. 
(Dícese contra los que tienen mala 
costumbre de jurar, que no lo echan 
de ver, ni advierten hasta que han 
jurado.) 
No da aguja sin sacar reja. 
No da aguja que no saque reja. 
No da hombre más de lo que 
tiene. 



230 



No da Dios á nadie más nieve de 
la ropa que tiene, ó de la lana que 
tiene. 

No da Dios á nadie más frío de lo 
que puede sufrir. 

No da Dios á nadie más frío, de 
como anda vestido. 

No da Dios más nieve que la lana 
detiene. 

No da quien ha, sino quien vezado 
lo ha. 

No da quien tien, sino quien bien 
quier. 

No da quien quiere, sino quien 
tiene y quiere. (Es pura verdad.) 

No da quien tiene, sino quien bien 
quiere. 

No da quien tiene, si bien no 
quiere. 

No da paso seguro, quien corre 
por el muro. (Aquél va más sano, que 
va por lo llano.) 

No dará un pedo por un cuarto. 
(Desdén á una galana y presumida.) 

No dará una higa por no apretar 
al mano. (Contra los que aun en co- 
sas leves, no se moverán á dar gusto 
á nadie, y hacer buena obra.) 

No dará lo que caga. 

No dará lo que se suelta de la ba- 
llesta. 

No dan al fraile de lo que él bien 
sabe. (De lo que bien sabe.) 

No dan morcilla á quien no mata 
puerco. 

No dan morcilla sino á quien mata 
puerco. 

No de ojos que lloran, sino de ma- 
nos que laboran. (Que para remediar- 
se el pobre no ha de llorar, sino tra- 
bajar; que de las manos ha de sa- 
lir el remedio, no de las lágrimas y 
ojos, y que con obras se ha de acu- 
dir al pobre, no con sólo decir pé- 
same.) 

No dé Dios lo que desea Fonfría y 
Allueva. (Son dos lugares húmedos 
de la comunidad de Daroca, y desean 
sequedad.) 

No dé Dios tanto bien á nuestros 
amigos, que nos desconozcan. (Lo 
que vemos suceder muchas veces, y 
lo dijo Aristóteles eu las Eticas: «el 
que al amigo desea gran prosperi- 
dad, desea se deshaga la amistad».) 



No des tanto á San Pere, que le 
vayas dejere. (Catalán: que te empo- 
brezcas.) 

No desesperes de auxilio divino, 
ni de la mujer de tu vecino. 

No descubras tu pecho, y no serás 
sujeto, ó no descubras tu secreto. 

No despiertes á quien duerme. 

No dejes tus afórreos, hasta que 
pasen los galileos. 

No dejó piedra que no moviese. 

No dejó piedra por mover. (El so- 
lícito.) 

No dirá culo por un cuarto, y dí- 
celo á cada rato. (Desdén.) 

No diz boca que no gosta, lo que 
no abre boca que no coja. (Que cae en 
lo que denostaba, y lo ha por suyo 
y por bueno.) 

No dice á todos lo verde. (Es que 
no todos dicen verdad.) 

No dice el umbral, sino lo que oye 
al quicial. 

No dice el mozuelo, sino lo que oye 
tras el fuego. 

No dicen todos la verdá, porque 
amarga. (El acento en el gá.) 

No dicen todos lo verde, porque 
amarga. (Verde por la verdad.) 

No dije esta boca es mía: no dijo no 
hablando palabra. 

No diga la lengua por do pague la 
cabeza. 

No diga nadie de esta agua no be- 
beré. 

No diga ninguno no puede apren- 
der; tanto hace el hombre, cuanto 
quiere hacer. 

No digas ai viejo echaos, ni al mozo 
levantaos. (Porque ellos lo hacen de 
su voluntad.) 

No digas ax, que deshonrarás á tu 
linax, ó que deshonrarás el linax. 

No digas en secreto, lo que no 
quieres oir en público manifiesto. 

No digas que eres pobre á quien 
no te puede hacer rico. 

No digas mal del año hasta que sea 
pasado. 

¿No digo bien? sí; pues si digo bien, 
denme de comer; si no digo mal, 
denme de cenar. 

No digo quién eres, que tú te lo 
dirás. (Que en sus obras será cono- 
cido. 



231 — 



No dure más el mal año. (Cuando 
se cree que algo durará poco.) 

No dure más el mal de mí vecina, 
que la nieve marcelina. 

No dure más mi yerno, que cuar- 
tanas en invierno. 

No falta un sapo para una sapa, ó 
nunca falta un sapo para una sapa. 

No falta jamás piedra á buena la- 
vandera. 

No faltaba más para llenar la me- 
dia hanega. (Del, della para henchir 
la media hanega; cuan. lo llega algu- 
no que no hacía falta, y sobra.) 

No falte cebo al palomar, que las 
palomas ellas se vendrán. 

No falte voluntad, que no faltará 
lugar. 

Ño fagas enemiga, que no faltará 
quien te la diga. 

No fiar de hombre cegunto. 

No fiar de perro que coxquea. 

No fiaría del un saco de alacranes. 

No fíes en hombres tuertos, ni me- 
nos en corcovados; si los cojos fue- 
ren buenos, escríbelo por milagro. 

No fíes en cielo estrellado, ni en 
culo mal vezado, ni en favor de me- 
rino, ni en palabra de mezquino. 

No fíes en día claro, ni en culo de 
vieja mal vezado y reglado. 

No fíes ni porfíes, ni apuestes ni 
desafíes. 

No fíes de la fortuna, mira que es 
como la luna. 

No fíes de los hombres, niña; mal 
haya quien de ellos fía. 

No fíes del judío, ni de su hijo, ni 
de su vecino. 

No fío nada, hasta la mañana. 

No güelo nada, que tengo catarro. 
(Excúsase uno que no sabe nada.) 

No basta ser una honrada, sino pa- 
recello en trato y cara. 

No basta ser bueno, sino parecer- 
lo. (Esto es para el mundo.) 

No basta comenzar bien, ni sirve 
demediar bien, si no se acaba bien. 

No basta cuanto hila Marta y Pedro 
devana. 

No bastan estopas para tapar tantas 
bocas. 

No beber y toser hace la vieja re- 
mover. 

No vive más el leal, de lo que quie- 



re el traidor, de cuanto quiere el 
traidor. 

No vive más el bueno de lo que 
quiere el malo. 

No vive más la honra del bueno, 
que lo que quiere el malo. (Del 
ajeno.) 

No busques en el amigo riqueza, 
ni nobleza, sino buena naturaleza. 

No busques de qué murió, quien 
carne asada cenó. 

No busques pan en el molino del 
can. 

No busques pan en la cama del 
can. 

No busques por amigo al rico, ni 
al noble, sino al bueno, aunque sea 
pobre. 

No caerá rayo donde estuviere. (Dí- 
cese de uno que es fino bellaco.) 

No cantan bien dos gallos en un 
gallinero, ni pueden bien cantar en 
un muladar, sin competir y pelear, 
como ni dos reyes en un reino reinar. 

No cada día cola de sardina, ó rabo 
de sardina. 

No cagaréis vos mi capilla. (El que 
por algún vicio es desechado.) 

No cabíamos al fuego, y entró nues- 
tro suegro. 

No cabíamos al fuego, y parió 
nuestra suegra. 

No cabíamos al fuego, y vino nues- 
tro suegro. 

No cava de corazón, sino su dueño 
del hurón. (Cuando se queda reve- 
nado, en el vivar, que no sale, y es 
menester cavar para sacarle.) 

No queráis ganar amigos, ni gra- 
cias con mi dinero. (Reprende á los 
que con lo ajeno, y de obras ajenas, 
quieren ganar las gracias.) 

No quedó hombre con hombre. 
(Cuando todos fueron desbaratados y 
descompuestos.) 

No quedó grudo, ni menudo, ni 
roso, ni velloso. 

No quedó perro ni gato. 

No quedó piante ni mamante. 

No quedó por no querer, sino por 
no poder. 

No quedó por falta de respuesta. 

No quedó por corta ni mal echada, 
ó no me quedará, ó no le quedará, 
por corta, ni mal echada. 



232 



No quebrará por donde quiebra 1 1 
aguja. (De quien es ancho de cuerpo, 
y caderas sin cintura.) 

No quieras ser porfiador, ni trabar 
lid contra razón, si quieres lograr tus 
canas y tus quijadas sanas. 

No quieras perder el seso por tu 
vecino necio. 

No quieras perder el juicio por el 
necio de tu vecino, ó por el tonto de 
tu vecino. 

No quiere al viejo mal, quien le 
hurta la cena, y le envía á acostar. 

No quiere Mayo las moras, ca no se 
las dan. 

No quiere Martos que se toque su 
mujer á papos, y ella decía que arre- 
papos se tocaría. 

No quiere más el alma de lo aje- 
no, que el ojo del arguero. 

No quiere más Gonzalo que ayuna. 

No quiere mi Perantón que hile, 
sino que me ponga á la puerta y 
mire. 

No quiero amigo con sobregueso, 
que trae enemigo por contrapeso. 

No quiero yo la tal zagala, que es 
entallada. (Es la picota.) 

No quiero, señor, joyas que me 
dais, pues que cada día me las baldo- 
náis. 

No quiero gato con pollos, ni pe- 
rro con cencerro. (Dícese á propósito 
de quitar ocasiones de daño.) 

No quiero bacoro con chucallo. (Es 
de entre raya de Portugal, tomado 
de allá: Bacoro es puerco; chocallo, 
cencerro; porque no le sienta el due- 
ño de ajena heredad, si á ella fuere, 
y le lleven prendado.) 

No quiero perro con cencerro, ni 
gato con pollos. 

No quiero pleito con mi dinero. 
(Como sucede á quien presta.) 

No quiero malo, ni quiero bueno, 
ni quiero perro con cencerro. 

No quiero más panadera, escar- 
mentóme la primera. 

No quiero más pava sin salsa. 

No quiero ringorrango por mi di- 
nero. 

No quiebra delgado, sino gordo y 
mal hilado. 

No quiebres el güevo blando, antes 
que tu pan esté aparejado. 



No con quien naces, sino con quien 
paces. (Por el bien de la crianza.) 

No conociendo al amigo nuevo, á 
las veces con daño le pruebo. 

No conserva quien no aumenta. 
(Blasón es de los otomanos, y con 
esto cada uno que hereda hace jor- 
nada luego al principio de su im- 
perio.) . 

No conforma con el viejo la moza. 

No compra barato quien no ruega 
rato. 

No compres asno de recuero, ni te 
cases con hija de mesonero. 

No compres de quien compró; 
compra de quien heredó, que no sa- 
be lo que costó. 

No compres de conocido, ni trates 
con alcanzado, ni compres alnado. 

No compres de conocido, ni al fia- 
do, ni trates con alcanzado, y falido. 

No cojea de ese pie. 

No comáis caldo de habas, que ha- 
ce las mujeres bravas. 

No comáis lamprea, que tiene la 
boca fea. (Que es cara, y no sana.) 

No comas caliente, no perderás el 
diente. 

No comas mucha sal, que te harás 
viejo. (El que vive muchos años gas- 
ta y come mucha sal, y decir que uno 
ha comido mucha sal, es decir que 
ha llegado á viejo, y para decir que 
uno viva poco dicen: «poca sal tú gas- 
tes.» El vulgo, olvidado de esta razón, 
piensa que el comer sal envejece; y 
el otro estudiante filósofo quiere dar 
razón natural, y dice que la sal es 
adustiva y seca el humor, y así se 
arrugan y envejecen los que comen 
mucha sal; mas es porque la comen 
muchos años; si dijera que mucha- 
chas enferman y mueren de comer 
sal solo á escondidas, es verdad; mas 
no llegan á viejas, ni de comer trigo 
ó barro.) 

No come pan. (Excusa de tener la 
cosa, ó no la venden, si no la pagan 
bien.) 

No come mi tía, y caga cada día; ó 
no come mi tía, y come cada día. 

No comen güevos por agüelos. 
(Quiere decir sino por la hacienda 
que cada uno tiene al presente.) 

No vivimos de mal trato. 



- 233 



No comemos de eso, no se come de 
eso. (Es decir no es de provecho, ni 

ganancia.) 

No correrá sangre. (Cuando saben 
que no será mucho el castigo, ó mal.) 

No cures de honra, que el rey tie- 
ne de sobra, ó que el rey tiene harta.) 

No creas á hembra ninguna, quo 
tan presto so mudan como la luna. 

No creas al que do la feria viene, 
sino á el que á ella vuelve 

No croáis en sueños ni en abusio- 
nes, ni agüeros. 

No creáis vos, marido, lo quo vos 
viéredes, sino lo que yo os dijere. 

No creo más de lo que veo. 

No creo sino lo quo veo. 

No creo quo to come ahí, donde 
ahora te rascas. 

No críes gallina con raposa, ni 
creas lágrimas de mujer que llora. 

No críes hijo ajeno, que no sabes 
si te saldrá bueno. 

No parece que hay malicia en ellos, 
y en son de virtuosos son raposos. 

No parece hay más mal en ellos 
por de fuera, que en una cordera, 
que por adentro, ambicioso es el in- 
tento. 

No parece hay más mal en él, que 
en una casa que se va á caer. 

No parece hay más mal en él, que 
en una paloma sin hiél. 

No parece hay más mal en ella, que 
en una cordera. 

No padece quien no canece. (Los 
que llegan á viejos padecen los tra- 
bajos de la vejez; también cuidados 
hacen encanecer. Está errado en el 
Comendador conoce por canece, ó 
querrá decir que el simple no siente 
pasión, porque no conoce el daño.) 

No perdona el vulgo, tacha de nin- 
guno. 

No pesques con anzuelo de oro, 
ni cabalgues en nuevo potro, ni tu 
mujer alabes á otro. (Aconseja que 
no coheche, ni soborno dando dinero 
contra conciencia por haber oficio, 
ni otra cosa.) 

No peques en la ley, no temerás ai 
rey. 

No por el beso, sino por el vezo. 
(Vezo es la costumbre y tómase en 
mala parte: mal vezo mala costum- 



bre, ó mal enseñamiento; de aquí 
avezar es enseñar, y todo nace del 
a, />, c, por donde se comienza á 
aprender; también bezo es el labio 
grueso, y se pudo decir do aquí abe- 
2a r.) 

No pierdo el soso, sino quien le 
tiene. 

No pierdo ni gano, y alzóme á mi 
mano, y de jugar harto. 

No pidáis cerezas al cardo, que 
nunca las ha llevado. 

No pidas al olmo la pera, pues no 
la lleva. 

No pidas la mano ajena si la tuya 
no va llena. 

No pidas de mano ajena si la tuya 
no va llena. 

No piden todos para un santo. 

No por dar limosna se vacia la bol- 
sa, ó no se mengua la bolsa. 

No por Martica, sino por la hija. 

No por mucho madrugar amanece 
más aína. 

No pone la gallina del gallo, sino 
del papo. (Quiere decir que comien- 
do bien pone, y acontece poner al- 
guna vez las gallinas sin gallo, aun- 
que mejor ponen galleadas.) 

No ponga al fuego su olla vacía na- 
die, con esperanza que el vecino se 
la proveerá de carne. 

No pongáis tasa donde el rey no la 
pone ni lo manda. 

No puede estar el bacín sin el agua- 
manil. 

No puede el hombre huir la fortu- 
na que le ha de venir. 

No puede hombre huir su ventura, 
blanda ni dura. 

No puede uno servir bien á dos 
amos, y contentarlos á entrambos. 
- No puede ser de negro más que 
sus alas el cuervo. 

No puede ser más negro el cuervo 
que sus alas. 

No puede ser más negro que sus 
alas el cuerdo. (De las dos maneras 
va suelto de consonancia.) 

No puede gozar lo suyo cierto el 
que pena por lo ajeno. 

No puede templar cordura lo que 
destempla la negra ventura. 

No puede todo ser dormir y guar- 
dar las eras. 



234 



No puede más faltar, que Marz ) de 
cuaresma. 

No pueden al asno, y vuélvense á la 
albarda. 

No pueden dar en el asno y dan en 
la albarda. 

No puedes lo que quieres, quieras 
lo que puedes. 
' No puedo ser abad y ballestero. 

No puedo ser puta y pechera, ni 
quiero aunque pudiera. (De esta fra- 
se «ser pudiera putay pechera», se usa 
á propósito de hacer oficio por otro, 
á propia costa.) 

No puedo dormir y guardar las eras. 

No presta la lejía en la cabeza del 
asno, y cara de la jimia. 

No preguntes al arriero si gana, 
sino si vuelve y carga. 

No tardó más en amarme de cuanto 
la liza se acabe. 

No tanto hilao con la señora. (Li- 
sonja). 

No te alargues á hablar, sin que 
preceda el pensar. 

No te alabes hasta que acabes. 

No te alegres de mi duelo, que 
cuando fuere el mío viejo, el tuyo 
será nuevo. 

No te goces de mi duelo. 

No te has de fiar sino de con quien 
comieres un moyo de sal. 

No te arrojes en casa ajena, toca de 
fuera y espera. 

No te allegues á los malos, no sean 
aumentados. 

No te ensañes del castigo que no te 
da tu enemigo. 

No te entiendo, negro; ni yo á ti, 
señor. 

No te entremeter en lo que no te 
atañe hacer. 

No te lo consinteo, Mateo, no te lo 
consinteo. (Por la consonancia dice 
consinteo por consiento.) 

Note sobre que te quiten, ni te falte 
que mendigues. 

No te dó Dios más mal, que muchos 
hijos y poco pan. 

No te diré que te vayas, mas haréte 
obras por que lo hagas. 

No te fíes en cielo estrellado, ni en 
amigo reconciliado, ni en culo mal 
vezado. (Que podrá llover, y lo de- 
más hacer su uso.) 



No te fíes en can que ladra, ni en 
gato que miaña. 

No te fíes, y no serás engañado. 

No te tomes con el ollero, que del 
barro hace dinero. 

No te tomes con la hortolana, que 
aunque tiene los pies mojados, trae la 
-bolsa horrada. (Traer, y tener, la bol- 
sa herrada, es tenerla con dinero.) 

No te maldigo, sino en la hora que 
te lo digo. 

No te me irás, paloma torcaz. 

No te medre más el pelo, que á 
rocín de halconero. 

No te metas en contienda, no te 
quebrarán la cabeza. 

No te metas donde no te llaman; 
varíase: «no se meta donde.» 

No te hagas pobre á quien no te 
puede hacer rico. 

No te hagas mandador donde no 
fueres señor. 

No te hinchar y no reventarás. (De 
comida, henchir de aire vano, hin- 
char.) 

No tenéis qué decir, que de cagar 
en la porra al asno venís. 

No tenía otro culo que arañar. (Ex- 
cúsase por ocupación.) 

No tenía mi hijo otro pecado, sino 
meter lo corto con lo largo. (Es del 
lino espadado que salen unas vetas, ó 
manojos largos que llaman hijos, y 
los meten en medio de la pesa para 
que parezca más largo todo.) 

No tener, y gravedad, es necedad. 

No tengamos dolor de cabeza. (Por 
pesadumbre.) 

No templa cordura lo que destem- 
pla ventura. 

No tiene el rey tal vida, como el 
picaro en la cocina, ó como el picaro 
de cocina. 

No tiene nada quien nada le basta. 

No tiene sobre qué caer muerto. 

No tiene cerrada la mollera. (Para 
decir que no tiene prudencia de hom- 
bre, tomada la metáfora de los niños 
tiernos que la tienen blanda hasta que 
creciendo se les endurece, y entonces 
dicen: «ya tiene cerrada la mollera».) 

No tiene pepita en la lengua. (Di- 
cese de quien tiene prontitud en ha- 
blar, y más de las mujeres que con 
enojo dicen muchas injurias: pepita 



235 



es enfermedad que da á las gallinas 
en el pico y lengua.) 

No tiene tanta culpa laque la manta 
caga, como laque la lava. 

Ño tiene Lebrote retentiva. 

No tiene toca, y pide arqueta, ó ca- 
rreta, la dargadandeta. 

No tiene toca y pide valona, la dar- 
gadandona. 

No tiene mandado, y anda por- 
fiando. 

No tiene más ley que cuarto falso. 

No tiene más seso que una cala- 
baza vana. 

No tiene más frío nadie, de la ropa 
que trae. 

No tiene más cólera que un ganso. 

No tiene más culpa que Judas en la 
muerte de Cristo. 

No tiene hiél ni miel. (De un man- 
so que le falta brío, y es inútil.) 

No tienen pan partido; no hay en- 
tre ellos pan partido. 

No tienes canas, y daste pebrada 
en la barba. 

No toda palabra quiere respuesta. 

No todas veces pan y nueces. 

No todo pájaro conoce el buen 
grano. 

No todos los letrados son sabios. 

No todos los canos son viejos ni 
sabios. 

No todos son locos de arto mayor. 
(Esto se replica al que llaman loco, 
y responde que todos tenemos núes 
ira locura, como lo dice el refrán: 
«todos somos locos, los unos de los 
otros», dando á entender que él es loco 
de marca y arte mayor, los otros de 
poco precio.) 

No todos podemos lo que quere- 
mos. 

No toméis menos de cinta de plata. 
(Contra los mal contentadizos.) 

No toméis espanto, sino del pe- 
cado. 

No tomes consejo de tus riquezas 
con el hombre que está en pobreza. 

No tuviera más ventura un judío. 
(Tiénelos el vulgo por dichosos.) 

No trae bien ios dedos para orga- 
nista. (Del que no anda á derechas, 
ni hace lo que debe; varíase: «no traes, 
no traéis bien».) 
No trates de dar pasión, ni bregar 



contra razón, si quieres lograr tus 
canas y tus quijadas sanas. 

No trescar que dovella, no burlar 
que escuega. (Los rústicos en Aragón: 
«no trescar que duela, no burlar que 
escueza».) 

No va por ahí el agua al molino. 
(Da á entender que por otra vía van 
encaminadas las cosas, ó deben ir, no 
como el otro piensa.) 

No vayas sin bota camino, y cuan- 
do fueres no la lleves sin vino. 

No vale nada el señorío, sin com- 
pañero, ó amigo. Que no se estima el 
bien sin amigos con quien le gozar, 
y comunicar: no se entiende compa- 
ñero en el mandado, que para esto 
ha de ser uno solo, sino en la ri- 
queza.) 

No vale nada, ni para silla, ni para 
albarda. 

No vale sus orejas llenas de agua. 
(De persona que es para poco.) 

No ve más por los ojos, que por el 
colodrillo. (No ve gota, ó no veo.) 

No veas tú mi fuego, y no verás lo 
que cuezo. 

No veas mi huego, y no me verás 
qué cuego. 

No veo manca que no hiciese man- 
ta, si tuviese lana. 

No veo mata donde lobo no salga. 
(Contra los que hallan dificultades en 
las cosas, y contra los que las ponen 
sin haberlas.) 

No veo mata donde lobo salga. 
(Quiere decir lo contrario del prece- 
dente, y que no veo en esa persona 
lo que me alabáis.) 

No ven cagar, cuando ya quieren 
lamer. 

No venistes, padre, pues colose. 
(Cuando se perdió, ó acabó algo.) 

No vende quien no tiene qué 
venda. 

No venga á la vega, lo que desea 
la rueda. (Entiéndese la rueda de la 
carreta, que desea seco el camino, y 
en bajíos y tierras húmedas se enten- 
derá la rueda del molino, que quiere 
agua para andar, y no la vega.) 

No venga al alma cuanto el cuerpo 
pasa. (En esta vicia padécense muchos 
trabajos, y desea que no vengan des- 
pués otros tales, y que las máquinas 



236 



de los apetitos y vicios del cuerpo, no 
dañen al alma.) 

No vi mejor adivinador, que dis- 
curso con razón. 

No viene á mí ese sobre escrito. 
(Esto es: no habla conmigo eso.). 

No viene día que no venga tarde. 

No vienen frieras, sino á ruines 
piernas. 

¿No vienes ya? Sí, señora, si no voy 
allá. (Dícese al muchacho que se en- 
vía de priesa para que venga presto, 
y añade él lo demás.) 

No Marzo abrigo, no cese pan tri- 
go. (Gallego.) 

No matará cosa que no sea de co- 
mer. (Moteja de soldado cobarde, que 
matará gallinas por los lugares de 
alojamiento.) 

No me asiento yo á la mesa, sino 
siempre el jarro lleno, bebo poco y 
quiero lo bueno. 

No me agrada nada moza con le- 
che y bota con agua. 

No me agrada puerta que muchas 
llaves hacen á ella. 

No me acuerdo más que de la pri- 
mera camisa que vestí. 

No me espanto que el dinero pue- 
da tanto. 

No me echéis agua en el vino, que 
andan gusarapas en el río. 

No me la hizo ensalada que no me 
la pagase. (Quiere decir que bebió 
siempre tras la ensalada; alude al di- 
cho antiguo: nadie se la hizo que no 
se la pagase.) 

Nadie me la hizo que no me la pa- 
gase. 

No me da más ocho que ochenta, 
si los ochos sondieces 

No me da más lera que lero, pues 
que lo entiende el mozuelo. 

No me digas oliva, hasta que me 
veas cogida. (Porque suele quemar 
en flor la aceituna, ó tierna, y caerse 
mal lograda.) 

No me cante mortuorios, ó no me 
cuente mortuorios. (Cuando nos can- 
sa lo que nos dicen, y no queremos 
oir excusas que nos dan á despropó- 
sitos.) 

No me quedó por corta ni mal 
echada; no le quedó, no me quedará. 

No me quiero quejar de mí, que 



por callar perdí. (Entiéndese después, 
por no haber hablado, que á veces 
daña callar; y se pierden ocasiones; 
esto es: quiero poner diligencia en 
hacer, y decir, y pedir, no tendré des- 
pués que quejarme de mi descuido 
por no haber hablado, y pedido, ó 
por no haber trabajado á tiempo, y 
haber hecho de mi parte mi deber.) 

No me conocerás, sino cuando me 
habrás. 

No me curo de haré, haré; más 
quiero un toma que dos te daré. 

No me pasa por el pensamiento. 
(Y torcido por gracia.) 

No me pasa por la puerta de la ca- 
lle. (Lo mismo que «no me pasa por el 
pensamiento».) 

No me papo de amenazas, de fieros 
ni bravatas. (De valientes dicen que 
se comen los hombres como á los ni- 
ños el coco, á quienes dicen pápale- 
coco; de esto responde el esforzado 
que no se deja papar, ni comer.) 

No me pesa de ser segundo, sino 
por la cuenta que he dedarácadauno. 

No me pesa de mi hijo que enfer- 
mó, sino de las malas mañas que tomó. 

No me pesa de mi hijuelo que en- 
fermó, sino del mal uso que tomó, 
del mal vezo, de la mala costumbre, 
que tomó. 

No me pesa del tu jugar, sino que 
te quieras desquitar. 

No me pesa que mi hijo pierda r 
sino que desquitarse quiera, sino 
que excusarse pueda, ó quiera. 

No me pesa porque mi hijo enfer- 
mó, sino por la mala costumbre que 
tomó, y por el mal vezo que le quedó. 

No me pesa porque mi hijo perdió, 
sino porque desquitarse pretendió, ó 
sino porque se quiso desquitar. 

No me pregunte cuántos años ten- 
go, ni el día en que nací. 

No me toquéis á la aldaba, que no 
soy enamorada. 

No me viene de eso renta ninguna. 

No me meto en eso, ó no me en- 
tremeto. (Excusándose de cosas, y 
por donaire y paranomasia se dice: 
«no me meto en yeso, sino en cal que 
aprieta»; dicho yeso por eso. Varíase: 
«no me meta en eso».) 

No me llama Dios por eso camino. 



- 237 



(Cuando uno toma estado diferente 
del que le persuaden, y acomódase 
á otras cosas.) 

No me llames bien hadada, hasta 
que me veas enterrada. Y no me di- 
gas bien hadada hasta que me veas 
soterrada. 

No me llevará carta do más ni me 
hará envite que no se le rebide. 

No me llevéis, marido, á la boda, 
que me brincaré toda. 

No me lleves, año, que yo te iré 
alcanzando. 

No me lleves años, que días tras tí 
me voy. 

No me hagas pecar que me vengo 
de confesar. (Dícese á quien muestra 
escrúpulo de cosas leves y no le tie- 
ne de cosas grandes.) 

No me hagáis tanto que eche en el 
fuego el agua del cántaro. 

No me hagas besar, no me harás 
pecar. 

No mea el asno tan hondo que no 
salga á somo. 

No merece ser rey, el que no cela 
su ley. (La cristiana católica.f 

No medraréis con el rebusco. (En- 
tiende tras comilón ó miserable.) 

No medres más, Pedro, que medra 
la cama tras el fuego. 

No metas al adúltero en tu casa, 
hasta que tú veas que está preñada. 
(De tu marido.) 

No metas en tu casa sino quien ten- 
ga ojos en cara. (Entiende para vivir 
y servirte, persona de vergüenza, y 
sangre en el ojo.) 

No metas en tu casa quien tenga 
ojos en cara. (Es de los que entran y 
salen, y notan lo bueno y malo que 
ven, y lo dicen fuera.) 

No metas la mano en el plato pri- 
mero que tu amo. 

No metas la mano en plato do se te 
queden las uñas. 

No metas las manos entre dos mue- 
las molares, que te prenderán los 
pulgares. 

No mirando más de al papo, guay 
del saco. 

No mires al don, sino al dador; sino 
al que le dio. 

No mires la obra, sino la voluntad 
con que se hace la cosa. 



No morirá de achaque; varíase mu- 
cho: no morirás de achaque; guarda, 
no muráis de achaque. (Cuando uno 
mira mucho por sí.) 

No morirá de este mal Mari-Lo- 
pez. (Acomódase á cosas de poco pe- 
ligro.) 

No morirá mal logrado. (Lo que «no 
irá mal logrado»; del que regalado 
llega á viejo con placeres, y abas- 
tado.) 

No moriréis de achaque. (Al que 
mira mucho por sí.) 

No monta más hilar, que dar á hi- 
lar y devanar á medias. 

No muera yo de tres, ó cuatro, ó 
menos años. (Dícese á una gran pri- 
mera de tres, ó cuatro sietes.) 

No reza de él la Iglesia. (Cuando 
de uno no se hace mención.) 

No recuerdes al perro que está 
durmiendo. 

No 4 riño yo á mi hijo porque jugó, 
sino porque quiso desquitarse de lo 
que perdió. 

No ruegues á mujer en cama, ni á 
caballo en el agua. 

No llegarán á los mazuelos. (Esto 
es, á la Semana Santa; para decir que 
antes morirán, 6 se acabarán las co- 
sas; tráele el Padre Frómista.) 

No lleva pies ni cabeza. (Por «no 
tiene pies ni cabeza», lo que va sin 
fundamento.) 

No llueve como atruena. (Cuando 
son menos las obras que las pro- 
mesas.) 

No hará casa con arcos. 

No hará nadie tanto mal como pa- 
gará. 

No hará carrera á un ciego. (Del 
duro y poco caritativo.) 

No hará casa con palomar, con arco 
y azulejos, y con lagar. (Del poco 
granjero y guardador.) 

No hará tanto mal nadie, como des- 
pués de hecho pague . 

No hará mal á un gato. 

No harás casa con sobrados, con 
dos, ni tres altos. 

No liaremos casa con azulejos. 
(Cuando se ve perder la hacienda.) 

No hace el hábito al monje. 

No hace poco quien se defiende de 
otro. 



238 



No hace poco quien su casa quema, 
espanta á los ratones y escaliéntale 
leña. 

No hace poco quien su casa quema, 
espanta los ratones y él se escalienta. 

No hace poco quien quema su casa, 
espanta los ratones y él se escalienta 
á la brasa. (El que por poco prove- 
cho toma mucho daño.) 

No hace poco quien su culpa echa 
á otro. 

No hace poco quien su mal ocha á 
otro. (El daño que uno teme rodear 
como vaya á otra parte. Los prínci- 
pes suelen maquinar que la guerra 
que se les había de hacer, se haga á 
otros.) 

No hace más el caballo del rey, 
hacelle la cama, dalle de comer, y 
echarse á dormir él. (De los ociosos 
holgazanes.) 

No haréis leña en buen monte. (El 
que trata con ingratos y ruin gente.) 

No hacemos moneda falsa. (Res- 
póndese preguntados qué hacenapar- 
te.) 

No hacella y no remella. 

No hagáis mal, y ninguno os lo 
dirá. 

No hagas nada, alcalde, sin oir á la 
otra parte. 

No hagas bien á villano, no bebas 
agua de charco, ni te cases con sarda, 
ni con pitalgada. (Sarda es pecosa; 
pitalgada, la que tiene los dientes con 
helgas; helga es el apartamiento entre 
diente y diente de la lumbre, que 
son los dos dientes de arriba.) 

No hagas bien al malo, y no te dará 
mal pago. 

No hagas tantas mercedes, que trai- 
gas las manos por las paredes. 

No habla boca que no gosta. (Lo 
que «no habla boca que no coja».) 

No habla conmigo. (Esto es, no se 
entiende conmigo eso.) 

No hables sin ser preguntado, y 
serás estimado, ó si quieres ser esti- 
mado. 

No halla Menga cosa que la venga. 
(Mal contentadizos.) 

No halla mengua en cosa que 
venga. 

No herir ni matar no es cobardía, 
sino buen natural. 



No hiere Dios con dos manos, que 
á la mar hizo puertos y á los ríos 
vados. 

No hinchas y no reventarás. 

No hizo Dios á quien desamparase, 
ó á quien desmamparase. 

No hizo más Mari Aldara, que des- 
enterró un fraile para besarlo. 

No huelga la madera. (Cuando todo 
trabaja y sirve, como el Jueves Santo 
que llevan las cruces á cuestas por 
penitencia, de todas partes al hom- 
bro, y acomódase á otras cosas.) 

No huyáis, moza, que no pica la 
onza. 

No huye quien á casa torna. 

Norabuena vais, la de Alonso. 

Norabuena vengáis, amigo, más os 
quiero que á mi marido; antes aquí 
que en la cama, que mientras voy á 
la cama se me quita la gana. (Habla 
con el sueño y alegoriza.) 

Norabuena vengáis, Lucero. (Cuan- 
do los que piensan que madrugan, 
encuentran á otro que ha madrugado 
más, y al tal llaman Lucero.) 

Noramala ello se haga, el hijo en 
la vieja, estando la moza en casa. 

Noramala para quien la levantó, 
que ella echada se estaba. 

Noramala, marido, que una más 
me dijiste. 

Noramala me perderéis, mozas, no 
para mí, sino para vosotras. 

Nómbrate mío, y busca quien te 
mantenga. 

Nos éramos compañueln, y parió 
nuestra suegra. 

Nos en al y la suegra en el porral. 
(Heredad de puerros.) 

Nos con daño, y Mari Martín con 
querella. 

Nos por lo ajeno, y el diablo por 
lo nuestro. 

Nosotros á lo ajeno, y el diablo á 
lo nuestro. 

Nota, al más ruin puerco, la mejor 
bellota. 

Nota, que el jarro no es bota. 

Noviembre y Enero tienen un tem- 
pero. (Porque Noviembre, al menguar 
los días, y Enero, al crecer, se corres- 
ponden, y casi tienen una distancia 
de los trópicos de Cancro y Capri- 
cornio.) 



239 



Novio: no vio, que si viera no qui- 
siera, ó no hiciera. (Cuando nombran 
al novio, añade otro lo demás, dando 
á entender que no vio la carga quo 
tomó, partido en negación. Novio y 
verlo.) 

Novillo de vaca nueva y potro de 
yegua vieja. 

Novillo de mis vacas, y mozo de 
mis bragas. 

Novillos de tus vacas, ó hijos de 
tus bragas. (Que el hijo mira mejor 
por la hacienda que el mozo ex- 
traño.) 

Nominativo juego, genitivo taber- 
na, dativo ramera, acusativo pobre- 
za, vocativo ladrón, ablativo horca. 
(Los que han estudiado bien, enten- 
derán este nominativo, que compuso 
la experiencia de algunos malos es- 
tudiantes, que pasan por estos ca- 
sos.) 

Nominativo musa, dazme pan que 
no se excusa. 

Noche peñarandera vale más que 
semana entera. (Para los arrieros el 
jueves, que es mercado, porque se 
regalan y allí hay bien qué comer, y 
por mala se puede tomar por lo que 
trasnochan.) 
Noche tinta, blanco día. 
Noche toledana, al fin toledano. (Es 
la escucha que hacían mozas necias 
noche de San Juan, de la palabra 
primera que oían dadas las doce en 
la calle, pensando que con el que se 
nombrase se habían de casar; de allí 
salió decir: noche toledana por no- 
che mala, por el desvelo que pasa- 
ban. Algunos dicen quo á un astu- 
riano le tuvieron encerrado tres días 
en parte excusa, haciéndole creer 
que no amanecía, y enfadado de tan 
larga noche, se volvió, y que fué em- 
buste de un su hijo, privado del Rey 
Alfil Toledano; se dice porque se es- 
peraba al filo de la inedia noche; al- 
gunos dicen Alfil Toledano.) 
Noche mala ó hija á la mañana. 
Noche mala y hija al cabo. 
Noche mala, ¿para quién te apare- 
jas? para el pastor que guarda ovejas; 
¿y el boyero dónde lo dejas? metido 
en el silo hasta las orejas. 
Noche mala, Apara quién te apare- 



jas? para perro de vacas y pastor de 
ovejas. 

Noche hace, agua viene, mal ayu- 
nará quien pan no tiene. 

Nuestro alcalde nunca da paso de 
balde. 

Nuestro amigo D. Jaco, tornaos á 
vuestro menester, que]zapatero solía- 
des ser. 

Nuestro yerno, si es bueno, harto 
es luengo; digo, si vale algo, harto es 
largo. 

Nuestro gozo en el pozo; varíase: 
mi gozo en el pozo, su gozo en el 
pozo. 

Nuestro cura todo locura. (Junta 
por gracia lo cura en una palabra.) 

Nuestros padres á pulgadas, y nos- 
otros á brazadas. (Entiéndese gasta- 
mos la hacienda; es ordinario en los 
hijos mayor vanidad.) 
Nuevo rey, nueva ley. 
Nunca á tu enemigo hagas de tu 
mal testigo. 

Nunca habéis oído decir un refrán 
bien verdadero: quien más sirve en 
este mundo, siempre viene á valer 
menos. 

Nunca amarga el manjar, por mu- 
cho azúcar echar. 

Nunca el envidioso medró, ni quien 
cabe él vivió, ó moró. 
Nunca el lobo mata al lobo. 
Nunca el sabio dice no pensé. 
Nunca el juglar de la tierra tañe 
bien la fiesta. 

Nunca el diablo hizo empanada, 
que no quisiese comer la mejor ta- 
jada. (El diablo revuelve la gente 
para sacar su interés de los malos 
hechos.) 
Nunca el perro muerde á la perra. 
Nunca entré con él en barca. 
Nunca es tarde para bien hacer, 
haz hoy lo que no hiciste ayer. 

Nunca esperes que haga tu amigo 
lo que tú pudieres. 

Nunca nombre sabio y discreto, 
revele á mujer su secreto. 

Nunca os acontezca la cama tras la 
puerta. 

Nunca otra cosa nos falte que más 
falta nos haga. 

Nunca otro lobo entre en mi gana- 
do, que me le haga más daño. 



— 240 - 



Nunca otro mal nos venga. (Cuan- 
do fué poco ó nada el daño.) 

Nunca un lobo muerde á otro. (Ale- 
goría de malos ministros.) 

Nunca le habéis tenido el pie al 
horrar. (De la que es más falsa que 
parece.) 

Nunca la soberbia subió al cielo. 

Nunca la buena hilandera á la 
puerta. 

Nunca la cargaremos, que más es 
de hanega. 

Nunca la cólera hizo cosa buena. 

Nunca la pereza hizo cosa bien 
hecha. 

Nunca la venga á la vega lo que 
desea Gaena. (Habla de la vega de 
Carmona, que es tierra gruesa y quie- 
re mucha agua, y no tanta la de Gae- 
na por ser ser ligera y flaca.) 

Nunca lavé cabeza que no me sa- 
liese tinosa. 

Nunca le eché cebada, ni tampoco 
le eché paja. (Para decir «no le conoz- 
co», motejando de bestia, y en feme- 
nino «nunca la echó paja».) 

Nunca los ausentes se hallaron 
justos. 

Nunca ninguno diga por sí, bien 
estoy. 

Nunca nos ha de faltar un Gil que 
nos persiga. 

Nunca nos ha de faltar un Pedro 
Hernández que nos ronde la puerta, 
ó un Pedro Martín. (Dícese cuando 
nos embaraza uno tras otro.) 

Nunca salís de ese barranco, ni sal- 
dréis ogaño. 

Nunca se dará por vencido, estan- 
do convencido. (De los tercos.) 

Nunca se me quitará la mancilla 
de Sevilla. 

Nunca dará en el hito. 

Nunca de berenjena se hizo cala- 
baza buena. 

Nunca dejes el camino llano por el 
atajo. 

Nunca Dios lo aliñe. (Cuento de 
desposado: que la puerta cerrada con 
una escoba, y la esposa sola y mudan- 
do camisa, le era estorbo.) 

Nunca dinero de suegro fué bueno 
y sin pleito. 

Nunca digas que llueve, hasta que 
truene. 



Nunca falta el juicio, sino cuando 
es menester. 

Nunca falta un ¡ay!, ni mengua 
un ax. 

Nunca falta un Judas. 

Nunca falta un mal año. 

Nunca falta un roto para un desco- 
sido. 

Nunca falta una desgracia. 

Nunca falta quien bien haga. 

Nunca faltan rogadores, para eso y 
cosas peores. 

Nunca fíes ni porfíes, es la mejor 
regla que vistes. 

Nunca bien se harta, quien de suyo 
no mata. 

Nunca bien papa, quien el deseo no 
mata. 

Nunca buen gavilán, de cernícalo 
que viene á la man. (Mano.) 

Nunca buena olla, tson agua sola. 

Nunca buena puta ventanera, pues 
que no halla quien la ocupe y quiera. 

Nunca quieras de tu amigo, más do 
lo que él quisiere contigo. 

Nunca partí avellana, que no me 
saliese vana. 

Nunca perro en casa de herrero. 
(Entra por miedo de los martillos.) 

Nanea pidas á quien tiene, sino á 
quien sabes que te quiore. 

Nunca tal y nacida por mi mal. 
(Dice con gracia cifrado el nombre 
de Catalina, juntando partes.) 

Nunca tola echó, quien todo lo 
contó. 

Nunca te veas en juicio, juzgado 
por tu enemigo. 

Nunca tiempo hay hizo cosa bue- 
na. (Contra los que dilatan lo que 
han do hacer con decir tiempo hay.) 

Nunca tu borla en bonete, ni ata- 
bales á la puerta. 

Nunca tu borla en bonete, sino es 
por bobo. (Del que so desconfía que 
aprovecho en estudio. Varíase: «nun- 
ca él borla en bonete, nunca vos».) 

Nunca vi Abril que no fuera ruin, 
ora al entrar, ora al salir. 

Nunca vi de cosa menos, que de 
Abriles y obispos buenos. 

Nunca vi mayor dolor, quo muchas 
manos á un tajador. 

Nunca vi madera tan buena, ni tan 
poca, ni tan mala, que tanto bien y 



241 



mal me haga, como rueca y huso, ar- 
gadillo y aspa. (Argadillo es la deva- 
nadera.) 

Nunca vi morir en guerra soldado 
que de ella venga, ó que en ella 
venza. 

Nunca vimos limpio que no fuese 
sucio. (Contra los muy escolimados 
y melindrosos, que de todo hacen 
asco.) 

Nunca más bien me hallé , que 
cuando menos hablé, ni nunca más 
mal, que cuando hablé más. 

Nunca más perro al molino. (Dicen 
esto las gentes escarmentadas de lo 
que mal les sucedió; semejanza de un 
perro que fué á lamer al molino, y le 
apalearon.) 

Nunca más tuve, que chillón en mi 
esperón. 

Nunca más mondejarás, Valconete. 
(Un alguacil llamado Valconete fué 
de Córdoba á Mondéjar á cierta ex- 



cursión, y tratáronle tan mal que es- 
carmentado decía después esto!) 

Nunca matarás moro que se llame 
Halí. (Entiende caballero, y de cuen- 
ta contra los medrosos y cobardes.) 

Nunca me entró de los dientes 
adentro. 

Nunca me ladren otros perros. (Dí- 
celo el que no teme competidores.) 

Nunca me dieron alfiler chico, que 
no me costase grueso.) 

Nunca medre la araña que hila y 
no devana. 

Nunca mucho costó poco. 

Nunca lleva al padre el hijo, ni el 
sol al domingo. 

Nunca harta, aunque cansada; antes 
cansada que harta. (La muy viciosa.) 

Nunca hija buena tras la puerta. 

Nunca tras la puerta hija buena. 

Nunca buena hija tras la puerta. 



Nubes 
cierto. 



vientos, sin llover de 



s 



Saya tuviera, que sin guantes me 
anduviera. 

Sayo tuviese, ó sayo tuviera, que 
sin guantes me pasara. 

Sardina que el gato lleva, gandi- 
da va. 

Sardo papalardo. (Porque los de 
Cerdeña tienen mucho ganado.) 

Sal á la puerta, y dila puta tuerta. 

Sal es que le echa encima. (Lo mis- 
mo que «misas son de salud».) 

Sal, y salud, y cuidado, y temporal, 
hinchen el corral. (De ganado.) 

Sal, lagartija, que matan á tu hija; 
sal al sol, sal, que la llevan á quemar. 
(Dicen esto los chiquillos, buscando 
lagartijas entre las penas.) 

Sal, sol, y dame en este ojo; sal, sol, 
y dame en este otro. 

Sal, sol, y dame en este ojo, que le 
tengo legañoso; sal, sol, y dame en 
este otro. 

Sal, sol, sólito, y estáte aquí un po- 
quito; hoy, y mañana, y toda la sema- 
na; aquí vienen las monjas, cargadas 
de toronjas; no pueden pasar por el 
río de la mar; pasa uno, pasan dos, 
pasa la Madre de Dios, con su caba- 
llito blanco que relumbra todo el 
campo. Aquí viene Periquito con un 
cantarito de agua caliente, que me es- 
panta á mí, y á toda la gente. 

Sal, so!, que te llama mi señor; ¿qué 
me quiere? ¿qué me quiere? darte 
una capa de color; ¿de qué color? de 
la marca mayor. 

Sal, caracol, con los cuernos al sol. 



(Dicho de muchachos al caracol, co- 
mo los precedentes, y viene á otros 
propósitos.) 

Sal quiere el güevo y gracia para 
comello. 

Sal quiere este güevo. (Dícenlo á la 
que va muy ufana de hermosa y ga- 
lana.) 

Sal pide este güevo. (Al que desea 
que le alaben algo de sus partes ha- 
ciendo de ellas muestra, y parece que 
lo pide con alabar á otros, y también 
cuando uno cuenta algo con mala 
gracia, y es soso.) 

Sal vertida, nunca bien cogida. 

Salamanca á unos sana, y á otros 
manca, y á todos deja sin blanca. 
(Hay en Salamanca la insigne Uni- 
versidad adonde acuden al estudio 
de lo más de Europa é Indias, y en 
ella se hacen hombres famosos en le- 
tras con que valen; algunos mal apli- 
cados se aprovechan mal, y unos y 
otros gastan sus dineros.) 

Sale la coruja al soto; ha de salir la 
coruja al soto. (Que cada cosa se pa- 
rece á do se cría, y á la parte de do 
nace y viene.) 

Salen alas á la hormiga para ser 
perdida. 

Salen cautivos cuando son vivos. 

Salí á la calle y afrénteme, volví á 
mi casa y remedíeme. 

Salí, veréis hilado de un año, y ca- 
gado de un mes. (Palabras do un ma- 
rido riñendo á su mujer el desaliño 
y flojedad, mostrando á los vecinos 



243 



un huso con un poco de mal hilado 
en él, y la casa toda sucia de asentar- 
se la puerca; contra las glotonas, 
puercas y holgazanas.) 
Salíme al sol, dije mal y oí peor. 
Salió el ratón de su agujero, bús- 
canme aquí para despensero. 

Salió del lodo y cayó en el arroyo, 
ó salí del arroyo y caí en el lodo. 
Salióte del chiz, y dióte en la nariz. 
Salir de un lodo, y entrar en otro. 
Salir de Lagunas y entrar en Moja- 
das. 

Salir de Lavajos, y entrar en Moja- 
dos. (Son nombres propios de lugares 
y significativos, y con la ambigüedad 
hacen gracia.) 

Salir de Lodazales y entrar en Ce- 
nagales. (Explica los dos de arriba.) 
Salir de Teba, y entrar en Harda- 
les. (Ruin el uno, y peor el otro en 
Andalucía.) 
Salió de Teba y entró en Hardales. 
Salir de Herrera, entrar en Carbo- 
nera. • 

Salir del charco, y entrar en el 
lago. 

Salís á rondar, guardar las armas, 
mas primero la enamorada. 

Salida de Marzo y entrada de Abril, 
si el cuco no viene la finquiere venir. 
Salud haya y dineros, que no fal- 
tarán morteros. 

Salud es la que juega, que no ca- 
misa nueva. 

Salud y alegría, belleza cría; atavío 
•y afeite, cuesta dinero y miente. 

Salud, y días, y ollas, componen 
cosas. 
Salud come, que no boca grande. 
Salúdame á los de Fuentes. 
Salsa de Almodrote no es buena co- 
lación, tibirirranrán, tibirirranrón. 

Salga el toro con llaves de oro, 
salga la vaca con llaves de plata. (Dí- 
cenlo los muchachos en el juego del 
toro.) 

Salta el ajo del mortero, y coge 
mierda para su dueño. 

Salta como granizo en albarda. (Dí- 
cese del mal sufrido.) 

Salta tú, y dámela acá tú. (En jue- 
go de muchachospidiendouna china.) 
Sáltame en el puerro, y veréis lo 
que vale. (Quejándose un labrador de 



la carestía de las cosas, y refiriendo 
algunas de ellas, los ajos, las cebollas, 
dijo al cabo: «Pues sáltame en el pue- 
rro», como muy caro,yhan hecho gra- 
cia de ello, porque envuelve pulla.) 

Saltar de la sartén, y dar en las 
brasas. 

Saltar por el Rey de Francia. (Tó- 
mase por hacer violencia y dar pesa- 
dumbre; semejanza de los perrillos de 
ciegos, que los hacen saltar por un 
aro, diciendo: «salta por el Rey de 
Francia».) 

Saltó en vago; dio salto en vago. 
(El que entendió tener provecho, y 
salió en vacío, como el que salta en 
suelo que no está firme.) 

Saltó la cabra en la viña, también 
saltará en la hija. 

Salvo honor de vuestras mercedes; 
salvo honor de las barbas, y tocas, y 
orejas honradas. (Di cese haciendo 
salva á palabras bajas, ó vergonzosas, 
como asno, puerco, ó rabo, y seme- 
jantes entre gente no pulida; de salvo 
honor se hizounapalabra: «salvonor», 
por el trasero.) 

Salvóte porque no crezcas más. 
(Dicen esto echando la pierna por 
cima de la cabeza de otro de menor 
estatura, ó puesto de manera que se 
pueda salvar.) 

Salmón la casa descompon. (Por- 
que es caro.) 

Salmón de Enero, al emperador 
primero, y después contando de gra- 
do en grado. (El asturiano dice <sal- 
món de J i ñero».) 

San Andrés entra mes, y sale mes. 

San Antón, da cueros al lechón, 
que éstos ya comidos son. 

San Antonio de Lisboa, no está en 
casa el Santo, que es ido fora. 

San Lorenzo calura, San Vicente 
friura, uno y otro poco dura. 

San Lucas, ¿por qué no en cucas? 
porque no tengo las bragas enjutas. 
(Quiere decir por qué no bebes; res- 
ponde que á poco que salió de pisar 
las uvas y el mosto no está de sazón 
para beber. Encucas es palabra hecha 
por énfasis, que se acomoda al pro- 
pósito que se quiere; otros dicen: «Sai 
Lucas, ¿por qué no encucas?, y cucas; 
también quiere decir, por qué no 



— 244 — 



corres, como si dijesen á los estu- 
diantes: ¿por qué no te vas al estudio 
venido San Lucas?») 
■ San Nicolás de los Vinos Agudos, 
treinta vecinos, los veinte y nueve 
cornudos. (Nombre es de lugarillo, y 
por la cuenta el vecino treinta es el 
cura.) 

San Silvestre y Santa Coloma, 
cuando el mes de Enero asoma. 

San Siste busca las uvas donde las 
viste, ó por San Siste. 

San Simón y Juda, negua el duda. 
(Negua el duda quiere decir en vas- 
cuence «el invierno es entrado».) 

San Simón y Judas, si no me guar- 
das, y no me ayunas, no tendrás de 
mí ayuda. 

San Simón y Judas, mata los puer- 
cos y tapa las cubas. 

San Cebrián á mecha candiles, mal 
para los oficiales, peor para los 
aprendices. Otros dicen San Bartolo- 
mé, porque en tal tiempo comienzan 
á velar en sus oficios. 

San Jorge mata la araña. (Contra 
medrosos y para poco, que para no- 
nada piden milagros y grandes favo- 
res.) 

San Juan el Verde no es cada mese. 

¿San Juan el Verde pasó por aquí? 
más ha de un año que nunca le vi. 
(Denota el deseo que tiene el mozo 
de acabar el año.) 

San Juan es venido , mal haya 
quien bien nos hizo ; ó mal haya 
quien bien os hizo. (De segunda ma- 
nera son palabras del amo; de la otra, 
de los mozos ingratos, porque en- 
tonces se despiden los mozos, olvi- 
dados del bien que recibieron.) 

San Miguel pasado, tanto manda el 
mozo como el amo. (La causa es por- 
que entonces se despiden también; 
que por causa de la cosecha del pan 
y vendimias no osan los amos enojar 
los mozos.) 

San Juan y Corpus Cristi todo en 
un día. (Es doblada fiesta, y aplícase 
á los que quieren dos provechos, ó 
les vienen dos felicidades juntas.) 

¿San Juan vino por aquí? por aquí 
vino. (Graciosa pregunta y respuesta 
para pedir vino los gañanes, ó en 
convites, y tal manera.) 



San Juan de los criados, cuando 
los mozos dejan á sus amos, claman 
criados. 

San Juan de buena estrena, buena 
comida y mejor cena. (El primer 
día que entra el mozo con el amo 
halla esto, ó lo desea.) 

San Juan de la Valmuza, que no 
tiene capa ni caperuza. 

San Julián guarda vino, y guarda 
pan. 

San Juliete de madero, ¿dónde es- 
tás que no te veo? 

San Bartolomé á mecha candiles, 
mal para los oficiales, peor para los 
aprendices. (Más ordinario es decir 
San Cebrián.) 

San Bernabé, dijo el sol aquí estaré, 
y de aquí no pasaré. 

San Vicente, yo á jurar, y tú tente: 
quien á su marido encornuda, Dios, y 
tú le ayuda: y él si lo cree, que en la 
horca pernee. Bajá acá, mujer queri- 
da, que ya sois creída. (Ibala subien- 
do por una escalera para colgarla 
por sospechas de cuernos, y satisfí- 
zose con este juramento. Bicente 
pronunciamos, no Vicente; después 
irá con V.) 

San Blas, ahoga ésta, y ven por 
más. San Blas, ahógate más. (A uno 
que tose.) 

San Blas de Güete por sanar uno 
mató siete. (Contra los de Güete di- 
cen éste y otros fingimientos por 
matraca. És la razón que la ermita de 
San Blas está en un sitio tan alto que 
se cansan mucho los que allá suben, 
y suelen resfriarse bebiendo agua 
fría con el sudor.) 

San Clemente alza la mano de si- 
miente. 

San Climén, alza la mano de si- 
mién. (De montañas de Aragón.) 

San Pedro y San Hélices, frío en 
las narices. (Es 1.° de Agosto, y dice 
el otro: «Agosto, frío en rostro>; Hé- 
lices por felices, ó feliz.) 

San Pedro y San Hélices, quiebra 
el pan por las raíces. (Porque está 
entonces tan seco que se quiebran 
las cañas fácilmente.) 

San Pedro de los Arcos, deja el 
diablo los bueyes y toma los asnos. 

San Pedro de Cátedra, toda res 



245 



mala, cabeza alza: y más lo de la 
braga. 

San Pedro de Catreda, toda cosa 
mala alza cabeza. 

San Pedro de Cuadierna, sale el 
cojío de so la tierra. (El asturiano por 
Cátedra, ó Catreda, dice: Cuadierna, 
y cojío llama á lo que acá acojijo, ó 
sabandija mala de la tierra.) 

San Pechar hace buen yantar, que 
San Rogar no ha lugar á Pechar por 
contribuir y pagar. (Son infinitivos 
hechos nombres.) 

San Trasfiguracio, cual es el día tal 
es el año. 

San Valentín, toma la vara y vete 
á guarir. (Entiende que le avisa que 
deje la pesca, porque ya se acaba, y 
se vaya á guarecer á casa, del mal 
temporal, porque guarir es guarecer. 
El Comendador entiende que se vaya 
á pescar truchas, que es entonces la 
pesca de ellas, y toma guarir por pes- 
car; no sé cuan bien debía decirse 
guarir pescar en río.) 

San Vicente alza la mano de simiente. 

San Vicente echa la brasa en el río, 
y si está frío el carbón no está encen- 
dido. (Cae San Vicente á 22 de Enero, 
y comienzan ya los días á ser mayores 
y á abrir el tiempo y calentarse ó 
templarse el agua en el río para la- 
var, como si San Vicente echara una 
brasa y le calentara, como dice el si- 
guiente.) 

San Vicente echa la brasa en el río 
y hácela caliente. 

San Vicente, yo juro, y tú tente, 
que la que á su marido encornuda, á 
la horca le suba, y si vos lo creéis, en 
la horca perneéis, y si yo lo hago, 
que moráis ahorcado, y si os falta 
soga, yo os dé otra; no juréis, mujer 
querida, que ya sois creída. 

San Vicente friura, San Llórente 
calura, y uno y otro poco dura. 

San Vicente claro ensancha el jarro, 
ó buena vieja ensancha el jarro. 

San Vicente claro, pan harto; San 
Vicente escuro, pan ninguno, 

San Marcos Evangelista, Mayo á 
vista. 

San Matía la fiesta avía. 

San Matías, Marzo al quinto día. 

San Matías, aparta las vasijas. 



San Matías, cata Marzo á cinco días, 
y si es bisiesto, cátale al sexto. 

San Matías, Marzo á cinco días. 

San Miguel el pagador. (Porque su 
día se cumplen y pagan rentas.) 

San Miguel de las uvas, tarde vienes 
y poco duras; si vinieses dos veces al 
año, no quedaría mozo con amo. 

Sana la muela con pesarla á cera. 
(Que se saque, porque sin sacarla no 
se puede pesar, y que con dineros se 
redimen las vejaciones.) 

Sana, sana, culo de rana, tres pedos 
para hoy, y tres para mañana. (Salmo 
de muchachos que dicen á otro escu- 
piéndole en lo herido, y burlando.) 

Sana, sana, culo de rana, tres pedos 
cada mañana. 

Sanan lanzadas, y no palabras ma- 
las; ó sanan llagas, y no malas pala- 
bras; ó sanan cuchilladas, y no malas 
palabras. 

Sanicente más perros que gente. 
(Nombre de lugarejo.) 

Sangraos, Marina, sopa en vino es 
medicina. 

Sangrarle y purgarle, si se muriere 
enterrarle. (Contra la ordinaria cura 
de médicos, que es purgar y sangrar, 
como azotes y galeras.) 

Sangrar dulcemente. (Por ir chu- 
pando á uno y sacando el dinero en 
juego, ó de otra manera; desangrarse 
es perder: al que le sangra llaman 
sanguijuela; es su sanguijuela que le 
chupa.) 

Santa Ana, uva pintada. (Pintar la 
uva es cuando comienza á madurar, 
que parecen algunos granos negros, ó 
maduros, en el racimo.) 

Sant Antón le guarde. (Dícese á las 
cabalgaduras y reses, porque á San 
Antón tienen por abogado de su salud, 
y por eso el día de este Santo llevan 
las bestias á dar nueve vueltas al redor 
de su iglesia, y diciendo estas pala- 
bras entienden que no las harán mal 
de ojo; también con ella se moteja á 
uno de bestia.) 

Sant Antón de Castro Jerez, que 
juega á rápalo todo. (En Rioja.) 

Sant Antón tres tengo, que no soy 
capón. 

Sant Antruejo, santo bueno, dice 
señor como negro: no quedar nada: 



246 



Pascua mala, come negro, y guarda 
para mañana. 

Santa Olalla en Barcelona, quien 
se la hace no se la logra; mientras él 
viene á Barcelona, darme he yo esta 
toma. (Otros dicen Santularia de Bar- 
celona.) 

Santa Lucía, vuelve el aceite á la 
oliva. (Parécelo porque se ablanda 
la aceituna, y consume la borra que 
dentro estaba dura.) 

Santa Lucía, que todas las fiestas 
envía. (Porque se sigue Navidad.) 

Santa Lucía, mengua la noche y 
crece el día. (Cuando era diez días 
después.) 

Santa Cruz saca las fiestas á luz. 
(Es á 3 de Mayo, y hay en él otras 
fiestas.) 

Santa Cruz, cuando toda viña reluz. 

Santa Clara nos alumbre, y echa 
una azumbre. 

Santa María la más lejos; á Santa 
María la más lejos. (Achácase á las 
mujeres que son amigas de andar, y 
romerías lejos.) 

Santa María, deten tu día. (Notoria 
es la historia del Maestre de Santiago 
Pelai Correa, que le dijo dando una 
batalla á moros día de Nuestra Se- 
ñora, y se alargó hasta vencerlos, y 
en memoria del milagro y venci- 
miento quedó por nombre al lugar 
Tentudía, y Tudía en Extremadura; 
caso como el de Josué.) 

Santa María, casarme quería, Credo 
con un buen mancebo, Salve que no 
tenga madre, Santalifonso rico y her- 
moso, Madre de Dios, otórgamelo 
vos. 

Santa María, con tu ayuda yo pari- 
ría. (Dícelo la preñada.) 

Santa Marina en la mano, Santiago 
cebado. (De los gavilanes.) 

Santiago y á ellos, y era un costal 
de paja de centeno. 

Santispacis, abogado de la pereza. 
(Moteja de bestia y holgazán.) 

Santisteban de Gormaz, cedaz, ce- 
daz. 

Santiguóme con el puño porque 
piense el diablo que es porra. 

Santivaña, si te diese, no te ensaña. 
(El día de San Juan se dan con un 
manojo de juncia, en burla.) 



Santo Domingo, mal pan y peor 
vino. (Ciudad en la Rioja.) 

Santo Tomé, sácame del agua que 
la víspera te ayuné. 

Santo Tomé, quien no tuviese puer- 
co mate la mujer. 

Sancha, Sancha, bebiste el vino, y 
dices que mancha. 

Sazón hace trigo, que no barbecho 
mollido. 

Saja tiene el nombre, y Vesaya 
lleva al hombre. (Ríos.) 

Sábado en la noche, María, dame la 
rueca. 

Sábado sin bollo, domingo macho- 
rro. (Si el sábado no se masa, no tie- 
ne el cura bodigo en el domingo, y 
para él es machorro, como entre pas- 
tores es machorra la res que no pare. 
Puédese trocar: «sábado machorro, 
domingo sin bollo».) 

Sábados á llover, viejas á beber, 
putas á putecer. 

Sabe dónde le muerde el zapato. 
Varíase: sabe dónde le aprieta el za- 
pato; se dónde me muerde el zapato. 
(Es tener aviso, y cordura, y saber su 
negocio.) 

Sabe agradecer la honra, á quien 
te la hace y dona. 

Sabe el quince y la bailona. 

Sabe una canción y dos guiaderas. 

Sábele bien, y hácele mal á mi bo- 
rriquito hoja de nogal. 

Sábelo en confesión. (Para decir de 
uno que sabe algo para no lo decir: 
también nota al que no sabe, ó no 
quiere declarar su ciencia.) 

Sábelo Dios, y la Salserilla. 

Sábelo Dios y todo el mundo. 

Sábelo Vicente, y otros veinte. (Va- 
ríase.) 

Sabe Dios lo que será. (Conociendo 
no saber los hombres lo venidero.) 

Sabe dónde la abarca le mata. 

Sabe dónde le hiere el zapato. 

Sabe bien vender sus madejas. (Es 
más propio decirlo de mujeres.) 

Sabe traer el agua á su molino. (Del 
que sabe negociar su provecho.) 

Sabe más que yo le enseñé. 

Sabe más que un pobre. 

Sabe más que las culebras. 

Sabe más que le enseñaron. 

Sabe más que Merlín. 



247 — 



Sabe mucho y anda á pie. 

Sabe responder á los amenes. (El 
que sabe llevar el gusto y condición.) 

Sabe hacer sus mangas. (El que se 
sabe aprovechar.) 

Sabéis á Origüela, de este juego 
seréis fuera. 

Sabéis á San Silvestre, perdido ha- 
béis éste, ó pagad éste. 

Sabéis la Isuela, de ésta seréis 
fuera. 

Saber lo que basta. (Contra los que 
despuntan de agudos» que por sutili- 
zar las cosas dan en inconvenientes 
y errores, y contra astrólogos judi- 
ci arios que vanamente presumen de 
saber adivinar.) 

Saber que hay mañana. (Aviso para 
guardar, y no comerlo hoy todo.) 

Sabeldo, coles, que espinazo has 
en la olla, ó que espinazo hay en la 
olla. 

Sabeldo, vecinas, que doy de co- 
mer á mis gallinas, ó que echo salva- 
dos á mis gallinas. 

Sabeldo, vecinas, que pelo galli- 
nas. 

Sabeldo, vecinas, que tengo un hijo 
crego. 

Sabeldo, vecinos, que me lo tres- 
quilo. 

Sabes eso, y no la caca. (De los que 
saben lo que no importa, y no lo que 
deben saber, como los chiquillos que 
saben ruindades, y no decir la cosa, 
ó caca.) 

Sabiduría de pobre hombre, her- 
mosura de puta, y fuerza de ganapán, 
nada val. 

Saca lo tuyo al mercado, uno dirá 
bueno, y otro malo. 

Saca, corta, limpia y mete, y no 
perderás gabinete, ó cañivete, ó ca- 
ñavete. 

Sácamelo, y toseré; ya he tosido, 
señor, métele. (Que se destape la bota 
para sacar el aire. Púsole el Comen- 
dador, y es cosa y cosa.) 

Sácame de aquí, y degüéllame allí. 
(Lo que dice el otro refrán: «quien 
pasa punto, pasa mucho>, y por lo 
que se pretende mejorar de lugar.) 

Sácame de rato, y no de paso. (Que 
el trabajo sea con moderación, sin 
fatiga.) 



Sacar el arador con pala y azadón; 
no se saca arador con palo de azadón 

Sacar un pie del lodo, y meter otro. 

Sacar labarba de vergüenza. (Cum- 
plir con largueza las cosas.) 

Sacar la brasa con la mano del 
gato, ó con la mano ajena. 

Sacar la castaña con la mano del 
gato. (Una mona dicen que sacaba 
castañas de la lumbre con la mano 
del gato, con sutileza, por no quemar- 
se ella.) 

Sacar de la boca y meter en la bol- 
sa. (Que cada uno trabaje, y compre.) 

Sacar del horado la culebra con la 
mano ajena. 

Sacará polvo debajo del agua. (Dice 
ser muy diligente y efectivo.) 

Sacalde, que alma tiene, si convie- 
ne que se calle ó que se suene. 

Sacaldo de entre los cardos, sacá- 
roslo hemos de entre las manos. 

Saco de yerno, nunca es lleno. 

Sacóte sangre del ojo del culo, y 
ande el pleito. Bellaco, sacóte sangre 
del ojo del culo, y ande el pleito. 
(Lleva pulla, y es como decir: «súbo- 
te y quitóte el virgo»; aplícase á los 
anticipados y que tienen ventaja.) 

Saco mi blanca, saco mi china, saco 
mi pajuela. (Cuando uno se sale fue- 
ra do inconveniente y daño que teme 
á imitación de un juego de mucha- 
chos.) 

Sácala Real Magestad, éste es Con- 
de, y éste esconde á los criados el pan. 
(Dicho fué de truán que juntó dos 
palabras en una.) 

Sacristán que vende cera, y no tie- 
ne colmenar, rapio rapis del altar, ó 
rapaverun del altar, ó volaverun del 
altar. 

Sábalo de Mayo, calenturas para 
todo el año, ó sábalo de malo, mala- 
tías para todo el año. (Malatía, enfer- 
medad, tiene el acento en la ?', de 
donde se dice malato, por indispues- 
to, achacoso y enfermo.) 

Saña de villano, es de su daño. (Por 
que puede menos que el poderoso.) 

Si Alvaro ter pájaro, María mata 
para él, qué culpa ter Sabel. (Imita 
la habla de negros, aportuguesada. 
Si Alvaro tiene el pájaro y María le 
mata, ¿qué culpa tiene Isabel?) 



248 — 



Sé el que debes. (Buen consejo de 
padre á hijo: que el mozo procure 
ser bueno como sus mayores, más 
por la ambigüedad del significado, y 
lo toman comunmente por adeudarse, 
y deber dineros, como que eso se Íes- 
aconsejará y no virtud.) 

Se entiende que quien rompe se 
remiende, y quien peca que se en- 
miende, que pague quien debe. (Lo 
primero cae sobre razón de otro que 
se confirma de una cosa que se ha de 
hacer, porque la partícula se nunca 
comienza razón en castellano, porque 
es pospositiva pospuesta á otra pala- 
bra ó razón.) 

Se non donnó meu olio, folga meu 
oso. (Gallego.) 

Sei mozo bien mandado, comerás á 
la mesa con tu amo. (Seipor sé.) 

Sea en hora mala, para quien de 
noche trasteja casa. 

Sea yo merino siquiera de un mo- 
lino. (Merino es minietro de Justicia; 
es palabra corrupta de hebrea de la 
raíz din, juzgar; había de decir medi- 
no, juez; Medina es provincia sujeta 
á una cabeza que la juzga y gobierna, 
lo mismo que de Diócesis ó Diócesis, 
gobernación, lo que merindad.) 

Soase erío, y séase mío. 

Séase extremeño, y siquiera un le- 
ño. (Aprueban bien fuera para man- 
dos, yernos y cargos.) 

Séase vuestra la higuera, y esté 
junta á mi lindera. 

Séase vuestra la higuera y estóme 
yo á la vera. 

Sea secreto por amor de la alca- 
bala. 

Sea para mañana, que para luego 
es tarde. 

Sea tuya la higuera y esté á la vera. 

Sea velado, y séase un palo. (Vela- 
do por marido, de velarse.) 

Sea maridillo, siquiera de lodillo. 

Sea marido, y sea sapillo. 

Sea marido, y sea grano de mi hijo. 
(Que el marido, sea cualquiera, es 
amparo y honra de la mujer; también 
se aplica á las que tienen muchas ga- 
nas de casarse, y no reparan en que 
sea el marido de más baja suerte.) 

Séame yo bueno, y herrón para mi 
agüelo. 



Sea mi enemigo, y vaya á mi mo- 
lino. (A darme provecho.) 

Sea milagro, y hágalo el diablo. 
(Así el Comendador.) 

Sea milagro, y hágalo cualquier 
santo. 

Sea rucio, y sea cualquiera. (Es buen 
pelo el caballo así.) 

Séanme testigos, que mi borrico 
caga higos. (Desdén á los que hacen 
testigos, cuando han contiendas con 
alguno, señal de pusilánimes.) 

Ser olla y cobertera. 

Ser olla y cobertera, será fuerza. 
(Como el de Rojas. Di cese cuando es 
forzoso hacer y oficiar lo que luego 
no se puede pagar. Un buen bebedor 
llamado Rojas llegó á la taberna y 
echóse un cuartillo, y dijo luego á la 
tabernera: «No hay moneda, éste fiár- 
mele ha»; respondió ella: «Forzoso 
será».) 

Será olla y cobertera. (De aquí que- 
dó en refrán, «forzoso será». Como 
el de Rojas, por otro que pidió ser 
fiado en lo mismo, ó en otro cuar- 
tillo.) 

Ser casta para buena no basta. 

Será Pascua en domingo fiesta do- 
ble. (Aplícase á doblado buen suceso.) 

Ser puta y buena mujer, ¿cómo 
puede ser, señor Bachiller? 

Ser mercader, más va en el cobrar 
que en vender. 

Serano de Abril, vete al mandado, 
que verás á venir; serano de Agosto, 
ni por agua al pozo. (Serano quiere 
decir la tarde; por Abril van crecien- 
do los días, por Agosto menguando.) 

Serano de Mayo, vete átu mandado, 
que tiempo tienes harto. 

Servilde, que de buenos viene. Sír- 
vanle, que de buenos viene. 

Servinos que de buenos venimos. 
(Dícese desdeñando á quien se hace 
mandón, y más de lo que es y sin 
merecerlo quiere que le sirvan.) 

Servir, es ser vil. 

Servirá el moro por el oro. 

Serviré al moro por el oro. 

Servir como moro, y medrar como 
mono. 

Servicio os haré que á los dientes 
os llegue. (Cuando el servicio es da- 
ñoso.) 



— 249 



Servicio os haré que os pese, ó que 
á la cara os salga. 

Servimos, y no medramos; ganar 
con que nos vamos. 

Sermón y zamarro, no es para el 
verano. 

Sermón sin Agustino, olla sin to- 
cino. 

Sembrar por hanegas y coger por 
espigas. 

Sembrar media y coger media. 

Sentada canso, ¿qué haré andando? 

Sentéme á la mesa, sin ser contado; 
diéronme caldo, pan no bocado. 

Sentéme en un hormiguero, ¡oh qué 
mal sentadero! 

Sentí quien danza, y danzaba un 
piojo. 

Sentí quien danza, y bailaba un pe- 
rro en la plaza. 

Seso en prosperidad, y amigo en 
adversidad, y mujer rogada casta, ra- 
ramente se halla. 

Sentir con los pocos, y hablar con 
los muchos. (No el que enseña estu- 
dios.) 

Seso, vente á las renes, pues á la 
cabeza no puedes; véteme á las re- 
nes. 

Sed de cazador, y hambre de pes- 
cador. 

Seda y raso no dan estado, mas 
hacen al hombre autorizado. 

Segar, ó gavillar, ó guardar la era. 

Segar, ó gavillar, ó la era guardar. 

Seguir hasta la mata. (Es seguir 
hasta el cabo una cosa.) 

Segura está la mar de fuego, y de 
ladrones el cielo. 

Seguro está el cielo de lobos, y de 
ladrones y robos. 

Según el natural de tu hijo, ansí le 
da el consejo y el oficio. 

Seca la higuera, que tales higos 
lleva. 

Secará y hará buen tiempo. (Díce- 
se por burla á los que tosen.) 

Sequitas me dais, que beba que- 
réis. (Buena manera de pedir de be- 
ber.) 

Seco, y no de hambre, más recio 
que alambre, ó que de alambre. 

Seco, y no de hambre, huye del 
como de landre. 

Secósele el ojo al gato mirando á 



la luna, pensando que era enjundia. 

Secreto á voces. (Cuando hacen se- 
creto lo que no es.) 

Secreto de anchuelo. (Lo que secre- 
to á voces.) 

Secreto de oreja, no vale una ar- 
veja. 

Secreto de dos, sábelo Dios; secre- 
to de tres, toda res. 

Sepan los gatos que ha venido el 
antruejo. 

Sepan los gatos que es mañana an- 
truejo. 

Sepan gatos que es antruejo. (En 
desdeño de alguno que publica mu- 
cho una cosa.) 

Sepamos en qué ley vivimos; ha- 
bernos de ver en qué ley vivimos. 

Sépase en qué ley vivimos. (Dícese 
cuando hay confusión revuelta, y 
poco orden en las cosas.) 

Sepultura de enemigos, venganza 
de vivos. (EL vello sepultar.) 

Sepultura de vivos, venganza de 
enemigos es presos y corridos. 

Setiembre, ó lleva las puentes, ó 
seca las fuentes. 

Setiembre de mí no se miembre. 
(De darme enfermedad.) 

Setiembre de mí se te miembre. 
(De darme frutos.) 

Semana de los Mártires, está en tu 
casa aunque no te hartes. 

Semana de Ramos lava tus paños, 
que la de Pascua quema con ascua. 

Semana de herreros, semana ma- 
chorra. (Así llaman á la semana que 
no tiene fiesta, y trabajan toda ella.) 

Señal de borrica frontina. (Es la 
más usada.) 

Señal de borrico frontino. (Bur- 
lando de lo que á alguno le parece, y 
adivina por conjeturas.) 

Señal de mala bestia, sudar tras la 
oreja. 

Señal mortal no querer sanar. 

Señor Santantón, da cueros á mi 
lechón. 

Señor maestro, ¿de un cagajón 
hará un cabestro? 

Señor San Miguel, dame un alfiler. 

Señora Santa Ana, dame una blan- 
ca. (Dicen éste y el anterior los ni- 
ños, buscando en las canales cuando 
ha llovido.) 



— 250 — 



Señora, dadme respuesta, que pa- 
pel y tinta dinero cuesta. 

Señores apobrecen, y criados pa- 
decen. 

Señores, qué cosa y cosa, 
que en la corte y en la aldea 
no hay ninguna mujer fea 
que no piense que es hermosa? 
Si á alguno probar querés, dalde 
oficio, veréis quién es. 

Si á ese tiempo lo fiáis, échame 
otra vara más. 

Si á beodo te vieres ir, huye la 
compañía, y vete á dormir. 

Si á Corueño vas, lleva pan, que 
agua hallarás. 

Si á tu vecino quieres mal, mete las 
cabras en su olivar. (Porque los ár- 
boles que roen y descortezan, se 
menguan y desecan.) 

Si á tu marido quieres matar, dale 
coles por San Juan. 

Si Aristóteles supiera 
aquesto de cantimploris, 
cierto es que no dijera 
motns est causa colorís. 
Si Aristóteles supiera 
vuestros cascos, señor cura, 
cierto es que no dijera 
nihil vacuum in natura. 
Si Alejandro es cornudo, sépalo 
Dios y todo elmundo. (Que los ma- 
les de los grandes señores no pueden 
ser encubiertos.) 

Si algún ruin no le pone falta. (Ala- 
bando algo, ataja que nadie contradi- 
ga. Varíase: «si algún ruin no la pone 
falta, no lo pone».) 

Si ansí corres como bebes, vamo- 
nos á cazar liebres. 

Si has sido recuero, guárdate del 
cabero. 

Si has vergüenza de decir de sí, 
menea la cabeza y has ansí. (Cuando 
concedemos bajamos la cabeza para 
el pecho, cuando movérnosla al re- 
dor para una oreja y otra, y esto 
aconseja hacer.) 

Si aparador, para qué candil? Si 
candil, para qué aparador? (Contra 
los que tienen poco, y quieren los 
ornamentos como si tuvieran mu- 
cho.) 

Si aprovechare, bien; si no, también. 
(En lo que va poco en ello.) 



Si habéis comido la compaña, si 
habéis comido, buena pro os haga. 

Si eres mensajero, de noche acude 
al cencerro. (Dícese este cuento: que 
un abad tenía amores con la mujer 
de un mensajero, y era concierto en- 
tre ellos que él saliese de noche á 
los trigos con un cencerro, con que 
sonaba como un buey; y en oyéndo- 
le, decía el mensajero á la mujer: 
«corre, ve á echar aquel buey»; tales 
cuentos fingen, y van á parar á los cu- 
ras.) 

Si el asno se muere, ¿quién llevará 
la carga? (Moteja de asnos á los bu- 
honeros y holanderos que andan car- 
gados de la arquilla y lío de su mer- 
cadería.) 

Si el agua mata el polvo, la niña el 
su amor con el corazón. 

Si él es tuerto, ella es coja; él ba- 
boso, y ella mocosa. 

Si el lobo da en la dula, guay de 
quien no tiene más de una. 

Si el loco asentado está, ó los pies 
mueve ó cantará. 

Si el necio no fuese ai mercado, no 
se vendería lo malo. 

Si el niño llorare, acállele su ma- 
dre; y si no quisiere callar, déjele 
llorar. 

Si el novio no fuere novio, dale un 
cagajón por pollo. 

Si el sapo come tierra, bien se le 
estriega en la pierna. 

Si el secreto fuere descubierto á 
una mujer, luego se ha de saber. 

Si el sol me alumbra, no he me- 
nester la luna. 

Si el cielo se cae, ó se cayese. (Dí- 
cese á los que ponen muchos acha- 
ques y dificultad en las cosas, re- 
prendiendo sus temores. Varíase de 
las maneras siguientes.) 

Si el cielo se cae, cogernos ha de- 
bajo. 

Si el cielo se cae, quebrarse han las 
ollas. 

Si el cielo se cayese, paralle las 
manos. 

Si el cielo se hundiese, cogeríanos 
debajo. 

Si el juramento es por nos, la bu- 
rra es nuestra, por Dios. 

Si el judío va llorando, el modéjar 



251 — 



le ha engañado. (Modéjar se llamaba 
en España, y ahora en Argel y Áfri- 
ca, al moro de Granada y Andalucía. 
Era gente más lindina, y ladina, y sa- 
gaz, y de más valor que los otros mo- 
ros de allende y de aquende.) 

Si el deudor no se muere, la deuda 
no se pierde. 

Si el día de San Vicente hace claro, 
buena vieja ensancha el jarro. 

Si el diablo dio en piedra, tal cual 
la dio la lleva. 

Si el gato come miel, no estamos 
aquí bien. 

Si el grande fuese valiente, y el pe- 
queño paciente, y el bermejo leal, 
todo el mundo sería igual. 

Si el buey quieres engordar, de 
mediado Hebrero hasta Mayo le has 
de apacentar. 

Si el burlador fuere burlado, el 
rostro lado no enojado. 

Si el cántaro da en la piedra, mal 
para el cántaro; si la piedra da en el 
cántaro, mal para el cántaro, no para 
ella. (Y al trocado.) 

Si el caballo bien corría, la yegua 
mejor volaba. 

Si el caballo tuviese bazo, y la pa- 
loma tuviese hiél, todo el mundo se 
avendría bien, ó toda la gente se ha- 
bría bien. (Quiere el refrán que cada 
uno modere su natural y falta: que 
el soberbio mitigue su altivez, y el 
muy manso tome brío, y á veces có- 
lera.) 

Si el que tiene no da, el que no 
tiene ¿qué hará? 

Si el corazón fuese de solcero, no 
le vencería el dinero. 

Si el co tuviera llave, no tiene el 
hombre tal heredade. (Entero lo di- 
cen á donde no empacha la vergüen- 
za, por el otro.) 

Si el cuerdo no errase, el necio re- 
ventaría. (Así desatado por el Co- 
mendador.) 

Si el cuco no canta entre Mayo y 
Abril, ó él es muerto, ó la fin quiere 
venir. (Dice cuan cierto es el cuco 
por entonces.) 

Si el palomo se muere, comprare- 
mos otro que vuele. 

Si el perro bagujada hace, pruebe 
el concejo y beba el Alcalde. (En la 



K irá dicho el cuento: «Can que ba- 
gujada hace.») 

Si el perro tres veces va á la aceña, 
la tercera queda por la peña, ó pena. 

Si el perro tres veces va al molino, 
la tercera queda cautivo. 

Si el principio se yerra, no puede 
seguirse fin buena. 

Si el tiempo quieres asegurar, des- 
pués de llovido aire cierzo ha de an- 
dar; si ninguno anduviere, las nieves 
lo vuelven. 

Si el villano supiera el sabor de la 
gallina en Enero, no dejaría ninguna 
en el pollero. 

Si el merecimiento no da ventura, 
más quiero dicha, madre, que her- 
mosura. 

Si el mozo supiese, y el viejo pu- 
diese, no habría cosa que no se hi- 
ciese. 

Si el hijo sale al padre, de duda 
saca á la madre. (De sospecha.) 

Si helare en Marzo, busca cubas y 
mazo, y si en Abril, tórnalas al cu- 
bil. 

Si en Abril hay lodo, no irá todo, 
ó no se perderá todo. 

Sí, en hora mala, que para vos esta- 
ba guardada. 

Si en todo lo cago soy desgraciada, 
¿qué queréis caga? (Por gracia se qui- 
tan letras: por «si en todo lo que hago 
soy desgraciada, ¿qué queréis que ha- 
ga?; alude á que era sucia, y se aplica 
á las desaliñadas y poco hacendo- 
sas.) 

Si es jaque, sino achaque. (Jaque es 
hacer mudar casa al rey en el juego 
del ajedrez.) 

Si es primero la gallina, será des- 
pués la sardina. (Si al principio se 
gasta mucho en regalo y profanidad, 
después no hay más de para sardina.) 

Si es mi hijo, ó no es mi hijo, yo 
pagué el bautismo. (Deshace la duda 
que ponen á cosas ciertas; puédese 
decir también con ironía.) 

Si eso es ansí, dicho han de mí. 

Si está enojado, descálcese un zapa- 
to, y dése con él por lo solado. 

Si está de Dios, él mos lo entru- 
je, y si no, mos lo desporpuje; que 
más sabe su merced de la villa que 
nos. 



— 252 — 



Si está de Dios que nos hemos de 
acostar borrachos, daca la bota, mu- 
chacho. 

Si está pella, á la pared no pega; 
si no, hará señal en ella. (Dejará.) 

Si ésta mato tras que ando, tres me 
faltan para cuatro. 

Si éste no me quiere, este otro me 
ruega. 

Si esto no bastare, baste la gracia 
y misericordia de Dios. 

Si estuvieres al foguero, no hagas 
el rabo pedero, porque si fueres á 
concejo, no quiera él hablar prime- 
ro. (El asturiano pedero por peedero; 
otros dicen más claro «no hagas el 
culo pedero.») 

Si estuvieres subido, no te deseen 
ver caído. 

• Si ello está de Dios, Él lo hará, y 
Él lo acabará. 

Si yo estuviera en su pellejo. (Su- 
ple hiciera esto y esto; que el otro 
no puede.) 

Si yo os lo digo, tanto sabéis como 
yo, amigo. 

Si yo dijera, no quiero, no quiero, 
no fuera yo amiga del crego. (Preciá- 
base de serlo, y bajó de Galicia este 
refrán.) 

Si yo fuera adivina, no fuera mez- 
quina. 

Si os agrada esto, meted la mano 
en el cesto, y si desto no os agradáis, 
no la metáis. 

Si os lo digo, saberlo heis. 

Si os vais, Pero Jorge, ¿á quién me 
encomendáis de noche? 

Si otro acuerdo no tomades, á mal 
irán los cañamares. 

Si otros siembran en lo estercola- 
do* siembra tú en lo holgado. 

Si un ruin se nos va de la porta, 
otro viene que nos conforta. 

Si un ruin se nos va de la puerta, 
Otro viene que nos consuela. 

Si uno te llamare asno, mírate al 
rabo; si dos, remédiete Dios. 

Si hubiera dos San Migueles al año, 
no pararan mozos con amo. (Por la 
mucha fruta y uvas de entonces.) 

Si hubieres menester á alguno, bé- 
sale en el culo, y si él te hubiere me- 
nester, bésete él. 

Si la envidia fuera tina, qué de tino- 



sos habría, ó muchos tinosos habría. 

Si la envidia fuese tina, qué pez lo 
bastaría? 

Si la lanza no me miente, y el caba- 
llo no me cansa, hoy aquí, mañana 
en Francia. 

Si la lengua erró, el .corazón no. 
(Que se mire á la buena intención.) 

Si la locura fuera dolores, en cada 
casa darían voces. 

Si la natura señala, ó es muy buena 
ó muy mala. 

Si la garza no me enzarza, hoy 
aquí, mañana en Francia. 

Si la cédula se ha quemado, birlim- 
bao. (Quemóse al yerno la casa y cé- 
dula de dote, y el suegro no se quiso 
más para no pagar, y decía esto con 
castañeta.) 

Si la fregona no fregase el mortero 
¿en qué comería el majadero? (Res- 
ponde y muerde la moza, al que la 
llama fregona; da á entender que no 
se ha de denostar á ninguno por el 
oficio y estado en que está, y en que 
se sustenta honestamente.) 

Si la burra no me cansa, no se me 
irá Sancha.^ 

Si la piedra da en el cántaro, mal 
para el cántaro, y si el cántaro da en 
la piedra, mal para el cántaro, no 
para ella. (Poco antes queda trocado, 
y va dos veces, porque de ambas ma- 
neras se usa decir.) 

-Si la pildora bien supiera, no la 
doraran por defuera. 

Si la vista no me agrada, no me 
aconsejedes nada. 

Si la mar se enladrillase, no habría 
galán que no la pasase, ó maldito el 
galán que acá quedase. (Maldito por 
ninguno.) 

Si la mala ventura no fuera, yo 
para rabi aprendiera. (Esto da á en- 
tender que la pobreza impide á bue- 
nos ingenios salir aventajados en le- 
tras, y subir á maj^or estado.) 

Si la madre supiese cuándo el niño 
ha de endentecer, las yerbas del cam- 
po se iría á coger, ó á pacer. (Porque 
entonces son penosos los niños des- 
contentos y enfermillos, y lloran, y 
luego con los dientes muerden y hie- 
ren los pezones de las* tetas, y dan 
dolor á las madres.) 



253 — 



Si la morena tiene gracia, más vale 
que la blanca. 

Si la mozuela fuere loca, anden las 
manos y calle la boca. 

Si las viejas son gaiteras, ¿qué ha- 
rán las niñas solteras? 

Si la redoma da en la piedra, ó la 
piedra en la redoma, mal para la re- 
doma. 

Si la hiciste en Pajares, pagástela 
en Campumanes. (En Aragón.) 

Si la haca no es valerosa, no vale 
cosa. 

Si le doy, si le empino, bien sabe 
el vino. 

Si le conocieses, ayunaríasle los 
viernes. (Para decir que uno es ma- 
trero y bellaco astuto; varíase la fra- 
se: si bien me conocieses, si bien lo 
conocieses, si bien la conocieses.) 

Si lejos de mí te vieres, dame del 
ojo cuando cayeres. 

Si lo dije no me acuerdo, no des- 
digo mi palabra. (Del romance: Rey 
Juan, si se te acuerda que me diste 
la palabra, que me darías á Jaén en 
una noche ganada: si lo dije no me 
acuerdo, no desdigo mi palabra.) 

Si lo come el mulo, cágalo el culo. 

Si lo trae de hado, muere de 
parto. 

Silosconociésedes ayunar, loshía- 
des los viernes. 

Si los rocines mueren de amores, 
qué harán los hombres. (En la Flores- 
ta se pone por dicho de un galán, que 
se le murió el rocín, corriéndole de- 
lante de su dama.) 

Si no ararais con mi vaquilla, no 
supierais mi cosi cosilla. (Arias Mon- 
tano dice ser proverbio antiguo cas- 
tellano sobre el capítulo 15 de los 
Jueces, núm. 18, dicho allí por San- 
són, de donde parece que lo tomó el 
castellano que tenía la Biblia en ro- 
mance.) 

Si no atajas de chico el yerro, con- 
tino irá creciendo. 

Si no eres casto, sé cauto. 

Si no eres venturoso, sé porfioso, 
serás venturoso. 

Si no entrárades, marido, ya se me 
hacían los pies redondos. 

Si no entraras en mi fuego, no ve- 
rías qué cuezo. 



Si no es en el fuego mearse, de es- 
cupir es menester guardarse. 

Si no es la moneda, no sé quién mal 
me la quiera. 

Si no es fraile, será hembra, y si no 
muía gallega. (Que nunca se deja de 
encontrar en los caminos una de es- 
tas cosas, ó todas, ó en posada, ó ca- 
rro.) 

Si no errase el cuerdo, reventaría 
el necio. 

Si no fuérades, bebiérades. 

Si no untan la moceta, gruñirá co- 
mo carreta. 

Si no hubiese castigo en el mundo, 
no andaría nadie seguro. 

Si no hubiese rnás de ajos que de 
canela, cuanto valen ellos valdría 
ella. 

Si no lo habéis por enojo, métome 
acá, que me mojo. 

Si no lo vendéis, tapaldo. (Puédese 
decir á las afeitadas.) 

Si no naciste avisado, no estudies 
para letrado. 

Si no sabes vivir quieto, quiébrate 
una pierna y estáte en el lecho. 

Si no juega á los dados, hace otros 
malos recaudos. 

Si no jugué á los dados, hice otros 
malos baratos. 

Si no decís la verdad, es vileza; si 
la decís, quebraros han la cabeza. 

Si no debes, fía y deberás. 

Si no duerme mi ojuelo, descansa 
mi güeso. 

Si no fué avisada, tome la estopada. 

Si no fuera por sum es fui, y quis 
vel qai, gramático saliera yo de aquí. 

Si no fueras malo y avariento, no 
desenterrarías los muertos. (Contra 
los linajudos murmuradores en daño 
de los vivos, y poco respeto de los 
que vivieron. Semíramis, Reina de 
Babilonia, sospechando que la codi- 
cia de los hombres abriría su sepul- 
tura, mandó poner dentro tal escrito. 
Abrióla el Rey Ciro, desde años, y 
halló esto: «Si no fueras malo y ava- 
riento,no desenterraras los muertos». 
Cuéntalo Herodoto más largo.) 

Si no fuere en esta barqueta, irá en 
esa otra que se calafeta. 

Si no fuere en esta barqueta, iré en 
esa otra que se fleta. 



254 — 



Si no fuere lo que suena, lo que 
fuere sonará. 

Si no fuese el necio al mercado, no 
se vendería lo malo. 

Si no fuese por la ruda, no habría 
criatura. (Dicen las mujeres que tie- 
nen virtud contra brujas, que no en- 
tran adonde la hay, y la ponen en la 
cuna á los niños, y dicen que cantan 
este refrán las brujas en las danzas de 
sus juntas, y responde el cabrón: «el 
órgano es bueno, el órgano es bue- 
no».) 

Si no fuese por toma tú, toma tú, 
más temía yo que no tú. (Supónese 
que lo dice quien tiene muchos con 
quien repartir, á quien no reparte.) 

Si no fuesen bobos al mercado, no 
se gastaría lo bueno ni lo malo. 

Si no fregaran el mortero, ¿en qué 
comiera el majadero? (Esto respon- 
den las mozas de servicio cuando las 
llaman fregonas.) 

Si no bebo en la taberna, huélgo- 
me en ella. 

Si no buenos bocados, á lo menos 
buenos tragos. (Viejos y trabaja- 
dores.) 

Si no quieres oir maitines, tente á 
las clines. (Esto es: si no quieres mo- 
rir, y ser enterrado en iglesia ó mo- 
nasterio donde los oigas.) 

Si no te quieres casar, come sábalo 
por San Juan; si no quieres casar. 

Si no como queremos, pasamos 
como podemos. (Vanase.) 

Si no corre la vieja, corre la piedra. 

Si no por luego, será por luengo. 

Si no puedes lo que quieres, quie- 
re lo que puedes. 

Si no haces lo que quieres, haz lo 
que puedes. 

Si no tienes dinero en la bolsa, ten 
miel en la boca. 

Si no tienes para bien, para mal no 
faltará. (Que para el menester de casa 
y persona, suele faltar, y para plei- 
tear, y jugar y otras cosas tales, se 
trampea, busca y provee.) 

Si no valiese por testamento, valga 
por codicilo. 

Si no veo lo que hago, llamóme á 
engaño. 

Si no veo por los ojos, veo por los 
antojos. 



Si no me casáis ogaño, juro á mí 
que no aguardaré ni espere á otro 
año. 

Si no me quiere con esta cara, va- 
yase en hora mala. 

Si no medrásemos ogaño, doce me- 
ses tiene otro año. 

Si no miran á la vieja, miran á lo 
que lleva. 

Si no miras más de al papo, guay 
del saco; no mirando más de al papo. 

Si no llegáis al punto, guay del 
unto, ó no comeréis del unto. 

Si no lloviese en Agosto, echa tu 
caudal en mosto. 

Si no lloviere en Mayo, cargará el 
rey el carro, y en Abril el carretil; y 
entre Abril ó Mayo, el carretil y el 
carro. 

Si no lloviere en Abril y Mayo, 
venderá el rey el carretil y el carro, 
y por una hogaza lo que tuviere, y 
dará la hija á quien la pidiere. 

Si no lloviere en Febrero, ni buen 
prado, ni buen centeno. 

Si no hace mella en la dama, hace 
mella en la fama. 

Si no hago lo que veo, todo me 
meo, ó toda me meo. 

Si no hablara la picuda, supiera 
para qué era buena la ruda. (Otras di- 
cen: «si no hablara la picuda, no su- 
piera para qué era buena la ruda», 
como quejándose una bruja que hu- 
biese sido curiosa, y preguntado por 
la virtud de la ruda. Véase en el otro: 
«si callara la picuda, si no fuera por 
la ruda ») 

Si no hila Marta, hila la arca. (Por- 
que paga á las hilanderas.) . 

Si se emberrincha Leonor, tráigan- 
la á Antón. 

Si se cae el cielo y nos toma deba- 
jo. (Contra los desconfiados.) 

Si se quebró la olla, si no, hé aquí 
los cascos, ó si se quiebro la olla. 

Si se perdieron los anillos, aquí 
quedaron los zarcillos. 

Si serán rosas, florecerán; si serán 
espinas, punzarán. 

Si secretos quisieres saber, búsca- 
los en el pasar, ó en el pesar, ó en el 
placer. 

Sí, señor y cuatre español son di 
diable en France. (Sí es seis en fran- 



— 255 — 



cés, di diez, como si dijera: «seis se- 
ñores y cuatro españoles, son diez 
diablos en Francia>. Tiene gracia en 
nuestro conceder comedido, dicien- 
do sí, señor.) 

Sí, señor, de cuando en cuando. (Dí- 
cese á los que responden sí á solas, 
sin la cortesía que se debe de sí se- 
ñor.) 

Si siegas alto, no medrarás en el 
trato. (Es útil la paja para el ganado.) 

Si sois del abad, decí la verdad; si 
sois del prior, peor que peor. 

Si son amores, vengan mayores; ó 
si son de amores, vengan mayores. 
(Cuando nos tiran china ú otra cosi- 
11a para que volvamos la cabeza.) 

Si son no son, mis hijos son. (Lo 
del otro: «Si es mi hijo, no es mi hi- 
jo, yo pagué el bautismo.») 

Si supiese la mujer que cría, las 
virtudes de la ruda, buscarla hía de 
noche á la luna. (Este cantan también 
las brujas como el otro.) 

Si supiese la hueste lo que hace la 
hueste, mal para la hueste. 

Si da non da. no quiero que la tan- 
ga. (Estaban á la lumbre negro y ne- 
gra, y él sin bragas, y el gato dábale 
con la manica en lo que colgaba, y 
ella espantábale; el negro dice: «¿qué 
se te da?»; ella respondió: «si da non 
da, no quiero que le tanga.») 

Si de alguno te quieres vengar, has 
de callar. 

Si de encina quieres ser podador, 
deja horca y pendón. (La punta y co- 
golla horca.) 

Si de ésta escapo y no muero, nun- 
ca.más bodas al cieio. 

Si de ésta escapo, vida para cien 
años. 

Si de Jaca Dios me escapa, más rico 
soy que el Papa. (Es tierra estéril, 
como puesta en los montes Pirineos.) 

Si de Dios está ordenado que me 
he de acostar borracho, daca la bota, 
muchacho. 

Si de Dios está ordenado que me 
he de acostar borracha, daca el jarro, 
muchacha. 

Si de ésta escapo y no me muero, 
no quiero más bodas al cielo. (Para 
éste cuentan una fabulilla: que la ra- 
posa rogó al águila que la llevase á 



unas bodas que se hacían en el cielo: 
tomóla el águila debajo de sus alas, y 
llegando cerca del cielo, dejóla caer, 
y de la caída quedó tan estropeada y 
arrepentida que decía esto.) 

Si dieres de comer al diablo, dale 
trucha en invierno, y sardina en ve- 
rano. 

Si Dios no me quiere, el diablo me 
ruega. (Dicho bárbaro en la corteza, 
mas en el sentido dice: «donde una 
puerta se cierra otra se abre»; y es 
que habla con ironía, desdeñando al 
ruin que quiere ser rogado.) 

Si Dios de aquí me levanta, yo hi- 
laré una manta; sol y día bueno, ¡qué 
manta y qué duelo! (Decía una vieja 
esto con el frío, y con el día bueno 
arrepintióse, y no tenía gana de hilar; 
otros dicen: «Si Dios de aquí me le- 
vanta, mañana compraré una manta»; 
ó «si yo llego á mañana, compraré 
una manta.» Lo semejante sucede á 
muchos. 

Si Dios de ésta me escapa, nunca 
me cubrirá tal capa. 

Si Dios quisiere y San Juan vinie- 
re, echaremos de casa á Pere. 

Si Dios quisiere, y Juan viniere, 
echaremos de casa el pesar. (Así el 
Comendador.) 

Si digo bien, denme de comer; si 
no digo mal, denme de cenar: ¿no 
digo bien? sí; pues" si digo bien, den- 
me de comer; si no digo mal, denme 
de cenar. 

Si duerme el ojo, si no, descansa el 
corpo. (Imitando al gallego.) 

Si duerme el viejo, si no, descansa 
el gtieso. 

Si faltare, falte para la teja vana. 
(Que se provea la olla y comida ne- 
cesaria, y si faltare dinero, falte para 
lechuga, ensalada y fruta; puédese 
aplicar á los vestidos: que importa 
poco que falte para guarniciones.) 

Si fuera adivino, no fuera mezqui- 
no, no muriera mezquino. 

Si fuera perro, ya te hubiera mor- 
dido; si tuviera boca, si tuviera dien- 
tes, ya te hubiera mordido. (Al que 
no halla la cosa que tiene junto á sí.) 

Si fuere pulla, que no valga. (Díce- 
se á la razón que parece pulla; pulla 
es dicho que carga á otro en cosa 



256 — 



deshonesta de paciente, ó en cosa su- 
cia contra su boca ó narices.) 

Si fuere rosa florecerá, y si fuere 
espina ella punzara. 

Si fueras á Ervás, mira por dónde 
vas. (Ervás es un lugar junto á Ba- 
ños, tierra de Béjar, que está en la 
sierra en sitio alto con subida de ma- 
los caminos; hay en él gran trato de 
lencería y holandas.) 

Si fueres á Ervás, lleva pan, que 
vino hallarás. 

Si fueres arrendador, sé tú el co- 
gedor. (Sé, 6 sei, es imperativo de ser.) 

Si fueres bueno, para tí el prove- 
cho; si fueres malo, para tí el daño. 

Si fueres crespo y bezudo, no te 
aseguro de ser cornudo. (Señales de 
poco saber, pero más es pulla que 
verdad.) 

Si fueres malo, tu daño. 

Si fuéredes buenos, de los vuestros 
veranos haré inviernos; si fuéredes 
malos, de los vuestros inviernos haré 
veranos. (Lo primero es merced, lo 
segundo castigo.) 

Si fuéredes buenos, haré veranos 
de vuestros inviernos; si fuéredes 
malos, haré inviernos de vuestros 
veranos. 

Si gana habéis de bailar, yo os haré 
el son pascual. 

Si ganada es Antequera, ojalá que 
Granada lo fuera. 

Si bebieres con el caldo, no darás 
al médico un -puerco cada año. (Es 
bueno vino puro tras el caldo para 
el dolor de ijada, y ventosidades de 
estómago, ó sorbido el vino con el 
caldo.) 

Si bebo en la taberna, si no, huél- 
gome en ella. (El no puede estar tras 
el primer si, ó tras el segundo.) 

Si bien, si no bien, si no, pasóme á 
alien. 

Si bien supieses, arregañarías. (Dijo 
el vizcaíno.) 

Si bien Juan es, si no, Pedro como 
antes. 

Si bien bailo, ó mal bailo, mi cuer- 
po solazo. 

Si bien come el mulo, bien caga el 
culo 

Si bien te lo ganas, bien te lo pa- 
pas. 



Si bien me quiere Domenga, eso la 
venga. 

Si bien me quieres, Juan, tus obras 
me lo dirán. 

Si bien me quieres, bien te quiero, 
no me hables en dinero. 

Si vivieres con Mendoza, hilo y 
aguja en la bolsa. 

Si vivieres más de un año, hilo, y 
aguja, y paño. (Es no fiar de prospe- 
ridad.) 

Si volasen las horas del pesar, como 
las del placer suelen volar! 

Si buen negocio traes, fraile, podéis 
hablar desde la calle. 

Si buena vida tengo, buena hambre 
me paso. (Los holgazanes.) 

Si buena me la dices, buena me la 
torno, ó te la torno. (Varíase: Si buena 
se la dije, buena me la tornó; si buena 
se la dijo, mejor se la tornó.) 

Si buscas mujer, y no dama, ni ten- 
ga buena, ni mala fama. 

Si caí, y me quebró el pie, mejor 
me fué. 

Si Castilla fuera vaca, Rioja fuera 
la riñonada. 

Si cazares, no te alabes, si no caza- 
res, no te enhades. 

Si cagáis, cagáis la vida; si no cagáis, 
vos morréis; cata la vida perdida, que 
caguéis, que no caguéis. (Imitado por- 
tugués.) 

Si Catalina no come cuando viene 
con los bués, ó comió antes, ó comió 
después. 

Si caminares, Vicente, no comas en 
cada lugar, ni bebas en cada fuente. 

Si callara la picuda, supiera para 
qué era buena la ruda. (Hablaban 
unas brujas de las cosas que impiden 
sus brujerías, y sin saberlo las oía 
una mozuela, y por informarse para 
qué era buena la ruda, descubrióse y 
preguntólo; entonces callaron y res- 
pondió una esto, dándola á entender 
que entre sí lo dijeran, y lo oyera si 
callara; dicen es buena en la cuna 
contra brujas, para la madre, y sahu- 
merios, y males de mujeres; reprende 
acelerados que se anticipan.) 

Sí, que el tinoso por pez verná. 

Si queréis algo para Chiclana, Piu- 
ca se fué esta mañana. (Burla de los 
que acuden tarde con el remedio sin 



257 



remedio. Ch i clan a es lugar en el 
campo de Montiel. Pitica es lo que 
Jusepica, ó Jusepitica, nombre de re- 
galo con que nombraba á su hija.) 

Si queréis algo, pagadme antes que 
venga mi madre. 

Si queréis amor, amad, que amor 
saca amor y amistad. 

Si queréis echar soletas, aquí están 
estas pobretas. 

Si queréis saber dónde vengo, de 
hacérmelo rajas vengo. (Los aldeanos 
dicen rachas; es contra necios pre- 
guntadores.) 

Si queréis buenas obras, haceldas; 
si malas, atendeldas. 

Si queréis que la puchera hierva, 
sobrasalda, ó cágaos en ella. 

Si queréis que la vieja muera, dalda 
papiroticos en la mollera; si queréis 
que viva, dáselos en la barriga. 

Si queréis que lo diga, dirélo; si 
queréis que lo calle, no puedo. 

Si queréis que lo diga, dirélo; mas 
habédmelo de pagar, por cada pala- 
bra un cuarto, y por cuatro, medio 
real. 

Si queréis que baile, ande el barril 
delante. 

Si quedare hidalgo, quedará pelado. 
(Dicho por los hidalgos que empa- 
dronan, y hacen gastar su hacienda 
en pruebas.) 

Si quieres acertar, casa con tu igual. 

Si quieres aprender á orar, entra 
en la mar. 

Si quieres el güevo, sufre la ga- 
llina. 

Si quieres enemigos, haz de vestir 
á niños. (Porque tienen envidia, y 
cada uno piensa que lo del otro es 
mejor; también es obra enfadosa de 
hacer, y siempre piensan que el sas- 
tre la había de hacer con menos, y 
por menos, y así es materia de renci- 
llas, y ellos dicen: «obra niñal, mala 
de hacer y peor de pagar».) 

Si quieres enfermar, lávate la ca- 
beza y vete á echar. 

Si quieres enfermar, cena mucho y 
vete á costar, ó cena y vete á costar. 

Si quieres estar bueno, mea á me- 
nudo como hace el perro. 

Si quieres un día bueno, hazte la 
barba; un mes bueno, mata puerco; 



un año bueno, cásate; un siempre 
bueno, hazte clérigo. 

Si quieres la oveja, ándate tras ella. 

Si quieres la viña vieja tornarla 
moza, pódala en hoja. 

Si quieres no besar á tu suegro en 
el culo, bra (sicj mojado, ó enjuto. 

Si quieres saber lo que vale un du- 
cado, búscalo prestado. 

Si quieres saber de aquí, de acá, y 
de acullá, el tiempo te lo dirá. 

Si quieres saber quién eres, pre- 
gúntalo á tu vecino. (Que nadie se 
conoce á sí mismo; que no es uno 
más que la opinión que de él tienen 
los otros.) 

Si quieres saber cuánto vale un 
real, mándale á buscar. 

Si quieres sacar colmenas, sácalas 
por las candelas; y si quieres sacar 
miel, sácala por San Miguel. (Otros 
dicen: «cátalas ó cástralas».) 

Si quieres ser letrado, lee lo colo- 
rado. 

Si quieres ser bien servido, sírvete 
á tí mismo. 

Si quieres ser buen clérigo, lee lo 
bermejo. (Las rúbricas.) 

Si quieres ser papa, póntelo en la 
testa. 

Si quieres ser polido, trae aguja y 
hilo. 

Si quieres cedo engordar, come 
con hambre y bebe á vagar. 

Si quieres dar de palos á tu mujer, 
pídela al sol de beber. (Porque en la 
vasija el agua al sol parece que tiene 
pelos, y es cosa natural.) 

Si quieres de tu amigo probar la 
voluntad, finge necesidad. 

Si quieres beso de viga, echa la 
soga y súbete arriba. (Dícese en prue- 
ba de brazos que hacen mozos subir 
con las manos por soga hasta besar 
la viga.) 

Si quieres beber agua limpia, sáca- 
la de fuente viva. 

Si quieres bien empreñar, guárdate 
de segundar. (Demás de lo que suena 
la letra, quiere decir que si uno quie- 
re engordar se modere en tratar mu- 
jeres, y de glotonear hasta haber gas- 
tado lo comido.) 

Si quieres bien casar, casa con tu 
igual. 



17 



2rs 



Si quieres vivir sano, anda una le- 
gua más por año. 

Si quieres vivir sano, la ropa de 
invierno no la quites en verano. 

Si quieres vivir sano, lo que traes 
en invierno tráelo en verano. 

Si quieres vivir sano, hazte viejo 
temprano, y la ropa de invierno tráe- 
la en verano. 

Si quieres buen consejo, pídele al 
hombre viejo. 

Si quieres buen rezado, lee lo colo- 
rado. 

Si quieres casa que no se te llueva, 
hazla en Muera. (Es en término de 
Murcia, donde nunca llueve, como 
ni en el de Cartagena.) 

Si quieres que diga lo que dices, 
digo las heces, que no las hélices. 
(Si quiés.) 

Si quieres que digan de tí bien, 
dilo tu también. 

Si quieres que digan bien de tí, no 
digas mal de ninguno. 

Si quieres que prenda aunque me 
pes, cávame cada mes. 

Si quieres que te sepa bien la cena, 
ten rábanos y candela. 

Si quieres*que tu amigo no te ten- 
ga el pie sobre el pescuezo, no le 
descubras tu secreto. 

Si quieres que tu negocio se haga, 
ve y envía, ó manda. (Dice que vayas 
tú mismo, que negociarás porque te 
duele, y no se te hará así si lo enco- 
miendas á otro, porque cuidado aje- 
no de pelo cuelga, y á lo tuyo tú.) 

Si quieres que tu hijo crezca, láva- 
le los pies y peínale la cabeza. 

Si quieres que haga por tí, haz por 
mí. 

Si quieres conejo muerto, apunta 
con ojo tuerto. 

Si quieres coger pan, ara por San 
Juan. 

Si quieres comer suciedad que no 
te sepa mal, come queso por raspar. 

Si quieres comer mierda que te 
sepa bien, come queso sin raer, por 
raer, ó sin raspar. 

Si quieres comida mala, come la 
liebre asada. 

Si quieres potro, de uno y de otro. 
(De cuidado, y trabajo en criarle.) 

Si quieres tener á tu compañero 



que alcanzar, párate en el camino á 
mear. 

Si quieres tener efeto, negocia con 
secreto. 

Si quieres tener dinero, tenlo. (Quie- 
re decir guárdalo, rétenlo, no Jo des, 
ni seas pródigo. Tiene gracia en la 
palabra equívoca tenlo, por tenerlo 
y retenerlo.) 

Si queréis tener dineros, teneldos. 

Si quieres tener buen mozo, antes 
que le nazca el bozo. 

Si quieres tener pan sobrado, déja- 
lo afamado y vete á lo holgado. 

Si quieres ver á un hombre loco, 
pon á un hombre en un potro. 

Si quieres ver á tu marido enterra- 
. do, dale á cenar carnero asado. 

Si quieres venir conmigo, trae con- 
tigo. 

Si quieres vida segura, asienta el 
pie en llanura. 

Si quieres malas mañanas, compra 
rocines y albardas. 

Si quieres matar á un cuerdo, átale 
al pie un necio. 

Si quieres hacer del chivo carnero, 
échale á cocer en agua hirviendo. 

Si quieres hacer buen juiz, escucha 
lo que cada uno diz. (Juiz por jui- 
cio, ó juez.) 

Si quieres mierda que bien te sepa, 
come el queso con corteza. 

Si quieres hacer algo, al buey por 
halagos, y al asno por palos. 

Si quieres hacer de tu casa corral, 
quítale el techo, y cátale hecho. 

Si quieres hacer fuerza que tenga, 
haz piedra de barro, y barro de pie- 
dra. (Quiere decir ladrillo y cal, que 
es firme material para fortaleza.) 

Si quieres hacer buen cotral, dale 
de comer, y déjale holgar. (Cotral 
llaman al buey viejo, que ya mengua 
en fuerzas, y le venden para la carni- 
cería.) 

Si quieres hacer buen testamento, 
hazle estando bueno. 

Si quieres hacer burla del año, sé 
porquero de invierno y pastor de 
verano. 

Si quieres por entero, sé una tem- 
porada viñadero. 

Si quieres hacer mejor pan que tu 
vecina, masa con agua, y no con ha- 



259 - 



riña. (Que poco á poco se eche el 
agua, y no demasiada, porque las 
que lo echan junta, son forzadas á ir 
echando harina para entestecer la 
masa, y como va entrando de nuevo, 
no se cala bien, y se apegostra.) 

Si quieres hablando no errar, pri- 
mero pensar que hablar. 

Si quieres holgura, sufre amar- 
gura. 

Si quiero, no quiero, échamelo en 
el capelo. 

Si quiés que tu hijo creza, lávale 
los pies y rápale la cabeza. 

Si quisierdes, si no, dejaldo, que así 
dijo Pedro á su amo. 

Si quisieres tener buena fama, no 
te tome el sol en la cama. 

Si con el rey se echó, puta se halló. 
Varíase: Si con el rey te echaste, 
puta te quedaste; si con el rey me 
eché, puta me quedé. 

Si con monjas quieres tratar, cúm- 
plete de guardar. 

Si comiera hilo, cagara ovillo. 

Si comiera ovillos, cagara hilo. 

Si como tercia quinta, como quin- 
ta pinta. (Pronóstico de la luna.) 

Si como tiene orejas tuviera boca, 
á muchos llamara la picota. 

Si como me diste en el ojo, me das 
en el jarro, bonica me habías parado. 

Si cuando tomico á todo me aplico, 
mirad qué haré en siendo Tomé. 

Si cumples las unas con otras pro- 
mesas, en lo que pararon aquéllas, 
pararán esas. 

Si para tí eres malo, ¿para quién 
serás bueno? 

Si pasares á Monzón, pon la mano 
en tu jubón. 

Si pensáis, pensamos. 

Si péndole, póndole, no cayera, 
dórmili, dórmili, se muriera. (Esto 
es: si la pera pendiente no cayera, el 
hombre dormido se muriera. Esta- 
ba uno durmiendo debajo de un pe- 
ral, é íbale á picar una víbora; cayó 
al instante una pera, y le despertó, y 
evitó el daño de la víbora.) 

Si pegare, si no, harás señal. 

Si pegare, bien; si no, también. 

Si pegare, pegue; si no, no pegue. 

Si pegare, si no embarre. 

Si pegare, si no tizne. 



Si pica el cardo, moza, di, si pica 
el cardo, di que sí. 

Si por nos es la jura, nuestra es la 
burra. 

Sí por sí, no por no. (De presto.) 

Sí por cierto, el caballo del rey 
cagó á mi puerta, y en mi portal la 
haca de la reina. (Burla de los que 
presumen de vanos favores, como en 
mucho favorecidos; varíase: «el caba- 
llo del rey cagó á su puerta» ) 

Si por mí llueve, échenme en el 
mar y cese. 

Si poco royó la cabra, poco es lo 
que daña. (Sécase el árbol.) 

Si pudieres, lo que quisieres; si no, 
haz lo que pudieres. 

Si tal fuese lo roto como lo desco- 
sido, no habría nada perdido. 

Si tan largo me lo fiáis, dad acá lo 
que os queda. 

Si tan largo me lo fiáis, echa para 
capa y sayo. 

Si tanto fuego tenéis, sopla, no re- 
ventéis; ó si tanto huelgo tenéis. 

Si tanto vale la encuademación, 
¿qué tanto valdrá el libro? (Decimos 
esto en las cosas de precio en lo de 
afuera, y propiamente por el cielo 
visible á nuestros ojos, encareciendo 
cuánto mejor será de adentro del, 
allá en la corte celestial, y lo que 
contiene.) 

Si tantos monteros la garza comba- 
ten, por Dios que la maten. 

Si te aguzo, y no te emboto, buen 
maravedí me ahorro. 

Si te echaren de casa, la Catalina, 
si te echaren de casa, vente á la mía. 

Si te da á comer lentejas, ¿qué te 
quejas? 

Si te da el pobre, es porque más 
tome. 

Si te dieren la vaquilla, acude con 
la soguilla. 

Si te dijeren que eres cabra, bala. 

Si te dijeren dos que eres asno, re- 
buzna. 

Si te casas con Juan Pérez, ¿qué 
más quieres? que repique los cascave- 
les. 

Si te casas con Peralta, ¿qué te 
falta? 

Si te picares, chúpate el dedo y sa- 
narás luego. 



- 260 



Si te vas, y me dejas, ¿á quién con- 
taré mis quejas? 

Si te vas y me dejas, déjame unas 
cabras viejas. 

Si te vi, no te conozco. 

Si te vi, no me acuerdo. 

Si te vi, no me miembro-de tí. 

Si te mandare tu mujer arrojar de 
un tejado, ruégala que sea bajo. (Que 
son amigas de salir con la suya.) 

Si te mato, coto vía, si te mato, has 
de ser mía. 

Si te muerde el escorpión, traigan 
la pala y el azadón. 

Si te muerde el alacrán, traigan la 
manta y el cabezal. 

Si te llamo, no te engaño; si te tar- 
das, por tu daño. 

Si te hace caricias el que no las 
acostumbra hacer, ó te quiere enga- 
ñar, ó te ha menester. 

Si tenéis el basto, yo tengo la ma- 
lilla con que le arrastro. (Denota ser 
mayores nuestras armas, y poder su- 
perior á nuestro adversario.) 

Si tenéis la cabeza de vidrio, no os 
toméis á pedradas conmigo. 

Si tenéis de ; mí enojo, quítate un 
zapato, y échale en remojo. 

Si tienes médico amigo, quítale la 
gprra, y envíale en casa de tu ene- 
migo. 

Si todo es tal, dígolo trigo y se- 
mental. (Aprueba lo escogido y bue- 
no.) 

Si todos te dijeren que eres asno, 
rebuzna y ponte rabo. 

Si todos te dijeren que eres cabra, 
abre la boca y bala. 

Si topares al crego en la calle, tó- 
male á cuestas y enséñale á andaré. 

Si tu amigo te engaña una vez, 
nunca medre él; si dos, tú, y él; y si 
tres, tú sólo nunca medres. 

Si tú eres ajo, yo piedra que te 
majo. 

Si tú no entrases en mi huego, no 
sabrías lo que cuego, no verías lo que 
cuezo, ó cuezgo. 

Si tú no me lo das, y yo no te lo 
tomo, repicóte la salsa, y perejil, y 
todo. 

Si tú tienes sarna, la Leonor, si tú 
tienes sarna, yo sarampión. 

Si tuviera boca, ya te hubiera mor- 



dido. (Al que no halla lo que tiene 
cerca.) 

Si tuviéramos para pan, carne y 
cebolla, nuestra vecina nos prestara 
una olla. 

Si tuvieres al diablo por convidado, 
dale truchas de invierno, y sardinas 
de verano. 

Si tuvieres con qué, llevarás mozo 
de á pie. 

Si tuvieres más dinero que te sobre, 
si no tienes caridad, bien te puedes 
llamar pobre. 

Si tuvimos ajuar, si no, vímosle col- 
gar. (Contra los que se precian de 
vana apariencia, aunque sea de ajena.) 

Si tratamos de arcabuces, mi padre 
tiene una ratonera de golpe. 

Si valiere por testamento, si no val- 
ga por codicilo. 

Si vas á Hervás, lleva pan, que vino 
hallarás, ó busca pan, que vino ha- 
llarás. 

Si vas á comprar la heredad, la ju- 
menta al junco, ó aliaga, has de atar. 

Si vente, estáte; si estáte, vente. (Di- 
cho desatado de carta de vizcaíno.) 

Si vieres rueca de algodón, éntrate 
hasta el rincón. 

Si vieres rueca de lana, éntrate 
hasta la cama. 

Si vieres rueca de lino, no pases 
del postigo. 

Si vieres rueca de lino, pasa tu ca- 
mino. (Las de algodón y lana deno- 
tan pobreza, y que se alcanzarán fá- 
cilmente; la del lino úsanla también 
mujeres ricas para su casa, y no se- 
rán tan fáciles.) 

Si viniere el Dios os salve, antes en 
el caldo que en la carne nos hable. 
(Los labradores usan comer primero 
la carne que el caldo, y esto aconseja 
el refrán, porque si viniere alguno 
diciendo: Dios os salve, que es la cor- 
tesía con que se entra, ya está comi- 
da la carne, y no puede entrar á la 
parte más de en el caldo, que impor- 
ta menos.) 

Si vistes allá el tortero andando, 
que perdí la rueca, y el huso no hallo. 

Si vos á Aja, yo á Alí. (Parece que 
la mujer toma competencia con el 
marido, ó en partir presa que la tie- 
nen otros.) 



— 261 



Si voy, si vengo, no se me olvida 
lo del fuego. 

Si vos sabéis mucho, también sé yo 
mi salmo. 

Si vos, y no otro, como verdugo 
de soto, ó en soto. (Que hay en qué 
escoger varas.) 

Si vos, y no otro, verdugo de soto. 
(Verdugo es vara verde y lisa, blanca 
y doblegable, como las hay en arbo- 
ledas frescas, adonde se puede esco- 
ger una y otra, y desechar la que no 
agrada; que si uno se hace de rogar 
se lo aplica cuando hay otros muchos 
que hagan mejor lo que él había de 
hacer.) 

Si vos, comadre, estuviérades en 
vuestra casa la pierna quebrada, no 
me hallaríades en cada casa. 

Si vos Aja, yo Alí. (Es también 
competencia de valor y linaje contra 
algunas locas y vanas presuntuosas; 
son nombres honrados de moros.) 

Si Marina bailó, tome lo que halló; 
y ganó. 

Si Marzo vuelve de rabo, no que- 
dará oveja, ni pastor enzamarrado. 

Si Marzo vuelve el rabo, no que- 
dará cordero enalmagrado, ni pastor 
enzamarrado, ni carnero encence- 
rrado. 

Si malhoja el olivar, dale á quemar. 
(Cuando el olivar es muy viejo, cría 
en las ramas unas hierbezuelas ver- 
des que llevan unas frutillas como 
el arrayán, y los olivos empeoran, 
y entonces es' mejor hacerlos leña, 
y renovar las plantas; es de Andalu- 
cía.) 

Si más queréis, por buen dinero. 
(Varíase: si más quiere, si más qui- 
siere, si más quisieren, por buen di- 
nero; cuando dan algo.) 

Si más quisiere, que mase; si más 
quisieren, que masen. 

Si mata, si no espanta; ó si no mata, 
espanta. (La fea, y los ásperos de tra- 
tar.) 

Si me lo has de dar, no me lo ha- 
gas desear. (Tiene gracia en dos sen- 
tidos.) 

Si me quiere con esta cara, si no, 
vaya. 

Si me quiere con este dote, si no, 
trote. 



Si me quiere con esta cara, si no, 
vaya enhoramala. 

Si me quieres, mucho te quiero, no 
me llegues al dinero. 

Si me pusiste el cuerno, buena pe- 
drada di á tu perro. 

Si me viste, álceosla; si no me viste, 
lléveosla. 

Si me puso el cuerno, buena pe- 
drada le di á su perro. 

Si me viste, búrleme; si no me viste, 
cálleme. 

Si me viste, reúne; si no, escarne- 
cíte. 

Si me miráis por detrás, parezco 
una gran señora; si me miráis por 
delante, lo dorado se desdora. 

Si mi suegra muere, buscaré quien 
me la desuelle. 

Si mío fuese aquel paje, daríale yo 
el plumaje. 

Si mucho las pintas y regalas, de 
buenas hijas harás malas. 

Si mucho se tiene, mucho se gasta, 
y más se quiere. 

Si mucho trabaja higuero, tanto 
mete en el pajero. (El asturiano toma 
aquí pajero por el vientre; y es por 
el que recoge hacienda en su casa 
con su trabajo.) 

Si llevas el arado, no piques el 
rabo. 

Sí hará, que es diablo para las mos- 
cas. (Desdén con ironía desconfiando 
de que el tal hará lo que dicen.) 

Si haces barato, venderás más que 
cuatro. 

Si haces mal, espera otro tal. 

Si habláis de feria, mi padre tiene 
un asno rucio. (A despropósito.) 

Si es hermosa doña Elvira, en su 
casa se remira. 

SiHebrero no hebre rea, Marzo mar- 
cea, ó campea. (Que si no hace in- 
vierno en Febrero, le hace en Marzo.) 

Si hilo, si no, mi rueca me tengo. 

Si hija hermosa tienes, á la Antigua 
no la lleves. (Nuestra Señora de la 
Antigua en Sevilla, gran oratorio á 
donde acuden muchos.) 

Siervo de otro se hace, quien diz 
su secreto á quien no lo sabe. 

Siembra en polvo, y habrás cogol- 
mo. (Esto es, montón colmado de tri- 
go; sembrar en polvo, que no esté la 



262 - 



tierra mojada mucho, y que sea tie- 
rra de buen terrón, no cascajal.) 

Siembra en polvo, y no en lodo. 
(Antes de las lluvias, para que caigan 
encima de lo sembrado.) 

Siembra en haz, y cogerás en paz. 
(En la haz de la tierra, sin ararla 
antes, sino después de echada simien- 
te, cubrirla cuesta menos trabajo, y 
usan hacerlo algunos en tierra lim- 
pia, y en haz es junto á casa.) 
Siembra y cría, y habrás alegría. 
Siembra obras buenas, cogerás fru- 
to de ellas. 

Siembra quien habla, y recoge 
quien calla. 

Siembra con llovido, y escarda con 
írío. (Porque el trigo nazca luego, y 
con el frío se hielan las hierbas que 
arrancan.) 

Siembra temprano, y poda tardío, 
cogerás pan y vino. 

Siembra temprano, si te burla un 
año, no serán cuatro. 

Siembra trigo en barrial, y pon 
viña en cascajal. 

Siémbrame en Hebrero, siquiera 
me metas en un agujero. (Es el ajo). 
Siembre quien quisiere lino en se- 
cadal, y yo do lo pueda regar. 

Siempre anda atrás, como el ata- 
harre de la bestia de Nicolás. 

Siempre en casa del moro se habla 
algarabía. 

Siempre lo oí decir. (Esto se dice 
cuando se oye un refrán ó sentencia, 
ó lo quieren decir á propósito de lo 
que se habla.) 

Siempre sale á hablar, quien tiene 
por qué callar. 

Siempre juega quien más mira. 
Siempre Dios ayuda á los suyos; si 
á los suyos ayuda el diablo, es para 
más su daño. 

Siempre quien toma un león en au- 
sencia, verás que teme un topo en 
presencia. 

Siempre quiebra la soga por lo más 
delgado. (Sin decir soga es muy usa- 
do decir: «siempre quiebra por lomas 
delgado>; por el que menos puede.) 
* Siempre promete en duda, porque 
al dar nadie te ayuda. 

Siéntate en tu lugar, no te harán 
levantar. 



Siete á la hanega y ella en tierra, ó 
todos á la hanega. 

Siete al saco y el saco en tierra, ó 
todos al saco. 

Siete hermanos en un concejo, á las 
veces juzgan tuerto, á las veces, dere- 
cho. 

Siete hermanos en un concejo de 
lo tuerto hacen derecho, y de lo de- 
recho tuerto. 

Siete hermanos de un vientre, cada 
uno de su miente. 

Siete oficios y dos calenturas. (Dí- 
cese de algunas mujeres damas y me- 
lindrosas, y para muy poco, de que 
disponen hacer algo de los oficios 
de casa, y lo exageran, y están luego 
malas por nonada.) 

Siete la vacía, y siete la hinche al 
día; en tu casa, que no en la mía. 
(Una mujer tenía en habla para ca- 
sar una hija, y púsola una rueca y 
cinco ó seis mazorcas hiladas junto á 
sípara que pareciese casera, y dijo- 
la: «estáte aquí, que fulano te ha de 
venir á ver; hablarás con él, que yo 
le voy á llamar»; vino el que había 
de ser novio y halló á la moza con 
una barreña de migas. La madre, de 
industria tardó, y encontrandoal mo- 
zo en el camino preguntóle qué hacía 
su hija: él dijo que buen oficio; repi- 
tió ella, alabándola: «siete la vacía y 
siete la hinche al día», entendiéndolo 
por la rueca; el mozo lo entendió por 
la barreña, y añadió: «en tu casa, que 
no en la mía», y apartó el casamiento.) 
Siete lobos y la madre, y rabia que 
la mate. 

Siete cosas hacen las sopas: quitan 
la hambre y la sed, llenan el vientre 
y limpian el diente, hacen sufrir y 
dormir, y la mejilla roja venir. (En- 
tiéndelo de las sopas del vino.) 

Siete hijos de un vientre, cada uno 
de su. miente. 

Siema en culpa, fiel nunca. (El as- 
turiano por una vez dice siema.) 
Sírvanle, que de buenos viene. 
Sirve á señor, y sabrás qué es do- 
lor. 

Sirve al noble, aunque sea pobre, 
que tiempo verná en que te lo pa- 
gará. 
Sirve al moro por el oro. 



- 263 - 



Sirve el moro por el oro. 

Sírvele como á marido, y guárdate 
del como de enemigo. (Consejo á la 
casada.) 

Sirve bien á señor, y obligarle ha 
la razón. 

Sin andar por los desiertos, se ha- 
cen los cogombros tuertos. 

Sin un ojo, y no con un hijo. (En- 
tiende el marido ó mujer que toma- 
res.) 

Sin son, ó con son, bailaba el asne- 
jón. 

Sin clérigo y palomar, tendrás lim- 
pio tu lugar, ó tu hogar. 

Sin pan y vino, no hay amor fino. 

Sin pensar se hacen las cosas; sin 
pensar vienen las cosas. (Sin pensar 
por sin haber acuerdo, ni querer; es 
frase ordinaria.) 

Sin temor, el amor parece despre- 
cio; sin amor, el temor desdeño. 

Sin vos, ruin, seharálaboda. (Cuan- 
do alguno se enoja y se va sin man- 
ceba.) 

Sin manceba, ningún dómino; ni 
sin hideputa, canónigo. (El Comen- 
dador: sin su mancebo.) 

Sin rábanos y vela, no hay buena 
cena. 

Sin romper el jubón, herir el cora- 
zón con mala razón. 

Sino que lo saben pocos, y esos es- 
tán lejos. (Añaden esto llamando á 
uno bueno.) 

Sino llegando y pegando, y áDios 
madera. (Dicho resoluto.) 

Sisa moruna, de tres blancas una; 
sisa de Dios, de tres blancas las dos. 

Sisón, sisón; largo de piernas, y 
corto de razón. 

Siga el bien quien bien, se quier, 
si no, hallarse ha solo, y sin argón. 
(Siga el tiempo: el Comendador.) 

Siga el bien, si quiere ser alguien. 

Sigúela, montero, que mal herida 
va. 

Sigue la hormiga, si quieres vivir 
sin fatiga. 

Sigues razón, aunque á unos agra- 
des y á otros non. 

Siquiera muera, siquiera viva, todo 
me lo dad, mi hija. (El jarro.) 

Silla y guarnición, dos mil mara- 
vedís son. 



Silla sin capelo, arcediano de To- 
ledo. 

Silla sin cuero, hombre en el suelo. 

Silla de otro caballo, no viene bien 
á ningún extraño. 

So el sayal, hayal. (Lo mismo que 
«debajo del sayal, hay al».) 

So el buen sayo, hay hombre malo. 

So el cabello rubio, buen piojo ra- 
budo. 

So la sombra del nogal, no te pon- 
gas á recostar. (Es dañosa.) 

So la buena razón empece al en- 
gañador. 

So lo pardo está el engaño. 

So vaina de oro cuchillo de plomo. 

So mala capa yace buen bebedor. 
(Lo que «debajo de mala capa».) 

So mi manto al rey me mando. 

Soy hermano del que os aderezó el 
jarro. 

Soy yo más hijo de puta. (Varíase: 
«eres tú, es estotro, más hijo de puta».) 

Soy como el rey, que donde no está 
no parece. (Varíase: «soy, eres, es>.) 

Soy toquera, y vendo tocas, y pongo 
mi cofre donde las otras. 

Soy tuerto, y tundidor, y más de 
Córdoba, y nacido en el Potro, y pasé 
por Jerez, y estuve en Uclés, y tuve 
la pascua en Carmona, y ninguno me 
la hizo que no me la pagase con las 
setenas. (Dícese que es fino, y no le 
engañarán.) 

Soy viejo, mas no en el aparejo. 

¿Soy río para no volver atrás? (Pre- 
gunta do niega serlo.) 

Sois tierra, y aun no para tapias 
buena. (Varíase: «calla, que sois tie- 
rra, somos tierra, eres tierra, y no 
para tapias buena, ó y no buena para 
tapias».) 

Sois vos el que nos vendió el galgo. 
(Varíase: «éste es el que; sois vos, tío, 
el que>.) 

Sois vos el que me alababan. (A 
uno que es bellaco. Varíase: «éste es 
el que me alababan».) 

Sordas son gallinas en trilleras. 

Sordas son gallinas en las vendi- 
mias. (Que no ponen, y así no caca- 
rean.) 

Sorbe y solía, que más hay en la olla. 

Sórbete ese güevo. (Dícese á mu- 
chas cosas buenas y malas.) 



— 264 — 



Sórbete ese moco, que Dios te dará 
otro. 

Sol en la era, en el nabal llueva. 
(Los que quieren las cosasásu placer.) 

Sol en la ciudad, agua en el nabal. 
(Lo que se desea.) 

Sol y buena tierra, hacen buen ga- 
nado, que no pastor afamado. 

Sol y viento, tiempo de formento. 
(Así llaman el queso en algunas par- 
tes.) t 

Sol de Enero, el puerco al lodero. 
(Por entonces comienza el puerco á 
meterse en lodazales, como van cre- 
ciendo los días; comenzó el refrán 
cuando caía diez días más adelante, 
antes de la reformación del calenda- 
rio gregoriano.) 

Sol de Enero, siempre anda detrás 
del otero. 

Sol de invierno, y amor de puta, 
poco dura. 

Sol de invierno, sale tarde y pónese 
presto. 

Sol de vendimias. (Por sol pesado, 
y dañoso.) 

Sol de Marzo, quema las damas del 
palacio, mas no las del ordenado. 

Sol de Marzo, hiere como mazo. 

Sol de Marzo, pega como mazo. 

Sol que mucho madruga, poco 
dura. 

Sol con uñas, sales tarde y poco 
duras. 

Sol conejero, agua en el capelo. 
(Es aquél cuando el conejo se pone 
al sol, y el que es de color pardo de 
conejo.) 

Sol puesto, obrero suelto. 

Sol madruguero, no dura día en- 
tero. 

Sol rojo, agua al ojo. 

Solano, ni en invierno ni en ve- 
rano. 

Solano, malo de invierno, peor de 
verano. 

Solas, y penas, y cenas, tienen las 
sepulturas llenas. (O trocado: «cenas, 
y penas, y solas, matan los hombres.») 

Soledad, ú sola vos. 

Solía que andaba el mi moino (sic), 
mas agora no. 

Solían ser muy amigas, aunque 
agora no se hablan. 

Solís me llamo, y sólo me ando. 



Solivia el pan, panadera; solivia e 
pan, que se quema. 

Sólo aquel puede decirlo, que sabe 
sentirlo. 

Sólo el sabio es rico, y valiente el 
sufrido. 

Solo y señero. (Declara mucho la 
soledad de uno, y una cosa en campo 
raso.) 

Sólo lo necesario deleita, y lo su- 
perfluo atormenta. 

Sólo Dios es el que no tiene nece- 
sidad. 

Solo como espárrago en el yermo. 

Soldar el azogue. (De lo imposible.) 

Soldado perdido, por mala paga, 
por mal pagado. (Dícese por causa, y 
disculpa de soldados poco medrados.) 

Soltar el perro. (Por arrojarse lue- 
go y echarse con la carga, y no su- 
frir.) 

Soltar los presos. (Metáfora hones- 
ta para decir soltar traques.) 

Soltero pavón, desposado león, ca- 
sado asno asnejón. 

Soltero pavón, desposado león, ca- 
sado buey cansado. 

Son los disparates de Juan de la 
Encina. (Fué racionero en la iglesia 
de Salamanca, y compuso unos gra- 
ciosos disparates y otras cosas, y 
compáranse á ellos las cosas dispara- 
tadas.) 

Son burlas pesadas las que enojan 
y dañan. 

Son como el sapo, que piensan que 
les ha de faltar la tierra. 

Son como uña y carne. (Signiflcan- 
mucha amistad.) 

Son pueblos en Francia. (Tomóse 
del Vocabulario de Antonio, adonde 
muchas veces dice: pueblos son en 
Francia, de los que no tienen nombre 
en romance, por lo que no es cono- 
cido, ni sabemos de ello.) 

Son más los días que las longani- 
zas. (Que se guarde para mañana.) 

Son más que los de Rojas. 

Son más que los Torrecillas. (Estos 
en Murcia, los Rojas en Castilla.) 

Son habas contadas. (Cuando se 
echa cuenta de cosas claras y ciertas, 
y granjeos, y ganancias que se harán.) 

Sonaos, hermanos, buenos y uejara- 
nos. (Gangueaba como de catarro, y 



265 



entendió que le preguntaba si eran 
nabos, y á eso respondió: «buenos y 
bejaranos».) 

Sombra de nogal, y de higuera, 
nunca medra. (Lo que á sombra.) 

Sombra de peña, pan y bellotas, en 
par del arroyo. 

Sombra de teja y agua bermeja. 
(Lo primero alaba un pastor, lo se- 
gundo un labrador, lo tercero un 
fraile.) 

Sombrero viejo de aventar fuego. 
(Por cosa vil y baja.) 

Sospira Gilete, y ella duerme. 

Soberbia de lisiado cojo, ciego, 
sordo ú manco. 

Sóbrale la razón por los tejados. 
(Dícese por encarecimiento.) 

Sobre el melón vino fellón, ó fo- 
llón. (Puro.) 

Sobre ello nos oirían los sordos, ó 
sobre eso. (Es amenaza.) 

Sobre un güevo pone la gallina. 

Sobre la capa del justo. (Cuando 
hay contienda sobre lo ajeno.) 

Sobre negro no hay tintura, sino 
amar y buen querer. 

Sobre negro no hay tintura, mas 
hay pintura. 

Sobre Dios no hay señor, ni sobre 
la sal hay sabor. 

Sobre dinero no hay compañero. 

Sobre buen juro á Dios de plata. 
(Contra los que no fían sino sobre 
buena prenda, no en palabras ni ju- 
ramentos.) 

Sobre buenos y malos envía Dios 
su rocío, ó llueve Dios. 

Sobre brevas vino bebas. 

Sobre brevas, no bebas. 

Sobre quemado, agua hirviendo. 

Sobre quitarme allá esas pajas. 

Sobre cornudo apaleado, y ambos 
satisfechos. (Sabido es el cuento: que 
el amo con los vestidos de la mujer 
esperaba su mozo en el corral, entre- 
tanto estuvo con su ama, y luego fué 
á apalear al amo como que era ella, 
y volvía por la honra del amo; que- 
dó el amo satisfecho de mozo y mu- 
jer, y el mozo de su ama.) 

Sobre cuernos siete sueldos, ó cin- 
co sueldos. 

Sobre cuernos penitencia. (Cuando 
hacen una vejación sobre otra.) / 



Sobre cuernos penitencia, y man- 
dábanle bailar, y luego palos encima. 

Sobre cuerpo malhechor. (Al que 
dicen que le levantan falso testimo- 
nio.) 

Sobre padre, no hay compadre. 

Sobre peras vino bebas, y el vino 
sea tanto, que las peras anden na- 
dando. 

Sobre peras, vino bebas, y tanto 
bebas que naden las peras. 

Sobre peras vino bebas puro, y 
tanto que te anden las peras en el 
cuerpo nadando. 

Sobre mojado llueve, y sobre seco 
á veces. (VaríaLe, llovía, ó llovió, so- 
bre mojado, cuando riñen por algu- 
na nueva ocasión movidos del senti- 
miento de antes, y en cosas semejan- 
tes.) 

Socorrer al cuero con albayalde, 
que seiscientos meses no se van de 
balde. (Contra las viejas que se afei- 
tan.) 

Socorro de Escalona, cuando llega 
el agua, la villa está quemada. (La 
razón es porque ella está en alto, y el 
río muy cuesta abajo.) 

Socorros de España. (Queja que en- 
vía tarde los socorros, cosa ordinaria 
en imperios grandes; de Atenas en 
su tiempo se decía lo mismo.) 

Sopa en vino no emborracha, aire 
no hace, ¿pues quién me menea? (Ha- 
bíase comido una barreña de sopas 
en vino, y bamboleábase cargada la 
cabeza.) 

Sopa en vino no emborracha, echa 
vino, muchacha. 

Sopa en vino no emborracha, pero 
arrima á la pared. 

Sopa en vino, marido, que me fino. 

Sopas y sorber, no hay tal comer. 

Sopas de añedido, ni son buenas, 
ni saben bien, ni marido de otra mu- 
jer. (Véase Ni sopas de.) 

Sopla y tañe, que se va el gaitero. 

Sopla, y tañe, que se va el padrino. 

Sopla y tañe, gaitero, que se va el 
padrino bueno. 

Sopla la bola porque llega á la raya. 
(El que no guarda secreto, antes dice 
todo lo que oye á otro, y hace pasar 
adelante la palabra como los mur- 
muradores.) 



— 266 



Sopla, vivo te le doy. (Salto de un 
juego en que se dan un palillo en- 
cendido en brasa, y penan á aquel en 
cuyas manos muere.) 

Sopla poco á poco, no harás gesto 
como loco. 

Sóplame este ojo, y toma una 
blanca. 

Sopla, herrero, ganarás dinero. 

Soplar y sorber, no puede ser. 

Soplará el odrero, y alborotarse 
haToledo. (Sucedió que llegando don 
Alvaro de Luna el año 1449, pidió un 
empréstito para el Rey, y alborotóse 
el común, y quemó la casa de un 
mercader rico, y apoderóse de las 
puertas de la ciudad; fué movedor 
un odrero, y hallóse escrito de letra 
antigua gótica como profecía. En la 
T se dirá otro que comenzó enton- 
ces, que vino el Rey con gente á alla- 
narlos. «Tómate allá esa naranja que 
te envían de la Granja», y era pelota 
de lombarda, y la torre de do se ti- 
raba se llamaba la Granja: después 
el lombardero fué ajusticiado en Va- 
lladolid en la historia del rey don 
Juan.) 

Soplando brasa, se saca llama, y 
enojos de mala palabra. 

Sopló el odrero, y alborotó á To- 
ledo. 

Somos aquí de las Algarrobillas de 
Mérida. (Son tenidos por ignorantes.) 

Somos griegos, y no nos entende- 
mos, ó somos gallegos. (Cuando hay 
bulla y grita; varíase: «están como 
unos griegos; tienen muy grande 
greguería.») 

Somos tierra, y no para tapias 
buena. 

Somos tierra, y no buenos para ta- 
pia. 

Somos arrieros, y nos encontrare- 
mos. (Que se ofrecen muchas ocasio- 
nes en la vida,, de desquitarse de los 
agravios, y pagarse las buenas obras.) 

Soñaba el ciego que veía, y soñaba 
lo que quería. 

Soñaba yo que tenía alegre mi co- 
razón; mas á la fee, madre mía, que 
los sueños, sueños son. 

Soñaba yo que tenía una viña en 
Pasaron. 

Su alma en su palma. (Es como de- 



cir: allá se lo haya con su conciencia; 
cuales sus obras, será su pena, ó su 
premio.) 

Su boca será su medida, ó su boca 
será medida. (Que se le dará cum- 
plimiento en todo, y gusto; y el otro 
usando de esta frase como suena, á 
una bestia que llevaba prestada, me- 
tióla la boca en un medio celemín, y 
así cumplía con ella, y con decir su 
boca será medida.) 

Su cara deñende su casa, que es 
fea cara. 

Su cabeza guardará la ajena. 

Su cabeza guardará la mía. 

Su ventura le valga, como á podri- 
da castaña. 

Su hondón se tiene. (Respóndese 
cuando dicen que una vasija es gran- 
de para echar algo en ella, aprobán- 
dola.) 

Suela de lomo, y vera de allí logo. 

Suela de cerrada, y vera de garra, 
no la alcanza toda barba. (Cerrada es 
el cerro ó lomo, garra la pata que tie- 
ne duro cuero. En el' Comendador 
están Cerrada y Garra, por nombres 
de lugares.) 

Suelas y vino, andan camino. 

Suela de lomo, y vira de allí logo. 

Suelta prima. 

Suegra, ninguna buena, y una que 
lo era, quebróse una pierna. (Una se- 
ñora que dicen era de los Solises de 
Salamanca, tenía una nuera á quien 
quería como á una hija, y un día por 
ir de prisa á hacer una cosa por la 
nuera, cayó y quebróse una pierna, 
de que la nuera quedó muy lastima- 
da por lo que bien la quería y se lo 
merecía; que parece la fortuna envi- 
diaba su virtud, y la quería volver 
de la condición de las otras suegras.) 

Suegra, ni de azúcar buena; nuera, 
ni de pasta, ni de cera. 

Suegra, ni de barro buena; nuera, 
ni de barro, ni de cera. 

Suegra, ninguna buena; hícela de 
azúcar, y amargóme; hícela de barro, 
y descalabróme. (Una casada sin sue- 
gra oía decir que eran las suegras 
malas; no lo creía y tenía deseo de 
probar su suegra; el marido la decía 
que bien estaba sin ella: por su anto- 
jo hizo una de azúcar; el marido, á obs- 



— 267 — 



curas la puso acíbar en ella; llegán- 
dola á abrazar y besándola, hallóla 
amarga; dice: «pues ésta no salió bue- 
na, quiero hacer otra de barro»; he- 
cha y puesta en alto, quísola abrazar, 
y como pesada cayósela encima y 
descalabróla, y quedó desengañada 
de suegras.) 

Suegras beodas y carrales llenas. 
(Que no puede ser lo que las suegras 
y las cubas llenas, contra quien quiere 
cumplir sin gastar.) 

Sueño y juego, y pasear para re- 
crear. 

Sueño sosegado no teme nublado. 

Sueño de Abril, déjalo á tu hijo 
dormir; el de Mayo, á tu criado. 

Suyos son los olmos, y míos los 
ojos. (El que goza del recreo ajeno.) 

Suyos son los ojos, y míos los ol- 
mos. (El que se precia ser dueño.) 
. Suelta prima, suelta prima. (Véase.) 

Sus con la cruz, que el abad queda 
muerto. 

Suspira Gilete, y ella duerme. (Sos : 
pira.) 

Suspiraba Baldovinos por pepinos. 
(Las cosas que más quería por mor- 
cilla.) 

Suspiraba Baldovinos por pepinos, 
y su mujer por beber. 

Suspiraba Menga por la pinga aje- 
na. (Como el otro: «Lloraba Jimena 
por la minga ajena»; pinga dicen por 
lo que los niños minga.) 

Sustentarse del aire como el ca- 
maleón. (Es el camaleón un animale- 
jo como lagartillo, de menor cola, de 
aspecto feo, la color casi como lagar- 
tija, ó corteza de oliva; es de calidad 
muy fría, y no se le ve comer, y tie- 
ne siempre la boquilla abierta como 
para tragar aire, y así dicen que se 
sustenta del aire, y que se muda en 
la color de la cosa en que se pone, y 
por esto dicen: «mudar colores como 
el camaleón»; del pulpo dice Eliano 
que se muda en la color, de las peñas.) 

Sucio estáis, Navarro; no es sino 
barro. (Más se usa decir: «cagado es- 
táis, Navarro», que no es sino barro; 
por más limpio, dicen algunos: «su- 
cio estáis, Navarro».) 

Sucedió como ansí me lo quiero. 
(Lo que salió muy á gusto.) 



Súfrase quien penas tiene, que un 
tiempo tras otro viene. 

Sufra quien penas tiene, que un 
tiempo tras otro viene. 

Sufre el asno la carga, mas no la 
sobrecarga. 

Sufre y vivirás. (Conforme al Evan- 
gelio, los mansos poseerán la tierra.) 

Sufre lo poco, por no venir á su- 
frir lo mucho. 

Súfrese la carga, mas no la sobre- 
carga. 

Sufre por saber, y trabaja por te- 
ner. 

Súfrense las cargas, mas no las so- 
brecargas. 

Sufrir la grita, y beber los barri- 
les. (Dícese de los que no se acongo- 
jan, antes se gozan de la pesadumbre 
que dan á sus prójimos, como á ellos 
se les siga interés de allí.) 

Sufrir lo poco por no sufrir lo mu- 
cho, ó sufrir poco, para no sufrir mu- 
cho. (Consejo digno de tener en me- 
moria, conforme al otro: «lo poco es- 
panta, y lo mucho amansa».) 

Sufrir cochura por hermosura, ó 
pasar cochura. 

Sufrir hija golosa y albendera, mas 
no ventanera. 

Sufro y callo, por el tiempo en que 
me hallo. 

Suba y coma higos, que muy bien 
lo ha hecho. (Entiende en la higue- 
ra; dícese con ironía, como denle de 
beber por lo que ha dicho.) 

Sube sacre, y era un mochuelo, ó 
un buho. 

Sube sacre, tomarás la garza. (Sa- 
cre es especie de halcón.) 

Súbesenos al tercero cielo. (Del 
muy contemplativo y especulativo.) 

Subivos en el poyo, Mari-Martín. 

Subíme y táñeme, que yo me iré. 
(Contra desmañados y para poco, 
y los que quieren que otros hagan 
y ellos gocen; tañer es arrear, con 
vaya.) 

Subirse el humo á la chimenea; 
subirse el humo á las narices. (Por 
enojarse y acabarse la paciencia. Va- 
ríase: «subiósele el humo á la chi- 
menea, subióseme el humo á las na- 
rices».) 

Súpole como al perro los palos. 



z 



Zaragoza la harta, Valencia la be- 
lla, Barcelona la rica, Huesca la 
amena. 

Zanca vana, zanca vana, temprano 
espiga y tarde grana. 

Zancas vanas, zancas vanas, tem- 
prano espigas y tarde granas; calla, 
calla, rodilludo, que á do tú faltas 
yo cumplo; ó calla, calla, aldudo, que 
á las faltas bien te ayudo. (Hablan el 
trigo y el centeno.) 

Zanquil y mandil, y la val de An- 
dorra, y la capa horadada. Lo mismo 
que ceca y meca, y los cañaverales. 
(Son palabras enfáticas para denotar 
lugares vagos que no hay, y razones 
disparatadas.) 

Zanquivano, zanquivano, mucha 
paja y poco grano. (El trigo al cen- 
teno.) 

Zas, zas, para la costa no más. (Pa- 
rece que lo dicen los telares á los 
golpes, y mejor el escribano y otros 
algunos.) 

Zagaleja, hola, dime dónde vas; á 
tí digo, hola, que te perderás. 

Zanguil y mandil, y capilla rota.. 
(Lo que zanquil y mandil.) 

Zaquizamí, quizá no á mí, quizá 
dará á tí. (Juego de la paranomasia. 
De lo que parece que va á decir el 
vocablo.) 

Zaquizamí, quizá dará á tí, quizá 
dará á mí. 

Zapatazo que la den á María de 
Guillen. 

Zapatero amigo, las suelas quema- 



das y el hilo podrido. (Vende al 
amigo.) 

Zapatero solía ser, y volvíme á mi 
menester, ó tórneme á mi menester. 

Zapatero solíades ser, volveos á 
vuestro menester. 

Zapatero de obra prima, y al fin 
morir. 

Zapateros, gente mala, llámanse 
primos y no son nada. 

Zapaticos me pide la negra, la puta 
que la parió perra. 

Zapato de amigo, la suela quemada 
y el hilo podrido. 

Zapato, ¿cuánto duras? cuanto me 
untas. (Los de vaca crudos.) 

Zapato roto, ó sano, más vale en el 
pie que no en la mano. 

Zape, no te untes. (Aviso en peligro, 
retirándose afuera.) 

Zamarra mala, adentro la lana, y 
la buena, la carnaza afuera. 

Zamarra mala, hacia mí la lana; za- 
marra buena, la carnaza afuera. 

Zarramúdome aquí, zarramúdome 
allí. (A mudar de asiento.) 

Cerezas y hadas malas, pensáis to- 
mar pocas, y viénense hartas; ó toman 
pocas, y llevan hartas. 

Cerótico de pez, no me engañaréis 
otra vez. 

Cerner y cerner, Marina, y no echar 
harina. 

Cerner y cerner, Marina, y echar 
poca harina; ó cerner, Marina, y no 
echar harina. 

Cerdeña, ó mata, ó empreña. (Por- 



— 269 - 



que en ella, principalmente en Oris- 
tán, enferman y se hinchan los foras- 
teros, ó mueren.) 

Cerca le anda, el humo tras la 
llama. 

Cerco en la luna, agua en la lagu- 
na. (Que habrá lluvia, aunque es du- 
doso hasta los tres días.) 

Cerco de luna, navajo enjuga; cerco 
do sol, moja pastor. 

Cerco de luna, navajo enjuga; es- 
trella en medio, navajo lleno. 

Cerco de luna, nunca hinche lagu- 
na; cerco de sol, moja pastor. 

Cerco de luna, pastor enjuga, si al 
tercio no enjurra. (Si á los tres días 
no llueve mucho; enjurrar por mu- 
cho llover.) 

Cerco de sol, remoja al pastor; 
cerco de luna, ó le moja, ó le en- 
juga. 

Cerco de sol, moja al pastor, que el 
de la luna, ese le enjuga. 

Cerco del sol, moja pastor; cerco 
de la luna, pastor enjuga. 

Certum, vertum, capitulum diser- 
tum. (Dicho que remeda disparate.) 

Celar menos, y dar más dineros. 

Cele menos y dé más dineros. 

Celemín por celemín, de trigo á 
mi rozín. 

Celoso, de suyo se es cornudo. 

Cena poco, y come más, duerme 
en alto y vivirás. (Este refrán va más 
derecho aunque comienza por las vís- 
peras como los disantos. Entiéndese 
en ancianos y estudiosos,y los que no 
trabajan en campo. Algunos por vía 
de donaire dicen: «Cena poco, y come 
más,y bebe más»; pudiéranlo decir en 
el otro: «come poco y cena más, come 
poco y vivirás, y bebe más».) 

Cena, mea y vete á echar, por mal 
cabo le vide andar; ó trasnochar y 
madrugar, le vide andar caballero en 
buena muía. 

Cenar y rezar, mear y desatacar, 
quitar las cintas y desnudar, y alto 
acostar. (Crianza y doctrina con mu- 
chachos.) 

Cenas, y penas, y soles, matan los 
hombres; y trocado: soles, y penas, 
y cenas, tienen las sepulturas llenas. 

Cenas, soles, y Madalenas, tienen 
las sepulturas llenas. 



Cenas, y penas, y Madalenas, y so- 
les, matan los hombres. 

Centeno de zancas vanas, presto 
creces, y tarde granas. 

Centeno de zancas vanas, mucho 
creces y poco ganas, ó mal granas. 

Cesará vuestra porfía, señora Mari 
García. (Como que se acabó el por- 
qué.) 

Cejas negras y ojos grandes, no 
hay más Flandes. 

Cedacillo nuevo, tres días buenos. 

Cedacillo nuevo, tres días en esta- 
ca. (De lo que le dura poco la bon- 
dad, y más en el que entra diligente 
á servir, y afloja presto.) 

Cepa de madroño espotrica y que- 
ma al otro; noramala la compré, que 
tal jera eché. 

Cepa de madró, espotrica y quema 
el co. 

Cebada atollada, centeno en polvo, 
y trigo en todo. 

Cebada atollada, trigo en polvo, y 
centeno en todo. 

Cebada y regalo, hacen bueno el 
caballo. 

Cebada la que yo quisiere, y trigo 
el que Dios me diere. (Y es porque 
á la cebada, si le echan paja, disimula 
más, y parece; pero el trigo no. Pues 
teniendo la cebada, aunque tenga 
paja, siempre parece cebada.) 

Cebada sobre estiércol, espérala 
cierto, y si el año es mojado, pierde 
cuidado. 

Cebada granada, á ocho días se- 
gada. 

Cebada para Marzo, leña para Abril 
y trigo para Mayo. 

Cebada hostigada, muermo cría, 
que no nalga. 

Cebada hostigada, esa es mala. (Por 
bien que regalen la bestia de comi- 
da, si la hostigan y trabajan dema- 
siado, no medra, antes decae.) 

Cebo haya en el palomar, que las 
palomas ellas se vendrán. 

Cebo haya en el palomar, que palo- 
mas no faltarán. 

Cebo de anzuelo y carne de bui- 
trera. (Que el cebo del anzuelo es en- 
gañoso como la carne de buitrera, 
que se pone con el lazo para engañar 
y cazar los buitres y otros animales. 



270 



que uno y otro es parecido, confor- 
me al otro: «pan de boda, carne de 
buitrera».) 

Cerra esas puertas y echa las armas 
en el pozo, y muramos como hom- 
bres. (Burla irónica.) 

Cerrar la boca y abrir la bolsa. 

Cerrar los ojos y apretar con ello. 
(Para no detenerse en considerar es- 
torbos, tomado el símil del toro, que 
cierra los ojos dando cornada.) 

Ceño y enseño, de mal hijo hace 
bueno. 

Cierzo y mal señor, destruyen á 
Aragón. (Los cierzos á veces destru- 
yen los frutos. Los señores de vasa- 
llos de Aragón tienen la absoluta y 
soberanía sobre ellos, y si alguno es 
áspero, aflígelos; y de aquí salió el 
otro refrán: «á bien y mal pasar, 
como vasallo de Aragón».) 

Ciertas son las trazas, después de 
las desgracias. 

Ciertos son los toros. (Cuando es- 
tán en el coso, ó en el corral.) 

Cielo aguado, hierba en prado. 

Cien años de guerra, y no un día 
de batalla. 

Cien sastres,y cien molineros, y cien 
tejedores, son trescientos ladrones. 

Cien dueñas en un corral, todas 
dicen un cantar. (Las ovejas.) 

Cien dueñas en un corral, y todas 
mean á la par. (Las canales de cosa 
y cosa se hacen refranes: entre ellos 
las hallé en el Comendador y las 
dejé pasar.) 

Cien ducados dan por la pega si el 
pego la deja. 

Ciento en campo y uno en cabo. 
(Que habiendo buen capitán, poco 
número vencerá y hará grandes efec- 
tos. Es antiquísimo refrán, y está en 
la historia del Rey D. Alfonso Once- 
no, sobre Algeciras, y es lo que dije- 
ron los antiguos: «que vale más un 
ejército de ciervos llevando un león 
por capitán, que no uno de leones 
llevando por capitán un ciervo. Aplí- 
case que sobre el pueblo haya buen 
gobernador, y habrá paz y buen con- 
cierto.) 

Ciento y veinte quintales peso; 
quien no lo quisiere creer, tómeme á 
cuestas, y verá cuánto peso. 



Ciento de un viéntate,, y cada uno 
de su miente. (Varíase: «cien hijos de 
un vientre, siete hijos de un vientre, 
muchos hijos de un vientre».) 

Ciento te entrego, ciento me has 
de dar, porquero. (Dánsele los puer- 
cos por cuenta, y burla de él el oveje- 
ro, á quien no le toman cuenta estre- 
cha ni le cuentan las ovejas á la en- 
trega.) 

Ciento viejo y ciento nuevo, y cien- 
to para dar por Dios. 

Ciégale Santantón. (En burlas mal- 
dice, y llama bestia.) 

Ciegan las viejas, mal para los bor- 
votíos. (Borvotíos son las motas y 
ñudos del lienzo, que á las viejas, 
espulgando, les parecen piojos, y los 
aprietan con las uñas.) 

Ciego es harto, quien no ve por 
tela de cedazo. 

Ciegos y mancos, todos somos sa- 
nos. (Porque no ven qué quitar, ni 
los mancos pueden coger nada.) 

Cierra la boca y abre el culo, y 
verás á todo el mundo. 

Cierra la puerta, y quien viniere 
llame. 

Cierra la puerta y daca la llave, y 
quien viniere que llame. 

Cierra la puerta, que la olla va 
fuera. 

Cierra los ojos y abre el culo, y 
verás las siete partidas del mundo. 

Cierra campiña. (Manera de signi- 
ficar acometida á refriega.) 

Cierra con puro, y si hay indiges- 
tión, acuéstate con jubón. 

Cierra tu puerta, y alaba los ve- 
cinos. 

Cierra tu puerta, y harás á tu ve- 
cina buena. 

Cierre yo mi puerta con candado 
y llave, y quien viniere que llame. 

Cierre paso, cierre quedo, no me 
trice la puerta el dedo. 

Ciérrense las puertas, y échense 
las lanzas en el pozo, y muramos 
como hombres. 

Ciudad por ciudad, Lisboa en Por- 
tugal. 

Cingue cingue, aunque no quieras 
comeré de tu pringue. (Cingar por 
chlar, ó silbar, lo que se asa y fríe. 
Cingue puede ser nombre cherriido, 



— 271 — 



chisvido, ó verbo cingar. cherriar, 
chisvar, cingue, cherrie.) 

Cinco dedos en una mano, á las ve- 
ces hacen provecho, á las veces hacen 
daño. (Por la espada ó la pluma, 
largueza ó escaseza.) 

Cinco dedos en una mano, y en la 
otra tres y dos, dais por amor de 
Dios. (Donaire es y sátira contra los 
que se fingen mancos para pedir li- 
mosna holgando.) 

Cigales y Tortosa, todo es una cosa. 
(Moteja de ciego y tuerto por la alu- 
sión, y paranomasia de las palabras 
que lo significan.) 

Civeruela, civeruela, á quien le to- 
ma, ó toca, ese te muela. 

Civeruela, civeruela, quien le duele 
que te muela. 

Civeruela, civeruela, quien te gana, 
ese te muela. (Que el dueño y quien 
lleva el provecho, lleve el trabajo.) 

Zonzón parej uelos son. 

Zombar con á verdade no é de ga- 
lante. (Burlar portugués.) 

Zorrilla de Santibáñez, si te diere 
no te ensañes. (Queda atrás en Santi- 



vaña, si te diere no te ensaña. Es un 
manojo de juncia con una porrilla al 
cabo, que aquí llama zorrilla corrup- 
tamente por porrilla, danse con ellas 
en juego de burlas el día de San Juan, 
y nadie se ve enojar.) 

Zorrilla que mucho tarda, caza 
aguarda. 
. Zorrilla tagarnillera, hácese muer- 
ta por asir la presa. (Yo dijera Zorri- 
lla lagartijera, ó grillera, y esto se 
entiende portagarnillera.) 

Zorros en zorrera, el humo los 
echa fuera. 

Zurdos, y calvos, y rubios, no ha- 
bían de estar en el mundo. (El rubio 
por bermejo, el calvo y zurdo por 
contrahechos.) 

Zurrar la badana. (Por dar castigo, 
como tundirle el paño.) 

Zurro, Zurro, quien lo hallare, que 
sea suyo. (Buscando algo los mucha- 
chos.) 

Zuñir y zumbar los oídos. (Se dice 
al que de él hablan en ausencia: «ha- 
blaban de mí, por eso me zuñían los 
oídos».) 



J 



Jaramago y tocino, manjar de 
hombre mezquino. 

Jaramago y chorizo meten la vie- 
ja en el cortizo. (Es coladero de cor- 
cho.) 

Jabonar cabeza de asno, perdi- 
miento de jabón. 

Jáquima de caballo, no hace á la 
mona. 

Jáquima de rocino, no enfrena ji- 
mio. 

Jamás año seco hace mal año á su 
dueño. (Esto es en la sierra, y en el 
riñon de Francia, por su humedad, y 
porque vende caro lo que coge.) 

Jamás rico será el que lo de otro 
en lo suyo no meterá. (Sucede á ve- 
ces enriquecer con ayuda de hacien- 
da ajena; si no, hará otro sentido con- 
trario.) 

Jamás rico no será quien lo ajeno 
con lo suyo meterá. (Porque al dar 
cuentas, y pagar, se suele ir allá todo.) 
- Jamón de Rute, y vino de Mon- 
turte. (En Andalucía.) 

Jarro sin vino, olla sin tocino, mesa 
de judío y morisco. 

Jera por jera, en San Martín de 
Cervera. (Jera es obrada.) 

Hielo sobre llovió, nieve fasta el ji- 
noyo. (Asturiano: jelo es el hielo, 
llovió llovedura, jinoyo la rodilla.) 

Genova la bella, mar sin pescado, 
montes sin leña, hombres sin con- 
ciencia, mujeres sin vergüenza. 

Gente honrada, no hay ninguna, 
fiesta que de guardar sea. (Palabras 



de los curas echando las fiestas, y por 
donaire juntan las primeras á otro 
sentido, gente honrada no hay nin- 
guna.) 

Gente honrada, no es paniega. (Los 
regalados, son los paniegos los vi- 
llanos.) 

Gente loca, gente loca, coméis de 
mi rabo, y no de mi boca. (Dicen 
esto los ratones, porque se raspa lo 
que ellos ratonan y no lo demás, y 
han traído su cola por cima de todo.) 

Gente de paz, que anda á hurtar. 
(Esto responden los conocidos que 
entran, cuando los de casa pregun- 
tan: «¿quién es, quién está ahí?») 

Gente de Portel, cada uno de su 
fardel. (Lugar de Portugal; que cada 
uno come de su fardel, y no se con- 
vidan.) 

Gente de Toledo, gente de Dios, es 
suya la agua, y vendémossela nos. 
(Dicen esto los coritos forasteros, que 
allí ganan á echar agua.) 

Gente ruin no ha menester chu- 
callo. (Chucallo es cencerro.) 

Gentil aliño de gorguera. 

Gentil descanso de escalera. 

Gentil caña de pescar. 

Gentil palo de apretar. (Todas és- 
tas ironías que desdeñan.) 

Gentil ojo de culo, manojo de lla- 
ves. (Desdén de mujeres.) 

Gentil ojo de rabo para un solero 
valenciano. (Desdén á entonados.) 

Gentil sazón de requiebro, cuando 
la viuda sale del entierro. 



- 273 - 



Gentil cagar de ventana, el culo á 
la calle. 

Gentil Pero Hernández nos vino, 
que nos rondase el quicio 

Gentil traer de lezna, la punta al 
ojo. 

Gesto de oro, cabellos de plata, 
ojos de escarlata. (Vituperio en son 
de loor, amarilla, cana, legañosa, en- 
carnizados ojos.) 

Gesto romano, cuerpo senes, par- 
lar florentín, andar bolones. 

Jesú, mana, cómo sois audeja, que 
no vó por rúa que no vos veja. 

Jesucristo lo ponga en paz, y roda- 
ba por la escalera. 

Jesucristo, ¿por quién vino? por 
todos vino. (Lo primero dice un ga- 
ñán; lo segundo responde otro, y con 
esto piden de beber para todos.) 

¡Jesús! ansí se llama él, que no Pero 
García. (Añaden lo segundo cuando 
alguno dice Jesús con clamor y ad- 
miración.) 

Jesús, Jesús, y ella no sino besos, 
tantos le dio que le sorbió los sesos. 

Jesús mil veces, como cuando 
truena. 

Jiada sobre lama, agua demanda. 
(Jiada es helada; lama, lodo.) 

Gil García, negocia de noche, y 
encúbrese de día. 

Gil González Dávila llama, no sé si, 
mi madre, si me le abra. 

Gil González llama á la aldaba, no 
sé, mí madre, si me le abra. 

Gil González llama á la aldaba, mi 
fee, hija, ya no llama. (Gil González 
Dávila fué enamorado, y por él hi- 
cieron coplas, y cuando era viejo 
y las oía cantar, decía él: «mi fee, hija, 
ya no llama», y parece podían ser pa- 
labras de la madre cuando él cesó 
de acudir como antes.) 

Giles y Negretes. (Fueron bandos 
reñidos en Vizcaya.) 

Ginete descuidado, en guerra muy 
preciado. (Al revés.) 

Jínglalas, Juan, que como vienen 
se van. 

Jimeno con su mal no ve el ajeno, 
ó no ve lo ajeno. 

Jo, no tanto arriba, arre no tanto 
abajo. 

Jo, nuestra, y era hurtada. 



Jo, cagará el abad, jo, cagará el 
prior. 

Jo, que te estregó, burra de mi 
suegro. 

Jo, que te estreno, burra, ó hija, de 
mi suegro. 

Jornal de escardadera, si del come, 
no cena. 

Jornal de obrero, entra por la 
puerta, y sale por el humero. (Que lo 
come y no ahorra nada.) 

Jornal de obrero, entra por la 
puerta, y sale por el humero. (Que 
lo come y bebe todo, y lo gasta en 
leña por el frío.) 

Jornada de mar, no se puede ta- 
sar. 

Jornada de cuatro leguas, un día 
malo y dos noches negras. (Entiende 
si se va y viene en un día, y jornada 
de ocho ó diez leguas, aunque no se 
vuelva el día mismo.) 

Juan y María por leña van, lunes 
parten, y martes llegarán, miércoles 
cargan, jueves huelgan, viernes vie- 
nen, sábado están. 

Juan de los Tiempos. (Por el que 
vive mucho, como Juan de Espera en 
Dios. Juan de los Tiempos fué un 
soldado de la guardia del Emperador 
Carlomagno, que vivió trescientos 
años adelante, de donde parece haber 
nacido en España el cuento de Juan 
de Espera en Dios, del cual decimos 
en las frases adelante; de otro Men- 
gala en la India Oriental se cuenta 
haber vivido tanto ó más, como re- 
fieren las historias de Portugal.) 

Juan de buena alma. (A uno que es 
bonazo y flojo.) 

Juan Blanco. (Dicen al negro por 
el contrario.) 

Juan que no viene, trampas tiene. 

Juan Miguel, no tiene colmenar, y 
vende miel. 

Juana, si mal aspa, peor devana, y 
de hilar maldita la gana. 

Juana, de vos hagan una gaita; y 
de vos, mezquino, hagan un tambo- 
rino, y luego, majadero, hagan un 
pandero. 

Juana matroca, con el pie se toca 
la toca. 

Juanica la pelotera, cansarás y 
amansarás, y andarás queda. 



18 



274 — 



Juanilla, que no ponéis tela, nunca 
vos buena tejedera. 

Juanilla, que no ponéis tela, no se- 
réis vos buena tejedera. 

Juez sobornado debe ser castigado 
con soga y palo. 

Juez cadañero, estrecho como sen- 
dero. (Que mira lo que hace por no 
errar.) 

Juega á daca y toma. (Dícese de los 
que de nadie se fían.) 

Juega el sol antes que nazca, juga- 
rá el sol antes de nacer. (Dícese del 
muy tahúr.) 

Juegos, pendencias y amores, igua- 
lan á los hombres. 

Juicio contrahecho, hace lo tuerto 
derecho. 

Jura mala en piedra caya. (Está 
glosado en estas coplas: 

Pariendo juró Pelaya 
de no volver á parir, 
y luego volvió á decir: 
«jura mala en piedra caya.» 
Como era la vez primera 
que en este trance se vía, 
dijo que aquesta sería 
la primera y la postrera. 

Mas no hubo bien alzado 
la saya para parir, 
cuando la oyeron decir: 
«jura mala en piedra caya.») 
Juráralo yo que era fraile vuestra 
reverencia. (De los que adivinan co- 
sas claras, y que primero las han 
visto.) 

Juráralo yo. (Cuando alguno cree 
que otro hizo tal ó cual cosa, ó que 
sucedió lo que sospechaba.) 

Juráralo yo, que había de negallo, 
ó hacello. 

Juraré yo á Dios, que ello es de 
Juan Muñoz. 

Juras de tahúr, pasos son de liebre, 
ó saltos son de liebre. 

Juras del que ama mujer, no se 
han de creer. 

Jurado ha el baño, de no hacer de 
lo prieto blanco. 

Jurado de aldea, quien quiera lo 
sea. 

Jurado en Aragón es lo que alcal- 
de en Castilla, ó regidor que go- 
bierna. 
Jurado tiene la menta, que al estó- 



mago nunca mienta. (Menta es la que 
llaman hierbabuena,y en algunas par- 
tes presta.) 

Jurado tienen las aguas, de no ha- 
cer de las negras albas. 

Jurado tienen las aguas, que de las 
negras no harán blancas. 

Jurados de Andorra. (Esto es decir 
hombres cortos, necios; y dicen este 
cuento por matraca: que aquel gran 
Don Alonso Gregorio, Arzobispo, 
convidó á su mesa á los jurados de 
Andorra, villa de Aragón, y en toda 
la comida no pidieron de beber, de 
cortedad y vergüenza, ni los pajes se 
lo dieron; después sedientos se fue- 
ron al río Ebro, que pasa junto á Za- 
ragoza, y se echaron de buces y de 
pechos al agua para beber y matar 
su sed, con que dieron ocasión á este 
refrán.) 

Julián pica en el lobo, y pídele 
pan. (El que pide merced al que 
enoja.) 

Julio, lo verde y lo maduro. 

Julio, siega y pon tras culo. 

Junio y Julio, hoz en puño. (Habla 
con tempranas y tardías tierras.) 

Junio, Julio y Agosto, y en puerto 
de Cartagena. (Meses seguros de tor- 
menta, y buen puerto.) 

Junio, Julio y Agosto, ni dama ni 
mosto. 

Junio, Julio y Agosto, y puerto de 
Cartagena, ó en puerto de Cartage- 
na. (Para seguridad.) 

Junio, Julio y Agosto, señora, no 
soy vosto, ni vostro, ni os conozco; 
Diciembre, Enero y Febrero, idos 
para majadero. 

Junio, de verde yno de maduro, en 
tierras tardías. 

Junio, hoz en puño, de verde y no 
de maduro. 

Junta letra, aparta parte, escribi- 
rás con arte; usa la mano, serás escri- 
bano. 

Junta de cuatro, junta del diablo. 

Juntar los pucheros, juntar pajue- 
las. (Por vivir en uno, juntar cama y ' 
mesa; lo contrario es apartar las pa- 
juelas.) 

Juntarse y salir á pendón herido. 
(Es salir en arma siguiendo bandera, 
como en la guerra, en bandos y al- 



275 



borotos de pueblos, de donde salió 
decir abanderas desplegadas, cuando 
al descubierto y á todo su poder uno 
hace contra otro.) 

Juntarse á voz de concejo, juntar- 
se á campana tañida. (Es juntarse 
para consultar ó en alborotos y ban- 
dos.) 

Juntar dos palos secos. (De dos que 
se casan pobres, sin nada.) 

Júntanse los hombres, mas no se 
juntan los montes. (Los silvestres, y 
brutales, y montaraces.) 

Juntádose han los ruines, chorre- 
tas y Sanchogiies. 

Justa razón, engañar al engaña- 
dor. 

Justicia, justicia, mas no por mi 
casa. 

Justicia de Almudévar. (Queda de- 
clarado en el otro: al plano de la vio- 
lada.) 

Justicia de Jimaranes, dejan los 
hombres y prenden los canes. (Gui- 
maranes pronuncia el castellano, lo 
que el portugués guimarains.) 

Justicia de catalanes. 

Justicia de Dios y del mundo. 

Justicia de Peralvillo. (Véase: la jus- 
ticia de Peralvillo; es junto á Ciudad 
Real, adonde asaetean los de la Her- 
mandad á los salteadores, sin proce- 
so, y después le hacen, y los leen la 
sentencia justiciados.) 

Justo es el mal que viene, si le 
busca el que le tiene. 

Justo le viene á quien de los suyos 
tiene. (Herencia y buen is costum- 
bres.) 

Justo verinjusto. (Esto dice el vul- 
go cuando uno hace sin razón á otro 
con violencia, corrupto de juste vel 
injuste, lo mismo que por fas ó por 



nefas, á tuerto y á derecho, con razón 
ó sin ella.) 

Judío, y dona, y hombre con coro- 
na, jamás perdona. 

Judío, y madona, y corona, nunca 
perdona. 

Judío, ni puerco, no le metas en tu 
güerto. 

Judío de Güete, malo en vida, peor 
en muerte. 

Judío para la mercaduría, y fraile 
para la hipocresía; ó judío por la mer- 
caduría, y fraile por la hipocresía. 

Judío, paga lo que me debes, que 
lo que yo te debo, cuenta es que te- 
nemos. 

Judío, toma buen sábado; no quie- 
ro gallina hurtada, ó no quieras ga- 
llina. 

Judío triste, pocos días te dará el 
sol. 

Judío, haz tabahula, si no, perdido 
has la muía; tahula ó tabula. 

Judíos en pascuas, moros en bo- 
das, cristianos en pleitos, gastan sus 
dineros. 

Jugar á luego daca, luego toma. 

Jugar al gato repelado. 

Jugar á dos por dos,y resto abierto. 

Jugar y perder, cada uno lo sabe 
hacer. 

Jugar los castillejos. (Por niñear: 
castillejos son juego de niños, hecho 
de cuatro nueces, y tiran á derribarle 
con otras, y las gana el que derriba, 
y pierde las que va tirando.) 

Jubílate y la gallarda, no la canta 
toda barba. (A jubílate pronúncianie 
subilate.) 

Júcar y Güécar, y Cuenca en me- 
dio. (Ríos sus vecinos.) 

Julio siega y pon tras culo. (En 
Castilla la Vieja.) 



ID 



Da á tu hijo mal por mal, y dejarle 
has al hospital. 

Da y ten, y habrás bien. 

Da una en el clavo y ciento en la 
herradura. (En las frases.) 

Dale el viento en el chapirón, si- 
quiera le dé, siquiera non. (Que hay 
algunos que no se les da nada aun- 
que las cosas comunes vayan mal or- 
denadas, ni las propias, pudiendo con 
poco afán guiarlas bien. Contra flo- 
jos.) 

Dale, dale, y chápate en Cuenca. 
(Dicen esto al que dice necedades 
una tras otra; es usado en tierra de 
Cuenca.) 

Dale, dale,-por un oído le entra, y 
por otro le sale. 

Dale, bobo, que á tí te das. 

Dale buena, un palo á mi agüelo, y 
dos á mi agüela. 

Dale buena parola y píllale la ropa. 
(Pillar es tomar.) 

Dale, que es pobre. (Dicen esto 
cuando uno da golpes á otro, porque 
dar es herirle, y dar algo, dando á 
entender que no se les da nada.) 

Dale, hijo, que tus cueros rom- 
pes. 

Dalo por sus tercios como alquiler 
de casa. 

Da de comer al cochino, que en los 
días nunca hay tino. 

Da Dios el frío, conforme al ves- 
tido. 

Da Dios alas á la hormiga, para 
que se pierda más aína. 



Da Dios almendras á quien no tie- 
ne muelas. 

Da Dios barbas á quien no tiene 
quijadas. 

Da Dios bragas á quien no sabe 
atacallas. 

Da Dios bragas á quien no tiene 
zancas. 

Da Dios habas á quien no tiene 
quijadas, ó hadas. (Dicen esto contra 
los que no saben usar de la hacienda 
y poder.) . 

Da voces al lobo, responderte ha 
el eco. 

Date á placer, Miguelejo, morirás 
viejo. 

Date buena vida, temerás más la 
caída. 

Date priesa de espacio, y llegarás á 
palacio. 

Dame aguinaldo, córtate un dedo, 
y darte he un trapo. 

Dame acá esa lanza, meterme he 
en esta baraja. 

Dame el pie, darte he la mano. 

Dame una xeta en Mayo, darte he 
del trigo de mi sobrado. (Es conse- 
cuencia que si ha llovido en Abril, 
que en Mayo so criarán setas y hon- 
gos, y señal que habrá buena cose- 
cha, y esto pide en pedir xeta.) 

Dámela espumeada, y no me la des 
lavada. (Importa á la olla.) 

Dámela honesta, dártela he com- 
puesta, ó y darétela bien compuesta. 

Dámela gorda, dártela he boba. 
(Las flacas dicen esto á las gordas; 



277 



más cierto es «dámela boba, dártela he 
gorda», y estotro.) 

Dámela gorda, dártela he hermosa. 

Dámela golosa, dártela he puta, 
disoluta, ó ladrona. 

Dámela beoda, dártela he puta y 
ladrona. 

Dámela borracha, dártela he puta. 
(Si de mozas son bebedoras; esto 
suele ser más cierto.) 

Dámele bobo, dártele he sordo; ó 
dámele sordo, dártele he bobo. (No 
porque lo sea de suyo, sino porque 
no oye bien las cosas, y no responde 
siempre á propósito, y porque es 
trabajoso tratar con sordos.) 

Dámele vestido, dártele he bellido. 

Dámele vestido, dártele he garrido. 

Dame vestido, darte he bellido. 

Dámela vestida, dártela he garrida, 
bellida. 

Dame donde me asiente, que yo 
haré donde me acueste. (De los que 
con poca entrada se van haciendo 
poseedores y señores de lo ajeno.) 

Dame gordura, darte he hermo- 
sura. 

Dame cava y bina, darte he rama y 
vendimia. (Por bina también dicen 
bima: (así llaman una segunda cava, 
bina y binar.) 

Dame pega sin mancha, y darte he 
moza sin tacha. 

Dame toquilla, y darte he mejilla. 
(Lo que «cuál toquilla, tal mejilla», 
y «dámela vestida y dártela he bellida, 
ó garrida».) 

Dame trébol con dos hojas, y darte 
he mozas en que escojas. (Otros dicen: 
«dame trébol con cuatro hojas», y es 
el mismo imposible.) 

Dame ventura, y échame en la rúa. 
(Esto es en la calle.) 

Daime la bota, y quitaime la toca: 
una me cansa, y otra me conforta. 

Dar á cada uno lo que es suyo. 

Dar antes de amagar. 

Dar antes de amenazar. (Cuando se 
chapa un dicho ó respuesta mor- 
daz.) 

Dar aguja, para sacar reja. (Antes 
que el otro queda declarado del todo: 
«dar aguja>, por los que dan poco, 
porque les den mucho.) 
'Dar el dedo, y tomar la mano. 



Dánle el dedo, y toma la mano. (En 
las frases.) 

Dar el viento á la calabaza. 

Dióle el viento á la calabaza. (Dí- 
cese de los inconstantes y ligeros; 
apódase la cabeza vana á la calabaza.) 

Dar en el blanco. (Por acertar bien 
en la cosa.) 

Dio en el blanco. (En las frases.) 

Dar en las mataduras. 

Dióle en las mataduras. 

Dar en lo vivo; dióle en lo vivo. 
(Metáfora de las bestias matadas, que 
sienten allí más los palos; por picar, 
y tocar, y morder á uno con razones 
ó palabras en lo que más siente.) 

Dar en qué escoger, es dar en qué 
entender. 

Dar es señorío, recibir es servi- 
dumbre. 

Dar una en el clavo, y ciento en la 
herradura; dio una en el clavo. 

Dar la cuerda, dio la cuerda. (Pro- 
piamente es de los niños que capan, 
y en las cosillas de la capadura les 
atan una cuerda, y si á los nueve días 
la despiden, y se despega y cae, es 
buena señal, y porque algunos se 
mueren antes del término de dar- 
la, y no la dan; irónicamente dar la 
cuerda es morir; dio la cuerda, mu- 
rióse.) 

Darse han, darnos han, y daros he- 
mos. (Dicen esto los cirujanos y con- 
sortes, deseando que haya heridos 
para ganar ellos.) 

Darse de las astas, diéronse de las 
astas. (O con porrazos ó razones.) 

Darse con la mano del gato. (Díce- 
se de las que se afeitan.) 

Darse tantas en ancho, como en 
largo. (De los que viven á sus anchas, 
en toda su libertad, y en todos sus 
vicios y gustos.) 

Dar señal como endemoniado. 
(Confesar con apremio lo que se ne- 
gaba: «yo le haré dar señal; hícele 
dar señal como endemoniado».) 

Dar del pan al perro, ó perra, por- 
que no muerda. 

Dar del pan y del palo, para hacer 
buen hijo del malo. 

Dar bien por mal, amigo real, y 
preceto celestial. 

Dar burro en diezmo. (Contra los 



278 



que en diezmo dan lo peor, ó uno 
por otro.) 

Dar con la peronia. (Cuando se can- 
san del sermón largo se levanta el 
preste diciendo: «peronia>, y acomó- 
dase á los que cansan en sus pláti- 
cas.) 

Dar coces contra el aguijón. (Del 
que porfía contra mayor poder y ra- 
zón.) 

Dar para la lámpara de los necios, 
y para la vela de los cornudos. (De 
los que gastan con mujeres que les 
hacen trampantojos.) 

Dar mal rato á la vinagrera. (Darse 
á buen tiempo y placer.) 

Dar mate ahogado. (Es atajar á uno 
y no darle espacio, sino con instan- 
cia, apremiarle, tomada la metáfora 
del juego del ajedrez.) 

Daréle algo que no se le caya. 
(Amenaza de señalar y herir.) 

Daría yo un ojo porque á mi ene- 
migo sacasen otro. 

Daroca la loca, la cerca grande, la 
villa poca. 

Dalde á mi burra, que llegará pri- 
mero. (Dicen que un galán cortesano, 
viendo una labradora bonita, que se 
volvía de la villa á su aldea, la dijo 
que le llevase un beso á cierta perso- 
na de allá: respondió lo dicho, por- 
que llevaba delante la burra.) 

Dalde, dalde, no se nos vaya la no- 
che en balde. (El tiempo.) 

Dannos la mano, y tomámonos el 
brazo. (Es variable.) 

Dando y tomando. (Trueco de mu- 
chachos. Cuando truecan desconfia- 
dos.) 

Dando la gotera hace señal en la 
piedra. 

Dando gracias por agravios, nego- 
cian los hombres sabios. 

Daza es buen amigo, mas miente 
de contino. (Daza por lo que se pare- 
ce á dar; y daca se pone por el pedir, 
y no dar siempre ó nunca, ni recibir 
los que piden todo lo que desean, ó 
alo menos no creo que ha de decir 
daca es buen amigo.) 

Dad al diablo el amigo que deja la 
paja y lleva el trigo. 

Dad al diablo al gato, y el garabato; 
del hipócrita beato. 



Dad al diablo la llave, marido, que 
á todas puertas abre. 

Dad al cura y venga arreo. (Que el 
repartir se ha de comenzar por el más 
digno, como lo son los curas en sus 
lugares.) 

Dad, y daros han, que por dar dan, 
que no por dir dirán. 

Dad os priesa, panaderos, que mi 
madre quiere un pan. (Priesa para 
poca cosa.) 

Dad para la maya, que está bar- 
bada. 

Dad para Santa Lebrada, que pri- 
mero fué cocida, después asada. 

Dad por Dios á quien tiene más 
que vos. (Vemos pedir á quien tiene 
más.) 

Dadme acá esa lanza, meterme he 
en esa baraja; ó dame acá. 

Dadme un bollo, con la pala del 
horno. 

Dadme las tijeritas, mujer, que las 
he menester. 

Dadme dineros, y no me deis con- 
sejos. (Varíase: «Déme dineros, denos 
dineros, y no nos dé consejos».) 

Dadme madre recatada, daros he 
hija asegurada. 
Dádiva de ruin, ásu dueño parece. 
Dádiva ruineja, á su dueño semeja. • 
Dádivas y buenas razones, ablan- 
dan piedras y corazones. 

Dádivas quebrantan peñas, y hacen 
venir de las greñas. 

Dádole ha que ha de parir esta no- 
che, con la noche que hace. 

Dado ruin cuatro manos encona, 
dos de quien le da, y dos de quien le 
toma. 

Daca el gallo, toma el gallo, qué- 
danse las plumas en la mano. 

Daca y toma, á la puerta del diablo 
mora. 

Datos, Matos, Badules,Curalón, He- 
rreruela, Aliento y Lechón, los más 
ruines lugares de Aragón. 

Dama de monte, y caballero de 
corte. (Que la mujer no ha de ser • 
criada en corte ni entre mucha gen- 
te, antes en aldea; lo uno porque con- 
serve las virtudes buenas en que la 
crían y enseñan; lo otro porque sea 
sana, y robusta, y, como dicen, mujer 
de monte y ribera. El varón, al con- 



279 



trario de la mujer, conviene criarse 
entre muchos, porque sepa de nego- 
cios y gobierno de república, aunque 
en la niñez para tener fuerzas y ser 
robusto es bueno criarse en aldea á 
todos aires y ejercicios.) 

Dama, ¿quién os hizo tan aguda? 
agua caliente y levadura. 

Dalle, dalle, peor es hurgalle. 

Dalle, dalle priesa. 

De ahí viene la tos á la gallina. 

De ahí le vino la tos al gallo, ó al 
gato. (Ironía en lo que se cree al re- 
vés.) 

De ahí prende el arado; no prende 
de ahí el arado. (Entiéndese que en 
eso está, ó no está, la dificultad.) 

De Aragón, ni buen viento, ni buen 
varón. (Lo primero es por el viento 
solano que viene á Castilla de la ban- 
da oriental do está Aragón en Espa- 
ña; lo segundo se añadió por conso- 
nancia y matraca, como se suele aña- 
dir algo en otros refranes por hacer 
igualdad, como en éste: «El melón y 
la mujer, por el rabo se han de cono- 
cer»; así que lo de varón no es ver- 
dad, porque la bondad de los arago- 
neses es notoria: yo la experimenté 
algunos años en su compañía; y lo 
mismo se dice de otros lugares.) 

De ál Dios me vengue, que del pas- 
tor agua y nieve. 

De ál prende el arado. 

De Alentejo el trigo y el queso. 
(Alentejoes tierra de Portugal bien 
conocida, allende el río Tejo, de quien 
tomó el nombre. Tejo le llaman á 
este río los más vecinos de él; otros 
le llaman Tajo, los distantes.) 

De Alcolea, ni mujer, ni suegra. 

De alhajas y hadas malas, presto 
se llenan las casas. (Hase de entender 
alhajas ruines ó trastos.) 

De ánimo temerario procede la 
postura feroz que de afuera se ve. 

De á donde no piensan salta la lie- 
bre, y andábala á buscar por los te- 
jados. 

¿De adonde Aja con alvanega? 

De Abril son las puestas, y Agosto 
las lleva á cuestas. 

De aquélla me deje Dios comer 
que en Mayo deja los pollos y co- 
mienza á poner. (Entiende la polla, 



que deja la compañía de los otros 
pollos, y se va haciendo gallina.) 

De aquello que os dije al vado, ¿qué 
tenéis acordado? 

De aquellos polvos vienen estos 
lodos, ó se hicieron estos lodos. 

De aquí al domingo de Ramos, 
hace y hagamos. (Achácase que lo 
dijo un cura á los amancebados que 
no se confiesan hasta entonces en 
todo el año, y por eso por cumpli- 
miento.) 

De aquí allá, ú se morirá el asno ó 
quien le arrea. 

De aquí allá, Dios sabe lo que será, 
ó Dios dijo lo que será. 

De aquí come, y de aquí calza, y 
de aquí hay humo y pan en casa. (De 
la ración de escudero, y de otros 
tenues jornales, ó de otra malicia.) 

De amigo á amigo, la chincha en el 
ojo, el culo en remojo. (Este es el 
más usado en Castilla; otros variados 
en otras partes; póngolos porque es- 
tán en el Comendador, y en el de 
Zaragoza, y el de mano.) 

De amigo á amigo, chinilla en el 
ojo, ó chinenela en el ojo. 

De amigo á amigo, chispa en el ojo, 
ó agraz en el ojo. 

De amigo lisonjero, y de fraile sin 
monesterio, no cures de ellos. 

De amigo reconciliado, y de fraile 
colorado, guárdate con cuidado. 

De amigo reconciliado, de viento 
colado, y luna por horado, y de hom- 
bre que va disimulado, guarda tu 
lado. (Disimulado por disfrazado.) 

De amores y de cañas, las entradas. 
(Las entradas en las fiestas de cañas, 
y juegos en la*primera carrera, pa- 
recen bien: en los amores los prin- 
cipios son dulces, y los fines amar- 
gos, porque dicen que los amores 
entran riendo y salen llorando.) 

De amos comilones, los servidores 
y los canes han todos los días ham- 
bre. 

De allá nos vengan las pedradas. 
(Donde están los nuestros.) 

De Enero á Enero, carnero. (Se ha 
de comer; y es su alabanza, porque 
es la mejor carne en España.) 

De ensalada, dos bocados y de- 
jalla. 



— 280 - 



De entre los pies sale, lo que no 
se piensa ni se sabe. (De mohínas y 
pesadumbres.) 

De entre río y río, lleva el diezmo 
el más vecino. (Véase atrás Entre.) 

De esa cecina, la cocina. (Dicho de 
un viejo á un plato de uvas que le 
pusieron por ante en invierno, en- 
tendiendo el vino de ellas por coci- 
na ó caldo, que cocina la llaman en 
Castilla la Nueva.) 

De esa tina, poned sobre esta cabe- 
ciña. (Que lo que uno desecha, otro 
lo desea.) 

De esa manera, la puerca es pana- 
dera. 

De esa manera, no es menester ma- 
nera. 

De esa manera, seréis panadera. 

De esa manera, segarse ha la avena. 

De esa manera, padre, salga Gil y 
baile. 

De esas burlas, pocas. 

De esas burlas, poquitas. (Las que 
no son buenas.) 

De esas coladas se hicieron esas 
papadas. (Notaron los vecinos de una 
beata que por su tejado salía más ve- 
ces humo que de otras casas; pregun- 
tábanla qué hacía; respondía que «co- 
lada»; púsolos en sospecha tanto co- 
lar^ averiguaron que de la ollay asa- 
dos se causaba el humo, y dijéronla: 
«de esas coladas se hacen esas papa- 
das», casi á sentido del colar, alu- 
diendo á las puchadas del colar ma- 
dejas, mas con este otro de las papa- 
das de su cara y el colar, comiendo 
por su garganta.) 

De ese pie me calzo yo. (Con iro- 
nía ó sin ella.) 

De eso que poco cuesta, henchíme 
la cesta. (Con ironía, negando, des- 
deñando.) 

De eso contaremos. (En lo que no 
es de provecho. Varíase.) 

De esos caldos denla hartos. 

De esos caldos, váyanla dando. 
(Una mujer estaba para expirar, des- 
ahuciada del médico; vino el marido 
de fuera y acostóse con ella: á la ma- 
ñana el médico la halló buena, y pre- 
guntó qué la habían dado; dijeron 
que unos caldos; él dijo: «de esos cal- 
dos denla hartos, ó váyanla dando».) 



De esos polvos se viene á estos lo- 
dos, á esos lodos. 

De esos polvos vienen estos lodos. 

De estos polvos vinieron estos lo- 
dos. (Volveráse á decir en la Ca: con 
esos polvos, porque varía.) 

Do espacio está quien buey cha- 
musca. 

De espacio estaba la grulla al sol, 
dando la teta al asno. 

De espacio estaba la grulla al sol. 
mondando aceitunas. (Cuando se ex- 
cusan de hacer lo que les piden, como 
decir «no tenía más en qué enten- 
der», y cuando se reprenden imper- 
tinentes ocupaciones.) 

De espacio piensa, y obra apriesa. 

De este dal, dal, yo merezco el mal. 

De yegua poderosa, nunca buena 
cría. (Lo mismo se entiende de las 
mujeres gordas y regalonas, que no 
paren hijos medrados.) 

De Lepes á Noves, los zapatos de- 
jaréis. (Por los grandes lodos, si 
llueve.) 

De ira de señor, y de alboroto de 
pueblo, nos libre Dios, y de juego de 
esparteña queda pena. (Esparteña es 
alpargata de esparto malo para largo 
camino; también hay hondas de es- 
parto, y su pedrada no será buena.) 

De ingratos está lleno el infierno, 
y de agraciados deseos el cielo, ó 
para agraciados abierto el cielo.) 

Dejar la espina en el dedo. (No sa- 
car la raíz del daño.) 

Dejar la fuente por el arroyo para 
traer lodo. 

Dejar lo usado, es cosa fuerte, que 
mudar costumbre á par de muerte. 

Dejar sana la ropa y lastimar el co- 
razón, sin romper el jubón, herir el 
corazón. (Ofender con malas pala- 
bras.) 

Dejar por atreguado como pieza 
de ajedrez. 

Dejar hambre y frío por amor de 
Dios. (Dicen esto por algunos que en 
el siglo eran pobres y entraron en 
Orden rica, ó donde los ven abriga- 
dos, porque Dios paga largamente á 
los que le siguen y dejaron el mun- 
do, y debajo de los hábitos hay los 
cilicios, los ayunos y obediencia y 
grandes penitencias, y así que dejar 



— 281 — 



hambre y frío por amor de Dios, se 
entenderá sin malicia, irónicamente, 
tomar ayunos fríos y penitencias por 
Dios.) 

Dejad hacer á el padre de la moza, 
que á él le toca. 

Dejallo, que ansí dejó las moras 
Mayo, ó que así hizo á las moras 
Mayo. 

Dejé obrero en viña, y fuíme á le- 
danía, y cuando volví, mucho mal 
que vi. 

Dejemos padres y agüelos, y por 
nosotros seamos buenos. 

De día sol, y de noche luna, que 
sólo Dios. y mi desventura. 

Dedo de espada y palmo de lanza, 
es gran ventaja. 

Dedo, dedo, en casa estoy y en la 
calle hiedo, ó en la cama estoy. (Lo 
que hay dedo, dedo, repítese por los 
que le varían, y dicen de esta ma- 
nera.) 

Degollar por el colodrillo, y aco- 
gotar por el gallillo. (Dícese de lo 
que se hace al revés de como se debe 
hacer, por dar más pena.) 

Debajo de la barba cana, honra se 
guarda. 

Debajo de la manta, tanto vale la 
prieta como la blanca. 

Debajo de la manta, tal es la negra 
como la blanca. 

Debajo de mala capa hay buen be- 
bedor. (Por gracia dicen algunos «hay 
buen vividor», por la semejanza de 
la palabra.) 

Debajo de mi manto al rey me 
mato, ó al rey me mando. 

Debajo de mi manto, veo y cato. 

Debajo de miel hay hiél. 

Debajo del sayal hay ál, ó so el sa- 
yal hay ál. 

Debajo del buen sayo está el hom- 
bre malo, ó so el buen sayo. 

Debajo del buen terrón, se cría el 
buen hebrón. (Es del lino deprén, y 
aprén, y sabrás; hayas cura, y mesu- 
ra, y habrás.) (Catalán.) 

Detrás de la cruz está el diablo. 

Detrás barriga, delante espinazo, 
pierna es, asno. (Cosa y cosa declara- 
da para reir.) 

Debe algo para Pascua, y hacérsete 
ha la Cuaresma corta, no larga. 



Debe de nacer hija de algún ruin. 
(Dícese cuando todos callan en la 
conversación.) 

Débole, pagóle mal; débote, pagote 
mal. 

Demás está la grulla al fuego, dan- 
do la teta al asno. 

Demás estaba la grulla al sol, dan- 
do la teta al asno. (Queda atrás poco 
diferente: «de espacio estaba la gru- 
lla*.) 

De mañana al monte, de tarde á la 
fonte. La mañana los montes, la tarde 
las fontes; del latino: mane montes, 
sero fontes. 

Démonos priesa, que vienen por 
los naipes. (En la historia de la Flo- 
rida.) 

Derramar la harina, y allegar la ce- 
niza. 

Derramadora de la harina y alle- 
gadora de la ceniza, ó derramador de 
la harina y allegador de la ceniza. 
(Lo que desperdiciadora.) 

Derribada la carrasca, cualquiera 
la leña apaña. 

Dello con dello. (Cuando compar- 
ten las cosas, y se toma y se deja, y se 
entremete bueno con malo, chico con 
grande, y en algo se pasa trabajo con 
provecho.) 

Dellos iban á Morón, y dellos 
non. 

Di á tu amigo el secreto, y tenerte 
ha el pie en el pescuezo, ó sobre el 
pescuezo. 

Di en el blanco, di en ello. (Por 
acerté; en las frases.) 

Dila que es hermosa, y tornarse ha 
loca. 

Di la razón y no digas el autor. 

Dile y dale. (Riguroso castigo, 
mandato de ira y venganza.) 

Dilo cantando, que se sale la cuba, 
ó que se va la cuba. 

Díselo tú una vez, que el diablo se 
lo dirá diez. (A la dama el amor.) 

Díselo tú, Lorenzo, que yo no me 
atrevo. 

Díselo tú, Marigüela, que yo no lo 
entiendo. 

Di donde lo tienes, desaliñada, que 
voy de corrida y no topo nada. 

Díte el conejo, y quítasme el pe- 
llejo. 



282 



Díte el consejo y quítasme el pe- 
llejo. 

Di tu secreto á tu amigo, y hacerte 
ha su cautivo, ó y serás su cautivo. 

Di tu razón, y no señales autor. 

Díte mi hacienda á destajo por qui- 
tarme de trabajo, ¿y tú por qué lo 
hiciste mal? por salir con mi jornal. 

Dime y diréte. (Por las barajas de 
palabras que no llegan á las manos.) 

Dime una oración; la oración de 
presto ciegues, el lunes te descala- 
bres, y el martes te perniquiebres. 

Dime! o antes que te lo diga. (Al que 
se adelanta á maldecir.) 

Dímelo, pica, antes que te lo diga. 
(De quien sin hablar quiere que lo 
entiendan, y del preceptor que pre- 
gunta al niño lo que no le ha ense- 
ñado, y contra quien se anticipa á 
decir antes que le digan.) 

Dime con quién andas, diréte lo 
que hablas, ó tus mañas. 

Dime con quién irás, decirte he lo 
que harás. 

Dime con quién fueres, diréte quién 
eres. 

Dime con quién paces, y decirte he 
qué haces. 

Dime con quién tratas, y diréte 
quién eres, y qué costumbres tienes. 

Dime con quién vas, decirte he qué 
mañas has. 

Dime con quién irás, decirte he lo 
que harás. (Con quién vas se usa en 
Aragón por lo que en Castilla con 
quién andas.) 

Dime cuáles dos estaban, y diréte 
lo que trataban. 

Dime cuáles dos venían, y diréte lo 
que decían. 

Dime,pajarito, que estás en el nido: 
¿la dama besada pierde marido? No, 
la mi señora, si fué en escondido, ó si 
es en escondido. 

Dime tu pecho, y diré si andas de- 
recho. 

Wi mentira, y sacarás verdad. 

Di mi labor á destajo por quitarme 
de trabajo, y hiciéronlo mal, por sa- 
lir con su jornal. 

Día y vito, y sartén para eso. (Día y 
vito es el sustento de cada día justa- 
mente cuando llega y no sobra, y 
añaden esta piedad: «denos Dios día y 



vito, y parte en paraíso»; «no tiene 
fulano más de día y vito», y acontece 
por muchos.) 

Día y vito, más día y vituperio. 
(Esto añade el que no se contenta 
con tan poco.) 

Día do San Nicolás está la nieve de 
palo en palo, y si no, está en lo llano. 
(Que es en el suelo.) 

Día de San Simón y Judas, alza tus 
bueyes de coberturas. 

Día de San Bernabé, dijo el sol 
aquí estaré. 

Día de San Briz, tal día natal hiz. 
(Por hice.Briz me parece que es nom- 
bre fingido del verbo brizar, y brizo 
la cuna, porque en naciendo ponen 
al niño en ella, y puede haber santo 
de tal nombre conocido en algún 
obispado.) 

Día de San Martino, prueba tu vino. 
Desde San Martino, todo mosto es 
buen vino. 

Día de San Mateos, vendimian los 
sesudos y siembran los sandeos. 

Día de San Miguel, quita el agua á 
tu verjel, ó quita el riego á tu verjel . 
(Porque ya entra el invierno y llue- 
ve el cielo.) 

Día de Santa Inés, mujeres no hi- 
les. (Por hiléis, en aldeas.) 

Día de Santa Lucía, mengua la no- 
che y crece el día. (Era diez días des- 
pués de ahora, que ya volvió atrás 
por la reformación del calendario.) 

Día de nublo, la mañana larga, el 
día ninguno. 

Día nublo, día no ninguno; la ma- 
ñana larga, y el día nonada. 

Día de nublo, día de engurrio. (Por 
encogimiento y engorro.) 

Días y ollas componen cosas. 

Días y ollas son menester para 
convalecer. (Y cumplir otras cosas.) 

Días de Mayo, días de desventura, 
aún no es mañana, y ya es noche es- 
cura, ó aún no es amanecido, y ya es 
noche escura. (Fingen este cuento: 
que dos enamorados se toparon al 
amanecer un día de Mayo, la moza 
con un cántaro de agua en la cabeza, 
y el mozo con una losa á cuestas, y 
parlando se les fué el día sin sentir, 
y quejáronse con las palabras del re- 
frán á que dieron principio.) 



— 283 



Días de Mavo, días de mal fado, 
que no ha bien amanecido cuando es 
anochecido, que no hay lugar de co- 
cer una olla. (Contra los perezosos y 
para poco, que dan excusas necias y 
ridiculas.) 

Días de Mayo tan largos que sodes, 
morro de fame. de frío y de amores. 

Diablo es, que no zorra, la Catali- 
norra. 

Dientes, y canas, y cuernos, no vie- 
nen por tiempos. (Que perder los 
dientes y lo demás, no viene por 
edad.) 

Diez años de guerra, y ninguno de 
batalla, ó y no uno de batalla, ó bate- 
ría. (Queda atrás «Cien años de gue- 
rra».) 

Diezma á la Igreja, aunque no que- 
de pelleja. 

Dieta, y mangueta, y siete ñudos á 
la bragueta. (Útiles consejos.) 

Diego Velázquez me llamo de día, 
y de noche fantasía. (Díjose por un 
hidalgo de Salamanca, como que lo 
respondía á la justicia encontrándole 
porque salía de noche con postura 
de galas con plumajes, y en fantasía 
alude á fantasma, porque era alto.) 

Dióla una coz, y ella quejábase dié- 
rala otra, y fueran dos. 

Dióle á machapera. (Quiere decir 
fuertemente.) 

Dióle el viento á la calabaza, ó en 
la calabaza. (Antojósele otro parecer 
como mudable; repítese aquí por ser 
más usado de otra manera.) 

Dióle en el borceguí, ó en la bota. 
(Llevaba metidas repeticiones entre 
la pierna para la oposición; dióle el 
punto en aquello que sabía bien, y 
llevó el beneficio.) 

Diólo por Dios, y murióse de ham- 
bre. (Es ironía lo primero.) 

Diónos Dios el rey de las ranas. 
(Cuando no contenta el superior, ó 
quien gobierna.) 

Dio salto en vago. (Del que quedó 
burlado en algo.) 

Dio Dios almendras á quien no tie- 
ne muelas. (A propósito de no saber- 
se aprovechar de hacienda, y ciencia, 
y ocasiones.) 

Dióme Dios un güevo, y diómele 
güero. 



Dios haya en ti parte, y de ti me 
harte. (Bendición.) 

Dios ayuda á los mal vestidos. 

Dios envía su rocío sobre buenos y 
malos todos los años. 

Dios llueve sobre justos y pecado- 
res, días y noches. (Confiesa la gran 
bondad de Dios, y aconseja que pues 
El nos sufre, nos suframos unos á 
otros.) 

Dios es el que sana, y el médico 
lleva la plata. 

Dios es santo viejo. (Que no será 
engañado, y lo sabe todo.) 

Dios es grande y misericordioso. 
(Dícese confiando en su poder.) 

Dios y el mundo, no pueden andar 
juntos. 

Dios y vida, componen villa. 

Dios os ayude, y no á tirar de mis 
cabellos; y no contra mí. 

Dios os ayude por esta acera, y 
por estotra frontera. 

Dios os libre, de hecho es; Dios nos 
libre, Dios os libre, Dios te libre, 
Dios os guarde, Dios te libre y te 
guarde, de hecho es. 

Dios os salve, á las sopas, que no 
á la carne. (Desea que cuando alguno 
entrare de fuera diciendo: «Dios os 
salve», que halle ya comida la carne. 
y estén en las sopas del caldo que se 
come á la postre en las aldeas, para 
que no se les pegue y ayude á comer 
lo que tienen para sí. Varíanle el 
principio: «Si viniese el Dios os sal- 
ve; cuando venga el Dios os salve.) 

Dios os dé solluzo, y cámaras con 
pujo, y gana de cagar, muchas aguje- 
tas, y lejos el corral; y si esto no bas- 
tare, Dios os dé más male. 

Diosos mantenga, y más que venga. 

Dios, olla y Madrid. (Dícenlo los 
que gustan de la corte.) 

Dios le dé salud á manchas, como 
perro perdiguero. (Es malicia.) 

Dios le guarde el sayo, y lo demás 
lleve el diablo. (Maldición.) 

Dios le bendiga, y tome una higa. 
Varía personas: Dios te bendiga, y 
toma una higa; Dios la bendiga, Dios 
os bendiga. (Al que está bueno, y 
gordo.) 

Dios le bendiga, si trae la comisión 
como la barriga. 



234 



Dios le perdone, si halla por dón- 
de. (Lo primero dice uno, lo segundo 
dice otro.) 

Dios le haga bien, y á mí también, 
(Dícelo el que no quiere tratar con 
otro, y Dios les haga bien.) 

Dios lo vido, el abad parido. (Dice 
uno lo primero cuando sale lo que 
deseaba por justo, y lo segundo aña- 
de otro.) 

Dios no se queja, mas lo suyo no lo 
deja. 

Dios no come, ni bebe, mas juzga 
y vee, ó mas juzga lo que vee. 

Dios no tiene tocas, mas quita de 
unas y pone en otras. 

Dios nos libre y guarde de lo que 
no nos sabemos librar ni guardar. 

Dios nos dé con qué riamos, y no 
sean hijos bobos y sandios charros. 

Dios nos dé paz y paciencia, y 
muerte con penitencia, ó Dios me 
dé. 

Dios nos dé mucho pan, y mala 
cosecha. (Contra los malos agoreros 
del tiempo, dice que haya mucho 
pan, y sea la cosecha como fuere, 
que el pan desea el labrador, y el 
pobre, como el otro: «hágase el mi- 
lagro, y hágale cualquier santo»; y 
el otro: «mal viaje y salvamentos 
También al pobre le parece que si Ija 
cosecha es lluviosa, valdrá el pan 
barato, porque no se puede guardar.) 

Dios nos depare, quien en la barba 
nos cague. (A propósito de molestos 
y enfadosos, con ironía por los pa- 
dres que desean hijos, y pasan mu- 
chos enfados en criarlos, y más por 
los abuelos que desean nietos, y pa- 
san desacatos con ellos.) 

Dios nos dé al rey de las ranas. (A 
un mal alcalde y señor de vasallos.) 

Dios nos guarde lo mejor. (El jui- 
cio, entienden que r o so pierda, como 
la hacienda que lleva la ira mala, ha- 
blando de locuras.) 

Dios nos quiso bien, hermano, y 
librarnos de este daño. 

Dios nos tenga de su mano en in- 
vierno y en verano, y en todo tiem- 
po del año. 

Dios nos tenga de su mano, y nos 
saque del invierno, y nos meta en el 
verano. 



Dios sabe lo que será. 

Dios sabe lo que hace. 

Dios sabe lo mejor. (Cuando no se 
alcanza, ó se trueca, lo que se pre- 
tendía.) 

Dios sea loado, el pan comido y el 
corral cagado. (Con lo primero en- 
tra saludando el fraile, y lo segundo 
responde el dueño de casa, y sucede 
á los hermanos que acogen los frai- • 
les en aldeas.) 

Dios sea con todo, y el abad en el 
rollo. (Lo postrero es homicillo.) 

Dios se lo pague en trigo al Agos- 
to. (Irónico agradecimiento.,) 

Dios da para todos. (Lo que «para 
todos da Dios».) 

Dios delante, yo tras Él, Él conmi- 
go, yo con El. 

Dios delante, el mar es llano. (Que 
no hay dificultad ayudando Dios.) 

Dios desavenga quien nos manten- 
ga. (Dicho de abogados, y escriba- 
nos, y cirujanos, y gente semejante.) 

Dios dijo ayúdate, que yo te ayu- 
daré. 

Dios dijo lo que será, ó sabe Dios 
lo que será, y tiene determinado. 

Dios que nos tiene acá, nos dará 
qué comamos y vistamos. 

Dios que me fezo, no es muerto ni 
preso. (El asturiano.) 

Dios conmigo, yo con Él, Él delan- 
te, yo tras E!; ó El primero, yo tras 
El. 

Dios consiente, mas no siempre. 

Dios consiente, mas no para siem- 
pre. 

Dios paga á quien en malos pasos 
anda, ó en malos tratos anda. 

Dios perdone los difuntos, con sa- 
lud los enterremos. (Dicen esto los 
pobres que acuden á la caridad y li- 
mosna que se da en entierros; otro 
dice: «mueran y vivamos, con salud 
los enterremos».) 

Dios ponga tiento en sus manos. 
(Dícese á un tocho atreguado.) 

Dios proveerá, mas buen haz de 
paja se querrá. (En aldeas y tierra do 
monte, los pobres cosarios mendi- 
gantes que andan de lugar en lugar, 
tienen cuidado de llevarse á la noche 
un haz de ¡eña ó de paja, para calen- 
tarse y pasar mejor la noche, porque 



- 285 



no tienen aliño de camas; también 
goza de ello el hospitalero, y á esta 
costumbre mira el refrán, y el otro: 
«Dios hace merced, mas un costal de 
paja quier»; avisa que hagamos algo 
de nuestra parte, y no esperemos que 
Dios nos sustente de milagro, ocio- 
sos.) 

Dios te la depare buena. (Dicen que 
un médico ignorante, que no sabía 
recetar, tomó de casa de un boticario 
muchas recetas en una alforja, y fue- 
se por los lugares que no era cono- 
cido á curar, y á cualquiera enferme- 
dad que se ofrecía, sin distinción sa- 
caba una receta de la alforja y dába- 
la al enfermo, y decía: «Dios te la de- 
pare buena».) 

Dios te libre de alcalde nuevo, y 
de escribano viejo. (Porque el alcal- 
de nuevo, por mostrarse tiene rigor.) 
Dios te libre del mozo cuando le 
apunta el bozo, ó guárdate del mozo 
cuando le apunta el bozo. (Aviso á la 
moza.) 

Dios te salve, María, ¿qué hace mi 
tía? (Nota al que no atiende al re- 
cado.) 

Dios te salve, Mendo, no á mí, que 
estoy comiendo. (No quiere que el 
otro se le pegue y le ayude á comer, 
que parece se ofrece á que le convi- 
den; no lo entendió Malara, y comén- 
tale adefesios.) 

Dios te salve, Mendo, no poso que 
esto comiendo; aquí trayo una cala- 
basina de vino, y un poquiño de to- 
sino; entrai en boas horas, que no vos 
vía con el fumo de los nabos. (Imíta- 
se la habla gallega y portuguesa.) 

Dios te socorra con la noche, que 
el día él se vendrá. (Al que bosteza de 
sueño, y se está durmiendo.) 

Dios te dé ovejas, y hijos para con 
ellas. 

' Dios te dé la Pascua buena, las 
ochavas en la cadena. 

Dios te dé lo que te falta. (Es juicio 
al que hace como loco.) 

Dios te dé salud y gozo, y casa con 
corral y pozo. 

Dios te dé bien, y casa en que lo 
tener, ó en que lo meter. 

Dios te dé bienes, y casa en que los 
eches. 



Dios te dé qué tengas, y casa en 
que lo metas. 

Dios te dé poder en villa, y en tu 
casa harina. 

Dios te dé ventura en armas, ami- 
go Toresano, que bien las mandas. 

Dios te dé ventura en armas, y en 
amores adamar. 

Dios te dé viña en Cuenca, y mu- 
jer fuerte, y pleito en Güete. (Viña 
no es buena en Cuenca, porque no 
hay buen suelo, y hay muchos que la 
destruyan y disfruten; pleitos son 
malos de acabar en Güete, porque to- 
dos son compadres, y se dificulta la 
justicia.) 

Dios te dé mujer, que todos te la 
codicien, y, ninguno te la codicie, ó 
alcance. 

Dios. te dé hijos, y hijas, que te los 
críen y saquen de mantillas. 

Dios te guíe, y á mí no olvide. (A 
la estrella, ó chispas, que corre por el 
cielo.) 

Dios te guarde de antenado, es ma- 
lo de criar, y peor criado. 

Dios te guarde de hombre con lí- 
brete, y de mujer con gañivete. (De 
hombre de líbrete se entiende de los 
que cobran pechos y tributos reales 
por las puertas, asentando quién pa- 
ga y sacando prendas á quien no pa- 
ga, y hombre de este jaez son ejecu- 
tivos. También se entiende de estu- 
diantes y letrados que tienen más 
cautela que los otros. Mujer con ga- 
ñivete es la brava y desenvuelta, y la 
que llaman marimacho, que es gran 
falta en mujeres la braveza y desver- 
güenza; cañivete es algo mudado por 
cañavete, cuchillo, y alude á decir 
gaña y vete.) 

Dios te guarde de la delantera de 
viuda, y de la trasera de muía, y de 
lado de un carro, y del fraile dé to- 
dos cuatro. 

Dios te guarde de ladrón de casa, y 
de loco de fuera de casa. Dios me 
guarde. 

Dios te guarde de párrafo de legis- 
ta, de infra de canonista, y de etcéte- 
ra de escribano, y de recipe de escri- 
bano, digo, de médico. 

Dios te guarde de perro atado, y de 
hombre determinado. 



286 



Dios te haga santo, y sin Vigilia, 
porque no te ayunemos. 

Dios te haga bueno, que será como 
hacerte de nuevo. 

Dios todo lo oye, y todo lo ve, 
todo lo sabe y todo lo entiende. 

Dios todo lo vee y lo oye, y da lo 
que conviene al hombre. 

Dios traiga por quien más valga- 
mos. 
Dios mantenga, y más que venga. 
Dios me dé contienda con quien 
me entienda. 

Dios me dé padre y madre en villa, 
y en mis trojes trigo y harina. 

Dios me depare mesón, que la 
güéspeda me haya algo y el güésped 
non. (Haberse algo las personas, es 
parentesco.) 

Dios me guarde de piedra y de 
dardo, y de hombre denodado. 

Dios me guarde del agua mansa, 
que yo me libraré de la brava. 

Dios me lleve á España, y estaba 
beodo entre Lepes y Ocaña. 

Dios me lleve á España, y estaba 
beodo en Cazalla. (Lugar es en Anda- 
lucía, de mucho vino.) 

Dios mejora las horas. (En mejoría 
de un enfermo y negocio.) 

Dios hará merced, y aun estar tres 
días sin comer. (Que por su parte los 
hombres trabajen, y confianza en 
Dios que no les faltará, y á imposible 
los sustentará no solos tres días, sino 
siglos sin comer.) 

Dios hará merced, mas diligencia 
quier. f 

Dios hace merced, mas un costal 
de paja quier. (Que con poco que los 
hombres hagan de su parte, Dios 
cumple lo más y él todo.) 

Dios hace reyes, y los hombres le- 
yes. 

Dios haga lo demás. (Cuando la 
gente hizo de su parte.) 

Diré ésta lo que las otras veces, y 
digo las heces. 

Dilín dilón, que las doce son; Dilín 
dilón, que pasa la procesión. 

Dinero olvidado, ni ha merced, ni 
grado. 

Dinero, seso y lealtad, es menos de 
la mitad. (Por flaqueza humana.) 
Dinero, seso y fe, no se ve. 



Dinero de suegro, dinero de pleito. 
Dinero de culo, vase como humo. 
(Lo ganado con mal trato.) 
Dinero gana dinero. (Con tratos.) 
Dinero tenía el niño, cuando molía 
el molino. (Había en qué sisar.) 

Dinero haya en el bolsón, que no 
faltará quien haga el son. 

Dineros y amores, diablos y locu- 
ra, mal se disimulan. 

Dineros y vida componen villas, 
años y días, ó años y vida. 

Dineros nos dé Dios, que habilidad 
no nos falta á nos. 

Dineros, seso y fe, siempre es me- 
nos de lo que pensaréis. 

Dineros en manga, tanto vino como 
agua. (Que el que tiene dineros pue- 
de comprar de lo que quisiere, tanto 
como agua, que es barata.) 

Dineros son, que no lanzadas. (Ma- 
nera de consuelo que la persona esté 
salva, aunque se gaste la hacienda.) 
Dineros de avaro, dos veces van 
al mercado. 

Dinidades sin capelo, maestre-es- 
cuela en Salamanca, y Arcediano de 
Toledo. 

Disimulado como carga de estiér- 
col. (Dícenlo por lo que no se disfra- 
za ni disimula bien; mas lo cierto 
porque en cargas de estiércol se 
suelen sacar cosas ocultas y prohi- 
bidas. Hay ejemplos de ello antiguos 
y modernos descubiertos por la jus- 
ticia.) 

Disfrazado viene el villano. (Dicen 
que lo dijo la Reina Isabel, por el 
ajo, que no siendo amiga de él, se le 
echaron en un guisado disfrazado, y 
lo echó de ver en sabor, y color, y 
olor.) 

Discreción es saber disimular, lo 
que no se puede remediar. 

Discreto y sabio es el que sufre al 
que no lo es. 

Disparates de Juan de la Encina. 
(Escribió coplas de ellos con gracia, 
y acomódase á todos disparates.) 
Diz con la boca zape, con los ojos . 



miz. 



Dice al doliente el sano: Dios te 
dé salud, hermano. 

Dice al pobre el avaro: ayúdete 
Dios, hermano. 



— 287 



Dice el piojo á la pioja: ¿adonde 
vas, compañera? á tierra de hombre- 
ra; es sabrosa, mas es peligrosa. (Tie- 
rra de hombrera es hombros y pes- 
cuezo, adonde fácilmente se echa la 
mano y se toma el piojo que pica. 
Conforme con esto, carne de pescue- 
zo es la sabrosa, mas es peligrosa; la 
pulga tras la oreja, con el diablo se 
aconseja.) 

Dice el torumbazo: apártate allá, 
muchacho. (Quiere que el gañán sea 
forzudo, grande, y no rapaz, para que 
pueda hincar y ahondar la reja, con- 
forme al otro refrán: «el buey ga- 
rrudo, y el gañán, barbudo»; torum- 
bazo es el alto de dura tierra, como 
grande terrón.) 

Dice el trigo al sembrador: con un 
grano ú con dos, al Julio soy con 
vos. 

Dice el refrán: allá van los ojos, 
donde está la voluntad. 

Dice el refrán: allá van los pies, 
donde el corazón está. 

Dice y hace como embudo en ja- 
rro. 

Dice unas palabras que descala- 
bran, ó que con ellas descalabra. 

Dice la pega, y todos de ella. 

Dice Menga, y todos della. 

Dice la verdad el mentiroso. (Iro- 
nía muy manifiesta.) 

Dice la madre: ¿qué quieres, hija? 
que me llamen la regaladija. Dice 
la hija á la madre, que me deis con 
quien me regale. (Reprende la mala 
crianza, y poca doctrina de algunos 
padres con los hijos.) 

Dícelo bien, y hácelo mal. (Y ai 
contrario: «dícelo mal, y hácelo 
bien».) 

Dice Salomón: da vino á los que 
tienen amargo el corazón. 

Dice Sancho de Tomajones, que 
quien no tiene ovejas no tiene cal- 
zones. 

Dice Dios: ayúdate, que yo te ayu- 
daré; ó dijo Dios. 

Dice Pedro de Urdemalas, que 
quien no tiene ovejas no tiene bragas. 

Dice Mayo á Abril: aunque te pese 
me he de reir. (Dice porque Abril 
lluvioso saca Mayo hermoso, y parece 
que de las tristezas, aguas y nublos 



de Abril, saca Mayo su risa y alegría.) 

Dice mi marido que no hile, sino 
que me ponga á la puerta y mire. 

Díceme mi madre que olvide al 
amor, acábelo ella con el corazón. 

Díceme mi madre que soy boniti- 
11a, sábelo Dios y la salserilla. 

Dicen en Roma, que la dama hile y 
coma. (Dicen y decimos.) 

Dicen y dirán, que la pega no es 
gavilán. 

Dicen las viejas: no te vistas de pe- 
llejas. (Porque sobren para ellas.) 

Dicen los niños al solejar, lo que 
oyen á sus padres en el hogar. 

Dicen los sinos de San Román, que 
por dar dan. (Sinos son las campa- 
nas, que parece dicen dar dan. San 
Román es una villa en Portugal, y 
una parroquia de este santo en Sala- 
manca.) 

Dicen que el tiempo desengaña á 
las gentes, mas muchas veces desen- 
gaña antes que llegue. (Dícese por- 
que se experimentan cosas que no se 
esperaban tan presto. Otro buen sen- 
tido hace diciendo: «mas muchas ve- 
ces engaña antes que llegue», porque 
caemos en muchos yerros, y más en 
la juventud, antes de llegar á ma- 
durez, experiencia y prudencia.) 

Dicen que es bonito el cura, tal sea 
su ventura. 

Dícente que eres bueno, mete la 
mano en tu seno. 

Dices tu pena á quien no le pena, 
quejaste á madre ajena. 

Discípulo con cuidado, y el maes- 
tro bien pagado. 

Díjeoslo yo, y no me creísteis. 

Dijo el asno alas coles: paz vobis, 
ó pax vobis. 

Dijo el asno al mulo: anda para 
orejudo. 

Dijo el asno al mulo: quítate allá, 
orejudo. 

Dijo el asno: arre acá, orejudo. 

Dijo el asno al mulo: arre allá, 
orejudo. 

Dijo el gato al unto: bien te lo ba- 
rrunto. 

Dijo el cazo á la caldera: quítate 
allá, tiznera. 

Dijo el cuervo á la graja: quítate 
allá, tiznada. 



288 - 



Dijo el cuervo á la pega: quítate 
allá, que eres negra. 

Dijo el peine ai tinoso: quítate allá, 
piojoso. 

Dijo el piojoso al peine: esto es lo 
que habíamos menestere. 

Dijo el tocino al vino: seáis bien 
venido. 

Dijo el tocino al vino: bien ven- 
gáis, amigo. 

Dijo el mortero al pozo: quítate 
allá, que eres hondo. (Bueno fuera 
trocado con ironía: «dijo el mortero 
al pozo: quítate allá, que eres hon- 
do. >) 

Dijo el mosquito á la rana: más 
vale morir en el vino, que vivir en 
el agua. 

Dijo la leche al agua: noramala 
vengáis, hermana. 

Dijo la leche al vino: seáis bien ve- 
nido, amigo; y volvióse hacia el agua, 
y dijo: estéis noramala; otros di- 
cen: «dijo el vino á la leche: enora- 
mala acá entreste». El labrador dice 
entreste por entraste; otros varían: 
«dijo el agua á la leche, ó dijo al 
agua la leche: enoramala acá entres- 
te». (Opiniones son; lo cierto es que 
tras leche ha de ser poca la bebida, y 
es mejor la de agua, porque con su 
dulzura no se acede la leche en el es- 
tómago.) 

Dijo la leche al vino: seas bien ve- 
nido, amigo, pero no uséis mucho es- 
te camino, ó no andéis mucho este 
camino. 

Dijo la sartén á la caldera: quítate 
allá culnegra, ó tírate allá, buzne- 
gra. 

Dijo la graja al negro cuervo: quí- 
tate allá, negro. 

Dijo la muerte al degollado: ¿quién 
te ha tal parado? 

Díjole mal el basto. (Es que perdió 
al juego, y aplícase á otras cosas.) 

Díjolo á loco, mas no á sordo. (Más 
loco es el que dice lo que le daña.) 

Díjolo loco, mas no sordo. 

Dijo Salomón: para beber con la 
calabaza, quítala el espirón. 

Dijo de una hasta ciento. (Cuando 
uno, enojado, dijo mil oprobios, ó el 
que dijo muchas mentiras y vacieda- 
des; es más propio de mujeres.) 



Di jome mi madre que porfiase, mas 
que no apostase. 

Diferencia hay de lo que se ve al 
ojo, á lo que se ve por antojo. (Sea 
por antojos puestos, ó por antojos 
de apetito; que lo presente se juzga 
de una manera, y lo imaginado de 
otra.) 

Diferencia hay de Pedro á Pedro; 
diferencia hay de uno á otro. 

Difícil es con el aceite tratar, y no 
se amancillar. 

Dificultosamente se guarda lo que 
á muchos agrada. 

Dígalo Muñoz, que miente más que 
dos, ó más que yo y que vos. 

Diga mi vecina, y tenga mi costal 
harina. 

Digan, que de Dios dijeron. 

¿Digo algo, ó quiébrome la cabeza? 
(Cuando á uno no le atienden, ó no 
le entienden.) 

Digo y redigo que la breva no es 
higo, ni el cagajón membrillo. 

Digo una, y digo otra, que quien 
no hila no trae toca. • 

Dígole un duelo y díceme ciento. 

Dígole que se vaya, y él descálzase 
las bragas; ó dígole que se vaya, y él 
quítase las bragas; ó y él quitábase 
las bragas, ó desátase las bregas. 

Dígolo con la boca, y lloro con el 
corazón. (Contando una lástima.) 

Dígolo y lloro. 

Digo que la breva no es higo; ansí 
lo digo. (Esto postrero dice otro.) 

Dividirse en bandos como los ex- 
tremeños. 

Dicho y hecho. (Denotando preste- 
za en hacer tras el decir.) 

Dicho nos habéis con que riamos; 
dicho nos han con que riamos. 

Dichosa la cosa que no tiene más 
de uno que gasta. 

Dichosa la puerta por do sale la 
hija muerta. 

Dichoso el golondrino que habi- 
ta en su nido. (En casa ó hacienda 
propia.) 

Dichoso el varón que escarmienta 
en cabeza ajena, y en la suya non. 

Dichoso el hijo que tiene á su pa- 
dre en el infierno. (El italiano.) 

Dichoso Moyano, que entró por 
mozo y salió por amo. 



289 



Dichos de viejas arrancan las pie- 
dras. 

Do á Dios la pierna que tal calza 
lleva. 

Do al diablo á todos, dijo el que 
araba con lobos. 

Do hay un malo hay otro bueno. 

Do hay bueno hay malo. 

Do hay malo hay bueno, y por un 
bueno hay ciento malos. 

Do el agua sobra, la sal mengua. 
(Alegoría.) 

Do hay riqueza, hay trabajo, ó falta 
entendimiento para gobernalía, ó sa- 
lud, ó heredero. 

Do el corazón, ahilas mientes. (Que 
do está la voluntad, está la memo- 
ria.) 

Do el maravedí se deja hallar, otro 
debes allí buscar; ó donde. 

Do entra beber, sale saber. 

Do entra conducho, no entra pan 
mucho. 

Do las peña?, iréme á ellas. (Que 
no hay escapar de trabajos en esta 
vida.) 

Do no hay fuego, no se levanta 
humo. 

Do no hay, no cumple buscar. 

Do no hay cabeza raída, no hay 
cosa cumplida. 

Do no hay vergüenza, no hay vir- 
tud buena. 

Do no hay humo, no hay bien nin- 
guno. 

Do no alcanza el viejo, alcanza el 
riejo. (El guijarro.) 

Do no alcanza la vieja, alcanza la 
piedra. 

Do no está el rey, no le hallan, ó no 
parece. 

Do no está su dueño, está su duelo. 

Do sobra el agua, la sal falta; y es 
que do hay riqueza hay otra falta, ó 
trabajo. (De esta otra manera está en 
el Comendador: «Do sobra el agua, 
sal no falta».) 

Do sobra el agua, salud falta. 

Do falta dicha, demás está diligen- 
cia. 

Do fueres tarde, no te muestres co- 
barde. 

Do fueres, harás como vieres. 

Do fuerza no basta, maña alcanza. 

Do fuerza no vale, maña hace. 



Do fuerza viene, derecho se pierde. 

Do buey viejo no tose, mala anda, 
ó con mal anda, la hoce, ó la troje. 

Do conviene obedecer, no ha lugar 
la cortesía. 

Do pensáis que hay tocinos, no hay 
estacas. 

Dote á Dios, capote, roto y por pa- 
gar. 

Do te quieren mucho, no entres, ó 
no vayas á menudo. 

Do tu padre fué con tinta, no vayas 
tú con quilma. (Quilma es costal en 
el reino de León, y antigua y ordina- 
riamente de leño; dice que á la here- 
dad que tu padre vendió con escritu- 
ra, ó en lo que pleiteó y fué conde- 
nado, no vayas tú á coger fruto, que 
ya es ajena, ni pongas pleito para co- 
brarla en hucia que tienes bolsa, por- 
que gastarás y no saldrás con ello.) 

Do tu pie, cata aquí mi oreja. (A 
desconveniencia de propósito.) 

Do va la soga, vaya el caldero. (O 
á la contra.) 

Do va la mar, vaya la arena; do va 
la mar, vayan las arenas; do va la 
mar, vayan las ondas. 

Do va más hondo el río, hace me- 
nos ruido. (Gentil alegoría para de- 
cir que do hay más seso, hay más 
asiento.) 

Do van antojos, van los ojos. (An- 
tojos aquí es los deseos y apetitos.) 

Do vence el gasto al provecho, dad 
el trato por deshecho. 

Do viejos andan, mozos no agra- 
dan. (No se agradan.) 

Do viejos no andan, cuervos no 
graznan. 

Doy al diablo el potro que en 
viendo la yegua no relincha. 

Dormir y guardar la era, no ha ma- 
nera. 

Dormir con un ojo,